Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 15
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: CAPÍTULO 15: NUEVOS LATIDOS 15: CAPÍTULO 15: NUEVOS LATIDOS –Yo no llevo un bebé, cariño.
–Sí lo llevas.
Me quedo en silencio, sin saber qué decir.
Caín abraza a su osito con una sonrisa tranquila, como si hubiera dicho algo tan evidente como que el cielo es azul.
–¿Y cómo lo sabes?
–pregunto, intentando sonar calmada.
–Porque lo noto.
Sé que está ahí.
No respondo.
No sé cómo hacerlo.
No tiene sentido.
No me siento distinta, y definitivamente no creo que sea posible ahora, no con todo lo que está pasando.
Pero Caín sigue con esa sonrisa serena, como si no necesitara ninguna prueba más.
Le acaricio la cabeza, confundida, y lo levanto en brazos para sentarlo en mi regazo.
–Vamos a la cama, ¿sí?
–¿Puedo dormir contigo, mamá?
–Claro, cariño.
Entramos en mi habitación.
Lo acomodo en un lado de la cama y me acuesto junto a él.
Se queda dormido enseguida, abrazando su osito.
Yo, en cambio, paso largo rato con los ojos abiertos, pensando.
¿Y si tiene razón?
A la mañana siguiente, dejo a Caín en el colegio y, antes de volver a casa, paso por una farmacia.
No quiero darle más vueltas al asunto.
Compro una caja con dos pruebas de embarazo y, ya en casa, las dejo sobre la mesa de la cocina mientras me quito el abrigo y dejo las cosas en el armario de la entrada.
Me decido sin pensarlo mucho.
Voy al baño, me hago las pruebas, y luego las dejo sobre la mesa de la cocina sin mirarlas.
No puedo hacerlo.
No aún.
Me tumbo en el sofá y, sin pensarlo mucho, marco el número de mi madre.
–¿Kira?
¿Estás bien?
–¿Podrías venir a casa, por favor?
–¿Ahora?
Estoy con mil cosas en el trabajo.
–Te necesito.
Hay un breve silencio, un suspiro de rendición.
–Estoy en camino.
No tarda mucho en llegar.
Apenas unos minutos después, ya está en la puerta.
Le abro y la hago pasar sin decir nada más.
–¿Qué ocurre?
–Ven, te lo enseño.
La llevo a la cocina y le señalo las pruebas que siguen allí, esperando a ser vistas como dos pequeños oráculos.
–Ayer Caín me dijo que estaba embarazada.
No me atrevo a mirar.
–¿Él te lo dijo ayer?
Asiento aún con un poco de miedo e inseguridad.
–No sé si tiene sentido, pero por si acaso me he hecho las pruebas.
No he querido mirar.
Luna se acerca, las mira detenidamente, y luego se vuelve hacia mí con una expresión que no me esperaba: una sonrisa cálida, comprensiva.
–Ese pequeño no se ha equivocado.
No sé cómo lo sabe, pero ha acertado.
–¿Lo dices en serio?
¿No estás bromeando?
–Míralo tú misma.
Me acerco con el corazón acelerado.
Dos líneas.
En ambas.
Claras como el día.
–No es el mejor momento –susurro, sentándome en una de las sillas de la cocina.
–¿Por qué dices eso?
¿Ha pasado algo?
–Jason se ha ido.
Creo que va a pedirme el divorcio.
–¿Qué?
¿Cómo?
–Se fue sin decir nada.
Dejó a Caín solo en casa durante más de dos horas.
No hay ropa suya, su parte del armario está vacía.
Ni siquiera responde mis llamadas.
Mi madre se sienta a mi lado y me abraza por los hombros.
–No estás sola.
Sabes que siempre estaré aquí.
–Gracias, mamá, pero la cara de Caín cuando le dije que su padre no iba a volver, esa tristeza no se me va a borrar nunca.
–Olvídate de ese idiota.
Jason se fue porque no te merece.
Ahora céntrate en tus hijos, en ti.
Tienes mucho amor por dar.
La abrazo fuerte, sintiéndome un poco más aliviada.
–Gracias por venir.
–Siempre.
Soy tu madre.
Te vas a hartar de verme.
–Ya estoy más tranquila.
–Me tengo que ir, el trabajo me espera.
–Y yo tengo que ir a recoger a Caín.
Ya es hora.
Salimos juntas de la casa.
Nos despedimos en la puerta y cada una toma su coche.
Yo conduzco al colegio, aún con la cabeza hecha un torbellino.
Aparco cerca de la entrada y me quedo esperando a Caín.
Algunos padres me miran, probablemente por el coche o por lo joven que soy.
No es común que una chica joven conduzca algo así.
Una mujer se acerca, curiosa.
–¿Has venido a por tu hermano?
–No, he venido a por mi hijo –respondo, con una sonrisa cálida.
–¿Tu hijo?
¿No eres un poco joven para tener un niño?
–Soy más mayor de lo que parezco.
Ella levanta las cejas, sorprendida por mi respuesta.
–¿Ese coche es tuyo?
–Sí.
–Debe haber costado una fortuna.
–Tal vez, pero me lo puedo permitir.
Justo entonces veo a Caín salir por la puerta, corriendo hacia mí.
Lo abrazó con fuerza.
–¡Mamá!
–Hola, cariño.
¿Te lo has pasado bien?
–Mucho.
Sonrío al verlo tan contento y animado.
–La profe me ha dicho que quiere hablar contigo –añade, bajando un poco la voz.
–¿Qué has hecho?
–No lo sé, pero no creo que sea malo.
Suspiro, le tomo la mano y me dejo guiar hasta su clase.
Toco la puerta y una voz nos da paso.
Caín corre hacia la zona de juegos del aula mientras yo me siento frente a la profesora.
–¿Querías hablar conmigo?
–Sí.
Hemos notado a Caín más triste de lo habitual.
¿Ha pasado algo en casa?
Asiento con pesar.
–Su padre y yo estamos en proceso de separación.
Jason se ha ido y no hemos vuelto a saber de él.
Caín lo echa mucho de menos.
–Eso lo explica todo.
Gracias por contármelo.
Lo tendré en cuenta a partir de ahora.
Asiento, mirando cómo Caín juega con los muñecos como si nada.
Después volvemos a casa.
Aparco el coche, abro la puerta y él corre directo al salón.
Yo me quedo en el recibidor, dejando el bolso y las llaves sobre el banco.
Luego me siento en el sofá y lo observo jugar.
A pesar de todo, Caín sigue siendo un niño muy alegre y activo.
Sigue riendo y jugando.
Viviendo como si nada hubiera pasado.
Por la noche, lo acuesto, le doy su osito y lo arropo bien.
Luego me voy a mi habitación.
Esta vez, me duermo más rápido.
No porque estoy en paz, sino porque estoy agotada.
Pero dentro de mí, ahora lo sé, latía otra vida.
Y fuera de mí, tengo a un pequeño que me necesita más que nunca.
Y aunque me duele todo lo que ha perdido, no puedo evitar sentir también una chispa de esperanza.
Porque aún me queda lo más importante: mis hijos.
Y eso, no me lo va a quitar nadie.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com