Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 16
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: CAPÍTULO 16: LA GRIETA DE LUZ 16: CAPÍTULO 16: LA GRIETA DE LUZ Han pasado unos días desde que me enteré de mi embarazo, y aunque intento enfocarme en el trabajo, aún me siento un poco desconectada del mundo.
Por la mañana, camino deprisa por los pasillos de la oficina con unos documentos en la mano cuando, sin querer, choco con alguien.
–¡Ay!
Perdona, ha sido mi culpa –digo enseguida.
–No te preocupes.
Yo iba distraída también –responde la chica con una sonrisa amable.
Ambas nos reímos suavemente por el tropiezo.
–No te había visto por aquí antes.
¿Eres nueva?
–Sí, lo soy.
Soy Alexandra, pero dime Alex.
–Yo soy Kira.
Encantada, Alex.
Nos sonreímos con esa complicidad natural que surge cuando dos personas se caen bien desde el primer momento.
Seguimos caminando juntas, hablando de tonterías mientras volvemos a nuestras tareas.
Al caer la tarde, nos encontramos revisando unos papeles en un pequeño despacho.
Estamos tan concentradas que apenas notamos cuando alguien entra.
Alex levanta la vista primero.
–Hola –saluda con cierta formalidad.
Yo también miro, con una sonrisa automática al ver a Alfonso, nuestro jefe.
No le doy mayor importancia hasta que escucho una vocecita familiar.
–¡Mamá!
Me giro de inmediato y veo a Caín corriendo hacia mí con los brazos abiertos.
Lo alzo sin pensarlo y lo siento en mi regazo.
–Hola, cariño.
¿Qué haces aquí?
Deberías estar con la abuela.
–Lo sé, pero este señor me ha venido a buscar.
Miro a Alfonso, luego a Alex, y otra vez a Alfonso.
Bajo a Caín con cuidado antes de hablar.
–No debería estar aquí.
Lo sé.
Pero no tenía otra opción –dice Alfonso, algo incómodo.
–¿Qué ha pasado?
¿Mi madre está bien?
–Luna está bien físicamente, al menos.
Pero ha habido un giro inesperado.
No quiero hablar de eso delante del pequeño.
Miro a Caín, que ya está entretenido con Alex jugando con unos lápices de colores.
–Yo me quedo con él –dice Alex enseguida, captando la tensión.
Le sonrío, agradecida, y sigo a Alfonso a un rincón apartado.
–¿Qué le ha pasado a mi madre?
–La han arrestado.
Han entrado en su oficina y se la han llevado delante del niño.
Me quedo helada sin saber cómo reaccionar.
Respiro hondo antes de hablar.
–¿Por qué?
–Dicen que por robo, blanqueo de dinero y por el asesinato de Iris.
Alegan que ella fue quien lo hizo con sus propias manos.
Cosa que, francamente, deberías haber hecho tú para evitar esto.
–¡Tenía a Iris controlada!
Fue mi madre quien se metió sola.
No pude evitarlo, ¿vale?
–¿Y lo del dinero?
Niego con fuerza, sabiendo que eso es totalmente falso.
–Eso es imposible.
Conozco a mi madre.
He trabajado con ella desde que tengo uso de razón.
Nunca ha hecho algo así.
No necesita dinero.
Le sobra por todos lados.
–Hay un vídeo, Kira.
–Enséñamelo.
Ahora.
Alfonso saca su móvil y me muestra la grabación.
En ella, se ve a una mujer aceptando un fajo de billetes de un hombre.
La imagen es clara, demasiado clara.
Y esa mujer parece mi madre.
Mi corazón late con fuerza.
Pero algo no cuadra.
–Espera, retrocede dos segundos.
Él obedece al instante.
Me inclino más cerca para verlo mejor.
–Ahí.
Mira.
Mira la cara.
Es un montaje.
–Justo en ese momento, cambian su rostro digitalmente.
Es falso.
Lo han editado para que parezca ella.
Alfonso frunce el ceño, ampliando la imagen.
–Tienes razón.
Buena vista, Lewis.
Emitiré una orden para liberarla.
–Gracias.
Y no vuelvas a traer a Caín a mi trabajo, a menos que sea una verdadera emergencia.
Sabes que no puedo arriesgar mi identidad.
Él asiente y se marcha sin decir nada más.
Respiro hondo y regreso junto a Alex y Caín.
–Gracias por quedarte con él.
–No tienes que agradecérmelo.
Me encantan los niños.
–Eso se nota –respondo sonriendo.
Ambas reímos suavemente.
Miro a Caín.
Se ha quedado dormido en brazos de Alex, con una expresión de paz que hacía días no le veía.
–Parece que se siente seguro contigo.
–Eso parece.
–Creo que ya es hora de irnos a casa.
Alex me entrega a Caín con delicadeza, y lo acuno en mis brazos.
Lo miro con ternura.
–Es raro verlo confiar en alguien tan pronto.
Ha pasado por mucho últimamente.
–¿Te refieres a tú divorcio?
Me sorprendo por la pregunta tan directa de Alex.
–¿Cómo lo sabes?
–Los rumores vuelan.
Ya sabes cómo es este sitio.
Asiento con resignación.
Alex sonríe divertida y se levanta para acercarse un poco a mí y hacerme una propuesta.
–Si no te molesta, me gustaría pasar más tiempo con él.
Y contigo también.
Me siento bien a tu lado, Kira.
La miro a los ojos.
Hay algo en su voz, en su forma de decirlo, que me toca profundamente.
Asiento sin pensarlo demasiado.
–No me molestaría en absoluto.
Nos encantaría.
Alex sonríe, y entonces me propone algo.
–¿Qué te parece si vamos a cenar el viernes?
Los tres.
A las ocho.
En el restaurante del centro.
Invito yo.
–Allí estaremos –respondo de inmediato, con una sonrisa que no puedo esconder.
Salgo del edificio con Caín dormido en mis brazos.
Lo acomodo en su sillita en el coche y conduzco hasta casa.
Al llegar, lo llevo en brazos a su cama.
Luego bajo al salón y me tiro en el sofá, cansada pero tranquila.
Estoy empezando a sentir algo distinto.
Entonces, vibra mi teléfono.
Es un mensaje de Alex.
Me ha enviado la ubicación del restaurante.
Sonrío ante el mensaje.
–Chica lista.
Le respondo con un “gracias” y dejo el móvil sobre la mesa.
Me recuesto, mirando el techo con una sonrisa boba, y me tapo la cara con una mano.
Con la otra, acaricio mi vientre.
Ese gesto me ha recordado a cómo me sentí la primera vez con Jason.
Intento ahogar esa emoción, apartarla.
Pero no puedo.
–No puede ser –murmuro–.
Me gusta Alex.
¿Qué me ha pasado?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com