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Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 CAPÍTULO 18 EN CASA AL FIN
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18: CAPÍTULO 18: EN CASA, AL FIN 18: CAPÍTULO 18: EN CASA, AL FIN A la mañana siguiente me despierto sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío.

Alex me abraza con más fuerza, acurrucándose como si no quisiera que ese momento terminara.

Sonrío al verla así.

Le devuelvo el abrazo, acariciando su espalda suavemente.

–Buenos días –susurra con la voz aún dormida.

–Buenos días –respondo, con una ternura que apenas reconozco en mí misma.

–¿Esto es real?

–Muy real.

–No me lo creo –Yo tampoco –admito, riendo entre dientes.

Se estira un poco y me mira.

–Deberíamos levantarnos y comer algo.

Muero de hambre.

–Yo también.

Además, mi madre no tardará en traer a Caín.

Nos levantamos con pereza y bajamos juntas a la cocina.

Mientras saco cosas de la nevera para empezar a preparar el desayuno, Alex se apoya en el marco de la puerta, observándome con una sonrisa tranquila.

La noto y me giro para mirarla.

–¿Qué me ves?

–Que estás muy guapa –dice sin dudar.

Me río, sonrojándome un poco.

Me acerco a ella y en un segundo me tiene entre sus brazos, sujetándome por la cintura.

Yo le rodeo el cuello y dejo que mis dedos jueguen con su pelo rubio.

–Deberías estar pendiente del desayuno si no quieres que se queme –me dice en tono travieso.

–Me has distraído.

No he podido evitarlo.

Me da un pequeño beso y luego, haciendo un puchero divertido, señala los fuegos.

–El desayuno.

Hambre.

–Voy, voy.

Vuelvo a centrarme en el desayuno riéndome.

Termino de preparar todo y lo servimos juntas.

Comemos entre risas, pequeñas miradas cómplices y silencios que no incomodan.

Cuando acabamos, recogemos juntas y dejo la cocina en orden.

–Cuando mi madre traiga a Caín, podemos ir a por tus cosas –le digo mientras termino de limpiar la encimera.

–Perfecto.

Se apoya en la isla de la cocina mientras yo reviso que todo esté en su sitio.

De pronto, se acerca por detrás y me abraza por la cintura, con ese gesto suyo que me hace temblar por dentro.

–Estás muy cariñosa –le comento, girándome con cuidado para mirarla.

–No puedo evitar serlo con la mujer a la que quiero.

La miro a los ojos, me acerco más y la beso despacio.

Ella me corresponde y, por un momento, el mundo se detiene.

Nos separamos justo cuando suena el timbre.

–Debe de ser mi madre.

Voy a abrir.

Me suelta con una última caricia en el brazo.

Voy hacia la puerta.

Al abrirla, veo a Luna con Caín.

Él corre hacia mí y me abraza fuerte.

–Hola, cariño.

¿Estás mejor?

–Sí, mamá.

La abuela me ha cuidado muy bien.

Los dejo pasar.

Luna se sienta en el sofá mientras Caín corre a jugar con sus juguetes.

Miro a Alex y le hago una seña para que se acerque al salón.

–Caín, mira quién está aquí.

Él levanta la vista, ve a Alex y corre a abrazarla.

–¿Qué hace Alex aquí?

–Va a vivir con nosotros –le digo, sonriendo.

Caín asiente contento y vuelve a su mundo de juegos.

Mi madre, en cambio, se tensa ligeramente.

Me siento junto a ella y Alex se sienta a mi lado.

Caín sigue jugando, ajeno a la conversación que se avecina.

–Kira –dice mi madre, en tono serio.

–Mamá.

–Explícate.

–Eso voy a hacer.

Miro a Alex un segundo, buscando fuerza en su mirada, y luego vuelvo la vista a mi madre.

–¿Por dónde empiezo?

-Puedes empezar por el principio, cariño.

–Buen punto.

Después de todo lo que ha pasado con Jason, necesitaba sentirme querida.

Necesitaba poder querer a alguien que estuviera ahí, que no me dejara.

Y la encontré a ella.

–Entonces, estáis juntas.

–Sí.

Somos pareja.

Alex interviene en ese momento, firme pero dulce.

–Yo quiero mucho a su hija.

No tiene nada que ver con el dinero.

Es por cómo es ella.

Por todo lo que es.

–Eso no lo dudo.

Pero es noticia tras noticia.

¿Ya te ha contado sobre…?

–No acabes esa pregunta, mamá –la interrumpo de inmediato.

Sé exactamente a qué se refiere, y Alex aún no lo sabe.

–¿Contarme qué?

–pregunta Alex, mirándome sin saber a que se refiere mi madre.

–Hay cosas que aún no sabes de mí.

Y seguro que yo tampoco lo sé todo de ti.

–Está claro.

No quiero presionarte, pero sí quiero que hablemos.

Que nos conozcamos más.

–Te lo contaré.

Pero no ahora.

No es el momento.

Luna me toca el brazo con un gesto inesperadamente suave y me sonríe.

–Poco a poco, cariño.

Os dejo solas con el pequeño.

–No tan rápido.

Aún no he acabado contigo –le digo.

–¿A qué te refieres?

–A lo de la cárcel.

Suspira, como si se hubiera preparado para este momento.

Ella se pone más cómoda para hablar del tema.

–¿Qué quieres saber?

–¿Cómo acabaste allí dentro?

–Me acusaron injustamente.

Tu jefe te lo contó.

Fue él quien movió los hilos para sacarme.

Creo que te lo dijo.

–Sí, pero aún no entiendo cómo pasó todo.

–Alguien me tendió una trampa.

Falsificaron un vídeo para hacerme quedar como la culpable de algo que no hice.

–Eso está claro.

Me alegro de que estés fuera.

Pero ten cuidado, mamá.

Hay gente que te quiere ver caer.

–Lo intentaré.

Ahora sí, os dejo.

Luna se despide con un gesto y se va, dejándonos a solas.

Poco después, Alex y yo salimos a recoger sus cosas.

Al volver, subimos las escaleras poco a poco para que nada se caiga por el camino.

–Puedes dejarlo en la parte vacía del armario –le digo.

–¿Estás segura, Kira?

–Claro que sí.

Le doy un beso y acabo de subir las escaleras para entrar en el dormitorio.

Ella me sigue con una sonrisa que me derrite.

Deja su ropa y cosas bien acomodadas.

Más tarde bajamos juntas a cenar.

Luego, acostamos a Caín entre risas y cuentos.

Cuando por fin estamos en nuestra habitación, me acerco por detrás y la abrazo, rodeándola con los brazos.

Ella apoya sus manos sobre las mías y suspira.

–Así me gusta terminar el día –dice, cerrando los ojos.

Nos metemos en la cama, entrelazadas, como si hubiéramos dormido así toda la vida.

Y, sin darnos cuenta, el sueño nos encuentra en medio de la calma.

Así, entre suspiros y silencios, siento que por fin estoy en casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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