Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 19
- Inicio
- Una Vida (Casi) Perfecta
- Capítulo 19 - 19 CAPÍTULO 19 SORPRESAS Y VERDADES
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: CAPÍTULO 19: SORPRESAS Y VERDADES 19: CAPÍTULO 19: SORPRESAS Y VERDADES Han pasado ya varios días desde que Alex se mudó conmigo.
Vivir juntas ha sido más natural de lo que esperaba.
Caín está encantado de verla todos los días, se ha acostumbrado a su presencia, aunque aún no sabe que ella y yo somos más que amigas.
Una tarde, volvemos a casa más pronto de lo que estamos acostumbradas.
Dejamos nuestras cosas en el banco de la entrada y cierro la puerta con suavidad.
–Deberíamos decirle a Caín que estamos juntas –dice Alex, con tono firme pero tranquilo.
–No estoy segura… –respondo, sin girarme aún.
Alex se acerca y me rodea la cintura desde atrás.
Apoyo mi espalda en su pecho y suelto un suspiro.
Me siento segura así, pero también abrumada por todo lo que aún no había dicho.
–Si no se lo decimos nosotras, va a acabar dándose cuenta solo.
Es un niño muy listo.
–Lo sé.
Pero antes necesito hablar contigo.
Hay cosas que no sabes de mí.
–Eso me parece justo.
Yo también quiero contarte más de mí –responde con una sonrisa.
Le doy un beso suave, la tomo de la mano y la llevo al sofá.
Nos sentamos juntas y ella me atrae hacia sí, con esa calma que siempre me desarma.
–¿Qué me querías contar?
–me pregunta, sin dejar de mirarme a los ojos.
–Cuando Jason se fue, me derrumbé totalmente.
Caín lo notó.
Intenté que todo pareciera normal para él, pero fue difícil.
Esa noche me dijo algo extraño: que yo estaba embarazada.
No le creí.
Pero al día siguiente, me hice un par de pruebas y eran positivas.
–Entonces, ¿estás embarazada?
–me dice en voz baja, con los ojos muy abiertos.
Asiento y la abrazo con fuerza, temiendo su reacción.
Pero ella simplemente me rodea con los brazos con ternura.
–Eres una caja de sorpresas –susurra, sonriendo con dulzura.
–¿No estás enfadada?
–¿Enfadada?
Estoy feliz –responde sin dudar.
–¿Feliz?
¿Por qué?
–Porque te quiero.
Me da igual de quién sea el bebé.
Yo te voy a cuidar a ti y a ese bebé también.
Siento un calor intenso en el pecho.
La abrazo más fuerte.
No sabía que necesitaba escuchar eso, hasta que lo ha dicho.
–Te quiero tanto.
–Ahora me toca a mí contarte algo –añade, acariciándome la mejilla.
–¿Qué cosa?
–No es tan fuerte como lo tuyo, pero vengo de Italia.
Cuando pasó lo de mis padres, me mudé aquí.
No he vuelto desde entonces.
–Así que italiana.
Me gusta –bromeo, levantando una ceja.
Me da un beso en la frente.
Yo cierro los ojos ante la sensación tan calmante que me produce.
–No te sorprendas si te hablo en italiano de repente.
A veces mezclo los idiomas sin darme cuenta.
–No me molestaría.
Me encantaría escucharte.
–Algún día, bambina.
Río suavemente ante su respuesta.
Miro el reloj y me pongo de pie.
–Ya es hora, voy a buscar a Caín.
–¿Voy contigo?
–Claro.
Salimos juntas, subimos al coche, y conduzco hacia el colegio.
Mientras vamos por el camino, Alex rompe el silencio.
–¿Te puedo hacer una pregunta?
–Ya me has hecho una –le respondo en tono burlón.
Me da un golpecito en el brazo, riendo.
–A veces eres como una cría.
–Lo sé.
¿Qué querías saber?
–Es que te ves muy joven.
¿Cómo es que trabajabas en la CIA?
–No soy tan joven.
Tengo 23 años.
–¡Eso es joven!
Mucho para mí.
–¿Y tú cuántos tienes?
–le pregunto, intrigada.
–¿Qué dirías?
¿30?
¿28, tal vez?
–Sí, por ahí.
–Tengo 45 –dice con una sonrisa pícara.
–¿¡Qué!?
¿¡Tan mayor!?
–¿De verdad pensabas que tenía 30?
–¡Claro!
Tienes edad para ser mi madre.
–Y tú para ser mi hija, pero mira, eres mi novia.
Y no pasa nada.
–No puedo creer que no me lo dijeras antes.
–Nunca salió el tema.
Niego con la cabeza, sonriendo.
Ella no para de reír.
Aparco frente al colegio y bajamos del coche.
Caminamos hasta la entrada y esperamos a que salga Caín.
–No me esperaba que fueras tan mayor –le digo.
–Y yo no que tú fueras tan joven.
Estamos empatadas.
La abrazo con cariño y dejo un beso en su cuello.
–Te amo, aunque me saques veinte años.
–Y yo a ti.
Caín nos ve y corre hacia nosotras.
Lo levanto en brazos y lo lleno de besos.
–¿Nos vamos a casa?
Asiente, y lo bajo para caminar hacia el coche.
Sube de un salto y nos espera en el asiento trasero.
Durante el trayecto, Alex me mira de reojo.
–Es el momento de decírselo –susurra.
–¿Decirle qué?
–Que estamos juntas.
Miro brevemente hacia ella, luego de nuevo al camino.
–Cuando lleguemos a casa se lo digo.
–Más te vale, o lo hago yo.
Río suavemente.
Aparco frente a casa y bajamos.
Caín corre hacia la puerta mientras yo la abro con una mano, la otra aún entrelazada con la de Alex.
Entramos, dejamos nuestras cosas y nos sentamos en el salón.
Caín empieza a jugar en el suelo con sus muñecos.
–Caín, ven un momento.
Se gira y viene trotando hasta mí.
Lo cojo para sentarlo entre Alex y yo.
–¿Qué pasa, mamá?
–Sabes que Alex lleva viviendo aquí ya algunas semanas, ¿verdad?
–Sí, y me gusta que viva con nosotros.
–Pero no es solo una amiga de mamá.
–¿No?
¿Entonces qué es?
–Alex es la novia de mamá.
Ella y yo estamos saliendo.
–¿Cómo papá y tú?
–Sí, cariño.
Se queda pensativo unos segundos.
–Entonces, ¿Alex es mi nueva mamá?
–Podemos decir que sí.
¿Te gustaría?
–¡Sí!
Se gira hacia ella para abrazarla y Alex le devuelve el abrazo con emoción.
Luego ella me mira, sonriendo.
–Ha salido mejor de lo que esperaba.
–Ya lo creo.
Caín vuelve a sus juegos en el suelo.
Me acerco a Alex, la abrazo y ella acaricia mi espalda con calma.
Esa noche, acostamos a Caín juntas.
Después nos quedamos viendo una película hasta pasada la medianoche.
Cuando finalmente decidimos irnos a la cama, me siento en paz.
Como si, poco a poco, todo estuviera cayendo en su sitio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com