Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 21
- Inicio
- Una Vida (Casi) Perfecta
- Capítulo 21 - 21 CAPÍTULO 21 MI FAMILIA MIS NORMAS
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: CAPÍTULO 21: MI FAMILIA, MIS NORMAS 21: CAPÍTULO 21: MI FAMILIA, MIS NORMAS Unos días después, llego a casa más temprano de lo habitual.
Al entrar, escucho la voz de Alex.
Está hablando por teléfono, pero no entiendo nada: habla en italiano, rápido y visiblemente alterada.
–Non tornerò indietro.
–Torna in Italia e lascia quella donna.
–Non la lascerò mai.
Che ti vada bene.
Ciao.
Cuelga con firmeza.
Me doy cuenta de que se ha dado cuenta de mi presencia cuando se gira y me ve apoyada en el marco de la puerta.
–Lo siento, no sabía que ya habías vuelto –dice con una sonrisa débil.
–Pareces molesta.
¿Todo bien?
Suspira, cansada, y baja la mirada.
–Era mi madre.
Quiere que vuelva a Italia.
Me acerco y la abrazo sin pensarlo.
Ella se deja caer en mis brazos y hunde la cabeza en mi cuello, como si buscara refugio.
–No vas a volver, ¿verdad?
–Claro que no.
Si vuelvo, tendría que dejarte, y eso no va a pasar.
–Entonces quédate aquí.
Conmigo.
Con Caín.
–Es exactamente lo que pienso hacer.
Le levanto el rostro con suavidad y la beso.
Cuando nos separamos, me sonríe con ternura.
–Te quiero.
–Yo más.
Se ríe y me abraza con más fuerza.
–Por eso me quedo.
No pienso perderte.
–Y no lo harás.
No pienso alejarme de ti.
Y si lo intentas, te traigo de vuelta a rastras.
Las dos reímos y nos separamos.
–Iba a recoger a Caín.
¿Vienes?
–Sabes que sí.
–Vamos entonces.
–Conduzco yo.
–Puedo hacerlo.
–Ya sé que puedes.
Pero hoy, no te dejo.
Conduzco yo.
Antes de que pueda protestar más, ya tiene las llaves en la mano.
Subimos al coche y conduce hasta el colegio.
Al llegar, aparcamos y bajamos.
Los niños empiezan a salir corriendo, pero Caín no aparece por ninguna parte.
–¿Dónde está?
–pregunto, empezando a inquietarme.
–Aún no ha salido.
Es raro.
¿Entramos a buscarlo?
–Esperemos un momento.
Pasan varios minutos y no sale.
Me mira.
Asiento.
–Vamos.
La tomo la mano y entramos juntas al edificio.
Caminamos por los pasillos en silencio, hasta que una profesora se acerca a nosotras.
–Hola, ¿puedo ayudarlas?
–Sí.
Estamos buscando a nuestro hijo.
Aún no ha salido.
–¿Su hijo?
¿Cuál es su nombre?
–Caín Muller.
–Ah, el pequeño Caín.
Está en la clase de ciencias.
La profesora quería hablar con él.
–Gracias.
Seguimos las indicaciones y llegamos a la clase.
La puerta está entreabierta y vemos a la profesora hablando con Caín.
Toco suavemente antes de entrar.
Ella nos mira y nos hace pasar.
En cuanto nos ve, Caín corre hacia Alex y la abraza con fuerza.
La maestra me dirige una mirada seria.
–¿Usted es la madre de Caín?
–Sí, lo soy.
¿Ha pasado algo?
Me lleva a un lado para hablar en privado.
–Caín ha estado diciendo cosas… no muy adecuadas.
–¿Cómo qué?
–Dice que tiene dos mamás.
La miro, sin comprender del todo su tono.
–Es verdad.
¿Y cuál es el problema?
–Bueno, no tiene padre.
No es una familia… normal.
Respiro hondo, conteniéndome.
–No tener un padre no significa que no tenga una familia normal.
Caín tiene dos madres: Alex y yo.
Y eso es una familia.
–Pero un niño necesita una figura paterna.
–Su padre lo abandonó.
Y te aseguro que no lo necesita.
Tiene amor, cuidado, estabilidad.
Tiene todo lo que necesita con nosotras.
Le dedico una sonrisa tensa y regreso junto a Alex.
Caín aún la abraza y llora bajito.
–¿Nos vamos a casa?
Ella asiente sin soltarlo.
Volvemos al coche en silencio.
En cuanto llegamos a casa, Caín sube a su habitación.
Alex me mira con preocupación.
–Iré a hablar con él –le digo.
–¿Qué ha pasado?
–Su profesora le ha dicho que no tiene una familia “normal”.
Que necesita un padre.
Alex suspira con frustración y me abraza fuerte.
–Aún hay gente que no lo entiende –dice con tristeza.
–Lo sé.
Pero me duele que Caín tenga que pasar por esto.
–No estás sola, bambina.
Me fundo en sus brazos, intentando calmar la mezcla de rabia y tristeza que siento.
Luego me separo con decisión.
–Voy a hablar con él.
Subo las escaleras y toco suavemente su puerta antes de entrar.
Lo encuentro en su cama, de espaldas, abrazado a su osito de peluche.
–Cariño… Me siento en el borde de la cama y le acaricio la espalda.
–Cuéntame qué ha pasado.
–La maestra ha dicho que mi familia no es normal.
–¿Tú crees que eso es verdad?
–No… –Entonces, ¿qué importa lo que diga?
–No quiero que digan eso de ti y de mami.
–Lo sé, mi amor.
A veces la gente no entiende que hay muchas formas de ser familia.
Pero tú sabes lo que somos, ¿verdad?
Asiente.
Se gira y me abraza con fuerza.
–No quiero que digan cosas feas de vosotras.
–Ya he hablado con tu maestra.
No va a volver a pasar, ¿vale?
Asiente de nuevo más tranquilo.
Le acaricio suavemente la espalda.
–¿Quieres bajar con nosotras?
–Sí.
Le tendo la mano y bajamos juntos.
Al vernos, Alex sonríe.
Me siento en el sofá y Caín se lanza a sus brazos, abrazándola con fuerza.
Me acerco y le doy un beso suave en la mejilla.
Es un momento silencioso, cálido… perfecto.
En la noche acostamos a Caín temprano.
Después, nos quedamos viendo una película hasta pasada la medianoche, acurrucadas en el sofá.
A pesar del mal trago, hemos terminado el día como más me gusta: juntas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com