Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Una Vida (Casi) Perfecta
  3. Capítulo 26 - 26 CAPÍTULO 26 PRIMERO LOS NUESTROS
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: CAPÍTULO 26: PRIMERO LOS NUESTROS 26: CAPÍTULO 26: PRIMERO LOS NUESTROS Han pasado un par de años.

Caín ya tiene doce, y los mellizos acaban de cumplir siete.

Hoy es el primer día de clases.

Alex lleva a Katie y Diego a la escuela primaria, mientras yo acompaño a Caín a su nuevo instituto.

Aparco en uno de los parkings más cercanos a la entrada.

Caín no dice nada, pero lo noto más callado de lo normal.

–¿Quieres que te acompañe hasta dentro?

–le pregunto, girándome hacia él.

–Sí, pero solo hasta la puerta –responde sin mirarme.

–Vale, cariño.

Caminamos en silencio hasta la entrada.

Aún no han abierto y tenemos que esperar junto a otros estudiantes y algunos padres.

–Hoy vendrá Alex a recogerte.

Luego pasaréis juntos a por los mellizos –le explico, buscando suavizar el momento.

–Me parece bien –dice con un tono apagado, como si no le importara en absoluto.

Me inclino un poco para verlo mejor.

–¿Qué te pasa, amor?

¿Estás nervioso?

–No lo estoy.

–Entonces, ¿qué tienes?

–No conozco a nadie aquí.

Mis amigos van a otro instituto –responde con un hilo de voz.

Siento un pequeño nudo en el pecho.

–Cariño, no te preocupes.

Estoy segura de que hoy harás nuevos amigos.

-¿De verdad?

–Claro que sí.

Eres un niño increíble.

Tarde o temprano, todos lo verán.

Caín sonríe apenas.

Justo en ese momento suena el timbre.

Me da un abrazo rápido, como si le diera vergüenza, y entra al edificio.

Me quedo ahí un momento, viéndolo desaparecer entre los demás.

Sonrío, pero por dentro me quedo preocupada.

Llego a la CIA y voy directa al despacho.

Alex está sentada, revisando unas fichas con cara de concentración.

Me acerco sigilosamente por detrás y la abrazo.

Da un pequeño salto.

–¡Deja de darme esos sustos!

Ya estoy mayor para esto –dice entre risas, atrapándome con su brazo y haciéndome sentar en su regazo.

–Lo siento, pero me encanta sorprenderte –le digo, apoyando la cabeza en su hombro.

Nos besamos suavemente.

–Me encantan tus besos, bambina –murmura.

–Y a mí los tuyos.

Me acaricia la mejilla, pensativa.

–¿Te has dado cuenta de que en los casi ocho años que llevamos juntas, nunca hemos tenido una noche solo para nosotras?

–Hemos estado muy ocupadas.

Los niños, el trabajo, las misiones… –Lo sé.

Pero ahora que los tres son más mayores, y hoy terminamos temprano, podríamos aprovechar un poco de tiempo para nosotras.

–¿Hoy?

–Mañana.

Luna me llamó ayer y me dijo que quiere llevarse a los niños al cine con Mario y Javier.

Estarán fuera toda la tarde.

–¿Un viernes sin niños?

Me encanta el plan.

Le doy un beso corto.

Alex no se conforma y me sujeta la cara con una mano para besarme mejor.

Nos separamos después de unos segundos, riendo.

–Me gusta cuando haces eso –le digo.

–Y a mí cuando me respondes así.

Nos abrazamos un momento más antes de volver al trabajo.

Cuando terminamos, yo me voy a casa y Alex pasa a recoger a los niños.

Estoy en la cocina, intentando seguir una receta italiana que encontré por internet.

Pero no está saliendo como esperaba, y la página está en italiano.

No entiendo ni la mitad.

Alex entra, se quita el abrigo y me rodea con los brazos desde atrás.

–¿Qué estás haciendo?

–Intentaba sorprenderte con una receta italiana, pero está saliendo fatal.

La página está en italiano y no entiendo nada.

–Déjame ayudarte.

Se acerca a la pantalla y empieza a traducir y darme indicaciones.

En unos minutos terminamos de preparar la cena y la servimos en los platos.

Los mellizos bajan corriendo las escaleras y se sientan en sus sillas.

Alex y yo servimos la comida con cuidado.

–¿Y vuestro hermano?

–No quiere bajar –dice Katie.

–Dice que no tiene hambre –añade Diego.

Alex y yo nos miramos.

–Voy a hablar con él –le digo.

–No tardes, bambina.

La comida hay que comerla caliente.

–Id comiendo.

Subo las escaleras y toco suavemente la puerta de Caín.

–Caín, cielo, ¿puedo entrar?

–No.

–¿Por qué?

–No quiero que entres.

–¿Te ha pasado algo en el colegio?

–No quiero hablar de eso… –Déjame entrar, al menos.

Se escucha un silencio.

Luego, la puerta se abre un poco.

Entro y la cierro detrás de mí.

Caín está sentado en la cama, cabizbajo.

–¿No me quieres contar nada?

–No.

Su voz se quiebra al contestar.

Me siento a su lado y lo abrazo sin decir una palabra.

Al principio resiste, pero después se desmorona.

Llora en mi pecho como cuando era pequeño.

Lo acaricio con ternura hasta que empieza a calmarse.

–No quiero volver al instituto –susurra.

–¿Qué ha pasado?

–Unos chicos se burlaron de mí y me pegaron.

Siento la sangre hervirme.

–¿Le dijiste a algún profesor?

–Sí, pero no hicieron nada.

–¿Nada?

–Los profesores les tienen miedo a los alumnos.

Prefieren ignorarlo para no meterse en líos.

–Eso no es justo, cariño.

No está bien.

Mañana voy a hablar con el director.

–No hace falta.

La abuela dijo que puede venir y después vamos al cine con ella y los mellizos.

–¿Me estás diciendo que prefieres enfrentarte a la abuela antes que a mí?

–La abuela da más miedo que tú y mami juntas.

No puedo evitar reír.

En parte tiene razón sobre eso.

–Eso sí que no te lo discuto.

Él sonríe un poco.

–¿Quieres bajar a cenar?

Mami dice que la comida italiana se come mejor caliente.

–¿Mami hizo comida italiana?

¡Haberlo dicho antes!

Se levanta rápidamente y abre la puerta.

–No te pones así de contento cuando cocino yo.

–Es que mami cocina mejor.

Pongo cara de indignación fingida mientras lo sigo escaleras abajo.

–¡Qué falta de respeto!

–¡Solo digo la verdad!

Volvemos a la cocina.

Alex me sonríe y me besa la mejilla.

–Me alegra que haya bajado.

–Mamá me ayudó mucho –dice Caín mientras se sienta.

Después de cenar, Alex y yo empezamos a recoger mientras los niños suben a dejar sus mochilas.

–Caín, báñate tú primero y luego que se bañen los mellizos, ¿sí?

–Sí, mamá.

Las quiero.

Nos da un beso en la mejilla a cada una antes de subir.

–¿Y los mellizos?

–En el salón –responde Alex mientras seca unos platos.

Voy hasta allí.

Los encuentro viendo dibujos animados.

–Niños, subid.

Tenéis que bañaros después de Caín.

–Pero mamá, queremos ver la tele un rato más.

–Sí, mamá, por favor.

–Katie se une a la réplica de su hermano.

–Hoy no.

Ayer ya os quedasteis hasta tarde.

Vamos, arriba.

Apagan la televisión con desgana y suben las escaleras.

Una hora más tarde, comprobamos que los tres están dormidos.

Entonces Alex y yo nos vamos a nuestra habitación.

Me meto en la cama y me acerco a ella, buscando su calor.

–¿Crees que podamos adelantar el trabajo de mañana?

–pregunta con una sonrisa.

–¿Qué trabajo?

Su mirada me lo dice todo.

–Ah… ese trabajo.

–Vas a disfrutarlo.

Alex se inclina y empieza a acariciarme.

Esa noche la pasamos entregadas la una a la otra, con caricias lentas, besos largos y susurros compartidos.

Solo cuando el cielo empieza a clarear, nos dormimos abrazadas, en paz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo