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Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - 27 CAPÍTULO 27 ABUELA EN ACCIÓN
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27: CAPÍTULO 27: ABUELA EN ACCIÓN 27: CAPÍTULO 27: ABUELA EN ACCIÓN A la mañana siguiente, despertamos abrazadas, envueltas en las sábanas que cubren nuestros cuerpos desnudos.

Siento el calor de Alex contra mí, su respiración tranquila en mi cuello.

La rodeo con los brazos, aferrándome a ese momento, y sonrío.

Ella me acaricia la espalda con una suavidad que me hace estremecer.

–Me gusta esta sensación –murmura ella.

–¿De verdad?

–Claro.

Me gustas mucho, Kira.

–Tú a mí también me gustas mucho, Alex –le digo, mirándola con ternura–.

De hecho, me atrevería a decir que esta noche ha sido la mejor de mi vida.

Ella arquea una ceja, divertida.

–¿Y eso?

–Porque la he pasado contigo, la persona a la que más amo, y porque he descubierto una forma de hacer el amor que me ha hecho sentir más viva que nunca.

Alex me mira, primero sorprendida, luego satisfecha.

Me atrae más hacia ella, hasta que nuestros cuerpos están completamente unidos.

Yo apoyo la cabeza en su hombro, sintiendo su piel contra la mía.

Pero entonces suena la alarma del móvil.

La realidad nos alcanza.

–Tenemos que llevar a los niños al colegio –suspira ella.

–No quiero levantarme.

Estoy demasiado bien aquí contigo –me quejo con un tono casi infantil.

Ella se ríe y me da un beso en la cabeza.

–Vamos, bambina.

Se nos hará tarde si seguimos en la cama.

–Te odio.

–Mentira.

Me amas.

–Es verdad.

Te amo mucho.

Le doy un beso suave y me levanto con desgana.

Alex me lanza una sonrisa divertida mientras también empieza a vestirse.

Se acerca por detrás y me abraza por la cintura, hundiendo el rostro en mi cuello.

Me dejo llevar un momento antes de decirle.

–Voy a despertar a los niños.

¿Tú preparas el desayuno?

–Claro que sí, bambina.

Le doy un beso rápido y salgo rumbo a la habitación de los mellizos.

Entro, corro las cortinas y las persianas.

–Arriba, dormilones.

Es hora de levantarse.

Katie y Diego abren los ojos poco a poco.

Les doy un beso en la cabeza a cada uno.

–Tenéis la ropa en las sillas.

Vamos, vestíos rápido.

–¿Tenemos que ir a clase hoy?

–protesta Diego.

–Claro que sí.

Hoy es un día normal.

Nada de quedarse en la cama.

Ambos se levantan con un pequeño abrazo de buenos días.

Luego entro en la habitación de Caín.

Está hecho un ovillo bajo las mantas.

–Vamos, cariño.

Ya es de día.

–No quiero ir a clase –responde, apagado.

–¿Es por lo de ayer?

Asiente en silencio.

Me siento en el borde de su cama y le acaricio la cabeza.

–Caín, sé que ayer fue duro.

Pero no puedes dejar de ir al instituto.

Los niños pueden ser crueles, sí, pero para eso estamos nosotras.

Tu abuela y yo vamos a hablar con el director hoy.

Te prometo que no lo dejaremos pasar.

–¿De verdad lo vais a arreglar?

–Lo prometo.

Él se levanta, me abraza y asiente sin decir más.

Lo dejo cambiarse tranquilo y bajo a la cocina.

Veo a Alex preparando el desayuno, tan concentrada, tan hermosa.

Me siento en una silla y simplemente la observo, sonriendo.

–¿Ya están todos despiertos?

–pregunta sin mirarme, como si pudiera leer mi mente.

–Sí, ya se están vistiendo.

No tardarán en bajar.

–¿Y Caín?

–He conseguido convencerlo.

Va a intentarlo de nuevo.

En ese momento, los niños bajan y se sientan a la mesa.

Ayudo a Alex a servir el desayuno, y pronto salimos todos de casa.

Yo tomo el volante y comenzamos el recorrido.

–Luego os recogerán la abuela y el abuelo Mario –les digo.

–¿Y el abuelo Javier?

–pregunta Katie.

–Os verá directamente en el cine.

Dejamos primero a Caín en su instituto y luego a los mellizos en su colegio.

Después, Alex y yo nos vamos a la oficina.

A pesar del trabajo, no puedo evitar pensar en Caín.

Más tarde, cuando la jornada escolar termina, Luna va a buscar a Caín.

La veo mentalmente entrando como una tormenta controlada.

Él la guía por los pasillos hasta el despacho del director.

–Buenas tardes.

¿Tiene un momento para hablar sobre mi nieto?

–Claro, pase –responde el director.

–Mi nieto fue golpeado e insultado ayer.

En su primer día.

¿Le parece normal?

–No veo ningún problema –responde él, indiferente.

–Entonces debe estar ciego –replica Luna, con ese tono helado que hace temblar hasta al más terco.

–No va a cambiar nada –insiste él.

–No juegue conmigo.

Podría comprar este centro si quisiera, y eso es justo lo que voy a hacer.

Ella hace un par de llamadas.

Al colgar, sonríe como solo ella sabe hacerlo.

–Está despedido.

Mañana vendrá el nuevo director.

Buenas tardes.

Caín la sigue fuera, probablemente en shock, pero sonriendo.

Luego van a recoger a los mellizos y al cine con Mario.

Todo solucionado.

Como siempre, Luna no falla.

Alex y yo terminamos temprano y regresamos a casa.

–¿Cómo crees que le habrá ido a tu madre?

–me pregunta.

–Conociéndola, seguro que ya puso todo en orden.

Ella me rodea con los brazos y me besa el cuello.

–Tenemos la casa para nosotras solas.

–Sí, lo he notado.

¿Qué tienes en mente?

–Seguir donde lo dejamos anoche.

–Me parece un plan perfecto.

Alex me toma en brazos, haciéndome reír.

–Eres muy fuerte.

–Así puedo llevarte donde quiera.

¿Y sabes a dónde te llevo?

–¿A dónde?

–A la cama.

Sube las escaleras conmigo en brazos, entra en nuestra habitación y cierra la puerta.

Me deposita con ternura sobre la cama y empieza a desvestirme con calma, como si cada prenda fuera un regalo que descubre.

Luego se desviste también, y me besa con la pasión que solo ella sabe dar.

Pasamos la noche como la anterior: besos, caricias, placer.

Solo dormimos un par de horas antes de que amanezca, pero no nos importa.

Porque en sus brazos, el mundo se vuelve más fácil.

Más nuestro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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