Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 28

  1. Inicio
  2. Una Vida (Casi) Perfecta
  3. Capítulo 28 - 28 CAPÍTULO 28 CAFÉ ABRAZOS Y PROMESAS
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

28: CAPÍTULO 28: CAFÉ, ABRAZOS Y PROMESAS 28: CAPÍTULO 28: CAFÉ, ABRAZOS Y PROMESAS El amanecer se cuela por las rendijas de la persiana, y la luz dorada cae sobre el cuerpo dormido de Alex, que aún reposa a mi lado.

Está boca arriba, con una expresión serena, como si el mundo no pudiera tocarla en ese momento.

Me giro lentamente hacia ella y apoyo la cabeza sobre su pecho.

La escucho respirar, y ese simple sonido me llena de paz.

Podría quedarme aquí todo el día.

Pero no podemos darnos ese lujo.

No hoy.

Después de unos minutos, me incorporo con cuidado para no despertarla.

Me pongo una camiseta suya y bajo a la cocina descalza.

Empiezo a preparar café mientras repaso mentalmente el día: hoy tenemos una reunión importante en la CIA, y además quiero llamar a mamá para que me cuente cómo se sintió Caín después de todo lo de ayer.

Mientras el café burbujea, escucho pasos suaves bajando las escaleras.

Alex entra en la cocina con el pelo despeinado y una sonrisa de esas que me desarman.

–Buenos días, bambina –dice, acercándose para darme un beso lento.

–Buenos días –respondo, sonriendo contra sus labios–.

¿Dormiste bien?

–Sí, aunque poco.

Pero valió la pena.

Ambas reímos.

Le sirvo una taza de café, y nos sentamos juntas un momento en la mesa de la cocina.

No necesitamos hablar mucho.

Solo estar.

Esos silencios cómodos son uno de los mejores regalos que me ha dado esta relación.

–¿Y los niños?

–pregunta finalmente.

–Mi madre los llevará al colegio hoy.

Quería pasar más tiempo con ellos.

Dijo que necesitaba “reconstruir el vínculo emocional con sus nietos”, como si fueran soldados en rehabilitación.

–Eso suena muy a tu madre –se ríe Alex.

Asiento, divertida ante las palabras de Alex.

Ya en la oficina, la jornada comienza con más papeleo del que desearía.

Reuniones, informes, y una operación que está en fase de planificación para la próxima semana.

Pero entre tarea y tarea, saco un minuto para enviarle un mensaje a mi madre.

–¿Cómo van los niños?

¿Caín está bien?

No tarda mucho en responder, lo que se hace extraño de ella.

–Todo bajo control.

Caín está más animado.

Ya hablaremos luego.

Tú céntrate en tu trabajo.

Vuelvo a sonreír al leer su mensaje.

Luna no sólo resolvió el problema, sino que le devolvió a Caín la sensación de seguridad que tanto necesitaba.

A veces no sé cómo hace todo lo que hace.

A media mañana, Alex entra en el despacho con dos cafés en la mano.

–Te traje uno extra fuerte.

Pareces a punto de entrar en coma de aburrimiento –me dice con una sonrisa traviesa.

–Eres un ángel –susurro, aceptándolo.

Se sienta en una silla frente a mi escritorio, observándome.

Sabe cuándo necesito cinco minutos de respiro.

No dice nada, y yo tampoco.

Solo compartimos el momento.

Cuando regresamos a casa por la tarde, todo huele a comida recién hecha.

Encontramos a uno de mis padres, a Mario concretamente, en la cocina, removiendo una cazuela gigante de lentejas como si fuera el chef de una trattoria italiana.

–¡Buonasera, ragazze!

–dice alegremente–.

Hoy he cocinado yo.

¡Lentejas con chorizo!

–¿Qué ha pasado con tu dieta vegana, papá?

–pregunto con una ceja levantada.

–He hecho dos versiones –responde con una sonrisa culpable–.

Una con chorizo para los carnívoros y otra sin, para las ovejas del siglo XXI.

Nos reímos mientras los niños bajan corriendo las escaleras.

Caín parece mucho más tranquilo que ayer.

Se acerca y me da un abrazo largo, fuerte, como si me agradeciera algo que no necesita decir en voz alta.

Yo le devuelvo el abrazo y le beso el pelo.

–¿Cómo fue el día, cariño?

–Mejor.

Los chicos ya no dijeron nada y algunos ya son mis amigos.

Y el nuevo director me llamó para disculparse personalmente.

La abuela hace maravillas con las personas.

–¿Ah, sí?

Asiente, y yo mentalmente le agradezco a mi madre por lo que ha hecho por su nieto.

–¿Y vosotros dos?

–pregunto a Katie y Diego.

–Hemos hecho un dibujo para ti y para mami –dice Katie, enseñándonos una cartulina llena de colores y corazones mal hechos.

–¡Y también aprendimos a sumar fracciones!

–añade Diego, como si eso fuera una hazaña digna de una medalla.

–¡Eso sí que merece un premio!

–dice Alex, dándoles un choque de manos.

–Espero que no sean más juguetes.

Le doy un codazo a Alex en las costillas.

Ella se frota la zona con un falso dolor.

–Ya me controlo más con eso, bambina.

Sonrío y me acerco a ella para darle un beso en la mejilla.

Alex pasa un brazo por mi cintura y me abraza enterrando su cabeza en mi cuello.

–Me encanta verte tan débil ante mí.

Normalmente eres ruda.

–Eso es porque ahora estamos en casa con nuestros hijos y uno de tus padres, que encima nos ha hecho la cena hoy.

Sonrío cojo de la mano a Alex para ir a la cocina a cenar junto a todos.

Ayudamos a Mario a poner la mesa y pasamos toda la cena riendo y hablando.

Esa noche, después de la cena con Mario y las duchas, los niños suben a sus habitaciones.

Mario se va a casa y yo me quedo un rato sentada con Alex en el sofá, en silencio, viendo cómo el fuego crepita en la chimenea.

–¿No te parece extraño que, después de todo lo que hemos vivido, ahora estemos aquí, tan tranquilas?

–le pregunto, con la cabeza apoyada en su hombro.

–No me parece extraño.

Me parece justo.

–¿Justo?

–Sí.

Te mereces esta paz, Kira.

Siempre la mereciste.

Solo que ahora estás permitiéndote vivirla.

Me quedo callada.

Tiene razón.

Antes, todo en mi vida era acción, riesgo, órdenes, sacrificios.

Ahora, por fin, estoy eligiendo lo que me hace feliz.

–Quiero conservar esto –le digo, casi en un susurro.

–Lo haremos –responde, acariciándome la mano–.

Paso a paso.

Día a día.

Nos quedamos así, juntas, escuchando cómo la casa duerme.

Y por primera vez en mucho tiempo, me siento en casa de verdad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo