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Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 CAPÍTULO 4 EL HOGAR
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4: CAPÍTULO 4: EL HOGAR 4: CAPÍTULO 4: EL HOGAR Han pasado ya varias semanas, y poco a poco, Luna y yo hemos vuelto a conectar.

Ahora sí nos sentimos como madre e hija de verdad.

Las vacaciones de Navidad han llegado, y la casa huele a canela y galletas recién horneadas.

Mi madre está en la cocina, entretenida preparando una de sus recetas caseras.

Llego a casa después de un día largo trabajando en el bosque.

Me quito el abrigo, sacudo la nieve de las botas, y al entrar, Luna me dedica una sonrisa.

–¿Cómo ha ido?

–me pregunta.

–Bastante bien –respondo, acercándome.

Dudo un segundo.

Hay algo que quiero decirle, algo que he estado pensando todo el camino de vuelta.

–¿Puedo decirte algo?

Ella me mira con ternura, dejando lo que está haciendo.

–Dime, cariño.

–Estaba pensando en invitar a Jason a cenar en Nochebuena.

Mi madre me observa en silencio un momento.

Luego, simplemente asiente.

–¿A Jason?

No hay problema.

No me importa.

–¿De verdad?

–Claro que sí.

Sonrío con alivio.

–Gracias, mamá.

Subo a mi habitación.

Me doy una ducha rápida y me pongo algo cómodo.

Mientras me arreglo el cabello frente al espejo, no puedo evitar sonreír.

Al bajar de nuevo, la casa está en calma.

Luna está en el sofá, copa de vino en mano, leyendo uno de sus libros.

Levanta la mirada y me observa unos segundos antes de decir, con esa voz que todo lo sabe.

–Sé que estás saliendo con Jason.

Me congelo un instante.

–¿Cómo…

cómo lo sabes?

–Soy tu madre, Kira.

Lo sé todo.

Suspiro, un poco derrotada, y me dejo caer en el sillón frente a ella.

–No es justo.

Quería contártelo en la cena.

–Me he adelantado –dice, riendo suavemente.

–No pasa nada.

–¿Y cuánto lleváis?

–Tres meses.

–Lo sabía.

Sabía que acabaríais juntos.

–Sí, tú lo sabes todo.

Ambas reímos.

Mi madre deja el libro a un lado y me mira con una expresión cálida.

–Jason puede venir cuando quiera.

–¿De verdad?

–Sí.

Es tu pareja, después de todo.

–Eres mala, ¿lo sabías?

–Lo sé, cariño.

Por eso soy tu madre.

La conversación se alarga hasta que la noche nos envuelve por completo.

Cuando mi madre mira el reloj, se levanta con una sonrisa cansada.

–Es tarde.

Me voy a la cama.

Tú también deberías.

–Tienes razón.

Subimos juntas las escaleras, cada una a su habitación.

A la mañana siguiente soy la primera en levantarme.

Bajo a la cocina y empiezo a preparar el desayuno.

Al rato, Luna baja también, adormilada, y se sienta en la mesa.

–Buenos días, cariño.

–Buenos días, mamá.

Hoy viene Jason a cenar, acuérdate.

–Me acuerdo.

Dile que venga a las ocho.

Sirvo el desayuno y nos sentamos a comer juntas.

Luego recojo mi plato y le digo.

–Voy a ir a comprarme algo de ropa.

Prometo estar de vuelta antes de la cena.

–Está bien.

No llegues muy tarde.

Agarro las llaves del coche.

–Cojo tu coche, ¿vale?

Salgo sin esperar respuesta.

Sé que solo espera que no le raye nada.

Horas después, regreso con varias bolsas.

Apenas cruzo la puerta, la llamo.

–¡Mamá, ya he vuelto!

Te dejo las llaves aquí.

–¿Has comprado muchas cosas?

–me pregunta desde el sofá.

–Alguna que otra –respondo, y luego saco una bolsa–.

Esto es para ti.

Dentro hay un vestido.

Mamá lo saca con cuidado, sorprendida.

–Gracias, cariño.

No tenías que hacerlo.

–Es solo un detalle.

Me mira con suspicacia.

–Tú quieres algo.

–¿Yo?

¿Qué podría querer?

–Ajá, claro.

Subo a mi habitación, río para mí misma y coloco todo en el armario, dejando fuera el vestido que planeo usar esa noche.

Justo cuando me acomodo, mi madre toca a la puerta.

–Pasa.

–Gracias por el vestido.

–De nada.

Sus ojos se posan en el vestido que tengo sobre la cama.

–¿Vas a ponerte eso?

–Sí.

¿Te gusta?

–Es bonito.

–Lo sé, por eso lo he comprado.

Ella se ríe y se va a alistarse también.

A las ocho en punto, suena el timbre.

–¡Yo voy!

–grito, bajando las escaleras mientras me pongo los pendientes.

Abro la puerta y allí está Jason, impecable en traje.

–Hola, pequeña.

Estás preciosa.

–Tú tampoco estás tan mal.

Es la primera vez que te veo así.

–Y probablemente la última –bromea.

Reímos juntos mientras entramos.

Nos sentamos en el sofá hasta que mi madre baja, elegantísima.

–Oh, hola Jason.

–Buenas noches, señorita Lewis.

–Llámame Luna, por favor.

Cenamos en un restaurante encantador.

Jason se sienta a mi lado y Luna frente a nosotros.

La conversación fluye tranquila, las risas llenan el aire.

Al final, Jason y yo compartimos una mirada y sé que ha llegado el momento.

–Mamá, tenemos una pequeña noticia.

Ella levanta las cejas, curiosa.

–¿Una noticia?

Jason toma mi mano antes de hablar.

–Nos vamos a casar.

El rostro de Luna pasa por todas las emociones posibles antes de asentir, incrédula pero feliz.

–¿Cómo?

¿De verdad?

–Sí –respondo–.

Me lo pidió hace dos días.

–Felicidades, de verdad.

Estoy feliz por los dos.

Nos sonríe con calidez, y volvemos a casa con el corazón ligero.

Al llegar, Jason se dispone a irse, pero mi madre lo detiene.

–Jason, quédate a dormir.

Kira estará más feliz contigo cerca.

–Gracias, Luna.

Iré con ella.

Lo espero en la habitación.

Cuando entra, me sonríe.

–Tu madre está…

diferente.

–¿Por qué lo dices?

–No sé.

Me deja quedarme a dormir, y apenas me conoce.

–Solo está siendo amable.

Además, ya estamos comprometidos.

–Tienes razón, amor.

Nos besamos suavemente.

Él me envuelve en sus brazos.

–Te quiero.

–Y yo a ti, mi amor.

Nos cambiamos y nos acostamos juntos.

Me acomodo junto a él, sintiendo su calor.

Me acaricia la espalda, y poco a poco, nos vamos quedando dormidos.

Luna, en la habitación de al lado, lee su libro en silencio.

Eventualmente, el sueño la vence también.

La casa, por primera vez en mucho tiempo, se siente completamente en paz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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