Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 5
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5: CAPÍTULO 5: VERDADES A MEDIAS 5: CAPÍTULO 5: VERDADES A MEDIAS Pasan varios días.
Estoy sentada en uno de los sillones del salón, hojeando revistas y navegando en mi tablet, buscando ideas para la boda.
Luna, mi madre, se sienta en el sofá cercano, con esa mirada suya que mezcla curiosidad y picardía.
–¿Te ayudo?
–pregunta.
–No hace falta, lo tengo controlado –respondo sin apartar la vista.
–Sé que no llevas solo tres meses saliendo con Jason.
Suspiro.
Ya empieza.
–Sí, mamá.
Llevamos tres meses.
–Mientes.
No se puede decidir casarse tan rápido.
No me trago esa historia.
Pongo los ojos en blanco y trato de concentrarme en lo mío, pero su sonrisa me desarma.
Sé que no va a parar.
–Vamos, ya estás tardando en contarme la verdad.
Quiero saberlo todo.
–Eres tan pesada…
Dejo lo que tengo entre manos y la miro directamente.
–¿Qué quieres saber?
–¿Cuánto tiempo lleváis juntos en realidad?
–Un año y tres meses –admito por fin.
Supongo que lo sabía antes incluso de que yo lo dijera.
–¡Lo sabía!
¿Por qué no me lo dijiste antes?
–Porque hace un año tú y yo ni siquiera nos conocíamos.
–Buen punto.
Pero podrías habérmelo dicho cuando llegaste.
–Lo mantuvimos en secreto por una razón, mamá.
Ella ríe, recostándose más cómoda en el sofá.
–Eres astuta, cariño.
–Lo sé.
Lo heredé de ti.
–Con esta nueva información ya me cuadra todo.
Tres meses era ridículo para una boda.
–Contigo no se puede ocultar nada.
–Ya me conoces.
Los días siguen y los preparativos para la boda avanzan.
Llega el día de elegir el vestido.
Mi madre ha venido conmigo a la tienda.
–Elige uno bonito –dice apenas cruzamos la puerta.
–Elegiré el que me guste, y te aguantas.
La que se casa soy yo, no tú.
–Sigo siendo tu madre.
Cuida ese tono.
–Entonces déjame decidir a mí.
–Tú misma.
Igual voy a meterme y opinar.
Me pruebo varios modelos hasta que reduzco la elección a dos: uno largo, con cola, lleno de brillantes y escote atrevido; y otro más sencillo, sin cola, con un corte limpio y elegante.
–¿Cuál cojo?
–le pregunto, indecisa.
-El primero.
Me encanta –responde sin dudar.
–¿No crees que es demasiado?
–Puede, pero, ¿qué importa?
–Pues justo por llevarte la contraria, me quedo con el segundo.
–Tienes muy mal gusto.
–Me da igual.
A mí me gusta, y eso es lo importante.
–Tú misma.
Lo compro.
Al volver a casa, lo guardo con cuidado en un armario apartado para que no se estropee.
Ya solo faltan dos semanas.
–¿Cuánto tiempo falta para tu boda, cariño?
–pregunta mi madre mientras bebe su café.
–Dos semanas.
–¿Tan pronto?
–Han pasado dos meses desde que te lo contamos.
El tiempo vuela.
–Ya se nota –dice, sonriendo.
Reímos juntas.
Es entonces cuando alguien toca la puerta.
Mi madre va a abrir.
Un hombre está allí.
Tiene una presencia dura, intimidante.
–¿Vive aquí Kira Lewis?
–pregunta.
–Sí.
Ahora le aviso.
Luna me hace una seña.
Al ver al hombre, siento cómo todo el cuerpo se me tensa.
El corazón me golpea el pecho.
–¿Estás bien?
–me pregunta.
–Sí, tranquila.
Déjame hablar con él.
Salgo y cierro la puerta casi por completo detrás de mí.
–¿Qué haces aquí?
Te dije que no vinieras a mi casa.
–Aún no has cumplido con tu parte del trato, Lewis.
–Estoy en ello, joder.
¿No puedes esperar un poco más?
–Cuatro meses.
No te doy más.
–¿Cuatro?
No es tan fácil.
–Cuatro meses.
O ya sabes qué pasa.
Veo cómo acaricia el bolsillo donde esconde lo que claramente es una pistola.
Me congelo.
–Vale.
Vale.
Lo haré.
Vuelvo a entrar y cierro la puerta con fuerza.
Desde la ventana lo veo marcharse.
Al darme la vuelta, está mi madre, apoyada en el marco de la puerta de la cocina.
–¡Podrías no asustarme así!
–No era mi intención.
¿Quién era ese hombre?
–Era un compañero de trabajo.
–Parecía encantador.
–Sí, lo es –miento, evitando su mirada.
Voy a la cocina, busco algo, cualquier cosa para distraerme.
–¿Qué buscas?
–Ginebra.
¿No hay?
–Último armario, al fondo.
Lo encuentro.
Me sirvo un trago largo sin pensarlo dos veces.
Mi madre se sirve vino y me observa, sin decir nada más por el momento.
–Voy a preparar la cena –anuncia finalmente.
La dejo preparar la cena.
Me siento en silencio, con la mente dando vueltas, atrapada en lo que acababa de ocurrir.
No sabía cómo iba a salir de esa.
La cena está lista en poco tiempo.
–Gracias –le digo al ver el plato–.
Tenía hambre.
–Sé que es tu favorito.
Hay más si quieres repetir.
Como lentamente, sin hablar.
Ella lo nota, claro.
Siempre lo nota.
–¿De verdad estás bien, cariño?
–Sí.
Solo estoy cansada.
Me voy a acostar.
Subo a mi habitación y me dejo caer en la cama, sin cambiarme siquiera.
Cierro los ojos intentando encontrar algo de paz, pero no la hallo.
Abajo, escucho el murmullo de la televisión.
Luna se queda dormida frente a ella, como otras noches.
Todo parece normal.
Excepto por mí.
Por dentro, siento que el tiempo corre, y no tengo ni idea de cómo cumplir con lo que me habían exigido.
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