Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 7
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
7: CAPÍTULO 7: SILENCIOS Y SORPRESAS 7: CAPÍTULO 7: SILENCIOS Y SORPRESAS Han pasado ya varias semanas desde nuestra boda.
Jason y yo vivimos juntos en una finca no muy lejos de la mansión de mi madre, Luna.
Todas las semanas vamos a visitarla.
Es una especie de ritual que los tres hemos mantenido sin falta.
Hoy he ido sola.
Jason no se sentía bien y ha preferido quedarse en casa.
Llamo al timbre como siempre.
–Cariño, ya estás aquí –me abre mi madre, sonriendo.
–Hola, mamá.
Ya sabes que venimos cada semana.
–Lo sé, cielo, pero me sigue haciendo ilusión.
¿Y Jason?
–Se encontraba un poco mal.
Ha preferido no venir, por si acaso.
–Entiendo.
Pasa.
Entramos y nos sentamos en el sofá.
Dejo el bolso sobre la mesa más cercana y empezamos a charlar.
El ambiente, como siempre, es cómodo, relajado.
Después de un rato, me levanto.
–Voy al baño.
Vuelvo enseguida.
–Vale, cariño.
Yo iré preparando la comida.
Luna ve como voy al baño y poco después se levanta para ir a la cocina.
Mi madre se tropieza con mi bolso, tirándolo al suelo.
–Mierda… Al agacharse para recoger el bolso que ha caído, Luna se da cuenta de que algunas cosas se han salido y están esparcidas por el suelo.
Mientras las guarda con cuidado, nota una caja blanca alargada dentro del bolso.
La toma y la mira con curiosidad.
Al leer la etiqueta, se da cuenta de que es una caja de pruebas de embarazo.
La abre lentamente y, para su sorpresa, encuentra dos test, ambos con resultado positivo.
Se queda unos segundos en silencio, asimilando lo que ve.
Luego, vuelve a dejar el bolso en su sitio, pero se lleva la caja consigo a la cocina, donde la deja sobre la mesa.
Poco después, salgo del baño y me dirijo a la cocina.
Al entrar, encuentro a mi madre sentada, mirando fijamente la caja con una expresión seria en el rostro.
–¿Ya está la comida hecha?
–pregunto, aunque sabía que algo había pasado.
–Kira, siéntate, por favor.
–¿Qué pasa, mamá?
–¿Qué es esto?
–dice, señalando la caja.
Me pongo algo pálida.
–¿Dónde la has encontrado?
–Me tropecé con tu bolso y al recoger las cosas lo vi.
¿Cuándo me lo ibas a contar?
–Pensaba decírtelo después de comer, pero como siempre, te adelantas a las sorpresas –Suspiro.
–Lo siento, no fue mi intención.
¿De cuánto estás?
–Unas ocho semanas.
Dos meses, más o menos.
–Dime que Jason lo sabe.
–Claro que lo sabe.
Él es el padre.
Mi madre baja la mirada.
Me acerco, cojo la caja, guardo las pruebas de nuevo en el bolso y vuelvo a sentarme.
–Ha sido inesperado, lo sé.
Pero ha pasado.
–Kira, aún eres muy joven.
–Tú me tuviste a los veinte.
–Sí, pero tú tienes dieciocho.
Apenas vas a cumplir diecinueve en unas semanas.
No sé qué responderle.
Solo asiento.
–¿No pensaste en usar protección?
–Lo hicimos, pero se rompió.
Nos dimos cuenta demasiado tarde.
–Ya…
Se levanta y empieza a preparar la comida.
Yo no puedo evitar sentirme un poco culpable.
Tendría que habérselo contado antes.
–Mamá, ¿puedo hacerte una pregunta?
–Claro.
–Hace tiempo que me pregunto quién es mi padre.
Se queda inmóvil.
Literalmente congelada.
Su silencio me pone nerviosa.
–No puedo decírtelo.
–Mamá, ya no soy una niña.
Merezco saberlo.
–Me encantaría decírtelo, pero no puedo.
–¿Por qué no?
Dame una razón.
Solo una.
Respira profundamente.
–Porque no lo sé.
Nunca supe quién me dejó embarazada.
Siento que se me hiela la sangre.
–¿Cómo que no lo sabes?
–Así de simple.
No lo sé.
–¿Y no se te ocurrió hacer una prueba de paternidad?
–Por supuesto que sí.
–¿Y por qué no la hiciste?
–Porque no tenía dinero entonces.
–¿Y después, cuando empezaste a tenerlo?
–No quería complicar más las cosas.
–Y luego me dices irresponsable a mí.
Sonríe y sigue cocinando.
No pude evitar sonreír también, a pesar de todo.
Me levanto y la abrazo.
–A veces siento que yo soy la madre y tú la hija.
–Y aún así, te quiero igual.
Ambas reímos.
Me vuelvo a sentar.
–¿Y tienes alguna idea de quién podría ser?
–Uy, eso es complicado.
–Mamá…
–Vale, hay dos posibles.
–Quiero nombres.
–Ni siquiera me acuerdo de los nombres.
Han pasado muchos años, Kira.
–Entonces, solo hay una forma de saberlo.
Con una prueba.
–Ni se te ocurra.
No quiero saberlo.
–Pero yo sí.
–Haz lo que quieras, pero no me involucres.
Comemos en silencio.
Luego recogemos y nos sentamos en el sofá.
–Mañana voy al laboratorio, para que lo sepas.
–Perfecto.
Espero que lo que descubras te haga feliz.
Vuelvo a casa.
Jason sigue en cama.
Me siento junto a él y le acaricio el pelo.
–Hola, amor.
Ya estoy aquí.
–Hola, pequeña.
¿Cómo fue con tu madre?
–Ya lo sabe.
–¿Se lo dijiste?
–No.
Lo descubrió sola.
–¿Y cómo reaccionó?
–Mejor de lo que esperaba.
Se acurruca en mí y me abraza.
-Mañana iré al laboratorio.
–¿Para qué?
–Quiero saber quién es mi padre.
Mi madre no sabe quién es.
–¿De verdad que no lo sabe?
–Dice que hay dos posibles y que ni recuerda los nombres.
–¿Y no te acompaña?
–No quiere.
Dice que prefiere no saber.
–Bueno, ya sabes cómo es ella.
–Sí, tienes razón.
La dejaré.
Lo beso suavemente.
Él me responde, rodeando con sus brazos mi cintura.
–Deberías descansar, amor.
–Sí, debería.
Le sonrío y le doy un beso en la frente.
Luego me quedo a su lado, cuidándolo mientras duerme, pensando en todo lo que se venía por delante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com