Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 9
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: CAPÍTULO 9: LA CENA 9: CAPÍTULO 9: LA CENA Habían pasado varios días desde que descubrí toda la verdad, y finalmente me decido.
Voy a The Days.
Tengo que hablar con Mario y Javier.
No puedo seguir con esta incertidumbre.
Necesito respuestas y cerrar heridas.
Al llegar, me acerco a la recepción.
Una mujer de mediana edad me recibe con una sonrisa amable.
–Hola –digo con voz firme–.
Busco a Mario y Javier Díaz.
Necesito hablar con ellos.
–Claro.
Están en su despacho.
Sube a la última planta y verás una puerta al final del pasillo.
Se lo agradezco con una sonrisa y sigo sus indicaciones.
Al llegar frente a la puerta, respiro hondo.
Mi corazón late con fuerza.
Toco suavemente un par de veces.
–Pasa –responde una voz masculina.
Abro la puerta y entro.
Cierro tras de mí y sonrío con cierta timidez.
–Hola.
Soy Kira.
Quería hablar con Mario y Javier.
–Yo soy Mario.
Mi hermano viene ahora.
Justo entonces, otro hombre entra.
Por su parecido, supongo de inmediato que era Javier.
–Bueno, ya estamos los dos.
¿Qué se te ofrece, chica?
–Es complicado, pero veréis, vosotros sois mis padres biológicos.
Se miran como si les hubiera soltado una bomba.
–Eso no puede ser –suelta Javier–.
No podemos ser los dos tus padres.
–Sí que puede ser.
Durante el embarazo de mi madre, vuestros ADN se mezclaron.
Es un caso poco común pero sucedió.
–¿Y quién es tu madre?
–pregunta Mario, frunciendo el ceño.
Lo miro directamente.
–Luna Lewis.
Su expresión cambia por completo.
–¿Luna?
Eso es imposible.
–No lo es, Mario.
Recuerda aquella fiesta de hace casi 19 años.
Antes de que fundáramos The Days.
Veo cómo Mario intenta reconstruir los recuerdos.
–Maldita fiesta –murmura.
–No recuerdo mucho, pero sí sé que desperté en casa de Luna al día siguiente –admite Javier.
Me cruzo de brazos, esperando respuestas.
–¿Cómo se os ocurrió acostaros los dos con la misma mujer?
Es mi madre.
¿Y por qué os odiáis tanto?
Mario suspira.
–Íbamos bastante…
contentos.
Ya te lo puedes imaginar.
–Y la relación con tu madre acabó así…
bueno, por…
Él se queda en silencio, y luego se vuelve hacia su hermano.
–¿Cómo acabamos así?
Mario niega con la cabeza, frustrado.
–No lo sé.
Ya ni recuerdo por qué empezó todo esto.
Suspiro, decepcionada.
–¿Luna no te ha dicho nada?
–Solo que erais enemigos.
Nunca quiso entrar en detalles.
–Ha pasado tanto tiempo –dice Mario–.
Quizás deberíamos arreglarlo.
–Venid a cenar esta noche con nosotras –propongo–.
Hablemos.
–¿Estás segura?
Hace años que no hablamos con Luna.
Asiento, convencida.
–Estoy segura.
No va a pasar nada.
Me despido y me voy a casa de mi madre.
Luna me abre la puerta con gesto serio.
–¿De dónde vienes?
–De hablar con Mario y Javier.
–¿Qué?
¿Les has hablado?
–Claro.
Y les he invitado a cenar esta noche.
–¿¡Qué has hecho!?
–Lo que has oído.
–Kira, hace años que no nos hablamos.
¿Cómo se te ocurre?
–Porque quiero que arregléis las cosas.
Al fin y al cabo, son mis padres.
–Eso no significa que tengamos que llevarnos bien.
–Solo te pido que les des una oportunidad.
Ellos también quieren solucionarlo.
Mi madre suspira.
–No quiero.
Me hicieron demasiado daño.
–¿Qué te hicieron?
–¿No te lo han contado?
Niego lentamente.
Ella guarda silencio por unos segundos y luego habla, con voz baja.
–Cuando llegué aquí, fui a una fiesta de empresas emergentes.
Ellos apenas empezaban con The Days y yo acababa de revivir Lewis Corp, que estaba por los suelos por culpa de tu tío.
–¿La empresa era de él?
–Sí.
Pero cuando la retomé, todo cambió para bien.
Mi madre hace una pausa.
–Aquella noche conocí a los hermanos Díaz.
Jóvenes, atractivos.
Hablamos, bebimos y después, bueno…
–¿Después pasó eso?
¿Cómo lo permitiste?
–No lo planeamos.
Fue un accidente.
Íbamos demasiado ebrios…
–Eso me han dicho ellos.
Pero fueron los dos, mamá.
–Lo sé.
Y fui una irresponsable.
–¿Ellos no eran mucho mayores?
–Bueno, yo tenía 19 cuando me quedé embarazada.
Tú naciste cuando tenía 20.
Mario tenía 38 y Javier 37.
–¡¿Qué?!
¡Tú solo tienes 38 ahora!
Ellos tienen 49 y 50 años.
–Lo sé.
No pensé en las consecuencias.
–Ya se nota.
La miro, aún en shock.
–¿Por qué no les dijiste nada?
–Eran mayores.
Había medios de televisión de por medio.
Me atacaron.
Cuando naciste, ellos me vieron vulnerable y usaron eso en mi contra.
Filtraron historias a la prensa.
Intentaron destruirme.
Incluso intentaron matarme cuando tú tenías 4 años.
Mi estómago se revuelve.
Me siento enferma.
–No es justo.
Después de todo lo que hiciste por ellos…
Las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas.
Me acerco y la abrazo con fuerza.
Ella se aferra a mí como si fuera su ancla.
–Fue una mala idea invitarlos a cenar –digo llena de culpa.
–No lo sabías, cariño.
No es culpa tuya.
–Puedo cancelarlo… –No.
Ya está hecho.
Y quiero arreglarlo.
Se queda callada, luego asiente.
–Sí, creo que ya es hora de arreglarlo.
Después de unos minutos, nos separamos.
Me levanto.
–Voy a casa a buscar a Jason.
Cuando le cuento todo, Jason me escucha con calma, con esa mirada tierna que tanto me reconforta.
Me abraza.
–Debe haber sido duro.
–Lo ha sido.
Pero me siento aliviada de saber la verdad.
–Vamos a prepararnos.
No falta mucho para las ocho.
Él se pone unos pantalones oscuros y camisa.
Yo me pongo un vestido azul cielo, largo, con una coleta alta.
Jason me abraza por detrás.
–Estás preciosa.
Sonrío.
–Tú tampoco estás nada mal.
Sus manos se apoyan en mi vientre con delicadeza.
Sonreímos.
Estamos listos.
Cuando llegamos a casa de mi madre, ella ya tiene todo preparado.
Poco después llegan Mario y Javier.
Jason los mira con una expresión que grita “ni se os ocurra hacerle daño”.
Le doy un codazo.
–Contrólate.
–Lo intento.
La cena es tranquila.
Demasiado tranquila.
Cuando terminamos, nos sentamos en el salón.
–Hace años que no nos veíamos, Luna –dice Javier.
–Ya lo creo.
Habéis cambiado mucho.
–Tú no has cambiado nada –dice Mario con frialdad.
Intervengo, antes de que se maten con miradas.
–Me alegra que al menos estéis hablando como personas civilizadas.
–Espero que podamos dejar todo atrás –dice Javier.
Mi madre no dice nada, pero yo noto que aún estaba dolida.
Le pongo la mano en el hombro.
Me sonríe débilmente.
Mario cambia de tema.
–Cuéntanos de ti, Kira.
Queremos conocerte.
–Bueno, hace un par de meses me casé con Jason.
Sus caras son un poema al escuchar eso –¿Estás casada?
¿Tan joven?
Jason interviene por primera vez.
–Y vamos a tener un bebé.
Kira está embarazada de tres meses.
Se quedan blancos.
–Sorpresa –dice mi madre, sonriendo.
–No me lo esperaba –dice Mario y mira a su hermano con sorpresa.
–Tú no hables, Luna.
Tú también vas a ser abuela –dice Javier.
–¡Ya lo sé!
Me río de las caras que habeis puesto.
Jason y yo nos miramos, conteniendo la risa.
–No esperaba nada de esto –dice Mario.
–Bienvenidos a la realidad –suelto con una sonrisa.
Después de un rato, Mario y Javier se marchan.
Nos quedamos Jason y yo en el salón junto a mi madre.
–Ha sido divertido ver sus caras –dice Luna divertida.
–Eres cruel, mamá.
–Lo sé.
Pero admitid que ha sido gracioso.
Los tres reímos de lo que ha sucedido –Es tarde.
Deberíamos irnos.
Nos despedimos y nos vamos a casa.
Por primera vez en mucho tiempo, siento que algo está empezando a sanar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com