Una Vida Sin Límites - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capitulo 11 ALBERION LA CIUDAD DE LOS FUERTES
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11: Capitulo 11: ALBERION LA CIUDAD DE LOS FUERTES 11: Capitulo 11: ALBERION LA CIUDAD DE LOS FUERTES La luz del exterior golpeó el rostro de Arnau en cuanto salió de la cueva.
Durante un instante tuvo que entrecerrar los ojos, adaptándose al cambio brusco tras tantas horas en la oscuridad.
El aire era distinto.
Más limpio, más ligero, con un leve aroma a tierra húmeda y vegetación salvaje.
Detrás de él, la entrada de la dungeon quedaba oculta entre raíces gigantes y roca negra, como si el mundo quisiera esconder aquel lugar de los débiles.
Arnau dio unos pasos hacia delante, sintiendo cómo su cuerpo, aunque cansado, respondía mejor que nunca.
La chica salió después, en silencio, como si siempre hubiera pertenecido a ese entorno.
No dijo nada.
No hacía falta.
Ambos sabían que algo había cambiado dentro de la cueva.
No solo el poder de Arnau, sino también la forma en la que se miraban.
Durante unos segundos, ninguno habló.
Luego, ella rompió el silencio.
—Si sigues hacia el este… encontrarás civilización.
Arnau giró ligeramente la cabeza.
—¿Una ciudad?
—Más que una ciudad—respondió ella—.
Un punto donde empieza el verdadero mundo.
No añadió más.
Pero fue suficiente.
Arnau miró hacia el horizonte.
El bosque se extendía delante de ellos, denso, salvaje, lleno de vida… y de peligros.
Sin embargo, algo en el ambiente era diferente a la zona de la dungeon.
Menos opresivo.
Más… natural.
—Vamos entonces—dijo finalmente.
Y empezó a caminar.
El viaje no fue corto.
Durante horas avanzaron a través del bosque, atravesando senderos irregulares, zonas de vegetación espesa y claros donde la luz del sol caía con fuerza.
El terreno cambiaba constantemente: raíces sobresaliendo del suelo, pequeñas colinas cubiertas de musgo, riachuelos de agua cristalina que serpenteaban entre las piedras.
Arnau no dejaba de observar todo.
Cada detalle.
Cada sonido.
Ya no caminaba como alguien perdido.
Caminaba como alguien que analizaba el entorno.
—Este mundo…—murmuró en voz baja.— Es más grande de lo que crees —respondió ella sin mirarlo.
Durante el trayecto se cruzaron con algunas criaturas menores.
Pequeños monstruos que antes le habrían supuesto un problema.
Ahora no.
Arnau los eliminó sin dificultad, casi sin esfuerzo, como si su cuerpo ya se hubiera adaptado al combate.
Pero lo más importante no era eso.
Era lo que no encontró.
No hubo enemigos realmente fuertes.
No hubo presión.
Y eso le hizo entender algo.
—Estamos saliendo de una zona peligrosa… Ella asintió levemente.
—Y entrando en una controlada.
El bosque empezó a abrirse poco a poco.
Los árboles eran menos densos, el terreno más firme.
Y entonces… lo vio.
A lo lejos, sobre una elevación natural del terreno, una ciudad enorme se alzaba contra el horizonte.
Murallas altas, de piedra clara, reforzadas con torres de vigilancia.
Banderas ondeando en lo alto.
Caminos bien definidos que conducían hacia sus puertas.
Arnau se detuvo sin darse cuenta.
—Eso… Ella se colocó a su lado.— Alberion.
Sus ojos se fijaron en la ciudad.
—Una de las diez grandes ciudades.
Arnau la observó con más atención.
No era solo grande.
Era imponente.
Desde la distancia ya se podían ver estructuras internas elevándose sobre el resto: torres, edificios principales, zonas claramente diferenciadas.
—Ahí dentro… hay gente fuerte.
Ella no dudó.
—Muy fuerte.
Arnau sonrió ligeramente.— Perfecto.
Reanudaron el paso.
A medida que se acercaban, el camino se volvía más transitado.
Personas.
Caravanas.
Comerciantes.
Aventureros.
Algunos iban armados hasta los dientes, otros vestían ropas elegantes, pero todos compartían algo: una presencia distinta.
Arnau lo notó al instante.
—Son más fuertes… Ella lo miró de reojo.
—Mucho más de lo que crees.
Al llegar a las puertas de la ciudad, dos guardias armados con armaduras completas y lanzas largas controlaban el acceso.
Sus miradas eran firmes, analíticas.
No parecían simples soldados.
Arnau sintió una ligera presión al cruzar junto a ellos.
—Esos dos… —Sí —dijo ella—.
Te matarían antes de que pudieras reaccionar.
Arnau no respondió.
Pero lo entendió.
Dentro, Alberion era aún más impresionante.
Calles amplias, pavimentadas, llenas de gente.
Comercios a ambos lados: armas, armaduras, objetos mágicos, comida, materiales.
El ruido era constante, pero no caótico.
Todo parecía tener un orden.
Un sistema.
Personas de diferentes razas caminaban entre los humanos: algunos con rasgos más marcados, otros completamente distintos.
Arnau miraba todo, absorbiéndolo.
—Esto ya no es como el bosque… —No —respondió ella—.
Aquí el peligro es distinto.
Siguieron avanzando hasta que un edificio destacó sobre el resto.
Grande.
Robusto.
Con un símbolo grabado en la entrada: una espada cruzada con un escudo.
—El gremio —dijo ella.
Arnau lo miró fijamente.
—Aquí es donde empieza todo.
Entraron.
El interior estaba lleno.
Aventureros hablando, negociando, riendo, discutiendo.
El ambiente era denso, cargado de energía.
En las paredes había tablones llenos de misiones.
En el fondo, un mostrador donde varias personas gestionaban registros.
Pero lo más impactante… no era eso.
Era la gente.
Presencias fuertes.
Reales.
Algunas hacían que el aire se sintiera más pesado solo con estar cerca.
Arnau lo notó inmediatamente.
—Esto… sí que es otro nivel… Ella lo observó.
—Aquí es donde se mide de verdad la fuerza.
Arnau sonrió ligeramente.
—Entonces es justo donde quiero estar.
Se acercaron al mostrador.
Una mujer levantó la mirada.
—¿Registro?
Arnau asintió.
—Sí.
Pidió sus nombres.
Arnau habló primero.
—Arnau.
La mujer escribió.
Luego miró a la chica.
Ella dudó un segundo.
Y por primera vez… habló.
—Lyra.
Arnau la miró de reojo.
Así que ese era su nombre.
La mujer continuó.
—¿Registro individual o en grupo?
Hubo un breve silencio.
Arnau miró a Lyra.
—¿Qué dices?
Ella lo sostuvo la mirada.
—Si vas a seguir el ritmo… en grupo.
Arnau sonrió.
—Entonces en grupo.
La mujer asintió.
—Pareja de combate registrada.
Bienvenidos al gremio de aventureros de Alberion.
En ese momento, Arnau sintió algo claro.
Este era el siguiente paso.
No la dungeon.
No el bosque.
Esto.
Competir.
Subir.
Destacar.
Miró alrededor una vez más.
Gente fuerte.
Muy fuerte.
Y por primera vez… no sintió miedo.
Sintió motivación.
—Vamos a subir —murmuró.
Lyra lo escuchó.
Y sonrió ligeramente.
—Eso espero.