Una Vida Sin Límites - Capítulo 30
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30: Capitulo 30: EL RESPLANDOR VIOLETA 30: Capitulo 30: EL RESPLANDOR VIOLETA La tormenta no había parado en toda la noche.
El viento golpeaba violentamente la entrada de la cueva mientras Arnau avanzaba lentamente hacia las profundidades de la montaña.
El aire allí dentro era distinto.
Más cálido.
Más pesado.
Y cuanto más avanzaba… Más intensa se volvía aquella energía extraña que el sistema había detectado.
Las paredes de roca negra empezaban a cambiar poco a poco.
Pequeñas vetas violetas aparecían incrustadas entre las grietas, brillando débilmente en la oscuridad.
Arnau observó aquello mientras caminaba con cuidado.
—Así que el Rubiszulis realmente existe… Su voz resonó levemente por el túnel.
El silencio dentro de la montaña era incómodo.
Solo se escuchaban gotas cayendo desde el techo y el sonido de sus pasos.
Pero entonces… La cueva empezó a iluminarse.
Una luz violeta intensa apareció a lo lejos.
Muy al fondo.
Los ojos de Arnau se abrieron ligeramente.
La energía mágica era muchísimo más fuerte ahora.
Cada vez que avanzaba sentía cómo el maná alrededor vibraba ligeramente.
Y finalmente llegó.
Una enorme cámara subterránea apareció frente a él.
Arnau se quedó quieto unos segundos observando el lugar.
Era precioso.
Cristales violetas gigantes cubrían parcialmente paredes y techo, iluminando toda la caverna con un brillo púrpura hipnótico.
En el centro, incrustada sobre una enorme roca negra, había una gema mucho más grande que el resto.
Granate.
Con destellos violetas moviéndose lentamente en su interior como si estuviera viva.
Rubiszulis.
Incluso desde lejos Arnau podía sentir la energía absurda que desprendía.
Por un momento sonrió.
—Pues parece que ha sido más fácil de lo que pensaba… Y justo después lo escuchó.
Un rugido grave.
Pesado.
Toda la cueva vibró.
Los ojos de Arnau se movieron rápidamente hacia la oscuridad del fondo.
Algo enorme empezó a levantarse lentamente.
Primero vio los ojos.
Cuatro ojos rojos brillando entre sombras.
Después el cuerpo.
Una criatura gigantesca cubierta de placas minerales negras emergió lentamente desde detrás de las rocas.
Su espalda estaba llena de cristales violetas y enormes garras metálicas rozaban el suelo dejando chispas.
Parecía una mezcla entre oso, reptil y monstruo de piedra.
[SISTEMA] – Guardián del Rubiszulis – Nivel 23.
Arnau dejó escapar lentamente el aire.
Claro.
No podía ser tan fácil.
El monstruo rugió violentamente y salió disparado hacia él.
BOOOOOOM.
Arnau apenas logró esquivar el primer golpe antes de que el suelo explotara detrás de él.
Demasiado rápido.
Aquella cosa era absurdamente pesada y aun así se movía como un depredador.
Arnau activó inmediatamente el berserker.
La energía roja explotó alrededor de su cuerpo.
—¡Vamos!
Y atacó.
La espada chocó contra una de las placas minerales del monstruo.
CLANG.
El impacto hizo vibrar completamente su brazo.
La defensa de aquella criatura era monstruosa.
El guardián lanzó otro zarpazo brutal.
Arnau retrocedió rápidamente mientras varias rocas explotaban a su alrededor.
La pelea empezó a volverse salvaje rápidamente.
El espacio dentro de la cueva era reducido, lo que dificultaba muchísimo moverse correctamente.
Cada golpe del monstruo destrozaba parte del terreno mientras Arnau intentaba encontrar algún punto débil.
Pero no era sencillo.
Aquella criatura parecía literalmente una fortaleza viviente.
Las horas empezaron a pasar.
Y el combate continuaba.
Arnau terminó cubierto de heridas.
Cortes.
Golpes.
Sangre cayendo lentamente desde su frente.
Pero seguía luchando.
Más rápido.
Más preciso.
Ahora incluso en mitad del berserker sus movimientos eran diferentes gracias al entrenamiento con Hansk.
Ya no atacaba sin pensar.
Esperaba.
Observaba.
Calculaba.
Y poco a poco empezó a notar algo.
Las placas minerales del cuello.
Eran ligeramente más débiles.
Arnau respiró profundamente mientras esquivaba otro ataque brutal.
—Ahí estás… El monstruo rugió violentamente.
Y entonces Arnau activó también el Ojo del Vacío.
Todo se ralentizó ligeramente.
Podía ver mejor los movimientos.
Las trayectorias.
Las aperturas.
El monstruo volvió a atacar.
Arnau esquivó por centímetros.
Una.
Dos.
Tres veces.
Y finalmente encontró el momento.
Slash.
La espada atravesó directamente una de las grietas del cuello.
El guardián rugió de dolor.
Arnau no se detuvo.
Volvió a atacar.
Otra vez.
Otra.
Más rápido.
Más profundo.
Hasta que finalmente —BOOOOOOOM.
La enorme criatura cayó violentamente contra el suelo haciendo temblar toda la cueva.
Silencio.
Arnau respiraba pesadamente.
Completamente agotado.
El berserker empezó a desaparecer lentamente mientras el dolor recorría todo su cuerpo.
Había tardado horas.
Horas enteras para derrotar a aquella cosa él solo.
Y aun así… Sonrió.
Porque había ganado.
Se acercó lentamente hacia el cuerpo inmóvil del monstruo mientras el sistema aparecía frente a él.
[SISTEMA] – Enemigo derrotado.
– Experiencia obtenida.
– Nivel aumentado parcialmente.
Arnau apenas prestó atención.
Su mirada estaba fija en la gema.
El Rubiszulis brillaba intensamente frente a él.
Era precioso.
Muchísimo más de lo que imaginaba.
La energía púrpura se movía lentamente dentro del cristal mientras pequeños destellos iluminaban toda la caverna.
Arnau extendió la mano.
Y agarró la gema.
En el momento en que la tocó, una enorme oleada de energía recorrió ligeramente su brazo.
[SISTEMA] – Objeto legendario detectado.
– Rubiszulis obtenido.
– Compatible con forja avanzada de armas.
Arnau observó la gema unos segundos.
Y entonces algo extraño pasó dentro de él.
Una sensación.
Una idea.
Porque mientras miraba el cuerpo del monstruo derrotado.
Se dio cuenta de algo.
Había disfrutado aquella pelea.
Mucho.
Demasiado.
Cada vez que derrotaba enemigos fuertes… Cada vez que superaba límites imposibles… Sentía emoción.
Euforia.
Y eso… Empezaba a asustarlo un poco.
Arnau se quedó quieto en mitad de la cueva mientras observaba sus propias manos llenas de sangre.
—Cada vez soy más fuerte… Silencio.
La luz violeta iluminaba parcialmente su rostro.
—Y eso me gusta… Sus ojos bajaron lentamente.
—Pero… Pausa.
—¿Hasta dónde soy capaz de llegar?
Aquella pregunta quedó flotando en el silencio de la caverna.
Porque Arnau empezaba a entender algo peligroso.
El poder cambiaba a las personas.
Y él no quería perderse a sí mismo en el proceso.
No quería convertirse únicamente en alguien obsesionado con la fuerza.
Respiró profundamente.
Y guardó cuidadosamente el Rubiszulis.
—Quiero comprobar hasta dónde puedo llegar… Sus ojos se endurecieron ligeramente.
—Pero no quiero perder quién soy por el camino.
Después de aquello, Arnau empezó lentamente a salir de la cueva mientras la tormenta afuera comenzaba finalmente a desaparecer.
El primer material ya era suyo.
Ahora solo quedaba el siguiente.
El más raro.
El más extraño.
El cuero de Encefalofaulo.
Y sinceramente… Arnau seguía pensando que no sería tan difícil.
Grave error.