Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 10
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
10: Corpus incompletum 10: Corpus incompletum Seguí caminando; esa cosa estaba abajo.
Algo me decía que pronto subiría para acabar con nosotros.
Miré hacia abajo y ahí estaba, en una esquina, esperando.
Parecía tratar de ocultarse, pero sus ojos de color azul seguían ahí, escondiéndose detrás de sus manos.
Parecía estar acechándonos, esperando cualquier error para hacernos mierda.
Miré para arriba y empecé a subir; quería las granadas y decirle a Lien que no mueva a los hombres por más disparos que haga.
Además, dejé todo mi equipo arriba.
Empecé a correr sin que pudiera caerme.
Subí lo más rápido que pude.
—¡RÁPIDO!
¿DÓNDE ESTÁN MIS COSAS?
—Tomé mi mochila y mi máscara, mientras agarraba la granada.
Ellos se levantaron alerta por lo que pasaba.
“¿Qué está pasando?”, “¿Nos están atacando?”.
Sus voces eran frenéticas mientras tomaban sus armas de forma torpe, aún semidormidos.
—Nadie baje, les voy a comprar tiempo.
Abajo hay un monstruo, no los quiero ver abajo.
Oye, no sé tu nombre, tomaré tus granadas, es de vida o muerte.
Cuando dije eso, ellos me miraron con incredulidad; parecían pensar que estaba loco.
Se acostaron de nuevo antes de acomodarse abrazando sus rifles.
No me habían tomado en cuenta; esto es bueno para mí.
Bajé de nuevo antes de activar una de las granadas, tirándola hacia la planta baja.
Seguía bajando varios pisos mientras me colocaba la mochila.
Cuando la explosión zumbó en el aire, levanté mi subfusil notando cómo, de un momento a otro, esa cosa se colocó en posición como si fuera a lanzarse, apoyando sus dos brazos alrededor de dos de los pilares restantes.
Apunté mi subfusil a su rostro mientras su boca se abría de par en par.
«Aún no dispares».
Esa voz de nuevo intervino.
Sentí cómo la marca empezaba a calentarse un poco más cada vez.
De un momento a otro todo se volvió blanco.
Sentí cómo mi cuerpo fue despegado del suelo y no pude evitar cerrar los ojos, como si una gran fuerza me lanzara por los aires.
Cuando abrí los ojos, estaba volando sobre la ciudad; estaba siendo elevado por esta criatura de piel grotesca.
Sujeté mi arma con todas mis fuerzas, tratando de evitar soltarla por accidente.
Desde esta altura lograba ver gran parte de la ciudad; este territorio solo era defendido por esta cosa.
Sentí cómo perdía el equilibrio mientras la luz de la luna me golpeaba directamente.
Traté de salir de su agarre, pero parecía quedar atrapado entre sus brazos…
El tiempo pareció ralentizarse junto a mí; aunque había quedado en el cielo, parecía no moverse.
«Trata de no soltarte».
El tiempo volvió a correr.
Clavé mis uñas en su piel y sentí un líquido viscoso de un color naranja fosforescente; era un extraño sentimiento.
Me aferraba con toda mi fuerza a él.
De pronto, sentí cómo cambió de dirección, cayendo en picada.
—¿A dónde piensas ir, eh?
Esta situación era complicada; me encontraba en uno de los peores escenarios, todo parecía llevarme a la muerte.
De un momento a otro sus brazos me soltaron y se lanzó como si fuera un proyectil.
¿Cómo mierda sobrevivió a una caída de este tipo?
El aire rugió a mi alrededor mientras sentía cómo la velocidad del viento golpeaba mi rostro como si, de pronto, tuviera la cabeza rodeada de hielo.
Miré cómo un edificio similar a una biblioteca se acercaba a mí.
Cuando el edificio se agrandó en unos milisegundos, cerré los ojos con fuerza ante el impacto inminente, colocando la mochila frente a mí y metiendo mi arma entre ella y mi cuerpo.
Sentí cómo rompía los ventanales y los vidrios se incrustaban en mi piel.
El suelo no me perdonó y, aunque la mochila me ayudó bastante, aun así reboté y caí sobre una de las viejas estanterías de libros.
Fue un destello de dolor insoportable que no me dejaba moverme en lo más mínimo, como si debajo de mí hubiera bloques de concreto que me aferraban al suelo.
Cuando trataba de levantarme, mi cabeza daba vueltas y mi visión se volvía borrosa.
Miré a los lados buscando dónde cayó mi rifle; estaba a un par de pasos.
Si me arrastraba, lo podría tomar.
Tomé los cargadores y los amarré a mi cinturón.
Me arrastré sobre el suelo; el sabor metálico de la sangre me acompañaba.
Cada vez que me movía me dolía como si mis músculos se fusionaran con mis huesos.
Este tipo de momentos es donde más odio ser un humano; incluso el aire ahora me dolía…
pero aún no puedo detenerme.
Mi cuerpo es demasiado débil y se fatiga.
Cuando sentí de nuevo cómo esa criatura me buscaba con la mirada, sentí el frío metal de mi rifle acoplándose entre mis dedos.
En este momento sentía como si mi propio cuerpo se aferrara al subfusil.
Cuando lo acerqué a mi pecho, recuperé el calor de mi cuerpo; sentía que podía defenderme de nuevo.
Cuando lo empuñé, mi cuerpo gritó de dolor.
Mis músculos dejaron de responder, mi esqueleto me dejó atrás…
Pero, ¿quiero volver a casa, no es así?
Apreté los dientes.
Con la culata de mi arma sobre el suelo me apoyé para alcanzar a subir.
Mis piernas temblaban.
Lo siento, pero aún no puedo morir, y mucho menos sin dar guerra.
Me levanté.
Estaba rodeado de historias de héroes que, sin importar el dolor, se levantaban de nuevo.
Había obligado a mi subfusil a ser una muleta, una herramienta más.
Mi vida estaba siendo sujetada con mis últimas fuerzas, con el miedo a caer de nuevo y con la ira recorriendo mi cuerpo.
No tengo vuelta atrás.
Tomé la última granada que tenía y la preparé.
Tomé una bocanada de aire; el dolor envolvió mis pulmones y el sentimiento de rendirme resurgió.
¿Cómo miraría a los ojos a mi madre si descubre que no luché hasta el final?
Ella no crió a un cobarde.
Cuando logro ver cómo la luz de la luna entra por el techo, un sentimiento de miedo me hiela los huesos.
Del techo viene un extraño sonido de algo que se está clavando; la madera parece agrietarse por una fuerza inhumana.
Levanto la vista y lo logro ver: la luz de la noche siendo atravesada por el color azul de sus ojos.
Su boca se vuelve a deformar en una sonrisa mórbida mientras se mueve a una velocidad inhumana, cambiando de posición rápido.
Levanto mi arma, dejando de usarla como muleta.
Pierdo el equilibrio, pero si toco el suelo, muero.
Mi piel volvió a ponerse eriza.
De nuevo, desde otro punto, el color azul se volvió a asomar; estaba ocultándose entre las librerías.
El sonido de la piel desquebrajándose, el líquido goteando desde su boca…
él me miró de forma directa mientras su boca se rompía en varias partes como si fuera una flor.
El tiempo se volvió lento.
Levanté mi subfusil mientras esa cosa se lanzaba contra mí.
Fue solo un momento donde él se lanzó directo a matarme.
Mis ojos se abrieron de par en par; sentía cómo cada pulsación de mi corazón se formaba, cómo el aire salía de mi nariz…
cuando todo cambió.
Frente a mí no había ningún tipo de monstruo.
Solo era mi casa.
Fuera de ella, mis hermanos trabajaban con el ganado, pero se miraban mucho más grandes y fuertes, como si fueran hombres ya.
El abuelo ya no estaba en su silla; en ella estaba mi madre dándoles órdenes.
El aire era cálido, pero mis ambas manos estaban sujetadas.
Una sensación que desconocía apareció: eran manos familiares, delicadas, como si jamás hubieran trabajado.
Era extraño porque dos figuras, una más grande que la otra, me acompañaban en este sendero.
Se sentía extrañamente real, cuando una voz dulce de una mujer que no alcanzaba a ver preguntó: —¿Qué pasa, cariño?
¿Por qué paraste de repente?
Traté de mirar a mi lado, pero algo no me dejaba hacerlo.
El olor a sangre inundó mi nariz.
Recuerdo en dónde estoy.
No debo morir, no me traiciones en este momento.
Abrí los ojos; esa cosa pronto me atravesaría con sus garras.
De forma instintiva mi cuerpo giró; el golpe fue dado al suelo y esa cosa dio un zarpazo a la madera.
Apunté mi rifle a su rostro, el único punto donde no tenía piel visible.
Cuando las balas dieron en su cara, sentí como si mi cuerpo prefiriera rendirse antes de disparar varias ráfagas seguidas.
Esta cosa se movía como si fuera una ametralladora de trinchera.
Mi hombro sintió cada disparo como si fuera el último.
El fuego de los disparos iluminaba brevemente la habitación; notaba cómo su piel era gris, cómo sus cuencas oculares estaban vacías, cómo sus ojos estaban en otro lugar.
Aquella sangre de color naranja fosforescente salpicó toda la habitación.
Él saltó hacia atrás.
Se había agazapado, colocándose en posición de lanzarse de nuevo.
Sentí cómo mi cuerpo temblaba por el sobreesfuerzo continuo.
—Aún no puedo morir —dije entre suspiros cansados mientras esa cosa empezaba a rodearme.
Quité el seguro de la granada; si esa cosa muere, debe ser conmigo.
Me lancé al primer piso; eran tres niveles de altura.
Él se lanzó junto conmigo y, en ese momento, lancé la granada con tal suerte que cayó en el centro de su rostro.
Cuando caí al suelo, este se agrietó como si hubiera algo más abajo.
Después, esa cosa terminó de romperlo.
Todo se había desmoronado y la caída final era próxima.
Abracé de nuevo a mi fusil con cuanta fuerza pude mientras el suelo se aproximaba de forma rápida.
De pronto, todo se apagó.
Dejé de sentir en dónde estaba y el silencio fue lo único que encontraba…
«No camines hacia el fuego azul, sigue mi camino».
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com