Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 11
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Inter iures et iocos 11: Inter iures et iocos Abrí los ojos de forma rápida; me había golpeado la cabeza, pero el casco absorbió el golpe inicial.
Apunté mi arma a su rostro mientras pedazos de vidrio cortaban mis manos y el frío metal de mi arma rompía mi concentración.
Abrí fuego directamente a su rostro, el cual se había destrozado totalmente por la granada.
Cada disparo que salía de mi cargador hacía que su cuerpo se retorciera de un lado al otro, como si su cuerpo buscara evitar los disparos.
El olor a pólvora quemada era seguido por el fogonazo del arma iluminando su feo rostro frente a mí.
Cada casquillo del arma caía a mi alrededor mientras que él parecía querer acercarse a mí de forma agresiva.
Mis ojos se mezclaron en un momento…
La frenada de la caída me sacó el aire.
Esa cosa no cayó más blando que yo y un gran pedazo de concreto.
Esperé unos segundos mirando de forma fija a esa cosa; no parecía moverse.
Tomé mi subfusil observando cómo estaba cubierto de polvo, lleno de mi propia sangre.
La levanté mientras sacaba el cargador del arma; estaba totalmente desabastecido, pesaba lo mínimo que un par de balas en las manos.
Por ahora no debería disparar con ella ya que el cañón está al rojo vivo.
Mierda, si tuviera vendajes me estaría curando, pero por ahora solo puedo seguir avanzando.
Miré a ambos lados; el lugar tenía un olor a ozono muy fuerte.
Busqué mi máscara antigás, pero esta estaba totalmente perdida.
Rompí un pedazo de mi saco para colocarlo sobre mi rostro; aún no sé si este es un gas tóxico así que debo de cuidarme.
Coloqué mi arma en forma de muleta para empezar a avanzar.
El dolor empezó a surgir cuando la adrenalina decidió dejar de ayudarme a avanzar; un dolor pulsante me llegó a todos los nervios de mi cuerpo.
Parece que pronto me desmayaré.
Me senté sobre uno de los múltiples escombros recargando mi espalda sobre el concreto frío.
Coloqué mi fusil sobre mi pecho mientras observé la grieta creada por nuestra batalla.
La luz de la luna golpeaba suavemente mi rostro.
Tomé uno de los cargadores que había amarrado a mi cinturón cuando una humedad me llegó a la mano.
El líquido era espeso además de caliente.
“Me habré orinado”, espero que sea eso.
Un hormigueo recorrió todo mi cuerpo.
Levanté mi mano de poco en poco…
Estaba cubierto de sangre.
La luz de Vora se imponía ante Keth.
La luz me hacía ver que mi sangre pareciera más aceite que sangre.
Tomé mi fusil, ahora estaba con una mezcla de polvo y sangre.
Me quité el cinturón y abrí mi saco para mirar qué cosa me había causado el daño o dónde carajos tenía la hemorragia.
Qué mierda debo de hacer.
Parece que fui demasiado descuidado: tenía un gran pedazo de vidrio atravesándome, parecía estar drenando mi sangre y de paso cortando más profundo cada vez que me movía.
Tengo pocas opciones, además tengo más heridas un poco más inofensivas, pero ahora todo es una herida hormiga; por más pequeña que sea me hace un daño increíble.
¿Qué debo de hacer ahora?
Miré el lugar donde estaba; de un lado al otro parecía ser un hospital subterráneo o tal vez un laboratorio químico.
Traté de levantarme colocando el subfusil como punto de apoyo.
Me levanté mientras seguía mirando los alrededores.
Había muchas habitaciones que me llamaban la atención; cada paso que daba a otra habitación era una tortura.
Avancé; un olor a muerte llegaba de ciertos pasillos y decidí no avanzar por ahí.
Llegó un punto donde había solo tres caminos frente a mí; esto ya parece historia de terror.
El de mi frente era un cuarto que decía “Punto de reabastecimiento”.
El de la izquierda tenía escrito “Sitio de pruebas H1”.
El de mi derecha no tenía inscripción visible, solo una puerta con remaches de apariencia tosca; parecía ser bastante pesada, hecha tal vez en uno de los materiales más pesados existentes.
Tenía impactos de varios calibres, como si dentro de este se hubiera escondido algo lo suficientemente importante como para ser casi que bombardeada para salir…
lo primero que debo de hacer es buscar alguna forma para curarme que no sea solo de uso temporal.
Cuando entré a ese cuarto había una gran cantidad de cajas y uniformes de la República, además de máscaras antigás por todos lados.
Parecía tener un buen tiempo aquí, pero un calendario pausado en el séptimo mes de Civitas; solo tiene un par de meses desde que se abandonó, eso es seguro.
Miré cómo el lugar estaba cubierto de un tipo de recubrimiento.
La mayoría de las cajas ya habían sido abiertas en el pasado; sobre estas había muchas etiquetas que decían las armas y lo que dentro de ellas había.
Noté cómo dentro de estas tenía un pasaje de la diosa de la guerra: “Cuando sus espadas sean rotas y sus cuerpos sean atravesados, los esperaré con brazos abiertos”.
Sin importarme el dolor, tomé una de las cajas y formé un escalón donde me daba acceso a una de las estanterías.
Cada movimiento era un dolor inmenso.
La luz de emergencia dentro de los ductos de ventilación me hizo ver lo que había.
Con un símbolo de Itithana, la diosa de la vida, era un kit de trauma; estaba de un color verde metálico, parecía estar hecho de acero inoxidable.
Bajé de las cajas y las dejé sobre una de las mesas del centro.
Empecé a quitarme mi saco y la camiseta; estaba cubierto de sangre de pies a cabeza.
Tome con la mano el vidrio, estaba clavado en mi estómago.
Antes de arrancarlo saqué las pinzas.
Los pequeños vidrios de mis piernas, brazos y manos los saqué como pude.
El dolor era infernal.
La sangre brotaba de cada vidrio; por más pequeño que fuera me hacía sentir como si la piel se me levantara.
Ya había sacado más de tres docenas de vidrios de diferentes tamaños de cada parte de mi cuerpo, pero aún seguía ese maldito cristal.
Lo tomé de la base mientras tomaba una de las tantas botellas de fármacos.
Antes de siquiera pudiera leer, mi vista se volvió borrosa, negra, como si estuviera en un túnel.
Miré el frasco; dentro de ellos un líquido entre rojo y marrón.
Abrí la botella y un olor a hospital viejo inundó mi nariz.
Tomé la botella entera; su sabor era amargo y cuando pasó por mi garganta un calor inmenso recorrió mi pecho mientras dejaba de sentir la mayoría de mis heridas y se volvían un ruido seco lejano.
Lo tomé de la base mientras empecé a moverlo para sacarlo de mi cuerpo.
El sonido de succión húmeda fue seguido de un “pop” al salir de mi cuerpo.
La sangre empezó a brotar con fuerza; la hemorragia se había renovado.
Mis manos temblaron al ver la cantidad que salía en pocos momentos.
Tomé el algodón crudo antes de colocarlo dentro de la herida; él absorbió la sangre como podía.
Tomé las gasas de manta; observé cómo el tapón y las gasas absorbían sangre.
Fueron momentos críticos, pero después, al ver cómo la sangre dejaba de salir a chorros, solté un suspiro mientras miraba mis manos.
Estaban pálidas por la gran pérdida de sangre; si me viera el rostro diría que tendría ojeras similares a las de un mapache.
Me coloqué mi camiseta y mi saco antes de levantarme.
Me sentía débil y un frío me acompañaba a cada paso que trataba de dar; el suelo bajo mí parecía dar vueltas.
Tengo una idea de qué debo de hacer ahora y es tratar de salir de aquí a toda costa, incluso si por alguna razón debo de dejar aquí a esta arma.
Mirándola más de cerca, noto cómo está en la punta del cañón, escondido entre las cadenas de esta, una inscripción que parecía ser su nombre: Berenice.
Ese era el nombre de esta arma.
Busqué por el lugar antes de irme para ver si podía obtener alguna arma o granada.
Pero por más que busqué, no pude encontrar nada.
Era algo extraño, pero parecía que tomaron todo antes de irse de aquí, casi como si algo los estuviera cazando antes de salir de aquí.
—¡Bingo!
—No pude evitar soltar al aire.
Había una máscara de gas con los filtros nuevos en una de las tantas cajas de suministros.
Debajo de ello había una inscripción para la Sub-diosa Isht-Tar: “Bienaventurado quien teme al gas”.
Me la coloqué como pude; me aseguré de que estuviera bien puesta.
El olor era de un metal pesado similar al del mercurio dentro de la máscara; un olor curioso ya que se mezclaba con el talco.
Era un olor un poco desagradable.
Miré a ambos lados: era hora de ir al sitio de pruebas H1.
Cuando me acerqué había un olor a descomposición horrible.
Tengo dos opciones: o dentro de esta cámara era para pruebas de gas o era para probar armamento.
Las dos opciones eran viables, pero cuando abrí la puerta noté cómo un hedor a putrefacción cruzaba incluso la máscara.
La puerta era demasiado pesada y dentro de ella solo había un camino de pasillos de plomo reforzado.
Dentro de este lugar había otras tres salas; una de ellas decía “Gases y otras armas”.
Iría solo a las de las armas.
Mierda, me sujeté rápido de ambas paredes; de nuevo sentía que me desmayaría, el suelo se movía de un lado al otro…
Con la vista borrosa caminé lo más que pude hasta alcanzar la sala.
Dentro de ella había un caos montado de estantes tirados al suelo, cables salidos de la pared y extrañas marcas de batalla.
En una de las sillas estaba el cuerpo de uno de los oficiales de la República; sujetaba una linterna y un reloj de bolsillo quedó parado en las doce con treinta.
El olor era fétido.
—Nyxara, que los restos de este soldado encuentren descanso en tu suave abrazo, que su alma no sea devorada por Karkophos y que el silencio de los caídos se mantenga.
Tomé las cosas que él tenía: el reloj y una granada que sujetaba.
En su cinturón había una pistola cargada, o al menos eso parecía.
Cuando lo tomé lo confirmé: el cartucho estaba totalmente cargado.
Siete balas del calibre 11cz; era un calibre algo grande, mucho mayor que la de mi subfusil.
Tomé uno de los cargadores antes de suministrar municiones a mi arma.
Detrás del reloj había una nota de un color amarillo: “Para la séptima brigada de exterminio: prendan todo fuego, sepulten este lugar y los secretos dentro de este mismo.
El prototipo H1-644 ha logrado escapar; alcanzó a enlazar con el mismo cielo, pero su mente está corrupta.
No abran la puerta de contención”.
Parece que nunca llegaron a este lugar y mucho menos pudieron contener a lo que sea esa cosa.
No es una buena idea ir a ese lugar, de hecho prefiero…
“Debes buscar ahí”.
Esa voz de nuevo.
Avancé; a veces era muy cariñosa, otras me ordenaba cosas.
Parece que no tengo otra opción.
Giré para salir de ahí pero mi vista se volvió borrosa; dejé mi paso caer sobre mi subfusil utilizándolo como una muleta.
Cada vez sentí un poco más el dolor de mis heridas.
Mi cuerpo había aceptado el algodón dentro de mí y coágulos de sangre se formaban; aun así, seguía viéndome pálido por la pérdida de sangre masiva.
Tomé un poco de aire para salir de ahí.
Mi cuerpo avanzó hasta estar enfrente de esa puerta abollada por la cantidad de disparos que había recibido.
Frente a mí estaba una puerta metálica, fría y artificial; una ligera capa de un humo verdoso la cubría.
Tomé el pomo de la puerta antes de mirar lo que había adentro de ella.
Cerré los ojos y cuando la puerta se abrió, un aroma a flores marchitas llegó a mi olfato.
—Unidad con vida detectada.
Modo de defensa activado.
El objetivo se muestra neutral, no representa una amenaza.
Tiene heridas de gravedad, pero parece que no morirá.
Un frío recorrió mi cuerpo.
Abrí los ojos de poco en poco para mirar qué producía esa voz robótica.
Frente a mí había un “humano”, o al menos eso fue hace tiempo.
Era una masa de carne y cables, parecía una masa corrupta de metal y carne.
En el centro había algún tipo de entrada; sobre ella un cráneo humano con sus cuencas vacías, solo iluminadas por un azul tenue.
—Él tiene la marca.
—Un brazo mecánico cayó a mi lado; sus garras eran enormes y fluidos de color naranja fosforescente caían al suelo.
En su mano había un pequeño silo—.
Debes de tomar esto y protegerlo con tu vida de ser necesario.
Frente a mí había un pequeño silo remarcado en oro y plata.
No sabía qué era lo que contenía dentro de él.
Los dos puntos azules ahora estaban mirándome de forma fija esperando mi decisión.
Su mano estaba hecha trozos.
Extendí mi mano para tomarlo; era raro ver esto de frente, me llamaba la atención.
Cuando lo tomé, esa cosa empezó a temblar mientras su interior se abría de par en par.
—Prueba de seguridad pasada.
Debes de proteger a H1-645 de cualquier mal.
La conexión con Zethiris fue todo un éxito.
Caminé hasta poder estar frente a esa cosa y ver su interior.
Dentro del mismo había una mujer; parecía estar dormida.
—¿Qué es esta cosa y a dónde debo de llevarla?
—Cada paso que daba era más pesado que el anterior.
Su cabello era largo, su figura era delgada; diría que frágil.
—Ella es solo una niña, atrapada en un cuerpo de mujer.
Hace trece años se buscó la unión entre la carne y el metal, entre lo divino y lo mortal, pero todo había salido mal.
Acaba con mi existencia por favor, es lo único que pido al ver cómo arrancas a mi hija de mi interior.
—Parecía estar diciendo un poema; todo lo que decía era por su mente cansada de tanto luchar.
Tenía marcas de bala por todo el cuerpo.
Estaba desgarrado, golpeado, de todo un poco, pero había logrado guardar dentro de él a esa mujer.
Entré, notando cómo aquí adentro no parecía haber un gas tóxico.
El calor del lugar me llenó de inmediato y una sensación de paz me invadió; podría dormir aquí sin problema alguno.
Cuando pude ver su cuerpo noté cómo este estaba…
Me quité el saco antes de ponérselo como cobija; ella estaba desnuda en su totalidad y solo me di cuenta cuando me acerqué lo suficiente.
Tenía los ojos cerrados, parecía estar durmiendo mientras su pecho se levantaba de forma breve pero repetitiva.
Ella se había colocado en posición fetal mientras abrazaba a sus propias piernas.
No sé qué edad tendrá, pero no parece ser más joven que yo.
Tiene una extraña marca en uno de sus muslos que se alcanza a ver de forma incompleta.
Esto no estaba en mis planes en lo más mínimo.
Ahora también debo de sacarla de aquí, pero si uso un uniforme Republicano tendría que pensar en muchas cosas.
Tomé una bocanada de aire antes de moverla de un lado al otro para tratar de despertarla, pero solo veía cómo ella se molestaba un poco; su respiración se agitó mientras se empezaba a estirar.
Cuando sus ojos se abrieron, no como una persona normal sino más como un interruptor, antes de siquiera notarme ella analizó dónde estaba con una frialdad que no me creía si no supiera de dónde es ella.
Se levantó de poco en poco mientras empezaba a abrochar el saco sobre su cuerpo.
Parecía estar confundida lo suficiente para no mirar a todos lados en búsqueda de una respuesta que no sabría darle.
Parecía analizar de un lado al otro antes de fijarse en mí y mirarme como si de una pieza de artillería me tratara.
—La unidad H1-644 cumplió su objetivo.
El enlace se mantuvo de pie.
Unidad biológica detectada.
Edad aproximada: 15 a 20 años.
Tiene signos de pérdida masiva de sangre.
Probabilidad de supervivencia inferior al treinta por ciento.
Su voz parecía no ser humana, se escuchaba robótica.
En este momento siento un miedo a ella: tiene una apariencia engañosa.
Aun así, creo que solo se limita a conocimiento, o al menos eso espero.
Su color de ojos es similar a un café anaranjado.
Su marca no brilla del mismo color que la mía; no tiene ese rojo que palpitaba.
—La unidad de protección H1-644 ha nombrado que debo de ser protegida por este extraño hombre.
Tu prioridad debe de ser mantenerme con vida a toda costa; si tu tasa de supervivencia se ve afectada, la mía también lo hará.
Mi saco le quedaba demasiado grande; parecía hacer que ella incluso fuera más pequeña de lo que ya era.
Era bastante engañosa para ser verdad: apariencia frágil, su cuerpo era una combinación de fragilidad que escondía el tipo de persona que era.
—Bueno, menos plática más trabajo.
¿Sabes cómo podemos salir de aquí de una forma efectiva?
Creo que vamos a tener muchos problemas con esa cosa de afuera.
Ella sale de ese lugar con el saco puesto.
En cuanto pueda le voy a poner más ropa; no me gusta que vaya por ahí solo con mi saco.
Debería de buscarle una máscara antigás.
La tomé de la mano como si fuera una niña y ella me siguió.
También unas botas: si se clava algo en sus pies tendría que hacer doble esfuerzo.
Creo que había unas en la mera entrada.
El problema va a ser la máscara antigás.
Carajo, en qué problema me metí.
Empecé a correr sin importarme mi herida.
Ella empezó a seguirme detrás de mí.
En poco tiempo tenía frente a mí la sala de suministros.
—¿Toda esa sangre fue la que perdiste?
—Ella señaló el suelo con una mueca de incredulidad.
Había un charco de sangre debajo de las sillas donde me senté que no había mirado antes.
—Algo así, eso ahora no importa mucho.
—Tomé un par de botas antes de meter mi mano dentro de ellas y revisarlas.
Cuando confirmé que no tuviera un insecto dentro de ellas, empecé a ponerle las botas.
Parece que ella tiene conocimientos en muchas cosas, pero solo es teórico, no práctico; esto es una desventaja inmediata.
Puede caminar, puede moverse por sí misma, eso me basta.
Cuando se las puse ella se paró de forma inmediata.
—Parece que tienes un vestido —Solté una ligera sonrisa, aunque ella me miró de forma rara como si mi forma de hablar fuera algo tonto de mi parte.
Tenía un mal presentimiento, ya que todo esto que estaba pasando era demasiado bueno para ser verdad, como si pudiera tomar un pequeño respiro de toda la mierda que me había pasado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com