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Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 9

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9: Filius Vorae 9: Filius Vorae Yo y Lien tomamos la delantera de limpiar el edificio donde nos metimos; las escaleras parecían que cederían bajo el peso de todos nosotros, así que pasamos de dos en dos para evitar tomar demasiados riesgos.

Subir por este lugar me traía una extraña tranquilidad.

En algunos cuartos encontraba a civiles; parecían tratar de tener una vida normal en una zona de guerra, incluso algunos reían y bromeaban sobre su situación.

Deben de estar aquí porque el suelo es tóxico a más no poder; es la mejor opción de supervivencia posible.

Conforme avanzábamos lograba ver de mejor forma a la ciudad.

Me quité la máscara antigás y un olor a madera quemada inundó mi nariz.

Avancé con cuidado cuando los primeros rayos de la luna empezaron a surgir.

Cuando llegamos a la cima, no pude evitar notar cómo la ciudad estaba en un estado de devastación masivo; muchos de los edificios que estaban de pie era por un “milagro”.

Me quedé parado mientras que los demás subían; me senté en una de las orillas del lugar y observaba el panorama de la ciudad.

Nunca he tratado de hablar con la voz, ¿será siquiera que ella puede escucharme?

—¿Oye, puedes escucharme?

Si esto no funciona, me sentiré la persona más idiota en todo Ouro…

«Enlace de unión cubierto, mostrando información sobre la unión».

Una extraña energía recorrió mi cuerpo cuando sentí un gran ardor en mi espalda, justo donde estaba esa cicatriz en forma de círculo.

Sentí como si mi piel se moviera hasta el punto de trozarse para que la marca se moviera a mi pecho.

La experiencia era extraña, como si algo dentro de mí pudiera sentir algo.

Levanté un poco mi uniforme para poder ver mi pecho: ese antiguo círculo se volvió una especie de brújula, era un símbolo que palpitaba como si se alimentara de mi sangre.

Un dolor igual se sintió en el punto donde mi piel empezaba a soltar sangre como si fueran lágrimas.

Un extraño sentimiento de estar siendo observado a la lejanía me hizo mirar a todos los edificios que aún estaban de pie.

Era extraño, pero a la lejanía, entre dos edificios semidestruidos, había un brillo irregular: dentro de ellos, dos puntos de un color azul leve, pero firme, que parecían clavarse en mí.

En ese punto, tanto él como yo nos mirábamos fijamente cuando una sonrisa aberrante se formó en las comisuras de su boca.

Sentí cómo mi piel se ponía eriza; él colocó una de sus manos sobre una parte alta para irse.

Pensaba que haría ruido, pero fue sigiloso.

En un susurro casi inaudible, Lien me dijo: —Oye, Vaxen, creo que tú también deberías de dormir, no deberías de cuidarnos a todos.

—No tengo sueño aún, no suelo dormir tanto.

Voy a bajar a cuidar los pisos bajos.

Hazme un favor, ¿puedes?

Quiero que los cuides mientras yo voy a ver abajo.

Los ojos de él, siempre serenos, cambiaron a miedo.

—¿Acaso hay un intruso?

—Su voz se exaltó al escuchar lo que yo dije.

—Solo creo haber visto algo que podría darnos algunos cuantos problemas, por eso quiero hacer guardia.

No había notado que ellos lograron dormir.

Me levanté mientras tomé mi subfusil, me limpié el polvo del trasero mientras caminé para bajar.

El silbido del viento, sumado a algunos disparos lejanos y edificios quebrándose un poco, me acompañaba.

La pequeña luz de mi encendedor era tenue, pero me ayudaba a no caer por las escaleras ni tropezar.

Caminaba lento; trataba de evitar hacer ruido de cualquier tipo.

Acercaba mi pala a mi cuerpo para que esta no chocara con nada.

Mis propias pisadas hacían que me alterara, sentía como si el corazón se me fuera a salir en cualquier momento…

—Oye, yo no bajaría estos dos pisos abajo.

Soy un agente confederado, como debes de saberlo.

Lo que está ahí abajo es…

una masa de carne con forma humanoide.

Es una atrocidad creada por la República; tendrías que usar un lanzallamas o una gran explosión para poder hacerle frente.

Tengo una misión para ti; desde el alto mando confederado se habla bastante de ti y se espera que te unas a este plan.

—Él extendió su mano; en ella había un mapa.

—Pero no soy un traidor —respondí.

El silencio se volvió de nuevo únicamente interrumpido por el canto del aire.

—No te dije que lo serás, solo debes de hacer algo por un bien mayor.

Sabemos que puedes comunicarte con una entidad divina, más aún no entendemos por qué eso es posible.

Debes de reunirte con una persona muy especial para los tres bandos; debes de protegerla a toda costa.

—¿Dijiste que para toda la humanidad?

—No pude evitar preguntar de forma idiota.

Creo que me había explicado suficientemente bien como para no quedar de esa forma.

Una ligera risa salió de él.

—Eres muy gracioso.

Bueno, desde hoy hasta que te mueras seré tu agente asignado.

No te puedo decir mi nombre, así que solo dime…

mhm…

Z.

Porque después de la última letra no hay nada más.

Después de eso, él brincó desde el edificio hacia abajo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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