Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 13
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13: Iter ad pacem 13: Iter ad pacem El tiempo pareció ralentizarse; todo se volvió lento.
Parecía irreal.
En ese punto, mi cuerpo reaccionaba por puro instinto activando la granada que había tomado del cadáver.
El dolor recorrió todo mi cuerpo cuando me estiré; sentí cómo cada fibra se separaba y la sangre surgía de nuevo desde mi interior.
El mundo pareció darme algo más de tiempo.
Todo se miraba como una fotografía lenta y silenciosa, solo marcada por mis aflicciones y un ligero zumbido en la raíz de mi cabeza.
Vi la granada alejarse de una forma agónica mientras que la anilla se movía de forma lenta.
No apuntaba a esa cosa; la granada no le haría nada si no era por dentro…
El dolor que tanto había tratado de olvidar se apegó a mí como si de un chicle se tratara.
Mis ojos se fijaron en esa criatura con sus ojos de color azul pálido, pero incluso en este punto donde todo parecía ir lento…
esa cosa solo se movió acercándose a mí de forma peligrosa mientras extendía sus garras.
De un momento a otro, como si de un latigazo rompiendo el mismo viento se tratara, el tiempo volvió a la normalidad.
La granada explotó y un destello blanco surgió ante mis ojos mientras un dolor punzante surgía de mi tórax, como si algo me atravesara.
Mi mente empezó a gritar en alerta máxima antes de que siquiera supiera qué era lo que pasaba.
Miré debajo mío: el color blanco que salía desde mi mismo tórax eran mis propias costillas que, ante el golpe, habían tratado de escapar por el peor lugar posible.
La sangre brotó de una forma irreal; en pocos segundos estaba bajo un charco con mi propia sangre.
Pero frente a mí tenía a esa criatura de ojos azules.
Si estaba despierto era por toda la adrenalina que mi cuerpo dejaba salir, que irónicamente me hacía perder sangre de forma estúpida.
Alcancé mi subfusil antes de verle el rostro a esa cosa: tenía quemaduras térmicas en todo su cuerpo.
Como pude lo coloqué sobre mis hombros.
Temblaba mucho y eso me dificultaba poder ver dónde estaba realmente, pero en esos momentos mi mismo cuerpo me ayudó dándome visión de túnel…
Apunté mi arma a su rostro de forma directa esperando que esto le lograra hacer daño.
Mi propio mundo se volvió del diámetro de mi subfusil.
Cuando descargué la primera ráfaga de disparos sentí cómo mi cuerpo se sometía ante cada impacto, cómo mi propia vida desaparecía de un momento al otro.
No supe qué pasó después porque, cuando el sonido de la última vaina cayendo al suelo llegó, mi propio mundo se apagó.
Había logrado mantener con vida a la unidad H1-645, pero fue una victoria pírrica.
Creo que Berenice no me llevó a casa…
Un dolor intenso recorrió mi cuerpo.
Sentía un calor antinatural mientras mis venas, arterias y huesos parecían volver a su lugar original; el dolor de sentir cada tendón acomodarse en su lugar, el sentir de mi propio cuerpo volviendo desde el mismo abrazo de necro.
El color verde que dejaba sobre mi pecho se volvía una realidad y de poco en poco mi vista volvía a reaccionar.
Decía frases que yo no entendía y su cuerpo parecía cansarse de una forma horrible en cada paso.
Cuando sentí mi corazón volviendo a latir de forma arrítmica, cómo todo mi cuerpo decidía no rendirse apoyando la recuperación mientras desde mi garganta…
un líquido de un color naranja fosforescente salía de mi boca.
Abrí los ojos.
Miré a H1-645; debo ponerle algún nombre, no me gusta decirle de esa forma.
Tenía los ojos inyectados en un color naranja similar a la sangre de esas cosas.
Su cuerpo temblaba de forma errática mientras trataba de ponerse de pie de nuevo.
Ella se desplomó a mi lado mientras su pecho se levantaba y bajaba de forma rápida.
Estaba cansada por el esfuerzo de tenerme con vida…
Estaba cubierto de sangre, pero era extraño porque no tenía ni rastro de mis heridas.
Miré a mi abdomen, en donde había dejado el algodón.
Parecía que por arte de magia no tenía ni una sola señal de que en algún punto tuve una herida; solo era la sangre residual del pañuelo y mi uniforme que aún estaba fresca.
Es increíble saber que en esencia soy yo.
Ella tenía una mirada casi muerta, desgastada por tanto esfuerzo.
Unas ojeras se marcaban debajo de su rostro; era una señal de todo el desgaste que sentía.
Incluso a través del mismo cristal de la máscara antigás lograba ver cómo ella me miraba de forma fija, solo cortado por el mismo tiempo.
—Te dije que ambos saldríamos de este lugar —dijo con una voz calmada, solamente alterada por la máscara de gas—.
La puerta se abrirá pronto, logré que iniciara el proceso de emergencia.
Una vez lo haga, podremos salir de aquí.
—Oye, ¿qué nombre te gustaría tener?
No creo que sea normal tener una serie de números.
Su cabeza se torció ligeramente, acercándose a su hombro.
—¿No sé qué es eso?
Siempre fui nombrada por una designación dentro del laboratorio, así que no tengo un nombre real.
Podría llamarla por algún apodo antes de decidir cuál sería su nombre final.
Por ahora puedo decirle Marine; es un nombre de uno de los anteriores propietarios de Berenice.
O tal vez mi pelotón me ayude con su nombre…
Me coloqué una mano debajo de la barbilla mientras pensaba en un nombre que le quedara.
—Es de mala educación ponerle nombre a una persona, y más cuando ni siquiera sé tu nombre —ella se cruzó de brazos, imitando a alguna persona.
—¿Qué haces, loca?
—La miré con una sonrisa.
Era algo muy ilógico: estábamos hace unos momentos al borde de morir y ahora solo platicábamos de cosas sin mucho sentido.
El sonido metálico de la puerta al abrirse de forma lenta y tosca rechinaba a cada mutilación que se abría.
Los primeros rayos del sol se asomaron y el humo del concreto y tierra se colocaba al interior del lugar.
Ella miró de forma atenta cómo de poco en poco la puerta subió; su mirada era extrañamente solemne.
Detrás de la puerta solo veríamos la ciudad en ruinas; sería una imagen algo desagradable del mundo exterior.
Sé que ella piensa que el mundo es lindo fuera del laboratorio, y tal vez sea así, pero no aquí.
—Mi nombre es Vaxen Costa Marco —la tomé del cuello de mi saco antes de moverla a un lado.
Tomé a Berenice del suelo para darle un nuevo cargador; este era el último, son solo 32 balas—.
Es un nombre corto y fácil de memorizar.
Miré cómo la puerta se había abierto en su totalidad; coloqué un dedo en mi boca para decirle que no hablara.
Miré al frente esperando ver alguna señal de vida, cuando la marca en su muslo empezó a brillar de un color azul tenue atravesando mi saco.
—No detecto señales de vida fuera del lugar, no parece que tengamos amenazas.
La miré mientras apuntaba a la entrada.
—¿Cómo puedes decir eso con tanta seguridad?
—Es porque yo puedo ver a través de las paredes.
No pude evitar reír al escuchar esa tontería.
Si eso fuera cierto, sería una gran ayuda.
—¿Por qué no me crees?
¿Acaso doy risa o algo parecido?
—su tono se volvió defensivo mientras daba unos cuantos pasos atrás—.
Con seguridad, puedo estar a plena vista.
Ella brincó directamente a la luz; el sol golpeó su piel pálida por primera vez en mucho tiempo.
Cuando empezó a caminar para afuera, la seguí manteniendo una distancia de tres pasos entre ella y yo.
Tal vez el sol no era lo que ella esperaba; sus ojos estaban fijos en el cielo.
Ella empezó a quitarse la máscara antigás, dejando ver su rostro; parecía un fantasma hecho de porcelana y lino fino…
—Todo aquí es muy ruidoso, parece que todo se mueve…
Pero el sol se siente mejor de lo que imaginaba.
Una sonrisa se marcó en sus labios mientras tomaba una gran bocanada de aire.
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