Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Septem Dies Post Infernum
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14: Septem Dies Post Infernum 14: Septem Dies Post Infernum Después de salir del lugar no duramos mucho tiempo solos; mi pelotón se había movilizado en búsqueda de mí.
En palabras de Lien: “saliste volando”.
Por ahora estamos estacionados cerca de la ciudad de Vorax, a dos sectores del frente.
Nos tienen aquí para ayudar a reparar la ciudad; se dice que hubo uso de armas celestiales que devastaron la ciudad entera.
Los días aquí son más calmados que en cualquier otro sitio; la única mierda es que la comida sale de mi bolsillo y eso cómo me duele.
Me dolería aún más si siguiera siendo un recluta de enlace a sargento de hierro; según, porque mi anterior oficial renunció y de mi unidad fui el que mejor desempeño tuvo.
Estamos haciendo el papeleo de Marine porque ella no está en ningún registro; para colmo, nuestra unidad fue asignada a la actividad más divertida de todas: reconocer cadáveres y enterrarlos.
O al menos esa fue la última semana.
Lien abre la boca cuando más pienso: —Edad desconocida, sexo irreconocible, causa de muerte: quemaduras en cuarto grado, fundición parcial con el suelo.
Estar en este lugar era lo más similar a estar en el necro.
Cuando Ruhit se acercó dando un ligero manotazo en mi espalda: —A este punto vamos a enterrar media ciudad antes de terminar los papeles.
Gruñí entre dientes: —Maldita burocracia.
Unas risas escaparon entre nosotros antes de mirar a Marine; parecía no estar en el mismo lugar que nosotros, fascinada por los daños causados por el uso del arma celestial.
—No parece ser más joven que tú, tal vez tenga nuestra edad; aun así, no parece estar incómoda por esta visión.
¿Crees que sea una buena idea tenerla aquí?
—La miré; ella estaba observando una mancha en el suelo.
—Claro, mírala.
No creo que le haga daño a alguien; aparte, aún no sabe disparar y creo que con verla te puedes dar cuenta de que tiene un cuerpo no apto para el combate cuerpo a cuerpo.
Debería de ser nuestro médico.
Lien se limpió con el dorso de su mano antes de mirarme: —Bueno, Vaxen, como puedes ver los médicos necesitan suministros y no suelen caer del cielo a menos que sean bendiciones —apuntó con una serenidad absoluta—.
Y bueno…
digamos que aquí tengo el claro ejemplo de esas “bendiciones”.
—Ella es bastante especial.
—Y que lo digas.
Cuando los encontramos, tú estabas cubierto de sangre de pies a cabeza; pensábamos que estabas muerto, pero qué sorpresa nos llevamos al verte vivo.
Unas risas surgieron entre nosotros mientras mirábamos la carne fundida con el mismo suelo; nuestra expresión era de pura broma.
Miré a Marine tomando un palo antes de picar el resto de carne.
—¡Marine, no hagas eso!
—Grité tratando de ser autoritario sin sonar agresivo.
Ella soltó el palo tirándolo entre los mismos escombros mientras bajaba sus manos para esconderlas.
Lien susurró colocando una mano sobre su boca: —Tiene la curiosidad de un gato y las manos de una mensajera de Zethiris; en cualquier momento nos quiere hacer una disección a nosotros.
Miré cómo Marine me miró de forma preocupada mientras trataba de esconderse en ese uniforme que le quedaba grande.
Era extraño ver a esa criatura que me reconstruyó el cuerpo jugar con los cadáveres; me revolvía el estómago y no era por las raciones de comida de cartón.
Ruhit intervino en nuestra charla notando cómo la tensión se había incrementado: —Bueno, al menos es la única que después de ver trescientos seis cuerpos no se quiere pegar un tiro.
Aparte es tu consentida, ¿no, Vaxen?
Algo tuvo que pasar para que le tomaras tanto cariño de la noche a la mañana…
aparte parece que ustedes dos tienen algo, ambos tienen la misma cara de idiotas.
Además, que tú y nosotros comamos lo equivalente a sobras mientras ella come las mejores raciones, no creo que sea solo cariño.
Esa frase me dio en el estómago.
Claro que tenía preferencias por ella; me dolería verla comer aserrín con su fragilidad.
De solo imaginarlo me duele la maldita cabeza.
Me ajusté el subfusil; el frío metal me devolvió mi serenidad.
Sentir esta cosa a mi lado me daba seguridad.
—Oye, sigo siendo tu superior —lo dije mientras trataba de colocar mi cara más ruda posible, algo extrañamente ineficaz dada mi edad.
—El baño está por ahí —la mención del baño hecha por Lien fue algo imprevisto.
Una risa apareció entre nosotros tres; el humor negro en esta clase de lugares era lo único que nos mantenía cuerdos.
Ruhit intervino de forma rápida: —Oye, ese lugar tiene una de las mejores vistas que uno se puede permitir; claro, si es que antes no dejas un río de mierda.
De nuevo nos reíamos entre nosotros mismos.
A este punto un superior debe de pensar que usamos aliento de dragón para estar cuerdos.
Lien rio antes de que yo resoplara: —Apuesto que el aliento de dragón es más caro que nuestra comida actual; si alguien sospechara eso, nos degradarían a una unidad de limpieza.
Lien tomó una piedra y empezó a rayar el suelo: —Ya estamos en la mierda, al menos aquí la mierda no nos dispara…
y espero que no lo haga.
Miré a Marine; no entendía la razón de nuestra risa.
Sus ojos estaban fijos en nosotros mientras frente a ella estaba la fosa común.
El cielo se empezaba a tornar amarillo mientras el sol se empezaba a esconder en el horizonte; diferentes luces se empezaban a encender de forma periódica.
—Este lado de aquí fue el que más daños sufrió; se comió absolutamente toda el arma celestial.
Dijeron que fue un ataque con polvo de elfos; sé que suena raro, pero esas cosas queman la piel hasta el mismo hueso.
Es un terror sufrir uno de esos ataques; rara vez tiene supervivientes y, si los hay, quedan desfigurados de por vida.
Es terrorífico cómo estas armas son capaces de crear tanto sufrimiento en tan poco tiempo; el fuego solo duró quince míseros minutos y provocó todo esto.
Es hora de irnos de aquí, nuestros turnos ya terminaron.
Además de eso, si no nos vamos, nos tomarán como horas extras no remuneradas.
Nos levantamos mientras yo me dirigía por Marine.
Seguía quieta, como si nada de eso le importara; era una persona que, si el mundo empezaba a caerse en pedazos, miraría cómo la sangre sale de un cuerpo y contaría cada gota.
La tomé del borde del uniforme; cuando sentí cómo el uniforme se levantaba de más, supe que debería de comprarle ropa de su talla.
Lien y Ruhit me esperaban con el equipo en las manos mientras yo movía a Marine; parecían hablar de mi trato “preferencial por ella”.
Cuando ella se levantó del suelo, se quitó el polvo del pantalón antes de tomarme de la manga de mi uniforme.
Valió la pena cada Lumir que tengo en la billetera ver el rostro de esos dos idiotas.
Estaba detrás de esos dos que seguían riendo y hablando de cualquier estupidez mientras compartían un cigarrillo; estoy seguro de que eso era lo que los había vuelto tan cercanos.
Presté más atención a lo que ellos dos hacían; la verdad, yo prefería venderlos antes que consumirlos.
Claro, la última vez que toqué uno, Marine me dijo que no me arreglaría los pulmones; es curioso que dijera eso cuando, según, son “buenos para la salud”.
Siento un ligero tirón de la manga para ver cómo ella me mira de forma expectante.
A veces ella me regaña a mí y otras yo a ella; somos un equipo algo raro, diría que en algunos puntos disfuncional.
Sentí cómo ella dio un mal paso antes de casi caer al frente; coloqué mi mano sujetándola del abdomen para que eso no pasara.
Lien era el que más me decía eso del uniforme; al principio parecía no molestarle: —Oye, Vaxen, deberías de comprarle algo de su talla; si no, pronto pensarán que es algún tipo de fantasma o alma en pena que no pudo abandonar el necro.
Caminamos un tiempo breve cuando frente a nosotros apareció un edificio semidestruido; tenía sacos de arena puestos hace pocas horas y alambre de espinos.
Este lugar era nuestro puesto de avanzada.
Lo primero que veo al entrar es a mis hombres jugando una baraja, listos para hacer su guardia.
Lien y Ruhit saludan de forma informal, después a mí; pero con Marine fue diferente: colocaron sus manos sobre su ceja realizando un saludo formal.
El líder de ese grupo nos desea una buena noche.
Tiro mi equipo a un lado mientras pongo a Berenice y la pistola del comandante sobre una mesa.
Acaricié el cabello de Marine antes de quitarme el saco.
Me tiré sobre una pila de papeles viejos mientras que mi saco se volvía mi cobija; ella se acostó en un sillón, lo más limpio que se podía, mientras se colocaba una cobija sobre ella.
—Descansa, Marine.
Te prometo que mañana te compraré un uniforme —dije soltando un suspiro por accidente.
—Está bien, Vaxen, duerme tranquilo.
Prometo comer tu cadáver si mueres —su voz fue tranquila, suave y dulce.
—Y yo el tuyo.
Es una promesa; nuestros cuerpos no se perderán entre los cadáveres.
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