Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 16
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16: El mercado 16: El mercado Salimos de la zona bombardeada; tardamos un buen tiempo para encontrar un camino “viable”.
Era extraño ver a los militares fuera de la zona destruida; si no fuera un sargento, esto hubiera sido imposible.
Tal vez por las luces o la magnitud del mercado de esta ciudad, pero tanto yo como Marine nos pegamos al punto de sentir cómo su respiración y su cuerpo se acomodaban en mis hombros.
Cuidaba de ella mientras sujetaba mi arma; ella parecía tratar de esconderse detrás de mí.
Me siento muy agropecuario.
Dentro del mercado me sentía sofocado; el hecho de que hubiera tanta gente hacía que mi cuerpo se tensara al pensar en que alguien nos pudiera atacar en cualquier momento.
Había oficiales de policía en todos lados, en cada esquina.
Los gritos de ofertas y precios de todo tipo, el choque de múltiples sonidos…
mientras, yo solo busco una sastrería para ver si puedo conseguir un uniforme.
La noche cayó en un momento; llevábamos medio día caminando en círculos.
Frente a nosotros había una tienda; en su vitrina tenía varias ropas.
Entramos ahí cerrando la puerta detrás de nosotros.
El olor a ropa nueva adornada por algún perfume caro me rodeó.
Miré mi cartera: dentro tenía unos cincuenta marcos, cinco mil lumires.
Eso era todo.
Me dolería dar este dinero, más al ver cómo una prenda en el centro tenía el valor de tres mil lumires.
Marine miró a ambos lados; sus ojos brillaban al ver tanta ropa.
Parecía que todo le gustaba.
Saqué mi máscara antigás para ponérmela; lo hice por pura memoria muscular.
Creo que tengo la mente muy enferma.
Una joven no más grande que Marine se acercó a nosotros dos; temblaba de forma persistente.
En sus ojos notaba ese miedo que solo sería posible en una persona que no suele ver ningún tipo de armas.
Tenía un portapapeles sobre sus manos y la vista fija en el arma, como si esto fuera más caro que cualquier cosa dentro de esta tienda.
—Disculpe, señor, pero aquí no están permitidas las armas de fuego —señaló una etiqueta sobre la pared—.
Podría esperar afuera.
Miré la etiqueta; era verdad, no debería de tener el arma aquí adentro.
—Debo de negar su solicitud al estar cerca de una zona de posible conflicto.
Mi cuerpo se tensó de inmediato mientras mis ojos buscaron en cada esquina una posible amenaza.
Sentí un tirón desde la máscara; este parecía ser más un regaño que otra cosa: era la mano de Marine que tiraba de la máscara.
—Discúlpame.
No lo había notado, pero tenía el dedo en el gatillo.
Cuando me quité la máscara, la expresión de la joven se tranquilizó un poco.
—Gracias por entender.
Bueno, viendo su rango, debo de decir que tiene un descuento del quince por ciento en todo lo que compre aquí; además, estamos financiados por el gobierno para reparar o ajustar sus uniformes sin necesidad de paga.
—Bueno, en verdad solo vengo por dos cosas: que haga un uniforme de cero y comprar ropa para ella.
Honestamente, no tengo ni idea de su talla de ropa.
Ella tomó una cinta para medir su altura, medidas en sus hombros, cintura y cadera.
En unos momentos tenía un desastre hecho; parecía que jugaba con ella como si fuera una muñeca de trapo.
—Increíble, esto es lo que les hace la guerra.
Tu altura es de una fosa con cincuenta y ocho.
Tienes una cintura de avispa, pero no es porque tu cuerpo sea así…
o tal vez sí.
Tus hombros son algo pequeños, 84 mutilaciones, y tu cadera apenas pasa de las ochenta y cinco.
Prestaba atención a todo lo que hablaban; tenía una oreja pegada a la pared para entender qué cosas decían.
Parece que tiene una raza desconocida al frente al hablar de nosotros de esa forma, aunque no la culpo.
Tomé mi cargador para empezar a vaciar la munición dentro de él; eran treinta y dos rondas.
Después empecé a meter cada bala mientras tenía mi arma al frente.
Me aburro de estar aquí sin nada que hacer; el perfume es demasiado dulce para mi gusto.
Me gustaría estar contando muertos o haciendo guardia; no sé por qué pensé que era una buena idea.
Para cuando menos lo pensé, ya estaba a punto de salir y ella tenía un uniforme más de acuerdo a su talla, aunque solo era temporal.
En su rostro estaba marcada una sonrisa; esta vez sí parecía de ella.
El sonido de la música que se hacía en la plaza era una melodía algo alegre que transmitía nostalgia; era una combinación de tambores y trompetas.
Había gente bailando al son de esas canciones.
Miré cómo en el centro había fotografías de muchas personas adornadas con velas y todo tipo de comidas; algunas familias lloraban desconsoladas, mientras que otros decidían seguir bailando.
—Deja de pensar en la guerra, Vaxen, vamos al centro.
Ella me empujó al frente mientras la música se volvía más clara; el choque de algo metálico mientras los tambores se volvían más nítidos y un sonido como rasposo seguido de un tipo de instrumento que me hacía sentir como si el suelo temblara.
Cuando vi el centro, había un grupo de hombres vestidos de colores muy brillantes; cantaban al unísono mientras cada uno de ellos tenía un instrumento diferente.
Sentí cómo era arrastrado por un círculo de personas que bailaban ante la canción.
El olor de las velas y la comida, combinado con el perfume barato, llegaba a mi nariz.
Un niño sujetaba mi mano mientras con la otra yo sujetaba a Marine.
—”Suave alcohol como el sol, que me quema la garganta y me alegra el corazón…” Los hombres de trajes brillantes se movían al ritmo de la música, mientras que el niño sujetaba mi mano con una firmeza increíble.
—”Dame un trago para que se acabe el sinsabor, que el muerto se va al pozo y el vivo al gozo…” El ruido del tambor, del güiro…
todo se sentía extrañamente reconfortante.
El cuerpo de Marine me guiaba sobre qué hacer y, en buen tiempo, podía sentirme vivo.
—”Ay, querida mía, ven y llévame a bailar, que tu vestidito muy lindo se te ve…
Mira cómo baila la chiquita, mira cómo se mueve su cinturita…” El olor a flores combinado con que el círculo se cerró aproximándose al altar.
Sentí cómo ella pegaba su cuerpo al mío y su respiración se agitaba; ella me obligó a dar una vuelta mientras seguíamos bailando.
—”Ay, mírame, mi chiquita, que mañana me voy…
porque te conocí en la ciudad…” Por un momento, cuando parecía que la canción iba a terminar, la multitud saltó mientras el suelo tembló por el impacto.
La multitud se soltó mientras que Marine me arrastraba a una de las esquinas, visiblemente cansada.
Incluso yo estaba sudando; no había notado que tenía una sonrisa, pero tomé a Marine de la mano antes de sacarla de ahí.
—Si mis oficiales se dan cuenta de lo que estoy haciendo, me van a regañar.
Es hora de volver a la zona de derrumbe.
Mis ojos se centraron en las enormes barricadas que no permitían la entrada de civiles.
Busqué en mis bolsillos la tarjeta de designación…
pero creo que olvidé algo.
Es cierto: la comida del escuadrón.
Bueno, mañana mando a otro del escuadrón; por ahora debo llegar al puesto de avanzada.
La noche era acompañada por ambas lunas; parecía que pronto sería de día.
A cada paso que daba, la oscuridad se volvía más pesada.
Un pensamiento afloró en las entrañas de mi mente; era desagradable.
¿Cómo mierda pude olvidar la maldita comida?
Coloqué mi mano sobre la culata de mi subfusil.
—Dime, Vaxen, ¿hoy fue un buen día?
Para mí fue uno de los mejores en mucho tiempo; espero un día poder repetirlo.
Su voz era suave y casi no se escuchaba; a veces era incómodo hablar con ella por alguna razón que no entiendo.
Susurré: —Sí, creo que hoy fue un respiro muy grande.
El sonido del aire era lo único que me hacía prestar atención.
Ella caminaba más segura desde que tiene un uniforme menos grande; aun así, no suelta mi manga del uniforme.
Pasamos un tiempo recorriendo el lugar destrozado; se volvía casi intransitable en la noche.
Lo curioso es que tanto mi marca como la suya empezaron a brillar a través de los uniformes: el color de un azul pálido y el rojo de la mía.
Ambos lo notamos, mas seguimos adelante…
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