Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 17
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17: Azul pálido 17: Azul pálido El olor de la mañana llegaba a mi nariz.
Anoche llegamos tarde, lo suficiente como para ver al grupo de guardia.
Sobre la mesa había un mapa de la ciudad; con un lápiz de color rojo trazaba las calles limpiadas con una tacha.
Miré el mapa: la parte de la ciudad destrozada tenía varios puntos de concentración.
Frente a mí había un alto mando; miraba la tabla mientras yo explicaba varias cosas del frente.
Cuando dejaba de hablar, el silencio se volvía frío y el cuarto tomaba una extraña vibra muy pesada.
Sus ojos seguían mis manos al realizar los trazos; el grafito se marcaba sobre el mapa, parecía hacer un ruido estruendoso.
—Entiendo, Vaxen.
Tu unidad tiene una de las mayores eficiencias dentro del sector.
Parece que tu unidad funciona mejor cuando tu compañía está al borde de ser considerada un pelotón.
Aun así, debo de decir que pronto serás enviado a la Novena de Asalto.
Miré al Oficial de Sector.
Su mirada era cansada, combinada con sus canas a sus simples veintiséis años.
Sus ojos tenían la mirada perdida en la nada, como si fueran un abismo; tenía la misma “mirada de las mil batallas”.
—Señor, ¿me permite preguntarle algo?
—Esperé unos segundos a que me lo concediera; su mirada se quedó fija en mí.
—Dime cuál es tu cuestión —su voz se tornó algo más agresiva, casi como si acabara de insultar a su madre.
—¿Cuándo se nos llevará al frente?
Ambos teníamos una mirada seria.
A pesar de mi edad, sentía cómo él me tomaba en serio.
En sus ojos había una combinación de pesadillas continuas que se reflejaban en dos ojeras masivas.
En su rostro tenía cicatrices.
—Dentro de dos días y una noche.
El oficial se levantó de la silla mientras sacaba un puro.
La capa que tenía en la espalda rozaba el suelo; en ella tenía un águila bicéfala de un color dorado, mientras la tela de la capa era morada.
Esperé unos segundos a que él se fuera.
Ahora tengo menos tiempo para obtener la documentación de Marine.
Mis manos fueron a mi cabello mientras me sentaba de una forma encorvada.
Todo parecía estar mal por unos momentos.
El sudor frío de mi rostro empapó mis manos.
Miré a Berenice en una esquina mientras el silencio adornaba la habitación.
Pero tengo que seguir adelante.
Dejé la silla para caminar rumbo a una serie de bloques que a simple vista parecían solo ser escombros.
Levanté una tapa de madera; dentro del lugar estaba Marine escondida, tenía los ojos clavados en mí.
—¿Pasó algo?
Tu pulso está por las nubes.
Puse la mejor sonrisa que podía antes de ayudarla a salir de ese foso.
—No es nada, solo que pronto estaré en el frente.
No me dijeron dónde, pero debo de arreglar los papeles.
Creo que ya llevamos un avance en eso, o al menos eso espero.
Cuando ella salió, estaba cubierta de un polvo gris.
Empecé a quitarle el polvo del uniforme; ella me miraba de forma de atenta mientras se estremecía ante los ligeros golpes en su espalda.
—Oye, Vaxen, me estás lastimando, estás siendo muy rudo.
Al darme cuenta de que me perdía entre mis pensamientos, traté de evitar golpearla.
Mierda, estaba muy nervioso; debía de decirle a mis hombres nuestro próximo despliegue si no quiero perder su paso.
—Perdóname, Marine.
Solo no puedo concentrarme, estoy en otro lugar.
Me acerqué a ella para tratar de darle un abrazo.
Ella se quedó quieta mientras yo la rodeaba; su cuerpo se tensó unos segundos antes de mirarme de nuevo y acomodarse para devolverme el abrazo.
La calidez de su cuerpo me daba unos minutos para pensar cuál sería la siguiente opción.
Tomé un respiro cercano a su hombro; absorbí su aroma.
Siempre me voy a preguntar algo: ¿qué cosa es Marine realmente?
Su olor es dulce, pero si pongo atención, es metálico, con un ligero toque de ozono.
Me separé de ella; ya tenía mis ideas organizadas.
Lo primero que debo decir es nuestra situación; lo segundo, ir al centro de la ciudad para ver lo de los papeles.
Tengo dos opciones: o sobornar al ministro o aprovechar los vacíos legales.
—Marine, hoy vamos al centro de la ciudad.
Tenemos que sacar tus papeles de registro.
—Ella se puso a mi lado mientras me tomaba de la manga—.
Primero debo avisar de nuestro próximo despliegue, después nos tenemos que ir.
Bajamos al edificio.
Toda la compañía estaba jugando a las cartas, posiblemente apostando los pocos lumires que ganábamos.
En sus ojos había cansancio; no notaba dónde estaban Lien y Ruhit, posiblemente estuvieran casi muertos en alguna habitación.
—Tengo una buena noticia y otra mala.
¿Cuál quieren primero?
Capté la atención de mis ludópatas.
El silencio apareció en toda la habitación; el sonido de las cartas dejadas sobre la mesa…
—Suelta la buena, sargento.
—Bueno, nos darán un nuevo equipo y un bono por combatir.
Y la mala es que nuestra compañía se moverá a la Novena División de Asalto.
El silencio empezó a carcomer la habitación, roto únicamente por el miembro más veterano de nuestro grupo, que se pasaba las manos por el rostro.
—Sargento…
—su voz era tranquila, parecía tener la mirada fija en Marine—.
No creo que quieras llevar a tu mujer con la Novena.
Suelen estarse matando con la Unión.
Fueran los republicanos o los confederados, pero la Unión es diferente.
—Pero no me es posible negarme.
Nos tienen en la mira por nuestra eficacia.
Nuestra compañía estaba funcionando al límite y estamos al borde de ser considerados un simple escuadrón.
Es una mierda, pero el anterior oficial dejó hecho un desastre nuestra nómina.
El tipo tomó algo de aire antes de escupir al suelo; era una mezcla de desprecio, algo que la mayoría ahí sentía.
El frente de la Unión no creo que sea la mejor forma de hablar sobre él.
—El equipo pronto llegará, quiero que tú te encargues de suministrarlo.
Tengan sus uniformes limpios y sus armas engrasadas; tómense el resto del día libre.
Empecé a caminar fuera del edificio con Marine siguiéndome.
Últimamente me he estado estresando mucho.
Mierda, no estoy hecho para esto; desearía irme de aquí, pero sé que a donde me largue la guerra me seguirá.
No importa si voy al fin del mundo, todo será igual de horrible.
Salir de este lugar era difícil, pero ya sabía por dónde debía cruzar.
El frente unionista…
creo que la guerra ahí es más cruda porque las máquinas toman el centro de la batalla.
¿Me pregunto qué será Marine?
Tiene un olor metálico; además, su olor dulce no es normal, mucho menos sus habilidades.
¿Y si ella es una máquina?
No es una persona normal en lo más mínimo, tiene una perfección increíble.
Es posible que ella sea un tipo de híbrido, ¿pero por qué?
Parece que ella está viva, aunque no es muy expresiva.
Cada vez la idea de que no sea humana se vuelve más real.
Tiene un ligero parecido con esas cosas de ojos azul pálido; se debe al color pálido, casi gris, de su piel.
Z nunca me dijo qué clase de ser era el H1-644 ni el H1-645.
—Vaxen —su voz irrumpió en mis pensamientos—.
¿Estás bien?
Te noto extraño, tienes la vista fija en mí.
—Tengo una pregunta para ti, Marine…
¿Eres realmente humana?
Una risa salió de ella; su rostro se volvió rojizo de tanto reír.
Lágrimas salieron de sus ojos antes de que se limpiara con el dorso de su mano.
—¡Pues claro, Vaxen!
¿Qué tipo de día es hoy?
Qué preguntas…
Sé que no soy muy normal que digamos, pero aun así no soy un robot, lo prometo.
Su risa siguió durante el resto del camino.
Avanzamos gran parte del terreno y a cada paso sentía que esa idea de que ella era una máquina se volvía más idiota.
No pude evitar sentirme como un fracasado por hacer esas preguntas.
Un silencio incómodo nos adornó el resto del día.
Cuando entramos en la ciudad, tenía un aroma diferente.
Lo que se mantenía era una gran cantidad de policías; estos estaban igual de armados que nosotros…
bueno, no tanto, Marine no tenía un arma, así que por ahora no puedo decir eso.
Caminamos por la calle central; a cada paso mirábamos a los oficiales.
El Imperio tenía una cobertura total dentro de la ciudad.
Marine se cubría detrás de mí, siguiéndome de cerca.
Era curioso cómo hacía esto.
Cuando estuve frente al ministerio, el olor a papeles se sentía incluso fuera del mismo edificio.
Había guardias fuera; esta gente estaba mejor armada que el mismo ejército.
Tenían uniformes de color morado con grandes placas de acero gruesas, capaces de detener cualquier munición “norma”.
Su apariencia era rara; grandes instrumentos estaban sobre sus ojos, parecían ser parte de sus máscaras.
—Motivo e identificación.
Saqué mi identificación, una placa circular metálica.
—La razón de mi visita es sobre la adquisición de documentos de índole personal.
—El oficial miró a Marine durante unos segundos antes de señalarla.
—Ella es mi acompañante.
Cualquier acción que ella cometa costará mi vida.
El oficial abrió la puerta.
—El archivo está en el último piso, en la segunda sala.
Cuando puse el primer pie dentro del edificio, me golpeó un olor a pilas de hojas abandonadas.
El horror burocrático dentro era increíble.
Subimos piso tras piso.
En la habitación indicada había un hombre anciano sentado; tenía una gran barba y sujetaba una pila de papeles mientras tomaba un sorbo de su café.
Era la primera vez que lo veía en este lugar.
—Buenos días, jovencitos.
Supongo que vienen a aclarar algo sobre su matrimonio.
Su voz era rasposa por la edad.
Sus ojos seguían fijos en la hilera de papeles.
Tomó otro sorbo antes de que nos sentáramos; dejó la taza sobre la mesa con un ruido cerámico.
Cuando nos miró, sus ojos parecieron agrandarse antes de prestarme atención totalmente.
Miró mi uniforme con desagrado antes de mirar a Marine; sus ojos se fijaron en ella con la mirada de un hombre lujurioso.
Ella trató de cubrirse con el uniforme, aunque ahora era de su talla.
—No es para papeleo de matrimonio, es para documentos de identidad.
Ya lo tramité desde hace una semana y deberían de estar listos.
Él pareció disgustarse cuando mencioné eso.
Debería enseñar a Marine a defenderse.
—Sí, claro, sargento Vaxen.
Ya tiene todos los documentos listos.
Edad: dieciséis años.
Altura: una fosa con cincuenta y ocho.
No tiene ningún tipo de deficiencia.
Nacionalidad: El Imperio Soberano de los Dos Soles.
Nacida en la provincia de Asvana.
Nombre: Marine Costa Marco.
Deslizó el documento antes de pasarme el papel.
—Está todo en orden.
Vaxen Costa Marco…
es curioso que tengan el mismo apellido.
Pueden irse de aquí rápido, me molesta ver tu uniforme.
Salimos de la habitación con cuidado.
Ella tenía sus papeles en la mano y una mueca de felicidad en el rostro.
—Gracias, Vaxen.
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