Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 18
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18: ¿Puedes ver?
18: ¿Puedes ver?
La noche pronto caería; en el lugar empezaban a surgir los puestos de comida y venta.
Esta vez no tomaría nada; tenía los ojos fijos en Marine cuando vi uno de los tantos edificios: “Librería de libros”…
¿Qué?
Bueno, no entiendo eso, qué lógica tiene.
Marine mira al mismo lado que yo; sus ojos se tornaron de un color naranja que cruzaban diferentes patrones de letras antes de terminar de leer.
—¿Qué sentido tiene eso, Vaxen?
—No lo sé, Marine.
Ni siquiera sé qué soy yo.
Tomé una bocanada de aire antes de sacar la bayoneta de mi subfusil.
Apunté a mi mano antes de cortarme la palma.
Un recuerdo de mi sangre saliendo de mi cuerpo…
mi cuerpo reacciona de una forma violenta a la pérdida de sangre.
El líquido caliente se extendía por mi mano; esperé unos momentos mirando dentro de la herida.
Tenía miedo de que esta saliera de un color naranja…
pero tal vez eso no pasara.
Marine miró mi mano; parece que se asustó un poco al ver la hemorragia.
Para ella no tenía sentido que la sangre brotara de esa forma, y menos cuando no vio cómo me atravesé.
Me tomó de la mano antes de guiarme a un lugar escondido.
—No es normal que sangres, vas a manchar tu uniforme.
¿Cómo pasó eso?
¿Quieres que te sane?
Su reacción fue algo exagerada; parecía estar realmente preocupada por una herida que no representaba ningún peligro mayor.
—No es nada grave, Marine.
Solo quería saber si aún soy lo suficientemente humano; solo tuve un recuerdo.
Marine se ve confundida mientras un color verde surge cubriendo mi mano.
—Marine, no hagas eso aquí, pueden darse cuenta.
A ella no pareció importarle mucho.
Una calidez recorrió mi cuerpo; el brillo verde se fue tal cual apareció.
—Sigo pensando que eres algún tipo de maga.
Ella me miró antes de acariciar mi mano, confirmando que ya no tuviera sangrado.
—Antes de que los humanos pelearan con armas de fuego, había algo llamado Parna.
El humano no podía utilizarlo y los valientes que lo hacían sacrificaban su vida para que la humanidad no se extinguiera.
Aun así, las bestias de metal alcanzaron a los dragones más fuertes y la humanidad casi extinguió a todas las demás razas…
Pero un desafortunado evento, la muerte del gran rey que unió al continente bajo un mismo estandarte…
Verás, el Parna está volviendo a surgir, y eso es malo para cualquiera que sea un humano.
Ella sabe demasiadas cosas.
Tal vez por eso sea tan importante.
Ahora que recuerdo, Z no sabía nada de ella; debe de ser un infierno sacar información si no es del mismo laboratorio.
Pero recordar al H1-644 y cómo su cuerpo se había vuelto una masa de carne que solo existía para cuidar a Marine…
De nuevo frente a las grandes bardas de la zona de contención, brinqué yo primero esperando a que Marine hiciera lo mismo.
Ella brinca cayendo de una gran manera; si algo le tengo que elogiar es esa capacidad que tiene para no sufrir daños gracias a su gran agilidad.
Caminamos por ese lugar.
¿Por qué me tengo que ir cuando me estoy aprendiendo la ciudad?
Un olor extraño dentro de este lugar; yo y Marine lo notamos, pero no le dimos mucha importancia.
Nuestra misión era llegar al puesto de avanzada.
Estos últimos días se sienten demasiado cansados; es mucho que hacer.
Llegamos al puesto de avanzada.
Fuera del edificio había un camión y varios hombres bajaban cajas y cajas de algo desconocido.
Posiblemente armas; metían suministros como si fuéramos una compañía entera cuando solo somos diez…
bueno, pronto once.
Me apresuré a la ventana del camión para ver al oficial de logística.
—¿Qué es lo que tienen esas cajas?
Soy el Sargento de Hierro Vaxen Costa Marco.
Bajo el escudo imperial había una seña con un nueve.
El rostro del conductor estaba cubierto por una extraña capa de metal; un tipo de lentillas sobre sus ojos de un color similar al dorado, pero más sucio.
El vidrio dentro de ellos giró con un clic metálico.
—Estamos dejando su equipo.
Pronto serán parte de nuestra división y no los queremos ver con los rifles básicos.
Si nos mandan al infierno, al menos nos dan el mejor equipo.
Según esta lista, recibirán quince rifles Ots38 con sus municiones, blindaje de acero laminado, medicina y cinco implantes de combustión interna modelo Veluxe 0.3.
—¿Qué son los Deluxe o Veluxe?
—Nunca había escuchado sobre esas cosas.
Sentí un ligero tirón en la manga de mi uniforme; volteé a mirar a Marine, pero su rostro tenía una expresión de miedo puro.
Sujetaba su pecho con la otra mano; era raro de ver en ella.
Aun así, me acerqué; parecía querer decirme algo.
Me susurró al oído de forma mecánica, como si cada palabra fuera calculada: —Aquellos que viven por la espada, mueren por la misma.
Su voz era una advertencia, como si ella supiera qué eran esas máquinas.
E incluso yo les empecé a temer al ver que ella, que no se asustó en el laboratorio, ahora lo hacía.
El oficial añadió: —No es obligatorio que se coloquen los implantes; aun así, se recomienda su uso con los miembros más veteranos de la unidad, o los novatos más explosivos, según el manual.
La voz de ese oficial estaba rota, como si cientos de engranajes funcionaran para gestionar una sola palabra.
Era una voz mecánica.
Me alejé del camión para entrar al puesto de avanzada; estaban sacando las armas de las cajas.
Un olor a metal nuevo inundaba la habitación.
Su diseño era parecido al de un fusil, solo que más corto, como una carabina de cargador largo.
Era un diseño bastante bonito; el metal tenía una serie de patrones, era similar a Berenice.
Tenía partes de color plateado y un colgante de la diosa de la muerte al final del cañón.
Era una obra de arte hecha con amor a la guerra.
El grito de uno de los soldados me hizo correr adentro.
Era Lien, con los ojos fijos en una pila de metal dentro de una caja; se mordía un dedo buscando confirmar si lo que tenía frente a él era real.
Me acerqué para levantarlo del suelo antes de cerrar la puerta.
—Ninguno de nosotros debe de ponerse esas cosas.
Es una orden directa.
Pelearemos con lo que tenemos; nada de utilizar eso.
Las miradas de todos se clavaron en mí; Marine también.
No sé si tengo algo en el rostro o fue la forma en la que me dirigí a ellos.
—Sargento, pero según el manual esto nos volverá casi supersoldados.
Seremos capaces de correr un sector entero en solo un día.
Además, dice que no es algo letal…
Aquel recluta de enlace fue interrumpido por uno de los veteranos, de unos veintidós años: —Verás, Vaxen, no eres un buen líder.
Aparte de eso, eres muy joven y piensas que todos los frentes son iguales.
Te falta visión.
El segundo equipo ha pensado que deberías dejar de ser el líder.
Eres el que más rango tiene, pero también el más joven.
No pienso dejar que alguien de tu edad me diga cómo morir.
Cuando dijo eso, su cuerpo se movió de forma rápida.
Sentí un golpe en mi nariz y después la sangre salir.
Él se abalanzó contra mí tratando de someterme.
Sujetaba mis manos mientras golpeaba mi rostro; era mucho más fuerte que yo y apenas podía cubrirme.
Sentí cómo el dolor inundaba mi cuerpo.
—Eres un crío, Vaxen.
No puedes decidir cómo voy a morir.
Gruñó a cada golpe.
El sabor a sangre recorrió mi boca; un sabor tan familiar.
—¡Ya ríndete, maldito crío!
Algo desde mi interior surgió.
Era un miedo que no me dejaba moverme ni atacar, pero vino una visión de aquella cosa de ojos azul pálido.
Cuando él bajó la guardia, giré mi cintura para que cayera conmigo.
Su brazo se trabó contra mi cuello, empezando a asfixiarme; sus antebrazos presionaban mi tráquea mientras el aire se volvía escaso.
Mi visión se volvía borrosa, pero alcancé a ver el rostro de Marine asustada, con el brillo naranja sobre sus ojos.
Metí mi mano por dentro de su antebrazo; logré separar lo suficiente como para que el aire quemara mis pulmones.
Golpeé sus costillas con codazos; para él parecía solo un cosquilleo, pero un desbalance hizo que su peso se volcara hacia adelante.
Con toda la fuerza que pude, lo levanté a peso lanzándolo frente a mí.
Su casco cayó al suelo; lo tomé.
Él quiso levantarse, pero lo recibí con un golpe al rostro.
El sonido de la piel siendo golpeada por el metal fue seco.
Me coloqué sobre él.
Lo seguía golpeando con el casco; a cada golpe la sangre me salpicaba.
Una ira ciega seguía dentro de mí.
—¡Vaxen, para!
¡Carajo, lo vas a terminar matando!
El grito me devolvió a mis cabales.
Debajo de mí estaba su rostro, totalmente deformado y cubierto de sangre.
Su respiración era forzada.
Miré mi uniforme; había una mezcla de las dos sangres.
—Es verdad, solo tengo quince años.
Posiblemente tengas razón.
Pero yo lidero hombres, no máquinas.
Deben alejarse de esas cosas.
Y la siguiente vez, Kael, que me ataques…
no dudaré en utilizar mis armas.
Ruhit, llévalo a la enfermería.
Que no usen nada que le quite el dolor.
Es una orden.
En sus rostros había una mezcla de miedo y respeto.
Se apartaron mientras yo subía a nuestra habitación.
Marine me seguía por detrás; estaba muy callada.
Abrí la puerta, caminé y me senté sobre el sillón.
Marine acomodó ambas manos sobre mis mejillas.
—Vaxen, ¿qué fue lo que viste?
Mis sensores sintieron una fuga dentro de ti.
No era ira; fue un miedo tan grande que lograste hacer eso.
Empezó a lavar mi rostro con pequeños pedazos de tela.
Era un toque débil, casi como si no quisiera hacerme daño.
—Tuve miedo, Vaxen.
No sé por qué, pero quería correr a ayudarte, aunque no era la opción lógica.
El calor de la suave luz verde nos acompañaba.
Sentí cómo mi nariz se “acomodaba”; el hecho de que eso pasara me hacía sentir una gran paz.
Moví mi cabeza hacia adelante y Marine la acomodó en su pecho.
Su corazón se escuchaba real; el calor que emitía su cuerpo y las pequeñas respiraciones se veían reflejadas en su pecho al subir y bajar.
El olor de su cuerpo, dulce pero con ese tono a ozono, ya no me importaba mucho.
—Solo quiero verte vivo.
Quiero ver cómo cumples tus sueños a pesar de todas las heridas que la vida te haga.
Te seguiré hasta que yo sea vieja, porque tú me diste un hogar, tal vez en medio de una guerra.
Los rayos de sol cruzaron una última vez entre las rendijas de las paredes.
La habitación se iluminó dejando ver un suave contraste.
Mientras el sol se escondía tras las montañas, la mano de Marine jugaba con mi cabello.
Sin quererlo me acurruqué contra ella, mis ojos se cerraron y mi cuerpo logró descansar.
Hoy fue un día muy cansado, ¿no?
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