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Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 22

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  3. Capítulo 22 - 22 Orden de marcha
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22: Orden de marcha 22: Orden de marcha En unos pocos momentos ya había una línea de defensa creada con lo que teníamos a mano.

Gracias al equipo que dejaron sobre las cajas, habíamos montado un puesto de avanzada improvisado.

Mi reloj mental me decía que me quedaban entre treinta a treinta y cinco minutos.

Caminaba entre los hombres alineados en dos escalones.

El suelo empezó a retumbar.

El ruido de los motores a la lejanía y el viento cambiaron de dirección; ahora el aire golpeaba mi rostro.

No es momento de morir cuando ya he visto el infierno; aún no me puedo rendir, y menos dejar a esta gente atrás.

Si quiero terminar la guerra, debe haber personas que reconstruyan lo que fue destruido.

Es parte del frente.

Grandes máquinas del tamaño de tres hombres se hicieron presentes.

¿Qué…

qué es esa cosa?

Cada movimiento que daban se veía tosco, pesado, como si funcionaran por un milagro.

—¡Talos!

¿Sabes si hay armas antitanque?

—Mi voz salió pesada; había gritado tanto que sentía destrozadas las cuerdas vocales.

—Dos fusiles antiblindaje, ambos de veinte cisuras.

Creo que sí son capaces de abrir un buen hueco en los blindajes laterales.

¡Sargento, que no le den miedo esas cosas, se suelen caer solas!

El olor a aceite quemado y el miedo me llenaban.

Mi mente no estaba en condiciones de dar órdenes; sin darme cuenta, me estaba haciendo pequeñas laceraciones en el dorso de la mano.

Sudaba frío mientras intentaba apaciguarme.

Mierda, estoy hasta la verga de tener que dar órdenes a un grupo entero cuando no tengo ni un respiro para procesar toda esta mierda.

¿Cuál es el sentido de seguir peleando?

Aun así, me sigo esforzando por seguir con vida.

Todos los días es igual, y a veces siento que estoy frente a un complot del alto mando.

—¡Vamos, muevan el culo rápido!

¡No quiero morir el día de hoy y no creo que ustedes tampoco!

¡Manténganse en posición, utilicen todo lo que tengan a mano!

Mi voz salió agotada.

No es posible que en este momento quieras joder, maldita mente.

A veces desearía no tener cerebro para no pensar en estas mierdas en el campo.

¿Por qué tengo que pensar ahora y no después?

El silbido de una bala pasó a mi lado, seguido del estallido de las ametralladoras de esas bestias de acero.

Los disparos de ambos bandos empezaron a cruzarse mientras veía cómo todo se volvía negro.

Tomé a Berenice con fuerza antes de usarla, descargando mis municiones sobre todo aquello que pareciera moverse.

Las ráfagas surgieron de la boca de mi arma.

Era extraño, pero me sentía horrible.

Solo sirvo para esto y, lo peor de todo, es que lo hago mal.

¿Por qué mierda tengo que pensar esto justo ahora, para chingar aún más?

Sentí cómo mi cuerpo ajustaba sus sentidos para enfrentar las amenazas.

El primer sonido de uno de esos rifles antitanque fue estruendoso, como un tambor golpeado, seguido del desplazamiento de aire por la fuerza del disparo.

El proyectil fue certero.

Aquella máquina se balanceó antes de caer de lado.

Un líquido color lila brotó de ella antes de que otro disparo diera en lo que parecía ser la cabina.

La cosa giró en el suelo mientras emitía un sonido interno, como un grito propinado desde su interior.

Ese segundo disparo activó algo en mí.

Miraba a mis enemigos y abría fuego sin dudar, cargador tras cargador.

No tenía munición infinita, pero seguí disparando; cada bala hacía que alguien cayera.

El uso de las ametralladoras fue magistral; no dejaron que nada pasara de nuestro primer punto de guardia, donde habíamos dejado los explosivos.

De pronto, se escuchó algo con pasos más pesados, seguido de un disparo que forzó al aire a zumbar.

Una explosión gigante dio en el centro de nuestra defensa.

Era algo mucho más grande, un monstruo de metal que se colocó al lado del anterior, como si le doliera ver a su compañero caído.

El centro de nuestra línea había volado por los aires; había hombres que perdieron sus extremidades y gritaban de dolor.

No era tiempo de mirar eso.

Seguí disparando mientras los dos rifles antitanque movían el suelo al abrir fuego contra esa cosa.

Parecía no inmutarse ante la cantidad de castigo que resistía.

Entonces, apuntó su cañón de nuevo contra nuestra posición.

El cañón formó un holograma de color rojo; se abrió mostrando una estrella de diez picos antes de cerrarse en un único círculo verde a su alrededor…

El disparo sacudió la tierra.

Lo que antes era una defensa voló por los aires.

Caí hacia atrás sintiendo cómo mi cuerpo dejaba de reaccionar.

Un pitido dentro de mis oídos no me dejaba escuchar; el polvo me impedía ver.

Mi cuerpo se había desconectado, perdía la razón de seguir peleando hasta que, en el cielo, se formaron unos anillos similares a los de las “Armas Celestiales”.

De ellos salieron unos extraños aprendices que tomaron a los caídos en combate.

Los dioses estaban interviniendo por alguna razón, o quizá era solo una ilusión.

Sentí cómo me sacaban del lugar; conocía esas manos frías, pero mi cuerpo no me dejaba mirar atrás mientras la máquina preparaba otro ataque.

Tal vez ya no teníamos oportunidad.

Mi marca rojiza brilló desde mi pecho.

Mi cuerpo se empezó a calentar y sentí un sabor metálico en la boca.

Miré hacia arriba: era Marine, con un poco de sangre en el rostro, tratando de sacarme de allí.

Dentro de mí algo surgió; mi pulso aumentó drásticamente, pero cualquier herida dejaba brotar más sangre.

Mi cuerpo se estremecía y se tensaba.

Vi a Berenice, fría por la tierra.

Ahora que lo pienso, solo tengo una orden: proteger a toda costa al H1-645, dada por el H1-644.

Sentí que podía levantarme; mi cuerpo reaccionaba.

Tomé a Berenice, la limpié y me puse en pie.

Me sentía extraño: más ligero, más ágil, más fuerte.

Empecé a caminar hacia una de las ametralladoras, cubriéndome con el blindaje de las cajas.

Mi cuerpo se sentía más robusto, doblando esfuerzos para aguantar el peso.

Le di mi arma a Marine.

—Marine, cuida mi arma.

Confío en ti.

Ella se sorprendió antes de tomarla.

—¿Qué vas a hacer, Vaxen?

Estamos muy lejos de poder irnos —su voz sonó con angustia, volviéndose chillona.

Levanté una ametralladora pesada del suelo; ahora debía pesar al menos 150 lastres.

Empecé a disparar contra la mole de acero.

La cosa se fijó en mí y apuntó su cañón directamente a mi posición.

El retroceso de la ametralladora casi me sacaba de mi cuerpo; era agotador mantener el fuego.

Seguí disparando hasta que el cañón empezó a deformarse por el calor.

Tiré el arma y me arrojé al suelo antes de que la máquina disparara.

Corrí hacia donde estaba el fusil de 20 cisuras.

Debía tener cuidado con este rifle; aunque mi cuerpo pudiera disparar de pie, mis huesos se fracturarían al primer disparo.

Lo tomé y golpeé suavemente el cañón.

Se supone que debe usarse acostado o sobre costales, no de pie, pero empecé a acercarme de frente.

Si lograba darle un solo disparo a menos de cien metros…

La distancia se cortaba.

Incluso los soldados enemigos se fijaban en mí, disparándome de forma poco efectiva.

Corrí tomando todo el aire que podía mientras algo ocurría: una aura de color azul empezó a rodearme y mi velocidad aumentó por la fuerza.

Brinqué sobre una roca.

En el aire, apunté el fusil directo a la parte superior de la mole de metal.

El tiempo pareció volverse lento antes de que mi cuerpo reaccionara por instinto.

Al disparar, el poder del fusil hizo que mi cuerpo hiciera un “pop”; un dolor agudo surgió de mis entrañas.

Quedé suspendido en el aire mientras el líquido morado brotaba del interior de esa cosa de acero.

Caí al suelo y mi fusil salió volando a mi lado.

Saqué la pistola del comandante y me levanté, corriendo de vuelta a las defensas, mientras detrás de mí los enemigos empezaban a retirarse al grito de: “¡Es el Ejecutor!”.

Sentí cómo mi cuerpo se volvía pesado de nuevo.

Es posible que otro ataque aún más fuerte ocurra; esto solo fue la punta de lanza.

Aquí los estaremos esperando…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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