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Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Tierra quemada
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23: Tierra quemada 23: Tierra quemada Aguanté lo suficiente como para llegar dentro de las defensas.

Cuando me di cuenta de la hazaña que había hecho, mi cuerpo empezó a dejar de responder.

Marine corrió para tomarme en sus brazos; en su rostro había una gran sonrisa de oreja a oreja.

—¡Eso fue increíble, Vaxen!

Saltaste en el aire así…

—ella jugó con sus manos y sus ojos brillaban.

Sabía que esto había levantado la moral; logramos hacer retroceder a un enemigo que nos superaba uno a siete, con mejores armas y más equipo.

Seguía mirando cómo ella dibujaba en el aire mientras mis ojos se querían cerrar.

Detrás de mí había gritos; no eran de dolor, sino de una profunda alegría.

Toqué el cabello de Marine.

—Ordena que nos reagrupemos.

Es posible que se aproxime otro ataque —mi voz salió tosca, baja.

Sentí cómo mi propio cuerpo se cerraba antes de descansar.

Mis ojos dejaron de darme una imagen clara, mis oídos dejaron de funcionar y el silencio me devoró.

Solo quedaban las vibraciones de mi corazón, latiendo de forma lenta; era un golpe seco.

No puedo dejar que mi cuerpo deje de luchar, no ahora.

No puedo descansar cuando todo se puede apagar de un momento a otro.

Traté de levantarme, aunque sentí cómo algo me frenaba.

Era un claro: “ya hiciste lo suficiente, descansa”.

Pero, ¿qué clase de oficial sería si no me levanto a pelear de nuevo?

Mi salud no es importante porque solo soy uno, pero ellos son muchos más.

Mi cuerpo podía seguir soñando con el descanso, algo que jamás le concedería.

Ya descansaré lo suficiente el día que me muera.

Aunque solo miraba lo mínimo por el sobreesfuerzo, me levanté y subí la colina para dar una orden: —¡Aún no celebren!

Pueden realizar otra ofensiva.

¡Aseguren que sus armas estén cargadas y listas para dar guerra!

Dije eso antes de sentir el sabor de la sangre en mi boca.

No sé cómo pude hacer aquello, pero esa “habilidad” tiene mucho en contra.

Es posible que tenga al menos una costilla rota; ¿quién, que se quiera lo más mínimo, dispara un arma tanque en el aire?

Marine se metió debajo de mi brazo para ayudarme a sostenerme de pie.

Era curioso cómo mi cuerpo se negaba a avanzar.

—Vaxen, ¿no quieres que te cure?

—Me negué con la cabeza.

—Es un secreto que solo tú y yo debemos compartir.

Al final, ninguno de los dos es normal: ella es el cerebro y yo la fuerza bruta.

Miré el rostro de Marine; se notaba despreocupada, confiaba demasiado en mí.

No puedo fallar, no frente a ella.

—Dame mi arma, Marine.

Voy a pelear con todas mis fuerzas así sea lo último que haga…

Oye, ¿quemar los campos de trigo sería algo útil en estos momentos?

—Pero…

Vaxen, vas a matar de hambre a las ciudades cercanas.

Aunque, de hecho, es una buena opción; el río evitará que el fuego queme nuestro lado.

Creo que por eso no han usado ni gases ni artillería en esta zona.

Ella me dejó sentado sobre una caja.

Desde aquí lograba ver las vías del tren detrás de nosotros y al enemigo reagrupándose.

Se puso frente a mí, limpiando la sangre de mi rostro con la tela de su uniforme.

Era áspera, rasposa, pero cumplía con su trabajo.

Miré su rostro concentrado en limpiarme la boca, como si fuera un niño pequeño.

El aire era tranquilo y el trigo bailaba…

—Dale la orden de usar sus máscaras de gas.

Dile a Talos que inicie el incendio; a Ruhit, que suba junto a Lien.

A los demás diles lo mismo.

Es hora de mostrarles el infierno del que tanto nos hablan.

Tomé una gran bocanada de aire.

Sentí el viento rozando mi rostro y el olor del campo antes de ver cómo Marine se iba para dar la orden de quemar lo que ellos tanto buscaban cuidar.

Me coloqué mi máscara antigás mientras sentía el frío metal de Berenice sobre mis manos.

Apreté las correas que me acompañan mientras esperaba ver lo que una orden podía provocar.

Miré cómo todos empezaban a subir, observando el trigo al igual que yo, antes de que la primera chispa saliera.

Todos tenían sus máscaras puestas y listas.

Vi cómo todo se envolvía en fuego mientras una gran cortina de humo negro surgía para tocar el cielo.

Detrás de mi máscara, todo se veía gris.

No era la primera vez que veía la tierra de nadie, pero sí era la primera vez que yo era el causante de que esto pasara.

Solo faltan diez minutos para que el tren pase frente a nosotros…

y creo que lo siguiente será la lluvia de fuego.

De pronto, una gran cantidad de objetos aparecieron en el cielo sobre nosotros, como si fueran rocas volando, hasta que un sonido similar al de una lona rompiéndose llegó a mis oídos, seguido de la primera explosión.

Tomé a Marine de la mano antes de correr para buscar un lugar donde cubrir su cuerpo.

Miré cómo la tierra se levantaba de forma antinatural.

El polvo creaba una fina capa de humo; a cada golpe, la tierra temblaba.

Mis oídos dejaron de funcionar; solo sentía las vibraciones pasando por encima de mi cuerpo.

La metralla golpeaba mi casco y parte de mi torso, que resistía gracias al metal.

Marine tenía a Berenice abrazada contra su cuerpo.

No sé cuánta gente voló por los aires, pero espero que queden almas vivas después de este bombardeo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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