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Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 28

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28: Grandes Obras 28: Grandes Obras Sentí cómo mi cuerpo recobraba su vitalidad.

Abrí los ojos de poco en poco; los rayos del sol cruzaban por los vagones.

No sabía dónde estaba, pero si despertaba era porque no había muerto.

Sentí cómo mi cuerpo recobraba sus fuerzas; respiré el aire sintiendo su calidez antes de que mi propio ser aceptara que, un día de estos, ya no avanzaría ni podría disfrutar de estos sentimientos.

Estaba en un lugar cómodo, donde el aire era cálido y el olor a dulces me inundaba.

Se sentía tan irreal estar aquí después de un infierno.

Me miraba en el reflejo de uno de los vidrios; todo se sentía tan bien, pero parecía un sueño.

Ahora que recuerdo, estaba muy destruido, al borde de la muerte.

Traté de levantarme, pero sentí una fuerza oponerse; me giré para mirar a quien lo hacía.

—Cuidado, te puedes volver a abrir el costado.

No te pude curar del todo, Vaxen; había mucha gente viendo.

Aunque al inicio me asusté al verte cubierto de sangre, pronto me di cuenta de que no era tuya —una risa suave salió de Marine mientras sujetaba mi rostro entre sus manos—.

Debiste ver cómo lloré pensando que habías muerto.

Mi cuerpo se puso frío al darme cuenta de dónde estaba.

Me temblaron las manos mientras un escalofrío recorría mi espalda, más aún cuando sentía la delicadeza de sus manos al sujetarme.

Yo, quien no dudaba en matar ante un simple insulto, estaba siendo consentido por ¿Marine?

Traté de hablar, pero mi cuerpo me traicionaba.

Una descarga de emociones me inundó mientras sentía el calor llegar a mi rostro; me estaba sonrojando.

Yo, quien…

¿Por qué siento esto?

¿Acaso yo no…?

Mierda.

En su rostro se formó una sonrisa; con ojos de ternura miró mi cara.

Sus dedos sobre mis mejillas me dieron una extraña sensación de tranquilidad total.

—Me ayudaron a cambiarte, Vaxen.

Estabas cubierto de sangre; tuve que limpiar tu uniforme frente a la mirada de sorpresa de todo el tren.

¿Puedes creer eso?

Traté de hablar, pero mi voz parecía más un susurro, un balbuceo dedicado a una persona amada.

En sus ojos miraba mi reflejo: tenía unas ojeras marcadas que parecían cobrar mi alma en cualquier momento.

Mis ojos tenían un brillo irregular; noté algo alrededor de ellos: por unos segundos, fueron como los de Marine al procesar información en un instante.

El sol golpeó sus ojos revelando el verdadero color naranja de los mismos.

No importa que sea un híbrido; ella es más humana que muchos dentro de este tren.

Cerré los ojos por vergüenza, no podía dejar de verla.

Sentí cómo en mi pecho la marca palpitaba, como aquella vez cuando nos conocimos.

Mi cuerpo reaccionó de forma automática y me cubrí la cara; espero que ella entienda cómo me siento al estar cerca suyo.

Soy capaz de matar a un hombre adulto, pero un cavernícola en términos de sentimientos.

—Vaxen, no te escondas, pareces un niño chiquito.

—De nuevo con sus cosas.

Demasiado afecto por hoy.

Qué ganas de que un ladrillo me caiga en la cabeza, o que la tierra se abra y me lleve al interior de Ouro, o que Isht-tar deje que los gases se coman mis pulmones.

—Deja de mirarme de esa forma, Marine.

No puedo evitar desear que algo pase con tal de salir de aquí; no sé cómo reaccionar cuando te tengo tan cerca.

—¿Por qué dices eso?

¿Acaso soy tan importante para ti?

—Solo tengo pensamientos pesimistas sobre cómo escapar sin tener que dar una explicación básica de por qué me pones en este tipo de situaciones…

Pero, siendo honesto, no me molestaría darte explicaciones toda mi vida.

—Deja de ser tan dramático, Vaxen.

Me las tendrás que dar después de muertos.

O tal vez tú a mí, o yo a ti…

porque quien muera primero comerá el cuerpo del otro.

Antes de que ella siguiera hablando, la miré.

Mis ojos estaban atentos a los suyos antes de que susurrara: —Estaremos vivos dentro del cuerpo del otro, Marine.

Esa será nuestra forma de estar unidos para siempre, sin que el Imperio logre tocar nuestros cuerpos.

Miré a Berenice; estaba en una esquina, aún con restos de sangre.

Creo que Marine y Berenice son las dos cosas que más amo en esta vida; aunque una huela a amor y dulces, y la otra tenga un olor a muerte y pólvora que me llega a la nariz cada vez que la disparo.

Ambas son hermosas a su manera, y ambas evitan que me pegue un tiro.

Dejé caer todo el peso de mi cabeza sobre los muslos de Marine mientras mis ojos se cerraban.

—¿No que querías escapar?

Te veo poniéndote muy cómodo, Vaxen.

Una ligera sonrisa se enmarcó en mi memoria mientras ella jugaba con mis cabellos.

Si pudiera pedir nacer en otra vida, desearía que fuera cerca de Marine.

—Eres aquella que cura mis huesos cuando tienen frío; quien me da un motivo para abrir los ojos cada mañana, aunque tenga frío o hambre…

Me haces sentir que tal vez…

sí tengo un futuro lejos de la vida militar.

Me levanté.

La paz siempre es momentánea y escasa; hay que aprender a tomarla en serio.

Mi cuerpo debe tener en cuenta que nuestros días de calma no son permanentes.

Gire todo mi cuerpo para mirar a Marine; ella apenas se estaba levantando.

Tomé aire antes de acercarme y tomar su cabeza.

Algún día de estos voy a morir; no sé cuándo, ni mucho menos de qué manera.

Si todo el tiempo que viva solo estoy sobreviviendo, no estoy viviendo.

Si el día de mañana muriera, me preguntaría si mis acciones valieron la pena, si no dejé cabos sueltos.

Bajé mi cabeza lo más delicado que pude y dejé mis labios sobre su frente, dándole un pequeño beso.

Quiero darle un reino donde la guerra no sea el pan de cada día; una nación en paz para que ella gobierne de forma benevolente.

El tren frenó en seco.

La gente empezaba a bajar.

Frente a nosotros estaba la Capital del Imperio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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