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Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 33

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33: Nacidos de las cenizas 33: Nacidos de las cenizas Dos días pasaron y tuve que idear una forma de que nos mantuviéramos armados; creo que es lo más fácil.

Pero será difícil convencer a esta gente de que no debemos tomar nada de lo que pongan sobre la mesa.

Es un problema llevar a la Novena al palacio real; es algo que no tenía en mente y mucho menos previsto, pero tengo que ser un gran general en todas las áreas posibles.

Miré a mis soldados preparándose para el festín.

Se probaban los uniformes y sus ojos brillaban al sentir la tela; era un momento en el que todos tenían una sonrisa.

Estos hombres, capaces de matar, no dejaban de ser niños.

Esta unidad es mi familia; sin ellos, no tengo nada que hacer.

Llevo poco tiempo aquí y ya me siento parte de toda la división.

No tenemos veteranos, todos murieron, pero esta gente es muy unida, al punto de ser casi una familia.

Cuando estás cerca de morir, solo puedes esperar que el hombre a tu lado no te deje atrás.

Miré a Marine; no le había dirigido la palabra en un buen tiempo.

Aún seguía enojado con ella, aunque sé que es lo único que me mantiene cuerdo.

Es muy difícil pensar cuando tienes tantas cosas en mente; no sé cuáles sean los planes de la nobleza o la familia real, pero no me fío nada de ellos.

No deben tener idea de cuáles son las carecías del frente.

Pero ¿cuál debe ser mi siguiente movimiento?

Estoy en uno de los peores escenarios posibles: la unidad no cuenta con veteranos, no tengo equipo y la mayoría de los rifles están mal abastecidos.

Aun así, tenemos una capacidad ofensiva demostrada en las fortificaciones del Paso de los Caídos; con solo cinco hombres tomamos una fortificación entera y evacuamos a los civiles.

Ahí entendí que esta gente está unida por el miedo.

No estoy solo en esto, tengo a esta gente.

O eso quiero pensar para poder aguantar.

Suelo estar en otros lados, pensand0o en cosas para ignorar cómo me siento.

Tal vez el día de mañana tenga la oportunidad de seguir en otro lugar.

O eso quiero soñar, porque estar en este mundo solo me garantiza que no voy a poder tener una vida normal.

—Vaxen, ¿entonces cuál es el siguiente paso?

—dijo uno de los reclutas de enlace.

Tenía el uniforme totalmente puesto y sus ojos mostraban un brillo irregular dentro de la tropa.

—Tengo que admitir que no tengo ni idea.

No tengo idea de qué debemos hacer.

Esperar, creo que es la única orden que les puedo dar.

Él me miró con una confusión marcada en su rostro mientras su cuerpo giraba y sus ojos se quedaban sobre el resto de la división.

Tardó unos momentos antes de volver a sentarse en una de las esquinas.

Esta es mi nueva familia: niños que no entienden cuál debe ser la siguiente opción o desde dónde vendrá el próximo ataque.

Tengo miedo de que un día todos ellos terminen muertos, pero de eso me voy a ocupar yo; quiero ver cómo la mayoría vuelve a casa.

Es solo un sueño, porque después de la vida militar no se encuentra de nuevo al civil que dejaron entre el barro y el miedo.

Es el pago por seguir con vida: llevar la guerra en la piel hasta los últimos días.

Es una muerte de la mente, no del cuerpo.

Todos terminan igual; rara vez encuentran algo por lo que seguir en casa.

Pero al menos así no tengo a tanta gente muerta sobre mis hombros; una forma muy egoísta de pensar para no cargar con una culpa mayor.

Estos soldados son los nacidos de las cenizas de los veteranos.

No tenemos entrenamiento, mucho menos el mejor equipo, pero esta gente se niega a morir sin antes dar guerra hasta su último suspiro.

Y estoy dispuesto a darlo junto a ellos.

La noche pronto caería sobre la ciudad; miré fuera y había un río cercano donde nos podríamos bañar todos…

dudo que esta gente tenga pudor.

Claro, Marine es una mujer, así que le daré dinero para que alquile un hotel y se bañe en un lugar donde ella se sienta más segura; después de todo, ella aún tiene que comportarse.

—Bueno, tenemos que estar en el palacio dentro de poco tiempo…

¿Alguno de ustedes aún tiene pudor?

—No hubo una gran respuesta más que una risa leve en la mayoría de ellos; sus ojos estaban tranquilos.

Dejaron sus uniformes de servicio sobre el suelo mientras metían sus pies al agua.

Era una fila de hombres semidesnudos probando cómo era el agua del río; incluso algunos la olían para saber de dónde vendría.

Esta gente reía mientras se tiraba agua a la cara y jugaba.

La disciplina se fue junto a la corriente mientras ellos empezaron a tirarse al agua para bañarse.

Aprovecharon para lavar sus uniformes; algunos nadaban en el río, otros utilizaban el jabón de la ropa para sí mismos; tenían sus ojos irritados por el jabón.

Miré a Marine…

ella estaba a una distancia prudente de todos nosotros.

Se veía algo inquieta, jugando con sus manos de un lado al otro mientras tapaba su vista con su brazo.

Tomé unos cuantos marcos: dos billetes de diez cada uno.

El águila bicéfala estaba en el borde de los billetes de un color verde pastel.

Incluso si estoy enojado con ella por quererme dormir, debo respetar que ella aún quiera conservar su dignidad.

Me quité la pistola del comandante; le daría estas cosas en caso de que fuera necesario.

Le toqué el hombro a Marine y extendí ambos objetos hacia ella.

—Toma, ve a un lugar donde te puedas bañar.

—Pero ¿cómo sabré dónde van a estar?

—un murmullo salió de ella; su mirada fue al piso.

Su estado mental ha quedado en un punto malo.

Ella no entiende por qué me molesté con ella cuando me obligó a dormir.

—Vaxen, ¿puedes acompañarme?

¿Por favor?

—Sus manos se entrelazaron, apretando el aire entre ellas.

En su rostro se hizo una mueca de tristeza mientras sus facciones se desfiguraban en una cara de perro regañado.

—Tiene siete balas, son balas de once cisuras.

Si alguien trata de atacarte o te amenaza, no dudes en disparar —señalé a uno de los hoteles que se veían a simple vista—.

Yo iré por ti cuando terminemos de vestirnos.

Ella tomó el arma y el dinero.

Escondió el arma entre su uniforme, dejándola en su cintura; sus ojos viajaron antes de posar su cabeza sobre su hombro.

Su cuerpo se tensó al instante conforme su silueta se perdía entre la ciudad.

Los miré limpiando su uniforme; todos estaban alegres jugando con el agua.

Tenían sus armas apiladas una sobre otra, enredadas en una de las bolsas del jabón para que la tierra y el agua no entraran a sus mecanismos.

—¡Sargento, ¿no se va a meter al agua?!

—uno de ellos gritó mientras me lanzaba algo de agua al uniforme.

La tela absorbió las gotas, ennegreciendo mi ropa.

Negué con la cabeza mientras me empezaba a quitar el uniforme.

—Bueno, ahí voy.

Dejé mi ropa sobre una de las laderas.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo al notar cómo las miradas se centraron en mi pecho.

—Vaxen, ¿qué es esa marca?

¿Desde cuándo la tienes?

—la pregunta surgió de la multitud.

Tenían sus miradas clavadas en la mancha de color carmesí.

Esa marca era la de la Diosa de la Muerte, así que era normal que me miraran de esa forma.

—Pensaba que eras seguidor de Ilithana, pero bueno, no importa de qué fe seas; creo que eso es lo de menos —comentó uno de ellos.

El silencio se instaló en el aire.

El ruido del agua al moverse con la corriente, el graznido de los pájaros, el sonido de los motores de los autos y el bullicio de la ciudad a nuestras espaldas…

el aire me impactó como un balde de agua fría.

—Es una marca de nacimiento; aún no entiendo qué es realmente porque jamás me dijeron qué significado tenía.

Me habría ido con Marine; ella tiene la misma marca y no me hace preguntas sobre esto.

—Bueno, supongo que solo tiene un parecido…

—dijo otro, mientras buscaba en su uniforme y sacaba un collar de plata.

El metal brilló bajo los rayos del sol, despidiendo un destello casi azul.

Cubrí la marca con mi mano y tomé agua con ambas palmas para mojarme el cabello.

El agua estaba gélida; aun así, me daba paz.

Me recordaba a mi hogar cuando me bañaba con mis hermanos…

Espera, ¿siquiera tengo hermanos?

Esas palabras resonaron en mi cabeza más de lo que esperaba.

Aunque tuviera recuerdos, no podía asegurar si eran reales; incluso dudaba de mi propia mente.

«Esto es una gran mierda», pensé.

Metí los pies al agua y el frío recorrió mis plantas mientras mi cuerpo se adaptaba.

—Vamos, sargento, ¿no va a entrar con nosotros?

El agua ayuda a quitar toda esa sangre.

Me dejé caer; mi cuerpo provocó un gran estruendo al impactar.

El agua me tragó por completo y el ruido de la ciudad se vio silenciado.

Al levantarme, tomé mi uniforme y empecé a limpiarlo, aprovechando la espuma del jabón para tallar mi cuerpo.

Era un momento en el que dejaba de ser un soldado para tener un poco de tiempo para mí.

El agua me hacía sentir más limpio, menos pesado; era una forma de aliviar mi mente.

Era un instante para estar tranquilo, para bajar un poco la guardia, donde mi cerebro dejaba de detectar amenazas y podía descansar entre tanta miseria.

Aunque fuera solo un breve respiro de todo lo que vivía a diario.

Tomé algo de jabón para lavarme el rostro; por un momento, me sentí digno de llevar ropa civil, de volver a casa y permitirme descansar, aunque fuera solo un sueño lejano.

Quería saber si me arrepentiría de algo.

El día en que muera, quiero hacerlo rodeado de gente que me quiera…

que no me recuerden solo como una bestia de la infantería.

Sé que voy a morir joven; las leyendas en este mundo no se hacen viviendo, se hacen muriendo.

Entendí que este debía ser el bautizo de la Novena.

—Chicos, es hora de que todos los nuevos de la Novena tengan una forma de sentirse únicos…

un bautizo de guerra; algo que todos compartamos al estar aquí.

Desde ahora, somos los Hijos de las Cenizas: Es momento de estar marcados de no dejar atrás nuestra unidad…

que eligen una marca de sangre o algún adorno, nuestra sangre debe de ser la muestra de que nosotros somos más fuertes, porque somos lo único que queda después del bombardeo.

Tomé la bayoneta de Berenice antes de empezar a dibujar dos círculos, uno dentro del otro, y luego una pica a cada lado, haciendo un total de cuatro.

—¿En dónde está el norte?

—pregunté.

Aquí tienes la corrección.

He pulido la ortografía y la puntuación para que el texto sea más fluido y profesional, manteniendo intactos tu estilo, el formato original y el alma de la historia: Aquí tienes la corrección.

He pulido la ortografía y la puntuación para que el texto sea más fluido y profesional, manteniendo intactos tu estilo, el formato original y el alma de la historia: Tomé la bayoneta de Berenice antes de empezar a dibujar dos círculos, uno dentro del otro, y después una pica de cada lado, haciendo un total de cuatro.

— ¿En dónde está el norte?

— Uno de mis hermanos señaló a una de las tantas montañas donde el sol ya se empezaba a ocultar.

Miré el lugar antes de girarme para hundir la bayoneta sobre el dorso de mi mano.

El dolor recorrió mi cuerpo; apuñalarme a mí mismo siempre va a ser doloroso, sin importar cuántas veces lo haga.

Marqué una pequeña «N» sobre mi mano y la sangre empezó a brotar de la herida.

Cada uno de ellos siguió mi ejemplo, marcándose su mano diestra; algunos no tenían gran control de su zurda y se empezaron a ayudar unos a otros.

La unidad entera se unió para poder tener la marca.

Cuando menos lo noté, todos sangrábamos de nuestra mano diestra.

Era una vista tranquila; algunos reían mientras se rayaban las manos.

Era un punto donde todos nos sentíamos unidos.

Tomé algo de aire antes de salir del agua y tomé mi uniforme para ver si ya estaba seco; creo que fue una mala idea lavarlos.

Tomé mi uniforme de gala; mis ojos se abrieron al notar cómo la seda se manchaba de sangre.

Me coloqué los guantes blancos primero; la sangre los cubrió todos mientras me empezaba a colocar el uniforme.

Un color azul marino profundo, mientras la gorra era una blanca con el águila imperial en la parte ornamentaria.

Mis hombres empezaron a salir y a vestirse de la misma forma.

Ellos empezaron a portar sus uniformes; tomé a Berenice, usando mi uniforme para limpiar mi arma.

Berenice empezó a brillar, dejando ver los toques decorativos en ella de oro y plata.

Sujeté el collar de Ilithana.

Bajé la voz para dedicarle una pequeña oración: — Usted, quien camina descalza entre el oro y la tierra; tú, quien sanas a los enfermos y nos llenas de alimentos: quiero agradecerte por dejarme ver este mundo un día más.

Señora de la Vida, no me dejes atrás y lléveme de camino a una larga vida…

junto a todos mis hermanos — Solté el colgante antes de dejar la bayoneta.

Todos estaban listos para partir; al igual que yo, limpiaban sus armas.

Era momento de irnos, de ir y demostrar que la guerra la llevamos en la piel.

Es momento de ir por Marine.

Fue un momento donde, con solo dar un paso al frente, los demás se formaron detrás mío, caminando entre la ciudad no como una unidad organizada, sino como una gran familia; riendo, jugando, no en una fila perfecta ni en una línea recta, sino en una de zigzag.

Las miradas de muchos de los oficiales se quedaron fijas sobre nosotros; incluso la gente nos miraba.

era una línea que no era común de ver sin orden fijo sin ninguna disciplina.

Algo que los soldados de la capital jamás harían, nuestros uniformes eran iguales, mirando el hotel decidí entrar.

—Hermanos voy a entrar por Marine mantengan posición aquí—entre al hotel en la recepción Marine estaba con su uniforme, tenía el cabello en un moño bajo apretado de forma firme; ni un solo mechón se salía de ese peinado; era una forma en la que su cabello se lograra mirar de una forma organizada: Parecía ser una forma que hacía alusión a la diosa de la muerte Zethiris.

Ella se levantó para acompañarme ella fue mirada por las encargadas del hotel su uniforme estaba un poco grande, como cuando apenas la conocí…

a hora era hora de ir donde el rey y demostrar que no solo somos una masa de pueblerinos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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