Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 39
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39: Entrenado para matar 39: Entrenado para matar Sentí un ligero toque de una punta sobre mi hombro.
Fue un toque ligero, pero sentí cómo mi piel se abrió; mi cuerpo reaccionó de forma violenta tomando el arma que me apuntaba de forma directa.
Sentí cómo de mi nariz algo goteaba, humedeciendo la tela de la máscara antigás; tenía la alabarda semiclavada en mis guantes.
Mi filtro se forzaba tomando algo de aire; mis respiraciones estaban desgastadas por uno de los tantos problemas que había obtenido por el uso de mi máscara antigás.
Estaba rodeado de todo un pelotón de guardias reales.
Detrás de ellos estaba Lyna, con una mirada de curiosidad.
—¿Qué quieren?
¿Cuál es el motivo de que todos ustedes estén aquí?
—Mi voz salió ahogada.
Creo que ayer me puse la máscara sin pensar; solo recuerdo que abracé a mi arma.
«¿Su arma está cargada?».
Mi traductor pasó eso al instante.
El soldado frente a mí tenía un rastro de miedo; la punta de la alabarda temblaba de forma sutil.
En sus ojos había una mezcla de muchas emociones.
De mi nariz salía sangre; sabía que todo eso pasaba.
Mi vista se volvió gris, como si estuviera dentro de un periódico.
De forma sutil quité el seguro que estaba debajo del gatillo; me aseguré de que el arma estuviera lista en caso de una hostilidad mayor.
Aquel soldado tenía una mala postura; estoy seguro de que puedo derribarlo de un solo golpe.
El problema era el resto.
«Estoy seguro de que puedo matarlos a todos».
Sigo con esas ideas raras que vienen de la nada; esto es algo que me genera un gran conflicto, no sé estar en paz.
En los ojos de ese soldado me miré a mí mismo como una bestia herida.
No entiendo por qué mi nariz sangra, mucho menos el ¿por qué?
de estar rodeado por un pelotón de guardia real.
En esos ojos veo una criatura enmarañada sobre su arma, como si fuera su presa.
El color marrón me deja ver el miedo que tiene de siquiera acercarse a mí, como si temiera por su vida.
—ATRÁS —logré articular esa palabra.
Al salir de mí sonaba como una voz ahogada por el filtro.
Antes de cualquier cosa sentí como si algo me abrazara por la espalda.
Era alguien frío, alguien que me tomaba desde el cuello…
pero como si detrás de mí hubiera una pared.
«Estoy segura de que puedes romperle el cuello en lo que él baja el arma».
Ese abrazo traspasó mi uniforme, erizando mi piel.
El frío de ese cuerpo me daba una extraña tranquilidad.
En medio de ese infierno mi cuerpo se tensó de una forma tosca, haciendo que mis músculos se pegaran a mis huesos en todo mi cuerpo.
Fue algo fugaz, algo que me dejó sin oportunidad de respirar.
Los bordes de mi vista empezaron a quemarse por un blanco que no me dejaba ver.
Ese brillo blanco acabó con todo a su paso antes de que siquiera pudiera reaccionar; era diferente a una visión de túnel, esta no me quería dejar despertar.
Esa voz pegó contra mi nuca; sabía que esa voz era tan similar a la de Marine.
Hace tanto tiempo que había dejado de escucharla.
«No es mi presa».
Tomé todo el impulso que pude mientras la interfaz mostraba puntos a los cuales atacar; mis ojos se fijaron en los pies de ese soldado.
Con rapidez golpeé la base de sus pies para que este cayera, antes de dar un golpe en su cabeza esperando desmayarlo del impacto.
La alabarda a larga distancia era útil; a corta no servía para nada.
Con la culata de mi arma impacté a otro de los tantos guardias; no quería matarlos.
Sentí cómo el arma vibró sobre mis brazos.
El impacto hizo que mi mente dudara, que mi cuerpo esperara y que todo mi mundo diera una vuelta.
El primer guardia apenas había caído cuando yo ya estaba de frente al segundo.
Mi cuerpo entero reaccionó de forma instintiva, dando el segundo golpe sobre su barbilla con el codo.
Cuando sentí cómo el aire se partía en dos y algo pesado pasaba a mi lado, mis ojos estaban en un blanco con solo puntos de color azul y rojo.
Tomé del mango a esa arma para usarla como impulso y golpear la base de su pecho con toda mi fuerza.
Escuché cómo algo se dejaba caer en el suelo.
Utilicé la culata de mi arma para volver a golpear sobre el rostro de esas personas.
Con todo el aire que podía respirar tomé más impulso, encorvándome y lanzándome contra el cuarto y último.
Sentí cómo mi vista se volvió nítida de pronto, dejándome ver que ese cuarto punto era Lyna, que ya tenía sus manos cubriendo su rostro.
Con toda la fuerza que pude clavé mis botas sobre el suelo de madera fina.
Resbalé de forma accidental; mi cuerpo se fue al suelo mientras perdía el equilibrio.
Caí de una forma violenta; el golpe sacó el poco oxígeno que me quedaba en los pulmones.
El frío recorrió mi espalda mientras mi cuerpo quedó boca arriba y mi arma salió por completo de los pasillos.
La voz detrás de mi cabeza empezó a alejarse mientras mi cuerpo empezaba a temblar por el sobreesfuerzo.
Los lentes de la máscara antigás se llenaron de mi sangre y pude respirar de forma frenética.
Sentí cómo de mi boca un ligero sabor a hierro se formaba; era un sabor dulce.
Sentí cómo alguien metía sus manos detrás de mi cabeza.
Eran unos dedos muy delgados, frágiles y suaves; aunque eran fríos, sus dedos se movieron detrás tratando de quitar las ataduras de mi máscara antigás.
Sus dedos eran bastante torpes al tratar de quitarme la máscara antigás; me recuerda a cuando yo aún no sabía hacerlo.
Mis ojos estaban centrados en esa mancha carmesí que sujetaba mi rostro.
Traté de levantar mis manos para evitar que mi máscara se desprendiera de mi rostro.
—Te vas a ahogar con tu sangre, déjame quitarla para que puedas respirar de buena forma.
Estás cubierto de sangre, no puedo dejar que mueras de una manera tan estúpida.
Déjame quitártela.
—Su tono era un conjunto de cosas: su tono quisquilloso y algo de desdén; al menos ya podía escuchar su voz, era una mezcla tan típica en ella.
Levanté mis manos; las sentí tan pesadas como si fueran plomo.
—No…
—mi voz salió tosca.
El siseo de los filtros era un conjunto de partes rotas metálicas.
Ella de inmediato trató de soltarse mientras su rostro se ennegrecía.
—No seas idiota, puedes morir.
Déjame quitártela.
—Con un sobreesfuerzo empezó a quitarla a la fuerza, arrancándola como si fuera mi propio rostro.
Los rayos de sol cruzaron a mi piel; mi piel se erizó al sentir cómo el sol me daba calor.
Era algo que me hacía entender que estaba tomando un poco de la paz que tanto anhelaba.
Mis ojos se quedaron mirando a la nada cuando la sangre de mis vísceras se retiró.
Sentí cómo el olor empezó a cambiar de forma brusca.
La habitación cambió drásticamente; el perfume de Lyna llegó a mi nariz.
Ambas cosas se juntaron en mi mente.
Tomé algo de mi sangre que ya se estaba acumulando dentro de mi garganta; era algo extraño de sentir, como si la sangre fuera residual.
Cuando empecé a expulsarla sentí cómo todo se mezclaba; la sangre salió de un color verde, algo que no había visto.
Dejé que mi mano tomara todos los fluidos que salían de mi cuerpo: una mezcla de sangre y coágulos que no sabía de dónde vendrían.
Era algo que me impresiona: ese color carmesí de mi sangre sobre el suelo.
Lyna me miró con una mezcla de expresiones; su rostro decía mil y una cosas.
Me levanté tomando con la yema de mis dedos el suelo.
El frío recorrió mi cuerpo.
Era algo estúpido, pero tenía un miedo irracional por mi salud.
«¿Por qué me pasa esto?».
Miré la sangre de ese color carmesí mezclado con ligeras partes de un color verdoso naranja; un color que hizo que un escalofrío recorriera toda mi espalda.
—¿Vaxen, estás enfermo?
—Su voz salió como una bala; su pregunta corta mi garganta.
Con el dorso de mi mano limpié la sangre que había soltado desde mi boca.
No pude evitar temblar un poco; fue ligero y sutil.
La mirada de Lyna fue curiosa, como si me examinara.
Mis ojos al instante se presurizaron.
Mis ojos se volvieron de un blanco pálido; era un brillo único, leve pero firme.
Esa era la primera vez que miraba cómo se veían en mí.
Sobre los ojos de Lyna los míos se vieron reflejados.
Era algo que nunca había visto antes: desde sus ojos morados una mirada de sorpresa fugaz que rápidamente fue envuelta por el ánimo.
Ella tomó mi rostro con sus dos manos mientras me movía de un lado al otro; en su cara había una gran sonrisa.
Sentí cómo sus manos me zarandeaban de un lado al otro.
Era algo extraño, pero yo realmente no sabía cómo reaccionar a este toque.
En cualquier momento no dudaría dos veces en atacar de la forma más violenta posible; las pupilas de Lyna se quedaron fijas en mí mientras los guardias se volvían a poner en pie.
—Es…
algo fantástico, Vaxen.
—Sus manos ya no eran frías, sino que emanaba un calor inmenso sobre mis mejillas.
Bajo su toque sentí cómo mi cuerpo se relajaba un poco ante sus manos.
Ella tomó un trapo antes de remojarlo con un vaso de agua cercano; sentí cómo el agua se deslizaba desde mis mejillas.
Con una suavidad maternal, como una niña al limpiar sus muñecas, eso era lo que venía a mi mente cada que, de forma suave, limpiaba mi rostro.
Bajo sus manos mi cara fue limpiada de poco en poco.
En sus ojos miré un reflejo de ese lugar donde siempre quise estar, mi hogar.
Mi rostro se deformó mientras la imagen de un niño de ojos grises se volvió nítida; era algo extraño porque mi mente no me dejaba ver quién era el hombre detrás de mí, aunque portaba mi mismo uniforme.
Los ojos de Lyna se agrandaron.
Por alguna razón, cuando ella terminó de usar el trapo, el agua seguía surgiendo desde mis ojos; era una sensación extraña porque mi vista se volvió borrosa y la nariz se me congestionó de una forma horrible.
¿Cómo no hacerlo, si aquella mujer que me cuidaba tenía el cabello de color castaño y unos ojos verdes?
Es cierto, ella es mi madre; hace tanto tiempo que su rostro había desaparecido de mi memoria.
Por primera vez en mucho tiempo mi arma no era un órgano más de mi cuerpo.
En ese momento pude recordar esa vez cuando por accidente había caído de un árbol y mi madre me ayudó a limpiarme los pequeños rasguños que me había hecho.
Cuando empecé a volver a mi realidad cerré mis ojos con fuerza; no quería alejarme del abrazo de mi madre, no quería alejarme de ella.
Traté de aferrarme a ese recuerdo tanto como pude; no quería perder algo que era tan valioso.
Tomé aire tanto como mis pulmones aguantaron, incluso tanto como mi mente quería.
Para cuando empecé a volver a abrirlos, sentí cómo cada parte de mí había dejado de ser real; aquellos ojos verdes se habían esfumado.
En su lugar había un rostro donde su cabello era rubio y sus ojos eran morados.
Ella me miraba con una tranquilidad armoniosa mientras con la manga de sus vestiduras me limpiaba las lágrimas.
Mis ojos se quedaron fijos en los de ella con una naturalidad increíble, tanto así que mi cuerpo empezó a sentir un ligero calentamiento debajo de mis párpados.
—Siempre pensé que dentro de ti no quedaba nada, incluso mi madre me dijo eso: «Eres una persona muy inocente si piensas que dentro de ese soldado encontrarás restos de humanidad».
Pero sabía que yo tenía razón…
después de todo tú no disfrutas la guerra, eres solo un niño que se tuvo que poner el saco.
—No creo poder entender.
—Mi voz salió entrecortada.
No había esa sequedad regular que siempre me acompañaba, ni esa frialdad después de horas de combate.
Mi cuerpo no supo cómo responder ante el afecto de otro ser humano que no fuera Marine, aunque ella tampoco era humana del todo.
Es curioso que solo sienta esa paz al recordar mi hogar.
Una paz que ni la magia de Marine me logró dar.
Mis ojos se cerraron mientras dejé que mi cuerpo fuera hacia adelante, esperando que Lyna me abrazara, algo que se me cumplió al sentir cómo sus dos brazos me rodearon en un abrazo que acariciaba mi alma, como si todo lo demás no importara.
Cuando abrí los ojos miré por qué Lyna siempre cubría su frente: una quemadura en forma de hilera de humo, la cual nacía desde su ojo izquierdo hasta la raíz de su cabello.
Pero incluso estos momentos de paz deben tener un final; de esta forma puedo apreciarlos de mejor manera la siguiente vez que esto me suceda.
Me levanté del suelo tomando a Lyna desde su cintura para levantarla junto a mí.
Ella soltó un ligero gemido cuando su cuerpo perdió el suelo.
Cuando hice eso la dejé ahí; tomé la máscara antigás para dejarla sobre una de las mesas…
Me siento como un idiota al dejarme ver llorar; esos lujos son algo que no me puedo permitir aún.
Me siento tan solo cuando pienso eso, porque en el fondo sé que es mi actitud la que me causa esta sensación, pero si no tengo a nadie a quien amar o sentir algo, no sufriré cuando ellos mueran.
Eso es todo lo que puedo decir, porque estoy a punto de poder equilibrar mi vida como Costa Marco y Vaxen.
Estoy a un solo paso.
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