Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 44
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Capítulo 44: Informe
Tomé la pluma y las hojas; era momento de dar mi informe sobre cómo había salido cada una de las fases. Esto era lo más cansado de mi cargo: tengo que decir cada una de las cosas que hago dentro de una división. Tengo que hacer por lo menos tres cartillas, y eso es lo que realmente me molesta, tener que dar pelos y señales de cómo se gastó cada bala, cada punto y cada pequeño avance.
El sol me golpeaba junto al papel; me da algo de miedo ver cómo incluso un cambio de sol crea una paleta de colores algo más gris. Ayer terminamos la primera fase: aguantamos dos semanas para que nuestro cuerpo se acostumbrara a trabajar con un poco menos de oxígeno.
La segunda fase empieza hoy. Vamos a volvernos constructores de trincheras y fortalezas inexpugnables, o al menos eso es sobre el papel. Los «ángeles de la muerte» empezaron a seguirnos a todos lados; se adaptaron muy bien a los entrenamientos y, aunque no hacen lo mismo que nosotros, me sorprende que no dudan en ayudarnos. Tienen muy bien ganado ese nombre de «Guardianas de blanco»; como marine, entiendo el miedo de la infantería a ser heridos.
Levanto mis manos para mirar mis palmas cubiertas de antiguos cortes; eran rasposas por tanto tiempo en combate. Sigo sin entender cómo funciona esa extraña magia. Mis ojos se posaron sobre uno de los tantos árboles; las hojas bailaban, el aire las empujaba de forma suave y rítmica, algo en lo que, si me quedaba mirando, me perdería en la nada.
Estaba cansado. Sentía cómo mis dedos se tensaban de sobremanera por tanto escribir; llevaba lo suficiente como para terminar dos hojas. «¿Quién será la pobre alma que tenga que leer mis cuentos?». No pude evitar reír para mí mismo. Era algo tonto, pero estoy seguro de que alguien debe de crear un informe para que otra persona lo lea, ¿pero ya qué? Al fin y al cabo, esa es la burocracia. Estoy bastante jodido: los sargentos le escriben a los Maestros de Armamento, ellos a los tenientes de vanguardia, los capitanes de logística pesada los leen y todos esos papeles terminan bajo su escritorio. Y eso me sigue dando mucho más trabajo día y noche; llevo dos días enteros en esta oficina de mierda. A mí me gusta dar guerra, mover el cuerpo y, sobre todo, comer cosas dulces.
¿Qué cosa estará haciendo Marine? Creo que eso es una gran pregunta, pero ni siquiera he tenido una carta de ella. Pero sí tres de Lyna, aunque la mayoría de sus cartas es un: «Querido Vaxen, quiero saber cómo te encuentras. En el palacio me siento ¿extraña?, ya que no tengo nada que hacer desde que te dejé de enseñar cómo escribir y leer… Espero que vuelvas muy pronto». Supongo que las cartas son algo común en la nobleza. Aparte de eso, es un detalle lindo ver cómo las cartas motivan a la tropa; aunque muchos no saben leer ni escribir, los que sí saben suelen leerlas por ellos… Mi familia no me mandó una nunca. ¿Qué será de ellos?
Volví a mí mismo. Había terminado ese informe; tomé una hoja para empezar a crear un pequeño «sobre» donde lancé el informe. Recogí otra que ya había preparado desde antes: esta sería para Lyna. Saqué una bala de la comandante antes de dibujar el nombre de Lyna sobre la misma; de un tirón saqué la ojiva para asegurarme de que esta no «explotara».
¿Cómo se lo tomará ella? Cada vez que le envío una carta es desde alguna de mis dos armas; en total llevo cuatro balas perdidas en ese pequeño detalle. Apuesto a que dirá: «¿Y este loco qué piensa al mandarme algo tan salvaje? ¡Guardias, llévenlo al calabozo!». Una ligera sonrisa se marcó entre las comisuras de mi boca; era algo extraño pensar en una mujer y no en un arma de fuego. ¿Las cartas que me envía tendrán su perfume? Me lancé a mi cajón para buscar una de sus cartas; conservaba el sobre y todo. La saqué con cuidado de no dañarla; el olor floral y dulce de su perfume llegó a mi nariz como una descarga de nostalgia, junto a una emoción que yo no entendía. Mis mejillas se tornaron de un color rojo suave.
No me había equivocado: ella había lanzado un poco de su fragancia sobre el papel. Agradezco eso; no es normal percibir un olor tan delicioso. Me tomé mi tiempo; el perfume me traía recuerdos de sus ojos morados, su sonrisa y su voz por igual. Tomé a Berenice antes de guardar esa carta; era momento de que volviera al entrenamiento. Me la colgué a la espalda; estaba cansado de tanto tener que escribir. Además, tengo que seguir haciéndolo, ya que llevo varios puntos anotados y terminé el trabajo.
Me quedé mirando cómo el campamento entero estaba entrenando por sí mismo; algunos realizaban flexiones, otros sentadillas, algunos incluso subían de nuevo la montaña. Miré cómo las enfermeras confiaban en que ellos no sufrían ningún tipo de daño y, en parte, era cierto: ya nos habíamos adaptado a estar en las peores condiciones. Me quedé mirando cómo muchos de ellos construían grandes trincheras, convirtiendo el Paso de los Caídos en una megafortaleza. Me sorprende cómo no tuvimos muchas bajas: solo dos, y fue por accidentes que se podían prevenir. Algún día esta montaña podría servir como una ciudad o, mejor dicho, una gran base militar.
No sé qué hacer. Esta gente trabaja día y noche como si el sueño fuera lo de menos. Pensé que seis meses serían una tortura de llevar, pero la segunda fase se fue volando. La tercera es algo más complicada, ya que todos iremos adentro de las fortalezas donde entrenaremos nuestras mentes para poder luchar sin vista alguna; es una forma en la que ellos le declaran la guerra al miedo y tomarán sus armas para perder el temor a morir.
Estoy seguro de que todos ellos podrán pasar esas pruebas, o al menos la mayoría. Les tengo mucha esperanza a estos chicos; creo que con el suficiente tiempo realmente se volverán una unidad multiusos como tengo pensado. Aunque estoy muy seguro de que nada de esto fue lo que yo pensaba. Claro, la mayoría de ellos sufren demasiado cuando pongo un ejercicio extra, pero se adaptan lo suficiente como para evitarlo.
Dejé que mi cuerpo cayera en una de las bancas del campamento; estaba bastante cansado. Llevo varios días sintiendo un peso muy extraño, casi como si me acechara cuando no estoy haciendo nada. Mis ojos se presurizaron, dejándome ver cientos de señales de muchos de ellos; sabía quién lograría más flexiones con solo verlos, o cuántos estaban heridos y fingían no estarlo. Por ahora quien lleva la delantera es Niro; es una persona bastante fuerte, diría que a la par de Ruhit. Sí, ese tipo debe de estar dentro de nuestro pelotón. Por otro lado, Lien es muy bueno subiendo y bajando montañas por alguna razón. En el resto de la división solo algunos destacan realmente en algo, pero todos se están igualando; creo que eso es una buena señal.
Levanté la vista hacia las montañas. Era un lugar donde los picos eran el pan de cada día. Si alguien tiene la mala suerte de caer, moriría al instante por su forma. Diría que a este lugar lo llaman «El Paso de los Caídos», aunque para mí es un lugar bastante bonito; tiene atardeceres espectaculares, ni la costa con sus atardeceres rosas se le compara, aunque bueno, en ese momento el agua se ve más negra que azul. Quiero terminar este entrenamiento y volver a escribir informes de batalla.
Tomé mi equipo entero, colocándome la máscara antigás. Amarré a Berenice contra mi pecho. Creo que voy a entrenar con ellos; después de todo, son mis hermanos.
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