VERANO DEL 98 - Capítulo 10
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10: LA CASA DE LAS MUÑECAS 10: LA CASA DE LAS MUÑECAS En unos meses había logrado escribir el borrador de una novela, había hecho una pausa de una semana para empezar a pulirla, llevaba un buen tiempo y no había prisa para empezar a afinar detalles, siempre me caractericé por escribir borradores en menos de dos o tres meses y pulir las novelas en un par de semanas, por eso publicaba constantemente y mis contratos eran jugosos.
Estaba recorriendo la casa, habitaciones en las que entraba por primera vez porque la amnesia que tuve no me dejaba recordar con claridad, había recordado gran parte, ahora si estaba viviendo el problema, desde que había llegado al pueblo, esos recuerdos míos y no tan míos se activaron, eso a lo que llaman secuelas.
Hace unos días escuche ruidos provenientes del ático, al principio pensé que eran ratas, pero luego comenzó a sonar una melodía de esas que suenan en las cajitas donde sale una bailarina dando vueltas, no me he animado a ir, pero es como si estuviera llamando mi atención, es como si quisiera que fuera, en la casa soy libre de andar por donde quiera, Abrahela no me vigila, casi no la veo, nada más que para cenar y dormir y los fines de semana organizar fiestas, con demonios de todo tipo, el mayordomo había regresado, es secuas de Abrahela y una especie de guardián, ese si me vigila por que no confía en mí.
Había encargado el periódico de esta mañana, serví una taza de café y disfrutaba en la banca fuera de la casa en el extenso patio con una increíble vista al pueblo, el periódico siempre marcaba la misma fecha del verano de mil novecientos noventa y ocho.
Pero todos los días hablaba de un tema distinto que acontecía en el pueblo y fuera de este, llegaban incluso noticias de la capital del país, hace un mes había leído en el periódico sobre mi desaparición y mi posible muerte, para Abrahela fue gracioso, lo enmarco y lo colgó en la sala de la casa, a mí en lo personal era todo lo contrario, era una burla, me tenía retenido aquí, y no sabía que pasaría conmigo, si intentaba irme, por eso debía idear un plan, mantenía el perfil bajo, seguía el juego a todo y vivía mi vida normal dentro de la casa.
Un extraño fenómeno afecta en la Bahía de Bella Vista Oaxaca, cientos de miles de peces muertos, por toda la costa, será una temporada triste para los pescadores, una importante fuente de ingreso y de vida del lugar, mencionaba el periódico como una de las notas.
—Cerca de donde tengo mi refugio de escritura —pensé.
Seguí leyendo, haciendo tiempo para que Nick, el mayordomo dejara la casa, todas las tardes caminaba para los arboles detrás de la propiedad, al bosque más allá, cerca de los cerros, después desaparecía y no lo volvía a ver al otro día, entre a la casa para cerciorarme de que se había ido, busque entre los cuartos cercanos, la sala y cocina, pateo trasero y no lo encontré, pensando en que ya que fue, camine por uno de los pasillos que te lleva al segundo piso y posterior al ático, el ruido de la melodía seguía, creo que solo yo podía escucharla ya que no miraba que Nick o Abrahela buscaran que era eso, camine hasta la puerta colgante del techo, tome el cordón y jale de el para que bajaran las escaleras, arriba estaba oscuro, poco iluminado por la luz del sol que entra por esas pequeñas ventanas que se veían de fuera, en la construcción del ático y el techo, una torre de ladrillos, grande cilíndrica, terminada de forma cóncava, antigua era parte de la estructura de ese ático.
Mire la oscuridad arriba, respire profundo, vi algo que se asomó con prisa, retrocedí, el corazón se me acelero, no pude distinguir lo que fue, solo vi que algo se asomó, como si trajera puesto una máscara blanca, me arme de valor y caminé suave para no hacer ruido, lo primero en lo que pensé fue que las escaleras rechinarían de lo viejo que es el lugar, al caminar fui tomando los barandales delgados, mis manos se llenaron de polvo y telarañas cuando camine a la mitad, algo diminuto corrió frente a mi pasando por la duela y dejando el ruido de unos pequeños pasos, cerré los ojos y los volví abrir en segundos, subí con prisa lo que me faltaba, jale de nuevo el cordón y subí las escaleras, arriba todo oscuro, solo con unos pequeños destellos de luz provenientes de afuera del sol que entraban débiles con partículas de polvo reflejándose en esos rayos por la ventanas cubiertas por periódico y unos manteles viejos como cortinas.
Aguante la respiración, di unos pequeños pasos para suavizarme, sentía como algo corría a lado mío, cosas pequeñas tocaban mis piernas y se alejaban, risitas burlonas se escuchaban, tome una bocanada de aire y camine, comenzó a sonar de nuevo la melodía de esa cajita acompañada de un juego de luces que proyectaban a la bailarina en el techo de madera, mire el pequeño espectáculo, las luces del lugar comenzaron a prenderse de poco a poco, dejando ver el ático, con polvo, telarañas, cajas, muebles, roperos, camas, ropa colgada y cientos y cientos de peluches, muñecas de todo tipo, de porcelana, plástico, cerámica, trapo.
En la cama una niña cantando mientras cepillando una de las muñecas, el juguete que cargaba en sus manos, volteo a verme y sonrió, di un paso para atrás.
—Descuida, no tengas miedo, no te hará daño, si no se lo ordeno —dijo la niña con voz tierna, y siguió cantando.
—¿Quién eres?
—pregunte.
—Soy Abrahela —respondió la niña.
La observe, no sé porque dijo ese nombre, ¿Quién era?
me preguntaba, muñecas de porcelana caminaban por mis pernas, riendo.
—Solo quieren jugar, no les tengas miedo.
La niña se levantó, dejo a la muñeca que sostenía, camino hasta el tocador y saco un pequeño vestido para vestir a la muñeca.
—Estas, lista —dijo la niña a la muñeca.
La niña volteo a verme y me señalo hacia atrás de mí, volteé y vi una pared inmensa de diez metros o quizás más, con repisas de madera colchones de diferentes tamaños, vi como muñecas, peluches dormían plácidamente, otros se levantaban por el ruido, unos me saludaban, escaleras por secciones para subir y tomar cada quien su cama, las paredes estaban forradas con papel de regalo o decoración, dibujos hechos por la niña y de ellos mismos, la muñeca que había peinado y arropado subió las escalera, la niña le había indicado que lo hiciera, marionetas bajaban y subían, peluches jugaban en la duela cerca de mí.
—Subamos —dijo la pequeña.
Ella subió primero, fui detrás, hasta lo más alto llegamos, las repisas no eran tan anchas y me costaba el estar sentado, la niña por su parte no tenía dificultad alguna para sentarse, saco un juego de té de juguete.
—¿Lo quieres caliente o tibio?
—me preguntó.
—Caliente —dije, siguiéndole el juego.
Pero de la tetera salió un líquido verdoso, me entrego la tacita y ella tomo una.
—Por las buenas amistades —menciono.
Yo repliqué lo mismo, y los dos tomamos, era un té verde, estaba caliente, me había quemado los labios, pero sabía bueno, me ofreció galletas, pero esas, si las rechace, pensé que todo era broma o juego, pero era real.
—Me da gusto que hayas venido, Leonardo, hace mucho que estaba tratando de hacer que vinieras y aceptaras mi invitación, pero estabas aun en ese trance.
—¿Quién eres y como sabes mi nombre?
—pregunté.
—Soy Abrahela, ya te lo había dicho —dijo la niña con serenidad.
La niña hablaba de forma muy tranquila y serena, casi sin articular o expresar algún gesto, o mueca, se le veía sería, sin ánimos.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—insistí.
—Te he visto, te he observado desde que llegaste, no te acuerdas cuando nos vimos en aquella calle oscura, en la carretera.
—¡Eras tú!, casi haces que me muera de un infarto, ¿Por qué lo hiciste?, pero tu cara era diferente a la de una anciana.
—Lo siento, no fue mi intención, pero necesitaba llamar tu atención de alguna forma, debía despertar en ti las secuelas, esta es mi verdadera cara, pero puedo adoptar otras formas, si así lo deseo.
—¿Por qué a mí?
¿Yo que tengo que ver en todo esto?
—preguntó Leonardo.
—Tu perteneces a algo más grande que todo esto, eres el actual campeón en esta historia heredero de las secuelas, es una forma muy sutil de decir que te mataran para obtener el gran poder que corre en ti.
—A que te refieres, ¿qué son las secuelas?
¿por qué yo?
—Las secuelas es un gran poder heredado de una fuerza más poderosa de algo que no te imaginas, muchas personas las tienen, tu vienes de ese linaje, esa herencia, todo aquel que haya nacido en estas tierras lo tiene, algunos las desarrollan, otros no, unos a temprana edad, otros de más grandes, tú las despertaste desde hace mucho tiempo, nunca te has preguntado los sueños raros que has tenido en tu vida, a lo que le llamas visiones, y desde que llegaste al pueblo has tenido más alcance, cuando nos topamos, me metí en tu mente para despertarlas por completo, pero solo tú puedes dominarlas, en eso no te puedo ayudar, si las logras controlar, serás poderoso y puedes librarte de lo que viene.
—¿Qué es lo que viene?, de que me tengo que librar o contra quien debo de pelear.
—Hay muchas cosas en este pueblo que iras conociendo de poco a poco, yo no puedo ayudar, las paredes escuchan, ella puede escuchar todo, aquí es seguro, hay un hechizo mágico poderoso, pero no me voy arriesgar a que entre.
—Si no me dices, como voy a poder librarme de lo que dices.
—Todo tiene un recorrido Leonardo, no puedo decir nada más, lo iras descubriendo por ti mismo, no debemos de cambiar nada del curso, si no será inútil todo, actualmente tú eres el elegido para esto, la historia se centra en ti, no nos decepciones y ayúdanos acabar con la tiranía de Abrahela adulta.
—¿Por qué te refieras a ella de esa forma?
—Todo a su tiempo, Leonardo, todo a su tiempo… ¿quieres más té?
—pregunto la niña.
—No gracias, ¿Qué es todo este lugar?
¿de dónde salió esta pared enorme, afuera no se ve nada esto?
—Es magia, es un mundo creado por mí, lo llamo la casa de las muñecas, aquí estoy segura, y todos mis amigos, están aquí.
—dijo la niña, mientras los muñecos, peluches, títeres y demás juguetes volteaban a ver y saludaban.
Hay de distintos tipos de juguetes, unos más agraciados que otros, unos feos en su totalidad, de ruidos extraños y que hablan, el cuarto estaba acolchonado por todos lados, el ambiente era para el de una niña, la comodidad en las repisas con las camitas, incomoda, en u rincón se movía una masa flotante de hilos negros, densos y gruesos, se movía de un lado para otro, parecía una gran peluca volando.
—¿Qué es eso?
—pregunto Leonardo.
—Es nuestro protector —respondió la niña sin voltear.
Leonardo no dejaba de ver a la masa de hilos negros y gruesos que parecían una peluca gigante, tomo otro sorbo al té, el cual ya estaba más frio, lo bebió hasta acabarlo.
—Ya me aburrí, bajemos a jugar una cosa —dijo la niña.
—De acuerdo, te sigo.
Los dos bajaron las escaleras de madera con cuidado, parecían que en cualquier momento se romperían y que Leonardo caería desde una altura y le provocaría lesiones fuertes, toco la duela y suspiro de felicidad, la niña le indico que se sentara en una de las sillitas junto a la mesa, ahí también estaban un par de osos de peluche y una muñeca pelona sin un ojo, todos jugando a las cartas.
—Ya conociste a la pandilla.
—Supongo, mucho gusto —dijo Leonardo.
A lo lejos al fondo la masa de hilos negros estaba parada, se había transformado en un ser humanoide con las características de un muñeco del mismo material de antes, una máscara blanca como simulando su rostro con puntos rojos como sus ojos.
Caminaba por la habitación encorvado, Leonardo trago saliva, lo que se paseaba era horrible verlo, tenía la sensación de que en cualquier momento lo atacaría.
—No le gusta que lo vean, lo pondrás más nervioso.
Leonardo desvió la vista y regreso hacia la niña.
—¿Cuál es tu propósito en todo esto?
—pregunte.
—El ayudar a viajeros como tú, a que hagan lo correcto.
—¿Ha habido más como yo?
¿Qué les paso?
—Muchos, cientos, miles, todos están muertos, espero de corazón que no termines como ellos, eres diferente, eres especial, lo puedo sentir en ti, tienes un poder en las secuelas muy fuerte, aprovechemos eso a nuestro favor y terminemos de una vez por toda.
—Abrahela que es de ti.
—Ella es yo, solo puedo decirte eso por el momento, pronto habrá respuestas, lo prometo, solo sigue con vida, vas bien, estas entendiendo el juego.
Tomábamos el té con la muñeca tuerta y los dos osos de peluche, alrededor corrían muñecas tétricas, montaban un espectáculo de marionetas, contaban chistes y cantaban, al fondo el guardián de hilos negros, me parecía tétrico el mirarlo, quería no hacerlo, pero era difícil el no verlo, seguía con la sensación de que me atacaría en cualquier momento.
—Dime, Leonardo, cuando recibiste la llamada, sentiste algo extraño.
—¿Cómo sabes de la llamada?
—Es mi deber saber muchas cosas sobre los prospectos con las secuelas que llegan al pueblo, desde hace mucho que te vigilo, desde que eras un niño, pero dime, sentiste algo.
—Sentí una conexión nuevamente con mi pueblo, me transporto a viejos recuerdos, a todo lo bueno que alguna vez había vivido aquí, ¿Cómo es que me conoces desde niño, si tú eres muy joven?
—Yo soy así desde siempre, soy una niña con mucho conocimiento para ayudarte, he visto lo peor de todo en este lugar.
—¿Cómo empezó esto, porque antes no había pasado?
—Despertaron esta maldición hace unos años, después de la muerte de mi padre el Dr.
Ysaak Yamhir, liberaron el mal en el pueblo, ahora es el deber de los hijos de San Juan Caído que hayan despertado las secuelas, el detener y acabar con esto.
—Tu eres poderosa, o por lo menos eso se ve, ¿por qué no lo haces tú?
—No es tan simple como parece, lo he intentado, pero siempre necesitamos la ayuda de un humano, alguien como tú, si no esto seguirá repitiéndose, una y otra vez, es un cuento de nunca acabar.
—¿Estamos atrapados en un bucle?
—Podría decirse —finalizo la niña.
Si estamos atrapados en un bucle, como saldremos.
«¡Es imposible!», me cuestione, la niña parecía tomarse enserio lo que decía, más allá de su rostro inexpresivo y la madures con la que hablaba, no entendía lo de las dos Abrahelas, sentía que estaba retrocediendo ante cierta información y se me hacía más pesado el descubrir la verdad, era muy claro que aquí no encontraría las respuestas a nada, debía dejar el lugar.
—¿Quieres jugar conmigo?
—dijo una de las muñecas de trapo que caminaba hacia a mí.
—No gracias —respondí.
El guardián se acercaba, paseándose más cerca de lo normal, el cuarto rechinaba por todos lados, la pared con las repisas y las camitas era enorme, al fondo la canción de la cajita musical, me levante para recorrer el ático, las paredes forradas con periódico viejo, sucio y amarillento, todo juguete estaba despierto, se encontraban bebiendo té por todo el lugar, en las repisas, en las camas, en el suelo, las ventanas estaban cerradas, solo con ligeros destellos.
—Benson, ven amiguito —dijo la niña a un gran can, un Collie de pelo largo, blanco en su totalidad con una mancha anillar café en el cuello.
Mire lo acontecido, pero no le preste atención, seguí en lo mío, a la niña no le importo que yo estuviera de fisgón, no había nada que ocultar, me preguntaba como ella podía vivir aquí y Abrahela abajo sin percatarse o saber de esta existencia, camine hacia unas escaleras en piedra que daban justo a la torre, el observatorio, era la entrada.
Subí para llegar hasta arriba, estrecho el camino, escaleras en forma de caracol, una ventana con vista panorámica, una pequeña mesa de madera, solo eso, no había más, no tenía chiste alguno, solo el de observar.
—Qué bueno que regresas, quiero presentarte a un amigo mío —dijo la niña.
Me encontraba de nuevo frente a la mesita donde la niña, seguía tomando el té, a lado suyo el perro, y un hombre de baja estatura tocando el violín.
—Siéntate.
Leonardo, él es mi amigo, se llama Benson —me presento a su perro.
Yo solo mire, no me importaba el perro, solo estaba ahí mirándome fijamente, lo veía raro, no se inmutaba, parecía no ser real, un escalofrió acaricio mi cuerpo, un cosquilleo de ansiedad me perturbo, el animal era más grande de lo normal, a lo que yo alguna vez me acuerdo de que esa raza no es así de grande, me inquietaba el hecho de verla, trataba de darle alguna explicación a lo que veía.
—¿Sucede algo?
—pregunto la niña.
—¿Benson, es real?
—regrese la respuesta con una pregunta.
—Benson, abajo —exigió la niña al perro, el cual obedeció y se sentó.
Las expresiones del perro al sentarse fueron mecanizadas, no muy reales, ahí fue donde supe que era uno de sus juguetes, pero en forma de perro.
—Bien, que sigue después de todo esto.
—Ser cautelosos, debes de bajar a las profundidades de la misión, ahí hay todo un mundo, por conocer los secretos de cada rincón, ahí está todo a tus respuestas.
La niña seguía acariciando al perro perturbador de ver, el hombre de baja estatura tocaba el violín, una melodía que me transmitía tristeza, las piernas del hombre las cuales estaban descubiertas eran como de un chimpancé, parecía tener un par de manos, el guardián estaba en un rincón, tranquilo.
El perro, hacia movimientos extraños, solo parecía un contenedor, un ser sin alma, que solo estaba ahí siendo un juguete cualquiera, pero de aspecto grotesco, horroroso, perturbador e inquietante.
—Como haces para darle vida a Benson, en un juguete muy grande —dije.
—Benson no es un juguete, es real —dijo la niña—, Benson levántate.
El perro obedeció dejando ver la altura real del animal, estaba levantado en sus patas traseras, adoptando la forma de un humano, me hizo cuestionarme, era más horrible de lo que parecía, había comprendido todo.
Benson no era ni un juguete, ni un animal, sino una persona disfrazada, trague saliva y la digerí muy despacio, casi atragantándome con ella, él no estar ahí hubiese sido mejor, que esa cosa estuviera cerca daba miedo profundo.
—Lo entiendes ahora, todo es parte de mi colección, todo lo que está aquí es mío, quieres ser parte de mi o vas a continuar, Leonardo.
La mire con miedo, me había horrorizado con lo que había visto, ese tipo de fetiches me resultaban desagradables.
—Yo soy parte de todos y todos son parte de mí —expreso la niña.
Eso yo ya lo había escuchado, en uno de los sueños lucidos que tuve, cuando experimente con las secuelas, esa frase estaba en mi memoria, todos estamos conectados.
—Te quiero presentar a alguien más —dijo la niña.
Las sorpresas que ya no quería conocer.
Detrás de Leonardo salió un hombre, regordete, de piel marrón, con una gabardina negra, sucia, unos lentes de soldador, calvo y un sombrero negro, con un mazo grande, empuñándolo en sus dos manos, con una gran sonrisa, siempre sonriente.
—Hola familia, ¿cómo están?
—dijo el hombre mientras se sentaba junto a ellos.
—Él es Casimiro, un aliado que nos ayudara en lo que necesitemos —menciono la niña a Leonardo—, y él es nuestro nuevo prospecto de las secuelas, el hombre que podrá parar esto.
—Mucho gusto Leonardo, cuando sea el momento de ayudarte lo hare, estaré ahí para ayudarte, me da mucho gusto de conocerte.
—El placer es mío, Casimiro, tengo que fe que lograremos salir de aquí.
—Bueno, eso es todo de nuestra parte, debes de continuar —dijo la niña.
—Debo de irme, seguir con el plan, que no sé qué sea, pero lo descubriré por mi cuenta, más adelante nos volveremos a encontrar, supongo.
—dijo Leonardo.
—Más adelante todo se aclarará, ve con cuidado, ve con precaución, gracias por venir —finalizo la niña.
—Cuídate chico, nos vemos —dijo Casimiro.
El hombre era un buen tipo, amable y chistoso, pero se preguntaba en que ayudaría.
Leonardo se levantó fue escoltado hasta la puerta del ático, bajo despacio vigilando que Nick no lo fuera a encontrar o la misma Abrahela, al tocar el piso del pasillo, el guardián subió la puerta, sellándose.
La experiencia fue rara, conoció a la niña, la que antes le había provocado un gran susto en la carretera, los muñecos vivientes, el hombre disfrazado de perro, y el guardián.
Caminó con seguridad por la casa, estaba solo, el ambiente se sentía infeliz, solo deseaba el encerrarse en el estudio y escribir a lo loco, tenía que empezar a recorrer cada pasillo, cada rincón para encontrar la verdad que lo llevaría a la libertad.
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