VERANO DEL 98 - Capítulo 9
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9: HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE 9: HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE 1 Esa mañana estaba helada, me levante para cerrar la ventana y me percate que Abrahela no estaba, me dolía un poco la cabeza, después de una buena noche, un poco de resaca para no perder la costumbre.
Me cambie y salí del cuarto diciendo el nombre de Abrahela, con la finalidad de que me respondiera con un, aquí estoy, pero parecía estar solo, salí al patio para ver si estaba, la casa sola, entre el gran patio vi a un jardinero, muy lejos como para hablarle, regrese y me fui directo la cocina, hoy el agua había amanecido muy antójale.
2 “Escribir” Leonardo se encontraba recargado en la mesa de la cocina, cuando entro Nick a la habitación y le dijo que la señorita Abrahela no se encontraba, había salido a comprar, pero que Leonardo era libre de ir por la casa a su antojo y que el estudio estaba disponible para que lo usara cuando quisiera.
Nick guio a Leonardo hasta el salón de estudio bajando las escaleras que también iban hacia la cava, pero el estudio se encontraba del otro lado.
Nick abrió la puerta y Leonardo entro.
Un estudio medianamente grande y con muchos libros, un escritorio ancho y grueso de manera cara con acabados finos, papel y archivos por todos lados, pero nada desordenado, era el estudio más grande en el cual podía haber trabajado, tomo unos libros del estante, le llamaron la atención por los forros de piel casi intactos, bien preservados, porque los libros eran demasiado viejos, parecía que la piel la acababan de cambiar, de qué tipo de animal serían, pensó.
Después de haber agarrado lo suficiente se acomodó en el escritorio, tomo unos lápices y hojas, tomo primero los libros y escritos referente a la historia que Abrahela le conto anoche, fascinado por la trama, surgiría una buena historia.
Al abrir los libros me dispuse a leer, había incluso hasta ilustraciones, estuve unas horas leyendo y ojeando, había fotos e ilustraciones del señor John Kamper, y personas de la secta que vivían en el pueblo, dibujos de monstruos o demonios, manuscritos antiguos, ilustraciones de grupos nativos de México, más adelante al dar vuelta las paginas me topé con el dibujo de una criatura alada, de piel negra, ojos rojos, grandes dientes y garras.
“Skuardo”.
Decía en el pie de página.
La verdad, estaba muy intrigado y todo esto me empezaba a sonar que tal vez, si era cierto.
Pero como llevar esto a la vida real sin perder la cordura, aunque leía y podía ver lo que tenía enfrente era imposible como poder interpretarlo.
Tome unos periódicos, muy viejos, recortados, no completos, noticias más relevantes del pueblo de San Juan caído, y toda su historia, así como información oculta por parte del gobierno, fuera lo que fuera, lo tenían muy bien guardado.
Tome un periódico ya amarillento y sucio, el cual decía.
Guanajuato 1866.
Mayo 23.
Diario “La Reforma”.
El empresario alemán John Kamper es investigado por su conexión con una secta, el actual poseedor de tierras negras, un municipio del estado de Guanajuato, también es juzgado por la esclavitud y trata de personas negras provenientes de África.
Abajo del texto la imagen de John Kamper, quien siempre se le veía con mujeres muy hermosas.
Comencé a tomar más periódicos, todos igual de amarillento.
Guanajuato 1868.
Junio 16.
Diario “La Reforma”.
Es abatido el empresario alemán, mejor conocido como el señor oscuro.
En tierras negras, la gente es liberada y sacada del pueblo para evitar que vean escenas tan explicitas.
El gobierno de Guanajuato ya toma medidas para lidiar con el problema.
México 1868.
Junio 21.
Periódico “La voz de México”.
El trágico accidente que involucra a un empresario alemán y una secta con todo un pueblo.
“¿¡Que oculta Guanajuato!?”.
El gobierno, mando a investigar y el municipio fue puesto bajo vigilancia, sin el acceso para entrar.
México 1878.
Enero 14.
Periódico “La voz de México”.
A diez años de que tierras negras fuera puesta en vigilancia, vuelve abrir para ser habitada y cambia su nombre a San Juan Caído.
Un hermoso nuevo lugar para vivir, conócelo… Guanajuato 1878.
Enero 14.
Periódico “El burgués”.
El pueblo de San Juan Caído abre sus puertas para ser habitado, un nuevo estado de Guanajuato, espera el arribo de gente que quiera vivir y comprar tierras, puedes ser tú, uno de los primeros residentes.
Terrenos y casas baratas, es tu mejor oportunidad para poder invertir bien tu dinero y un buen patrimonio.
México 1810.
Agosto 8.
Periódico “El Visionario”.
Llego a México una nueva celebridad, el empresario alemán John Kamper de 22 años, quien se encuentra en el estado de Guanajuato, se dice que está en busca de tierra y fundar una colonia.
“Las excentricidades de los millonarios”.
México 1812.
Diciembre 28.
Periódico “El visionario”.
John Kamper el magnate que se hace de cientos de hectáreas en Guanajuato y dispuesto a fundar su propia colonia, en conjunto con su mano derecha el ingeniero Albert Yamhir empiezan la construcción de una pequeña ciudad privada en las tierras de Kamper.
Después de leer esto, los demás periódicos decían casi de lo mismo, empecé a revisar en las demás cajas, cuando comencé a escuchar unos ruidos, deje de hacer lo que estaba haciendo y salí un momento de la oficina, lo primero que se me vino a la mente fue la llegada de Abrahela.
El ruido se intensifico, como si estuvieran lastimando a alguien o torturándolo, caminé más de prisa, seguí el ruido, subí las escaleras y me dirigí a un cuarto donde se originaban los gritos, al abrir la puerta quedé sorprendido, impactado y aterrorizado.
3 Leonardo pudo ver al mayordomo penetrando a lo que parecía ser una mujer muy obesa y con la piel leprosa y mal aseada, la mujer se encontraba acostada boca abajo, arqueando la espalda, y dándole estimulación con la boca al chico de la recepción del hotel donde antes Leonardo se hospedo, arriba de ellos se encontraba colgado el hombre que había llevado el carro de Leonardo a estacionar, estaba colgado por el cuello con una soga, mientras se retorcía por la asfixia, parecía desesperado por querer bajar pero se estaba muriendo, por alguna loca razón a ellos les daba placer, cuando Leonardo abrió la puerta y vio todo esto por unos segundo, todos lo miraron y la mujer obesa corrió hacia él, apartando a todos de su camino, dejando ver su parte intima que lucía peor que su cuerpo y la piel colgante, mal aseada y leprosa, un líquido negro escurría de la boca de la mujer.
Leonardo retrocedió al verla acercándose, esta se detuvo, molesta y gruñendo cerró la puerta de golpe, Leo cayó al suelo y se arrastró de espaladas hasta topar con pared, se incorporó y corrió lejos, tomando bocanadas de aire en el pastizal, sus tragos de aire peor que los de un asmático, sintió debilidad, perdió el equilibrio y se sentó en la hierba baja.
Que acababa de ver era lo que se preguntaba, que era todo eso, a lo lejos vio un carro negro acercándose, quien se estaciono, el chofer bajo y abrió la puerta de atrás, ayudo a bajar a Abrahela.
—Podrías ayudarme con las cosas en la cajuela por favor —le dijo Abrahela a Leonardo.
No se percató de la apariencia del hombre, se preocupó más por la despensa en la cajuela.
—Sí, pero antes debemos hablar de algo —se repuso sudando frio, e insistió sin llamar mucho la atención.
—Claro, con respecto a la oficina, ¿no te gusto?, si quieres podemos remodelarla —continuo la mujer, ahora importándole menos, mientras revoloteaba en la cajuela.
—No es eso Abrahela, en la casa tu estúpido mayordomo —tomo una bocanada de aire y continuo—, el hombre que llevo anoche mi carro a estacionar —insistió en querer recuperar el aliento—, y el chico ese de la recepción —murmuro entre acomodar sus ideas—.
Están teniendo relaciones con una mujer gorda y espantosa.
—Espera Leonardo —Lo freno, no entendía nada de lo que hablaba el hombre—, ¿es una broma?, ¿Cuál chico de la recepción, y cual mujer gorda?
—frunció el ceño con mensaje de desaprobación.
—En uno de los cuartos… —replico en dos ocasiones—, los vi todos a ellos teniendo relaciones, una orgia, tienes que hacer algo —termino ya más relajado.
Leonardo llevo las manos a la cabeza y dio unos pasos hacia atrás.
—Sabes, yo me largo, ya no aguanto estar más en este pueblo.
—Espera Leonardo, muéstrame que es, juntos podemos solucionarlo.
Leonardo corrió hacia dentro de la casa y Abrahela lo siguió hasta la recamara principal, donde Leonardo se encontraba guardando sus cosas.
—Tranquilo, muéstrame que es y podemos arreglarlo, puedo arreglarlo, lo prometo.
La mujer no estaba dispuesta en ceder, en dejarlo ir.
—No, estoy harto, desde que llegue solo hay apariciones y cosas malas, estoy seguro que si te muestro donde vi eso, ya no habrá nada.
—De igual forma, muéstrame, si te vas, yo me quedare sola y tendré que lidiar con eso y lo sabes.
—No, prefiero evitarme la mala pasada en que te muestro y no hay nada, y después empezar a pensar que estoy loco.
—No lo estas Leo, tal vez es porque este pueblo esta maldito, es con respecto a lo que te dije ayer, espero hayas visto lo de la oficina, por eso te creo.
—Si vi lo de la oficina, y creo en lo que dijiste ayer, desde que llegue comencé a ver muchas cosas y pensé que ya no vería nada al llegar a la finca y estar contigo, pero lo que vi hoy es una de las cosas más infames que he visto y no jugare al exorcista, me largo —termino en tonos fuertes.
—No te vayas Leo, te necesito, que tal si logras resolver esto y contar la historia, serías un héroe.
Esas palabras me sonaron estúpidas, pero por ella estaba calmada, estoy seguro que ella ya había visto algo también, y dentro de mí mismo quería llegar al fondo y resolverlo.
—Está bien, vamos, te llevare a la habitación —Le dije a Abrahela más calmado, me convenció fácil, caminamos al susodicho lugar, donde paso todo aquello que fue confuso y aterrador para mí.
Al llegar, sentí escalofríos que recorrían por todo mi cuerpo, en verdad tenía miedo, ella estaba detrás de mí, la notaba tranquila, pero de igual forma ligeramente se le podía ver asustada y preocupada, porque donde menos quieres que sucedan estas cosas es tu casa.
Tome el picaporte y lo gire solo para abrir con fuerza la puerta y retroceder lo más rápido que pudiera, parpadee en repetidas ocasiones, el mayordomo, la mujer gorda y el chico de la recepción no estaban, pero estaba el hombre que la otra ves llevo mi carro a estacionar, estaba ahí desnudo, colgado, muerto.
Sabía que no vería a nadie antes de abrir la puerta, tenía miedo, pero por los sucesos anteriores y toda escena del crimen parecía desaparecer solo quedando en mi inconsciente, yo sabía que ya no estaría nada, y lo que menos me esperaba era ver al hombre ahí colgado quien minutos antes estaba retorciéndose por querer bajar de esa soga.
Creo que el hombre era el menor de los problemas, al menos para mí, dejo de darme miedo, por alguna extraña razón no me importaba, esa escena no era aterradora, y por alguna otra extraña razón se me vino a la mente que yo estaba participando en esa orgia, y que la mujer gorda no estaba y en su lugar era Abrahela la que estaba siendo penetrada por Josué, solo que la gorda y Abrahela eran la misma persona, yo solo veía desde un rincón de la habitación, desnudo, como si tratara de grabar una escena sexual pero en mi mente, dos funciones, fungía para dos funciones, grabar esa escena sexual y bajar al hombre que estaba siendo ahorcado por esa soga, y que más allá ya no era excitable para nadie, y menos para mí, ese hombre se estaba muriendo, pero yo lo estaba disfrutando, Josué había dejado de penetrar a la mujer gorda, los dos estaban viendo como moría el hombre asfixiado, mientras se iban de la habitación y el chico de la recepción no estaba, en su lugar era la chica de la recepción, la cual también salió, y solo estaba yo, viendo al hombre morir.
¡Abelardo está muriendo!
¿Porque decía ese nombre?, Abelardo estaba muriendo, y era por mi culpa, porque lo estoy dejando morir, lo disfruto y no pienso moverme de aquí, Abelardo hizo algo, fue mejor y por eso fue seleccionado para morir ahorcado, ¡Abelardo!, siguió sonando ese nombre, cada vez más fuerte, pero no era yo, no era mi mente, venía de otro lado, era el pensamiento de la persona que había ahorcado a Abelardo, una voz masculina.
—¡Abelardo!
—nuevamente sonó detrás de mí.
Voltee, era Abrahela la que gritaba, no era yo, solo replique el nombre porque lo escuche de ella, deje de ver el momento, me sentí mareado, que era esa escena, había tenido otra visión, había tenido una estimulación en mi cerebro que al ver el cuerpo me hizo imaginar otra cosa que yo no había vivido.
—Abelardo.
—grito Abrahela de nuevo mientras me tomo con fuerza del brazo.
—Estás viendo lo mismo que yo —pregunte.
Los dos estábamos igual de asustados por lo que estábamos aconteciendo.
—Sí, no lo toques salgamos de la habitación, tenemos que llamar a la policía —dijo Abrahela desesperada y llorando.
Dejamos el cuerpo ahorcado de Abelardo, Abrahela corrió a la sala por el teléfono y yo me dirigí a un baño a vomitar, en el espejo pude ver el rostro de Abelardo con la marca de la soga en el cuello.
—Hermano, porque lo hiciste, todos somos parte de un plan, debía ser yo el siguiente —me dijo Abelardo.
Tire mis lentes, por un lado, talle mis ojos con agua fría, fue ahí cuando retrocedí y salí del baño no podía dejar de escuchar la voz de aquel hombre, estaba mareado y confundido, pero volví a entrar a vomitar, no podía, sentía que me desmayaba, otra vez iba a tener eso a lo que llamaron secuelas.
—Mi ofrenda no fue mejor que la tuya, fue mejor en calidad, fue porque me esforcé, no era de impresionarla, ella sabe que es inteligente.
¿Por qué sentiste celos?
si no se trataba de eso hermano, porque me mataste —volvió a decirme la imagen proyectada de Abelardo en el espejo.
Mire el rostro de Abelardo en el espejo, y me limpie la boca, abrí la llave y limpie el lavabo, después de unos segundos, la imagen de Abelardo no estaba, pero si la de Enrique.
—¿Por qué lo hiciste hermano?, no confíes en los amigos, sal de aquí, ¡tú sigues!
—me dijo La imagen proyectada de Enrique en él espejo.
Deje de estar mareado, deje de vomitar, me había echado agua en el rostro y salí rápido del baño, los escalofríos recorrieron de nuevo mi cuerpo, me dolía la cabeza, era un dolor insoportable, el miedo regreso, al salir me iba pegando contra las paredes, respiraba deprisa, era como si el corazón quisiera salirse de mi pecho, me desesperaba, pero después me tranquilice.
Fui a la sala donde estaba Abrahela llorando y hablando con dos policías, afuera había dos patrullas, una ambulancia y la carrosa, todo esto tan rápido o es que estuve mucho tiempo delirando, el mayordomo se acercó a Abrahela y a los policías, intercambiaron unas palabras, yo me acerqué despacio, trataba de actuar normal, los policías se dirigieron hacia a mí.
Uno de ellos me interrogo, —Se encuentra bien, señor —dijo uno de los oficiales.
—Lo siento, nunca había visto una muerte así, nunca había visto a un muerto.
—Entendemos, pero necesitamos que este en sus cinco sentidos para responder —dijo el oficial.
Para lo cual comencé a explicarle, pero de otra forma, no le iba a decir lo que había visto, dirían que estoy loco y eso me haría el único sospechoso y me arrestarían sin haber tenido culpa.
Engañe a los policías diciéndole que llegue a esa habitación por ruidos y que cuando llegue, entre en el cuarto él ya estaba muerto y salí corriendo por miedo, fue después que vi Abrahela y los dos fuimos a ver.
Abrahela interrumpió para seguir explicando, para que de alguna manera ayudarme a encubrir esto, porque sabíamos que no podíamos contar esa historia ya que nadie nos creería, el mayordomo explico que él no estaba, pero también dijo que Abelardo era fetichista en ver películas y golpearse, así como ahorcarse pero que esta ves llego muy lejos.
—Perdón si no le había contado señorita Abrahela, pero me apenaba —le dijo el mayordomo a Abrahela.
—Asfixia erótica —dijo uno de los forenses, y después se alejó.
Los policías asentaron con la cabeza, y dejaron de cuestionarnos, parecía que el caso estaba cerrado, al cabo de una hora ya no estaba nadie, solo me encontraba con Abrahela en la sala, no nos mirábamos, no hablábamos, solo estaba yo ahí sentado con ella, ella fumando, ya iba por la segunda cajetilla, ya había pasado otra hora más, no había comido, ni siquiera había desayunado, ella apago el cigarro sin siquiera haberlo fumado por completo, nadie quería hablar al respecto de lo que paso y yo no le quería contar lo que me había sucedido en el baño.
—Estoy harta —dijo Abrahela.
Se levantó y camino por la sala, yo la seguía con la mirada, pero ya me había desesperado.
—¿Quieres hablar esto?
—le pregunte.
Llevo sus manos a la cajetilla de cigarros.
—No creo que fumar como desesperada ayude en algo.
—Y qué crees que ayude Leonardo, dímelo porque yo no sé, se suicidaron en mi casa, despedí al mayordomo que sirvió a mi padre y ahora tu estas muy tranquilo.
—Si quieres nos podemos ir de aquí, lejos, vámonos de vacaciones y tal vez ya nunca regresar.
—No creo que eso ayude, me prometiste que nunca te irías de aquí.
—¿Cuando dije eso?
—Pregunté.
—Hace nueve meses, cuando nos casamos, me prometiste que nunca te irías, que te quedarías aquí en San Juan Caído, me dijiste que nunca más saldrías de la finca Ky´keyel, me dijiste que soy el amor de tu vida, me dijiste que soy lo mejor que te he pasado en la vida y que no podrías vivir sin mí —se acercó a hacia mí y continuo—, ¿o piensas romper tu promesa?, ya habíamos hablado de esto, ya sabías que muchas cosas de estas pasarían en la casa, y tenías que involucrarte, sabes que eso me hace sentir bien, y sabes que si no lo haces me voy a enojar, y no quieres que me enoje, ¿O sí Leonardo?, hasta que la muerte nos separe, recuerda.
Yo no podía responder, estaba escuchando y pensado porque decía eso, estaba asimilando lo que escuchaba, pero todo tenía sentido, todas sus malditas palabras tenían sentido, ¡en verdad que tenían sentido!, por muy extraño que parezca yo había accedido a todo eso, pero porque hasta ahorita lo entiendo, eso era lo que me confunde, esos malditos recuerdos inundaron de golpe mi mente, esos recuerdos se hicieron presente.
Los recuerdos que llegaron, los podía entender… Días después de haber llegado a la finca, nos encontrábamos haciendo los preparativos para la boda, la estúpida boda, en unos cuantos días ya estaba comprometido con Abrahela, de poco a poco era su esclavo, pero en el fondo ella era buena, podía sentirlo, pero si estaba enamorado, de alguna forma lo estaba y sentía que ella también estaba enamorada de mí, al menos a su manera.
La boda fue rápida, me refiero a que, en mis recuerdos, en menos de una semana ya estábamos a punto de casarnos, había llegado el día, nos dimos el sí, el sí acepto, nos dijimos que hasta que la muerte nos separe, el beso y corrimos entre la gente mientras estas aplaudían, corrimos por todo el campo, nos habíamos casado en la finca.
Josué había sido mi padrino, y un vago y pequeño recuerdo, dentro de otro recuerdo, Enrique también lo había sido, era mi padrino junto con Josué.
En una escena donde Abrahela caminaba hacia mí, acompañado de Nick, el mayordomo, en mi recuerdo de Josué siendo mi padrino, recuerdo que se acercó y me dijo al oído —Felicidades, sabía que si te quedabas ya no te irías y logre el objetivo, logre que te quedaras, bienvenido para siempre hermano, espero que dures más de lo que duró Enrique— ese recuerdo me estremeció, se me helo la sangre, ya no podía ver a Josué de la misma forma en que siempre lo había admirado, no sabía siquiera si era Josué, pero el recuerdo era real, paso de alguna forma, los momentos que habían acontecido antes en la orgia donde vi a Josué.
—Eres especial Leonardo, siempre lo fuiste, ella no te ama, pero te eligió antes que, a mí, que suerte tienes, deberías de cuidarte —volvió a decirme al oído.
Solo sentí escalofríos, quería que nada de esto fuera real y terminara, pero estaba pasando, no sabía en qué me había metido, me lo advirtió Goyo, me lo advirtió María y no hice caso de las advertencias.
Otro recuerdo que vino a mi mente.
Me puso en la noche de bodas, dentro de la casa teniendo relaciones por todos lados, esa noche se llevó una orgia, no solo hombre y mujeres, cosas que nunca había visto, que describiría como algo que no es humano, pero de forma similar, caracterizados por su piel oscura, de ojos rojos y colmillos salidos, calvos, y solo siendo diferenciados por que las hembras se les nota el pecho como la de una mujer común.
Pero no daba miedo, parecía estarme acostumbrando, aunque al principio obviamente, era raro tener sexo con esas cosas, pero veía a Abrahela y para ella era normal siendo penetrada por todo, más bien la mujer gorda simulando ser Abrahela.
Pasaron más y más recuerdos fugaces, tan rápidos que pude notar que todos los había vivido, pasando miles de recuerdos por mi mente en cuestión de segundos, tantos que al final me dejaron reflexionando, tantos que no sabía en que vivía, que hacía o que más iba a vivir y si alguna otra cosa me sorprendería o si las sorpresas ya no serían tan sorprendentes.
—¿Me había acostumbrado, ya nada me parecía interesante?
—Pensé.
Después de tantos recuerdos, eso solo eso me llevo al presente.
al presente sentando en una de las bancas en el patio de la casa viendo hacia los lejos, no veía nada, solo miraba todo, nada en específico, nada en específico que mirar, solo miraba, ya todos esos recuerdos me habían acomodado la cabeza, mis ideas estaban bien, ya estaba viviendo el presente, me puse al día con mi conciencia, estaba sentado en una de las bancas del patio frontal a la casa, cuando Abrahela me hablo para comer, me levante de la banca, y guarde una pequeña libreta que tenía entre mis manos, la guarde en la bolsa derecha de mi pantalón, la pluma la metí en la bolsa de mi camisa y camine hacia la casa, se despejó mi mente, ya todo regresaba a la normalidad, tenía de vuelta recuerdos, ya sabía porque estaba aquí, ya sabía porque no me podía ir, ahora pensaba en ¿Cómo escapar?, en ¿Cómo largarme de este pueblucho?, en ¿Cómo escaparme de esta prisión?, ¡Pero por el momento entre a la casa!
Por el momento estaría aquí hasta que la muerte nos separe…
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