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VERANO DEL 98 - Capítulo 18

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18: SKUARDO 18: SKUARDO 1 Todo fue una trampa de la lujuria, el deseo sexual interminable de las criaturas de la noche, son insaciables en sexo.

Hacen todo lo contrario a lo que cierto dios prohíbe antes del matrimonio.

La noche estuvo fuerte, muy pesada, hace tiempo que el hombre no experimentaba esa sensación, ese gusto y ese placer.

Amanecido en una mazmorra, desnudo, solo y encadenado, en ese lugar frio y desolado.

Como se libraría ahora, fue capturado y llevado al encierro en las catacumbas que resonaban de vida.

2 Sufría de un dolor en la cabeza, escuchaba un par de voces y no distinguía quien era.

—Hola —una voz diciendo.

¿Cómo te encuentras?

—Otra vez esa voz en mi cabeza, ¿quién eres?

—pregunto.

—Hola Leonardo, veo que estas de regreso.

La voz siempre amable le hizo saber que se trataba del jugador.

Seguía en ese juego de sobrevivencia, ahí su salvador, llamándolo para ser rescatado.

—Estoy aquí encerrado, encadenado a la pared de una mazmorra.

—Lo sé, puedo verte, vengo ayudarte, la niña me dijo que estarías aquí.

Te encerraron para que no te fuera de nuevo, han de estar desesperados por no perderte o que no mueras, sí que les diste una buena impresión.

—Podrías solo venir por mí y liberarme —expreso Leonardo—.

Tengo un fuerte dolor de cabeza y me gustaría el poder descansar en una cama y comer algo.

—Estoy próximo a llegar, tranquilo, llevo aperitivos y agua.

Todo mundo habla de ti, de lo que hiciste en el refugio, inspiraste a muchos y molestaste a los que no deberías de molestar, me inspiraste a mí, te ayudare y te seguiré.

—Gracias jugador, eres increíble.

—Gracias a ti, muchacho —dijo el jugador, abriendo la puerta metálica de la mazmorra.

Libero a Leonardo, rompiendo las cadenas, lo ayudo a levantarse, entrego comida, agua y ropa, se acomodaron en un rincón a descansar mientras el escritor comía.

—¿Quién lo preparo?

Está buenísimo.

—Yo, ahora soy el nuevo cocinero de Abrahela, el mayordomo esta muerte, así que volví hacer las cosas del hogar.

—Serías un buen chef en un restaurante fuera de este pueblucho —expreso el hombre devorando los alimentos con gusto.

—Tuviste coraje y valor para hacer lo que hiciste allá afuera, de donde salió ese poder, esas ganas de enfrentarte y matar a una bestia como esa.

—Tuve ayuda de todos, no lo hice solo, al ver todo a mi alrededor sentí un coraje por la muerte de inocentes y el caos solo me dio la suficiente energía para acabar con todo.

—Eso es grandioso, y pensar que cuando te conocí, te hacías en los pantalones.

—Aún tengo miedo, soy humano, no estoy acostumbrado a ver monstruos horribles y feos —dijo Leonardo, el jugador lo volteo a ver—.

Sin ofender claro, tu eres bueno, me refiero a los demás.

Expreso agachando la cabeza por la pena.

El jugador solo rio en la mente del hombre.

—Descuida, se a lo que te refieres, entiendo.

—¿Qué es lo que sucederá a hora?

—pregunto Leonardo.

—Mira, mi plan era mandarte al bosque para yo ganar tiempo y que tu pudieras hacer contacto con los de tu especie, te dieras cuenta que hay más dispuestos apoyarte.

Busque entre las mazmorras lo que necesitaba, encontré la espada de la que te hablaba, pero le hace falta una piedra para activarla, esa se encuentra en el pueblo, debes de ir por ella.

—Así de fácil.

—No, cuando dejes la casa, la señorita Abrahela te perseguirá y tal vez esta vez te corte en pedazos para que no vuelvas a huir.

—Vaya manera de motivar.

—La única motivación que debes de tener es saber que en cualquier momento puedes morir.

Todos aquí arriesgamos algo, yo pongo en juego la vida de mi familia, es fácil decir que podemos esperar a otro como tu si todo esto fracasa, pero cada oportunidad debe de valer la pena.

—Sí, entiendo eso.

El destino de todo recae en mis manos, sabes que yo no lo pedí, pero hare lo necesario para cumplir e irnos a casa, juntos.

—Me alegro que pienses de esa forma, debemos de darnos prisa y continuar, haz lo tuyo y yo haré lo mío, ya todos se están agilizando.

Los dos se levantaron.

—Espera— dijo Leonardo.

¿La espada para que nos servirá si dices que imposible matar a Abrahela y a John?

—Imposible matarlo, más no herirlos, debemos de sellar a Abrahela y si es posible no dejar que despierte John.

Encuentra esa piedra, alguien en el pueblo la tiene.

—¿Por dónde empiezo?

Alguna ayuda.

—La última vez que supe quien lo traía era la esposa de tu amigo.

—¿María?

—Sí, pero ten cuidado las personas que solías conocer ya no son las mismas, el pueblo está igual de maldito que la casa, todos le pertenecen a Abrahela ahora, todos mataran por ella.

Leonardo acento con la cabeza, el jugador lo guio por un camino, era una mazmorra diferente, en esa área el escritor no había estado, los dos caminaron, más adelante el jugador le dio una antorcha.

—Hasta aquí te dejo, debo de hacer otras cosas, debes de seguir derecho, en la primera puerta a la izquierda y de ahí te sacara a las escaleras.

—Estupendo, iré de inmediato al pueblo, cuídate amigo.

—Igual tú, amigo —finalizo el ser larguirucho.

El jugador se perdió en la oscuridad.

3 Leonardo se movió por el pasillo esperando encontrarse con la puerta ya mencionada, del otro lado la miro, una puerta grande metálica, fue hacia ella, intento abrirla, pero estaba atascada, quiso contactar al jugador, pero nunca respondió a su llamado.

Parecía estar trabada del otro lado.

A lo lejos se escuchaba una respiración muy profunda, que cada vez se acercaba más hacia Leo.

El hombre golpeaba más y más la puerta tratándola de derribarla, pero le iba a resultar imposible, golpeo fuerte, pero esta no cedía, solo se lastima así mismo, la respiración de lo que fuera que se acercaba, lo acechaba, casi para agarrarlo.

Leonardo podía sentir esa respiración en el rostro, aire caliente y húmedo.

Grito con desesperación y a empujar con más fuerza la puerta, pego su cabeza junto a la puerta cerrando sus ojos.

Algo le exhalaba en su oreja con desesperación, seguido de un grito en su oído que solo le dejo un zumbido.

Atónito abrió los ojos, el hombre grito nervios.

Volteo hacia el ruido, alumbrando con la antorcha y observo a un ser alado, de color negro, ojos rojos y brillantes.

Se alejó volando del pasillo, gritando y chillando.

—Es el ser en el bajorrelieve que vi antes y es el mismo ser que vi en el cuarto de lavado —expreso.

Lo vio antes, incluso en libros, como dibujo, y fotografías.

—Skuardo, el nombre de ese animal —se dijo así mismo.

Desesperado por no poder abrir la puerta, se le vino a la mente el tétrico rostro de ese ser.

La cabeza en forma ovoide, orejas largas y puntiagudas, de nariz aguileña, ojos rojos, su piel muy marcada a los huesos, cadavérico, alas grandes y delgadas, extremidades largas, dedos desproporcionados con uñas afiladas, era la asimilación de un murciélago humanoide, pero terrorífico.

Con lo único que podía compararlo, algo tras de la puerta sonó de forma mecanizada y se abrió en sigilo, estaba dejando de pensar en lo ocurrido, pero las imágenes le regresaban cada vez más y más, era perturbador siempre encontrarse con criaturas como estas, estar tan cerca siempre de la muerte, era parecido como la otra criatura que había visto encerrada en ese cuarto que estaba durmiendo boca abajo, pero menos imponente, parecía ser una cría.

Pero ese más allá de querer atacar parecía como querer escapar, o eso pensaba porque no lo había atacado cuando tuvo la oportunidad.

Leonardo regreso en sí y abrió la puerta para entrar con furia, alumbro bien con la antorcha, una habitación en la que no había estado antes.

Detrás de él se escuchó sonidos que manifestaban el regreso del ser alado, sin pensarlo cerró la puerta sin temor a quedarse atrapado.

Alumbro para ver la habitación; un par de estatuas de Skuardo, simulando las típicas poses de una gárgola en la cultura gótica, debajo de las figuras pequeñas leyendas.

“Skuardo el príncipe de los vampiros” “Skuardo el próximo rey de los vampiros” Leonardo vio que había más antorchas y comenzó a prenderlas, todo el cuarto se ilumino dejando ver bien la habitación, había muchas cosas valiosas, como monedas de oro, copas del mismo material, piedras preciosas, y en un rincón un gran altar.

Pudo ver el altar con más detalle, la figura de Skuardo bajorrelieve, con finos detalles, y arreglos por todos lados.

—Buenos detalles para una criatura —pensó.

De lado del altar estaba un libro con pasta de piel, lo tomo, en el libro se veía otra imagen de Skuardo, Leonardo lo abrió y en la primera hoja decía ¿Quién es él?

Leonardo cambio de hoja, venia una pintura de Abrahela, John y Skuardo, pero cuando el ser alado era más pequeño.

Leonardo siguió hojeando, hasta que llego una hoja que decía lo siguiente: Skuardo aún es un niño y con este hijo del dios Camazot hemos batallado mucho, no quiere crecer y no tiene malicia, los demás hijos del dios murciélago han salido malos y muy peligrosos, pero no han sido dignos de poder matar a su padre para coronarse como el nuevo rey de los vampiros.

Leonardo cambio de hoja.

Skuardo es el producto de la reproducción de Camazotz y Abrahela, pensábamos que si hacíamos eso este sería muy poderoso y así podríamos por fin vencer a ese estúpido dios que no quiere ceder.

En la siguiente hoja que Leonardo cambio, llevaba por título “Camazotz”.

Los nativos siempre hablaban del dios murciélago, y para nosotros era importante capturarlo y hacer que tuviera una descendencia para algún día tener un gran ejército, pero nos costó mucho, ya que Camazotz servía para el dios de la lluvia, así que un día John le gano la apuesta al dios de la lluvia, el premio fue Camazotz, años después, yo Abrahela pude seducir al dios de la lluvia, ahora solo es una mascota más.

Nacimiento de Skuardo.

Después de muchos intentos, y de que vimos que las nativas no eran capaces de soportar a los hijos de Camazotz, Abrahela se involucró con este rey.

Pero no resulto ser lo que se esperaba, todavía eran más fuertes y peligrosos los hijos de las nativas y Camazotz.

—Si fue un mal experimento, pero es uno de mis hijos —Abrahela.

En la siguiente hoja había más dibujos de Skuardo, unos de Camazotz, Abrahela y John.

La puerta principal se abrió con finura y lo que lo delataba era el chillido que le hacía falta grasa, Leonardo volteo con disimulo, vio como hacia presencia la figura imponente color carbón de unos dos metros de altura, y con la envergadura de dos alas muy grandes, los ojos rojos que imponían, comenzó a caminar hacia Leonardo.

Petrificado por su presencia, Leonardo reaccionó más tarde ya cuando lo tenía enfrente, era Skuardo, quien lo veía y lo olfateaba por todos lados, Leonardo se limitó a moverse.

—Tranquilo, soy tu amigo, puedo ayudarte a salir —dijo Leonardo.

Skuardo dio un grito muy fuerte, y movió sus alas, Leonardo espero hacer atacado, pero Skuardo solo se le pego para volver a olfatearlo.

—Venga amigo, ¿Cómo puedo ayudarte?

Skuardo volvió a gritar.

Era incapaz de comunicarse con el habla, la criatura solo era un niño que quería jugar o ser libre al igual que todos en el mundo, le dio monedas a Leonardo, joyas y le mostraba cada rincón de la habitación, el escritor no le seguía el juego, en verdad quería ayudarlo a escapar, solo era un arma para Abrahela y él quería terminar con eso.

Lo guio por un pasillo secreto, que se activó en una de las paredes de la habitación.

El cual lo llevaba a un cuarto de calderas, caminaron hasta una pequeña sala con lavadoras y en el techo de esta habitación, había una ventana con una rejilla de alcantarilla donde se podía ver el cielo y ver la luz, Skuardo señalo en dirección arriba.

El escritor vio lo que pasaba, jugando a la mímica, observo los destellos de la luz de la luna que entraban frágil en la sala con las lavadoras, ahí comprendió que estaba debajo del cuarto del que antes estaba arriba, el bulto por el que antes tuvo miedo, era Skuardo.

Su cárcel, su prisión, —Eras tú, ¿recuerdas haberme visto arriba?

La criatura solo asentía y gritaba —¿Quieres ser libre, deseas que te ayude a escapar?

La criatura lo confirmo con un chillido y el revolotear de sus alas.

—De acuerdo amiguito te ayudare, vienes aquí con constancia para ver el cielo y querer huir.

Leonardo alumbro el cuarto para buscar su espada y las pócimas.

Algo le frenaba a la criatura que no podía destruir el alcantarillado y escapar, una especie de hechizo que lo obligaba a no huir, así como Leonardo no podía dejar el pueblo.

Lo comprendía e intentaba no sentir lastima por ninguno de los dos.

Tomo la espada y el morral, la criatura chilló, y salió huyendo, en otro pasillo que conecta al cuarto de máquinas, tres sombras se aproximaron una antorcha que traían consigo los exponía al reflejo en el túnel del pasillo, la voz de una mujer se escuchó primero, Abrahela a quien le correspondía el sonido, una segunda voz en un tono más bajo y tartamudo que no identifico, entre más se acercaban las sombras con mejor detalle que podían ver, Abrahela, un enano y un hombre alto de sombrero, cuando la lumbre de la antorcha de ellos se movía, a la sombre del hombre alto se le reflejaban unas alas enormes y cuernos pronunciados.

Intento esconderse, pero no había lugar, solo regresar a la habitación de Skuardo, largarse por otros pasillos para subir.

Una tercera voz se escuchó, la del hombre alto, ronca y débil, los tres se acercaron, el escritor corrió dando marcha atrás, dejando eso y huyendo de la escena.

Los chillidos de Skuardo lo alanzaron.

—Te ayudare, lo prometo, pero ahora me tengo que ir, destruiré ese alcantarillado y serás libre, lo juro —grito Leonardo.

El ser alado lo dejo de seguir y se detuvo, chillando tan fuerte que resulto incómodo.

Avanzo por pasillos, mazmorras, las catacumbas cambiaban más de lo normal, era ya un laberinto sin salida.

—¡Alto!

—dijo la voz del jugador en su cabeza.

—Gracias adiós que apareces, necesito de tu ayuda.

—Lo sé, sigue mi voz, te guiare para que ponto salgas de aquí.

Lo hizo conectar con unas escaleras que había cambiado antes, dieron a la catacumba junto a dos mazmorras.

Todo estaba loco abajo, era una especie de hacerlo que explorara más y a la vez confundirlo, puertas se abrían y se cerraban, muros cambiaban, antorchas se apagaban y aparecían nativos presos, como reiniciándose cada cierto tiempo.

Imposible de recordar ese algoritmo para el camino de vuelta, no le había tocado eso, ahora lo experimenta.

Lo que si nunca cambia son las escaleras que dividen la casa de las catacumbas, subió por ellas con la voz del jugador que lo guiaba.

—Gracia, amigo —dijo Leonardo.

—No me lo agradezcas, aún —respondió el ser larguirucho— espérame, aun no subas.

Al terminar la transmisión con el jugador, escucho un croar.

—Los nuevos guardaespaldas de Abrahela —pensó.

Se subió las escaleras que rechinaban y anunciaban su llegada.

Parados los dos, se comportaban algo extraños, comunicándose con su croar, una y otra vez hacían ese ruido de rana.

Se asomaba solo para ver si no le veían, pensaba en que ya lo habían escuchado y discutían lo que harían con él.

Guardo cierta distancia.

Los sapos humanoides no solo eran los guardaespaldas de Abrahela, también eran los carceleros del hombre, si había amanecido allá abajo esposado es porque ya no tenía el privilegio de andar por donde más se le antojara, escapar hacia el pueblo, lo más viable, hacer lo que el jugador le pidió, era aprovechar su ayuda y no morir en el intento, de pronto uno de los hombres rana volteo hacia donde Leonardo estaba mirando, por lo cual, se refugió en una de las paredes de la casa.

No hizo ningún ruido.

evitando el ser visto o escuchado por los sapos, las criaturas se impacientaron y corrieron buscándolo, ya sabían que era el, solo lo aguardaban.

Solo poco antes de que lo atraparan, detrás del escritor salió el jugador, paso por un lado sin si quiera hablarle por telepatía.

Observo como el ser larguirucho camino hacia los hombres rana.

Olvido lo alto que es el jugador y la forma extraña en la que camina, por su altura se le dificultaba él andar.

Se paró justó frente a ellos y en un pestañeo agarro a uno, destrozando su cabeza contra la pared, él otro se abalanzo contra el jugador mordiéndolo en una de las piernas, pero como si no fuera nada el jugador lo tomo y lo partió por la mitad, regando los intestino y órganos por doquier.

Leonardo quedo sorprendido, el festín de sangre que se había llevado acabo era terrorífico ya que sin ningún problema mato a esas dos criaturas, como si estuviera aplastando hormigas, era una gran ventaja tenerlo de aliado.

—Puedes salir, tienes el camino libre para ir al pueblo —dijo el jugador.

—Eres increíble, ahora si te agradezco enserio —dijo el hombre, mientras rodeaba la escena del crimen.

—Ve ahora, antes de que la señorita Abrahela se entere que mate a dos de sus mascotas, iré a esconderme a las catacumbas, cuando regreses, te veré allá abajo, buena suerte amigo.

—dijo el jugador.

—Nos vemos —finalizo Leo.

Dejo la sala con las vísceras por todos lados, el jugador regreso por las escaleras hacia las catacumbas.

Corrió a la habitación principal para tomar más ropa y llenar un traste con agua en la cocina.

Ajusto su espada y el morral a su espalda.

Tomo el picaporte de la puerta principal, espero unos segundos para no llevarse ninguna sorpresa, dio una gran bocanada de aire, abrió la puerta, el aire golpeo su rostro con extrema delicadeza, respiro profundo.

Avanzo dos pasos, por alguna extraña razón, por alguna extraña sensación, la noche le parecía muy tranquila, una noche muy agradable.

Sujeto las cosas a su espalda con firmeza, libre rodeo la casa, buscando el alcantarillado, rezando porque no hubiera desaparecido.

Varias luces se prendían por el terreno, la casa iluminada de noche se miraba mejor.

Miro hacia arriba, a las pequeñas ventanas del ático donde los peluches y la niña le levantaban el pulgar en forma de respeto y que siguiera avanzando.

Asintiendo con la cabeza fue sigiloso, dentro del hogar se escuchaban gritos, Abrahela encontró a sus guardaespaldas muertos.

Siguió el olor de la alcantarilla y llego a la tapa del registro, arriba del cuarto de máquinas y calderas, abajo con pequeña iluminación lo esperaba Skuardo, chillando de forma frágil y en niveles bajos.

—Hola amigo, te sacara de aquí, dame un momento, solo no hagas ruido, Abrahela está en la casa, he hice que mataran sus guaruras.

Leonardo tomo la espada, desenfundo y la uso para levantar la tapa del alcantarillado, haciendo palanca la levanto unos centímetros, metió una piedra para detener el avanzase y luego de un tirón la pudo levantar más, uso mucha fuerza, la tapa pesada, pero el deseo por ayudar al ser alado lo era más.

—Ya casi —mencionaba con esfuerzo.

De dos empujones más logro levantar y tirar la tapa del otro lado.

—Eres libre, amigo, huye, escapada de aquí.

Skuardo salió disparado en una ráfaga infernal, dejando atrás a Leonardo, a quien le agradecía con un chillido al aire.

—Adiós —finalizo Leonardo con una gran sonrisa en el rostro y levantando los brazos en señal de victoria.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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