VERANO DEL 98 - Capítulo 21
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21: REVELACIONES III 21: REVELACIONES III 1 “Con tristeza me despido de ti mi amigo, no fue ni siquiera el mortal o la traicionera, fuiste tú… mi hermano de otra naturaleza” Había amanecido por completo, la cálida brisa de la mañana, y el cuerpo del Rey de las ratas que se consumía y se pudría en su propio jugo, Leonardo solo espejeo para ver si esa cosa no se levantaba, ya que la criatura que lo había derrotado, ya hacía en libertad pura.
La única compañía de Leonardo en ese momento era la pequeña esmeralda, la cual metió en su bolsillo derecho y solo para confirmar llevo su mano a la bolsa para verificar que siguiera ahí, estaba harto de sorpresas, vio un poco más a lo lejos, apreciando la finca de Abrahela en la pequeña colina, dio vuelta atrás recordó el cadáver de María, no podía dejarla así nada más tirada, como un perro, fue hasta la casa y abrió la puerta, todo el lugar apestando y no servía que hubiera media fachada, el olor es insoportable.
Vio a la mujer ahí recostada, sin vida de un color pálido un momento triste para él.
La perdono, en realidad jamás le guardo rencor por lo que hizo, sabía con detalles que todo fue para ayudar a Enrique, cualquier persona que ama a su pareja de verdad, haría todo lo que fuera y tuviera en sus manos para ayudarla y apoyarla.
El vestido que paso de ser blanco aperlado a estar manchado de sangre, tierra y demás cosas asquerosas, cayeron unas lágrimas al suelo y así avanzo hasta llegar al cuerpo frio, la tomo y llevo a la parte trasera de la casa, con un par de palos y sus manos cavo unos metros para enterrar a María.
La envolvió bien entre sabanas de gran tela que encontró y una corona de hojas y espinas que armo, quiso decir unas palabras, pero la garganta lo traicionaba al hablar, las manos le temblaban y no podía secar los ojos porque más le lloraban.
—¿Habrá un dios?
—se cuestionó.
Recorrió la mañana, el escritor frente a la tumba improvisada, dedicaba el respeto, perdón, admiración y el pésame en su mente, seguía sin poder decir algo, mudo desde hace mucho, la muerte de Enrique, la de Josué (a quien intento odiar, pero lo recordaba de la infancia), y ahora la muerte de María.
San Juan Caído en realidad si esta maldito, tiraba golpes al aire para desquitarse, sufría y se quejaba con ruidos extraños, pero poco a poco le calmaba la pena y angustia, y también en cierta forma le reconfortaba el hecho de que Enrique se reencontraría con su amada.
El hombre dejo atrás la tumba improvisada, no era la clase de persona que va a la iglesia los domingos, esperaba que María (de quien se enteró que no era humana), lo fuera un poco.
Dejo una cruz improvisada de dos palos, se alejó de ahí, se alejó de la tumba, se alejó de la casa, no miro atrás.
En todo el lugar restos de la casa quemada, que en partes seguía ardiendo, muerte, olores asquerosos, cuerpos tirados, una mañana que quemaba y hacia que el lugar apestara más, un festín para los zopilotes y de más animales de carroña que se aparecían y se peleaban porque partes eran más grandes, aun con la suficiencia y abundancia de comida podrida.
Siguió entre calles, adolorido, agotado por el cansancio, la fatiga, el no dormir bien y el hambre.
Sumado a los golpes, cortadas y todo lo psicológico que ha tenido que pasar.
Todas las calles vacías y solo de vez en cuando se abrían las ventanas con extrema delicadez para que alguno de los pueblerinos viera por ellos mismo que el hombre sobrevivió, duro de matar.
A sobrevivido a mucho y aún le falta, pero solo sabrá el horror que le espera cuando llegue el momento.
Su vista se apagaba con el andar, las piernas cansadas, sediento y dormitado, a metros suyo, la niña parada esperándolo en medio de la calle con su vestidito y sus trenzas, el hombre lo vio, el saludaba a lo lejos, pero la niña lo ignoraba, esperando a que Leo se acercara más —¡Espera!
—grito, mientras la niña daba vuelta y salía corriendo.
El escritor cansado y con su último aliento, corrió detrás de ella, la pequeña Abrahela corrió entre calles y callejones, riendo, dando unos saltitos, y sus trenzas de un lado para otro.
Quería alcanzarla no sabía que estúpida broma jugaba la niña.
Le llevaba ventaja y al ser más pequeña, más escurridiza.
Llegaron al patio trasero de una casa, ahí perdió a la niña de su vista.
—¿Dónde estás?
¿por qué haces esto?
¿qué broma es esta?
¿cuál es el propósito?
—peguntaba el escritor con desesperación.
De la casa salió un hombre, cubierto con una manta café.
—Hola Leonardo —dijo el hombre misterioso.
—¿Te conozco?
—Si me conoces, solo que preferiría no mostrar mi rostro —dijo el hombre.
—Y a que va todo este misterio, venga dime.
—Porque es más probable que no me reconozcas, y me apena enseñar mi rostro.
—No reconozco ni tu voz —dijo Leonardo.
—Si lose, estoy muriendo por eso mi voz a cambiado un poco, pero soy tu amigo, soy Goyo.
—¿El gerente del hotel?
—pregunto Leonardo.
—Sí, el mismo que te advirtió de todo —dijo el hombre y echo a reír.
—Demuéstrame, anda quítate eso de encima.
—Prometes no asustarte o burlarte —dijo Goyo.
—He visto muchas cosas aquí como para asustarme o burlarme, enséñame.
El hombre retiro la manta café de su cabeza, dejando ver su rostro, putrefacto y en decadencia, un rostro deformado.
—¿Qué te paso?, eres uno como ellos, los leprosos —dijo y pregunto Leonardo.
—Sí, soy uno de los que sucumbió a las órdenes del Rey de las ratas.
Un leproso… antes no estaba en un buen estado.
—Sí, recuerdo tu estado deplorable, pero… ahora estas peor.
—Lo sé, Por lo de anoche, empecé a sufrir este cambio cuando fui atraído por la llamada del Rey de las ratas, pero la niña a la que seguías logro hacer que no me sintiera atraído, deje de pertenecerle.
—Ya veo, y porque esa niña te ayudo.
—Lo hacía desde antes, ella se preocupa por muchos, aunque no lo parezca, en el fondo es buena, mientras más le sumen.
—Si la he visto en varias ocasiones, sería, pero quiere el bien en cierto sentido, pero ella es Abrahela, no entiendo, es confuso.
—Lo sé, se quién es, pero es difícil de explicar.
Me refiero a que busca la paz del descanso eterno, ella ayudara si estás dispuesto incluso a dar tu vida para acabar con esto.
—Con qué fin lo hace, que gana ella.
—Con el fin de nunca más volver a sufrir, le gustaría que todo fuera como antes, extraña su antigua vida.
—Por que sufriría es un monstruo, un demonio, suena como a culpa todo esto.
—Ella sufrió mucho, ella tuvo que reprimir muchos de sus sentimientos, por eso conocemos a Abrahela adulta.
—¿Por qué debería creer?
—pregunto Leonardo—, ¿cómo se relacionan ellas dos?
—Eso te lo explicara la niña, solo soy un ayudante aquí, deberías de confiar más, ¿recuerdas que yo trate de advertirte de todo esto?
Pero no quisiste escuchar.
—Solo recuerdo que intentaste decírmelo, pero siempre sonabas como un loco y como te iba a creer, y la última vez, te masturbaste mirándome en la oscuridad, ¿crees que así podría yo creer en ti o ustedes?
—Lo sé, sé que no estuvo bien, tengo problemas, que no fue la mejor de las formas, pido disculpas por eso.
—Déjalo así, ¿cuál es el maldito plan ahora, que es lo que necesitan?
Goyo el leproso, volteo hacia la puerta, llamando la atención de Leo para que también voltease, cuando el hombre desvío la mirada hacia la puerta de la casa observo saliendo a la niña, tomando en sus brazos aquel muñeco vudú con el que pudo capturar a Leonardo en su primer intento.
—Hola Leonardo —dijo la niña con una voz dual.
El escritor se desmayó, desplomándose en el suelo, por el cansancio y el dolor corporal causado por las lesiones y secuelas generadas por los recuerdos pasados, y venideros.
2 Dentro de la casa, sobre una de las camas con sabanas limpias, cambiado y curado de las heridas, se encontraba Leonardo, descansado y con hambre, abrió los ojos y se levantó de golpe, exaltado, para su suerte en la mesa un banquete con puras cosas deliciosas.
—Veo que estas como nuevo —dijo Casimiro sonriendo—, sí que eres duro de matar, anda come algo.
—Hola, es un gusto verte de nuevo, ¿quién hizo semejante comida?
—No te preocupes por eso, todo es para ti, recupera fuerzas, la niña ha curado muchas de tus heridas, te ha rehabilitado de adentro hacia afuera.
Casimiro se sentó en un rincón de la casa, dejo el mazo, por un lado.
—Hace días que no me siento, he andado de un lado para el otro, las piernas me están matando y si no comes eso, me lo comeré yo —dijo el hombre regordete.
Leo solo asintió con la cabeza y se sentó a probar cada uno de los platillos, primero el pollo en jugo de naranja con un arroz frito, tipo chino, almejas y ostiones en su concha, una pasta italiana con ensalada de verduras frescas, un asado en mantequilla y especias con una copa de vino y jarras e agua de frutas.
—Ven ayúdame a comer, es mucho para mí —menciono Leonardo a Casimiro, al meterse un trozo de comida a la boca y casi no poder hablar—.
Estos panes con ajo y mantequilla son una delicia.
—De acuerdo —dijo Casimiro levantándose del rincón para acompañar a Leo.
—¿Dónde está la pequeña Abrahela?
—Pronto viene.
Los dos siguieron comiendo de las cosas ricas, que sirvieron en el banquete, unos rabioles con lasaña, romeros con salmón y apio encima, bañados en salsa de anguila y salsa de soya, con trocitos de cebollín y cilantro.
Una de las puertas del pasillo que conecta con las recamaras se abrió.
Salió Goyo y la niña.
—Hola Leonardo, espero que lo estés disfrutando y que te sientas mucho mejor a como estabas antes.
—Hola pequeña Abrahela —respondió Leonardo.
—Cuando termines de comer, te veo en la sala, tomate todo el tiempo que necesites y luego me podrás acompañar.
La niña dejo el lugar, detrás de ella salió Goyo, el escritor solo asintió con la cabeza y siguió comiendo, quien se levanto fue Casimiro «Gracias por la comida, pero debo de seguir trabajando» dijo el hombre de lentes de soldador y siguió a los otros dos.
3 Platicas más honestas Leo dejo comida, había saciado lo insaciable, enjuago su boca con agua y fue hasta la sala principal donde ya lo esperaba la niña, Goyo y Casimiro.
—Sé que tienes dudas por muchas cosas, crees que en este lugar todo es malo, puede que tengas razón.
El pueblo en el que solías vivir ya no es el mismo, te has dado cuenta, lo siento por el hecho de que estés en este lugar, podrías seguir en tu madriguera con tu vieja máquina de escribir intentado razonar en una buena idea que te mantenga vivo, pero ahora estas aquí batallando por querer regresar a tu vieja vida, luchando contra todos los obstáculos que Abrahela te ha puesto y por muy duro que seas, necesitas ayuda, porque todos en el pueblo los que estamos de tu lado, la necesitamos —expreso la niña.
—Si esto se ha repetido en varias ocasiones, como podemos vencer a Abrahela, ¿Cómo están tan seguros que yo podré hacerlo?
—No estoy seguro de que puedas hacerlo, pero siempre hay que tener esperanza y desde hace mucho tiempo la he tenido y no me he dado por vencida, pero si no lo intentamos nunca lo sabremos.
—Estoy dispuesto hacer todo por conseguir la victoria, y salir, estoy harto, como me ayudaras tu para lograr acabar con esto —dijo Leo.
—Se puede romper aquí el ciclo, tu puedes ser libre, escapar, debemos hacer que aprendas a usar las secuelas, que interactúes con ellas, hacerte poderoso y vencer a Abrahela y al señor oscuro, solo ustedes los mestizos pueden, son más poderosos.
—¿Mestizó?
—pregunto Leonardo Todo adentro en la sala fue silencio, Leo aun no comprendía del todo porque le ocultaban mucho o casi todo, porque se negaban a contarle, él debía de saber para poder estar listo a lo que se enfrentaría.
—El señor oscuro, mi abuelo tuvo descendencia demoniaca y descendencia mestiza, metiéndose con mujeres del pueblo.
El heredo las secuelas tanto a demonios como a mestizos, tus padres fueron mestizos, tus abuelos mestizos, en algún punto tuviste familia demonio que se juntó con humanos.
El hombre observo, inepto a lo que escuchaba, creía por las cosas que leyó y vio, pero le resultaba de mal gusto pertenecer a algo aun que ya no directo por lo que estaba peleando en contra.
—Nadie ha logrado destruir lo que mi abuelo ha construido por miles de años, todos los visitantes son especiales, tú lo eres, llevas dentro de ti algo muy fuerte y poderoso que pocos han desarrollado la habilidad de la secuela, eres especial, eres importante, por eso te quieren sacrificaran, necesitan regresar ese poder, para que no seas una amenaza.
—¿Por qué yo?
¿Cómo adquirí esta habilidad?
—El pueblo lleva miles de siglos siendo maldito, en algún punto de tu niñez apareció el poder, debes de recordar algo, ¿Te acuerdas en que momento podías ver otras vidas?
Las secuelas aparecen esporádicamente, Enrique también las tuvo, fue un gran candidato, pero ya no está.
Ahora el actual campeón eres tú.
—A este punto, sigo sin comprender o recordar muchas cosas.
—Debes de practicar, seguir recordando, no sabes lo poderoso que puedes llegar a ser.
—¿Tú las tienes?
Si las tienes por qué no lo haces tú.
—Los mestizos somos muy fuertes incluso más que los demonios puros, yo hace mucho que perdí gran parte de mi poder, de tanto que he estado vagando en este ciclo interminable.
Es por eso que los ayudamos a ustedes.
—¿Y en que nos van ayudar?
¿Podemos viajar en el tiempo?
O solo sirven para ver recuerdos y ya.
—Influye en muchas cosas, la capacidad de ver recuerdos pasados, los que vienen, y alterarlos de cierta forma.
—Genial me desmayare que cada que haga eso.
—No debe porque ser así, si lo controlas, eso ya no sucederá.
—Si no lo puedo controlar, jamás podremos derrotar a tu abuelo.
Casimiro sonrió, «Siempre nos quedamos a nada», dijo.
—Hagamos algo diferente —expreso la menor.
La niña pico el estómago del muñeco vudú y Leonardo Cayó al suelo revolcándose como si le hubieran dado una descarga muy fuerte, seguido de una pequeña convulsión.
—Eso es normal —dijo Goyo.
—Intento hacer que recuerde, pero no quiso por las buenas —respondió la niña.
Leonardo se detuvo y se quedó fijo en el suelo recto, la niña, Casimiro y Goyo esperaron a que se levantara.
De una gran exhalación el hombre brinco.
—Maldita niña, ¿qué hiciste?
—dijo Leonardo quien ya se incorporaba—.
Sentía que me ahogaba.
—Fue un empujoncito para que pudieras recordar algo, ¿y qué tal ahora?
—Creo que tuve una epifanía.
Leonardo parpadeo.
—Recuerdo que estaba en el hotel, era de noche, y me ponía a escribir la carta de despedida que María me había dicho que diera unas palabras en el funeral de Enrique.
Leonardo saco de su bolsillo izquierdo unas hojas, que no recordaba y sabía que nunca habían estado ahí, aparecieron por arte de magia.
La primera eran las palabras que dio en el entierro de Enrique, comenzó a leer.
Hola a todos los presentes, en palabras de Enrique, quiero decir que no me he muerto, solo me fui antes para poder cuidarlos, el viaje hasta aquí ha sido largo, lleno de felicidad y tristeza, a mis grandes amores, María y Mis dos hijos, Charly y Erick.
Les pido que no estén tristes, y me recuerden como la persona alegre, sonriente y carismática que fui, ayuden a los demás como yo trataba de hacerlo, hay muchas cosas que me hubiera gustado hacer después, pero este es el camino que Dios me tenía preparado y eso no lo puedo reprochar, me siento feliz por quien soy y lo que fui, no me extrañen muy pronto nos veremos, a toda mi familia, amigos y conocidos.
Pero si lo había quemado.
—Recuerdo que le faltaba una parte, la hoja había sido cortada, y yo queme esto en el funeral.
—Para eso sirven las secuelas, nunca dejar de olvidar, compartir la mente de todos los individuos, el cerebro es algo tan poderoso y magnifico, es una rede neuronal para poder llegar incluso a controlar y alterar la realidad, ahora eso está aquí contigo, solo que no lo recordabas —dijo la niña.
Leo quedo atónito, no sabía lo que estaba pasando, era como magia.
—Tengo más hojas, parece la continuación.
—Léelo primero en tu mente —dijo la pequeña.
—¿Por qué debería de leerla en mi cabeza?
—No queremos que nada interfiera, si es que hay una respuesta en eso que pueda ser muy valiosa y que alguien más lo sepa.
—De acuerdo —finalizo Leonardo ya con más creencia.
Leonardo agarro el pedazo de hoja, la que ya había leído la guardo en el morral.
La hoja decía lo siguiente… Después de finalizar estas palabras quisiera agregar lo siguiente porque no tengo tiempo, para mí mismo, pero de unos meses adelante, o eso creo, no importa en qué momento lo lea, pienso que si lo hago es porque volví a tener eso a lo que llaman secuela, no hay mucho tiempo, la esmeralda solo activa la cámara secreta, necesitamos el topacio azul para activar lo que hay dentro, no será de mucho si no lo activamos con el topacio, al activar me refiero con encantarlo, lo que hay dentro nos ayudara para vencer y tal vez matar, no lo sabremos si no lo hacemos.
El problema es que no sé dónde está ese topacio, háblalo con el jugador y solo con él.
Leonardo trato de reprimir las emociones, no dejando ver que lo que leyó servía de algo, pero con pequeños gestos expresaba lo contrario.
—Y bien, me imagino que por tus expresiones es algo sorprendente, y que no debes de contarlo —dijo la niña.
—Tenías razón, si te contara esto, Abrahela adulta lo sabría de alguna forma, ¿Cómo es posible que ellos sepan o se enteren de todo?
—Estamos en su dominio.
Ahora que sabes que las secuelas son reales, más adelante deberías concentrarte para saber aún más y en que te puede ayudar.
—Pero porque apareció la nota, si antes no la tría.
—Es parte de la secuela, ayudan hacer capsulas de recuerdos para ayudar después, llevas esos recuerdos al pasado para que te ayuden en el futuro, no es cambiar la historia, ni alterar el tiempo, es una pequeña ayuda para guardar recuerdos, si quieres confiar, confía en tu mente Leonardo —expreso la niña.
—¿Ahora qué?
—pregunto Leo.
—Debes de seguir recordando cosas, debe de haber más por donde vino eso, practica por tu cuenta, si no quieres ocupe mi muñeco.
—No gracias, estamos bien así, para recordar es muy doloroso.
—Lo siento.
Al principio así será, después deja de doler.
4 La buena y la mala La pequeña pidió a Leonardo y los demás seguir y continuar, ella podía aconsejarle que hacer ahora, pero eso en otras ocasiones ya no funcionaba.
Si al escritor le estaba funcionando es porque casi todo lo improvisaba y no seguía algún patrón por el cual fuera detectable y detenido, seguía vivo por su estupidez y el no ser precavido, además de su miedo y sus ganas de seguir viviendo para pedir perdón por todo lo malo que hizo en su vida, en especial a su familia.
—Espera, eso es todo, no hay otro plan —dijo Leonardo.
—Por el momento es todo, deberás seguir y continuar, lo sigues haciendo bien, eres un digno rival para acabar con el señor oscuro.
—Ella tiene razón Leonardo, creo que a partir de aquí estas solo —dijo Goyo.
—O al menos que nos encontremos de nuevo.
—Creo que desde que llegue estoy solo, pero porque lo haces, era la misma Abrahela, porque te traicionarías a ti misma, dices que ella es tu.
¿Cómo es eso posible?
—pregunto Leo.
—Yo la cree a ella.
Esa maldita es yo, pasamos cosas diferentes en tiempos irregulares en este maldito ciclo, me hubiera gustado el no haberla creado, quiero destruirla para acabar con todo esto.
Tuvimos desacuerdos, ella no quiso seguir mi voluntad y yo no quise convertirme en ella.
—Y… ¿porque no lo cambias?
Digo desde los comienzos, en el punto que decides crearla, porque no lo evitas.
—Trate de hacerlo, antes era fuerte y siempre pasaba algo para que no sucediera, es como si todo esto quisiera que se repitiera una y otra vez y nunca terminara, he perdido gran parte de ese poder y ella se vuelve más fuerte con el paso de los tiempos.
Coexistimos en el mismo plano, pero somos diferentes, ya que al ser omnipresentes estamos presentes juntas en todos los espacios y tiempos de la historia, pero aun que quisiéramos cambiar algo, no cambiaríamos nada, no sirve que yo haga las cosas bien, si Abrahela ya existe, no creo que lo entiendas.
—Creo comprenderlo un poco, tranquila, aunque no lo parezca soy escritor, bueno lo era, y leía mucho para inspirarme, escribía sobre ciencia ficción y terror.
—Lo sé, se quién eres.
—Son omnipresentes, eso explica que tú, Abrahela llegaran con tu abuelo y John hace mucho tiempo.
—No deberías de decir su nombre.
—No me da miedo.
—A mí tampoco, pero es una forma de alabarlo al decir su nombre y odio eso —expreso la pequeña.
—Bueno al señor oscuro.
—Si llegamos con ellos desde hace muchos siglos, y empezó todo aquí, se levantó un gran imperio con nuestra ayuda, debajo de la casa hay un gran bunker tan grande que subterráneamente conecta todas las áreas en donde yacían las civilizaciones antiguas.
Hay cuartos, calabozos, y salones de eventos especiales donde se hacen rituales, sacrificios y la práctica de toda la magia negra posible, has visto por ti mismo varios de esos salones, pero hay cientos de miles expandido por gran parte del territorio en el que vives y de dónde vienes.
—Estás diciendo que esto conecta por muchas partes de México, que horror, nunca terminara.
—Sí, era para que los nativos llegaran rápido, sin tener que atravesar por la superficie, mágicamente acorta el tiempo de llegada, pero descuida esa maldición solo recae en tu pueblo, no hay de que preocuparse en otros lados.
Pero si mi abuelo llega a liberar todo esto, tal vez estemos perdidos.
—¿Por qué tenían contacto con todos?
—Dominábamos a todas las tribus, ellos nos veneraban en secreto así estaba pactado, hay mucha magia negra en todas partes, pero esto era un punto místico, donde los nativos también enseñaban su poderes y habilidades, nosotros también aprendimos de ellos, teníamos un acuerdo.
—¿Y a ese acuerdo que le paso?
—Al pasar los años, tuvimos grandes indiferencias, los nativos, los pocos españoles que sabían de nuestra existencia, y obviamente nosotros, tuvimos desacuerdos.
Los nativos también tenían a sus dioses, nos tuvimos que arreglar de diferentes formas, su pongo que ya viste a dos dioses encerrados en el calabozo.
—Eso creo… —dijo Leonardo pensando.
—Después de las diferencias con las demás a mi abuelo John —puso los ojos de huevo—.
Se le ocurrió someter a los indígenas por completo.
Gobernar por muchos años, fundar este pueblo y seguir sometiendo a las nuevas generaciones, pensar que podía crear un ejército de demonios y mestizos con las escuelas.
Mientras que mi otro abuelo Adolf, se había cansado de servir a su amigo el señor oscuro, se enamoró, conoció a una mujer con las secuelas y tuvo a mi padre.
—Tu abuelo Adolf, ¿también era un demonio?
—No, mi abuelo era un simple humano —dijo la niña —En que año fue eso, creía que tu padre había peleado para encerrarlos a todos.
—Primero fue mi abuelo, y después tuvo a mi padre, quien siguió sus pasos.
—¿En qué año fue?
—pregunto Leonardo.
—¿En qué año fue qué?
—¿Cuándo fue que tu abuelo se revelo contra Jo… el señor oscuro?
–—En el año de mil ochocientos sesenta y seis, lo traicionó exponiendo todo lo que se realizaba ahí, lo hizo anónimamente, mientras el gobierno investigaba, el señor oscuro después se enteró de la traición lo confronto.
Mi abuelo Adolf logro ganar, sellando al señor oscuro.
—En los periódicos decía otra cosa.
—Los periódicos fueron alterados para que pareciera de esa forma.
—Y si tu abuelo era inmoral como fue que murió.
—Dado con la gracia del señor oscuro para ser un hombre inmortal, que después se la quitaría porque lo considero un traidor y oponerse a lo que juntos construyeron.
Cuando derroto al señor oscuro, mi abuelo Adolf obligo Abrahela de conjurar un hechizo muy poderoso para que la gente no se interesara en venir a San Juan Caído y que solo vivieran las personas del pueblo y después la sello también.
» El gobierno nunca se llevó ni atrapo a nadie, porque repito, los periódicos estaban alterados para que así pasara, se inventó el rumor de que el señor oscuro era la especie de un vampiro, un ser alado (que en realidad es algo peor).
Si sacaron fotos reales de lo que se hizo, paso y se vivió en el lugar, pero mucha información a la hora de escribir las notas fue alterada, para que los sobrevivientes no tuvieran que lidiar con la prensa, haciendo que se dijera que las primeras generaciones que habitaron el pueblo no se marcharon para después ellos mismos fundar lo que se conoce hoy en día.
» Mi padre nació solo un año antes de los acontecimientos, mi abuelo tenía un gran conocimiento en alquimia y posiciones de los cuales comenzó a experimentar en mi padre, dándole cierta vida longeva y habilidades especiales, lo estaba preparando para el futuro ya que mi abuelo estaba decidido a traicionar al señor oscuro, por querer un mejor mundo para mi padre.
Mi padre también nació con la habilidad de las secuelas, fue ahí cuando las conoció, las descubrió mi abuelo y comenzó a estudiarlas en mi padre, pero nunca logro comprenderlas del todo.
» El señor oscuro las había regalado desde hace mucho tiempo, en secreto dejo que se desarrollaran por cuenta propia sin el intervenir solo para después influir en la mente de los demás y poder ser liberado.
» Para el año mil novecientos cuarenta murió mi abuelo Adolf, cuando mi abuelo estaba a punto de morir, Abrahela retiro el hechizo, para que la gente pudiera volver a entrar, que se interesara por el pueblo, y atraer gente para próximos rituales.
Ella se había logrado liberar gracias a las secuelas que habían despertado en varios de los fundadores y pudieron ver el pasado lleno de gloria.
Mi padre ya luchaba contra ella, a mí me tuvo cinco años después durante el final de la segunda guerra mundial.
» Mi padre para ese año tenía la edad de ochenta años, pero gracias a los experimentos que le hizo mi abuelo, parecía de treinta años, mi madre murió en el parto con sus últimas fuerzas me defendió de Abrahela, mi padre esa noche logro derrotarla, después de cinco años luchando por fin logro vencerla, a cambio de la muerte de a su amada, mi madre era un demonio puro, quien cayó por mi versión adulta, a quien cree cuando tenía diez años.
—¿Creaste a tu versión adulta en mil novecientos cincuenta y cinco?
Tu madre sabia sobre Abrahela adulta, y tu padre nunca se enteró.
—Sí, ella nació por esas fechas, yo desde los ocho decidí explorar el mundo.
Mi padre no sabía, mi abuelo Adolf nunca supo, el que sabía fue el señor oscuro, siempre estuvimos a su lado y mi madre se enteró en su lecho de muerte.
—Vaya eso cambia las cosas, vaya sorpresa que se habrá llevado cuando se enteró.
—La verdad es que no, trato de educarme para no ser mala, no acabar como ella.
—¿Cómo se enteró?
Al final te volviste mala.
—Mi madre se lo dijo, no creyó, hasta que muchos años después lo confirmo.
Mi padre logro algo, criarme, una Abrahela buena, en este punto del presente existen dos Abrahela, la buena y la mala, una que sello mi abuelo y después se liberó y su versión buena.
—¿Dos Abrahelas?, pero si la que conocí es mala, la otra no me quiero imaginar que tan mala es.
—De hecho, la que conociste es la mala, la buena anda por ahí sellada, la Abrahela adulta que conoces e mi propia voluntad de mis sentimientos y emociones reprimidas.
—¿Cómo es eso posible?
¿Hay alguna posibilidad de rescatar a Abrahela buena?
—Ayúdanos, haz lo que se te pide y te ayudare que tengas la versión buena de la mujer que te enamoraste.
Tu amigo Josué con su grupo de rock, Sangre Sucia la liberaron, tuvo ayuda del jugador y mayordomos que alguna vez sirvieron al señor oscuro y que lo siguen haciendo.
—¿En que año nació Abrahela buena?
—Es de mi edad, sola la mala nació después porque yo la cree, pero existimos desde siempre.
—Sí, entiendo por lo de la omnipresencia.
—Si, en efecto —dijo la niña.
—Vamos primero a liberarla y continuaremos con el plan.
—Si fuera así de fácil muchos ya lo hubieran hecho, es un bien preciado para Abrahela, es claro que defenderá el lugar para que nadie se la pueda llevar.
—¿Alguna pista?
—Está en algún punto de las catacumbas, duerme plácidamente y resguardada lo más obvio, no puede ayudarte por ahora, si Abrahela se entera se echará a perder esos planes.
Recuerda que has llegado hasta aquí improvisando, quizás debes hablar con el jugador, él puede ayudarte más.
—Espero que todo esto valga la pena —expreso Leonardo.
—Esperemos que si Leonardo, esperemos que sí —dijo la niña—.
Esto es todo, debo retirarme.
—¿Nos volveremos a encontrar?
—Por supuesto que sí, debemos de salvar el día y el mundo, espéranos, aún falta una ceremonia y el evento principal que te involucra en todo, ¡lo siento!
—¿Moriré?
—pregunto el escritor.
El ambiente se puso incomodo, se hicieron vistas al cielo sin ganas de responder esa pregunta.
—Eso no lo sabremos… debemos de pensar positivo, siempre.
—Pero si es un bucle, ya ha pasado esto, deberías de saberlo.
—No todo gira entorno a ti Leonardo, solo eres parte de algo más grande, enfócate en hacer lo correcto para salir del pueblo, eso es lo que más debería de importarte.
Ahorita eres tú, antes fue otro y después de ti será otro.
—Correcto —finalizo Leonardo de forma pensativa.
—Animo campeón, ahí estaré para ayudarte —dijo Casimiro.
—Nos vemos —se despidió Goyo.
No todo termino, lo que vendría después definiría el rumbo de las cosas en materia de respuestas y la escapada del infierno que se vive en el lugar, el haber experimentado con la ayuda de la niña fue de mucha ayuda, consiente de mejorar, dejo el lugar.
Todo le resulto interesante, aclarador y confuso con respecto a las dos Abrahelas, froto sus ojos al ritmo de aclarar ideas, pensaba en Abrahela buena y en quererla liberar para estar con ella, se había enamorado de la versión mala, y la que estaba sellada era la misma, pero con buenos sentimientos.
Ahora solo necesitaba regresar con la esmeralda hasta el jugador, encontrar la espada y seguir en el juego, ganarlo derrotando a los demonios que atormentan el lugar y los hacen victimas de vivir en un mundo que no es real, solo cruel y sanguinario.
Se escucha fácil pero aún es un camino largo y peligroso.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com