VERANO DEL 98 - Capítulo 22
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Capítulo 22: ANDRAMARIANDA
1
De vuelta iba el hombre, recuperado, con miedo y ansiedad por lo que seguía. Antes aun que hubiera escrito sobre eso, hubiera negado la existencia de brujas, hombre lobos o demonios, pero ahora confirma que la imaginación humana es un hecho que puede ser real en momento de la vida misma, propio de si pensaba en todo lo malo y dejaba lo bueno a un lado, correteado por la desesperación en la que se encontraba en cada oportunidad para doblarse por la mitad casi pegando la frente al suelo, con ganas de ya no seguir, solo percibía odio por todo.
2
Se escabullo entre los muros, el acercado y los arbustos que rodean la propiedad de los Yamhir. Tomo el camino alcantarillado rodeando frente de la propiedad, viendo de vuelta hacia donde debería estar el ático esperando asustarse con una de las muñecas de la niña, pero la casa paso al deterioro muy rápido, sin gente cuidando las grandes extensiones de pasto, podar los árboles, darles mantenimiento a las fachadas, la casa se venía abajo perdiendo su esencia de que alguien alguna vez vivió ahí.
La alcantarilla aún estaba desatapada, por donde salió Skuardo para ser libre por primera vez, donde vio volar a ese ser, que lo ayudo y sería libre por fin, pensaba en su libertad como un buen presagio para él y todos los que lo siguen ahora. Entro dando un brinco y cayendo al fondo del cual antes sabía que es un cuarto de máquinas y calderas, nada de qué preocuparse, solo el de volver a poner un pie en este maldito lugar. Esperaba contactar con el jugador de forma rápida, el lugar una fosa, con la pequeña luz que se pierde en la inmensidad del espacio vacío donde se encuentra, fácil puede ser su lugar de muerte y no retorno entre la desesperación de la penumbra avanzo, sin nada que lo guiara, su única luz el mapear los recuerdos anteriores para salir de ahí con vida y no padecer nictofobia, pegaba sus manos a la pared, guiándose por la fría pintura que se secó hace unos años y la corrugada piedrilla que le pasaba por la palma, de nada servía llevar los ojos abiertos, pero parpadeaba en cada pisada, ya no sabía si daba vueltas en círculos. Guiaba su oído al quejido y golpeteo de una cadena, seguido por el sonido de un gotear en cascada y el retumbar de una boca sedienta de agua.
Siguió eso, como su única forma de salida, esperando lo peor por adelantado, y fuera lo que fuera que estaba ahí, sediento y encadenado, o solo una mala pasada del miedo de caminar a oscuras. Azoto poco fuerte contra una puerta metálica, lo supo de inmediato por el olor y sabor que quedo registrado en sus labios al golpear su rostro, el óxido y el dolor significante en la nariz, le hizo cerrar y abrir los ojos en señal de maldecir todo a su paso, jalo la puerta y no tuvo respuesta, abre empujándola. La puerta rechino feo, faltándole mucha grasa y aceite para aligerar el mecanismo de abrir sin ser detectado por el estúpido ruido. Al otro lado la bendita luz.
Agradeció a los genios de la electricidad por semejante descubrimiento.
Un pasillo de extremas paredes en un amarillo pálido, de manchas negras, sucias y chorreantes ventanas con cristales cubiertas de una pared delgada al otro lado, solo simulando que tenía vista afuera. Un techo en piedra tirando polvillo como si arriba pasara una locomotora, a unos metros de él, escaleras sucias en el mismo color de paredes y el creciente sonido del golpeteo de cadenas que caen en cada peldaño. Un miedo en el arribo, esperando lo peor bajando las escaleras, la agitación de su corazón fue breve, frenada por la repulsión, asombro y horror al ver bajar un french poodle gigante, bien aseado y cortado su pelo en forma elegante. Lo que tenía enfrente era la misma sensación de ver algo incómodo, una pintura que te sigue, una estatua que piensas que se va a mover. El animal lo vio poniendo más nervioso al hombre, el perro respiraba como si se estuviera ahogando por un extremo calor, de ahí que, de su hocico cayera saliva a grandes cantidades y las cadenas estuvieran alrededor de sus patas y cuello, pero no para contenerlo si no para algo más fetichista a favor o en contra del animal —¿Qué eres?—, pregunto el hombre, pero el animal solo se limitó a seguir bajando las escaleras, Leonardo camino rodeando al perro, que solo pasaba ya sin prestarle atención, los movimientos del animal, naturales, rasgos bien hechos, ¿Qué es lo que le perturbaba tanto al hombre? Los dos cruzaron, Leo no dijo una palabra más, sudaba frio y cuando se terminaron de cruzar el hombre subió sentado a espaldas de las escaleras, sin dejar de ver al enorme animal, quien sintió presencia y volteo a verlo con disimulo se escuchó una ligera maldición, seguido de un ladrido.
Subió tres peldaños con rapidez, eso no era un humano ¿Qué es? Preguntaba en su mente sin dejar de ver la escena donde el animal daba a espaldas a la puerta metálica, movía sus ojos de un lado para otro, de forma absurda y sin coherencia a su frente y piel, pareciendo una máscara barata, una vez que le prestabas más atención al deterioro de lo inusual del momento, convirtiéndose de forma más incómoda para ambos. Desde ese punto de vista y bajo la tutela de la poca luz que sembraba en el lugar, del amarillento de los colores pálidos, recaía a sus sombras la voz del jugador, pidiendo que ignorara eso y que dejara a la criatura en paz, Leonardo intentaba anular esa petición quería ver qué pasaba con el simple hecho de tener enfrente a algo que lo inquietaba porque resultaba desesperante y en cierta forma manipulador para la realidad en la que veía las cosas. Demonios, duendes o fantasmas lo ponían a llorar sabiendo que son cosas que lo lastiman, pero esto iba más allá del físico, y pasaba a lo psicológico, al juego mental de lo real y lo irreal, llevando consigo todas las preguntas existenciales de saber que esconde esa piel.
El animal se ponía nervioso como querer dejar la habitación, pero no encontrar la forma de cómo salir de ahí, para ese punto, ya no sabía cuál de los dos estaba más incómodo, si el hombre o la cosa es la que su traje se deterioraba con el pasar de los minutos, que parecían eternos entre la disputa del terror psicológico y el juego de miradas inquietante «deja eso», resonaba en la cabeza colectiva del hombre y el jugador. No hay nada ahí, continuaba el jugador.
Si miraba las cuencas de los ojos del animal, se vía una cierta carnosidad al traje, pensaba y divagaba en si era alguien vestido o solo un mal rato para desestimular su mente a la locura que estaba más por llegar que irse. Quien cedería en la mirada, la intriga del hombre era perpleja al sinónimo conocer el secreto que el momento guarda, las extremidades del animal, eran más semejantes a alguien vestido, el traje ya no parecía ser cierto y solo el cosplay de algo mal hecho, por la posición era incomoda, pero se aferraba a no ceder y demostrar que puede hablar, babeaba con recelo, sediento y sin una fuente de agua podría sucumbir en revelar que pasaría, o al menos eso piensa Leonardo, demostrando de forma irónica haber descubierto el santo grial.
—No puedo seguir con esta mierda —expreso el gran can, parándose en sus piernas traseras, para abrir la puerta y salir—. Eres un agua fiestas —fue lo último que se escuchó del can al cruzar esa puerta.
Dejando ver así el incómodo momento, ya que una vez más lo que aprecia un animal, resulto ser una persona.
—Concéntrate —expreso el jugador en la mente de Leonardo—. Continua.
Leo no gano nada, pero experimento un suceso que le pareció bien al momento, sinónimo de avanzar con el miedo irracional que lo precede en cada momento y rincón del estúpido pueblo.
Siguió subiendo de espaldas, recreando los sucesos que hasta hora le han pasado, viendo más para allá de su libertad, regresar con su familia, ver de nuevo a sus padres, no le interesaba incluso contar la historia a los medios, sería en vano, nadie cree ya esos cuentos, eso solo le serviría para sepultar su carrera.
3
De Vuelta
Pego contra las piernas larguiruchas del jugador, quien lo levanto por la camisa como si nada, lo arrastro escasos metros, cuando Leonardo ya había subido por completo, lo puso del otro lado de la habitación, el lugar lo recordaba a la perfección, donde conoció al fraile, después de ser brutalmente lastimado por esa criatura.
El salón del arte demoniaco.
—Supongo que aquí te refugias —dijo el hombre, masajeando su cuello—. ¿Qué necesidad de usar la violencia conmigo?
Tironeo fuerte de la camisa, que todo lo que lo arrastro lo iba ahorcando.
—Estamos en un momento crucial y tu admirando a un hombre vestido de animal.
—Fue más que eso.
El jugador golpeo la mesa de piedra.
—Ignorare lo que dijiste, te recuerdo que tienes una misión, te recuerdo que la vida de mi familia también está en juego.
—Lo sé, me ha pasado mucho, que no sé si me lo creerías.
—Descuida ya todos saben lo que hiciste, mataste a uno de los sirvientes de Abrahela, sabe que liberaste a su hijo, quien te ayudo, sembraste terror en el pueblo, ¡qué ironía! Debió ser al revés.
—¿Qué sigue ahora?
—Guarda la esmeralda, la vamos a ocupar pronto, traje algunas provisiones, si es de tu agrado el comer —dijo de una forma más tranquila.
—He comido antes de venir, tuve una reunión, pero tomare agua.
—Toma todo el tiempo que gustes, pero nos iremos pronto.
Leonardo abrió el saco con los alimentos y solo agarro el traste de agua, bebió con desesperación, la abstinencia al no ingerir alcohol, lo molestaba.
—Hay libros sobre la mesa, deberías echarle un ojo, te servirá —expreso el jugador, quien dormitaba en una de las esquinas—. Cuando estés listo, me avisas.
Sobre la mesa, varios libros, apilados, como esperándolo, fueron escogidos de forma selecta para la interacción con el hombre. manuscritos sobre unas cuantas criaturas y posiciones, recuerdos, poemas y canciones, entre hojeada y hojeada, tomaba otro, leía su título, todo tranquilo, nada que tal vez no hubiera leído o visto antes, apilaba los libros al otro extremo, bajando la montaña de un lado para crearla del otro. El último en agarrar, uno de pasta color verde, y en el lomo escrito “uno, guion dos”, leyó la portada “YY”.
—¿YY? —pensó Leonardo.
Levanto la portada, dándole vuelta, hizo lo mismo con las demás páginas, pero todas las hojas estaban en blanco, volteo el libro y no tenía algún prólogo, lo tiro por un lado justo a la montaña de los demás, derrumbándolos.
—Esto no sirve —dijo el hombre.
El jugador no reacciono, estaba dormido, Leo no lo interrumpió, sería mejor dejarlo como esta, para que molestarlo.
En el estante vio otro libro igual a ese, de la misma pasta color verde, camino hacia él y leyó el lomo del libro, “Dos, guion dos”. Lo tomo y leyó el tituló, “YY”. Nuevamente tenia las mismas letras. Lo abrió y solo la primera hoja tenia escrito algo, decía lo siguiente.
“He aquí otro, pon los dos libros en su lugar, y entra, tienes mucho que saber”.
Leonardo quedo algo sorprendido, era como un rompecabezas, acertijos para encontrar algo. Puso el libro donde estaba y cogió el otro de la mesa para dejarlo junto al segundo al estante, en orden, pero no pasó nada, los volvió a tomar y los acomodo del otro lado, con la idea que ahora si funcionara. No pasó nada… quito con enojo todos los libros del estante, arrojándolos al suelo, solo dejando los dos parecidos, detrás de todo, una muesca que encajan perfectamente los dos libros verdes, jugo un poco con el orden, cuando atino su posición el estante se partió por la mitad dejando ver una habitación secreta, el lugar se ilumino por arte magia esperando al visitante.
—Eres un genio, ahora entra y averigua que puedes encontrar —rezumbo la voz del jugador en la cabeza de Leonardo.
Del otro lado, una pequeña mesa sencilla, una silla, pilas de hojas con escritos a los costados, libros y tinta regada, seca desde hace mucho tiempo. Al fondo un enorme altar, recubierto por fotos, de una mujer, flores marchitas, que alguna vez tuvieron vida, velas sin cera y una urna funeraria con una pequeña foto de la misma mujer y el padre de Abrahela, el doctor del pueblo, Ysaak Yamhir.
—YY, Ysaak Yamhir —pensó Leonardo.
—Eres un genio —insistió el jugador, entrando a la habitación.
—Serías tan amable de salir de mi cabeza, te lo agradecería.
El jugador expreso una sonrisa en la mente de Leo, siendo más aterrador de lo que parecía ya que carece de rostro.
La habitación cuidada, con cierto polvo y telarañas por no ser ocupada, habitada o darle el mantenimiento correspondiente. Y en la foto que esta frente a la urna, un título que dice, “Mis memorias” lo abrió, y leyó.
Quien diría que un momento de mi vida, pasarían muchas cosas trágicas, no guardo rencor por todo lo que mi padre me obligo hacer o me hizo, todos esos experimentos, al final me volví una especie de héroe, nacer con esa estupidez de las secuelas, al final no es un gran poder, pero es interesante si lo logras comprender y utilizarlo de la forma correcta, espero que lo que lleguen a tenerlo puedan saber cómo usarlo, es difícil de explicar y no hay nadie que te enseñe como utilizarlo y desarrollarlo, solo por tu cuenta lo podrás comprender, espero que no sea demasiado tarde y te ayude de mucho, al menos para recordar una fecha especial como la noche de bodas. «bromeo». Quien diría que esta estupidez del bucle infinito es una realidad, ya no recuerdo la primera vez que paso, pero estoy harto de que pase constantemente, por más que lo intento parar no puedo, resulta que aun que me niegue en tener una hija, ya está ahí, siempre nacerá y si no lo hace ya existe, pero por suerte existen ustedes los sujetos que llegan. Los llamo los repetidores, y aun que muchos no tienen las secuelas, sirven para intentar parar este infierno, tal vez yo no esté en tu presente, porque estoy muerto, pero estaré de mi pasado mandándote ayuda.
Leonardo siguió leyendo y cambiando de hojas.
Los libros siempre aparecerán porque siempre los estaré escribiendo, aunque ya estoy harto, pero si debemos de seguir, no podemos dejar que el mal triunfe, cuento contigo, debemos de acabar con mi hija Abrahela y con John, aunque enfócate más en mi hija, ella es peligrosa, John es poderoso, pero necesita de muchas cosas para recuperar su poder, John se hace fuerte cuando la gente cree en él y lo adora, cuando le tienen miedo y hacen sacrificios en su honor, sin eso, no es una amenaza, por eso constantemente le hacen sacrificios para algún día despertarlo, las secuelas son un regalo de el para la humanidad es parte de su energía repartidas, si nasciste con ese gran poder, trataran de llevarte para ser un digno sacrificio, y así de poco a poco hacer que John recupere su fuerza. Felicidades si eres un repetidor, es tu oportunidad de cambiar las cosas, no confíes en nadie, bueno puedes confiar en estas palabras, nadie en el pueblo es tu amigo, al menos que te encuentras más como tú que hayan escapado y no hayan querido salir del bucle, también puedes confiar en el jugador, es dócil, no creo que llegue a matarte si piensa que lo traicionaras, pero necesitaras más gente que te sume a que te reste.
Leonardo seguía cambiando de página.
Te contare de algo que te podrá ayudar más adelante, o tal vez ya hayas escuchado de ella, pero si no te cuento, hay una cámara que alberga una espada, para entrar en esa habitación necesitaras la esmeralda, pero para activar la espada necesitaras el topacio, donde buscarlo en este punto necesitaras el poder de tus secuelas para encontrarlo, ya que es difícil por el hecho de que cambia a partir de la historia, pero puedes empezar preguntándole al jugador él sabe mucho más que yo, esto lo escribo en mis inicios después de haber sellado a mi hija, es la única forma de escribirla sin haber sido detectado, buena suerte repetidor.
Leonardo dio vuelta a la última hoja.
El nombre de la espada es Andramarianda, lleva el nombre de la madre de Abrahela y fue también su madre quien la creo, en teoría es ella misma, se convirtió en el instrumento para destruir a su propia hija, las dos piedras son dos partes de su alma, recuerda la esmeralda abre la cámara y el topacio activa la espada, es por eso que es difícil de conseguir.
Buena suerte repetidor…
Leonardo cerro el libro, y lo dejo en su lugar, se quedó parado pensando, cuando sus ojos comenzaron a ponerse en blanco y cayó al suelo retorciéndose como antes, estaba tendido en el suelo, atravesó de sus recuerdos pudo verse a sí mismo diciéndose en el hotel que escribiera la nota de antes, la que le decía acerca del topacio, pero antes de que pudiera decirse a sí mismo que en donde estaba la ubicación, estaba María quien le decía que no, que no le dijera la ubicación y que mejor se lo guardara, en su secuela, se montó una secuela de María, estaba confundido, como era eso posible, como pudo tener ese recuerdo, de pronto se desvaneció esa escena y le vino otra a la mente, era el punto de ser crucificado, y luego otro recuerdo con el chamán, el cual le entrega el topacio, y por último la escena en como conseguía el topacio, la secuela era muy explícita, en su mente, Leonardo se encontraba en el campamento de los sobrevientas y convencía al Chaman que debía de matar a todos para conseguir el topacio, era la voluntad para obtener la piedra, en la secuela el hombre jaguar aceptaba y Leonardo veía como el chamán mataba a todos en el campamento, y así lograr obtener el topacio, al menos sabía que el chamán lo tenía, o está en su posición, peor como era eso posible.
Leonardo se levantó muy agitado, sangraba de la nariz, se limpió, llorando por lo que había ocasionado, pero no había paso atrás, debía de seguir, y hacer que lo que había hecho no fuera en vano.
—Supongo que vistes, lo que tenías que ver.
—Vi algo, obligaba a alguien a matar a medio mundo para conseguir el topacio.
—No hagas caso a todo lo que puedes llegar a ver, recuerda que los pensamientos y recuerdos encontrados por las secuelas, cambian con frecuencia.
Leo solo limpio su nariz, quería seguir escuchando al ser larguirucho, en cierto sentido era razonable lo que expresaba ya que todo era diferente por cuestiones de repetirse la historia, pero con acciones que pueden ser muy diferentes y de otra extraña razón al sentir eso, se identificaba con el Chamán, quien al haber sido alguien que paso por las secuelas, también estaría listo para hacer todo lo que fuera para irse de ese lugar.
—Ysaak, menciona que debo de confiar en ti y que me ayudaras.
—Ya lo estás haciendo, desde que nos conocimos te he ayudado.
—Tu servías antes para el señor oscuro, has traicionado a todo mundo con tal de estar vivo.
—Tengo una familia, lo recuerdas…
—Yo también la tengo, quiero largarme de aquí para volverla a ver —dijo Leonardo.
—Me adelantare, te avisare cuando puedas salir, echare un vistazo primero, hare que sientas confianza —finalizo el jugador.
4
Reposo en la mesa su cuerpo, bebiendo agua y las malditas ganas de ingerir alcohol, llevaba una media hora esperando a que le jugador le diera la señal para irse, afuera entre los pasillos de la catacumba chilla el Ualtepotsoka, solo de recordar, la piel se le eriza al hombre, las pisadas fuertes y los constantes lloriqueos de la bestia lo perturban más al recordar todo lo que le sucedió.
—Ya puedes venir, toma la antorcha del suelo junto a la mesa y ven, el camino está libre.
—¿Y la criatura? —dijo sin recibir respuesta.
El jugador salió de ese canal de llamada telepática. Leo ignorando todo lo que antes le sucedió, tomo la antorcha y camino por el pasillo, donde los restos ya no estaban, las catacumbas cambiaron, antes por donde fue arrastrado, esa puerta se cerró, ahora le tocaba regresar por un lugar de pesadillas. Se aferró a sus cosas, el morral, la espada y la antorcha, ajusto sus lentes y se adentró entre el oscuro y húmedo pasillo que conecta a las catacumbas y donde el que te sigue se encuentra, los ruidos lo acosaron por todas direcciones, solo esperando el golpe o el quejido cerca de sus oídos, esperaba deteniéndose apropósito para recibirlo y cortarlo con su espada, sonaba genial en su mente, esperaba que fuera de igual forma al momento de ejecutar el corte. Camino hacia el centro del lugar donde antes recibió una paliza, alumbraba con la antorcha y tomaba por el mango la espada. La criatura pego un gran chillido a espaldas de Leo (como diciéndole, aquí estoy), sintió la presencia detrás del, pero antes de que pudiese sin siquiera sacar la espada, escucho que algo se quebró de manera muy fuerte. Entre la oscuridad y con la hoja desenfundada vio como algo se acercaba, tomo una posición de combate, vio las enormes piernas acercándose, el cuerpo, la altura, el jugador, frente a él, llevando al Ualtepotsoka por el cuello, colgando en su mano derecha, muerto. Quebró su cuello con tal brutalidad que hacia reafirmar que el jugador era demasiado fuerte y poderoso. Un tipo con el que no te gustaría meterte.
—¿Esta muerto? ¿Lo mataste? —pregunto Leonardo.
—Sí, ya no nos molestara nunca más.
—Pero no dijiste que era una de las mascotas preferidas de Abrahela.
—Sí, pero es para que ya no moleste. Además, necesitas confiar en mí.
—Y… ¿ahora que pasara?
—No hay vuelta atrás, ya se ha de haber enterado de que su mascota está muerta, y vendrá por mí y por ti. Lo único que nos queda es movernos pronto.
—De acuerdo —finalizo Leonardo.
El jugador soltó a la criatura.
—Adelante sígueme —dijo el jugador.
Leonardo solo asintió con la cabeza, el jugador se puso delante y camino algo deprisa, lo siguió entre las catacumbas hasta llegar a un pasillo muy largo, donde las paredes iban pareciendo más de carne, unos latidos que retumbaban y a un sonar cada que caminaban.
—¿Qué esto? —pregunto Leonardo.
—Son las catacumbas, en cierto modo están vivas, estamos cerca de su corazón —respondió el jugador.
—¿Qué pasa si destruimos el corazón?
—Mataremos a las catacumbas, pero no podemos hacer eso aún, revelaremos nuestra posición, ya vienen detrás de nosotros, Abrahela y sus demás sirvientes.
—¿Alguna sorpresa más adelante? —pregunto Leonardo.
—Hay tres conductos, el que te lleva a la cámara donde se encuentra la espada, donde está el corazón y el salón principal de las catacumbas, el problema es acertar ya que cambian de lugar y no sabes que sorpresa te llevaras del otro lado.
El hombre se cansaba, pero no pueden parar a tomar un descanso, el costado del estómago le dolió por tragar demasiado aire, caminar sobre la carnosidad, rojiza y viva le recordaba cuando había estado en la mansión peleando contra Josué.
—Pero tenemos la esmeralda, la piedra no nos puede ayudar a saber porque puerta entrar.
—Sentirás que vibra, pero no podemos controlar que puerta aparecerá, así que la primera que aparezca, entraremos en ella, la cerraremos y solo así podremos seguir huyendo, regresar a la superficie e ir de nuevo al bosque, sería la mejor idea de sobrevivencia.
—Espera un momento jugador, tenemos que activar la espada y necesitamos el topacio.
—Sí, lose, pero de eso te encargas tú, necesitas el poder de las secuelas para encontrarlo, solo tu podrás hacerlo, yo no puedo ayudarte con eso…
Leonardo echo un gran soplido al aire de cansancio y ganas de parar, las piernas le hormiguearon, cuando fue la última vez que corrió, quedo pensando.
—…Ya tuve esa revelación en la cual encuentro el topacio, pero obligue al Chamán a matar a todos en el campamento para conseguirlo.
—A él fue a quien obligaste para tenerlo, ¿está seguro que fuiste tú, y no alguien más? Nadie dijo que sería fácil, se tenía que sacrificar algo para obtener otra cosa a cambio.
—Estoy muy seguro que fui yo, me vi hablando con el chamán, solo que nunca vi su rostro.
—Entonces como sabes que fue el, ¿Por la vestimenta?
—Si iba vestido igual.
—Pudo haber sido cualquiera, debes de indagar más, la verdadera pregunta aquí es, ¿Estás dispuesto hacer lo que sea para conseguirlo?
—Hare lo que sea, pero no creo poder convencer alguien más de que mate o dejar que hagan eso por mí.
—Tienes que decidir cuando llegue el momento, si no todo quedara en vano, y ya arriesgue la vida de mi familia por ti, Leonardo.
Leonardo sintió con la cabeza, omito partes donde al convencer al chamán parecían recuerdos ya muy viejos que posible y no eran ellos, y si lo replico de otras secuelas, pero confiaba en que era el, jugando con la vida de los demás y todo surgió porque ellos mismo llevaron en algún momento a la bruja y al monstruo sin cabeza al campamento, siendo los acreedores de tal masacre, pero en el momento, el chamán asumía todo el castigo, pero aun así lo necesitarían teniendo su redención, en la secuela que montada de María, ella ayudo con el cometido por el intercambio de puestos, Abrahela dejaría en paz a Enrique, quedándose con los servicio y el poder del Chamán, pero después de todo lo acontecido entre que si el hombre jaguar, fue seducido y también fue un traidor, ahora servía para ayudar a los demás. Si hay un tipo de respuesta en eso, quiere decir que hay algo que no está viendo, le resulta difícil al no controlar las secuelas y poder ver que es verdad y que es mentira o porque se repiten los patrones y cambian las cosas, que relación tiene una con la otra, puede ser que el también será aun traidor y decepcionara a todos.
—Late el lugar y retumba la carne viva, un corazón que rejuvenece, las catacumbas están vivas de nuevo, se puede sentir —gritan fanáticos de John adheridos a las paredes.
—Es Abrahela —dijo el jugador—, démonos prisa Leonardo.
La mujer les pisa los talones, enojada, furiosa y con ganas de matar todo lo que se cruce en su camino. No quedo de otra que desplazarse como grandes atletas por el pasillo carnoso y latente, Leonardo saco la esmeralda para que detectara la puerta correcta ya que al fondo estaban las tres puertas, la esmeralda lo guio hacia la izquierda, esperando que en el momento justo antes de entrar no cambiara. La puerta se agitó con gran rapidez, casi desapareciendo. Algo detrás lo llamaba con urgencia.
—Dame eso —dijo el jugador.
Leo le dio la esmeralda al jugador y este puso la piedra en la puerta, todo fue por arte de magia, la esmeralda se desintegro, dejando el lugar activo para su entrada y salida a voluntad. Al invocar la entrada, el ser larguirucho entro primero, guiando al hombre. Observaron todo, cada cosa en su lugar, solo un pilar destruido en medio de la habitación y clavada en el pilar, la espada. Leonardo cerró la puerta para que rotaran las habitaciones y tener ventaja sobre la persecución, el jugador observo la espada más de cerca.
—Creo que si vamos a necesitar el topacio para tener que sacar la espada de ahí —dijo el jugador.
—Te lo dije, ahora ya es tarde, Abrahela ya ha de estar afuera esperando a que cambien las habitaciones o si tiene suerte entrar a la primera y matarnos, será el final y no sirvió de nada —respondió Leo.
—Tranquilízate Leonardo, vamos… no llegamos tan lejos para nada.
—Y que sugieres genio, la puerta del lugar ya ha sido abierta, si nos vamos ellos custodiaran el lugar, y si regresamos con el topacio, la guerra se librara aquí —dijo Leonardo.
—Tratemos de sacarla.
—Intenta, tu aquí eres el que tiene súper fuerza, veré si encuentro algo que nos ayude.
El jugador tiraba de la espada intentando sacarla, mientras Leonardo caminaba por la habitación, solo había el pilar al centro con una leyenda que dice:
“Andramarianda, amada Esposa y amada madre, quien se convirtió dividiendo su alma para volverse un arma”
—Encontraste algo que nos sirva —dijo el jugador.
—Nada bueno, solo la leyenda en el pilar que hace ilusión a la madre de Abrahela, ¿La conociste?
—Sí, hace mucho tiempo, era mitad humana y mitad demonio, pero era buena, no estaba corrompida por el odio o el poder, era una buena mujer. La humana más amable, buena y bondadosa que haya conocido, no me extraña que el amo se haya enamorado de ella.
—¿Cómo fue posible que se convirtiera en un arma?
—Alguna especie de hechizo o ritual, el amor de madre para proteger a su hija, recuerda que son dos Abrahelas, y ella intenta proteger a la Abrahela que todavía no es corrompida.
—Esta sería una buena historia para un libro, si salgo de esta, lo publicare todo —dijo Leonardo.
El jugador río en la mente de Leonardo, y fuera de la cámara en la que se encuentran, los gritos de Abrahela se intensificaban, se pronuncian más a la hora que avanzan sus pasos que retumban por todos lados, los latidos del muro carnoso no se escuchan o al menos en la habitación no llegan.
—Se acerca, ya casi está aquí —dijo el jugador.
Una puerta secreta de la habitación se abrió, y entro un hombre cubriendo su cuerpo con una capa negra larga, detrás de él, unos hombres escoltándolo, nativos y unos cuantos hombres que habían sido víctimas, pero habían logrado escapar, el hombre con la capa negra dejo verse, era el chamán en su estado base, sin dejar ver su rostro usando la misma mascara de siempre.
—Rápido Leonardo no hay tiempo, toma —dijo el chamán el cual le aventó el topacio.
—¿Cómo fue eso posible, hiciste…?
—No hay tiempo de eso, vámonos dije —grito el Chamán.
—Deja de jugar, niño y vámonos, has caso —dijo el Jugador apartándose de la espada.
Leonardo lo atrapo y lo poso frente a la espada la cual se elevó lentamente retirándose del pilar destruido que está en medio de la habitación, la puerta principal de la cámara sonaba fuerte por los golpes del otro lado que Abrahela daba para abrirla porque la posición de las habitaciones no eran las correctas, pero en cuanto se alinearan la mujer entraría con furia a matar a todos. Leonardo tomo la espada, la admiro.
—Es una buena pieza.
—Démonos prisa —exigió Octavio.
Algunos nativos salieron por donde entraron, antes de que todos pudieran salir, la puerta principal de la habitación se abrió, Abrahela entro con sus secuaces.
—Cierren la puerta —ordeno el chamán a los pocos nativos que quedaron dentro.
Estos hicieron lo propio, acompañando, al jugador, Leonardo y el chamán.
—¿Quién de ustedes mato a mi Ualtepotsoka? —grito Abrahela.
—Tendrás que adivinar —dijo Leonardo.
—Bueno tendré que ser más específica, quien de ustedes dos —dijo Abrahela señalando al jugador y al chamán—. Es obvio que tú no podrías cariño —concluyo Abrahela con una tonalidad más dulce.
—Por eso digo que tendrás que adivinar entre ellos dos —finalizo Leonardo.
—De acuerdo nadie hablara, ¿Y tú qué haces con ellos? ¿acaso se te olvido para quien trabajas? ¿Acaso se te olvido que tengo a tu familia? —menciono Abrahela al jugador.
—Aun no olvido eso, pero será momento de detenerte —dijo el jugador en la mente de todos.
—Decidiste el camino equivocado.
El jugador pidió a Leo que empuñara con fuerza la espada y se preparara para el ataque.
—Aun no es momento, aun somos vulnerables y ella es muy fuerte —explico Octavio.
—Entonces en que momento —dijo Leonardo.
—Solo espera amigo.
—Creo que él tiene razón —menciono el jugador.
De otra puerta escondida entro un hombre, pequeño encorvado por una gran joroba y con la cara algo deforme, cabello mediano peinado de librito, con una gran raya en medio, vestido de un smoking negro.
—Se… se… señorita Abrahela —dijo el jorobado tartamudeando.
Leonardo reconoció la voz, era la misma voz que había escuchado cuando se encontraba en el cuarto de calderas poco después de haber sido guiado por Skuardo, era el hombre que iba platicando con Abrahela y otro hombre que no identificaba, Leonardo voltio hacia la voz del hombre, el chamán volteo de igual forma y el único que no lo hizo fue el jugador quien estaba todavía en pose de ataque hacia Abrahela.
—Dime Arkus, ¿qué tienes para mí?
—Es… es… el s… señor, ya… ya des… des… despertó por comple… ple… to…
—Eso no es bueno, aun nada de lo planeado está listo, debemos irnos —dijo Abrahela.
Dos de los dedos de Abrahela se estiraron hacia el jugador atravesando uno de sus brazos, parecían dos varillas largas, el larguirucho soltó un grito que aturdió en la mente de sus aliados y enemigos, cayendo al suelo.
—Guarda silencio —dijo Abrahela quien mutuo al jugador de su mente.
—¡Rápido! Empuña la espada —exigió el chamán—. Abran la puerta —grito el chamán.
La puerta se abrió, detrás de ellos, los demás nativos los estaban esperando, el chamán jalo a Leo obligándolo a salir de ahí.
—Espera que hay del jugador —dijo Leonardo.
—Es tarde, después iremos a rescatarlo, lo prometo.
—Ayuda, no dejen que me lleve, no quiero morir —gritaba el jugador mientras era atravesado por más de lo dedos de Abrahela.
—El traidor resulto traicionado —menciono Abrahela entre risas.
—¡Maldición! No podemos dejarlo, debemos ayudarlo —seguía insistiendo Leonardo.
—Cierren la puerta —dijo el Chamán.
Leo soltó lágrimas, mientras veía como el jugador era atravesado con brutalidad, y la puerta se cerraba entre ellos dos, el último gesto del jugador era el de estirar la mano para pedir ayuda. La puerta quedo sellada entro los dos bandos, Leonardo aparto las manos con sus hombros y se alejó del chamán.
—Pudimos ayudarlo, y lo sabes.
—Sí, pudimos ¿Y cómo hubiéramos hecho eso? —pregunto el chamán.
—Con la espada, la maldita espada, esa era la clave por la que el accedió ayudarme, era la maldita clave para acabar con todo esto.
—¿Estás seguro? ¿Crees que con la espada hubiéramos acabado con Abrahela? ¿Y si así fuera, que hubiéramos hecho con John, como lo venceríamos? —pregunto Octavio.
Leonardo guardo silencio profundo, el chamán se acercó a él y puso su mano en su hombro.
—Ven sígueme, debemos de seguir avanzando, no podemos quedarnos aquí, necesito mostrarte algo —aconsejo Octavio.
Leonardo asintió con la cabeza y siguió a Octavio y a los nativos por el pasillo por donde habían entrado y salido, era otra parte de las catacumbas en la cual no había estado, las paredes eran carnosas y los latidos se hacían presentes, están cerca del corazón.
—¿A dónde vamos, específicamente? —pregunto Leonardo.
—Iremos a una sección donde explicara el hecho porque no decidí actuar, la forma correcta en que debemos de vencer a Abrahela —respondió el hombre jaguar.
—Espero que valga la pena.
—Créeme que si lo valdrá.
—Si sabias de ella, porque no la mencionaste antes.
—Recién la descubrí.
—Eso dicen todos, al final, parece que nadie sabe nada.
—Y tu parece que no has aprendido nada.
—¿Por qué lo dices? —pregunto Leo.
—Las catacumbas están vivas, recuerda que esto cambia constantemente y hay muchas habitaciones que nunca he recorrido, dudo que el jugador lo haya hecho también —termino el hombre jaguar.
—De acuerdo, debemos de seguir adelante.
Siguieron el camino del pasillo con los latidos intensificados, y cada vez las paredes eran más carnudas de un tono rosado-rojizo, al final del pasillo una puerta metálica muy bien reforzada.
—La puerta no abre —dijo uno de los nativos.
—La espada la abrirá, lo que hay detrás de la puerta explicará muchas cosas —dijo el chamán.
Leonardo y Octavio se acercaron a la puerta en ella hay una forma de una serpiente devorando su cola.
—¿Esto qué significa? —pregunto Leonardo.
—Es la forma de un uroboro, la serpiente devorando su cola, hace referencia al ciclo eterno, el ciclo infinito —respondió el chamán.
—Entiendo, la historia que siempre se repetirá, el bucle infinito, pero que esta vez será destruido por fin —expreso Leo con sarcasmo.
—Eso esperamos todos, la espada nos servirá de mucho.
—¿Por qué no quisiste atacar antes, que piensas que hay detrás de esa puerta que nos será más de ayuda? —pregunto Leonardo.
—No estoy seguro, no he husmeado, ya solo sé que existe, tal vez si hubiera sabido de este lugar antes, tendría otro tipo de respuestas, la niña me explico que ahí se guarda más información que incluso que, me confesó que hace tiempo que no sabía del lugar.
—La niña debería de estar aquí ayudándonos y explicar más, somos piezas de ajedrez para ella.
—Así lo ves tú, pero en realidad, tu puedes hacer lo que quieras. Si deseas el no ayudar, es válido, yo hice lo contrario a lo que hago ahora y mírame, es un milagro que esté vivo.
—Vi una de mis secuelas, donde te convencía para que mataras a los del campamento y conseguir el topacio.
—No fue tuya, si no mía, yo me convencí antes de que tu llegaras que ese gran sacrificio para obtener el topacio.
Leonardo lo miro incrédulo.
—Fue tan real, pareciera que hubiera asido mía, pero muy distinta a lo que realmente sucedió en el campamento.
—Se empalmaron los recuerdos de nuevo, no dejas de sorprenderme. Se ha de haber sentido real por compartir el mismo sentimiento de culpa.
—Podría ser eso.
—Hagamos que valga la pena, Leonardo. Hay que entrar al lugar y averiguar qué hay detrás.
—Antes de poder entrar, ¿conociste a la madre de Abrahela?
—No, pero se sobre su historia, era mitad humana y demonio, se enamoró del padre de Abrahela, el Dr. Ysaak Yamhir.
—¿Cómo es posible que sea mestiza?
—Hubo una época en el pueblo en donde los demonios tenían hijos con los humanos para crear nuevas razas juntando los mejor de ambos, entre todos destaco Andramarianda, la hija de una nativa y de John. El señor oscuro tuvo mucha descendencia mestiza, incluso tú al tener las secuelas, eres descendiente de algún demonio, no sé, a lo mejor de John —termino con forma de burla.
—Y todos estos los mestizos, los primeros ¿dónde están?
—Supongo que muchos ya murieron, y otros lograron salir del pueblo.
—Espero que sean buenas personas.
—Pues si salimos de aquí deberías de dedicarte a buscarlos, conocerlos.
—Con esto es más que suficiente, solo quiero volver a ver a mis hijos.
Rieron un momento agradable, dejando ir un poco de tensión. El hombre jaguar pidió a Leo que atravesara la puerta con la espada, al centro del diseño del uroboros.
—Justo ahí te dijo la niña —dijo Leonardo.
—Justo ahí me dijo —respondió el chamán.
Un cuarto en colores purpuras con negro, fachada gótica con flamas moradas brotando de antorchas negras, otra especie de altar, con tres féretros de madera negra fina al centro, a su alrededor muchas flores, todas en perfecto estado como si se hubieran puesto recién. Solo se encontraban el chamán y Leonardo, varios nativos se quedaron afuera vigilando.
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