VERANO DEL 98 - Capítulo 24
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Capítulo 24: MURO DE CARNE
1
—¿Estamos listos para irnos? —expreso la niña.
—Deprisa —grito el chamán.
Un pasillo sin aparente fin, oscuro, por cada pisada el suelo se ilumina, los costados hacen una especie de juego artificial a la pared carnosa, que con esmero brota en todas direcciones, sin dejarlos a oscuras por completo, cada latir de un corazón sano, rejuveneciendo cada centímetro de las catacumbas. El lugar más vivo que nunca.
—Muchos lugares, pasillos se parecen y en varios de las cámaras encontraras carnosidad, esa carnosidad cada vez cubre más las catacumbas, se acerca el despertar del señor oscuro, pero este pasillo nos llevare al muro de carne, debemos entrar, no será fácil, es casi imposible, pero es nuestro último intento —menciono la niña.
Los tres se dirigieron por el pasillo, escoltados por los nativos que iban a sus espaldas, no porque el lugar se iluminara por partes, quería decir que no estaban exentos de ser atacados por algo más en la penumbra. De las paredes cuelgan cuerpos, frescos, aún con vida, otros que parecen llevar días muertos, pero sin apestar, eso es lo curioso.
—¿Qué hay detrás de ese muro? —pregunto Leonardo, mientras seguía detrás de los dos.
—El corazón de las catacumbas —dijo la niña, hizo una pausa. La carne de los pasillos comenzaba a palpitar con forme iban avanzando—. Ahí se encuentra, mi abuelo, necesitamos llegar a ese lugar y matarlo de una vez, es su forma física.
El chamán aligero el paso, cosa que le costó a la niña seguir el ritmo, pero se negaba a ser cargada por algún nativo, tal vez llevada en los hombros, obvio para ella resultaba no incomodo, si no insultante y que supieran que no por su apariencia de niña, no les haría daño. El hombre jaguar sabía que llegar lo antes posible era la mayor prioridad, también sabía que Abrahela los estaría esperando y debían estar los tres preparados para lo peor, siguieron caminando, no tenían mucho tiempo de haber salido, pero ya se sentían agotados, el caminar por la carnosidad del suelo era complicado, era más pesado hacerlo que caminar por tierra, o pavimento y no saltaban porque a la hora de caer se volvía una masa muy fuerte, dura y dolorosa, paraban por momentos, lapsos de segundos para refrescar los pies, era agotador, llevaban ya un par de horas caminando y pareciera no tener fin.
—¿Por qué tardamos mucho? —cuestiono, Leonardo.
—No lo sé —dijo la niña mientras se jalaba el cabello, estaba desesperada—. Nunca había venido por aquí, es la primera vez —termino.
Dejaron el descanso, escucharon gritos, la carne palpitaba en ascenso, un grito desgarrador hizo que se llevaran las manos a taparse los oídos por lo incómodo y molesto que resulto. Leo soltó la espada a causa del grito que retumbo en sus oídos, la espada en el suelo carnoso se hundió como un palo en arenas movedizas, el suelo rojizo se tragó el arma que les serviría para acabar con este juego
—¡Eres un estúpido! —insistió la niña—, ¡búscala!
El escritor intento desgarrar la carne con sus manos, pero, la unión de fibras musculares más fuertes que la pared sólida. El chamán desenfundo la espada de Leonardo, la que el había hecho a partir de la pata de araña del mayordomo, Nick. Corto en direcciones específicas para intentar sacar la espada, la sangre brotaba como manantial, chorros de sangre como una fuente de quiosco. Los gritos se aproximaban a sus vistas, todos impacientes por descubrir lo que es, el suelo empapado de sangre, los dos desesperados buscando la maldita espada. La niña se posiciono más allá de dos metros, siendo la primera línea de defensa con lo que se avecina. Un grito más, esta vez más leve que el otro, la aproximación de lo que los toparía de frente estaba calculado por la niña a menos de un metro, solo que de ese lado no se iluminaba nada, dejando todavía incapaz de saber qué es lo que hay en esa cortina oscura. Los puños de la niña se llenaron de fuego ardiente, liberando por fin las primeras imágenes de lo que iba a ponerlos a jugar un rato.
—¿Qué es eso? —grito Leonardo.
—No tengo idea, jamás lo había visto —respondió la niña con asombro.
Dio unos pasitos hacia atrás, todos estaban a una distancia considerable de la criatura, el pasillo se ilumino dejando ver toda maravilla a su alrededor. La bestia casi rosando el techo carnoso. Un ser delgado, su cuerpo expuesto por musculo rojizo, sin ojos, las puras cuencas, una cabellera negra, la boca grande de dientes de cierra con picos a su espalda.
—Apúrense —insistió la niña.
—Estamos en eso —dijo Leo.
Andramarianda estaba casi en posesión de ellos, cortaron mucha fibra para rescatarla, leo empuño la espada, el chamán empuño la otra, los nativos sacaron cuchillos de obsidiana, arcos. La niña fue la primera en atacar lanzando las bolas de fuego, quien, por su tamaño, es muy ágil, esquivando los primeros ataques con demasiada facilidad, contrataco metiendo su brazo largo por la pared carnosa, el brazo salió por el otro extremo del lado de Leonardo agarrándolo, todos se preguntaron como hizo eso, reaccionaron para ayudar a leo, un nativo cortaba con la obsidiana pero necesitaría más que eso para lograrlo, el hombre jaguar se abalanzo con la espada para cortar la extremidad de la criatura, Leonardo se quedaba sin aire, lo que le resultaba en muerte pronto, respiro rápido y fuerte, en el suelo, el chamán pidió que no se levantara que recuperara el aliento. El brazo del monstruo se retrajo, regresando a él, y creciéndole otro.
—Sera difícil de acabar con el sí se regenera con esa facilidad —dijo la niña, lanzado un disparo de fuego contra la criatura, haciéndolo retroceder.
No hizo más que quejarse, pero ahora de dolor, la niña repitió la acción, otro disparo de fuego que impacto en el estómago del ser alto, otro quejido. El chamán brinco sobre la niña con la espada de la pata de araña para enterrarla en el estómago del monstruo, gruño, y quejándose del dolor retrocedió pegando su espalda contra la pared carnosa, el chamán retrocedió retirando la espada del estómago. La pared carnoso trago a la criatura haciéndose una con ella.
—¿Termino? —pregunto el chamán.
—No creo —dijo la niña.
—Fue demasiado fácil —agrego Leonardo.
—Hay que mantenernos alerta, puede que vuelva a salir del muro de carne en cualquier momento —dijo el chamán.
—Es lo mismo que pensé —respondió la niña.
Ayudaron a incorporar a Leonardo, los nativos le hicieron media luna.
—Ahora si sostén bien la espada —gruño el chamán.
—No debemos ya detenerlos —agrego la niña.
El pasillo volvió a perder la luz, eran guiados por las pisadas y los pequeños brotes de luminiscencia de los costados de las paredes. Un silencio que causa más pánico y siembra el terror, pequeños quijos de algo viejo rompiéndose por las paredes, gotas de sangre cayendo del techo, el olor a fierro oxidado y el sonar de mandíbulas golpeando sus dientes, como la imaginación colectiva de las calacas que tiemblan en caricaturas o películas.
—Esto me da muy mala espina —susurro el chamán.
La niña solo asintió, ella seguía al frente, con el fuego en sus manos, guiando a todos, los pies les dolían y los mataban de ese dolor, ya no sabían cuánto tiempo llevan caminando. Todos sintieron algo que los seguía en la sombra a sus espaldas, sincronizados giraron, ahí estaba de nuevo el ser, listo para atacar, esta vez el pasillo ya no se ilumino para nada, haciendo de la pelea más difícil. La criatura sin ojos, sacudió sus brazos golpeando y arrojando a los nativos, desprotegiendo a Leonardo. La niña pidió que se quitaran, lanzo bolas de fuego contra la bestia, quien ignoro esos ataques y golpeo a Leo (antes de que pudiera atacar con la espada), quien paso disparado y paso en medio del chamán y la niña, solo lo vieron volar golpeando su cabeza contra el suelo duro de carne quedando noqueado. Varios de los nativos se incorporaron para pelear, la niña prendía las flechas para ser disparadas y hacer el mayor daño posible, una pequeña lluvia de flechas con fuego dieron por todo el cuerpo al monstruo. Lastimado, no retrocedió y ataco metiendo sus brazos en las paredes los cuales salieron en zigzag frente a ellos confundiéndolos, si saber por dónde serian alcanzado por un puñetazo, uno de los brazos golpeo la espalda del chamán el cual lo hizo caer, el otro brazo salió y la mano agarro a la niña, la otra extremidad de la criatura siguió golpeando a ambos en repetidas ocasiones. No podían zafarse y los nativos no hacían de mucha ayuda para que la bestia se fuera como antes, el hombre despertó de aquel golpe, cojeando de una pierna, tomo su nuca, la cual estaba sangrando, lastimado camino empuñando la espada para cortar el brazo que golpeaba a los dos para después cortar la otra extremidad que sujeta al infante. Los brazos se retrajeron, regenerándose.
El chamán empuño la espada con fuerza y corrió para cortar una de las piernas de la criatura, apoyado por sus seguidores atacaron sin piedad, sin importar sus vidas, la niña herida limpio su boca y ataco con fuego de llamarada negra lastimando más a la bestia, Leonardo corrió con Andramarianda y corto una gran proporción del cuerpo, gritaba con desesperación y sufrimiento. Se apartaron un poco, no para esperar una respuesta, si no que todos estaban atónitos ya que gracias a la poca iluminación veían una puerta metálica
—Mira niña, ¿Esa puerta no es la misma por al que salimos hace horas? —dijo el chamán.
—Sí, es la misma, está a unos metros de nosotros pareciera que no nos alejamos nada de ella, ¿cómo puede ser posible esto? —la niña tomo una pausa—. Vamos a regresar, el pasillo no tiene fin, solo está jugando las catacumbas con nosotros.
—Tu ayudaste a construirlas, deberías de saber sobre ellas —dijo Leonardo molesto.
—Tienen vida propia lo que las catacumbas hagan ya no es gracias a mí.
—No hay que ponernos irritables, estamos aquí juntos, unidos, que importa que hayan hecho los demás, que importa que hayamos hecho, tenemos el mismo objetivo —apaciguo el hombre jaguar.
La niña asintió con la cabeza, fue hacia la puerta, la criatura se había callado estaba en el suelo y parecía estar muerta, todos la siguieron, pidieron a uno de los nativos abrir, Octavio curaba las heridas del escritor
—Date prisa y abre esa puerta —exigió la niña…
Empujaron la puerta oxidada que se abrió con dificultades.
—…Es otro lugar diferente, no es por donde entramos —concluyo.
—¿Cómo que es diferente?, si de ahí venimos, al frente no hay nada, solo oscuridad y poca iluminación con forme íbamos avanzando.
—Velo por ti —dijo la niña.
El brazo del hombre se posó en el hombro de la niña, entrando para verlo por sus propios ojos, en efecto era otra habitación, el truco estuvo en que solo debían de dar la vuelta y haberse evitado todo eso, pero no sabían de la broma de esa sección, ayudaron a Leonardo a entrar, lo colocaron por un rincón, le dieron algo más por el dolor y lo durmieron para que se recuperara.
—Descansen por el momento —ordeno la menor.
Tres paredes de las cuatro de la habitación están cubiertas por carnosidad putrefacta y la pared que esta al frente a todos, es carnosidad fresca y joven, latiente, palpitante, era el sonido de un corazón sano y joven, pareciera que quisiera salir de ahí, un rojo brillante de carne latente, con múltiples ojos grandes distribuidos por la pared carnosa.
—Viste que es diferente —dijo la niña y continuo—. Leonardo descansara, por el momento estaremos a salvo.
—Si es diferente de por dónde venimos, ¿cuál fue el truco? Dejémoslo ahí recostado, montaremos guardia.
—Supongo que solo teníamos que dar vuelta, y regresar por donde veníamos, fue un buen truco de magia para nunca llegar y así la criatura de allá nos matara.
—Nunca se nos ocurrió voltear hacia atrás, y pensar que podíamos regresar por donde mismo.
—Pudimos haberlo hecho pero nuestra meta siempre fue seguir, en lo que despierta Leonardo, necesito que me ayudes averiguar que es todo esto y si es lo que estamos buscando —dijo la pequeña Abrahela.
—Sí, vamos a terminar con esto, ya fue demasiado.
Los dos estudiaron la habitación guiados por el sonido palpitante y arrítmico de los latidos de esa pared carnosa, fresca y con ojos, los cuales miraban a todo mundo, pero más enfocados en el chamán y la niña cada vez que se movían y por estar más cerca, parecían cámaras de seguridad que siguieran los movimientos a todo momento.
—Nos están observando—dijo el chamán.
—Ya lo noté, tengo la mal sospecha de que esto no saldrá bien.
Los dos continuaron buscando, se acercaron a la pared carnosa joven, la cual se acercó a ellos también, reduciendo la habitación, como encerrándolos.
—Viste eso, parecer ser que nos quiere acorralar.
—Sí, eso parecer —respondió el chamán—, debemos estar alerta y no acercarnos lo suficiente, si no queremos ser aplastados.
Se hicieron para atrás y el muro hizo lo propio.
—Necesitamos despertar a Leonardo, debemos avanzar con él, pasar esa pared de carne es lo primordial —le dijo la niña al chamán.
—Entendido.
—No es necesario —dijo Leonardo mientras se levantaba, pero con la misma cayó al suelo y sufriendo un ataque.
—¿Qué sucede? —grito el chamán.
—Está teniendo una secuela —respondió la niña—. No lo muevas, dejemos que la tenga, puede que nos ayude en algo.
Leonardo se revolcaba como si estuviera teniendo un ataque epiléptico, espuma salía de su boca, el chamán volteaba para otro lado, no soportaba ver eso, sabe lo doloroso que se siente y no termina de acostumbrarse. Después de unos minutos se calmó, Leonardo tosió.
—Ayúdalo a que no se ahogue —pidió la niña.
Ayudaron a Leonardo, lo sentó recostándolo contra él, este termino de toser y sacar toda la espuma blanca que tenía en la boca, saliva y sangre.
—Estoy bien, estoy bien —decía Leonardo mientras se trataba de incorporarse.
—No te levantes, descansa —expreso la niña—. ¿Qué viste?
Leonardo se quedó sentado, recargándose en la pared carnosa podrida, el chamán se quitó de ahí, sé quedo frente a él a una rodilla, la niña se acercó un poco más, unos nativos estaban presentes y otros vigilaban sin acercarse tanto al muro frente a ellos.
—He… he… eso de ahí al enfrente… es el muro de carne —dijo Leonardo, la niña y el chamán voltearon a ver el gran muro de carne rojizo, vivo y con cientos de grandes ojos y otros pequeños que parecían crecer.
La secuela le mostro a Leonardo que él ya había estado en esa habitación, poco antes de que Enrique muriera. Caminando por las catacumbas, fue llamado por esos latidos, pudo ver a un John Kamper muy débil, esquelético, que lo llamaba como —“un repetidor muy fuerte”—. Y lo hacía ir hacía donde él estaba, pero que este se negaba a ir o acercarse por miedo a lo que pudiera pasar.
—Ven ¿por qué no quieres acercarte? —decía la voz débil de John—. No tengas miedo —continuaba esa misma voz débil, acartonada y quebradiza.
Pero Leonardo se negaba acercarse, parecía ser otra persona y verlo desde su perspectiva, veía sus manos, miraba su cuerpo, sabía que era el mismo, pero no se sentía que fuera él en realidad, sentía como si estuviera dentro de otro cuerpo y vivir otra vida, o alguien al que se pareciera mucho.
—Estamos frente a lo que venimos a buscar —expreso Leonardo, echando miradas a los detalles.
Leonardo recordó que en su secuela Abrahela había entrado con su mayordomo enano y sus dos guardaespaldas anfibios para sacarlo de la habitación.
—Vámonos enrique, no puedes estar, aquí es el descanso del señor, y no debe de ser molestado, todo a su momento, no seas impaciente —todo termino cuando sacaban a Enrique de la habitación.
En ese momento Leonardo se dio cuenta que no era su secuela, no era él y había visto un recuerdo de Enrique o de alguien más simulando ser el, pero que en verdad en el recuerdo son idénticos. Les conto todo esto a la niña y al chamán, este último se encogió de hombros sin entender nada. Estando sin respuesta, la menor estaba más intrigada ya que nunca había visto este comportamiento, no era posible que alguien pudiera ver los recuerdos y secuelas de los demás, entendía porque Leonardo es valioso para Abrahela y el señor oscuro. Pero también creía que alguien más se las había implantado, y necesitaba saber ya, si no tal vez estarían en riesgo, en un peligro mayor, porque todo lo que estaban haciendo o viviendo tal vez podría ser un engaño, una mentira y no estaban en realidad llegando a nada. La verdad del asunto en cuestiones es que las secuelas de Leonardo son únicas. El escritor miraba a la pequeña, intuyendo que sabe algo más, sabe algo sobre cómo es posible que su mente le juegue que es el en los recuerdos de los demás.
Los tres estaban postrados frente al imponente muro de carne con sus múltiples ojos, Leonardo trataba de explicar lo sucedido con las secuelas, pero cada vez era más confuso, no tenía explicaciones, y la niña no sabía todas las respuestas, era un tema que no dominaba mucho porque al perder contacto con Abrahela y su abuelo, perdió el saber sobre ellas.
—¿Ahora qué hacemos? —dijo el chamán.
—Esperar, si ese es el muro de carne debemos saber cómo destruirlo —dijo la niña y continuo—. Atrás esta mi abuelo, débil, agotado en su forma humana, podemos destruirlo con la espada.
—Es un John muy débil, mas indefenso que un bebe —agrego el portador de las secuelas.
—Lo sé, podemos destruirlo de una vez con la espada.
—¿Cómo sabes que está ahí? Y si ya fue a otro lado, recuerden que el hombrecito jorobado, le dijo a Abrahela que su abuelo despertó —propuso el chamán.
—Lo vi en una secuela, no era mía, no sé cómo explicarla, vi a un cuerpo pequeño, débil, demasiado flaco, era John, escuche esa voz acartonada y débil que me está llamando, necesito, tengo la necesidad de ir, debo de saber más —dijo Leonardo escupiendo unas gotas de sangre.
—Relaje hombre, te necesitamos bien y cuerdo, necesitas reposar, esta niña te ayudara a curarte, junto con mis elixires, cuando te hayas recuperado, buscaremos la forma de derrotar al muro de carne que nos acosa con sus cientos de ojos —tomo una pausa y continuo—, montare la primera guardia, aquí descansaremos —termino el chamán.
—Me parece perfecto —finalizo la niña.
La niña termino por curar a Leonardo, el chamán tenia enfundada la espada y listo para cualquier cosa, habían cerrado la puerta, la criatura que habían matado seguía afuera, tirada, destruida, tomaban sus precauciones, se turnaron un par de veces para hacer guardia, mientras Leonardo estaba descansando, y el infante a su lado, tratando de unir las piezas y resolver los misterios. Leonardo ya sufrió mucho y no ha podido el desarrollar las secuelas y usarlas como debería de ser.
—¿Crees que esto funcione? —pregunto el chamán a la niña.
—Espero rotundamente que funcione, esta vez podamos ganar, si no tocara regresar al principio, y nos volveremos hacer esta pregunta, pero con otro tonto nuevo —respondió riendo—. Pero tengo fe en que este tonto haga lo correcto, es muy fuerte en las secuelas, nunca había visto alguien tan fuerte como el, incluso ve las secuelas de los demás, esto es nuevo. Ni tu tenías esas habilidades…
El chamán asintió con la cabeza, lo que dice la niña es cierto en todos los aspectos, este sería el verdadero campeón que los logre ayudar a terminar con la maldición.
2
—Leonardo ven, ven hacia mí, tengo mucho que contarte —llamaba la voz acartonada de John.
El escritor no podía moverse, paralizado. Solo sus ojos rebotaban en sus parpados de un lado para el otro, seguía escuchando la voz de John que lo invitaba a entrar por el muro de carne e ir hacia donde el cuerpo débil descansaba. Leo sentía que debía ir hacía allá, lo que lo llamaba era necesario, debía saber más, debía aprender, debía conocer la verdad, y sabía que solo ahí sabría la respuesta a todo lo que se estaba preguntando y desconocía, él estaba seguro que pronto tendría las respuestas y la verdad, y que probablemente todo se arreglaría, era cuestión de esperar, mientras estaba descansando y recuperándose, trataba de poder continuar reuniendo pistas con sus secuelas, pero no lograba concentrarse lo suficiente, le costaba por el hecho de estar muy cansado, agotado, débil, lastimado y sin comer en algunos días, sabía que debía recuperarse lo más pronto posible si es que quería salir sano y salvo, y regresar a su anterior vida, pensaba en reconciliarse con su familia, dejar la bebida y empezar de nuevo a escribir. Retomar esa vida que alguna vez tuvo, esa vida en la que fue feliz, pero perdió todo por el alcohol, mujeres, drogas, estaba consiente de poder dejar todo atrás y volver a empezar de nuevo.
3
El olor a carne podrida y carne nueva por todo el lugar, apestaba desde hace días, la cabeza le daba muchas vueltas a Leonardo, y no era por resaca, si no por todo ese estrés que lo consumía desde que llego al pueblo maldito, el lugar que lo había visto nacer y ahora lo veía caer una y otra vez, perdió partes de su cuerpo, golpeado, al borde de la muerte. Acostado, curado por la niña y el chamán, dos días en él lugar, esperando, estaba consiente de todo a su alrededor, por ratos despertaba, pero las secuelas lo invadían, toda oportunidad de aprender más era importante. El muro de carne seguía sacando materia viva mientras no dejaba de latir, eso llegaba a los oídos de Leonardo que lo hacían mover sus ojos cerrados. Físicamente recuperado, pero ahora el duelo mental.
—Veo mejorías en su progreso con las secuelas, pronto lo lograra. —menciono la pequeña.
—¿Ya lograste el transportarte, para traernos algo de comida? —pregunto el chamán.
—Abrahela sigue interceptando mis poderes, me es inútil el salto en el espacio-tiempo.
—Espero que sea pronto, no podemos resistir más oleadas de esos demonios con hambre y sed. Incluso si la cosa del pasillo se levante, moriremos.
—¿Aun estará con vida?
—Ayer la reviso uno de mis hombres y seguía sin podrirse.
Fueron atacados hace tres noches, con eso Abrahela pudo reconocer a donde están, hubo más bajas de nativos, solo quedan cinco, con ellos tres, ocho en total, una pareja fue a buscar alimentos y refuerzos, ahora solo esperan quien llegue primero, si los refuerzos o Abrahela.
Leonardo hizo un movimiento brusco y se levantó de golpe, respirando fuerte, con sangre en la nariz y los ojos en blanco, había tenido otra secuela.
—Es mía, es mía, es mía la culpa —gritaba Leonardo desenfrenado.
—Tranquilízate Leo, aquí estamos amigo, cuéntanos lo que pasa.
El muro de carne vibraba, los ojos miraban por todos lados como locos, como si pasaran por una especie de éxtasis, latía cada vez más, parecía que disfrutaba que Leonardo estuviera así.
—Es mi culpa —volvía a decir Leonardo.
—Ese maldito muro volvió hacer lo mismo, pareciera disfrutar cuando Leonardo tiene estos episodios —comento la pequeña.
—¡Ya lo noto!, habrá algún secreto, que sepa ese muro que nosotros no —expreso el chamán.
—Es la primera vez que experimento esto, no recuerdo que antes haya pasado.
—Leonardo puede ser el sujeto —concluyo el chamán.
Golpes venían de la puerta metálica que divide el pasillo de la habitación
—Supongo que llego la fiesta —grito la niña, enojada.
El chamán se preparó para lo que se venía. Pero los golpes pararon, el ambiente se puso muy tranquilo, la habitación se enfrió, se notaba por el calor que salía de sus bocas al hablar.
—Este encuentro será diferente al resto, que hemos tenido en los últimos días, la temperatura bajo, hace frio —quisquillo el chamán.
—Ho… hola, que ha pasado —tartamudeo Leonardo, ya puesto en pie.
—Despacio Leo, necesitamos que te recuperes bien, el hacer uso de las secuelas puede ser peligroso.
—¿Cómo te sientes? ¿Algo nuevo que nos quieras contar? —pregunto la niña.
El chamán ayudo a Leo a sostenerse un poco, les dio el último trago de un cántaro que lleva en su morral, junto a los elixires.
—Gracias —menciono Leonardo de forma muy baja con una voz débil y agotada mientras se tomaba el agua hasta las últimas gotitas.
—Tranquilo Leonardo, ya es lo último —dijo el chamán.
—Lo siento, me siento peor que cuando tomaba y me proponía acabarme las botellas de tequila —hizo una pausa y continuo—. ¿Dónde estamos? ¡Seguimos en el maldito muro de carne!
—Bueno, solito contestaste tu pregunta —respondió la pequeña Abrahela.
—¿Cuánto tiempo? —pregunto Leonardo.
—No sé, unos días, tal vez unas semanas —respondió el chamán.
—¡Pensé que llevaban la cuenta! ¿Por qué?, porque me dejaron descansar mucho tiempo, es el maldito muro de carne, vamos a morir aquí, debemos de salir, es muy peligroso, por eso Abrahela no ha venido, ni ella se atreve a entrar y si lo hace, será solo para matarnos.
—¿Qué es lo que dices Leonardo? ¿Qué viste?, dinos todo lo que sepas —pregunto la menor.
—Tuve muchas secuelas, sé que lo notaron, estaba consciente de las veces que me sucedió, podía ver como se preocuparon por mí, vi como me ayudaron, es nuevo para mí, jamás había estado tan consciente y poder recordar lo que me pasaba, supongo que estoy empezando a controlar esto —tomo un momento y llevo su mano a su pecho—. Me duele, aun no me recupero bien por dentro, me siento cansado y lastimado, les agradezco por estar conmigo y ayudarme.
—Descuida, pero son meramente negocios Leonardo —dijo la niña con una cara fría y de pocos amigos.
—Luego habrá tiempo para adularnos, debemos saber todo lo que sepas, como salir de aquí y como derrotar a tu noviecita y a su abuelo.
—Tienes razón. Las secuelas que viví eran de mi amigo, no mías, pero se sintieron tan reales, parecían mías, estaba allí, podía sentir y sufrir lo mismo, de alguna forma yo cause un desastre, de cierta manera yo mate a Enrique de forma inconsciente, indirecta. Él era una especie de espía al principio, después paso a ser enamorado por Abrahela.
» Él nunca fue el campeón en su momento, era yo, estaba ahí, lo traicione, colabore en su muerte, Josué lo mato, ¡cómo es eso posible! De alguna forma que no sé cómo, pero yo llevo aquí más tiempo de lo que me imaginaba, y en ese momento en el hotel cuando Goyo me lo dijo no creí.
» Aun no sé cómo es que pasa esto, pareciera que estuviera en varios lugares a la vez o como si la historia se estuviera contando o escribiendo al revés, como si no hubiera una dirección, soy escritor, no físico, no puedo entenderlo del todo, creo en las vidas alternas, pero esto solo es una mala pesadilla, he sido protagonista varias veces, se supone que debería de haber más campeones a lo que viera, pero he tenido recuerdos en los que soy yo, en diferentes tiempos.
—Créeme, es más que eso —dijo la niña—. Estas viendo más allá, nadie ha desarrollado las secuelas de esa manera, estas en el bucle, es normal que pienses que eres tú, no eres omnipresente.
—Entonces explícame, porque hicieron que viniera al pueblo en reiteradas ocasiones, ¿fue una idea tuya?, necesitas de nosotros, cuantas veces me has traído y cuantas veces me ha traído María. Un maldito ciclo sin fin.
—No sé de qué estás hablando —mencionó la niña.
—Si sabes, en cierta parte todo esto es tu culpa. Tu empezaste por sembrar el terror, al jugar a ser dios, crear tu versión adulta.
El chamán volteo a ver a la niña.
—De que se trata, ha que va todo esto, ¿hay algo que quieras decir? —pregunto el chamán.
—Todo a su momento, pero no es nada que tú no sepas —respondió la niña—. No será la primera ni la última vez que escuches esto.
—Este es el momento, porque no recuerdo ciertos momentos —dijo el chamán algo nervioso.
La pequeña Abrahela estaba a la defensiva con todos, las preguntas seguían por parte del chamán, pero la niña no cedía con respecto a las respuestas, era incomodo ya con los tres.
—Dime si va a suceder una especie de traición, necesito saber si tú nos vas a traicionar, si podemos contar contigo —insistía el hombre.
—Debemos seguir, si Leonardo ya se recuperó, hay que continuar, tu más que nadie debe de saber eso, estamos en terreno hostil, el juego está cambiando, es un juego diferente, tu alguna vez estuviste en este infierno, recuerda, es uno de esos ciclos especiales.
—De acuerdo, hagamos que sea especial y el ultimo —expreso Octavio.
—¿De qué están hablando?, necesito saber, es mi vida la que corre más riesgo —grito Leonardo—. Ustedes ya han estado aquí muchas veces, la mía es la primera, saben más que yo. No sé ni una mierda, solo que puedo morir en cualquier momento, pero ustedes se volverán a regenerar y continuaran con el ciclo, que mierda importa si ustedes mueren, saben que volverán a la vida y podrán volver a empezar de nuevo, pero yo, yo estoy jodido, estoy jodido desde que llegue aquí, es más, estoy jodido desde que nací en este maldito puto pueblo. —concluyo Leonardo enojado.
—Todo a su momento —repitió la niña sin ninguna expresión.
—Si el ciclo es especial y tú eres diferente a los demás pobres diablos, podemos ganar —agrego Octavio.
—Tú ya lo intentaste, alguna vez fuiste un chico especial —menciono Leonardo al chamán.
—Sí, alguna vez fui un chico especial, pero fracasamos, fracasé, porque al igual que tú, no sabía ni una mierda y no hacía caso a los que ya sabían, terminé cagándola peor de lo que te estas comportando ahora, hice todo lo contrario a lo que estás haciendo. Al menos tú estás haciendo mejor las cosas desde el principio, yo solo falle desde que regrese al pueblo, y si muero ahora, ya no me regenerare como tú piensas, si muero, hasta aquí llego.
Leonardo lo miro, después desvió la mirada hacia la pequeña, quien se encogió de hombros y no hizo contacto visual. Leonardo les dio la espalda, seco sudor de su cara.
Los latidos, la podredumbre habían dejado de importar en aquella sala roja, con sangre, el muro carnoso con cientos de ojos, mirando a todas direcciones como cámaras de vigilancia, aun no se ponían a planear como saldrían, ¿qué hay detrás del muro de carne?, aun había muchas preguntas sin respuesta, y ese equipo de tres parecía dividirse más al hablar y sacar los problemas de quien tiene y no, la culpa. Había que aclarar las mentes y mantener las cabezas frías, el baile aun no termina lo peor aún no llega el aire de la habitación ahora se siente muy caliente, la temperatura subía exprés. El muro de carne se excita, como cuando veía sufrir a Leonardo por culpa de las secuelas, caliente, caliente el lugar.
—¿Por qué pasa eso? —pregunto Leonardo.
—¿Por qué pasa qué? —respondió la niña con una pregunta.
—El cambio de temperatura, estoy sudando mucho, el muro está latiendo más de lo normal, parece que está en un trance de excitación.
—Le sucedía eso cuando tenías las secuelas, pero el cambio de temperatura no lo sé, alguna idea ¿niña? —agrego el chamán.
—Estuvimos aquí unas semanas, quieren decir que no vieron su tipo de comportamiento, algo inusual, algo que haya cambiado, pudieron descifrar algo sobre ese muro que hay detrás.
—Nos ocupamos más en salvar tu vida, escucha Leonardo, esto no es un juego, créeme cuando te digo que también queremos salir de esta situación, estamos hartos de estos juegos no eres el único que ha sufrido, llorado o a compadecido alguna perdida —Exclamo Octavio, con extremo enojo.
—¡Tiene razón!, te debemos eso, te debemos muchas explicaciones, pero ahora no es el momento, estamos en un terreno peligroso, debes de entender que siempre estaremos en peligro, aun cuando no lo parezca —dijo la niña.
—Dime algo, algo en lo que pueda seguir creyendo, tu eres la causante de esto, tú tienes demasiada culpa por jugar a querer ser el demonio más poderoso.
—¡Lo sé… y me arrepiento cada día! —grito la niña llorando.
—¡Tú eres la maldita causante de que existan dos Abrahelas! —grito Leonardo con lágrimas en los ojos.
—Tres… son tres Abrahelas, si leíste bien las malditas notas, son tres malditas y estúpidas Abrahelas. La Abrahela loca que quiere asesinarnos, que quiera recuperar todas las malditas secuelas, y enorgullecer a su abuelo, la Abrahela que yace sin un alma, esa que despojé de su cuerpo original y la hice mi cuartada en cada ocasión para que mi padre no me pudiera descubrir y yo, la maldita Abrahela original, la que solo hizo todo esto después de perder mi inocencia —frustrada la niña se dio vuelta.
—Sí, leí bien todo. Se encuentra en el féretro de en medio.
—¿Revistaste? Eso lo dice un escrito, pero crees que Abrahela la haya dejado ahí después de todo —insinuó la niña.
—¿La podemos sacar de aquí cuando todo esto termine? ¿Podrá irse conmigo? ¿Me ayudaran?
—Tal vez si, si la encontramos aún con vida. Si Abrahela todavía no le pone sus garras, ella podrá irse contigo a donde tu gustes, solo sobrevive y termina con esto, te doy mi palabra de ayudarte y que seas feliz —siguió llorando la niña.
—Espero que cumplas tu palabra.
—Cuenta conmigo, vayamos a ser felices, todos —agrego el hombre jaguar.
—Sí, me comprometo ayudarte, pero… ¿para que la quieres?, nunca podrá sentir, amar, es un recipiente vació —dijo la niña.
—Tú me ayudaras a ponerle un alma.
—Es inútil, lo intente, la despoje de la que tenía, y jamás pude regresarle incluso la suya.
—Ya se nos ocurrirá algo —menciono Leonardo.
—Sería una buena manera de hacer las paces, darnos la mano, ayudarnos mutuamente y jurar el querer acabar con esto —dijo el chamán.
La niña seco sus lágrimas dio la vuelta y estiro su mano, el chamán hizo lo propio, seguido por Leonardo.
—Terminemos con esto —dijo Leonardo, mientras los tres asentían con la cabeza.
—Ahora sí, ¿algo que debamos saber sobre el muro de carne? —pregunto el chamán a la niña.
—Es una vieja historia, espero que esa real.
—De acuerdo cuéntanos esa historia, tal vez tenga una debilidad —expreso Leonardo.
—El muro de carne fue creado hace muchos milenios, desconozco su antigüedad, solo sé que fue creado por el Rey Carmesí.
—¿El Rey Carmesí? —interrumpió Leonardo.
—Es una especie de criatura, una entidad cósmica, solo sé que es aún más viejo que el señor oscuro, y que lo respeta. Se podría decir que un mentor y deidad para muchos, desconozco su paradero, solo sé que el muro de carne es una extensión del rey carmesí. Se menciona en antiguas escrituras que dividió su alma en cuatro partes, no sé cómo derrotar al muro de carne, no sé cómo podríamos vencerlo, pero si fue creado por el Rey Carmesí, dudo mucho que nosotros tres podamos. Si el señor oscuro lo respeta y puede que llegue a temerle, nosotros somos insignificantes, mejor hay que buscar la forma de largarnos, retrocedamos, vámonos por dónde venimos y mejor no interferimos con el muro.
—¿Qué se supone que hace el muro? ¿Cuál es su función? —pregunto el chamán.
—Supongo que… para proteger, no sé cómo llego el muro a estos aposentos, había escuchado del muro carnoso, pero nunca lo había visto en persona, aunque no es tan intimidante y no quiero esperar a ver qué hace, en lo personal no me meto con lo que no conozco.
—De acuerdo, tenemos un muro de carne que no intimida a la más poderosa de nosotros tres, pero no tienes deseos de enfrentarlo, solo sabemos que es de ese Rey Carmesí, es una parte de su alma, está en las catacumbas y pasadizos, las cuales habías explorado por mucho tiempo y nunca habías llegado a esta sección, tu abuelo tiene este muro que puede que sea una especie de protector o algo por el estilo y no sabemos que lo que hace o puede llegar hacer, estamos como al principio —vocifero Leonardo.
—Se te ocurre algo mejor Leonardo —agrego el hombre jaguar.
—Si nos acercamos al muro, este también se acerca, que pasa si nos acercamos lo suficiente o mejor aún que sucede si atacamos de lejos.
—Supongo que nos devolvería el ataque —dijo la pequeña Abrahela.
—Pero podemos intentarlo, puedes lanzarle algún poder, vamos niña, debemos de seguir avanzando, no creo que regresar sea lo ideal, debemos continuar, por algo no nos han seguido, por algo estamos aquí desde hace semanas —dijo el chamán.
—Quisiera no hacerlo, pero si no hay de otra.
Esta se preparó, llevo sus manos a su cadera, los froto secando sus palmas en su vestido, poso sus brazos rectos y de sus manos comenzó a salir una luz roja…
—Yo no lo haría si fuera tú —dijo la voz de una mujer que interrumpió el momento.
La voz venía de afuera, del pasillo, todos reconocieron la voz familiar de Abrahela…
***
Abrieron la puerta de metal, por fin lo que estaba del otro lado, entro.
—Pe… pe… perdón que interrumpa —dijo el mayordomo enano y tartamudo— Qui-qui-qui… quiero avisarles que-que-que… que la señorita Abrahela está aquí, a-a-a aun… que- que-que… que, ya la hayan escuchado, gra-gra-gra… gracias —finalizo el hombrecillo corriendo, por un lado.
—Gracias mayordomo, y como dije, yo no haría eso si fuera tú, el muro de carne es algo muy poderoso, simples criaturas como ustedes serían incapaces de poder vencerlo —expreso Abrahela adulta mientras se acomodaba a unos metros de los tres.
El mayordomo, Abrahela y un puñado de secuaces demoniacos. Del otro lado, solo la niña, el hombre y Leonardo, junto cinco nativos esperando que fuera un final feliz. Iba a empezar una masacre, la sangre que todavía no corría se podía oler en el aire, y el muro de carne lo sabía porque vibraba y latía al unísono de la excitación que se hacía presente en toda la habitación, los ojos se volvían locos, la carne fresca del muro vibraba. Este acelerado, los latidos de ese corazón joven que se escondía algún lugar de la habitación. Los demonios sonríen por los sacrificios que harán y por lo que serán reconocidos, el mayordomo escondiéndose entre las piernas de la mujer. Abrahela sonriendo de pura emoción, la pequeña Abrahela hacia lo mismo, Leonardo retrocedía un poco y el chamán empuñaba a la espada de pata de araña con fuerza. Todos esperando quien atacara primero, solo toreo y el careo para intimidar.
—Vamos que esperan ataquen —menciono la pequeña—. O acaso tienen miedo de lo que pueda pasar, será que se preocupan por nosotros.
—Tu realmente no me importas niña, hace tiempo que solo me produces lastima, pero no quiero herir y que no hieran a mi hombre especial de las secuelas, mi campeón, el actual repetidor, Leonardo.
Una ola de ovaciones y plausos se alzó frente a ellos de forma sarcástica.
Leo volteo a sus lados esperando la respuesta a ese comentario, pero tanto como el hombre jaguar y la niña lo ignoraron.
—Pues no lo tendrán tan fácilmente —dijo el chamán.
—Suponía eso, por eso primero los eliminare a ustedes o tal vez los deje para que vean el espectáculo del evento sangriento y el carnaval que haremos en tu honor Leonardo.
—Pues vengan por mí, de una vez, terminemos esto —grito Leonardo tomando a Andramarianda con las dos manos—, ¡vamos!
—De acuerdo, ahora verán cómo se activa el muro, necesitan un sacrifico de alguien que sea fiel, para que el muro de carne se active —instruyo Abrahela adulta.
Procedió a agarrar a uno de los demonios que se rehusó y fue ayudado por otro demonio que mordió a Abrahela en el brazo.
—Supongo que ustedes nunca fueron fieles —dijo Abrahela.
Los demás demonios sometieron a los traidores. La mujer lanzo al primer demonio al muro de carne, quien fuera devorado por este en cuestión de segundos, la niña, el chamán y Leonardo vieron volar al demonio y ser digerido. Regresaron su mirada. El otro demonio ya en el suelo sometido, blasfemo contra Abrahela, insultándola que ella nunca será pura y que si estaba en esa posición solo era por ser un peón más de su abuelo. Abrahela solo sonreía mientras sangraba un poco del brazo, a causa de la mordida, le exploto la cabeza al demonio con una sola mano y la herida del brazo sano.
—Bueno así me di cuenta que nunca fueron unos fieles lacayos, solo me faltas tú —dijo Abrahela mientras terminaba de desviar su mirada al mayordomo.
El mayordomo asustado, solo cerro los ojos mientras era lanzado por Abrahela adulta, de nuevo los tres voltearon su mirada para ver lo que sucedería. Pero esta vez para sorpresa de los tres, el mayordomo no fue devorado rápido, si no despacio, los gritos del enano eran fuertes, desgarradores y graciosos al escuchar el tartamudeo. Leonardo veía con repulsión, miedo y lastima por aquel pequeño hombre que moría despacio en los jugos gástricos de la carne de masa amorfa que se hundía muy despacio. El muro de carne vibraba, latía, saltaba de la excitación por aquel sacrifico que proporciono Abrahela. Todos miran que alrededor las paredes se volvían más grandes, la habitación se volvió inmensa, los ojos giraban en su propio eje. El muro de carne se movía hacia enfrente y hacia atrás con rapidez, los acorralaba y regresaba a su lugar, la habitación se volvería más grande con forma el muro de carne crece. El mayordomo ya había desaparecido lo suficiente, que ya no se llegaba a ver, los gritos ya no se escuchaban, la carnosidad era joven, nueva y se regeneraba cada cierto tiempo, ojos giraban y otros servían como cámaras, pero no se estaban quietas, la repugnancia de la sangre ahora si se podía oler en todo el lugar, el muro sangraba ríos y ríos.
—Creo que ahora si hemos comenzado —grito Abrahela, mientras sonreía en todo momento.
Los tres regresaron su atención hacia la mujer, mientras los nativos cuidan la retaguardia, asegurándose que el muro de carne no los agarrara desprevenido. Lo que habían observado era algo grotesco, nunca antes visto, sumado a que el muro estaba en constante cambio, era un espectáculo visual, sorpresas salían tras sorpresas, a donde quiera que miraran, parecía que no había salvación, la habitación inmensa, oscura con toques infernales, ríos de sangre hirviendo y a lo muy lejos el gran y majestuoso muro de carne.
—Quedémonos juntos, no hay que separarnos por nada —exigió la niña.
—Yo me quedare al frente con la espada, Leonardo en medio y tu hasta atrás de soporte cuidando nuestras espaldas, giraremos en cada momento, yo seré la primera línea de defensa, si el muro ataca cambiaremos posiciones, mis guerreros buena suerte —agrego el chamán.
—Supongo que es un buen plan, pero yo que haré —pregunto Leonardo.
—No te separes y no dejes que te maten, no sé qué pueda hacer el muro, pero ya ves que puede desintegrarte en segundos, corta todo y mata lo que se acerque —respondió la niña.
—De acuerdo, mensaje recibido —concluyo Leonardo.
Abrahela adulta se acercó a ellos, el muro hizo lo propio, el juego empezó, y Abrahela tenía por mucho la ventaja de ganar en el encuentro, gracias a que son mayoría.
—El muro y ella están avanzando a la par, debemos hacer que retroceda Abrahela, para que el muro haga lo propio, puede que así funcione —menciono Octavio.
—Si puedo lograr darle con la espada a Abrahela la dañare, no es esa la clave para poder derrotarla —insinuó Leonardo—. Déjenme ir al frente.
—Sí, pero el problema aquí es poder acercarte a ella, hay que tener cuidado —respondió el chamán.
—Deja que el hombrecito vaya al frente, que sirva de algo.
—Si iré al frente, no decepcionare, tenemos una promesa.
—De acuerdo, podemos intentarlo, tu, iras al frente, la niña protegerá tu espalda y yo cubriré la retaguardia haciendo retroceder al muro de carne —mejoro la oferta el chamán.
Todos estuvieron de acuerdo. Por los dos lados invadidos y en desventaja numérica. La pequeña lanzo unas bolas de fuego la carnosidad rojiza y palpitante del muro y poco lo pudo dañar, era más lo que la hacían enojar que la pudieran lastimar, lanzo más bolas de fuego, pero ahora a Abrahela.
—Necesito más poder —grito la pequeña—. No podré hacerle nada al muro carnoso.
Llevo nuevamente sus brazos al frente para lanzar una cantidad impresionante de fuego poderoso que esta vez dañaba al muro de carne, el cual emitía gritos de sufrimiento por el dolor que le quemaba y lo dañaba, la niña dejo de lanzar el ataque y espero unos segundos.
—Ahí —grito la niña y continuo—. Hay una grieta, logre dañar al muro.
—Lo dudo mucho querida —dijo Abrahela adulta—, mira de nuevo.
La niña observo con detalle y de la grieta salió un enorme tentáculo carnoso golpeado a la niña y dejándola en el suelo con todos los huesos rotos, había sido aplastada.
—¡No! —grito Leonardo—, ¡está muerta!
—Vamos Leo, concéntrate, supongo que aquí llego, debemos de seguir avanzando nosotros. —dijo el chamán.
—¿Cómo quieres que me concentre?, si de los tres ella era la más poderosa, seria buen momento para que te conviertas en nahual.
—Ya me convertiré en eso, necesito que cuides la espalda, tratare de vencer a Abrahela.
El chamán se quitó la capa y se convirtió en un jaguar, empuño aún más con fuerza la espada de pata de araña.
—Ahora sí, vamos por Abrahela, aquí se debe de definir todo —dijo Leonardo.
—Estoy de acuerdo —respondió el chamán con una sonrisa en su rostro.
—Vengan, vengan por mí —expreso Abrahela con una sonrisa y una risa burlona, mientras sus cinco dedos de la mano derecha se alargaban como cuchillas negras, navajas afiladas.
El chamán corrió en modo jaguar hacia Abrahela y se abalanzó sobre ella, dándole pelea. Leo empuño a Andramarianda, pero sin saber que hacer «¿Qué hacemos?», dijo uno de los nativos. El muro de carne desde una distancia atacaba con el tentáculo de un lado hacia el otro. Le salen más tentáculos al tiempo de hacerse más fuerte, los ojos no dejaban de dar vueltas, dientes filosos se marcaban alrededor de los ojos, parecía una boca grande con un ojo adentro, Leonardo empuñaba con fuerza y amagaba en atacar los tentáculos. La espada delante del muro la movía de un lado hacia otro, tenía miedo, el muro podía oler eso y le causaba excitación, de grietas inferiores que estaban a ras del suelo salieron cadáveres con muy poca carne, eran más los huesos que otra cosa. De grietas que estaban en el límite de la parte superior del muro de carne salieron demonios alados, que escupían fuego y volaban en todo el lugar, creando más caos, causando estragos. Leonardo al ver todo esto, sintió miedo era irreparable para él, un simple mortal, él sabía que no tenía oportunidad contra ellos, el muro de carne era incluso peor que el Rey de las ratas.
—Venga Leonardo concéntrate —le gritaba el chamán desde algún lado de la habitación—, puedo sentir tu miedo y si yo lo siento, esa cosa te destruirá.
El caos y el terror, las criaturas volando, Abrahela, sus aliados, los errantes huesudos y la niña muerta.
—Vamos Leonardo —volvió a gritar el chamán.
Leonardo empuño fuerte la espada, dejo de quejarse, seco un poco sus lágrimas de impotencia. Su momento de pelar y ser valiente había llegado, otra prueba para definir su valor, no podía seguir quedándose ahí parado esperando que lo mataran, necesitaba atacar, hacer algo, ingeniárselas para poder vencer a esa muralla amorfa que tanto les estaba causando problemas, la niña estaba en el suelo con un enorme charco de sangre, la volteaba a ver a cada rato con la esperanza a que se despertara, pero no parecía reaccionar, en verdad estaba muerta y él se negaba a creerlo, trataba de visualizar si es que veía al hombre jaguar pero tampoco era capaz de poder verlo, pero seguía escuchando la voz que le decía que se concentrara, le sonaba tan familiar, que parecía como si se estuviera hablando el mismo, desde algún punto de la habitación pero por la falta de iluminación le era imposible el poder visualizarla con más calidad.
—Ya estas concentrado, tienes que seguir, eres la esperanza para poder acabar con todo esto. —dijo el chamán en el fondo de la oscuridad.
De nuevo sonaba a que se echaba ánimos solo, en verdad que los necesita. Leonardo escucho esto y pensaba que la voz del chamán era igual que la suya, pero no podía ver nada, las criaturas esqueléticas lo atacaron, los nativos ayudaban, él también debía de repeler los ataques. Demonios escupiendo fuego lo sobrevolaban, a muy deprisa y sin saber cómo Leonardo desvió un ataque de fuego de uno de los demonios alados, esas criaturas volaban a su alrededor dando vueltas como una especie de ritual satánico o algo por el estilo. Sincronizados.
«Estoy concentrado, no tengo miedo», pensaba, una y otra vez.
De uno de los lugares oscuros a lo lejos apareció el chamán, muy herido, tomando de sus elixires para mantenerse de pie.
—¿Cómo estás? ¿Estas herido? —pregunto el chamán.
–—Estoy bien, tu eres el que se llevó la verdadera pelea.
—Descuida nadie dijo que enfrentarse a esa maldita sería fácil, debemos de resistir un poco más, ya vienen los refuerzos
—Espero que no se tarden mucho —menciono Leonardo.
—¿Qué tal te fue con Andramarianda? —pregunto el chamán.
—Es una buena espada, se comporta muy bien, es como si hubiera sido hecha para mí, pareciera que se maneja sola.
—Tal vez seas el indicado para portarla siempre.
—Pero a ti te va mejor, eres mejor y más hábil con ella —respondió Leonardo.
—Antes la tuve, pero solo puede ser usada por el actual campeón, yo en realidad nunca la use, llegue activarla, pero fue todo, como te dije antes, la cague —expreso y continuo—, la niña, ¿ya dio señales?
—Está muerta, un charco de sangre, murió aplastada
—No creo que esa maldita niña este, muerta, es dura de matar.
—Pero tú mismo la viste murió aplastada, que la podría traer la vida —dijo Leonardo.
—La he visto recibir peores ataques y sobrevivir, en cualquier momento estará de nuevo con nosotros.
Los nativos contratacaban lanzando flechas al muro de carne, peleando contra los soldados cadavéricos y los demonios alados, de los cinco que había, ya solo dos nativos en pies que no tardaban en caer al igual que el hombre jaguar y Leonardo.
—¿Estás listo, Leonardo?
—Estoy listo, tu voz desde hace rato me ha mantenido con vida, para seguir avanzando.
—Pero si yo no te he hablado, estaba muy lejos, peleando con Abrahela —menciono el chamán.
—Si no fuiste tú. ¿Quién habrá sido?
—Tal vez alguna voz de tu cabeza, que te hizo alentarte y dejar de ser un cobarde.
—Pero fue tan real, en verdad pareciera que me hubieras hablado, aunque también pensé que sería mi propia voz.
—Pues, aunque no fui yo, espero haberte servido de ayuda y motivarte a no morir, insisto en que fue tu subconsciente.
—Si supieras por todo lo que he pasado, no me llamarías cobarde o llorón.
—Todos en algún punto hemos pasado por esto Leonardo, y puedo comprender lo que te ocurre, pero como he logrado superarlo, creo que ahora para mi es más fácil, aun te falta a ti, ya por eso lo veo de distinta forma, lo siento.
Leonardo agacho la mirada y desvió la atención del chamán como si lo último no lo hubiera escuchado o prestado atención.
—Vamos Leonardo, acabemos con esto.
Leonardo solo asintió con la cabeza y empuño la espada, el chamán saco sus garras filosas y esperaron a que el muro de carne avanzara más. Las tropas de cadáveres y demonios alados desfilaban por todos lados, la luz en la habitación se hacía más clara, eliminando de poco a poco la oscuridad, era un poco más sencillo el poder pelear contra las criaturas y el muro de carne. Este no dejaba de evolucionar, de latir, de vibrar y de excitarse con todo a su alrededor, había por lo menos seis tentáculos carnosos, ojos con dientes, grietas por todo el cuerpo amorfo del muro de carne.
Estaban los dos frente a esa cosa colosal, esperando lo peor, esperando el primer movimiento del muro, los cadáveres atacaron primero, el chamán los destruía con un poco de facilidad, dando zarpazos, Leonardo desviaba los ataques de fuego con la espada. La realidad con la que ignoraban es que solo son dos humanos, uno con la habilidad de convertirse en un jaguar y el otro una espada mística, contra un ejército infernal.
—¡Acabemos con esto! —exclamo Abrahela adulta.
Quien se podía ver a lo lejos ya que el cuarto había pasado de pura oscuridad a un cuarto completamente blanco, solo con el contraste del muro de carne. Abrahela corrió hacia ellos con los dedos de cuchillas, ataco a Leonardo, pero pudo detener el ataque con la espada y cortando sus dedos de cuchillas, los dedos cayeron al suelo haciendo el tipo sonido de un metal cuando cae.
—Eso no me detendrá.
—Ahorita no, pero sé que te puede destruir, sé que le temes al poder de esta espada.
—No es temor es una especie de cariño, la última voluntad de amor de mi madre, para que pudiera ser derrotada.
—No la escuches y destrúyela —dijo la niña quien caminaba hacia ellos tan bien como si nada le hubiera pasado, solo con el vestido manchado de sangre.
—¿Niña? ¿Estás bien? ¿Qué sucedió? ¿Cómo sigues en una pieza? Ya sabía yo que seguías con vida —dijo Leonardo con felicidad en su cara.
—¡Hierba mala nunca muere! —respondió Abrahela, enojada.
—En verdad se necesita más que eso para matarme —menciono la niña con una sonrisa de oreja a oreja—, yo me encargare de ella.
Leonardo asintió con la cabeza, y avanzo destruyendo a los cadáveres quienes iban disminuyendo, había pilas y pilas de huesos, los demonios que iban muriendo se deshacían en el piso, se desintegraban por completo.
—¡Démonos prisa! Hay que atacar al muro de carne, debemos de atravesarlo —gritaba el chamán a unos metros de Leonardo.
Los dos corrieron hacia el muro empuñando las espadas, con latidos fuertes que no solo se llegaban a sentir en la habitación si no que retumbaban, los cadáveres se devolvían a la vida y se regeneraban para parecer una especie de monstruo carnudo, se apoyaban en sus patas traseras como ranas y con una lengua larga, roja y sangrienta, sus cabezas de un tamaño normal, con ojos muy grande como pelotas de béisbol y un cerebro expuesto, brincaban hacia Leonardo y el hombre, quienes no dejaban de correr y trataban de no voltear, para evitar perder el tiempo.
—Al frente, en una de esas grietas trata de hacer un corte aún más profundo con la espada —dijo el hombre jaguar.
—Pero las cosas que vienen atrás, nos alcanzaran, nos van acorralar.
—Descuida yo me encargo de ellas.
El chamán se detuvo, y rugió intimidando, los monstruos a sus espaldas pararon y detrás de estas criaturas, salieron los nativos junto con Metztli, con arcos, flechas, espadas y lanzas, y uno que otro lanzando unos frascos que hacían llover fuego.
—¡Los refuerzos llegaron! —expreso Octavio.
—Continua, nosotros nos encargamos —grito Metztli.
Leonardo hizo caso de lo que el chamán le dijo, y corrió a gran prisa, con una sonrisa en la cara, sabía que algo bueno venia, pareciera que la suerte estaba a favor de ellos ahora y pronto todo estaría demasiado bien, pero no quería hacerse ilusiones. Los nativos peleaban ferozmente contra las criaturas, de los dos bandos caían, era una masacre, una completa fiesta de sangre, viseras. Leonardo llego al muro de carne, los ojos lo observaron, pareciera que lo estaban esperando, demonios voladores lo atacaron, pero le era fácil el poder pelear con la espada, intento hacer unos cortes con la espada al muro de carne, los cuales fueron muy minúsculos, no eran ni cosquillas para el muro de carnoso quien se regeneraban demasiado rápido. Los tentáculos del muro se acercaron hacia a Leonardo, lo hicieron retroceder, volaron bolas de fuego impactando al muro de carne, el cual chillo, era la pequeña quien ayudaba a Leonardo. El escritor contemplaba todo desde muy lejos, las paredes se ladrillaban, rusticas, semejantes a las de las catacumbas, dejándose ver que era una sección más de los túneles. Los nativos peleaban arduamente, el chamán desenfrenado con odio, atacaba con todo, corría de un lado a otro, destruyendo todo a su paso, Metztli batallo contra Abrahela luchando cuerpo a cuerpo casi a la par, la niña aguantaba todo lo que podía contra el ejército, los tentáculos y Abrahela. Sabía muy bien que no podía con la mujer, pero haría todo lo posible para poder contenerla lo suficiente hasta que a Leonardo se le ocurriera como poder salir de esta habitación.
—Ríndanse —gritaba Abrahela adulta con carcajadas.
—Concéntrate en mí, o ríndete tú, maldita, tú eres mi oponente —expreso Metztli—. Ahora la ventaja esta de nuestro lado, porque nos rendiríamos.
—Deberías de estar temblando, nosotros ganaremos —agrego la niña.
—Querida, tu solo estás jugando a detenerme para que ese maldito estúpido pueda escapar.
—Entonces porque no acabas conmigo de una vez por todas.
—Acabemos con esto, si así lo deseas —respondió Abrahela.
El choque de las dos fue impresionante, al primer impacto salieron expulsadas en un juego de luz, explosión, fuego y humo, se incorporaron los más rápido posible, escupieron sangre, se limpiaron y continuaron. Se lanzaban hechizos, energías, Abrahela adulta invocaba demonios, la niña buscaba la manera de poder salir lo mejor librada de la pelea, se le complicaba por la diferencia de poder en todos los sentidos, pero no se dejaba y seguía luchando.
Metztli guio al ejército a combatir al muro y las criaturas que seguían saliendo por las grietas.
El chamán agotado, iba perdiendo cada vez más sus energías, era desgastante el pelear contra el ejército que salía del muro de carne, los nativos resistían todo lo posible pero otra vez se reducían en número, Leonardo busca la forma de poder herir al muro, ya que lo único que lo había podido lastimar, aunque fuera un poco había sido la niña, seguía recorriendo el muro casi interminable.
Se detuvo…
Visualizo su entorno, observo todo a su alrededor, pero era lo mismo, la carne joven latía, los ojos daban vuelta y los dientes alrededor de la retina se veían más expuestos, el muro de carne mutaba, estaba dejando de producir criaturas y era el que tenía más vida, varios de sus tentáculos estaban de nuevo dentro de la masa amorfa, en el centro del muro creció una boca grande con cientos de dientes muy afilados, los ojos se acomodaban a su alrededor, pareciera como si algo o alguien quisiera emerger desde adentro del muro carnoso, se desgarraba la carne por algo que quisiera salir.
—¡Date prisa Leonardo! Eso está evolucionando, estaremos todos muertos si seguimos aquí. —gritaba el chamán.
La niña dio un fuerte ataque a Abrahela, y corrió quitándose de encima a los monstruos, quienes se regeneraban.
—Te ayudare atacando al muro, tu busca una salida —dijo la niña al llegar con Leonardo.
—Pero no encuentro nada, no me es posible el poder ver una salida, ni siquiera sé si hay salida, deberíamos de regresar.
—No podemos Leonardo, detrás de este gran muro esta mi abuelo, debemos llegar si o si hasta el, tú tienes que acabar con todo este infierno que yo comencé, y que Abrahela empeoro, tienes la espada, tu puedes —finalizo la niña.
—Vamos chico, yo te apoyo —dijo Metztli.
Leo solo asintió con la cabeza.
La niña se apartó y toco el muro quemándolo, sangraba la boca gigante, emitiendo un fuerte grito que molestaba a los oyentes en la habitación. La boca comenzó a escupir sangre por todo el lugar, que se vaporaba al instante, quemando y matando por igual, los monstruos, nativos se deshacían en la sangre roja, caliente. Dando la impresión a lava.
—Es el momento, hagámoslo —dijo la niña.
Leonardo comenzó buscar entre el muro, y había una de las grietas, estaba algo ancha por lo que podía pasar una persona a la vez.
—Creo que por aquí podemos pasar —dijo Leonardo mientras veía una luz verde a lo lejos.
Los tentáculos volvieron a salir del muro carnoso, giraban como un taladro ahoyador.
—Hay una luz verde, estoy tratando de acercarme, es como un cartel —gritaba Leonardo, mientras regresaba para explicarle a la niña.
—Ve por ahí, sigue esa luz, no regreses —respondía con gritos la niña, mientras uno de los tentáculos la perforaba en el estómago.
La pequeña Abrahela resistió lo más que pudo quemando al muro de carne para que no se cerrara y atrapara al escritor, pero de tanta perforación cayó al suelo escupiendo sangre, entre sus últimas fuerzas no dejaba de lanzar los ataques hirientes al muero de carne, de igual forma este tampoco dejaba de escupir sangre por todos lados, mas criaturas y nativos morían, ya todos corrían por su vida.
—Vamos joven, continua. —gritaba Metztli, de forma alentadora.
Abrahela adulta lastimada, esquivaba sangre y mataba por igual al andar, pareciera que la sangre hirviendo no le afectaba mucho, ya que le salpicaba.
Acercándose hacia Leonardo, el chamán intento atacarlo, pero fue herido de gravedad por la mujer. Los pocos nativos que quedaban tomaron al chamán y se lo llevaron, salvándolo de morir. Leo veía todo el caos, veía la sangre, el fuego y escuchaba los gritos, veía como la niña sufría. Le decía que se fuera, siguiera la luz, con una voz ya muy baja. Leo intento leer sus labios, Octavio era llevado inconsciente e inhabilitado para seguir pelando en otro momento. Metztli un poco herido también tuvo que dejar la batalla, escoltado por los demás nativos que quedaban.
—Vamos niña levántate, debemos de seguir —le gritaba Leonardo con lágrimas en los ojos.
—¡Vete, lárgate de aquí! Es la única oportunidad para seguir en el juego —respondía la niña.
La pequeña levanto una mano en sinónimo de seguir, ahuyentando al hombre, pero el tentáculo que le estaba perforando era más fuerte, Leo retrocedió de espaldas, Abrahela cerca de la niña. La pequeña Abrahela ya muy dañada dejaba de lastimar al muro carnoso, el tentáculo también dejo de herirla, ya la había partido a la mitad, dejando sus entrañas y órganos visibles. Abrahela adulta se le acerco y la levanto del cabello, desprendiendo el poco tejido de la cintura a las piernas, levanto la parte superior, la niña tenía sangre en la boca, sus órganos caían al suelo, una escena asquerosa de ver y digerir. Leonardo retrocedía con la espada empuñada, en modo defensivo, lloraba, pero más se adentraba en a la grieta del muro, veía como Abrahela cargaba a la niña, y le perforaba el cerebro con uno de sus dedos, silenciando el dolor del infante.
4
—Lo siento, lo siento, susurraba Leonardo perdiéndose en el túnel carnoso, el cual se cerró por completo, dejando una oscuridad a donde fuera que llego Leonardo.
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