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VERANO DEL 98 - Capítulo 26

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Capítulo 26: CARNAVAL DEL HORROR

1

Gotas de sangre caían por los pasillos, los hombres del señor oscuro arrastran a Leonardo, quien golpea su cabeza entre bordes, esquinas y escalones. Su cabeza con dos heridas no tan pronunciadas. Sin tenerle cuidado y tratándolo de la peor forma lo paseaban por las catacumbas hacia la superficie. El hombre intentaba sin éxito el abrir los ojos, pero en cada golpe perdía la claridad de las cosas, desmayándose por la pérdida significativa de sangre.

—Déjenlo por aquí —dijo una voz conocida para Leonardo—. Vean como lo dejaron, hubieran tenido un poco más de cuidado con él, no ven que ya comenzara las festividades y debe de estar elegante.

Entre abrió los ojos, ajustando de forma deliberada la mirada, espejeo, disimulando su debilidad para despertar y parecer desahuciado, mira borroso, sus lentes se perdieron en el camino, lo que le molesta aún más en enfocar y ver con claridad. Pero lo más molesto es el cambio de luces artificiales con la luz natural.

—Por fin despiertas dormilón —dijo la voz conocida.

—¿Ahora dónde estoy? ¿a dónde me llevaste?, pensé que me había ya librado de ti, maldita bruja.

Tallo sus ojos irritados, hinchados y adoloridos.

—Sabes que no te libraras de mi amor, me prometiste el juntos por siempre —expreso la mujer.

—Ya mátame de una vez por todas, me evitas la pena de lo que vaya a pasar a continuación.

Entre vista borrosa y claridad, enfoco a Abrahela, a unos escasos metros, arrodilla en el suelo, viéndolo con una sonrisa macabra y poco natural.

Tirado en el piso, dio un leve giro, su cabeza lo mataba, se golpeó varias veces que le hacían temblar las manos del simple hecho de llevarlas a su cabeza y frotarse un poco.

—Tranquilo, la hora de tu muerte está por llegar. No seas impaciente, pronto te reunirás con tus seres amados —dijo la mujer levantándose del suelo.

Apoyo sus brazos al piso, dándole todo vueltas, mareado pidió agua, nadie respondió. La mujer dejo el lugar, la sala de la mansión, se recostó en el mueble pidiendo que llegase su triste final. Solo en el lugar, ni Abrahela, ni los secuaces y mucho menos John. Todo recaía en que se estaban preparando para dar las últimas funciones de las que escucho y vio «¿Cómo saldré de aquí?», se preguntó. No amarrado, ni vigilado, solo a su suerte, podría escapar y planear algo, ¿qué hacer? Ese es el dilema. No les importaba si el hombre escapa, al no ver vigilancia puede deducir que ya no hay ningún lugar al que ir o esconderse y con John despierto, puede ser encontrado de forma más rápida.

Es momento para arrepentirse de no hacer lo que tenía que hacer antes, cuando tuvo de frente a un John débil, indefenso, fue el momento perfecto en el que pudo destruirlo de una vez por todas, acabar con la maldición del pueblo y frenar de una vez lo que le atormenta desde que regreso a San Juan Caído.

2

Medio día, puede verlo calculando la posición del sol, de eso se aferra, esperando que no venga la tarde, y así no caerá la noche. Afuera los pajaritos cantan y el alba deslumbra todo, las hojas de los arboles renacen dando fruta que caen listas para ser comidas. Un agradable día para estar en la alberca o una tarde de campo. Sin señales de la espada, recordó muy tarde, eso ya era uno de sus pequeños problemas, si no la utilizo antes, ya de nada serviría. Consiente y jugando con la imaginación de que alguien entrara y se lo llevara para acabar con su existencia, ahora imploraba eso, deseando su muerte.

—¿Qué puedo hacer? —Se preguntó de nuevo.

Las gotas de sudor le recorrieron la frente húmeda y pegajosa, sus ojos perdían la hinchazón, la cabeza dejo de dolerle, pero le molestaba el no ver bien, busco agua por la deshidratación precoz que inundo su boca. De la cocina tomo dos vasos, con prisa para llevar sus manos a la cabeza por el congelamiento del cerebro. Buena agua en un día caluroso, moría de sed a la par que dejaba de creer en ser el salvador, el mesías, lo que los demás le prometieron o lo hicieron creer. Sabiendo que son las secuelas y para qué sirven, las desmotivaciones al saber que nunca controlo las secuelas para salir con vida de este lugar.

Supo cómo una oportunidad de presagio que estaba muerto desde que regreso, rezumbaba en su cabeza, el todo o nada, arriesgarse y perder o arriesgarse y poder conseguir una pequeña victoria, todo era un suicidio, solo que sus pensamientos negativos mayores a sus deseos por ver de nuevo a su familia se multiplicaron, dejando perdido en no seguir y lamentarse

Vino el chispazo «Abrahela buena, la que está en el féretro» la idea que lo hizo cambiar, desde un principio si no le hubiera hecho caso al chamán, y liberara a la mujer de la que se enamoró. Otra historia estaría contando, hubiera renunciado a la misión por la que fue traído por vivir sus últimos días a lado de tan bella mujer. Dejo por un lado el vaso con unos cuantos chorritos de agua, camino por la sala, dándole vueltas al asunto, viendo los pro y contras de su plan, pero más los contras. Está solo, los que lo ayudaron probablemente muertos, no sabía dónde estaba la niña, no sabía dónde estaba el chamán y mucho menos sabía dónde estaba la espada, así que si, solo.

3

Abrió la puerta principal de la casa y salió al enorme e inmenso patio frontal camino hasta los arboles de mango donde antes se sentaba debajo de ellos a leer o contemplar la vista, donde llego a pasar horas con Abrahela. Respiro de nuevo el aire fresco, un poco de alivio y satisfacción.

Leonardo deambulo por él extenso pasto, contemplando por última vez esa bella tarde de verano, llevo las manos a sus bolsillos de su pantalón y pateo un par de piedras. De sorpresa sin desmayarse o colapsar en el suelo tuvo una secuela, en ella podía ver que escapaba en su auto junto con Abrahela, muy reconfortante para él, tan buena noticia ya que podía ver una pequeña luz de esperanza al final de todo lo malo que se avecinaba, después de unos minutos regreso en sí, y solo sonrío, por fin había visto algo lindo, y no la estupidez de pura muerte con lo que estaba acostumbrado a ver por culpa de esas secuelas. regreso por completo en sí, la secuela se esfumo, siguió caminando por el patio, pensando y pensando lo que haría y de todas las sorpresas con las que se encontraría en el camino, solo podía pensar en escapar, con Abrahela, otra secuela con su familia y el en la playa, sus padres, sus hijos, su ex esposa y la mujer que ama en este pueblo. Preguntándose qué significaba, la secuela que gusta que se convierta en un hermoso recuerdo. En compañía de sus seres queridos y lo que le gustaría hacer al salir de aquí con vida, la última de las oportunidades para volver abrazar a sus seres queridos, la última de las oportunidades para poder estar con ellos de nuevo, toda esperanza es bienvenida para seguir adelante.

En las entrañas de la propiedad de Abrahela un grupo de personas entro, cientos y cientos que cada que se acercan se hacen más, la gente del pueblo, llevando palos, palas, trinches y todo tipo de herramienta que sirviera de arma. Marchando hacia la mansión «espero que vengan a destruir el lugar y no a mí», imaginando a no saber. Los pueblerinos pararon, chillando de una forma extraña, Lastimando los oídos del hombre, quien aún que los cubriera, resultaba inútil. El ejercito de pueblerinos se silenció, Leonardo volteo a verlos, todos en fila partieron un camino por en medio, dejando entrar una carreta tirada por dos caballos. Le resulto familiar por la foto antigua en la vieja Alemania, eran los mismos caballos, la foto había sido revelada en colores grises, pero pudo identificar a los caballos porque parecían estar muertos y la carreta adornada con partes humanas, las personas alrededor no solo le habrían camino y si no que pegaban al suelo con sus herramientas de campo y otras cosas, se volvían locas por la presencia de la carreta fúnebre, tirando de los caballos un hombre vestido de negro con una capa del mismo color, su cabeza un cráneo sin mandíbula y en la cuenca de sus ojos un par de llamas vivas.

—El jinete sin cabeza —dijo en su mente con sarcasmo y humor.

El jinete, llego casi hasta Leonardo, sin ir a donde ir, las personas lo rodearon imposibilitando algún escape, tener que pelear y ser lastimado.

El jinete bajo de la carreta, fue hacia atrás de ella y bajo a dos cosas no humanas, con extremes delgadez, desnutridas, de piel muy blanca, calvos, de ojos negros, dientes afilados, no alineados y con sangre en la boca de ambos, los cuales se quemaban un poco con la luz del sol. El campanario de la iglesia sonó en todo el pueblo, al principio solo fueron tres campanazos, seguido por el desato de la campana loca, sumado al grito sollozante de las personas del pueblo. Las criaturas blancas se quejaban porque la luz, les quemaba, por arte de magia el cielo paso de ser brillante a nublado, dejando de lastimar a las dos criaturas con aspecto vampírico. El jinete cadavérico libero a las criaturas, dejando caer las cadenas al suelo, corrieron hasta Leonardo, el cual no se quedó quieto y corrió por obvias razones. Chillando de forma horrible para darle más temor al hombre, logrando el objetivo de espantarlo. Entro en la casa, asegurando la protección de la puerta, afuera los ruidos de los seres blancos y el apabullante escándalo de los pueblerinos. Golpeaban la puerta queriendo entrar. Seguro resiste por la dureza del metal con lo que está construida, al no tener éxito, los golpeteos a la base metálica pararon. Ha visto muchas cosas y sigue sin poder acostumbrarse, generándole miedo cada situación que se presenta, cada monstruo o criatura que encuentra, rezando toco su pecho, necesitando un alivio, miro hacia lo cocina, algo llamo su atención que se asomó entre los trastes y la barra, una de las criaturas que lo había correteado, Leonardo lo observo petrificado, la cosa esa había entrado, lo miro desde la cocina y se escondía, jugando con él, asechándolo, entre acosos de acercarse despacio en forma de burla, por uno de los pasillo, el sonido de la otra cosa vampírica, que se asomó entre la esquina de la pared para repetir lo que hizo su compañero, poso los dedos grandes y largas uñas, asomo con delicadeza la cabeza y sonrió mostrando los dientes chuecos y filosos, enormes labios rojos, la mirada fría y tenebrosa. Cerro los ojos maldijo entre plegarias, para cuando abrió los ojos sus acosadores avanzaban despacio, fue lo que motivo al hombre a dejar las manos temblorosas y abrir la puerta, quitando el seguro. Acechado y con el miedo más profundo que pudo tener, su corazón se salía de su lugar, en algún momento sufriría un paro cardiaco, que deseaba pasar. Acosado por los monstruos, Leo abrió la puerta, los seres blancos le mordían los talones (en sentido figurado), lo golpearon por la espalda, haciéndolo rodar por el pasto. La multitud chillando, golpeando las herramientas contra el suelo, el jinete esperando y los dos vampiros rodeando al hombre que solo cubría su cabeza para no sufrir más daño. Entre las emociones en contra, desesperación y lamentos, todo calló, eso le hizo abrir los ojos, viendo a las criaturas regresar con el jinete que no las encadeno. Tomo del cabello a Leonardo y lo arrastro a la carreta, el día nublado con bochorno, las personas sin callarse, las criaturas chillaban. El jinete levanto a Leonardo y le puse una cadena en el cuello, la amarro a la carreta, subió a esta y dio la vuelta arriando a los caballos con las mismas cuerdas de las que tiraba. Todos los pueblerinos detrás de la carreta, siguiendo a Leonardo encadenado a la parte trasera, acosado por los seres blancos. Dejando las extensiones de pasto verde, de la propiedad de la mansión de Abrahela con dirección al pueblo.

4

Llegaron a la fachada de una casa antigua en el pueblo, pequeña, casi cayéndose. De esas casitas de barro que reforzaban con paja. Salieron tres mujeres gordas, feas, de piel gris y descuidadas, con enormes narices, las tres vestidas en colores rojos y blancos con enormes sombreros de paja.

—¡Por fin llegan! —recrimino una de las tres brujas con enojo.

El jinete solo asintió con la cabeza sin importarle en lo más mínimo, metió a las criaturas de nuevo a la carreta. Libero a Leonardo dejándolo a la disposición de las horribles mujeres.

Las personas se dispersaron, cada quien se fue a su hogar.

Las tres brujas metieron a Leonardo a la casita de barro.

—Vamos, date prisa —dijo otra de las brujas, golpeando en la espalda al hombre.

El jinete se marchó, las pisadas de los caballos dejaron de escucharse. Metieron a la fuerza al escritor. Lo amarraron de las manos estando adentro, el interior un poco oscuro, con demasiadas velas rojas, que poco pueden hacer para iluminar, con una bañera metálica en el centro arriba de un pentagrama, a lo lejos una cama. Las tres brujas tumbaron a Leonardo a la cama, Leo no podía moverse bien, pues ya habían también amarrado sus piernas, estaba acostado contra su voluntad, en la cama aun lado, un medio cuerpo, que alguna vez fue una mujer, delgada, casi seca, aun moviéndose, el cabello largo, desfigurada, sin piernas, vestida con una bata blanca de hospital.

—¡Piedad! —pedía la mujer sin fuerzas, posada en la cama, inmóvil.

Leonardo al ver esta escena solo aguanto las ganas de vomitar, quería que lo alejaran de la de la mujer. Asustado, pero no porque la mujer presentara algún peligro para él, sino que es inhumano y grotesco de digerir. Lágrimas de lastima, por la mujer que no puede descansar en paz y debe de seguir sufriendo.

Las brujas buscaban cosas para preparar a Leonardo, llenaron la bañera, llorando todo el rato, lo que para Leo lo hace más terrorífico. Hojas de flores tiraron a la bañera para darle olor.

Llenaron la bañera con suficiente agua, echaron unos polvos aromáticos, una de las brujas se acercó al escritor para llevarlo a la bañera

—¡Ayuda, por favor! —replico la mujer postrada en la cama, en lo que se llevaron a Leonardo.

—¡Lo siento! —Respondió entre lágrimas.

—No le prestes atención, es una invitada, unas semanas más y se va de este mundo —dijo una de las brujas.

—La estamos consumiendo por partes —expreso la bruja de en medio.

—¿Qué me van hacer?

—Ya verás —respondió la otra bruja, mientras le quitaba las cuerdas que lo mantenían amarrado.

Las tres brujas desnudaron a Leonardo, lo metieron a la bañera, le seguían escurriendo lágrimas, las tres brujas lo mojaron y tallaron con fuerza, para quitarle la sangre seca y la suciedad de su cuerpo, reían y hablaban en un idioma raro. Leonardo solo escuchaba y observaba a su alrededor, pensaba que le harían algo, pero solo lo bañaron.

—Quedaras más guapo de lo que ya eres —menciono una bruja.

Rieron de nuevo, Leonardo se calmó, no pensaba nada, porque no entendía nada, de lo que pasaba, solo dejaba que el momento fluyera en sí, sobre pensó cosas, convencido de que este acto lo vio antes. En las fotos, y álbumes.

—Hay que limpiarte bien, hoy es tu noche y debes de estar presentable —dijo otra.

—¿Qué se celebra hoy? —pregunto Leonardo.

—Hoy es tu noche, tu celebración, “El Carnaval de Horror” —dijo la mujer a la izquierda de Leo.

—Hoy te llevamos a dar un paseo por el pueblo, es tu momento de brillar, eres la estrella de esta velada, tu disfruta y ponte cómodo, el resto nos lo dejas a nosotras —seguido por la bruja de en medio.

Las tres rieron como de costumbre mientras seguían tallándolo.

—¿Moriré en este evento desafortunado? —pregunto.

—Pensé que en este punto ya sabías y eras un fiel tributo —dijo una bruja y continuo—. Tu deberías de estar aquí por voluntad propia, te vas a entregar en cuerpo y alma al señor Abezi-Thibod, deberías de tener ese respeto ante el todo poderoso.

—Estoy aquí contra mi propia voluntad, me acabo de enterar que soy especial pero desechable, no me ofrecí, pero ya me da igual lo que pasé conmigo.

—Debió ser duro para ti, pero sobreviviste más que al resto, deberías de sentirte orgulloso, ¿no lo crees? —dijo una bruja mientras se alejaba de la bañera y otra echaba unos polvos misteriosos.

—¿Hay alguna forma de evitar esto y poder salir con vida?

—No la hay, no puedes escapar de tu destino, solo puedes retrasar lo inevitable.

—Supongo que la maldición nadie la podrá romper —expreso el hombre.

—Hasta ahorita no, este bucle infinito lo controla el señor Abezi-Thibod, nadie ha podido quebrantar este espacio de realidad alterada por el señor oscuro —explico otra de las brujas.

—¡Ya está listo! —exclamo la bruja de en medio—. Saquémoslo de aquí.

Las tres brujas ayudaron a pararlo de la bañera, Leonardo camino desnudo por la habitación, del otro lado en otro cuarto lo secaron y lo vistieron con delicadeza, le pusieron una túnica blanca, y descalzo.

—Ya estás listo, mírate, te pareces a tu salvador —regocijo la bruja de la derecha.

—¿Ahora qué sigue? —pegunto Leonardo.

—Ahora solo lúcete —concluyo una de las brujas.

Las tres tomaron a Leonardo y lo llevaron hasta la puerta principal de la casa para sacarlo a la fuerza, Leonardo vio por última vez de reojo a la mujer en la cama antes de salir.

—¡Es todo suyo! —gritaron las mujeres brujas.

5

El jinete ya lo estaba esperando con la carreta y las dos criaturas albinas, el cielo cubierto de nubes grises, sin llover, y la luna tomo un tono rojizo, el jinete sujeto a Leonardo y lo subió a la carreta, cargándolo sin dificulta, arriba de la carreta una cruz de madera.

—¡Venga! ¡Vamos! ¡No tienes por qué hacer esto! —dijo Leonardo, sabiendo lo que pasaría.

El jinete no escucho, ni presto atención a Leonardo.

—No lo hagas por favor —insistió.

El jinete clavo las manos de Leonardo a la cruz y después hizo lo mismo con las piernas, lo amarro de la cintura, crucificándolo, posicionándolo en medio de otros dos hombres crucificados. Leonardo grito del dolor, las ventanas y puerta de las casas se abrieron al escuchar los gritos y lamentos, esa fue la llamada, las calles se iluminaron con antorchas, sin luz eléctrica lo que le dio un mejor misticismo al lugar, y como si no hubiera pasado nada hace semanas cuando Leonardo peleo contra su amigo. Todas las calles guiaban con el resplandor de las antorchas, adornos colgados de los balcones, puertas y ventanas, más gente afuera. Las criaturas chillaban de excitación, la cruz se inclinó al frente por el peso del hombre quien se desmayó del dolor, se inclinó lo suficiente para que sobresaliera por encima del jinete.

—¡Por favor! Podrían bajarme de aquí, duele —grito Leonardo recobrando la conciencia.

La noche oscura, una luna rojiza, la gente del pueblo asomada por las puertas y ventanas, mucha gente en las banquetas, celebrando como si fuera fiesta patronal, bebían y reían, cocinaban y otros repartían barbacoa con salsa y tortillas.

—Damas y caballeros, damos incida la celebración del “Carnaval del horror” con nuestro invitado estrella Leonardo…. Fuentes…. Paz…, autor de libros como: gritos en la oscuridad, sal de ahí mientras puedas, y otros grandes éxitos literarios, hoy conmemoramos la increíble participación de un usuario con gran poder en las secuelas y que nuestro padre el señor oscuro aquí presente, así lo pidió. Antes el evento era exclusivo para los ricos, los poderosos y se sacrificaba a alguien con poder adquisitivo, pero desde que el señor nuestro llego a nuestras vidas esta celebración se volvió del pueblo y es una festividad que es para todos nosotros, a disfrutar de este evento y diviértanse —dijo un hombre de baja estatura de traje blanco, estaba arriba del techo de una de las casas del pueblo.

En el fondo una música tétrica sonaba, había salido una orquesta sinfónica en un techo grande amplio de otra casa, estaban iluminados por antorchas y velas, danzantes en las calles para ponerle sabor y ritmo, guiados por hombres negros con tambores, la gente del pueblo se volvía loca y en el fondo en el cielo la luna roja parecía escurrir sangre, también en el cielo había demonios voladores, no muy agradables, que sobre volaban el pueblo en todas direcciones vigilando y haciendo de la escena aún más terrorífica. La nula posibilidad de escapar de Leonardo se había esfumado.

Del techo de una casa con una pérgola muy bien adornada e iluminada, estaba John y Abrahela sentados con un puñado de gente elegante, algunos humanos y otros eran demonios en su forma humana. Leonardo pudo verlos de lejos, también tenían a la niña encadenada del cuello y siendo tratada como una mascota, el jinete ya había emprendido el camino y estaban por la calle principal dando el recorrido, la gente gritaba, abucheaba a Leonardo, la música de fondo, los danzantes, espectáculo de fuegos artificiales y show en vivo de marionetas y botargas por las calles, las dos criaturas calvas acosaban a Leonardo por todo el camino, gritándole cerca y haciendo sonidos extraños, Leo aterrorizado lastimado y sangrando, se sentía humillado en extremo, le arrojaban botellas de cerveza, piedras y demás cosas, le gritaban todo tipo de insultos.

—¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? —se preguntaba Leonardo—. ¿Qué hice para merecer esto?

La gente se volvía loca, debes en cuando los demonios voladores bajaban para llevarse a una persona y devorarla en el aire, era algo normal y parecía no importarle a nadie, todo lo que presenciaba Leonardo era un espectáculo único, el preferiría ser espectador a ser el espectáculo. Todos reían, llego gente rica, elegante, invitados del señor oscuros de todas partes del mundo y del país, disfrutando del espectáculo en las calles y techos adornados y elegantes que sirven como palcos de primera clase. Meseros siguiéndolos por si se les ofrecía algo, la gente rica se acercaba para humillarlo, golpear o lanzarle lo que tuvieran en las manos queriéndolo lastimar.

—¡Púdranse bastardos! —gritaba.

Pero las personas solo se reían, la carreta avanzaba por calles, era temprano y el evento duraría hasta muy tarde, aún faltaba demasiado por recorrer del pueblo y todo mundo estaba impaciente por ver a Leonardo de esa forma, ya había causado demasiados problemas a John y todos lo querían ver muerto, mientras avanzaba, la gente del pueblo y los invitados especiales caminaban detrás de la carreta como si fuera una peregrinación, los danzantes y los músicos callejeros hicieron lo propio, las botargas y todo aquel artista callejero seguía a la carreta, seguían gritando e insultando a Leonardo, quien no paraba de gritarles también y devolverles los insultos.

—¡Púdranse bastardos! —grito de nuevo.

Los invitados salían de todas partes con su ropa elegante y las mujeres invitadas con sus vestidos, todos iban a color negro por las calles y la gente del pueblo se había vestido como más se les plazca, los demonios voladores gritan de entusiasmo y seguían volando por todos lados, la luna no dejaba de hacer la ilusión de estar derramando sangre, le salieron cientos de ojos de ese rojo intenso, la orquesta tocaba como apurando todo, haciendo más impulsivo a lo tétrico por las calles del pueblo.

—Vamos ríanse del pobre hombre —expresaba el hombre de baja estatura por el megáfono.

El hombre calentaba el asunto animando el evento con palabras y participando con la gente, en la calle había un hombre de cabello corto, marrón, traje azul, labios gruesos, y un collar plateado y una mujer delgada, cabello rubio, arracadas grandes y exagerada su vestimenta, dirigiendo entrevistas a la gente del pueblo como reporteros y simulando la grabación en vivo para algún noticiero.

—Qué nos puedes decir de este evento, ¿no es uno de los mejores en años? —pregunto la mujer entrevistadora.

—Es excelente, no me había divertido tanto desde hace mucho tiempo —respondió uno de los habitantes del pueblo.

—Excelente, seguimos con ustedes desde el estudio, para canal seis, informo —finalizo la mujer.

Uno de los demonios voladores tomo al sujeto entrevistado y lo devorado en el aire.

La fiesta seguía al pasar las horas, habían ya recorrido gran parte del pueblo, pero faltaba mucho, mucho más para dar espectáculo y buen show, Leonardo estaba golpeado, insultado, su túnica estaba manchada de líquidos de cerveza, orina y sangre, era una gran humillación para él, y las criaturas que no lo dejaban de acosar.

El hombre reportero se acercó a Leonardo.

—¿Qué opinas de todo esto señor Leonardo? ¿Cómo ve el evento que fue preparado para usted con mucho cariño? —pregunto el hombre que caminaba cerca de Leonardo.

—Los destruiré a uno por uno, cuando salga de esta ya lo verán, no dejare a nadie vivo, te matare a ti y a todos los que hacen esto posible, destruiré a tu señor oscuro, ya lo verán —respondió con enojo.

El hombre entrevistador se detuvo y poso para la cámara.

—Ya vieron al señor Leonardo, quien es la estrella de esta noche se niega aceptar su destino y amenaza con matar a todo mundo, como si tuviera alguna posibilidad, volvemos con ustedes para el estudio del canal seis —finalizo el hombre, quien fue alcanzado por uno de los demonios voladores.

Leonardo hervía de furia, dispuesto para acabar con todos, había caído muy bajo y solo buscaba venganza y librarse, ya no tenía piedad por nadie, destruiría todo, estaba convencido de eso, esperaba el poder encontrarse con el chamán y que este lo ayudara junto a los nativos que quedaban, de la niña no iba a poder tener ayuda, había sido capturada y estaba siendo la mascota de Abrahela, se alegraba porque pensó que había muerto, la vio siendo partida a la mitad. No creía que esto fuera su final, pero estaba cerca de poder hacerlo, se preguntaba por ratos él porque no había enterrado la espada en el cuerpo de John cuando se estaba regenerando, y porque le importo más el hecho de saber la verdad que acabar con la maldición. Seguía lamentado esa pena de desconfianza y no haber actuado.

El recorrido de la cerreta con Leonardo estaba casi por terminar, la orquesta no dejaba de tocar, al contrario, apuraba todo anunciado el fin. La gente estaba alcoholizada y era más peligrosa, estaban golpeándose entre ellos, pero la fiesta seguía, la luna sangrando con sus múltiples ojos y los demonios volando el cielo del pueblo. Leo desesperado, todo el cuerpo adolorido y lastimado, sentía como la palma de la mano derecha se desgarraba poco del clavo y la madera, cansado, sin dejarse doblegar e insultaba de vuelta a la gente, los maldecía y les gritaba que los mataría si eso sería lo último que haría en su vida o antes de morir.

Estaban ante la última calle, la avenida principal para darle cierre al evento, Leonardo continuaba siendo acosado por las criaturas de las que ya estaba harto de escuchar por todo el camino, por más que las insultaba, estas no dejaban de molestarlo, la gente lo seguía detrás, estaban cerrando el paso, movían un poco la carreta, amotinándose y reduciendo el espacio, la gente rica y poderosa estaba al final del camino para cerrar el evento, como si de una meta se tratase. John, esperando paciente la hora de la verdad, la hora final para Leonardo, sin saber que le depara el evento, pero con la mentalidad aun en escapar. Lo seguían insultando hasta terminar, golpeándolo y el no dejaba de amenazar. La orquesta paro de forma sincronizada con la carreta al llegar frente a John. Las antorchas que iluminaba el techo donde estaba la orquesta se apagaron dejando ver un vació oscuro, solo se escuchaban los tambores de los negros y los danzantes aun bailando, la gente coreaba y su locura llegaba al fin del clímax. John se acercó lo suficiente y tomo a las dos criaturas acosadoras de Leonardo, por el cuello matándolas sin piedad, las arrojo a unos metros, los demonios voladores llegaron como aves de rapiña a devorarlos antes de que se enfriaran.

—Damas y caballeros, hemos llegado al final del evento, y en lo que a mi concierne fue todo un éxito el de este año —dijo el hombre de baja estatura con el megáfono desapareciendo del techo y las antorchas que lo iluminaban de igual forma se apagaron.

—La ceremonia da por concluida en este gran evento del carnaval del horror que fue todo un éxito en taquilla, me despido para el canal seis —finalizo la mujer del noticiero en el cielo, tragada por los demonios voladores.

—Hola Leonardo —dijo John.

El jinete bajo a Leonardo y lo tiro a los zapatos del señor oscuro, el jinete asintió con la cabeza y se retiró de ahí con la carreta.

—Ahora daremos el ultimo paseo —dijo John mientras le ponía una cadena a Leonardo en el cuello y tiraba de esta para hacerlo caminar.

Tocando sus heridas expuestas, camino detrás de John.

—¿A dónde vamos?

—Ya lo veras —respondió John.

John jalaba a Leonardo por la calle, la gente iba detrás de ellos, personas ricas e invitadas de del señor oscuro caminaban por los lados y Abrahela caminaba junto a su abuelo.

—Vamos al salón principal, al teatro municipal del pueblo, ahí será tu despedida —agrego John.

Los tambores sonaban por el camino, la gente seguía alcoholizándose y disfrutando del evento, John tiraba más duro y hacia faramallas como saludar a todos presentes, era el único con trabaje blanco entre los invitados quienes todos vestían de negro, sin contar a la gente del pueblo. El señor oscuro disfrutaba de la atención, siempre disfrutaba los eventos que organiza, siempre siendo el centro de todo. El los organiza y planea con esmero, le gusta que sean perfectos. Todo resulta excitante y así demuestra quien manda.

—Gracias, gracias —decía John, mientras todos le aplaudían—. Ya casi llegamos Leonardo.

Cansado y desorientado, lo único que quiere es descansar, tirar la toalla y dejar que todo fluyera como debería de ser, morir ahora y dejar de entretener a todos.

—Ya casi llegamos Leonardo —insistió John.

Leonardo no dio muestra de interés, como un perro, herido, muriendo, se limitó yendo con la mirada al suelo, recibiendo insultos. Cerca del teatro municipal del pueblo, cerca de su fin.

—Llegamos Leonardo, mira bien tu próximo destino, te lucirás, eres la estrella principal de esta noche.

Todos se posaron frente al teatro municipal de San Juan Caído.

En la cartelera decía:

Función de hoy:

“Evento sangriento”

Estrella principal:

Leonardo Fuentes Paz.

6

Leonardo miro con discreción, asustado y humillado. Todos a los alrededores aplaudían, los tambores no cesaban, había empezado la gloria de la magnificencia del evento principal, la historia canónica por la que tenía que atravesar Leonardo.

—Mira, esto lo hice por ti y para ti Leonardo, míralo bien, será la última vez que veas algo con tu nombre —menciono John.

—En verdad poco me importa, poco me importas John, solo termina lo que empezaste, lo demás me da igual —respondió Leonardo.

John comenzó reír de una forma sutil para no dejar ver su enojo por la arrogancia de Leonardo que lo desafiaba y que le da en su ego. La indiferencia de Leonardo hacia John era algo que le molestaba ya que Leonardo no le seguía el juego y no estaba interesado en lo que sucediera. John camino hasta Leonardo para meterle una cachetada.

—Todo esto lo he hecho por ti Leonardo, no me puedes pagar de esa forma, tu eres la estrella de esta noche, debes de darnos el mejor de los espectáculos —agrego John.

—¿Y que si no lo hago?

—Todos aquí estaremos muy decepcionados —dijo John mientras lo seguía golpeando.

Leonardo cayó al suelo, John lo pateo en un par de ocasiones, le retiro las cadenas.

—Miren a la estrella principal de esta noche, desafía todo pronóstico, va en contra a la marea y no le importa, tenemos a alguien demasiado valiente o demasiado estúpido, como nos gusta, damas y caballeros… Leonardo Fuentes Paz —dirigió John a todos.

Todos locos, aplaudieron, creían que lo sucedido era parte del show, que estaba planeado y ensayado, pero la realidad era otra. Leonardo se mantenía firme en solo morir y ya no poder seguir siendo parte del entreteniendo del señor oscuro.

—Y ahora Leonardo, ¿podemos continuar? —pregunto.

—Si eso te hace feliz, sí —respondió.

La niña salió entre la multitud, llevaba aun la cadena, movía ligeramente la cabeza de un lado para otro, como diciéndole a Leonardo que parara con ese pequeño circo de necedad que tiene y que estaba utilizando contra John, si bien lo único que provocaba era que el señor oscuro se enojara y lo lastimara. La niña le transmitía que tenía que ser más inteligente que eso, y continuar, Leonardo asintió ligeramente, se incorporó y camino hacia John.

Los ojos de la niña, fueron de tristeza, le pedía que muriera con dignidad, ya todo estaba perdido y sin nada que hacer, de nuevo se quedaron cortos en un intento más por liberarse de la estúpida maldición que azota el pueblo de San Juan Caído.

—Podemos continuar —expreso el señor oscuro sonriendo.

—Sí, podemos continuar —respondió Leo.

No hubo la necesidad de que Leonardo volviera a ser amarrado con la cadena, camino por su cuenta, detrás de John, quien seguía robando el show con sus faramallas, aventaba besos y abrazos al aire, estaba el grupo de invitado al frente, aun lado Leonardo y al otro Abrahela con la niña, y al fondo el pueblo. John junto a lo demás estaban de frente al pueblo despidiéndose.

—Muchas gracias por su participación, nos veremos muy pronto en la siguiente entrega, esta fiesta es del pueblo y para el pueblo, los amo y síganse divirtiendo —concluyo John quien entraba al teatro.

Entro Leonardo, seguido de Abrahela y la niña, y por último los invitados del señor oscuro, un teatro grande y cómodo, las puertas de vidrio se cerraron sin la oportunidad de dejar pasar a alguien más que no tuviera invitación.

La luna había dejado de ser rojiza y ya no simulaba que escurría sangre, los ojos habían desaparecido de igual forma, los demonios voladores se fueron y la gente del pueblo se marchaba de poco a poco a sus casas. El ruido de los tambores se disipaba perdiéndose entre las calles y colonias para dejar todo vacío sin ruido y con la única iluminación de las letras brillantes del teatro. “Kamper”, Y su cartelera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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