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VERANO DEL 98 - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - 27 REDENCIÓN PURGATORIO
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27: REDENCIÓN (PURGATORIO) 27: REDENCIÓN (PURGATORIO)  1 —Imagina por un momento en que todos lo que hayas hecho sirvió de algo y las cosas fueron diferentes, imagina ese hecho en el que no llegaste nunca al pueblo y llevas una buena vida, plena y duradera con tus seres amados, nunca perdiste tu matrimonio, tus hijos te aman y tu esposa jamás te pidió el divorcio —una voz en su cabeza.

Se despertó en una pequeña habitación que era más una bodega que otra cosa, trapeadores, escobas y utensilio que se utilizaban en el escenario del teatro, despertó, parpadeo un par de veces antes de llevar sus manos para tallar sus ojos, estaba completamente desnudo, sudado, habían curado sus heridas, sentado en una silla de plástico, y frente a él, Abrahela, quien le coloco unas gafas.

—¿Escuchaste todo lo que te dije?

—pregunto Abrahela—.

Espero que estos lentes te sirvan, no encontré los tuyos.

—Sí, escuche toda la basura que me dijiste, como será eso posible, puedes regresarme al pasado y evitar que todo esto suceda, de alguna forma tienes esa súper habilidad especial —respondió el hombre, molesto.

—Tengo más que eso, digamos que estoy “en son de paz”, podemos hacerlo por última vez y que sea por las buenas, tu serías un buen aliado para para nosotros, especialmente para mi abuelo, no tengo más que decirte que la decisión que tomes en este momento será lo que marcara el futuro de la historia, tienes un enorme poder, eso ya lo sabes pero no sabes cómo manejarlo o explotarlo, estas aquí solo por eso, de esa forma eres valioso, de otra forma a la que tú piensas que saldrás de esta, no tanto, dejas de ser valioso para nosotros.

Necesito una respuesta inmediata.

—¿Qué es lo que ofrecen?

¿Por qué el cambio de opinión?

—No hay ningún cambio de opinión, siempre fue la misma propuesta desde un principio, pero decidiste ignorarla y seguir a la gente equivocada, pero ya estando aquí y que este es tu purgatorio, dime Leonardo, ¿quieres pertenecer a nosotros?

—¿Qué gano yo con todo esto?, te lo pregunte, ¿qué es lo que ofrecen?

—De entrada, que estarás vivo, en segunda que serás un leal sirviente al señor oscuro, él te guiara por el buen camino para ser parte de su ejército.

—¿Cuántas personas hay en ese ejército que tengas las mismas habilidades que yo?

—En verdad ninguna, serias el primero —respondió Abrahela.

—Entonces si nadie ha aceptado y han preferido la muerte que te hace pensar que yo si aceptare —dijo Leonardo.

—Supongo que eres más inteligente que el resto, no estoy aquí para convencerte, no estoy aquí para rogarte, tal vez te necesitemos, pero también puedo cambiar de opinión y matarte en este maldito segundo.

—Dudo que me mates, aun me necesitan para su último acto de entretenimiento.

—Era retórica —respondió Abrahela—, pero también podríamos darte la libertad de ir y venir cuantas veces se te plazcan, podrías regresar con tu familia —continuó.

—Sería libre, podría regresar con mi familia y a mi vida, pero tendría que servir a tu abuelo como asesino y ayudarlo a ganar guerras y conquistar planetas y esos sueños guajiros que él tiene —expreso Leonardo.

—Exacto eso mismo, lo que acabas de decir, ya ves que si eres más inteligente que el promedio.

—En realidad es sarcasmo.

—Podemos dejarnos de rodeos y reflexiona sobre el tema… Leonardo… despertó… —¿Soñé todo?

—pregunto en su mente.

Leo trataba de hacer memoria para recordar, se había sentido tan real, por un momento se había sentido tentado por la propuesta, pero a este punto, ya no sabía que es real y que no, su oportunidad de salir vivo es de cero, pero si lo que soñó es cierto, sería un buen trato.

Disimulo estar dormido, ya que personal del teatro entra y sale, y quería ganar un poco más de tiempo.

—Y… bien, ¿qué decidiste?

—pregunto Abrahela en la mente perturbada de Leonardo.

—Rechazo la propuesta, no entiendo el hecho del ultimátum —contesto fríamente.

—Está bien, tú te pierdes de todo, sería un paraíso para ti, pero te tengo otra propuesta, te entregaría a mi yo buena, Abrahela, sé que siempre me deseaste, y sé que deseas a la Abrahela buena, te la entregare.

—Mentira, no harías eso, jamás lo harías, solo lo dices para que yo acepte el trato, y firmar mi sentencia.

—Te doy mi palabra, más que cualquier otra cosa que tengo, Abrahela está en la mansión en alguno de los pasadizos y habitaciones que ya recorriste, en mi féretro, donde leíste sobre mí, ahí se encuentra, es tuya si la quieres —insistió Abrahela.

—Ahí estuvo todo este tiempo —se preguntó Leonardo.

Si no le hubiera hecho caso al chamán y a la niña… —De acuerdo, tu, ganas, podríamos llegar a un acuerdo, pero primero libérame de todo este enrollo —termino.

—Lo siento, pero así no funcionan las cosas, necesitaba ver lo fiel que puedes ser, y te traicionas a ti mismo, después de las personas que se sacrificaron, todos lo que murieron para que tu continuaras y así les pagas, por una mujer, que no sabes sin siquiera existe, piensas que vivirán felices para siempre, me das lastima Leonardo, fue muy sencillo, por ahí hubiera empezado, eres muy fácil de convencer por una mujer terrenal al igual que tú, que quebradizos son ustedes —finalizo.

Leonardo abrió los ojos, despertó de nuevo, esta vez se dio cuenta que no era un sueño, que todo eso se lo había preguntado así mismo, se había tentado, estaba tentado por una oferta así.

—¡Use secuelas y no me percate!

—expreso.

Leonardo inconscientemente había usado secuelas sin desmayarse para saber la ubicación de Abrahela, ya analizándolo bien, se vio regresando a la habitación de los féretros y encontraba a Abrahela buena, quien parecía esperarlo y darle las gracias por rescatarla, para después huir los dos en su auto deportivo, el gran Torino.

Todo en su mente se aclaró, aún tenía una salida, nos sabia como, pero vio un futuro cierto en el que tenía una baja probabilidad de ser efectiva, no supo cómo hacerlo, pero lo logro al fin, un gran paso.

2 Estuvo ahí sentado por al menos dos horas, escuchando el tic tac del reloj de pared que tiene al frente, el reloj marcaba las tres de la mañana, presentía que en cualquier momento entrarían a buscarlo, actuó para tener un futuro diferente, Ahora le quedaba el planear que hacer para poder escapar, un gran paso en usar las secuelas, ahora dominarlas.

Abrahela entro con dos sirvientas nativas.

—Ellas te darán tu ultimo baño, tienes que estar presentable, usaras un traje —dijo Abrahela mientras tiraba la vestimenta a un lado—, aquí lo dejo, estarás asolas con ellas, en media hora regresare por ti, espero que tuvieras una cómoda estancia y que hayas reflexionado con tus decisiones.

Las nativas trabajaron en Leonardo al marcharse la mujer.

—Con cuidado por favor, estoy muy lastimado —pidió.

Las dos mujeres solo asintieron con la cabeza y siguieron con el baño de esponja, limpiando las heridas, curándolas y quitando toda la sangre del cuerpo del hombre.

—¿Ha que se habrá referido con lo de reflexionar?

—se preguntó en voz baja.

Y si no fue un sueño, después de todo… —Lo conocen como el purgatorio —dijo una de las sirvientas.

—Disculpa, ¿qué dijiste?

—pregunto el hombre.

—La habitación… es un pequeño almacén, pero esta alterado, funciona como un cuarto de tortura psicológica y emocional, en realidad pareciera que lo que ves, dices o escuchas no es cierto, juega con tu mente, va desde el arrepentimiento o hacerte falsas esperanzas —dijo la otra sirvienta.

—No entiendo de lo que hablan, como saben todo esto, porque me lo dicen.

–—Hemos bañado a muchos como tú, hemos estado aquí por más tiempo, sabemos lo que es y lo que puede hacer para llevar a la gente a la locura, el señor oscuro necesita que tú no llegues tan cuerdo al evento para sí hacer más fácil matarte robándote las secuelas —dijeron las dos sirvientas mientras seguían bañando a Leonardo con las esponjas.

—Ya decía yo, pensé que me estaba volviendo loco, y lo último que dijo Abrahela, fue real o mentira.

—No sabemos qué fue lo que dijo, tu pudiste haber escuchado algo y nosotras otra cosa, siempre es a favor de todos, escuchamos o decimos lo que queremos escuchar y lo que queremos decir.

—Maldición como puedo hacer, para estar cuerdo y no perder la cordura.

—Usa las secuelas…

usa las secuelas… usa las secuelas… —decían las sirvientas, una y otra vez mientras Leonardo perdía el desenfoque de las sirvientas.

Se alejaban poco a poco, como si una cámara las grabara y se lajera cada vez que dijeran «Usa las secuelas».

Una nueva toma en la mente de Leonardo entro, era la de una mantis religiosa, devorando la cabeza del macho, recordó que había visto un documental sobre eso, la toma en su mente cambio a una escena porno que alguna vez había visto, el sexo desenfrenado con Abrahela, en la cual por fin pudo ver que siempre se trató de la señora gorda, la reproducción de humanos y demonios, el teniendo sexo con demonios en la mansión.

Leonardo estaba ido, saliva escurría de su boca, miro el reloj y faltaban cinco minutos para las tres treinta, aprovecho ese momento para tener relaciones carnales con las dos sirvientas nativas en cinco minutos, su escena fue rápida y repetitiva, una y otra vez como si la cinta de la cámara diera reversa y luego avanzara.

—Satisfecho… —la voz de su ex esposa en su mente.

—¿Marlen?

—se preguntó.

—Vamos, tus hijos te esperan… —Pronto estaré con ustedes, esperen por mí —respondió Leonardo.

—Terminamos… —Terminamos… —Terminamos… —Terminamos… Leonardo volvió en sí, eran las voces de las sirvientas nativas en su cabeza, vio el reloj y son las tres con quince minutos, todo fue de nuevo de su imaginación.

—Ponte el traje, nosotras hemos acabado aquí… —finalizaron las mujeres.

Leonardo sin estar encadenado y libre, se puso el traje, los zapatos, desodorante, se perfumo, y volvió a la silla de plástico en la que había estado toda una eternidad, seco, nunca hubo baño, limpio sin manchas de sangre, listo, ido y senil en decadencia mental.

Habían dado las tres y media de la madrugada, las sirvientas no estaban, solo Leonardo, quien dejó de tener episodios aleatorios, vestido, presentable para la ocasión.

—Mírate, cambias ya arreglado y bañado —dijo Abrahela.

—Supongo que estoy listo —respondió.

—Me parece bien, vayámonos, la gente espera y debes de darles un espectáculo —finalizo.

Los dos dejaron la bodega, Leonardo dejo el purgatorio en el cual por un momento sintió la paz y experimento aún más la locura…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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