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Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 11

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11: Capítulo 11 11: Capítulo 11 Con un ligero temblor en sus pies, el chico que no quería que se le viera el rostro había pasado la primera prueba, no estaba seguro de cómo lo había logrado, pero no podía evitar agradecer al señor que estuvo con él en ese momento.

— Si no fuera porque era un astrólogo antes de todo este problema… No sé cuanto hubiera demorado en resolver ese acertijo ¿Y si lo resolvía mal?

El temblor en sus piernas se iba haciendo más notorio mientras su cabeza se llenaba de pensamientos negativos, llegando al punto de considerar su muerte debido al derrumbe.

— Ah… Por suerte ya pasó, pero… ¿Ahora es una prueba individual?

Aunque todavía tenía el temor en su cuerpo, el chico no podía evitar girar su cabeza de un lado a otro en busca de alguien.

La prueba anterior hizo que considerara que todas las pruebas serían en parejas pero, al no encontrar a su compañero o compañera en esa segunda prueba, solo pudo soltar un suspiro de alivio tras deshacerse de su preocupación.

— Al menos no asumirán que soy un niño pequeño otra vez… Su única alegría en ese momento era el hecho de que no tendría que responder a la misma pregunta otra vez; sabía que era su culpa por utilizar una gorra todo el tiempo, pero aun así le molestaba que le confundieran con un niño por su estatura.

Midiendo solo un metro con cincuenta y siete, aquella persona siempre era confundida con un adolescente o un niño de primaria, su tono no le ayudaba, pero no era su culpa el haber crecido con esas características, pensaba.

— Ja, ja, ja, al menos con esto ya no tengo que preocuparme por qué la gorra se me caiga.

— ¡Roar!

«¡¿Eh?!», dando un pequeño salto por el susto, el chico retrocedió medio metro.

Un rugido vino desde el otro lado del escenario – que más que un campo de batalla, parecía el área de entrenamiento en un campo de entrenamiento antiguo —.

Ahí, dos leones de piedra se encontraban observando al chico con un brillo escarlata desprendiéndose desde sus ojos.

— ¿Así que eres un… Elegido… ¿De los dioses?

— Huele como uno — ¿Elegido?

El miedo en el chico era notorio para las criaturas, el sudor frío podía olerse en el aire y su temblar al preguntar quitaba las dudas; los leones de piedra se acercaron al chico lentamente, con un tono que parecía errático cada vez que la palabra “elegidos” salía de sus bocas.

Mientras que el león de la izquierda volteaba a ver al de su derecha, soltó un pequeño gruñido.

— Una prueba de fuerza.

— ¿Una prueba de fuerza?

Repitiendo como loro, el chico dio un respingo al sentir como los ojos del segundo león le observaban, como si leyera su alma.

Sentía que parte de su ser había sufrido un cambio, pero no podía asegurar que era.

Antes de poder decir algo, los leones comenzaron a hablar de manera intercalada.

— Tres rondas.

— Si eres capaz de ganar tres rondas… — Pasarás la prueba.

— Y serás acreedor del… — «Sello» — Mencionaron a la vez.

— ¿Sello?

— El chico no pudo evitar dudar.

Ante sus ojos, la ventana azul marcaba su misión; la descripción y objetivos eran los mismos, pero la recompensa difería a sus palabras.

La ventana mencionaba «Sello de ???

(Falso)».

Quería preguntar, pero el aura desprendida por ambos leones le hacía sentir como un pequeño ratón queriendo enfrentarse a un dinosaurio.

¿En serio tenía que enfrentarse a ellos y ganar tres rondas?

Aunque sabía que no era débil, también era consciente de que aquellas criaturas estaban en un nivel superior al suyo, no era algo a lo que podía enfrentarse con valor y salir victorioso por suerte; su instinto, mejorado por su habilidad [Prevención de peligros], se lo decía a gritos.

Forzando la activación de su segunda habilidad, [Nervios de acero], el temblor que hacía parecer al chico una gelatina se redujo considerablemente, lo que le permitió ponerse en una posición de combate clásico, llevando uno de sus puños al nivel de su cintura y otro a la altura de su rostro.

Aún no sabía si podría hacer algo, pero mientras se iba haciendo la idea de que no le quedaba otra opción, la voz de los leones resonó.

— Estás listo — Entonces, que comience la primera ronda.

En medio de ambas criaturas, en la grumosa tierra, una reja de dos metros hizo presencia, dejando salir una oscura sombra de entre sus barrotes que se fue moldeando en una nube que flotaba en medio de los leones.

— Si ganas, podrás irte.

— Otra vez, los leones hablaron al unísono.

La nube, tan oscura como la noche misma, comenzó a dispersarse, dejando ver cadenas que colgaban desde los grilletes en sus muñecas y cuellos.

Una figura humanoide de cuatro brazos; dos cuellos, ambos unidos a una sola cabeza; tres ojos, estando el tercero en su frente atravesado por una estaca que cruzaba hasta su nuca; dos alas destrozadas, similares a las de los murciélagos y un cuerno curvo de treinta centímetros que surgía desde el lado derecho de su cabeza; hizo presencia.

— Tch.

Maldito seas.

¿Un tesoro?

¡Por tu culpa terminé así!

¡Hijo de puta!

La figura, que fácilmente se puede catalogar como un demonio, desprendía su frustración en forma de insultos al invisible cielo.

Aunque su cabeza, que se balanceaba de un cuello a otro, apuntaba a una de las estalactitas a decenas de metros sobre ella, sus ojos se encontraban viendo a la nada, renegando de lo que parecía ser su pasado.

Tras unos segundos de maldecir, rascó su cuello izquierdo con su mano derecha.

— Me siento mejor ahora.

¿Oh?

¿Un niño?

— ¡No soy un niño!

El demonio había centrado su vista en el chico tras retomar la compostura, observándole de pies a cabeza.

El chico, ante su comentario, no pudo evitar mostrar su molestia pero el demonio de cuerno azul simplemente río en respuesta.

— ¿Por qué te molestas por esa pequeñez?

Al final, un cuerpo inerte es un cuerpo inerte «¿A qué te refieres con cuerpo inerte?» Fueron las palabras que no lograron salir del chico.

Antes de darse cuenta, su visión se había distorsionado; cuando recobró la noción, su cuerpo se encontraba tirado en el suelo sobre un pequeño cráter, creado por la intensidad del golpe, mientras un delgado hilo de sangre brotaba desde la comisura de su boca hasta la punta de su oreja izquierda.

El demonio no mostraba rastro alguno de haberse movido, solo su cabeza iba de un cuello a otro como un péndulo mientras su poco sincera sonrisa era esbozada; estuvo dos segundos observando al chico con indiferencia en sus ojos, como si no observase a un ser humano, sino, un pedazo de basura que fue arrojado en pleno desierto.

— ¿Oh?

¿Esta mierda sigue viva?

Parece que no usé fuerza suficiente.

Con la mayoría de sus huesos rotos, un hilo era lo único que mantenía al chico consciente, permitiéndole escuchar a duras penas como el demonio se dirigía a los felinos de piedra.

El dolor invadiendo su cuerpo apenas era suprimido por sus habilidades pero el miedo que surgía de su interior ya las había sobrepasado por completo.

Observando al demonio con sus temblorosas pupilas, apretó los dientes los más que pudo; no era la primera vez que tenía de oponente a alguien más fuerte; por el contrario, siempre se encontraba con grandes obstáculos pero si era la primera vez en la que su cuerpo había sido destruido a tal grado antes de poder reaccionar.

Ni la vez que se volvió un despertado había sufrido tales lesiones, a pesar de que se encontró en gran desventaja numérica.

Su armadura corporal, que había sido configurada para ser invisible al ojo, estaba esparcida a su alrededor en decenas de fragmentos similares a vidrios rotos.

Ante aquel ataque que sus ojos no fueron capaces de seguir, su armadura no fue más que una ventana a la cual le lanzaron un ladrillo o un florero que fue lanzado desde un décimo piso, pero el chico solo agradeció la utilidad de la misma, al menos seguía vivo.

— Hey… Esto está arreglado ¿Verdad?

El demonio giró su cabeza para observar a uno de los leones, quien negó con un movimiento de cabeza.

De manera realista, aquel golpe — si le hubiera recibido un despertado normal — no solo habría pulverizado sus huesos y órganos; sino que, seguramente, hubiera dejado un agujero en el cuerpo del desafortunado, pero el chico poseía aquella peculiar armadura nombrada «Protección del Apu» que era tan resistente como una montaña misma, aunque ahora no era más que añicos.

— Te quedan dos intentos.

El chico seguía en el suelo mientras el trío se encontraba hablando.

Con sus ojos era capaz de controlar la ventana azul, pasando hasta la sección de [Inventario] pero, al no ser capaz de mover sus manos, le fue imposible tomar alguna de las pociones que ahí había.

«Maldición… No puedo creer que mis ahorros se están yendo como agua.» Con una ligera sorpresa, el demonio y el dúo de leones volteó a ver en dirección al chico, quien se estaba levantando con dificultad, mientras varios quejidos eran soltados.

— ¿Oh?

No pensé que te recuperarías.

Con pausados aplausos, el demonio iba aceptando su primera derrota pero no se molestó en explicar a qué se debía, por el contrario, quiso saciar su curiosidad, por lo que se acercó a la espalda del chico, observándole detenidamente.

— ¿Será que esa armadura tenía una opción de recuperación instantánea o algo?

¿O quizá tenga que ver con esta pulsera?

— ¡¿Cuándo?!

Debido a la sorpresa, apenas pudo reaccionar cuando su mano derecha fue tomada por el demonio para ser observada, a simple vista, no había nada de especial, pero el demonio era capaz de observar aquellas pulseras invisibles que cubrían desde su muñeca hasta su codo, al igual que los grandes aretes dorados y la ya destruida armadura marrón.

Aunque intentara encontrar lógica, el demonio no era capaz de descifrar como se había recuperado rápidamente, pues la respuesta no se encontraba en esos accesorios, sino, en el sistema que se le había otorgado.

Una opción salvavidas para muchos despertados, [Recuperación total], fue el causante de aquel milagro, aunque no era una opción que muchos quisieran usar, ya que era conocido como un “robo de puntos de méritos” debido al coste elevado, que variaba dependiendo del estado del usuario.

Aun así era una gran opción para casos como aquel, en el que podía cruzar el túnel a la otra vida en cualquier momento.

Tras varios segundos de analizar al chico, el demonio volvió a su posición anterior, agitando su cabeza en negación y elevando sus manos mientras se deshacía de la idea de adivinar.

— Como sea, ya que pudiste pasar la primera ronda, entonces supongo que comenzaremos con la siguiente.

Me pregunto ¿Cuál será tu mayor miedo?

Una corriente fría recorrió la espalda del chico ante aquellas palabras, un claro escalofrío le advertía de lo que estaba por pasar, causando que la ansiedad surgiera en él mientras el demonio elevaba sus brazos en diferentes direcciones y su cuerpo retomará su forma gaseosa, en la cual engullo al chico.

Unas cuantas horas después, de los veintiocho despertados que habían ingresado por aquel par de puertas, solo se podía ver a menos de la mitad, ya sean malheridos o felices pero cansados, en aquella habitación que, si no fuera por las pocas antorchas con ilógico brillo, estaría completamente a oscuras.

— Para ser sincero… Me sorprende que hayamos sobrevivido tantos.

No me malinterpreten, ojalá todos hubiéramos pasado, pero tras aquella segunda prueba… Maldición, ni siquiera tuve tiempo para fijarme en la pista.

La mujer con el sujetador de cabello en forma de polilla se distrajo por un momento, el ambiente pasó a ser pesado y cada despertado se quejaba a su manera, ya sea de la segunda prueba o de la cuarta, concordando en lo mismo.

— Si se trata de decidir el futuro de la humanidad ¿Por qué demonios las pruebas tenían que ser tan personales?

¡Mierda!

— ¿Verdad?

¡Te apuesto a que muchos solo se quedaron en la segunda prueba!

¡Si no tuviera suerte, también me habría quedado ahí atrapado!

— No es sorpresa, ¿En serio?

¿Revivir los traumas como prueba?

Maldita sea.

— ¡Y luego está esa maldita prueba de “descubre quién eres”!

¿Al final de qué carajos se trataba?

¿Quién la entendió?

Ambos caminos que tomaron los despertados al inicio llevaron a pruebas similares, siendo la segunda prueba la más costosa para todos, ya que cargaban consigo traumas recientes.

Hace tres años el mundo cambió completamente y hace menos de dos la gran mayoría había perdido a sus seres queridos en los distintos incidentes, sin mencionar a los despertados de rango medio, que perdieron a sus superiores o amigos en el incidente de las tierras volcánicas.

Esas experiencias eran grilletes demasiado pesados para todos, aunque Edmond, quien se encontraba sentado no muy lejos de los dos botones ubicados en medio de la sala, poseía un semblante demasiado tranquilo.

Las pruebas a las que se enfrentó no difirieron de las del resto pero, para él, eran traumas que ya había superado una vez y sirvieron más para comprobar una teoría que tuvo mientras cruzaba de la primera a la segunda prueba.

— Entonces el mundo aún no ha tocado ese punto.

Aunque ahora me pregunto qué hubiera visto si lo hubiese hecho.

En el pasado, cuando pasó por aquel camino por primera vez, Edmond había sufrido.

No había pasado más de un año desde que era capaz de ver y el volver a un estado de impotencia, donde no podía ver y también había perdido el sentido del tacto, causaron que casi perdiera la cabeza.

Se estaba volviendo loco del miedo porque no sabía dónde estaba parado y porque escuchaba desde coches hasta criaturas que se le acercaban; no era capaz de saber si se estaba defendiendo o si estaba siendo mordido; por momentos sentía que era mejor no estar vivo pero, tras un largo tiempo, logró encontrar motivación en apoyar a su amigo y el cumplir sus sueños.

En la cuarta prueba, Edmond no pudo evitar soltar algunas lágrimas, aunque la prueba señalaba el autodescubrimiento, en realidad mostraba un mundo ideal, con el que la persona había soñado en más de una vez.

En su caso, una vida en la que no nació ciego; si el desastre de colisión no hubiera existido y más.

Un deseo que Edmond había dejado atrás, por lo que no le fue difícil superarla.

Hubo quienes decidieron quedarse en aquella vida y disfrutarlo, sucumbiendo ante la tristeza de no poder obtenerla jamás, lo que conllevo que fracasaran y, en consecuencia, fueran aplastados por la cueva tras acabar el tiempo límite.

— ¿Ambos lograron pasar?

Felicidades.

— Gracias.

— Igualmente, felicidades.

Aunque parecía estar hablando solo, los ojos de Edmond se encontraban fijos en un par de puntos que revoloteaban en el aire.

Los mismos dos insectos que habían estado con él al inicio y en las dos primeras pruebas.

Dos pequeñas criaturas que también habían despertado pero que no se vieron en la necesidad de aprender el lenguaje humano hasta ahora, que querían comunicarse con aquella persona.

— ¿Les sirvió la habilidad?

— ¡De mucho!

Aunque igual tuvimos que hacer las pruebas — Pero al menos no nos aplastaron por qué éramos molestas o algo.

— Así son los humanos, ja, ja.

Edmond soltó una pequeña risa.

La habilidad que les había recomendado era un subproducto del famoso [Sigilo], el cual les permitía ocultar el sonido de las vibraciones producidas por sus aleteos, de esa manera evitaron ser aplastadas, ahogadas o quemadas por ser molestas y, ahora que podían comunicarse, los peligros disminuyeron.

— ¡Bien!

¡¿Alguien tiene algo más que agregar?!

La mujer británica estaba otra vez al mando, alzando la voz para llamar la atención de todos y no dejar nada detrás.

Ya que debían tomar una decisión; la información y las pistas que encontraron era algo importante si no querían cometer errores, por lo que consideraban que revisarlo varias veces no estaba de más.

— Yo tengo algo que agregar.

Levantando la mano, Edmond se acercó a la mujer, sacudiendo el polvo que había caído sobre su camiseta negra.

— No sé si se habrán fijado, pero en las paredes había unos textos raros, me di mi tiempo para estudiarlos y bueno… — ¿Qué encontraste?

No fui capaz de descifrarlos por completo pero de lo poco que conseguí, mencionaba algo del futuro.

— No estoy seguro sobre eso, pero en las que encontré mencionaba algo de que “Para llegar a tu destino, debes tomar el sendero contrario” — ¿Y tú quién eres?

Una de las chicas no pudo evitar soltar su pregunta, a la cual Edmond respondió con una sonrisa, como si esperara esa pregunta.

A diferencia de como todos le habían visto al inicio, ni siquiera su estatura era la misma, pues había crecido cuatro centímetros, los cabellos albinos ahora eran oscuros y su piel tomó un tono más caucásico.

— No creo haber cambiado mucho, me acuerdo de que el chico… ¿Cómo le llamaron…?

¿“Dave”?

Me hizo unas preguntas.

— ¡¿Eres ese chico raro?!

¡El chamuscado!

Aunque al llegar Edmond no había escuchado el apodo de Dave, sabía quién era debido a sus recuerdos, por desgracia, el destino no permitiría que alguien con aquella voz sobreviviera mucho tiempo.

Al igual que en su vida anterior, se encontraba entre las personas que no llegaron al salón final, que era muy diferente a lo que se habían imaginado.

— Decirme raro es… — Entonces ahora es más difícil decidir.

Si nos guiamos por las pistas, el botón correcto es el de la izquierda, pero si lo que dices es cierto, podría ocurrir una desgracia…  Mientras sus dedos se movían descontroladamente, la mujer consideraba las posibilidades detenidamente.

Aunque las opiniones estaban divididas, cada despertado consideraba ambas alternativas con miedo a equivocarse.

La palabra “castigo” era algo que no dejaba de retumbar en la cabeza de cada uno, preguntándose que tipo de castigo podría ser; algunos llegaron a teorizar en las horas que pasaban las pruebas, mencionando el castigo como los tan famosos «castigos divinos», sin llegar a pensar en el gran cambio que este conllevaría.

Los minutos pasaban y nadie se decidía; parecía que nunca llegarían a una decisión entre tantas dudas.

Notando aquello, Edmond dio el primer paso, acercándose al pilar derecho y presionando el botón que ahí se encontraba; al mismo tiempo, un contador apareció sobre el botón, señalando el primer voto.

— No creo que los dioses nos dieran la pista esa por nada.

¿No nos han ayudado a sobrevivir hasta ahora?

Voy a depositar mi confianza en ello.

Años atrás, aquellas palabras lo harían ver como un devoto completamente enfermo, el cual no es capaz de pensar por sí mismo pero, en ese momento, cuando los dioses habían apoyado tanto a la humanidad, salvándola de su destrucción, aquellas palabras tenían un peso significativo en sus corazones.

“Confiar en los dioses” ya no era confiar en un ser imaginario o dejarse a la suerte; ahora era una frase con importancia para las personas y los despertados, quienes dependían de ellos.

Poco a poco, las dudas se fueron aclarando para cada despertado; con un asentir de cabeza, los que se encontraban sentados se levantaron y los botones, uno por uno, ya sea el de la izquierda o el de la derecha pero sin juzgar a nadie públicamente.

Claramente, hubo indicios de discordia, pero la amante de las polillas lo suprimió a tiempo.

Mientras se iba llevando la votación, una ligera sonrisa se formaba en el rostro de Edmond, estaba feliz, había podido evitar el primer desastre que azotó a la humanidad; aunque eso significara dejar de depender de sus recuerdos.

«Sus palabras siguen sirviendo» pensó con ligero disgusto.

A él nunca se le hubieran ocurrido aquellas palabras, si no fuera porque las escuchó de Ethan en el pasado, unas palabras de gran peso que, aunque no fuera de manera directa, tocaba una fibra de los despertados, como una regla que se habían autoimpuesto.

Edmond entendía ese sentimiento, el sentimiento de que si no seguías las pistas de tu deidad, estarías cometiendo un error que podría costarte la vida en el peor de los casos, pues desconfiabas de quién se había lanzado al fuego por ti en más de una ocasión.

— Tch.

Si claro.

Con un chasquido de lengua, Edmond se deshizo de sus pensamientos y llevó sus ojos a las últimas personas que daban sus votos, aunque fuera algo inútil a este punto.

La votación terminó con una diferencia de seis votos, pero nada sucedió.

El extraño ser del inicio no dio presencia; ni apareció el abuelo de cristal de la primera prueba o los conejos de la tercera.

Tras cinco minutos de incómodo silencio, los dos botones fueron tragados por la tierra y, en su lugar, una enorme puerta de cristal se erigió; una figura humanoide apareció sobre la misma, repitiendo el mismo proceso que cuando se dio a conocer por primera vez.

— Muy bien, muy bien, ¿Qué tal les pareció nuestra “prueba celestial”?

— ¿Qué broma celestial?

Mencionó uno de los despertados que rondaba los treinta años, no podía evitar pensar en esa prueba como una clase de broma que no tenía nada que ver con el destino de la humanidad.

De las cinco pruebas, la primera fue en cuanto a conocimientos y el resto fueron pruebas personales, «¿Cómo tenía eso que ver con el destino de la humanidad?» Se preguntaba con molestia.

El ser de cristal no pareció prestarle atención, pero el despertado ya no soltó palabra alguna, pues había sido silenciado por el ser, quien continuó como si nada.

— A decir verdad, esperaba una votación más peleada, pero esto no es malo del todo.

Significa que están más “unidos” Una sarcástica risa salió del ser cristalino; sus cuatro brazos se estiraron en dos direcciones y hologramas surgieron desde la punta de sus dedos; en ellos podían ver distintas escenas de la tierra, entre las cuales, una llamó la atención de Edmond.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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