Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 12
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12: Capítulo 12 12: Capítulo 12 — ¡Que el primer quinto se apure!
— ¡Hacemos lo que podemos!
— ¡A este paso no resistiremos!
Un sinfín de explosiones ocurrían simultáneamente a lo largo de la frontera norte del Perú; los despertados acudieron apenas escucharon sobre la situación en Tumbes y Piura, pero para el momento que llegaron, el primero se podía considerar perdido.
Desde la frontera entre ambas regiones, era visible la destrucción en la primera.
— ¡¿No está listo aún?!
— ¡No es tan fácil como parece!
Cientos de criaturas estaban invadiendo tierras peruanas, dejando no más que escombros a su paso, nada se salvaba y, por más que lucharán contra ellos, no eran capaces de frenar el ritmo con el que avanzaban.
En menos de una semana, la mitad de Piura se había perdido y se comenzaron a extender hacia Cajamarca.
— ¡¿Cuánto más vamos a sacrificar?!
¡¿Por qué no llegan más refuerzos del sur?!
— ¡No van a llegar!
— ¡¿Me estás jodiendo?!
— ¡Tanto el Sur como el este están en la misma situación!
A pesar de que se estaban usando dispositivos de transmisión para comunicarse, los gritos no faltaban; eran necesarios para que sus voces no se vieran opacadas por el ruido de los diversos rugidos y explosiones que les rodeaban.
Vi, quien se mantenía en la vanguardia junto a Ethan, mantenía una conexión con todos los grupos de despertados, comandándoles como su líder, mientras que Ethan se encontraba encabezando la aparente infinita batalla por defender su patria.
— ¿Ya cuánto tiempo ha pasado?
Desde que pisó el campo de batalla el primer día, Ethan no se había dado tiempo para descansar en lo más mínimo, dependiendo únicamente de las posiciones que podía comprar en el [Sistema de tienda] para no desfallecer.
Si los envases no desaparecieran tras su uso, una montaña enorme de botellas se hubiera formado en aquel lugar.
Todos los despertados en la vanguardia hacían lo mismo; algunos se retiraban por un par de días para descansar mientras que otros, motivados por Ethan, quien cargaba en su espalda la bandera de su patria, derrochaban sus preciados puntos de méritos para luchar hasta su último aliento, lo que llevó a que muchos perdieran la vida por lo mismo.
Mientras que todos los despertados con capacidades de combate o de apoyo se encontraban en la vanguardia, en la retaguardia se encontraba Rosa junto a los despertados que se enfocaban más en la producción, construyendo un inmenso muro justo en el límite entre Piura y Lambayeque.
Rosa, en ese momento, deseaba estar junto a Ethan y Vi en la vanguardia, pero debido a que era la despertada de octavo rango con menor poder, se quedó a apoyar en la retaguardia en caso de inconvenientes.
— Aunque solo estoy de recadera… Debido a la gran cantidad de materiales necesarios para construir aquella muralla fronteriza, Rosa iba de un lado a otro, transportándolos en su inventario junto a un pequeño grupo de despertados de Sexto Rango.
Los materiales superaban los miles de toneladas en peso y centenas en diversidad, yendo desde simple tierra, hasta llegar a usar materiales conseguidos en dentro de las mazmorras.
Dos colisionadores se encontraron entre los materiales usados durante el proceso de construcción.
La construcción de aquel muro fronterizo tomó solo un mes, un tiempo que demostraba la diferencia entre unos cientos de miles de despertados y varios millones de no despertados, pues el muro no solo media un total de setenta metros, también recorría toda la frontera terrestre peruana.
Aun así, los despertados seguían trabajando en el muro, aunque sacrificaron las regiones de Piura, Puno, Moquegua, Tacna y más de la mitad de la selva, seguían sin estar seguros.
No faltaban las criaturas que eran capaces de sobrevolar las murallas.
— Mierda, mierda, mierda… Edmond se encontraba viendo la escena mientras mordía la palma de la mano con la que se cubría la boca para evitar que sus palabras se escucharan, aunque era poco probable debido al bullicio que dominaba.
— ¡¿Qué está pasando?!
— ¡Explícanos ahora mismo!
Los menos de treinta despertados estaban histéricos ante la situación, las diversas pantallas mostraban países diferentes, menos de quince, que eran de los que cada uno era nativo.
En ellos, el mismo tipo de escena se podía ver: los despertados apurados por frenar estampidas de bestias y crear murallas de defensa alrededor de sus fronteras.
— ¿No les dije que dependiendo su elección recibirían un castigo o una recompensa?
Pues este es su… — Castigo.
Aunque Edmond solo susurró cuando el ser cristalino habló, era capaz de seguir parcialmente sus palabras.
— Este es su “castigo”.
Aunque gracias a sus “dioses” el castigo es mucho más leve~ Con un tono que mezclaba pena y alegría, el ser cristalino exclamó, haciendo resonar su voz por las grumosas paredes.
— Originalmente, el castigo iba a durar cinco años, pero ahora solo durará tres meses, así que estén felices.
«Maldición, entonces no había salvación alguna» Pensó Edmond mientras escuchaba al ser cristalino dar su explicación sobre el castigo.
Estaba molesto consigo mismo por no haber podido evitar lo que él llamaba «El segundo hito» y a la vez estaba preocupado por lo que pasaría a continuación; para su suerte, Ethan no estaba con él, lo que había permitido que una gran parte del territorio peruano se salvará.
En sus memorias, debido a la ausencia de ambos en los campos de batalla, el Perú había perdido más de la mitad de su territorio, dejando solo la costa y sierra parcialmente intactas, mientras que, a diferencia de ahora, la selva había sido perdida en su totalidad.
Para su mala suerte, los demás países no habían pasado la misma suerte, repitiendo la desgracia, Edmond había tratado de evitar.
Tras la construcción de las murallas, los despertados pudieron relajarse por un corto tiempo.
Estas necesitaban ser protegidas de los repentinos ataques y perfeccionadas para que los no despertados y despertados de bajo rango pudieran estar tranquilos, por lo que el tiempo libre era apenas suficiente para que pudieran recuperar fuerzas.
— Ha… ¿Qué habrá pasado?
No había señales de colisionadores en las fronteras y de la nada aparecen miles de monstruos… Maldita sea, todos mis ahorros han desaparecido.
— No lo sé, pero lo que más me preocupa ahora mismo es Ethan.
— Tienes razón, después de que su amigo entró a esa mazmorra comenzó toda esta locura y ahora no hace nada más que preocuparse.
— Y con todo esto de ser el “símbolo nacional” no puede darse el tiempo de buscarlo.
— ¿Seguirá vivo?
Digo, ya han pasado dos meses… — Espero que sí, porque si no, no sé qué sea de Ethan… Vi y Rosa se encontraban en la sala de operaciones de siempre; debido a la disminución en la actividad de las bestias, pudieron trasladarse de las líneas frontales a las centrales.
Desde ahí podían comandar mejor a todos los grupos de despertados aunque cualquiera pensaría que solo perdían el tiempo debido a sus constantes charlas y el hecho de que Rosa se encontraba recostada en el suelo, mientras que Vi se reclinaba en una silla, con las piernas apoyadas en pantalla de la mesa interactiva.
Ante el estruendoso sonido de la puerta estrellándose contra la pared al abrirse, Vi casi cae de espaldas.
— ¡Tenemos probl- Antes de poder completar su frase, el soldado cayó al suelo por el masivo sismo que ocurrió, el mismo que hizo que Vi, quien se estaba recomponiendo, cayera antes de poder bajar sus piernas de la mesa.
— ¿Qué está pasando?
Vi trató de ponerse de pie con ayuda de la mesa; el soldado apoyándose en la pared hacía lo mismo, mientras que Rosa se quedaba en el suelo, disfrutando del movimiento.
— Una luz extraña apareció en el cielo y vine a reportarlo rápidamente, no sabemos de qué se trata.
Aunque no eran capaces de adivinar el origen de ese sismo, Edmond, quien veía la escena con preocupación y enojo, sabía lo que estaba sucediendo.
El «Segundo hito de la humanidad» no era únicamente las extrañas bestias que atacaron poblados humanos indiscriminadamente, sino que también incluía el desconocido sismo, que no era más que el movimiento de las placas tectónicas de la tierra acomodándose para aceptar el drástico cambio que estaba ocurriendo.
Sucumbidos en la preocupación, impotencia y algunos hasta en la culpa, los despertados solo podían observar cómo muchas casas y edificios se derrumbaban por las sacudidas de la tierra a un nivel nunca antes visto.
Era extraño como había edificaciones que sobrevivían, pero eran pocas en comparación a las que sucumbieron.
En las mismas pantallas que el desastre era transmitido, se podía ver como los países se separaban uno del otro por pedazos de tierra enormes, de forma similar al evento ocurrido en Atena hace más de un año.
A simple vista, uno podría decir que nuevos territorios aparecían por la ruptura de varios colisionadores, pero Edmond sabía que eso era solo un indicio de la expansión de la tierra.
Aunque no era mostrado por las pantallas Edmond era consciente; por su experiencia; de que el planeta había duplicado su superficie al asimilar las tierras dentro de varios colisionadores, trayendo consigo un sinfín de problemas; entre ellos, la aparición de continentes nuevos y el aumento de la gravedad, que si bien no era un problema importante para los despertados, para aquellos que no lo eran significaba un gran problema, llegando a causar la muerte de varios ancianos que apenas eran capaces de soportar su propio peso.
Por si fuera poco, un gran pesar para las familias de los afectados sería el que no podrían enterrar a los difuntos, no solo los despertados perdidos en las que pronto serían llamadas “tierras de bestias”, sino que también aquellos inocentes que perdieron la vida por aquel incidente.
Desde ese día, enterrar a un muerto sería un lujo que solo los más afortunados podrían tener, pues tras perder la vida, el cuerpo se convertiría en cientos de partículas que se verían dispersadas por el viento.
— Esto no puede ser verdad… — ¡Mándanos de vuelta!
— Claro, como gusten.
«¿Eh?» Una respuesta que no se esperaban hizo que los despertados no supieran que responder y entrarán en confusión.
Debido a la imagen que tenían, en la que deberían ver sus errores hasta el final, no esperaban que accediera tan fácilmente a su decisión pero, antes de que alguien pudiera decir algo, los despertados se encontraban fuera de la cueva, en el mismo lugar por donde ingresaron a aquella extraña mazmorra.
Durante varios minutos, algunos despertados quedaron perplejos, mientras que otros estaban felices de haber regresado sin pensar que en el futuro podrían arrepentirse por no tratar de sacarle información a aquella criatura.
Edmond había pasado de morder la palma de su mano a morder la uña de su dedo pulgar sin importarle haber regresado a aquel cruce sin aparente vida.
Su enojo se notaba en su mirada, que apuntaba a la nada, mientras sus pies temblaban con ligereza al tratar de mantenerse en pie.
Su mente divagaba entre sus recuerdos y lo que acababa de pasar.
«¿Qué había hecho mal?» Aunque en realidad no era capaz de leer las escrituras en las paredes, sabía que este evento fue el resultado de su votación, en su vida anterior fue lo mismo, aunque habían escogido el botón contrario.
— Malditos dioses… Con la ira invadiendo su cuerpo, terminó arrancando parte de su uña antes de darte cuenta de que debía calmarse.
Solo el punzante dolor y la vista de sangre recorriendo su dedo hicieron que entrara en razón, prestando atención por fin a su destrozado entorno.
— Es idéntico a como lo recuerdo, pero al menos fue algo bueno que Ethan no participara, se perdió menos que aquella vez, aunque… ahora el problema son “ellos”.
Aunque su tono temblaba por los esfuerzos de ponerse en pie, Edmond rápidamente sacó el teléfono que había llevado consigo, era una de las pocas cosas que no se habían quemado.
Pasando el dedo por detrás del aparato, la pantalla táctil se desbloqueó y fue capaz de llamar al primer contacto en su lista, soltando una risa cuando contestaron.
— Hey Ethan, ha pasado un tiempo, ¿Qué tal estás?
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