Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 13
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Capítulo 13: Capítulo 13
— Por fin todo se ha calmado.
— Ni que lo digas. Quiero pedir unas vacaciones después de tanto esfuerzo. — Rosa soltó una cansada risa.
— ¿No fuiste delegada al nuevo grupo hace unos días?
— ¡No estés jugando Vi! No había escuchado sobre eso~
Rosa bajó sus manos rápidamente ante la pregunta. En su rostro se notó la tristeza de ver como sus tan ansiadas vacaciones tendrían que esperar.
—¿Entonces Ethan tampoco podrá ver a su amigo? — Otra idea cruzó la mente de Rosa.
— Sobre eso… — Vi suspiró — Debido a que estuvo encabezando la primera línea, decidieron darle libertad de elección. Tal parece que quiere encargarse de apoyar a su amigo y “explotar su potencial”.
— Pero su amigo…
— Lo sé, pero él está seguro. No vale la pena el esfuerzo.
Vi soltó un pesado suspiro. Aunque sus palabras no estaban erradas desde su posición, se sentía mal por desconfiar de su amigo.
Ethan confiaba firmemente en Edmond, afirmando que podría ser un talento mayor o igual a él, pero, por más que pasaron los meses, las pruebas lo colocaron como un primer rango, colocándolo como un “Despertado de bajo potencial”
— Su deidad debe ser una menor.
Rosa trató de mantener las esperanzas, a diferencia de Vi, quien no se recordaba acerca de la existencia de Edmond si no lo mencionan, pero los resultados evitaron que mostrara con confianza.
Ser posicionado como un primer rango es muy común, hasta los llamados genios debutaron como un primer rango. El problema recae en su crecimiento a lo largo del primer año. En ese periodo, un despertado promedio sube hasta la mitad del segundo rango, pero Edmond aún no conseguía cruzar el umbral que separa el primer y segundo rango.
La unión de astrología asumió que un despertado promedio puede llegar al cuarto rango en un lapso menor a cinco años, mientras que los “despertados de bajo potencial” – donde categorizaron a Edmond – necesitan de diez a quince años para llegar al mismo nivel. Aunque estos datos son solo predicciones hechas por ellos.
— El problema no es ese. A pesar de todos los problemas, Ethan no deja de “patrocinar” a su amigo, por no decir que le regala todo…
— Eso es lo que hacen los amigos, El dinero no es importante”
— Pero…
Vi sacudió su cabeza con angustia y juntó sus manos sobre la pantalla; Rosa notó esto y rápidamente cambió de tema, comenzando así una charla sin rumbo.
La “Gran invasión” fue el nombre que le dieron al castigo que la humanidad sufrió durante tres meses y que trajo consigo consecuencias que se alargaron hasta el final del año tres.
Las empresas que dependían principalmente de no-despertados pasaron por problemas de personal tras el cambio en la gravedad de la tierra, muchos apenas eran capaces de cumplir con sus labores, mientras que la mayoría necesitaban esforzarse para estar de pie por una docena de minutos. Los despertados actuaron rápidamente al notar esto, delegando un pequeño grupo a la investigación de contramedidas y otro a mantener a la población. Las empresas que dependían de despertados tuvieron un auge debido a lo mismo.
Gracias a la gran variedad de despertados, para finales de noviembre la investigación de contramedidas dio frutos. Se creó un escudo, en forma de domo, capaz de cubrir todo el país. Debido a que tenían que cuidar de los no-despertados y proteger las murallas, la investigación se demoró unos meses más de lo inicialmente planteado.
La función principal del escudo fue regular la gravedad dentro de sus límites y evitar que las bestias aéreas entren, dando así mayor seguridad y libertad a los no-despertados.
— Ha… Ha…
«¿Siempre fue tan difícil transformar el Qi?», pensó Edmond mientras que las gotas de sudor se deslizaban por su cuerpo. Bajo su camiseta blanca, manchas negras, similares a tatuajes, se fueron difuminando de su piel.
— Ed, ¿estás despierto?
Tras la puerta, Ethan estaba vestido de manera casual, con zapatos de cuero; pantalones azules; un polo beige y sus cabellos recogidos en una coleta que se forma a la altura de su nuca, en el mismo punto donde sus cabellos perdían su color castaño y se teñían de un opaco carmesí.
— Estoy despierto, estoy despierto.
Con un tono que contradecía su molesta expresión, Edmond se acercó a la puerta. Su mano tomó la manilla de la misma y la levantó.
«Uno, dos, tres…» Fueron sus pensamientos.
Se había puesto a contar los segundos mientras parpadea; sus ojos cambiaban cada tres. Primero, ojos humanos, luego de lagarto, seguido el de pez, dragón y terminando en el de humanos. Cuando estuvo seguro de que sus emociones se habían calmado, las comisuras de sus labios se curvaron para formar una leve sonrisa y luego bajo la manilla, jalando la puerta para saludar a su amigo.
— Buenos días.
— ¿Entrenando?
— ¡Obviamente! Necesito alcanzarte ¿O cómo podremos proteger a los débiles?
— ¡Ja, ja, ja! ¡Así me gusta!
Con una fuerte risa, Ethan llevó su mano derecha al hombro de Edmond y lo palmeó un par de veces, causando que la sonrisa en su rostro se torciera por un efímero momento. Edmond ya había tenido esa charla hace tiempo, pero era un recuerdo muy lejano; un recuerdo que, en vez de traerle nostalgia, le llenaba de asco.
— Voy a tomar una ducha , tú no te preocupes y anda bajando.
— Claro.
Con una rápida respuesta, Ethan se alejó tras dar media vuelta, tarareando el himno de su patria en voz baja. Por su parte, Edmond volvió a cerrar la puerta y caminó hasta el baño que había a solo dos metros.
Mientras entraba y retiraba sus ropas, Edmond observó su reflejo en el espejo. Tras dejar su camiseta en el suelo, al lado del cesto de ropa, su mano fue directamente a su cuello, tocando el aire entre su manzana de adán y sus clavículas con dos dedos. La pequeña perla que había tomado tiempo atrás apareció entre sus dedos. A diferencia de cuando la había tomado de la pagoda, ahora poseía manchas plateadas, similares a las rayas de un tigre, por toda su superficie.
— Al final, solo puedo ir por ese camino hasta el futuro.
Edmond observó la perla mientras hablaba consigo mismo. Teniéndola ante sus ojos, varios pensamientos iban y venían como una corriente, descartándose y recuperándose ante de llegar a una conclusión. Los esfuerzos de medio año tenían que irse al traste; eso le pasaba por apurado, pero poco podía hacer en su situación.
Soltó un suspiro, una amarga sonrisa se formó en sus labios y devolvió la perla a su lugar. Esta desapareció de la misma forma que apareció. Terminó de desvestirse y entró a la ducha mientras cuestiones se libran en su mente.
— Perdón por la demora.
Casi veinte minutos después, Edmond bajó al comedor con una toalla en el cuello. Su madre y Ethan observaban pacientemente la televisión mientras él se acercaba al recuadro ubicado a un lado de las escaleras para soltar un «Buenos días» al mismo. Tomando asiento, su mirada no pudo evitar posarse en las figuras que estaban siendo entrevistadas.
— ¿La «Doncella de la espada» y el «Héroe misterioso»?
— Hace poco estaban hablando sobre ellos. La «Doncella de la espada» ha aprendido más de mil técnicas y estilos en solo tres años.
— Oh… Eso es talento.
El tono y los ojos de Edmond se contradijeron, mientras que uno muestra un semblante alegre y curioso, el otro señala desinterés y aburrimiento, similar a un universitario al que le explican cómo se hacen las sumas de un dígito paso a paso. Acompañando su voz con una falsa sonrisa curiosa, Edmond apuntó con el tenedor al hombre al lado de la «Doncella de la espada»
— ¿Ese es el «Héroe misterioso»? Por su traje yo diría que… Ah. — Edmond hizo una pausa, la papa dorada se había caído de su tenedor, por lo que procedió a recogerla antes de continuar — Se ve más como un fanático de esas series de superhéroes que me mostraste.
En el último año, Ethan le mostró varias series y películas a Edmond, desde antiguas hasta modernas, tanto buenas como malas, para que pudiera ver con sus propios ojos lo que siempre le causaba curiosidad, aun así, Edmond no se molestó en tocar la mayoría, no era necesario hacerlo tras haberlas consumido hasta el cansancio en su vida anterior.
El hombre frente a ellos estaba cubierto por una armadura de cuerpo completo. Poseyendo una ligera forma insectos, la armadura se asimila a un exoesqueleto gris con adornos dorados en las muñecas, rodillas y clavículas; junto a dos enormes ojos rojos elípticos que abarcan gran parte del casco, separados por un refuerzo dorado similar a la nariz de un escarabajo rinoceronte.
— Sí, ese es. Justo pasaron la escena donde una grieta se originó varios kilómetros sobre Nueva York. Aunque la grieta se cerró de la nada, un lagarto gigante comenzó a caer. Esa persona evitó que cayera sobre la población ¡Y todavía lo envió al mar!
— Wow…
Otra vez, aunque la voz de Edmond mostraba un gran interés, su actitud general fue la misma que con la «doncella de la espada», una falsa sorpresa.
El brillo efímero en los ojos del azabache no se debía a la persona principalmente, aunque su sonrisa evidenció el recordar una gracia, sus ojos se centraron en su pintoresca armadura. No era posible diferenciar alguna característica de la persona más allá de su altura y su género, por la voz, pero Edmond era consciente del origen de aquel hombre. Era alguien al que se puede considerar el primero en cruzar las fronteras en más de dos años.
— No soy tan espectacular como la doncella, pero no podía permitir que personas inocentes salieran lastimadas. Estoy seguro de que cualquiera hubiera hecho lo mismo.
Una ligera risa se filtró de entre los labios de Edmond ante la declaración del hombre. No era necesario entender las palabras de fondo para notar que la población lo alababa. Los había salvado de una desgracia y, por eso, le agradecían en la misma ceremonia que promocionaba a la doncella. Aunque el honor parecía poco, la verdad era diferente; la misma transmisión era la primera a nivel internacional que se daba tras varios meses; volviendo a aquel hombre uno de los primeros en aparecer en televisión a nivel global.
Tras varios intentos, diversos países consiguieron llegar a un acuerdo: Sus comunicaciones se restablecerían. Pero se limitaba a solo eso, la aceptación de extranjeros en sus tierras estaba prohibido, medios de transporte que no estuvieran registrados como nacional serían derribados sin advertencia alguna. En cuanto a las entradas ilegales por tierra, nadie se atrevería a siquiera considerarlo. Las murallas construidas para evitar que las bestias invadieran no era su único problema, el cruzar de un país a otro ya no es cuestión de cruzar una frontera, sino que incluye cruzar extensos campos desconocidos y repletos de bestias que los habían marcado como su territorio. La sorpresa de Ethan y su emoción se debió a lo mismo. Antes, enviar a esa criatura al mar desde el centro era de por sí sorprendente. Tener la fuerza para empujar a un lagarto de aparentes ochenta metros por más de treinta kilómetros no es algo que se pueda considerar común, ni siquiera con los estándares actuales; pero aquella persona no había empujado a la criatura solo treinta o cuarenta kilómetros, lo había empujado por lo menos cien kilómetros hasta el atlántico, haciendo que parezca solo una pequeña mancha en la periferia.
Si no fuera por las desconocidas tierras que ahora separaban a Nueva York del mar decenas de kilómetros, dejándolo solo con un pequeño río que los conecta, las personas se preguntarían con temor si podría volver.
La entrevista duró varios minutos más; las preguntas no dejaron de ir de un lado a otro, turnándose entre la doncella de la espada y el héroe misterioso, quien evitó responder de manera precisa, evadiendo el tema sobre el lagarto lo más que podía ¿Cómo podría decirles que fue un accidente o que era del otro lado del mundo? No podía confiar en que se lo agradecerían tras saber que era un extranjero, dejándolo solo con una nerviosa sonrisa bajo el casco.
Momentos antes de que apareciera el lagarto, Furui se encontró con un extraño ataúd de jade. Cansado de no poder salir, a pesar de los cambios por los que el planeta pasaba, Furui decidió escapar de China, cruzando la frontera hacia tierras desconocidas. Al principio le fue más difícil de lo que se imaginó, siendo solo un practicante en la etapa final del templado de cuerpo, sus capacidades físicas podían compararse con despertados de segundo grado, pero no fue suficiente como para ir descuidadamente por los bosques repletos de bestias. Era capaz de luchar y salir vivo de varios encuentros contra bestias menores, pero aquellas que demostraban tener ápices mínimos de inteligencia se volvían un problema considerable para él. En cuanto a los que parecían desarrollar una inteligencia media, no se atrevería a acercarse a menos que quisiera morir, menos a enfrentarse a una.
Aunque al inicio Furui salió por impulso, tras pasar medio día, su motivación bajó y se replanteó seriamente si regresar o no, pero, mientras caminaba en búsqueda de comida, descubrió unas ruinas extrañas tras bajar por lo que parecía ser solo un agujero a una cueva subterránea. Ante sus ojos, el lenguaje tallado en las paredes era desconocido, «Un vestigio inexplorado» pensó con una gran sonrisa en su rostro. No era un arqueólogo, ni siquiera llegó a pasar de su primer año de universidad debido a la nueva ley marcial; aunque claro, está, no es la misma «ley marcial» que uno pensaría años atrás. No hace referencia a los derechos extraordinarios entregados a las fuerzas que resguardan la ley, sino una que regresaba las prácticas antiguas como una norma regular.
Al no ser capaz de seguir sus estudios debido a que cumplía con el «Talento latente» mínimo, sus derechos a estudios universitarios se vieron restringidos hasta que llegara el quinto nivel de Reunión de Qi; por desgracia, aún se encontraba lejos de ese punto. Le tomó dos años completar el sexto nivel de Templado de cuerpo debido a sus condiciones económicas y, aunque el dinero le sobrará, aún le tomaría varios años el llegar a la etapa de Reunión.
Entre los miles de jóvenes y adultos que fueron reclutados por la ley marcial, varios talentos diferentes se encontraron, desde jóvenes hasta viejos demostraron capacidades de entrenamiento mayores a lo normal, algunos por talento, otros por esfuerzo, pero, entre ellos, un chiquillo de diez años sobresalía.
De cientos de talentos, se puede contar con una mano cuantos han llegado a la etapa de Reunión, pero, aun así, se quedan muy detrás del pequeño que, en dos años, no solo llegó a la etapa de Reunión, sino que pasó a la siguiente, conocida como etapa de Refinación de Qi. Comparado a ellos, Furui era una choza al lado de un edificio empresarial.
Mientras que los talentosos demoraron alrededor de dos meses para llegar a la cima del Templado de cuerpo y dos horas en completar el Lavado de médula; Furui se demoró dos años y un día respectivamente. Era clara la diferencia entre ambos niveles, por lo que si quería llegar a la etapa de Reunión, tendría que esperar al menos doce años, tiempo que no podía permitirse desperdiciar si es que quería cumplir su sueño.
— ¿Esto es parte de la historia o salió de una grieta?
Aunque Furui no había participado en ninguna excursión para obtener colisionadores, durante su tiempo de entrenamiento se le impartieron conocimientos sobre estas; sobre los monstruos; los paisajes y las diversas reglas y entornos que podían encontrar; pero aquellas ruinas subterráneas estaban tan bien construidas que era imposible pensar que algo con menor inteligencia que la de los humanos podía haberlo construido.
Aunque la entrada claramente llevaba bajo tierra, el interior de las ruinas estaba construido simétricamente con amplios pasillos, dejando ver los ladrillos bien cuidados que componen las paredes, el suelo y el techo. Lo extraño era que, excluyendo la tierra en la entrada y los insectos caminando por los alrededores, todo era reluciente y no pudo notar deterioro alguno, como si hubiera personas viviendo ahí hasta hace unas horas. Por más que Furui buscó, no pudo encontrar la más mínima telaraña.
Introduciéndose más por curiosidad y fascinación, Furui se vio obligado a sortear trampas que, si no fuera por la extraña suerte, hubieran puesto fin a su vida de más de una forma. Con una irónica sonrisa, agradeció haberse quedado hasta ese momento. Cuando por fin dejó de avanzar, sus ropas estaban rasgadas. Flechas y más trampas llegaron a rozarlo y hasta herirlo, pero por suerte no fueron más que pequeños cortes o moretones.
Frente al joven, un ataúd verde se encontraba, translúcido y vibrante como jade, con un pequeño brillo plateado saliendo de su interior. Un brillo hipnotizante que tentó a Furui a abrir el ataúd. Sin poner resistencia, Furui lo abrió.
Gotas de sudor cayeron de su cuerpo, aunque lo único especial parecía ser el material, cuando Furui movió la tapa fue como si estuviera moviendo una caja de cien kilos que aumentaba su peso constantemente. Para cuando retiró la tapa por completo y esta cayó haciendo un ruido sordo, la fuerza de Furui había abandonado sus brazos y el sudor recorría su cara enrojecida. Mientras jadeaba pesadamente, sus ojos se centraron en el extraño objeto dentro del ataúd.
Desde el exterior, Furui asumió que la persona a quien le pertenecía el ataúd medía unos dos metros y era alguien reconocido: las piezas de oro que rodean el ataúd no eran pocas. Tras revelar el interior, Furui se percató de que estaba completamente vacío, a excepción de una pequeña esfera, tan grande como la palma de su mano. ¿Era eso lo que le llamó? No estaba seguro, pero podía sentir como su mente le repetía constantemente que debía tomarlo. Sin entender el qué y sin poder negarse a ese extraño impulso, Furui agarró rápidamente la esfera plateada.
— ¡¿Pero qué?!
Apenas la sostuvo en su mano, la esfera comenzó a derretirse, cubriendo el cuerpo de Furui desde la punta de los dedos hasta el hombro y luego hasta el cuello, donde se encontró con un pequeño corte en su piel. Rápidamente, el líquido plateado se introdujo en su herida hasta desaparecer por completo.
Furui estaba confundido y aterrado; no sabía que tan dañino podría ser eso para su cuerpo; un líquido extraño entró por su herida, pero, antes de poder preocuparse por eso, una extraña presión lo empujó contra el suelo. No podía moverse y la aplastaba sus huesos, dejándolo sentir como lentamente estos se hacían añicos. Cuando pensaba que sus huesos no eran más que polvo, sintió como una cálida corriente de aire recorría desde su cuello hacia la punta de sus dedos, seguido de la recuperación de sus huesos a una alarmante velocidad. Una vez recuperado, Furui trató de levantarse sin éxito. Lo que parecía ser el final de un corto sufrimiento, resultó ser el inicio de un largo bucle de destrucción y recuperación.
Volviendo a la entrevista, Edmond ya había regresado a su habitación a alistarse cuando Furui se alejó de la multitud. No era capaz de mantener la compostura ante tantas preguntas que debía responder. No, es más preciso decir que no quería seguir respondiendo; las preguntas solo iban dando vueltas y vueltas en torno a quién era, mientras los reporteros iban adivinando su nivel. Algunos llegaron a asumir que era un despertado de Décimo Rango o superior, el primero de esa categoría, pero, cuando se le preguntó, solo mencionó que era información clasificada. Cuando se alejó lo suficiente, se dirigió corriendo hacia las murallas y las cruzó sin que nadie lo notara.
Ethan y Edmond por su lado, salieron de casa sin mucho apuro, encontrándose con un helicóptero tras recorrer en coche unos kilómetros. Vi y Rosa se hallaban de pie en el helicóptero cuando su voz resonó en el oído derecho de Ethan.
— ¿Revisaste tu correo?
— Claro que lo hice.
— ¿Y qué hace él aquí?
— ¿Qué más? Nos va a acompañar, ya hablé con los superiores sobre esto.
— No puede ser.
Soltando un pesado suspiro, Vi simplemente aceptó que no podía decir nada; si llegara a negarse, aunque sea por la seguridad de Edmond, se llevaría un castigo por parte de sus superiores. Sin más, ordenó que la escalera del helicóptero se bajara, permitiendo que el par de amigos subiera tras guardar el coche en la mochila. Aunque los despertados tienen una función de inventario en su sistema, este tiene un límite y no se conoce forma de aumentarlo aparte de la gracia de los dioses, por lo que siempre llevan las mochilas incrustadas con colisionadores de tipo almacenamiento para ahorrar espacio, guardando lo imprescindible en el inventario del sistema y el resto en las mochilas.
— Ya que tu amigo también está yendo, voy a explicar todo una vez más.
— Claro — Ethan y Rosa asintieron.
— Como saben, desde la gran invasión ha habido extraños sucesos, se están empezando a reportar bestias con mutaciones.
— Sigue confundiéndome esa parte. ¿Las bestias no son de por sí una mutación? — preguntó Rosa.
— En teoría. Sabemos que las bestias son mutaciones de los animales que conocemos, como los lobos con colmillos gigantes, o los jabalíes con escamas en vez de piel. Pero esta mutación va más allá. — Vi se tomó un tiempo para sacar un pequeño reloj, el cual usó para proyectar un jabalí extraño — Este, por ejemplo, es una bestia mágica de tipo Suidae, o porcino para que sea más fácil de entender. Si bien parece que lo único extraordinario que tiene es su apariencia, reportes dicen que exhala fuego y que su pelaje parece despedir chispas, pero nada de esto ha sido comprobado.
— Y tenemos que comprobarlo. — añadió Ethan.
— Exacto. Nuestra misión es ir a la zona de bestias de Madre de Dios y verificar la existencia de esta criatura. Si es verdad que las bestias están mutando y obteniendo magia, entonces eso es un peligro para la población.
— Sí — Ethan y Rosa asintieron.
Edmond escuchó la conversación en silencio. Aunque su posición era diferente, el suceso era el mismo que recordaba.
Desde la “gran invasión” las caóticas energías se volvieron tres o cuatro veces más fuertes que antes, permitiendo a los animales acelerar su evolución a pasos agigantados, aunque esto también aceleró el ritmo en el que Edmond mejoraba, permitiéndole entrar a la etapa de Apertura de Meridianos un par de semanas atrás.
Mientras Edmond intentaba recordar dónde fue que encontraron por primera vez al Jabalí tatuado, el helicóptero llegó a su destino.
Con un movimiento de mano, dado por Vi, los cuatro bajaron y observaron su entorno. Una plataforma no más grande que el helicóptero, a veinte metros de la gran muralla, fue su objetivo. Debido a la diferencia de gravedad entre ambas zonas, si el helicóptero cruzaba la muralla descuidadamente no solo faltaría, también quedaría indefenso ante las bestias, por lo que la mejor opción era dejarlos cerca.
— Nuestro objetivo es explorar todo en un radio de diez kilómetros. Nos mantendremos comunicados con estos rastreadores, pero si ven algún problema, retírense a las murallas.
Excluyendo al grupo, un total de cien despertados de cuarto y quinto rango fueron incluidos en la misión; su fuerza era suficiente para encargarse de varias bestias por separado, pero Vi no escatimó en advertirles, no sabían qué cosas podían encontrarse y prefería no perder a más personas, menos con la constante disminución en la aparición de despertados.
Tras salir de las murallas, Edmond fue con un pequeño grupo de despertados de cuarto rango, dirigido por Rosa. Él estaba curioso, si fuera el pasado, estaría en octavo rango, investigando el área por su cuenta, pero ahora que no era más que un “casi segundo rango” no podía opinar sin ser silenciado.
— Aunque tampoco está mal.
Una sonrisa se formó en sus labios. Su rol ahora mismo es el de “Cargador” pero no tenía problema con eso, por el contrario, estaba feliz; se evitaba el tener que luchar innecesariamente y podía concentrarse en las plantas y detalles de su alrededor. Si su suerte no era mala, podía encontrar algún retoño de hierba espiritual o mágica.
Aunque Ethan quería acompañarlos, siendo el guía, la decisión tomada fue que él explorará por su cuenta los lugares más alejados. Debido a que era el único despertado de noveno rango, era el único capaz de ir sin riesgo y volver en el tiempo que duraría la exploración.
— ¡Atentos!
Rosa frenó el paso en seco mientras gritaba; varios desperados perdieron el equilibrio por la repentina reacción, pero lo recuperaron casi al instante, sacando de sus inventarios sus armas. En solo un par de segundos, los veinte despertados habían formado un círculo de tres capas con Edmond en medio.
Pisadas se escuchaban desde diversas direcciones. Debido a que Rosa era una despertada de octavo rango, pudo escuchar las pisadas antes que el resto, lo que les dio tiempo para prepararse; también fue capaz de diferenciar al dueño de las mismas, pero no se esperaba que la apariencia de aquella criatura hubiera cambiado tanto.
— ¿Esa es una bestia mágica? ¡No! ¡Estén atentos!
Otra vez lo repitió, los despertados fortalecieron el agarre en sus armas y se prepararon para la aparición del enemigo. Diez segundos pasaron hasta que se hicieron presentes; cinco jabalíes aparecieron frente a ellos. Aunque en tamaño eran como un jabalí salvaje normal, sus colmillos tan grandes como sus propios cuerpos; su piel rallada; sus ojos rojos rasgados y melena crispada que recorre desde su cabeza hasta el fin de su columna, junto a sus dos colas, daban a entender a que no era un animal común, era una bestia.
— ¿Alguno lo reconoce?
— No
— Negativo
— Lo lamento.
Uno tras otro fueron respondiendo negativamente. Debido a que las bestias parecían ser mutaciones de los animales ya conocidos, la variedad de ellos era varias veces mayor, por lo que no era fácil aprenderlos. Rosa se conocía de memoria casi quinientas variaciones, que es menos de una décima parte de los conocidos; ni Edmond, que estaba confiado de conocer a todas las bestias y bestias mágicas importantes, era capaz de reconocerlo, pero esto no le preocupó, significaba que no era una amenaza.
Los jabalíes rodearon al grupo lentamente, sin atacarlos ni observarlos, como si fuesen invisibles. Solo olfatearon los alrededores, deteniéndose en pequeñas plantas de cabeza amarilla que arrancaron con sus filosos dientes antes de retirarse.
— Me puse demasiado nervioso.
— No eres el único.
— En serio te lo agradezco… Casi me abalanzó sin pensarlo.
— Fue un placer.
Tras diez minutos de alerta, la tensión se esfumó al ver que los jabalíes se fueron, lo que les llevó a compartir sus pensamientos en voz alta. Rosa comprendía aquel sentimiento, estar alerta ante lo desconocido le hizo perder la fuerza al calmarse en las grietas, por lo que no les dijo nada, solo les observó con una sonrisa antes de retomar su camino.
El ocaso fue la señal para que comenzaran a crear una base donde pasar la noche. Gracias a sus habilidades, quince minutos fue suficiente tiempo para crear una cueva subterránea con paredes de metal. No era lo más cómodo a primera vista, pero, para los despertados que se prepararon para estas situaciones y aquellos que tuvieron que sobrevivir días o semanas en grietas, era un lugar decente, pero cuando Rosa les entregó a cada uno una almohada, los despertados agradecieron a los cielos por el regalo, lanzando exageradas alabanzas. Gracias al campo insonorizado que los rodeaba, Rosa no les amenazó con hacer guardia durante toda la noche, pero sí les advirtió con que reduciría sus raciones, utilizando un tono bromista.
Aunque durmieron sin interrupción esa noche, un par de personas tuvieron que montar guardia tras ver que unas hojas entraron a la cueva, no era un peligro real, pero tampoco podían arriesgarse a imprevistos. Edmond aprovechó el momento para ofrecerse de voluntario, utilizando su poca contribución como motivo. En las horas debía hacer guardia, se alejó del refugio y recorrió el camino por el que habían llegado.
Edmond notó muchas plantas interesantes en el camino, pero no tenía el tiempo ni facilidades para recogerlas, por lo que debía aprovechar esas horas para recogerlas. Para su mala suerte, muchas de las plantas que más llamaron su atención ya no estaban, solo quedaban sus tallos junto a marcas de pisadas en la tierra.
— Maldición, los jabalíes se lo llevaron.
Con una amarga sonrisa, se resignó a recoger las demás plantas antes de que fuera tarde. La más grande no superaba los dos centímetros de altura y podía contar con sus dedos, las que habían madurado por completo.
Junto a los primeros rayos del sol, los despertados comenzaron a levantarse bajo las órdenes de Rosa, quien destruyó el improvisado suelo metálico para que aquellos aún dormidos se despertaran. A pesar de que el resultado un pequeño sismo, algunos despertados reían y susurraban sobre la “Alarma matutina”
— Prefiero esto que la forma de la señorita Vi…
— Nn — Varios asintieron.
Mientras recogían sus cosas y le entregaban las almohadas a Edmond para que las guardase, agradecieron a Rosa con una gran sonrisa por la noche de sueño; algunos aprovecharon para invitarla a salir con la escusa de devolverle el favor, pero todos fueron rechazados con la misma respuesta:
— Hay mucho trabajo, pero yo les aviso cuando tenga la agenda libre.
Siendo conscientes de su rechazo, los despertados soltaron risas de derrota.
Tras el estiramiento matutino, el grupo comenzó a moverse mientras desayunaban sus propias raciones.
Entre las diferentes criaturas que encontraron en su camino, los lobos con tatuajes azules en sus patas y rostros fueron los más destacables, junto a los otorongos alados y especies aladas considerablemente más grandes de lo normal y mutaciones. Aunque habían observado algunas decenas de animales, seguían sin encontrar a las bestias mágicas que estaban buscando.
«Esto es raro» pensó Edmond
Ya habían pasado la zona segura, pero, a excepción de algunos animales que les atacaron, su camino fue de lo más tranquilo; cuatro días ya habían pasado y la búsqueda se volvió tediosa, causando que algunos despertados empezaran a quejarse.
— ¡Si hubiéramos sabido que serían tan débiles, los de quinto grado se hubieran quedado! — Un despertado de quinto grado exclamó con molestia.
— ¡Exacto! Estoy segura de que hasta los de segundo y tercer grado hubieran sido suficiente. Digo, hasta este tipo fue capaz de acabar con una de esas bestias.
Aunque señalaron a Edmond debido a ser el eslabón más débil, él solo los ignoró tras forzar una débil risa de vergüenza.
Sus palabras no estaban equivocadas; comparado a las bestias que se enfrentaron y que enfrentarían, los de tercer grado serían suficiente para erradicarlos y recuperar el territorio perdido, pero, aunque no podían considerarse parte de la élite, eran una fuerza a tener en cuenta, por lo que se sentían molestos de no hacer mejores cosas.
Los días pasaron de la misma manera, nada parecía ser diferente y ya habían recorrido un radio de cincuenta kilómetros desde la muralla cuando un rugido sacudió los árboles; las aves comenzaron a volar asustadas en diferentes direcciones; leones y monos salieron tras ellos con potentes saltos, atrapando su cena antes de huir. Algo había sucedido cientos de metros delante del grupo y ellos sabían que debían estar en guardia. Los despertados sacaron sus armas de sus inventarios y los cabellos de Rosa comenzaron a encenderse, desprendiendo un verde vivo desde la punta de su cola de caballo hasta la mitad.
— ¡ROAAAAAR!
Otro rugido, más cercano, se escuchó.
Los alertados despertados se sorprendieron cuando un muro, tan grueso como un coche, se levantó en la dirección del rugido para ser destruido en pedazos, que salieron despedidos en varias direcciones. Docenas de peñascos frenaron en el aire, a centímetros del grupo, mientras se escuchaba repetidos sonidos de vidrios quebrándose.
— Mierda…
Ocho despertados de quinto grado cayeron al suelo bañados en sudor; sus cuerpos temblaban ligeramente y sus ojos se nublaron en señal de haber agotado su maná. Un noveno despertado casi cayó, pero, tras apoyarse en su bastón de madera, pudo mantenerse de pie, hablando entre pesados jadeos.
— Gracias, chicos — Agradeció Rosa.
— Esa cosa… es peligrosa.
Sin poder soportar más tiempo, el despertado cayó al suelo, sus piernas sucumbieron al cansancio. Rosa rápidamente ordenó que se les suministrará las pociones necesarias.
El agotamiento por falta de maná no era un tema que se pueda tomar a la ligera para los despertados; aunque no es más que teoría encontrada en los libros sobre la magia en la tienda, se sabe que la magia usada para los hechizos está compuesta de dos factores: El maná externo y el interno. Mientras que el maná externo es el que da forma y potencia a los hechizos mágicos, el maná interno se encarga del control de esto.
Solo se usa un poco de maná interno para mantener los hechizos, pero las reservas de los magos no son ilimitadas. En muchas ocasiones, cuando los magos no son capaces de mantener un hechizo con el maná interno, instintivamente exprimen su energía física y la transforman en maná; por este mismo motivo, los despertados del tipo mago suelen tener físicos débiles, pero cuando la energía física llega a un punto crítico, se pasa a una segunda reserva, mucho más peligrosa para el mago.
Aunque sucede mayormente en momentos de peligro, cuando un mago necesita desesperadamente de maná interno y su energía física está al límite, utiliza su propia fuerza vital para reemplazarla; en otras palabras, reducen su esperanza de vida para mantener el hechizo. Debido a esto, los magos suelen carecer de reservas de puntos de méritos; ninguno quiere reducir su vida accidentalmente, por lo que compran constantemente pociones de recuperación.
— ¡ROAAAAR!
Un tercer rugido, mucho más cercano que los anteriores.
Debido a que los despertados de tipo mago aún tenían que recuperar su maná, otros diez despertados se pusieron frente al grupo. Los despertados con escudos se quedaron atrás, eran cinco, y se encargaron de evitar que las ramas y piedras arrastradas por la ráfaga de viento golpearan a los magos.
Los diez despertados que se pusieron como muralla carecían de arma alguna, pero todos poseían notorios músculos, no voluminosos, pero sí marcados, como si hubieran pasado pinceles por sus cuerpos para resaltarlos.
— ¡No escatimen en esfuerzos, ya vieron como terminaron los magos!
Encabezando el grupo se encontraba Rosa.
Los nueve despertados y ella fueron rodeados por auras de diversos colores, resaltando el verde de Rosa; un aura que daba la sensación de estar viendo a un familiar, una madre que cuida de ti, pero, aun así, la apariencia era la de un toro capaz de derrumbar edificios de una embestida. Los cinco despertados desprendían sensaciones similares, pero no podían compararse en lo más mínimo.
— ¡PAH!
Con un estruendoso sonido, los árboles a varios metros de distancia salieron disparados hacia los lados, con sus troncos hechos añicos y los nudillos de Rosa sangraban desde los pequeños cortes que acababa de sufrir.
Acercando su puño a su rostro, tras sacudirlo por la picazón, Rosa alzó la voz; acababa de golpear directamente la onda sonora, pero no solo había recibido heridas, su puño también había sido dañado, aunque tenía su aura activa.
— ¡Nos vamos! ¡Hemos cumplido la misión!
El tono de Rosa demostraba preocupación y no era infundada. Aunque solo eran unos pequeños rasguños en sus nudillos, el “ataque” que acababan de bloquear era únicamente un rugido ¿Qué clase de criatura podría causarlo? Claramente, no era una bestia común, sin duda, debía de ser una bestia mágica.
Rosa estaba segura de que podría enfrentarse a esa criatura en un uno a uno, pero si resultaba ser más que uno solo, entonces no podía asegurar que más de la mitad sobreviviera. No podía arriesgarse a perder gente.
— Vi. A cincuenta y tres kilómetros, en el quinto sector, no nos acercamos, pero hay una bestia mágica.
— Comprendo. Entonces nos retiraremos también.
— Yo también tengo algo que agregar. — añadió Ethan.
Gracias a sus comunicadores, transmitir la información fue fácil.
Mientras se retiraban, Rosa no pudo evitar observar las heridas en sus nudillos que iban curándose lo suficientemente rápido como para que el ojo humano lo notase. Tras diez segundos, ya no había heridas.
Debido a que el camino de regreso fue recto, no se demoraron más de un día en llegar a la muralla. Vi e Ethan aún no habían llegado, por lo que Rosa ordenó al grupo separarse e ir a hacer los informes, mientras que mandó a Edmond a que devolviera la mochila y los artículos que encontraron.
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