Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

​Viuda por Contrato - Capítulo 98

  1. Inicio
  2. ​Viuda por Contrato
  3. Capítulo 98 - Capítulo 98: Capítulo 97: Sacrificio de Sangrw
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 98: Capítulo 97: Sacrificio de Sangrw

El océano no es silencioso. Para quienes saben escuchar, es una cacofonía de corrientes térmicas, cantos de ballenas que viajan miles de kilómetros y el crujido constante de la corteza terrestre enfriándose bajo el abismo. Pero para Mia Silva, de siete años, el océano se había convertido en un grito ensordecedor.

​Desde la popa del Ícaro, la pequeña veía cómo la silueta de Punta Silencio se convertía en una mota de color violeta en el horizonte. Sentía el dolor de su madre como si fuera un cable de alta tensión conectado directamente a su columna vertebral. Jena no estaba llorando; estaba vibrando. Estaba procesando la traición de Damian a través de los algoritmos biológicos de la isla, y esa frecuencia estaba golpeando a Mia con la fuerza de un tsunami mental.

​—Papá, le duele —susurró Mia, apretando sus pequeñas manos contra sus oídos. Sus nudillos estaban blancos—. No es solo rabia. Es como si el mar estuviera intentando entrar en su cabeza y ella no supiera cómo cerrarle la puerta.

​Damian no respondió de inmediato. Mantenía la vista fija en la brújula analógica. El motor del bote, un viejo bloque de hierro que escupía humo negro, era lo único que lo mantenía cuerdo. Ese ruido mecánico, sucio y humano, era su único escudo contra la magia aterradora que acababan de abandonar.

​—Ella tomó una decisión, Mia —dijo Damian por fin. Su voz era ronca, envejecida diez años en una sola noche—. Eligió ser la isla. Yo elegí que ustedes siguieran siendo niños.

​El Despertar del Puente

​A medida que se alejaban de la zona de influencia de Punta Silencio, algo extraño comenzó a sucederle a Mia. En lugar de debilitarse su conexión, esta se refinó. Sin la presencia física de la isla para abrumarla, la niña empezó a percibir la estructura del agua. Podía ver las corrientes como hilos de seda azul y verde que se entrelazaban bajo el casco del bote.

​De repente, Mia se puso de pie. Sus ojos, normalmente castaños como los de su padre, emitieron un destello plateado, una luminiscencia que no era el verde esmeralda de Jena ni el negro abisal de la infección. Era algo nuevo. Algo puro.

​—Vienen, papá —dijo con una calma que heló la sangre de Damian—. Pero no son los monstruos de mamá. Son los hombres de metal.

​En el radar pasivo de Damian, que apenas funcionaba con una batería moribunda, aparecieron tres puntos. No eran barcos. Eran drones de asalto Strider de la Corporación Thorne, vehículos autónomos diseñados para el asesinato silencioso sobre la superficie del agua.

​La Soledad de la Guardiana

​Mientras tanto, en la orilla de Punta Silencio, Jena Silva ya no recordaba cómo se sentía el calor del sol. Su piel se había tornado de un tono grisáceo, casi translúcido, y sus venas palpitaban con una luz púrpura constante. Se encontraba sentada en el trono de coral negro que la isla había erigido para ella en el centro de la playa.

​A su alrededor, el aire estaba saturado de ozono. Silas, el holograma, permanecía a unos metros, observándola con una mezcla de horror y fascinación científica.

​—Los has perdido, Jena —dijo Silas—. El vínculo se ha estirado hasta romperse. Si intentas forzar su regreso con la Legión del Abismo, los destruirás. No se puede abrazar a un pájaro con las garras de un volcán.

​Jena levantó la vista. Sus ojos eran dos pozos de oscuridad absoluta.

—No los estoy cazando, Silas. Los estoy vigilando. Thorne cree que el bote es una presa fácil. No saben que mi hija es el arma más poderosa que este planeta ha engendrado.

​—¿Mia? —Silas parpadeó—. Ella es solo una niña.

​—No —susurró Jena, y su voz provocó que un grupo de palmeras se marchitara instantáneamente—. Ella es la síntesis. Yo soy la Tierra, Damian es el Hombre. Mia es el futuro. Ella no necesita la isla para controlar el agua. Ella es el agua.

​La Batalla de los Espejos

​En el mar abierto, el primer dron Strider emergió del agua a escasos cincuenta metros del Ícaro. Era una máquina elegante y letal, con una torreta láser montada en su parte superior. Un altavoz emitió la voz sintetizada de Arthur Thorne, pregrabada para este encuentro.

​—Damian Silva. Entregue los especímenes alfa y beta. Su vida no tiene valor para la corporación, pero el material genético que transporta es propiedad intelectual de Thorne Industries.

​Damian sacó su pistola, una vieja Colt que parecía un juguete frente a la tecnología del dron.

—¡Vete al infierno, Arthur! —gritó, poniéndose delante de Mia y el bebé.

​El dron comenzó a cargar su lente láser. El aire alrededor del cañón empezó a distorsionarse por el calor. Damian cerró los ojos, preparándose para el final.

​—No —dijo Mia.

​La niña caminó hacia la proa del bote. No tenía miedo. Extendió sus manos hacia los lados y, por un momento, el tiempo pareció detenerse. El motor del Ícaro se apagó. El viento dejó de soplar.

​Mia no invocó monstruos. No llamó a la Legión del Abismo. Simplemente pidió permiso.

​—Agua, recuerda quién eres —susurró la niña.

​En ese instante, el océano bajo el dron Strider dejó de ser líquido. Se convirtió en una mano sólida, una columna de agua con la dureza del diamante que se disparó hacia arriba. El dron, una maravilla de la ingeniería de miles de millones de dólares, fue aplastado como una lata de refresco en menos de un segundo. El impacto no produjo una explosión de fuego, sino una implosión de presión hidráulica que desintegró los circuitos de la máquina.

​Los otros dos drones intentaron disparar, pero Mia movió sus dedos como si estuviera tocando un piano invisible. El agua alrededor del Ícaro se elevó formando una cúpula perfecta, un escudo de agua giratoria que desviaba los rayos láser como si fueran simples linternas.

​El Nexo Transoceánico

​A kilómetros de distancia, Jena sintió el estallido de poder de su hija. Un escalofrío recorrió su cuerpo astral. Por primera vez desde su transformación, Jena sintió una emoción humana: orgullo, mezclado con un terror profundo.

​Mia estaba haciendo algo que Jena nunca pudo: controlar la naturaleza sin pagar el precio de la humanidad. Jena necesitaba los cristales de la isla; Mia solo necesitaba su voluntad.

​—Ella es el puente —murmuró Jena, y por primera vez, una lágrima negra rodó por su mejilla—. Ella puede salvarme.

​Jena se puso de pie y entró en la Cueva de los Cristales. Sabía lo que tenía que hacer. Si quería que Mia sobreviviera a lo que venía, Jena no podía ser solo una defensora pasiva. Tenía que convertirse en la distracción.

​—Silas —ordenó Jena—. Activa el protocolo de “Génesis Inversa”.

​—Jena, eso revelará la posición exacta de la isla a todos los satélites del mundo —advirtió el holograma—. Thorne enviará toda su flota. Bombas nucleares, armas de vacío… no dejarán piedra sobre piedra.

​—Que vengan —dijo Jena, y su piel empezó a emitir un fulgor esmeralda que eclipsó la luz de las antorchas—. Mientras miren hacia aquí, no mirarán hacia el bote. Mia necesita tiempo para llegar a la Costa del Esqueleto. Allí es donde la resistencia la encontrará.

​El Sacrificio de la Madre

​Jena se conectó al cristal maestro. Esta vez, no buscó equilibrio. Buscó expansión.

​En cuestión de minutos, Punta Silencio empezó a crecer. El arrecife de coral se expandió a una velocidad antinatural, creando nuevos kilómetros de tierra firme en medio del océano. La isla lanzó una señal de radio de banda ancha que interceptó todas las televisiones, radios y redes sociales del planeta.

​En las pantallas de miles de millones de personas apareció la imagen de una mujer con ojos de noche y piel de bosque.

​—Mi nombre es Jena Silva —dijo su voz, retumbando en cada rincón de la Tierra—. Y este planeta ha decidido que ya no pertenece a los que lo destruyen. Si quieren mi poder, vengan a buscarlo. Pero sepan que el océano ya no es vuestro camino. Es mi frontera.

​Era una declaración de guerra global. Un desafío que obligaría a Thorne a retirar todos sus recursos de la caza de Damian para concentrarlos en el asedio a la isla.

​Hacia lo Desconocido

​En el Ícaro, Damian vio el resplandor en el horizonte. Vio cómo la isla de su esposa se convertía en un faro de proporciones bíblicas. Comprendió el sacrificio. Jena les estaba comprando su libertad al costo de convertirse en el objetivo número uno del mundo entero.

​Mia se sentó de nuevo, agotada. Su cabello, antes negro, ahora tenía mechones de un color plateado brillante.

—Mamá dice que corramos, papá —dijo la niña, con la voz apagada—. Dice que nos quiere, pero que ya no puede decirnos adiós con palabras.

​Damian tomó el timón. El motor volvió a la vida, impulsado ahora por una chispa de la energía de Mia.

—Entonces correremos, pequeña. Correremos hasta que encontremos la forma de traerla de vuelta.

​El bote se perdió en la inmensidad del Atlántico, dejando atrás una isla que crecía como un cáncer de luz y un mundo que se preparaba para la batalla final.

​El Silencio antes de la Tormenta

​Esa noche, Jena Silva se sentó de nuevo en su trono. A lo lejos, empezó a ver las luces de los barcos de guerra acercándose. Los radares de los satélites estaban fijos en ella. Los misiles estaban siendo armados en silos a miles de kilómetros.

​Ella no tenía miedo. Extendió sus sentidos y sintió a los miles de seres que vivían en su isla. Sintió el latido de la Ciudad de Coral. Y, por un breve momento, sintió el latido del corazón de Alexander y Mia, ya lejos, seguros por ahora.

​—Que vengan —susurró Jena a la oscuridad—. He aprendido a hablar el idioma de la destrucción, y hoy, el océano tiene mucho que decir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo