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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 159

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Capítulo 159: Capítulo 159: La gran llegada

…

El grifo ascendía esta vez mucho más alto que antes.

El bosque quedaba atrás poco a poco, transformándose en una extensión verde lejana, mientras el terreno comenzaba a volverse más irregular, más abrupto. Las colinas daban paso a formaciones rocosas, y estas, a su vez, a verdaderas paredes de piedra que se alzaban hacia el cielo.

El viento cambiaba.

Se volvía más fuerte.

Más frío.

Kim entrecerró los ojos mientras se sujetaba con firmeza.

—Estamos cerca…

No era un lugar al que cualquiera pudiera llegar caminando. De hecho, muy pocos lo intentaban. Las flores de montaña empinada crecían en los lugares más inaccesibles… donde la tierra apenas se sostenía y el más mínimo error significaba caer al vacío.

El grifo comenzó a descender en espiral, buscando un punto donde pudiera posarse.

No había muchos.

Finalmente, encontró una pequeña saliente de roca, apenas lo suficientemente estable.

Aterrizó.

Kim bajó con cuidado, apoyando primero un pie… luego el otro. El viento golpeaba con fuerza desde un costado, obligándolo a inclinar ligeramente su cuerpo para mantener el equilibrio.

Miró alrededor.

Nada.

Solo roca.

—…

Frunció el ceño.

—No puede ser tan fácil.

Se acercó lentamente al borde… y entonces las vio.

Más abajo.

Mucho más abajo.

Creciendo directamente desde la pared vertical de la montaña.

Pequeñas… delicadas… pero inconfundibles.

Pétalos alargados, de un tono violeta pálido, que parecían resistir el viento como si formaran parte de la misma roca.

Las flores de montaña empinada.

Kim soltó el aire lentamente.

—Claro… tenía que ser ahí.

Miró hacia abajo otra vez.

La caída era considerable.

No mortal para alguien con sus capacidades… pero sí lo suficientemente peligrosa como para no cometer errores.

Miró al grifo.

—Quédate.

La criatura no se movió, pero su mirada permaneció fija en él.

Kim se acercó al borde y apoyó una mano sobre la roca.

No iba a volar.

No quería depender de eso para algo tan delicado.

—Con calma…

Comenzó a descender, apoyando los pies en pequeñas grietas, sujetándose con las manos en salientes irregulares. Cada movimiento era lento, calculado.

El viento no ayudaba.

Golpeaba.

Empujaba.

Intentaba sacarlo de la pared.

En un momento, una ráfaga más fuerte lo obligó a detenerse por completo, pegando su cuerpo contra la roca.

—…

Esperó.

Respiró.

Y continuó.

Poco a poco fue acercándose a las flores. Ahora podía verlas mejor. No eran solo resistentes… también emitían una energía muy sutil. Casi imperceptible.

Pero ahí estaba.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, sacó otra de sus herramientas de recolección.

No podía arrancarlas sin más.

Si dañaba la raíz… perderían su efecto.

Extendió la mano con cuidado.

Muy despacio.

Pero justo cuando estaba a punto de cortar…

Un sonido.

Seco.

Un pequeño desprendimiento de roca bajo su pie.

—…!

Su cuerpo se inclinó hacia atrás por un segundo.

El vacío se abrió bajo él.

Instinto puro.

Se sujetó con una mano a una grieta, tensando todo el brazo para no caer.

El cuchillo cayó.

Rebotó contra la roca… y desapareció en el vacío.

El corazón le golpeó con fuerza en el pecho.

Respiración agitada.

Pero no cayó.

Se quedó ahí.

Sostenido.

En silencio.

Durante unos segundos… no se movió.

—…

Luego, poco a poco, volvió a estabilizarse.

—No puedo fallar ahora…

Cerró los ojos un instante.

Y en lugar de buscar otra herramienta…

Usó magia.

Pero no una fuerte.

No una explosiva.

Una fina.

Precisa.

Una línea casi invisible de energía se formó en sus dedos, como una hoja delicada.

Volvió a intentarlo.

Esta vez, sin margen de error.

Cortó el tallo con extrema precisión.

Una.

Luego otra.

Y una tercera.

Las guardó con cuidado en un recipiente especial, sellándolo al instante.

No intentó coger más.

Ya era suficiente.

Subir fue más difícil que bajar.

El cuerpo le pesaba más. El viento no había disminuido.

Pero no se detuvo.

Cuando finalmente alcanzó la saliente, se dejó caer de rodillas unos segundos.

Respirando.

Recuperando el aire.

El grifo lo observaba en silencio.

—Ya está… —murmuró Kim, levantándose poco a poco.

Guardó el recipiente junto a los otros ingredientes.

Todo estaba completo.

Miró por última vez hacia el borde de la montaña… y luego hacia el horizonte.

A lo lejos… el bosque.

Y esa sensación otra vez.

Más intensa.

Más clara.

Como si algo… estuviera empezando a abrir los ojos.

Kim apretó ligeramente la mandíbula.

—No llego tarde… —dijo en voz baja—. No voy a llegar tarde.

Subió al grifo.

Y sin perder más tiempo…

Alzó el vuelo de regreso a casa.

—

…

El ambiente dentro de Beinever se había vuelto extrañamente silencioso.

No era un silencio incómodo… pero tampoco tranquilo del todo. Era de esos que aparecen cuando todos sienten que algo grande se acerca, aunque nadie lo diga en voz alta.

Eiden apoyó la espalda contra una de las columnas cercanas, cruzándose de brazos mientras observaba a lo lejos.

Liam y Teneb ya habían salido del Santuario.

Y aunque no estaban tan lejos… algo había cambiado.

—¿Lo notaron? —dijo finalmente Eiden, sin apartar la mirada.

Karl, que estaba sentado en el suelo con una pierna flexionada, levantó un poco la cabeza.

—Sí…

No hizo falta que dijera más.

Azerion, de pie junto a ellos, tampoco tardó en responder.

—Su energía… es más estable.

Hablaba con calma, pero con atención. No era solo una sensación. Era algo real.

—Pero no completamente —añadió Lujius, que se encontraba un poco más atrás, observando con una mirada más analítica—. Sigue siendo inestable en el fondo… solo que ahora la está conteniendo mejor.

Eiden frunció ligeramente el ceño.

—O sea que… sigue siendo peligroso.

—No —corrigió Lujius—. Sigue siendo… impredecible.

El matiz era importante.

Karl soltó un leve suspiro, mirando hacia el suelo unos segundos antes de hablar.

—Aun así… ha mejorado rápido.

Azerion asintió.

—Demasiado rápido.

Hubo un pequeño silencio tras eso.

No era desconfianza.

Era otra cosa.

Algo más cercano a… respeto.

Y quizás un poco de preocupación.

Eiden se separó de la columna y dio un par de pasos hacia adelante.

—No es solo eso —dijo—. Desde que salió del Santuario… se siente distinto. No solo más fuerte.

Miró de reojo a los demás.

—Como si estuviera… cargando algo.

Azerion bajó la mirada un momento, pensativo.

—Tiene sentido.

Karl levantó una ceja.

—¿Por?

Azerion tardó un segundo en responder.

—Porque no solo está aprendiendo a usar su poder… también está entendiendo lo que significa tenerlo.

Esa frase se quedó en el aire.

Lujius lo observó con cierto interés.

—Exacto.

Se acercó un poco más al grupo.

—El poder no es solo fuerza. Es responsabilidad, presión… y en su caso, algo que ni siquiera comprende del todo.

Eiden apretó ligeramente la mandíbula.

—Entonces estamos confiando en alguien que ni siquiera sabe qué tiene exactamente…

Lujius negó con la cabeza.

—No.

Hizo una breve pausa.

—Estamos confiando en alguien que está empezando a enfrentarlo.

Eso cambió completamente el enfoque.

Karl apoyó los brazos sobre sus rodillas, mirando al frente.

—Supongo que eso ya es más de lo que muchos harían…

El silencio volvió, pero esta vez era diferente.

Más… reflexivo.

Azerion fue el siguiente en hablar.

—Igualmente… no podemos depender solo de él.

Eiden lo miró.

—Nadie dijo que lo haríamos.

—Pero está pasando —respondió Azerion con calma—. Todos lo están viendo como la clave para derrotar a Dark.

Lujius no intervino.

Dejó que siguieran.

Karl chasqueó la lengua levemente.

—Bueno… no es como si no lo fuera.

—Eso no significa que tenga que cargar con todo —añadió Azerion, más serio esta vez.

Eiden desvió la mirada.

Sabía que tenía razón.

—Entonces tendremos que estar a la altura —dijo finalmente—. Todos.

Esa vez, nadie discutió.

Porque todos pensaban lo mismo.

Un leve viento recorrió el lugar, entrando desde los pasillos abiertos del reino.

A lo lejos, el cielo comenzaba a cambiar ligeramente de tono.

El día avanzaba.

Y con él… todo lo que venía.

Lujius fue el último en hablar.

—No olviden algo.

Los tres lo miraron.

—Esto recién comienza.

No lo dijo con miedo.

Ni con duda.

Lo dijo como un hecho.

Y en ese momento… todos lo entendieron.

Lo que estaban viviendo ahora…

No era el conflicto.

Era solo el inicio.

—

El horizonte se abría ante ellos, y el reino se mostraba a lo lejos, entre colinas y extensiones de bosque que se extendían hasta perderse. Las murallas se recortaban contra el cielo, vigilantes y firmes, y el sol iluminaba las torres, reflejando destellos dorados.

Suli iba al frente, con Roger justo detrás y Yercal y Selindra siguiendo en formación. El viento los azotaba mientras ascendían y descendían suavemente sobre las corrientes. Cada uno permanecía concentrado; la ciudad estaba cerca, y con ella, su destino.

Dentro del reino, un cambio sutil recorrió el aire. Primero un cosquilleo, apenas perceptible, luego algo más concreto: presencias acercándose.

Eiden fue el primero en reaccionar. Su mirada se tensó y una sensación extraña le recorrió la espalda.

—¿Lo sienten? —preguntó, sin necesidad de mirar a nadie más.

—Sí… algo viene —dijo Karl, apretando los puños mientras su mente intentaba afinar el Sensire.

Era esa habilidad que permitía percibir a los demás: primero la presencia, luego el tipo de energía, y finalmente, si se concentraban, el poder real de aquel individuo. Poco a poco, no de golpe.

—Cuatro —murmuró Azerion, entrecerrando los ojos—. Cuatro presencias distintas, acercándose rápido.

El aire se cargó. Cada segundo que pasaba permitía a quienes dominaban el Sensire captar más detalles. La primera fase: la existencia de esos individuos. La segunda: el tipo de energía que emanaban. La tercera: su potencia total.

—Están entrenados… y no son cualquier grupo —dijo Lujius, frunciendo el ceño mientras sentía la densidad de su magia y su control—. No solo poseen fuerza, sino disciplina y capacidad de combate.

Teneb, Varka, Drosk y Selanne también percibieron lo mismo. Sus ojos se estrecharon y sus manos se tensaron. No era solo la llegada de un grupo cualquiera; sentían que cada uno de esos cuatro estaba ahí con un propósito definido.

—Ya casi llegan —susurró Selanne, aunque apenas más fuerte que el viento.

A cada instante, el Sensire revelaba más. La energía de Roger y Suli era firme, precisa, controlada; la de Yercal tenía un matiz caótico, impredecible pero fuerte; la de Selindra, constante y elegante. Sus habilidades, sus años de entrenamiento, todo se hacía perceptible a medida que se acercaban.

Eiden apretó los puños, concentrándose para percibir incluso los movimientos que podrían estar haciendo antes de llegar. Azerion respiró hondo, preparándose para cualquier sorpresa.

El reino parecía contener la respiración junto con ellos. El viento movía las banderas, pero el cambio real estaba en el aire: algo estaba por suceder.

Suli y su grupo avanzaban lentamente, sobrevolando las murallas, acercándose cada vez más. Cada instante les permitía a quienes estaban dentro del reino sentir con claridad la presencia de aquellos recién llegados.

—No vienen por casualidad —dijo Karl, con voz grave—. Y no están solos en esto.

La distancia se acortaba, y todos los que podían percibirlos comprendieron algo importante: estas cuatro presencias no solo eran fuertes; eran decisivas.

El Sensire no engaña. Y ahora, todo dentro del reino estaba listo para recibirlos.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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