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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 161

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Capítulo 161: Capítulo 161: Al filo de la oscuridad

Mientras tanto…

Lejos del reino, oculto entre las formaciones rocosas y la vegetación densa del bosque, una tenue luz se filtraba desde el interior de una cueva.

El hogar de Kim.

Por fuera, no era más que una abertura en la roca.

Pero por dentro…

Era otra cosa.

Orden.

Precisión.

Cada objeto en su lugar.

Mesas de trabajo cubiertas de frascos, herramientas, pergaminos abiertos y notas escritas con rapidez pero claridad. Estanterías llenas de ingredientes, algunos comunes… otros difíciles de reconocer.

Y en el centro de todo…

Kim.

De pie frente a su mesa principal.

Concentrado.

Los tres ingredientes ya estaban ahí.

Las luciérnagas en su pequeño recipiente, emitiendo una luz suave.

La lágrima de ciervo, sellada cuidadosamente.

Y las flores de montaña empinada, intactas, conservando esa energía sutil.

Kim respiró hondo.

—Bien…

No había prisa en sus movimientos.

Pero tampoco duda.

Tomó un frasco vacío.

Luego otro.

Y comenzó.

Primero, trituró las hierbas con movimientos lentos, constantes, asegurándose de no perder ni una parte de su esencia. El aroma se extendió por la cueva, fuerte… pero limpio.

Después, añadió con cuidado el polvo de luciérnagas.

Una leve reacción.

Un brillo tenue.

Nada explosivo.

Pero vivo.

—Perfecto…

Luego vino la lágrima.

La sostuvo unos segundos entre sus dedos antes de dejarla caer.

Al contacto…

la mezcla cambió.

El color se volvió más profundo.

Más denso.

Como si algo dentro comenzara a estabilizarse.

Kim no apartó la mirada en ningún momento.

Cada paso importaba.

Cada detalle.

Por último…

las flores.

No las trituró.

No completamente.

Las cortó con precisión, dejando que parte de su estructura permaneciera intacta antes de integrarlas lentamente en la mezcla.

El resultado…

no fue inmediato.

El líquido reaccionó.

Se agitó.

Vibró ligeramente.

Como si no aceptara del todo la combinación.

Kim frunció el ceño.

—Vamos…

Colocó ambas manos a los lados del frasco.

Y utilizó magia.

No para forzarla.

Sino para estabilizarla.

Su energía fluyó suave.

Controlada.

Guiando la reacción.

Poco a poco…

la mezcla dejó de resistirse.

El color se volvió uniforme.

Un tono extraño.

Entre violeta y gris.

Denso.

Silencioso.

Y entonces…

se detuvo.

La poción estaba lista.

Kim no sonrió.

Pero su expresión se relajó apenas.

—Funciona…

Tomó el frasco con cuidado.

Lo observó a contraluz.

—Diez minutos…

Más que suficiente.

Selló el recipiente con precisión, asegurándolo con un pequeño símbolo mágico que impediría que se derramara o se activara antes de tiempo.

Luego lo guardó.

Cerca.

Accesible.

Se quedó en silencio unos segundos más.

Pensando.

Sintiendo.

Y ahí estaba otra vez.

Esa sensación.

Lejana…

pero más clara que antes.

El bosque.

La presencia.

Algo que ya no dormía del todo.

Kim cerró los ojos un instante.

—No queda mucho tiempo…

Los abrió.

Y esta vez…

no dudó.

Se giró.

Recogió lo necesario.

Ajustó su capa.

Y caminó hacia la salida de la cueva.

Afuera, el aire era más frío.

Más abierto.

El grifo lo esperaba.

Quieto.

Listo.

Kim se acercó y apoyó una mano sobre su costado.

—Vamos.

Subió con agilidad.

Aseguró el frasco una vez más.

Y sin perder más tiempo…

El grifo desplegó sus alas.

Un movimiento firme.

Y se elevó.

Rápido.

Directo.

Con un solo destino.

El reino.

Beinever.

Porque ahora…

ya no solo iba a advertir.

Iba a ayudar a detener algo…

antes de que fuera demasiado tarde.

—

El ambiente en la entrada del reino aún seguía tenso.

Las palabras recientes, el pasado expuesto y la amenaza del mago habían dejado a todos en un punto incómodo… pero necesario.

Fue entonces cuando…

Dos presencias más se acercaron.

Rápidas.

Familiares.

Teneb giró levemente la mirada antes que nadie.

—…

Y segundos después…

Alis y Marla aparecieron.

Aterrizaron con ligereza, avanzando unos pasos hacia el grupo.

—Ya estamos de vuelta —dijo Alis con naturalidad, sacudiéndose un poco la capa—.

—Todo salió bien —añadió Marla, más tranquila.

Ambas avanzaron sin notar nada extraño al principio.

—Teneb —continuó Alis—, ya hablamos con él.

Una pequeña sonrisa.

—Tenemos a otro.

Teneb no respondió de inmediato.

Solo las miró…

y luego desvió la mirada ligeramente hacia un lado.

Alis frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

Siguió la dirección de su mirada.

Y entonces lo vio.

No solo uno.

Varios.

Personas nuevas.

Su expresión cambió levemente.

Marla también lo notó.

Pero antes de que dijeran algo—

—Suli.

Alis la vio.

Y su rostro se relajó al instante.

—Así que volviste.

Suli dio un paso al frente.

—Sí.

Se acercaron un poco.

—¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo? —preguntó Alis.

—Entrenando —respondió Suli sin rodeos.

Simple.

Directo.

Pero suficiente.

Alis asintió.

Como si eso encajara perfectamente con ella.

Pero entonces…

su mirada se movió.

Roger.

Selindra.

Yercal.

Los observó con atención.

—¿Y ellos…?

Suli no respondió de inmediato.

Miró al grupo.

Y luego a Alis.

—Vinieron por ayuda.

Eso no era toda la historia.

Pero era lo importante ahora.

Alis entrecerró ligeramente los ojos.

Midiendo.

Analizando.

Su mirada se detuvo un segundo más en Roger.

Sintiendo su presencia.

Su energía.

—…

Y entonces, sin rodeos, dio un paso hacia él.

—Tú.

Roger levantó apenas la mirada.

—Si eres tan fuerte como pareces…

Una leve sonrisa.

—¿Te interesa unirte a nuestro equipo?

Silencio.

Roger la miró fijamente.

—¿Equipo?

Suli frunció el ceño levemente.

—¿De qué está hablando?

Ambos miraron a Teneb.

Que finalmente avanzó un paso.

—Es momento de que lo sepan.

El ambiente se estabilizó un poco.

Todos escucharon.

—Estamos formando un equipo.

Miró a todos los presentes.

—Un grupo de al menos diez guerreros fuertes.

Pausa.

—Para enfrentar a Dark.

El nombre cayó con peso.

Roger no reaccionó demasiado… pero lo registró.

Teneb continuó.

—Y no solo eso.

Su mirada se endureció.

—También para lo que viene ahora.

Una breve mirada a Roger.

El mago.

—Por ahora —siguió— ya tenemos a varios.

Señaló levemente.

—Ellos —los chicos.

—Azerion.

—Lujius.

—Suli.

Luego miró a Alis y Marla.

—Y ustedes acaban de sumar a otro.

Alis asintió.

—Orión.

Eso llamó la atención de varios.

Teneb continuó.

—Y ahora…

Su mirada volvió a Roger.

—Tú.

Silencio.

—También encajas.

No fue una invitación amable.

Fue directa.

Clara.

Roger lo observó unos segundos.

Pensando.

Midiendo.

Y luego…

—Si esto me sirve para hacerme más fuerte…

Pausa.

—Y para derrotar a ese mago…

Levantó ligeramente la barbilla.

—Entonces sí.

Alis sonrió levemente.

—Perfecto, entonces—

—No te emociones.

La interrumpió.

El tono fue seco.

Directo.

Alis lo miró.

Roger continuó.

—Esto es temporal.

Silencio.

—Cuando todo esto termine…

Su mirada se volvió más fría.

—Cada uno seguirá con lo suyo.

No dio detalles.

Pero se entendía.

—Yo no voy a cambiar la forma en la que hago las cosas.

Teneb lo entendió al instante.

No dijo nada.

Pero lo aceptó.

Suli tampoco intervino.

Solo observó.

Alis entrecerró levemente los ojos.

Pero no insistió.

—Mientras estés del mismo lado…

respondió finalmente.

—Es suficiente.

Roger no sonrió.

Pero tampoco se opuso.

Y en ese momento—

algo cambió.

No era confianza.

No era amistad.

Pero sí…

una unión.

Forzada.

Inestable.

Peligrosa.

Pero necesaria.

Teneb cruzó los brazos.

—Entonces ya está.

Miró a todos.

—Tenemos un equipo.

Una pausa.

—Y un enemigo.

Lujius habló en voz baja.

—Dos.

Silencio.

Porque todos sabían…

que esto apenas comenzaba.

—

El aire cambió.

Una presencia descendía desde el cielo.

Rápida.

Precisa.

Un grifo atravesó las nubes y comenzó a bajar en picada hacia la entrada del reino.

El viento se levantó alrededor.

Y en cuestión de segundos…

Aterrizó.

El impacto fue firme, levantando polvo y hojas a su alrededor.

Encima de la criatura…

Kim.

El mago blanco.

Bajó con agilidad, mirando rápidamente a todos los presentes.

—…Veo que no he llegado tarde.

Una leve sonrisa.

Pero desapareció rápido.

—Eiden, Karl… —miró alrededor— Azerion, Lujius…

Asintió al reconocerlos.

—Hace tiempo.

Eiden levantó una ceja.

—Kim… ¿qué haces aquí?

Karl cruzó los brazos.

—Llegas con prisa.

Lujius lo observaba en silencio.

Azerion también.

Kim respiró hondo.

—Necesito hablar con ustedes.

Miró a todos.

—Con todos.

Pausa.

—El bosque ya no es seguro.

Confusión.

—¿El bosque? —preguntó Karl— ¿Qué tiene?

—He sentido cosas… —continuó Kim— movimientos extraños, energía inestable…

Frunció el ceño.

—Algo está cambiando.

Eiden intercambió mirada con Karl.

—No te sigo…

Roger observaba desde atrás, sin intervenir.

Suli tampoco hablaba.

Kim dio un paso más al frente.

—Hay una presencia.

Pausa.

—Una muy antigua.

Más silencio.

—Y está empezando a despertar.

—¿De qué estás hablando exactamente? —preguntó Teneb, más serio.

Kim apretó ligeramente la mandíbula.

—De algo que no debería estar moviéndose ahora mismo.

—Eso no explica nada —respondió Karl con tono seco.

Incluso algunos de los rebeldes murmuraron entre ellos.

—¿Otra amenaza?

—¿De dónde salió este ahora?

Kim cerró los ojos un instante, ordenando sus ideas.

—Se le conoce como…

Pausa.

—El Gran Espectro.

Silencio.

Pero no de comprensión.

De duda.

—¿Es un tipo? —preguntó Eiden.

—¿Una criatura? —añadió Marla.

—¿Un ejército? —dijo Warquer.

Kim no respondió de inmediato.

Porque ni siquiera ellos lo entendían del todo.

—No es tan simple… —murmuró.

Y entonces—

—No es nuevo.

La voz cortó el momento.

Todos miraron.

Azerion.

Había dado un paso al frente.

Su expresión había cambiado.

Más seria.

Más clara.

—Yo lo vi.

Silencio total.

Kim lo miró directamente.

—¿Dónde?

—En el bosque —respondió Azerion—. Cuando iba por el Cristal de Ankaris.

Respiró hondo.

—Un tipo me atacó.

Pero…

Negó levemente.

—No era normal.

Miró al resto.

—Se movía raro.

Su fuerza… no tenía sentido.

Pausa.

—Y dijo algo.

Todos estaban atentos ahora.

—Dijo que pronto vendría el Gran Espectro.

El ambiente cambió por completo.

Ya no era confusión.

Era atención.

—Pensé que era un loco —continuó Azerion—. O alguien desesperado.

Apretó la mandíbula.

—Pero ahora…

Miró a Kim.

—No lo era.

Kim asintió lentamente.

—Era uno de los suyos.

Algunos se tensaron.

—¿“De los suyos”? —repitió Eiden.

Kim habló ahora con más claridad.

—Personas poseídas.

—Controladas.

—Sin voluntad propia.

El grupo se quedó en silencio.

—Ese es el Gran Espectro —continuó—.

—Una entidad que roba almas.

—Y usa cuerpos como herramientas.

Pausa.

—Y lleva décadas haciéndolo.

Ahora sí.

Impacto.

Real.

Lujius habló entonces, mirando a Azerion.

—¿Lo viste…?

Azerion lo miró.

Y lo entendió.

—Tú también sabías algo.

Lujius no lo negó.

—Había señales.

Eiden frunció el ceño.

—¿Desde cuándo sabían esto?

—No lo sabíamos del todo —respondió Lujius—. Solo… piezas.

Kim continuó.

—Y ahora encajan.

Silencio.

—Se está despertando completamente.

Las palabras pesaron.

—Y cuando lo haga…

Pausa.

—No va a parar.

Nadie discutió esta vez.

Porque ahora…

sí lo entendían.

—

…

Roger arqueó una ceja, cruzando los brazos mientras su sonrisa se torcía en una mueca burlona.

—¿Qué?! —exclamó—. ¿Otra amenaza? Perfecto, justo lo que necesitábamos —rió, aunque de manera irónica—. Jaja.

Eiden y Karl se miraron entre sí, sin poder decidir si estaban sorprendidos, preocupados o simplemente cansados de su actitud. Liam, que permanecía un poco detrás de Karl, frunció el ceño, incómodo.

Suli, que había llegado justo detrás de Roger, frunció el ceño y le apuntó con la mirada:

—¿Qué te parece perfecto esto? ¡No entiendes la gravedad!

—Oh, tranquilo, niña —respondió Roger con un gesto despreocupado—. Si vamos a morir, al menos será entretenido. Y, francamente, después de todo lo que he visto… esto parece pan comido.

Azerion frunció el ceño, cruzando los brazos, mientras Lujius se mantenía serio, evaluando la reacción de Roger.

—No se trata de entretenimiento —dijo Eiden, intentando imponer seriedad—. Esto no es algo que podamos tomar a la ligera.

—Claro que no —intervino Kim—. Esta amenaza… no es como las anteriores. El Gran Espectro está despertando. Y lo hará por completo muy pronto.

Un murmullo recorrió el grupo. Nadie entendía del todo lo que Kim decía.

—¿Gran… qué? —preguntó Karl, confundido—. ¿De qué estás hablando?

—Es… complicado de explicar —dijo Kim, haciendo una pausa, mientras se acercaba al centro del grupo—. Pero básicamente, es una criatura que puede absorber a cualquiera y hacerse más fuerte con su energía. No es algo que podamos enfrentar desprevenidos.

Liam tragó saliva y miró a los demás, aún inseguro, mientras Eiden trataba de unir las piezas en su mente:

—Espera… entonces… ¿Como sabemos, esto ya estaba en el bosque, no? —dijo Azerion de repente—. Cuando fui en busca del Cristal de Ankaris… ese bandido, medio loco, me atacó y entonces me advirtió que “el Gran Espectro vendría por todos”. Yo no le di importancia en su momento… pero ahora todo encaja y entiendo porque has venido hasta aquí tan rápido…

—Así que no es algo nuevo —dijo Lujius, confirmando lo que Azerion intuía—. Solo que ahora está despertando completamente.

Kim asintió, señalando la seriedad de la situación.

—Exactamente. Y tenemos que actuar rápido. He preparado una poción que puede ayudarnos a paralizarlo temporalmente, dándonos la oportunidad de enfrentarlo y detenerlo. Pero no podemos demorarnos.

Roger suspiró y sacudió la cabeza, mezclando su sarcasmo con una pizca de seriedad:

—Perfecto… justo lo que necesitábamos: un monstruo gigante que nos perseguirá mientras intentamos salvar el mundo. ¿Quién se apunta para morir primero? —bromeó, pero todos entendieron que estaba evaluando la situación y midiendo fuerzas.

Suli miró a Kim y luego a los demás, todavía con el ceño fruncido:

—Esto… ¿significa que debemos dejar todo lo que estábamos haciendo y concentrarnos en esto ahora?

—Sí —respondió Teneb con voz firme—. No hay tiempo que perder. El Gran Espectro no espera.

El silencio que siguió fue pesado, lleno de tensión. Cada uno comenzaba a imaginar lo que enfrentarían. Y aunque nadie hablaba, todos sentían la gravedad del momento. Incluso Roger, con toda su arrogancia y sarcasmo, sabía que esto no era un juego.

—

“El equipo estaba completo… pero apenas tenía tiempo para comprenderlo: la primera de las tres amenazas ya se movía, y no esperarían a que estuvieran listos.”

Kim dio un paso adelante y, su mirada firme.

-Necesito ver al rey Gimson -dijo, con voz clara-. Es importante… se trata de algo que no podemos ignorar.

Bertel asintió de inmediato y se apartó para dejarlo pasar, mientras Nyrek lo seguía de cerca, vigilando cada movimiento.

-¿Qué es lo que lo trae con tanta urgencia? -preguntó Nyrek, curioso-. Ha llegado apresurado y no parece para nada una visita de cortesía.

-Se trata de una amenaza que está a punto de despertar -respondió Kim, con seriedad-. Su nombre es el Gran Espectro, y si no actuamos ahora, el reino podría estar en peligro.

Bertel intercambió una mirada con Nyrek, notando la tensión en Kim, y ambos lo guiaron por los pasillos hasta la sala principal. Allí, el rey Gimson apareció, recién llegado de sus asuntos, y lo observó con calma pero con interés.

-Así que eres el mensajero de esto -dijo el rey-. Explícame todo desde el principio.

Kim asintió y comenzó a relatar lo que había visto, el despertar del Gran Espectro, cómo su poder ya estaba afectando el mundo y que había preparado una poción capaz de detenerlo temporalmente si la situación se volvía crítica.

-No podemos perder tiempo -continuó-. Necesito que estén preparados y que sepan a quiénes enviaré para enfrentar esta criatura.

El rey Gimson escuchó con atención, asintiendo lentamente mientras procesaba la magnitud de la amenaza.

-Gracias por avisar -dijo finalmente-. He estado ocupado últimamente, pero ahora puedo concentrarme en el reino. Conozco esta entidad y su historia. Será tiempo de actuar, y veo que ya hay un equipo formado para enfrentarla.

Kim respiró hondo, sabiendo que ahora todo dependía de la coordinación del rey y de los guerreros disponibles. La tensión en la sala era palpable, y todos comprendieron que no había tiempo que perder: otra misión comenzaba ahora y lo sabían.

—

El rey Gimson salió de la sala principal, caminando con paso firme hacia la plaza frente al reino. Su presencia imponía respeto; su porte, la seguridad de alguien que había gobernado durante años y había enfrentado amenazas que pocos podían imaginar. Todos los presentes lo vieron y, de inmediato, los que no lo conocían comprendieron quién era: el rey de aquel lugar.

Los grupos se reunieron frente a él. Los chicos del grupo de Suli se adelantaron un poco, mientras Roger, Selindra y Yercal se mantenían discretos a un lado, evaluando la situación. Kim se colocó cerca del rey, explicando nuevamente, aunque con menos detalles, la amenaza que se avecinaba.

—Gracias a todos por estar aquí —dijo Gimson, con voz firme pero serena—. Sé que no todos me conocen, pero quiero que entiendan algo: lo que enfrentaremos no es un enemigo común. El Gran Espectro es una entidad que ha existido durante años y que ahora despertará completamente.

Un murmullo recorrió a los presentes. Algunos intercambiaron miradas nerviosas, otros intentaron procesar la magnitud de lo que el rey decía.

—Los encargados de enfrentarlo —continuó— serán aquellos que ya conocen los peligros de este mundo y que han demostrado fuerza y valor. Eiden, Karl, Liam, Suli… y también Azerion y Lujius. Ustedes serán la primera línea para contener esta amenaza.

El rey hizo una pausa, evaluando a todos los presentes. Su mirada se detuvo un instante en Roger, Selindra y Yercal, sin necesidad de decir palabra alguna. Ellos entendieron: no necesitaban explicar sus motivos, pero tampoco podían quedarse al margen.

—Prepárense —finalizó Gimson—. No habrá tiempo para dudas ni distracciones. La criatura despertará pronto, y todos ustedes deben estar listos.

El silencio se apoderó del lugar por un momento. Luego, cada grupo empezó a intercambiar miradas, a procesar la información, y a comprender que, aunque sus caminos y motivaciones eran diferentes, ahora todos tenían un objetivo común: enfrentar al Gran Espectro y proteger el reino.

—

El rey Gimson miró a todos con calma, como midiendo fuerzas y voluntades. Sus ojos se detuvieron en Liam, que permanecía un poco rezagado detrás de Karl.

—Liam no irá directamente —dijo con firmeza—. Su poder aún no está listo para enfrentarse a esta criatura. Se quedará aquí, y seguirá entrenando hasta que pueda controlar completamente sus habilidades.

Teneb asintió y explicó:

—Rey, continuaré entrenándolo en el Santuario del Tiempo. Esto lo ayudará a mejorar gradualmente, y lo usaré durante estos días para fortalecerlo.

Gimson asintió con satisfacción, comprendiendo la estrategia. Mientras tanto, su mirada se desplazó hacia Roger, Selindra y Yercal, quienes acababan de llegar al reino.

—Bienvenidos a Beinever —dijo—. Pueden quedarse aquí mientras se preparan.

Selindra se arrodilló inmediatamente frente al rey, inclinando la cabeza:

—Señor… él es mi hermano, y también debe participar en esta batalla.

El rey observó a Roger, evaluando su fuerza y actitud. Un silencio pesado llenó la plaza. Finalmente, con un leve gesto de aceptación, dijo:

—Que así sea. Roger, te unirás a esta misión.

Roger levantó una ceja, mostrando su orgullo y un ligero desdén, pero aceptó. No era cuestión de vanidad, sino de demostrar fuerza… aunque sin admitirlo del todo.

Así, Yercal y Selindra se quedarían en el reino con el grupo de Suli y los rebeldes, mientras Teneb se dirigía al Santuario del Tiempo con Liam para continuar su entrenamiento. Los demás se prepararían para enfrentar directamente al Gran Espectro.

Kim y el rey se acercaron a los combatientes reunidos y les desearon suerte, con un aire de solemnidad que no admitía dudas. Antes de partir, Gimson les pidió que lo acompañaran dentro del reino un momento. Allí, les entregaron un traje especial idéntico al que llevaban Eiden, Karl y Suli.

Roger hizo un gesto de desdén:

—¿En serio? Esto es ridículo… Hiban a pelear, no a hacer un desfile de moda.

El rey sonrió con calma, casi divertido:

—No subestimes esto. Este traje tiene varias implementaciones: resistencia mejorada, identificación de miembros del equipo y un sistema de comunicación integrado.

Suli observó con detalle el traje mientras ajustaba su propio uniforme y señaló:

—En la parte superior del codo hay un mini cristal incrustado. Si lo presionas, permite la comunicación con el resto del equipo. Los chicos no se habían dado cuenta hasta ahora.

Roger resopló, cruzando los brazos. Finalmente, lo aceptó, más por obligación que por gusto, aunque no podía negar la utilidad.

Con todo listo, el grupo salió del reino. La tensión era palpable; apenas habían llegado a Beinever y ya debían enfrentarse a esta entidad, un destino que nadie podía evadir. Cada uno respiró hondo, ajustó su postura y, con la mirada firme, se preparó para dirigirse hacia el Gran Espectro.

El viento soplaba con fuerza, como anticipando la inminente confrontación. Todo parecía apresurado, caótico… pero así era el destino de aquellos que debían enfrentarse a la oscuridad.

—

El aire en la entrada del reino se había vuelto más denso.

No por miedo… sino por todo lo que estaba en juego.

Kim avanzó unos pasos hacia el Rey Gimson, mientras el resto del grupo comenzaba a prepararse. El grifo descendió suavemente detrás de él, plegando sus alas con elegancia.

Por un momento, el mago blanco guardó silencio.

Luego habló.

—Antes de irme… hay algo que debo decir.

El rey lo observó con calma, sin interrumpir.

Kim bajó ligeramente la mirada.

—Durante años… pensé que eras un mal rey.

Un leve murmullo recorrió a algunos presentes, pero nadie dijo nada.

—Pensaba que solo hacías lo que querías… que gobernabas sin pensar en los demás.

Pausa.

El viento pasó entre ellos.

—Pero me equivoqué.

Kim alzó la vista.

—Ahora lo entiendo. Todo lo que hiciste… fue para proteger este lugar. A todos.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue sincero.

El rey Gimson respiró hondo, como si esas palabras tuvieran más peso del que aparentaban.

—Y yo… —respondió finalmente— también debo admitir algo.

Todos lo miraron.

—Durante mucho tiempo, goberné pensando solo en mí. En mantener el control… en evitar errores.

Sus ojos recorrieron el reino, su gente… y luego volvieron a Kim.

—Pero con el tiempo entendí que un rey no está solo. Nunca lo está.

Una leve pausa.

—Gracias por venir hoy. Por avisarnos… y por no dar la espalda a este lugar.

Kim asintió, sin decir nada más.

No hacía falta.

Se giró, caminó hasta su grifo y, antes de subir, miró al grupo.

—Yo los guiaré.

Eiden dio un paso al frente, seguido por Karl. Azerion y Lujius intercambiaron una mirada breve. Suli simplemente cruzó los brazos, lista.

Roger soltó una leve risa por lo bajo.

—Perfecto… —murmuró—. Otra criatura que quiere matarnos. Justo lo que necesitábamos.

Kim no respondió. Solo subió al grifo.

—El bosque no está lejos… pero no es un lugar normal. Manténganse atentos.

El grifo extendió sus alas.

Y con un impulso limpio…

Se elevó.

Suli no esperó.

Su cuerpo se inclinó levemente hacia adelante… y en el siguiente instante, despegó del suelo, siguiendo la misma dirección.

—Nos movemos —dijo sin mirar atrás.

Eiden respiró hondo.

—Vamos.

Uno a uno, comenzaron a avanzar.

Algunos corriendo.

Otros elevándose.

Otros… simplemente caminando con determinación.

El grupo, por primera vez, se movía como una sola unidad.

No por confianza.

Sino por necesidad.

Detrás de ellos, el rey observaba en silencio.

Sabía perfectamente lo que significaba esa misión.

No todos volverían siendo los mismos.

El cielo estaba despejado.

Pero a lo lejos… el bosque parecía distinto.

Más oscuro.

Más profundo.

Como si ocultara algo que llevaba demasiado tiempo esperando.

—

…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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