Waifu yandere(Collection) - Capítulo 263
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Capítulo 263: Theresa part 2 Arknights
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Esta se va bastante rápido 7w7
Tiempo, tiempo, tiempo…
¿por qué es justo lo que ya no está?
El rojo lo consumió todo,
mi noble guardián reducido a colmillos y rabia,
a una bestia que ya no recuerda
el juramento que una vez sostuvo.
Pero óyeme, bestia,
no oses aprovecharte de esta dama
que alguna vez llamaste Lady.
Aún con la mente rota,
tu cuerpo permanece,
solo tus ojos han cambiado,
dos abismos donde antes había hogar.
Y aun así…
aun así deseo tu afecto.
Déjame cuidarte,
déjame sostener lo que queda de ti,
no me dejes sola en este mundo
que ya me arrebató demasiado.
Cantaré.
Cantaré hasta que el temblor cese,
hasta que el rojo se vuelva sueño,
hasta que tu respiración vuelva a ser mía.
Oh tiempo,
permítete escuchar una última canción,
una sola vez más,
para mí
y para mi noble bestia.
Si has de llevártelo todo,
déjame al menos
dormirlo en mis brazos.
Theresa~
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Todo era perfecto… al menos en apariencia.
Cada día se volvía más evidente la postura del consejo y cómo Theresis acumulaba influencia, al punto de que Theresa pasaba más tiempo encerrada en sus aposentos que caminando por el palacio. Sin embargo, había un lado positivo: tenía mucho más tiempo con Tn. Ella se permitía holgazanear sin culpa, exigiendo mimos o simplemente durmiendo todo el día, y él no le ponía límites a su complacencia. Al contrario, parecía disfrutarlo.
Después de todo, Tn siempre le llevaba la comida y delegaba buena parte de su propio trabajo en sí mismo, como si el cansancio no fuera un problema real. Con el tiempo, desarrolló la costumbre de escuchar rumores. Las sirvientas murmuraban en los pasillos, bajando la voz cuando él pasaba. El reino parecía acercarse a una crisis, y no ayudaba que Theresis, empeñado en unificar a los Sarkaz mediante una dictadura militar para asegurar la supervivencia de la nación, presionara cada vez más al “consejo” para tomar esa dirección.
Tn se detuvo en uno de los pasillos.
En su mano derecha sostenía una gran bandeja con la comida de su lady. Entrecerró los ojos y activó Tiempo Eterno durante apenas dos milésimas de segundo. En un parpadeo, su conciencia atravesó todo el lugar. Siempre se aseguraba de cuidar a su lady. Aquella habilidad no solo le permitía manipular su propio tiempo —velocidad, proximidad, reacción—, sino que lo envolvía en un escudo impenetrable de números imaginarios: el tiempo mismo. Podía ser la espada más temible… pero ahora no buscaba matar.
Ahora escuchaba.
Buscaba lo que no debía estar fuera de lugar.
Cuando los segundos volvieron a fluir con normalidad, Tn continuó su camino. Se detuvo frente a la puerta, acomodó la bandeja y tocó con los nudillos.
—¿Lady Theresa? —dijo con voz calmada—. Soy yo.
Hubo un leve movimiento del otro lado, el roce de telas.
—…Adelante —murmuró ella, con la voz aún adormilada.
Tn abrió la puerta con cuidado. Al entrar, el calor de la habitación contrastó con los pasillos fríos del palacio. Theresa estaba recostada en la cama, cubierta a medias por las mantas, el cabello suelto y el rostro cansado. Apenas vestida, se acomodó un poco más al notar su presencia.
—¿Ya es hora de comer…? —preguntó, frotándose uno de los ojos.
Tn se sonrojó ligeramente y apartó la mirada por pura costumbre.
—Sí, mi lady. Intenté no despertarla, pero… —avanzó y dejó la bandeja sobre la mesa cercana— no había forma elegante de hacerlo.
Theresa sonrió con pereza.
—Siempre tan considerado —dijo—. Ven, siéntate. No quiero comer sola.
Él obedeció sin dudar, acercando una silla a la cama. Mientras destapaba los platos, ella lo observó en silencio durante unos segundos.
—Te ves tenso —comentó al final—. ¿Pasó algo?
Tn hizo una breve pausa.
—Hay rumores —respondió con cuidado—. El consejo está inquieto. Y Theresis… no piensa detenerse.
Theresa soltó un suspiro largo, apoyando la cabeza en la almohada.
—Lo sé. Todos quieren que tome una decisión —murmuró—. Que sea más dura. Más… como él.
Sus dedos se cerraron levemente sobre la manta.
—Pero tú estás aquí —añadió, mirándolo—. Eso ayuda más de lo que creen.
Tn bajó la mirada un instante, luego habló con firmeza tranquila.
—Mientras yo esté aquí, nadie le hará daño. Ni el consejo… ni su hermano mi lady.
Ella lo observó, seria ahora, y asintió despacio.
—Entonces quédate —dijo en voz baja—. Quédate un rato más.
Tn empujó la bandeja un poco más cerca de ella.
—No pensaba irme, mi lady.
Y por un momento, pese a los rumores, las conspiraciones y el peso del reino, la habitación volvió a sentirse en calma.
.
.
(SUCULENCIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA)
Tn la observó comer con calma.
Poco a poco, Theresa degustó todo lo que él le había traído, saboreando cada bocado como si el mundo exterior no existiera. Al terminar, dejó los cubiertos a un lado y levantó la mirada.
—Tn… —lo llamó en voz baja.
Él se acercó de inmediato, obediente.
Theresa posó sus manos sobre el rostro del joven guardián, con una suavidad que contrastaba con el peso que llevaba en los hombros. Antes de que pudiera reaccionar, depositó un beso tierno en sus labios. Fue breve, casi inocente… pero suficiente para hacerle contener el aliento.
—Quédate —susurró—. Duerme conmigo esta noche. Concedeme el deseo que ahora quiero,
Tn tragó saliva.
—Mi lady… debo permanecer alerta. Si algo ocurriera—
—No —lo interrumpió ella, con una leve sonrisa cansada—. Esta vez no te lo pido como mujer… es una orden.
Él dudó solo un segundo.
—…Como ordene….my lady.
-Pero antes que nada….Tn.
-¿Hay alguien en esta habitación?-, preguntó Theresa con un susurro. Tn cerró los ojos y frunció el ceño. Esto estaba a punto de suceder. Estaba a punto de apartarse, pero el fuerte agarre de Theresa en su muñeca lo hizo detenerse y mirarla.
-Se que lo que te eh pedido, no es lo correcto, Tn. Sí, soy tu lady y sí, sé que si se supiera lo que vamos a hacer, perderías tu cargo y yo el mio, por eso nada de esto saldrá de esta habitación. Ahora te lo vuelvo a preguntar, ¿hay alguien en esta habitación? Theresa vio cómo sus ojos se oscurecían; su ojo descolorido parecía casi tan oscuro como el otro en ese momento, y eso hizo que Theresa volviera a sonreír con suficiencia y algo de emocion. Estaba ganando esta pequeña batalla y sin duda conseguiría lo que quería.
-No…my lady-, dijo haciendo que Theresa levantara una ceja en señal de interrogación.
-¿No?-
Una proyección de su ser rápidamente barrio la habitación.
-No, no hay nadie en esta habitación.- La emoción recorrió a Theresa, sintiendo un escalofrío en la espalda. Esa era toda la respuesta que necesitaba. Extendió la mano para agarrarlo de su vestimenta, atrayéndolo con fuerza hacia ella y apretando sus labios contra los de él nuevamente. El repentino movimiento hizo que Tn abriera la boca con un jadeo y Theresa se adentró de inmediato, rozando suavemente la lengua contra la suya, haciéndola gemir por lo bajo.
Ella se inclinó aún más sobre el, con la mano derecha, la que no sujetaba su vestimenta, entrelazándose con su cabello sorprendentemente suave y tonificado. Él gruñó suavemente cuando ella tiró de los mechones antes de apoyar la rodilla en la propia cama y la mano izquierda en su hombro para usarlo como palanca y levantarse y subirse completamente.
Su nuevo nivel de cercanía obligó a Tn a apartarse ligeramente a medida que su beso se intensificaba; su tímida apreciación se convirtió rápidamente en pasión ardiente. Theresa sonrió para sus adentros al sentir su mano deslizarse entre sus mechones blanquecinos mientras la acercaba más, obligándola a cruzar hacia él mientras él se retiraba a su posición.
Su respiración se aceleró cuando Tn se apartó y se sentó en su lugar. Theresa no tardó en seguirlo y, al sentarse a horcajadas sobre él, sintió su excitación rozar su muslo. Gimió suavemente y se restregó contra él. Él la sujetó con firmeza por las caderas, ayudándola a moverse contra él. Theresa dejó que él controlara sus caderas mientras le aflojaba la parte superior de su vestimenta y comenzaba a desabrocharle la camisa. Se inclinó para besar y mordisquear cada centímetro de piel que quedaba al descubierto, bajando lentamente hasta llegar al último botón. Deslizó la suave tela por sus hombros y brazos. Él se la quitó y se quitó la ropa por completo.
Theresa bebió con entusiasmo la vista de él desnudo de la cintura para arriba. Había pensado que sus ajustadas camisas de vestir ocultaban poco en términos de lo bien formado que estaba, pero estaba equivocada, ocultaban mucho y no podía creer lo sexy que era. A Theresa no le gustaban los hombres extremadamente musculosos, los prefería con solo una cantidad pequeña de músculo y de alguna manera Tn era una combinación de ambos, y él lo sacudía. Claramente se ejercitaba y se le hizo agua la boca mientras continuaba mirando su piel suave y tonificada. Tenía una cantidad mínima de imperfecciones en el pecho y una pequeña cicatriz en el lado derecho, su estómago estaba apretado y Theresa ansiaba pasar la lengua por los músculos rígidos. Su pecho subía y bajaba a un ritmo ligeramente más rápido cuanto más lo miraba y una pequeña risa escapó de su boca, casi sonando avergonzada.
-¿Le gusta lo que ves?-, preguntó con inseguridad. Theresa se dio cuenta de que había dejado de mover las caderas y sacudió la cabeza para reaccionar.
-Joder, sí que lo hago.- Gruñó, besándolo de nuevo sin pensarlo dos veces. Sus caderas volvieron a moverse contra él, esta vez más rápido, a medida que su excitación se intensificaba. Theresa se agarró el dobladillo de la camisa y se la quitó antes de quitarse rápidamente el sujetador, liberando sus pechos, lo que inmediatamente llamó la atención de Tn.
Apartó las manos de sus caderas y las deslizó por sus costados, provocando que se le pusiera la piel de gallina y que sus pezones se endurecieran con el aire fresco que los acariciaba. El hombre emitió un murmullo de aprobación al levantarle ligeramente los pechos, acariciándolos con las manos, haciéndole echar la cabeza hacia atrás. Un gemido lascivo escapó de su boca ante la atención que él le dedicaba a sus hipersensibles pezones, que se endurecían aún más. De repente, uno de ellos fue envuelto por un calor delicioso, obligándola a bajar la mirada. Él chupó y lamió sin parar, observándola con ojos llenos de lujuria.
-Ahhhhh~ dios, qué bien se siente-, gimió, pasando la mano por su cabello de nuevo, atrayéndolo increíblemente cerca. Theresa chilló de sorpresa al ser alzada y depositada suavemente sobre la cama. Sintió el dedo de Tn deslizarse bajo la cinturilla de su toga mientras la quitaba junto con su ropa interior de un tirón. Theresa ya no sentía vergüenza ni timidez por estar desnuda delante de nadie. Simplemente no le importaba. Todo lo contrario, la mirada hambrienta en los ojos de Tn solo avivaba su excitación, llevándola a niveles casi insoportables. El dolor entre sus piernas se estaba volviendo incómodo; necesitaba que la tocara, necesitaba sentir la liberación que tanto ansiaba.
Theresa estaba a punto de expresar su deseo cuando descubrió que sus piernas estaban abiertas de par en par mientras él se arrodillaba entre ellas. Apenas tuvo tiempo de respirar cuando su lengua se deslizó contra su entrada. Un gemido ahogado se le escapó de la garganta cuando él avanzó más para rodear su clítoris con la lengua antes de succionarlo con fuerza. Arqueó la espalda sobre la madera pulida que había debajo mientras él continuaba usando su lengua en su punto más sensible. Sintió uno de sus dedos tanteándola y movió las caderas aún más hacia adelante, deseando con todas sus fuerzas que ese dedo se deslizara hasta su interior. Sintió que sus labios se curvaban en una sonrisa burlona mientras continuaba el asalto con la lengua.
Lentamente, su dedo penetró su calor, provocando otra serie de gemidos y maldiciones. Mientras él comenzaba a mover el dedo dentro y fuera de ella, su lengua azotando su manojo de nervios, todo el cuerpo de Theresa comenzaba a tensarse con el orgasmo que se acercaba rápidamente.
-Ahhh Ahhhh T-t-t-t-tn…- Jadeó, arqueando la espalda mientras él metía un segundo dedo. Dios, ¿cómo era tan bueno en esto?… Oh, espera, claro que tenía experiencia, es un hombre hecho y derecho el era simplemente el indicado para ella, su noble guardian. Estaba tan cerca, tan cerca. Tn lo sabía y, con pericia, curvó los dedos en la posición perfecta para rozar ese punto dentro de ella que sin duda la haría correrse. Mientras lo hacía, simultáneamente succionó con fuerza su clítoris. Sintió que todo su cuerpo se ponía rígido y con la mano libre le tapó la boca para que el grito que estaba a punto de salir no alertara a su asistente.
Un blanco estalló tras los ojos de Theresa cuando el orgasmo la atravesó, provocando un hormigueo en todo su cuerpo. Notó a medias la mano que le había tapado la boca y se alegró de que estuviera allí. Nunca había tenido un orgasmo tan intenso. Tn apartó los dedos de su aún temblorosa entrada y comenzó a mordisquear y besar su cuerpo.
-¿Que lo pases bien?-, susurró, besándole el cuello y tomando el lóbulo de su oreja con la boca. Un pequeño gemido se le escapó de los labios mientras su pecho aún se agitaba por la respiración agitada. Un entrecortado -wow- fue todo lo que pudo emitir. Sus piernas colgaban descuidadamente del escritorio; se sentía desmadejada. Oyó una risita antes de que él volviera a hablarle al oído.
-¿Quiere que prosiga,my lad- *cofff* Theresa?-, preguntó cambiando su tono al ver su mirada,era obvio que no quería ser llamada por sufijos ahora. Theresa asintió. La agarró de los brazos y la jaló hacia sí. -No se desmaye, Theresa, aún no he terminado-. Theresa abrió los ojos de golpe y esbozó una sonrisa burlona al mirarlo.
—¿En serio? ¿Me va a castigar por ser una mala gobernante en mis labores~? —preguntó abriendo más los ojos para parecer inocente.
-¡Maldita sea!-, gimió Tn. Theresa estaba sonrojada por su reciente eyaculación y sus grandes ojos brillantes parecían inocentes, pero Tn sabía que ella era todo menos inocente. Su pene se tensaba dolorosamente contra sus pantalones y estaba deseando liberarlo y enterrarlo profundamente en esta mujer. ¿Cómo podía ser tan tentadora?
Theresa sintió que la agarraba por las caderas y sonrió satisfecha ante la mirada oscura y posesiva de él. La levantó de la cama sin esfuerzo y ella rodeó su cintura con las piernas y su cuello con los brazos. Él se giró, y Theresa jadeó al sentir la fría pared rozando su espalda caliente. Lo agarró con más fuerza al sentir sus manos desaparecer de sus caderas, solo para desabrocharle los pantalones y bajárselos hasta los tobillos. Él los apartó de una patada y rápidamente se puso en posición, deslizándolo por su miembro palpitante.
La respiración de Theresa se entrecortó al sentir la punta presionando contra su entrada. Lentamente, él se abrió paso y su cuerpo lo recibió con facilidad. Tn apretó los dientes al ver la expresión de pura felicidad que se apoderó del rostro de Theresa. Cerró los ojos y su rostro se contrajo en la expresión más placentera. Le costaba no penetrarla de inmediato; estaba apretada y no quería lastimarla…
—¡Por Dios, Tn! No soy una muñeca de porcelana, llévame contra la pared de una vez —gruñó casi con una mirada feroz y determinada. Tn respondió con su propio gruñido.
-Como desee, lady Theresa-, y esa fue la única advertencia que recibió Theresa antes de que él empujara bruscamente hacia adelante, enterrando su polla tan profundamente dentro de ella que sintió el dolor sordo de él golpeando la punta de ella y joder, se sintió bien.
-¡Ahhhhh Joder… sí!- Gritó casi demasiado fuerte y Tn la miró con advertencia. Ella asintió, recordando que debía intentar callarse. Tn solo tardó un segundo en imponer un ritmo castigador. Theresa nunca había sentido tantas sensaciones deliciosas, ni la habían follado contra una pared. Hacía un calor infernal y sabía que no sería la última vez que el la tomara contra la pared si ella tenía algo que decir. Sus respiraciones volvieron a acelerarse, sus pechos rozándose con cada exhalación mientras Tn embestía su centro, que se tensaba rápidamente. Ella ya estaba cerca de nuevo y, por la forma en que sus músculos internos lo apretaban con tanta fuerza, supo que la seguiría pronto.
Theresa agarró un puñado del cabello de Tn y le levantó la cabeza para besarla con otro beso intenso. Aún sentía un ligero sabor a sí misma en su lengua, pero eso no la incomodó. Sus lenguas se rozaron y, sin previo aviso, Tn presionó su pulgar sobre su clítoris una vez antes de comenzar a frotarlo con rápidos movimientos circulares. Ella se apartó un poco del beso, apretándose con una fuerza imposible a su alrededor mientras se corría con un grito. Tn se tragó sus gemidos y gemidos con otro beso mientras ella aguantaba su orgasmo. Él se apartó y hundió la cara en su cuello, embistiendo una, dos y tres veces más antes de alcanzar su propia eyaculación con un gruñido.
Theresa se encontró siendo abrazada con fuerza antes de que cambiaran de posición. Tn, con la espalda contra la pared, se deslizó lentamente hasta el suelo, arrastrando a Theresa con él, de modo que quedó sentada en su regazo, frente a él, aún unidos. Theresa podía sentir las sacudidas que los recorrían mientras intentaban controlar su respiración y sus erráticos latidos.
Pero ella queria mas.
Mas., mas , mas , mas ,mas, mas, mas, mas, mas, mas, mas, mas , mas , mas , mas , mas, mas, mas, mas, mas.
Theresa se estaba volviendo loca. Echó la cabeza hacia atrás, su trenza se deshizo mientras gemía incoherentemente. -¡Ahhh ahhhh Tnnnnnn! ¡Tu polla es divina! ¡No puedo parar de tener orgasmos! ahhh ahhhhh ahhhhh¡Dejo de temblar! ¡Esta polla es la más valiosa! ¡La mejor! ¡No puedo! ¡NO PUEDO! ¡NO PUEDO PARAR DE CORRIRME!- Su cuerpo se estremecía a medida que el placer crecía, sus paredes apretándose contra el como un torno. Podía sentirla a punto de perder el control, sus movimientos se volvían espasmódicos y descoordinados a medida que se acercaba al límite.
Ella saludó. Se le quebró la voz. Y pronto, todo su cuerpo se convulsionó en un orgasmo mudo, su trasero se apretó a su alrededor con tanta fuerza que casi dolió.
Pero aún no había terminado. En cuanto se calmó, se levanto y la subio con ella. Fue una postura de perrito descuidada y desordenada. Tenía la cabeza gacha y no podía sostenerse por sí sola.
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Ella le necesitaba. A el, que la estaba cogiendo en esa posición. A el, que la estaba dominando.
Francamente, ¿no? No quería estar sola.
-¡FOLLAME AAAAAhhhhhhhh ahhhhh Ahhhhh ahhhhh! ¡FOLLAME AAAAAhhhhhhhh ahhhhh Ahhhhh ahhhhh más fuerte!-.
¡PLATTTTTTT—! ¡PLATTTTTTT—! ¡PLATTTTTTT—! ¡PLATTTTTTT—! ¡PLATTTTTTT—! ¡PLATTTTTTT—! ¡PLATTTTTTT—!
-¡Si ahhhhIIIIII! ¡FOLLAME AAAAAhhhhhhhh ahhhhh Ahhhhh ahhhhh ASi ahhhh! ¡FOLLAME AAAAAhhhhhhhh ahhhhh Ahhhhh ahhhhh ASi ahhhhIIIIII!- Con la cabeza gacha, los ojos abiertos con cada embestida y sonriendo constantemente, el ritmo de tu follada era casi primitivo ahora. Theresa jadeaba. Le costaba seguir el ritmo. -¡Ahhhh ahhhh ahhhhh, QUIERO, QUIERO! ¡LO QUE QUERÍA! ¡QUIERO NOOOO AHHHHH PERDER!-.
Su coño goteaba sobre la cama, sus jugos se mezclaban con la sabana mientras la penetraba por el tracero. Su unión era obscena, pero a ninguno le importó. La espalda de Theresa se arqueó al sentir otro orgasmo, este aún más intenso que el anterior.
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Tn pasó lo mismo. Cuando tuvo un orgasmo, cuando gritó y extendió la mano para agarrar el trasero, se hundo hasta el fondo, liberándose de ella con una fuerza que le hizo temblar. Su semen llenó su trasero por completo, el líquido cálido se derramó alrededor de su pene y sus labios vaginales. A Theresa se le doblaron las rodillas y cayó hacia adelante. Se acosto con ella, encorvadose sobre ella.
Theresa le devolvió la mirada con los ojos entrecerrados. -E-esa fue… ahhh~ increible…-.
Pero mientras hablaba, podía sentir que su cuerpo se endurecía de nuevo. Sus ojos se abrieron ligeramente antes de que una sonrisa maliciosa se extendiera por sus labios.
—Eres realmente especial. —Temblaba. Estaba a punto de alcanzar su límite de resistencia—. No subestimes a una dama enamorada~.
-Oh oh……….
(FIN DE SUCULENCIAAAAAAAAAAAAA)
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Aquella noche durmieron juntos, cuerpo con cuerpo al principio en un frenesi de depravacion por parte de la mujer que en algun punto tomo las riendas y cabalgo empalandose asi misma sin piedad, pero con el corazón acelerado de ambos marcando el mismo ritmo. Ninguno descansó del todo.
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Pudieron ser horas o casi toda la ncohe hasta que agotados.
Durmieron.
Cuando Tn abrió los ojos, lo primero que vio no fue el techo de los aposentos.
Fue el acero.
Caballeros rodeaban la cama, lanzas apuntando sin titubeos. Theresa se incorporó de golpe, y antes de que pudiera hablar, la puerta se abrió con violencia.
Theresis entró.
—Vaya. El honor de Theresa ha sido mancillado —declaró con voz fría—. Compartir el lecho con un plebeyo… la vuelve indigna de gobernar.
Tal soberbia parecia haber sido planeada con tiempo de sobra.
El gruñido de Tn fue inmediato. Saltó de la cama, desenvainando su espada en un solo movimiento, todavía vestido apenas con unos pantalones cortos. Se lanzó hacia Theresis sin dudar.
CLANG.
Theresis abrió los ojos con sorpresa al bloquear el ataque apenas a tiempo. El choque de espadas resonó por toda la habitación.
—¡Tn, detente! —gritó Theresa.
Lanzas se clavaron en el suelo alrededor del joven guardián, cercándolo. Tn gruñía, empujando con todas sus fuerzas restantes, su espada presionando contra la de Theresis. El hombre, lejos de retroceder, respondió con igual intensidad.
—Tch.Eres rápido… para ser basura —murmuró Theresis.
—Un paso más… —espetó Tn entre dientes— y te atravieso..desgraciado.
Nadie se atrevia a entrar en los aposentos de su dama y salia impune luego de verla de tal forma.
Theresa se levantó de la cama apenas envolvindo las mantas sobre ella, ignorando el caos, su voz firme pese al temblor.
—¡Tn! Baja tu arma. Ahora.
En un parpadeo, Tn desapareció de frente a Theresis y apareció al lado de ella, interponiéndose con su espada levantada, protegiéndola con el cuerpo.
—No permitiré que la toquen —dijo con frialdad absoluta.
Theresis los observó unos segundos… y luego sonrió. Apenas. Lo justo para helar la sangre.
—Mi hermana será juzgada ante el consejo —anunció—. Por compartir lecho con un inmundo plebeyo.
Theresa apretó los puños.
—No tienes autoridad—
—La tengo —la interrumpió él—. Y ustedes dos vendrán conmigo.
Giró el rostro hacia los soldados.
—Escolten a Theresa y a su “noble guardián” a la sala del trono.
Las lanzas se alzaron de inmediato. Tn tensó el cuerpo, listo para matar si era necesario, pero Theresa apoyó una mano en su brazo.
—No aquí —susurró—. Confía en mí.
Él cerró los ojos un instante… y bajó la espada.
Mientras eran escoltados fuera de los aposentos, Theresis los observaba desde atrás, con aquella leve sonrisa que no prometía justicia… sino guerra.
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Estando de frente ante los consejeros, a Theresis se le permitió vestirse de forma apropiada, portando sus ropajes oscuros y la corona negra que simbolizaba su autoridad. Tn, en cambio, permanecía rodeado por varios sentinelas, cada arma alzada y apuntando directamente hacia él. No se movía, pero su sola presencia hacía que el aire se sintiera pesado.
Theresa dio un paso al frente.
—Exijo una explicación —dijo con voz firme—. Esto es una farsa.
Fue entonces cuando notó lo impensable.
Theresis ya estaba sentado en el trono.
Un murmullo recorrió la sala. Los consejeros intercambiaron miradas antes de que uno de ellos hablara.
—Su actitud es inaceptable, Majestad —dijo con frialdad—. Ha demostrado debilidad. Incapacidad para proteger a la nación Sarkaz.
—¿Debilidad? —replicó Theresa—. He evitado guerras innecesarias. He protegido a nuestro pueblo.
—Y aun así —intervino otro consejero—, ha deshonrado el trono al tomar como amante a un plebeyo de origen desconocido.
Los ojos de Theresa se endurecieron.
Lo entendió en ese instante.
No era un juicio.
Era una excusa.
Soltó una risa hueca, casi cansada, que resonó más fuerte que cualquier grito.
—Ya veo… —murmuró.
Guardó silencio unos segundos, y luego alzó la mirada hacia su hermano.
—Dime entonces, Theresis —preguntó con calma inquietante—. ¿Qué será de nosotros?
Theresis entrelazó los dedos, apoyando los codos en el trono.
—El consejo ha decidido —anunció—. Tú… y tu guardián… serán desterrados.
El cuerpo de Tn se tensó al instante. Su aura se agitó como una tormenta contenida. Dio medio paso al frente, sus ojos fijos en Theresis.
Un salto… un solo movimiento… y todo terminaría.
Pero antes de que pudiera moverse, un brazo se interpuso.
—No —dijo Theresa en voz baja.
Tn la miró, sorprendido.
—Mi lady… —susurró—. No vale la pena que—
—No vale la pena derramar sangre por esto —lo interrumpió ella, girándose para mirarlo—. No aquí. No por ellos.
Volvió a mirar al consejo.
—Si el destierro es lo que todos desean… entonces nos iremos.
Un silencio incómodo llenó la sala.
Theresa respiró hondo, y luego se volvió hacia Tn, sonriendo con una dulzura que contrastaba con la crueldad del momento.
—Mi noble guardián —dijo suavemente—. Eres libre de seguirme… o de alejarte.
Tn no dudó ni un segundo.
—Mi lugar siempre ha sido a su lado.
Sin mirar atrás, ambos dieron media vuelta y abandonaron la sala del trono. Nadie los detuvo. Nadie se atrevió.
Así, la reina legítima de Kazdel fue desterrada…
sola, junto a su noble guardián.
Lejos del palacio, lejos del trono, comenzaron a vagar.
Tras su salida de Kazdel, debido al conflicto con su hermano Theresis, Theresa y Tn recorrieron tierras olvidadas, ayudando a infectados rechazados por la sociedad, protegiendo pequeños pueblos que nadie más defendía.
—Nunca pensé que terminaríamos así —admitió Theresa una noche, sentada junto a una fogata.
Tn le tendió un cuenco de comida.
—Lamento que por mi culpa haya perdido todo my lady… —respondió—, pero aún tiene conviccion y aprecio de las personas aunque sea poca.
Ella sonrió, cansada pero sincera.
—Y te tengo a ti.
Tn bajó la mirada, un poco avergonzado.
—Siempre my lady.
Y aunque ya no había trono, ni corona, ni palacio…
por primera vez en mucho tiempo, Theresa sintió que gobernaba algo real.
Esperanza.
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Se que dije que actualizará hasta llegar a capella pero sobreestime la lluvia de ideas que se me arrojaron con arknights dios……..tuve que volver a repasar el lore de paradise lost para saber que chingados les hice a estos tn.
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