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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 265

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Capítulo 265: Mon3tr part 3 Arknights

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________________________________________________________________________

Los días posteriores fueron… incómodos para Mon3tr.

No insoportables.

No desagradables.

Solo… incómodos.

Principalmente porque siempre tenía a Tn enroscado en ella.

A veces en su forma de anguila, fría y húmeda al tacto, rodeándole el abdomen o el brazo como si fuera lo más natural del mundo.

Otras, en su forma humana, pegado a ella sin ningún pudor, buscándola como si su cuerpo fuera un punto fijo en el mundo.

El chico era… empalagoso.

Mucho más de lo que ella hubiera esperado.

Y aunque no podía decir que le molestara de verdad, sí se sentía profundamente avergonzada ante la idea de que alguien los viera así.

Por eso pasaba la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación…

O en el ala médica, bajo la supervisión constante de Kal’tsit.

Ahí, al menos, había una excusa.

Kal’tsit revisaba a Tn con profesionalidad clínica, mientras Mon3tr permanecía sentada en la camilla, rígida, con los brazos cruzados…

Y con Tn abrazado a ella, su rostro hundido en el hueco de su cuello.

—Tn… —gruñó Mon3tr entre dientes—. Estás demasiado cerca.

—Tengo frío… —murmuró él, sin moverse ni un centímetro.

Kal’tsit no levantó la vista de la tableta.

—No exagera —comentó—. Lo que he descubierto es bastante claro.

Mon3tr alzó una ceja.

—Explíquese, doctora.

Kal’tsit finalmente los miró, deteniéndose un segundo más de lo necesario en la forma en que Tn estaba prácticamente pegado a ella.

—Tn parece tener una fisiología de sangre fría extremadamente sensible —dijo—. No es solo incomodidad. Le duele tener frío.

Incluso a temperatura ambiente, su cuerpo interpreta el entorno como hostil.

La temperatura ambiente considerada confortable para la mayoría de las personas suele situarse en un rango de 20 °C a 25 °C (68 °F – 77 °F). Este rango es el estándar para interiores, ofreciendo un equilibrio agradable sin sensación de frío o calor extremos, aunque la comodidad personal puede variar ligeramente.

El problema era que incluso asi Tn.

Parecía sufrir casi de un ataque de hipotermia.

Tn se removió un poco, soltando un leve jadeo, aferrándose más a Mon3tr.

Ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando él apoyó la frente en su cuello.

—Ahh~ No… no hagas eso —murmuró ella, tensa—. Kal’tsit está mirando.

—No me importa —respondió él con voz apagada—. Tú estás caliente. Yo estoy caliente.

Sus manos empezaron a subir un poco antes de que ella les diera un manotazo para bajarlas.

Kal’tsit carraspeó.

—Para ser precisos —continuó—, Mon3tr desprende un aura térmica estable, constante y segura.

Para Tn, usted no es solo una fuente de calor… es la mejor opción disponible. Y debido al incidente que hicieron…..Dudo que alguien le quiera ayudar.

Mon3tr chasqueó la lengua.

—Eso suena peligrosamente cercano a una dependencia.

—Lo es —admitió Kal’tsit sin rodeos—. Pero no psicológica. Biológica.

Tn levantó un poco la cabeza y miró a Mon3tr.

—No es que te use… —dijo, casi disculpándose—. Es solo que… contigo me siento bien.

Ella se quedó en silencio.

Su expresión se suavizó apenas.

—…Idiota —murmuró, aunque no lo apartó.

Kal’tsit anotó algo en la tableta.

—También explica su tendencia a adoptar formas más flexibles, como la de anguila —añadió—. En esas formas conserva mejor el calor y reduce el dolor.

Mon3tr suspiró, resignada.

—Entonces… ¿qué se supone que haga? ¿Ponerlo cerca de un calefactor todo el día?

Kal’tsit la miró con su habitual frialdad… y una pizca de ironía.

—Puede intentarlo. Pero dudo que funcione.

Tn se acomodó aún más, rodeándole el cuello con los brazos, sin darse cuenta del efecto que causaba.

—No es lo mismo —murmuró—. Los calefactores no huelen a ti.

Mon3tr se tensó por completo.

—¡NO DIGAS ESO! —gruñó, sintiendo cómo su cara se calentaba—.

Kal’tsit cerró la tableta.

—Conclusión provisional: mientras no haya riesgo para ambos, no interferiré —dijo—.

Pero Mon3tr… controle la situación.

No estamos en un nido, estamos en Rhode Island.

Ella gruñó en respuesta.

—Créame, doctora… lo estoy intentando.

Kal’tsit salió del ala médica, dejándolos solos.

Mon3tr miró a Tn de reojo.

—Esto no significa que puedas pegarte a mí todo el tiempo.

—…¿Puedo pegarme la mayor parte del tiempo?

Ella dudó.

Luego resopló.

—Te daré un margen limitado.

Tn sonrió, cerrando los ojos, satisfecho.

—Me conformo.

Mon3tr apoyó la espalda contra la camilla, aún avergonzada…

Pero sin apartarlo.

Mon3tr se levantó de la camilla con un solo movimiento.

Era… sorprendente.

Su fuerza era brutal, pero Tn apenas pesaba en sus brazos, colgando de ella como si no fuera más que un abrigo mal puesto. Él no protestó; simplemente se acomodó, rodeándole el cuello con los brazos, la cola —todavía parcialmente cristalina— balanceándose con pereza.

—No te cuelgues así… —gruñó ella, comenzando a caminar por los pasillos en dirección a su habitación asignada.

—Estoy cómodo —murmuró Tn, apoyando la mejilla en su hombro.

Mon3tr bufó, pero no lo soltó.

Al llegar a su cuarto, la puerta se cerró tras ellos con un suave siseo hidráulico.

Y entonces ella lo vio.

Las marcas seguían ahí.

Arañazos profundos en las paredes, abolladuras en el metal reforzado, una esquina del armario hundida como si hubiera recibido un impacto directo.

El ojo de Mon3tr tembló, y sus mejillas se encendieron de inmediato.

Al menos no habia sustancia blanca ni cristalina en el suelo.

—…Genial —murmuró—. Perfecto.

Los técnicos tendrían trabajo.

Mucho trabajo.

Suspiró, girándose para dejar caer a Tn sobre la cama, pero él no se despegó.

—Tn —advirtió—. Suelta.

—No… —respondió él, aferrándose un poco más—. Está frío aquí.

—Necesito ducharme —gruñó—. Déjame al menos eso.

Hubo un silencio.

-…..Te dare calor si lo haces.

Luego, con evidente desgana, Tn se dejó caer sobre la cama y se enrolló en las mantas con lo unico de fuera siendo la cabeza.

—No tardes —murmuró desde dentro de ellas.

Mon3tr negó con la cabeza y se dirigió a la ducha.

El agua caliente la ayudó a despejarse un poco… aunque no del todo.

Sentia demasiado calor dentro del agua.

El vientre le palpitaba.

Tras cambiarse, decidió salir un momento a comer algo. Estaba nerviosa.

Demasiado.

Por eso terminó frente a Kal’tsit otra vez.

—En teoría —dijo Mon3tr, cruzándose de brazos—, ¿no podría arreglarse el problema de… ya sabe… las neuronas?. Para evitar que vuelva a tener el juicio nublado y actúe de forma… reproductiva.

Kal’tsit la miró por encima de la tableta.

Y, para horror de Mon3tr, sonrió levemente.

—uwu No te preocupe s—respondió con calma—. Aun así, dudo mucho que usted y Tn puedan tener descendencia. Aunque por como lo hicieron y pareces estar, vaya que lo intentan.

—¡NO JUEGUE CON ESO! —le gritó Mon3tr—. ¡Ayúdeme! Me duele el vientre, siento debiles las piernas y no paro de percibir olores y mareos cada momento.

Kal’tsit suspiró, resignada, y abrió un compartimento metálico.

Sacó dos inyectores.

—Inyecciones hormonales reguladoras —explicó—. Bloquean respuestas reproductivas, estabilizan impulsos y reducen reacciones extremas.

Con esto, ambos estarán bien. Estas incluyen inyecciones anticonceptivas mensuales o trimestrales (progestina/estrógeno), antagonistas de GnRH (como Orgalutran) para evitar la ovulación y bloqueadores .puberales

.Con eso ya no copularan como animales

Mon3tr desvió la mirada, avergonzada.

—…Ya me disculpé por haberla golpeado.

—Lo sé —respondió Kal’tsit—. Y no volvió a ocurrir. Eso es lo importante.

Le entregó los inyectores.

—Úselos según las indicaciones. Esto no es un gran problema. Es prevención entiendes.

Mon3tr asintió y regresó a su habitación.

Al abrir la puerta, lo primero que vio fue la cama.

Las mantas temblaban.

—¿Tn…?

Se acercó. Él estaba completamente cubierto, hecho un ovillo, su respiración irregular.

—Tengo frío… —murmuró, casi inaudible.

Mon3tr frunció el ceño.

Había subido la temperatura de la habitación. Bastante.

—No debería ser posible…

Se sentó al borde de la cama, dudando un segundo… y luego levantó un poco las mantas.

Tn temblaba.

—Oye —dijo más bajo—. Estoy aquí.

Él asomó el rostro, pálido, los ojos brillando débilmente.

—Duele…

Mon3tr apretó los dientes.

—Tsk… —murmuró—. Idiota ven aqui.

Dejó los inyectores a un lado, se sentó mejor y permitió que él se acercara, apoyando la cabeza en su abdomen.

No lo abrazó del todo.

Pero tampoco lo apartó.

—Solo hasta que deje de temblar —advirtió—. Nada más.

Tn cerró los ojos.

—Gracias…

Mon3tr miró el techo, completamente roja.

—…No te acostumbres.

Pero su mano, casi sin darse cuenta, se quedó apoyada sobre su espalda, firme…

Y cálida.

Mon3tr acarició su cabello un rato más.

Sus dedos, torpes al principio, se movían con una cautela extraña, como si temiera romper algo frágil. Poco a poco el temblor de Tn fue cediendo, su respiración se volvió más regular y ese brillo verdoso que a veces recorría su piel se apagó casi por completo.

—…Mejor —murmuró ella en voz baja.

Suspiró y tomó los inyectores del borde de la mesa.

Primero el suyo.

El pinchazo en el brazo fue rápido, limpio. Apenas frunció el ceño.

Luego se inclinó hacia Tn.

—No te muevas… —susurró, aunque él ya dormía.

Le aplicó la inyección con cuidado. Tn apenas emitió un pequeño sonido, como un quejido inconsciente, y se aferró un poco más a la sábana. Nada más.

—Bien… —dijo ella—. Ya está.

Lo acomodó mejor, ajustando las mantas alrededor de su cuerpo hasta que quedó hecho un ovillo cálido. Después, dudó un segundo… y se recostó a su lado.

Mon3tr quedó mirando el techo.

No tenía sueño.

Nunca lo tenía realmente.

Dormir no le dolía, pero tampoco lo necesitaba como otros. Así que se quedó ahí, inmóvil, escuchando la respiración tranquila de Tn. Él se movió un poco, acercándose más, como si incluso dormido supiera dónde estaba la fuente de calor.

—Te pegas demasiado… —murmuró ella sin convicción.

Tn respondió con un sonido suave, casi contento.

Mon3tr giró el rostro para mirarlo.

Así, dormido, parecía… distinto. Menos extraño. Menos peligroso. Solo alguien buscando algo que no doliera.

—De verdad te duele el frío… —susurró—. Qué cosa tan mal diseñada.

Pensó en ponerle un calentador.

Uno potente. Industrial.

Tal vez dos.

La idea no le molestó tanto como esperaba.

Su mente vagó, inevitablemente, hacia Kal’tsit.

Para la doctora, Mon3tr siempre había sido algo entre aliada, herramienta y… mascota peligrosa. Durante mucho tiempo no fue más que una bestia dracónica de ocho metros, invocada solo para tareas específicas o combate.

Luego vino la forma humana.

Y ahora esto.

Ahora estaba ahí, compartiendo una cama con otra criatura sin definición clara, alguien tan fuera de lugar como ella misma.

—Qué ironía… —murmuró.

Tn se movió otra vez, apoyando la frente contra su costado.

—Caliente… —susurró dormido.

Mon3tr cerró los ojos un instante.

No era amor.

No todavía.

Ni siquiera sabía qué nombre ponerle a eso.

Pero era… reconfortante.

—Supongo que no está tan mal —admitió en voz baja—. No estar sola.

Su mano volvió a apoyarse sobre la cabeza de Tn, quedándose ahí, firme y protectora.

Y por primera vez en mucho tiempo, Mon3tr no se sintió como un arma, ni como un experimento.

Solo como algo extraño…

Acompañando a algo igualmente extraño.

.

.

.

No pasó mucho tiempo antes de que Mon3tr sintiera la cama moverse.

Al principio fue apenas un cambio de peso.

Luego, una presencia.

Abrió los ojos.

Los de Tn brillaban con un verde esmeralda intenso, demasiado vivo para alguien que debería estar dormido. Su respiración era irregular, y el aire a su alrededor parecía cargado, denso, como si el Originium reaccionara a algo que no entendía.

—Tn… —murmuró ella, alerta.

Su corazón comenzó a latir más rápido sin razón aparente.

Él no respondió con palabras.

Se inclinó, torpe pero decidido, y le dio un beso breve, mal calculado, casi instintivo. No fue elegante ni controlado. Fue… primario.

Mon3tr se quedó rígida un segundo.

—Espera—

Pero ya era tarde.

No fue solo contacto.

Fue algo más.

Un tirón, como si algo invisible se hubiera enganchado entre ambos. La habitación se desdibujó, y por un instante Mon3tr vio.

Agua.

Oscuridad.

Un océano muerto, inmóvil, infinito.

Tn nadando solo, sin nombre, sin borde, sin arriba ni abajo.

Luego… ella.

Ella caminando tras Kal’tsit durante años, siempre detrás, siempre observando, protegiendo, sirviendo.

Una bestia invocada.

Un arma obediente.

Soledad reconociendo soledad.

—¿Qué… es esto…? —susurró Mon3tr, la voz temblándole.

No hubo respuesta verbal.

Solo una sensación clara, abrumadora:

No quiero volver a estar solo.

Los inyectores.

Ella los recordó de golpe.

—Ahhhhh~ Se supone que esto debía… —pensó, confundida— apagar todo esto…

Pero no importó.

El vínculo no obedecía hormonas.

No obedecía protocolos médicos.

Era algo más antiguo, más básico.

El instinto primitivo de reproduccion.

.

.

.

.

(SUCULENCIA)

.

.

.

“Calor, necesito Mon3tr”, dijo Tn, prácticamente gimiendo mientras Mon3tr tomaba toda su polla en su boca y chupaba como si no hubiera un mañana o una noche prácticamente.

Eran las dos de la mañana, y los dos Mysteries habían decidido darse el apego que ambos cuerpos querían.

En realidad, fue idea de Mon3tr y desahogarse y solo basto que Tn se le haya subido encima, desde luego, no iba a discutir, sobre todo después de pasar media noche contemplando y deseando el calor que tal acto le provocaba.Mon3tr estaba en ese momento tomando su pene tan adentro de su boca como podía.

Tn estaba en un ángulo casi perfecto de noventa grados, mirando hacia arriba, con los pies como la única parte de su cuerpo que aún lo mantenía en la habitacion que posiblemente sufriria mas destrozos. Mon3tr estaba arrodillada justo encima de él, mirando hacia abajo y tarareando suavemente mientras le hacía a Tn la felación de su vida. Se habían quitado las mantas, pero no estaban preocupados; nadie podía verlos, no ahora mismo.

-Ahhh~ M-m-mon3tr… S-se siente tan calido-, comentó Tn mientras ponía una mano en la nuca de Mon3tr y le pasaba los dedos por su corto cabello.-Esto casi compensa por haberme dejado con frio todo el dia-.

-¿Casi?-, preguntó Mon3tr mientras apartaba la boca de la polla de Tn el tiempo suficiente para sonreírle con suficiencia y luego lamerle la lengua de arriba abajo. -Creo que esto lo compensa con creces. Y no te abandone *Slurrrrpppp* Tenia *Slurrpppp* cosas que hacer. No es mi culpa que no puedas leerme la mente-.

—Estoy Ahhh~ bastante seguro de que tampoco es culpa mía —respondió Tn antes de jadear al sentir que Mon3tr tomaba solo la cabeza de su pene en la boca y luego lo chupaba con fuerza—. ¡Agkggkkg M-mom3tr mas despacio! ¿Intentas arrancarmelo o algo así?

Mon3tr rió un poco, apartándose de nuevo para poder acariciar la polla de Tn de arriba abajo con la mano y luego darle unas lamidas más. -O algo así.Estaba segura que te gustaba que lo hiciera. Debe ser cosa de machos quejarse de algo-.

Tn frunció el ceño levemente su vista se nublaba un poco. -¿Puedes no hablar a-asi -.

—Ay, ¿Prefieres ser tu el dominante~ *apretar* O dejaras que yo me encargue~? —preguntó Mon3tr mientras le daba una lamida rápida a la punta del pene de Tn—. Déjame compensarte por dejarte con frio.

Dicho esto, volvió a rodear con sus labios la carne de Tn y empezó a menear la cabeza, metiéndolo más profundamente en su boca cada vez que lo succionaba hasta que logró meterlo por completo. Tarareó suavemente al sentir que Tn le ponía la mano en la nuca de nuevo, como si la retuviera y la impulsara.

—Ahhh~, sí —dijo Tn mientras cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás—. Eso está mucho mejor.

La única respuesta de Mon3tr fue sonreír alrededor de su pene mientras seguía moviendo la cabeza de un lado a otro, succionándolo cada vez más profundo hasta que sintió que le golpeaba la parte posterior de la boca y se adentraba en su garganta. Por suerte, ya lo habían hecho muchas veces el dia anterior, así que no solo se estaba acostumbrada a hacerle una garganta profunda a Tn, sino que disfrutaba muchísimo haciéndolo.

Tn, por su parte, estaba prácticamente en el cielo o lo que podria concebir como cielo. Claro, a Mon3tr le gustaba provocarlo y sabía exactamente cómo sacarle de quicio, pero también sabía exactamente cómo obtener el máximo placer posible de su propia boca, y Tn estaba infinitamente agradecido por ello y el calor que ahora alejaba todo el frio que sentia. Cada uno de sus encuentros era casi una competición para ver quién superaba al otro y, aunque Tn odiaba admitirlo, Mon3tr casi siempre era la dominadora. Sabía lo que hacía, eso estaba claro.

“Ella es la indicada, siempre me quedare con ella” , pensó Tn, gimiendo de placer al sentir que Mon3tr empezaba a hacerle una garganta profunda.

No tardó mucho en que Tn acelerara el ritmo, metiendo su pene en la boca de Mon3tr al ritmo de sus mamadas y el balanceo de su cabeza. La chica sintió unas arcadas al principio, aún no acostumbrada al cambio de ritmo, pero se recuperó casi al instante y pronto gemía alrededor del pene de Tn mientras él, literalmente, le penetraba la cara.

-Carajo, eso es, así como así_, gimió Tn mientras inclinaba la cabeza hacia atrás y continuaba follando la cara de Mon3tr, empujando su polla dentro y fuera de su boca mientras ella lo tomaba lo más profundo que podía.

Tn sentía que su clímax se acercaba rápidamente, y no deseaba nada más que explotar en la boca de Mon3tr y mirarla a los ojos mientras ella tragaba una y otra vez su semen. Estaba tan cerca…

Y entonces, de repente, se detuvo.

Tn abrió los ojos de golpe y bajó la mirada mientras Mon3tr se retiraba lenta y provocativamente de su pene, sacándolo de su boca poco a poco hasta que salió por completo. Mientras lo masturbaba lentamente con una mano, Mon3tr no pudo evitar reírse un poco al levantar la vista y ver la expresión de absoluta decepción en su rostro.

-¿Algún problema, Tn~?- preguntó con una sonrisa burlona en su rostro.

—Mon3tr, ¿Por que? —preguntó Tn, casi gimiendo mientras suplicaba ser liberado—. Estuva tan cerca ¿Por qué te detuviste?

—Paré porque estabas muy cerca~ —le dijo Mon3tr, sin dejar de masturbarlo y lamerle la polla de vez en cuando—. Fue idea mía , ¿recuerdas? Quiero tu polla, Tn, pero no solo la quiero en mi boca… ¿me entiendes?. DIje que te haria entrar en calor.

—Ya … .veo —dijo Tn sus ojos brillando un poco mas—. ¿Cómo quieres hacer esto?

Mon3tr no respondió verbalmente, pero en realidad no lo necesitaba. Dándole a Tn una última y larga lamida, se levantó para quedar tan horizontal como él y luego pasó junto a él por el lateral de la cama, contoneando las caderas seductoramente, sabiendo exactamente lo salvaje que volvía a Tn. Ahora, de cara a la pared, con Tn recostado detrás, Mon3tr se detuvo, agarró la parte superior de la mitad inferior de su ropa y lo bajó lo suficiente para exponer su trasero blanco y desnudo. Riéndose un poco para sí misma mientras miraba hacia atrás para ver a Tn mirándola fijamente, Mon3tr se puso a gatas, exponiendo su apretado coño y su trasero.

“¿Y bien?”, preguntó, meneando el trasero y prácticamente retando a Tn a que le embistiera el coño apretado. “¿Qué esperas? ¿Una invitación por escrito?”

Eso fue todo el estímulo que Tn necesitaba. Con la polla ya erecta y expuesta, solo tenía que arrodillarse detrás de Mon3tr para contemplar tan hermosa imagen del coño y el trasero apretado de Mon3tr prácticamente retorciéndose ante su cara. Recorrió con su polla los labios del coño de Mon3tr, sintiendo lo húmeda y necesitada que estaba, antes de finalmente penetrarla y enterrar su carne en su coño de una sola vez.

“¡Uh!”, gimió Mon3tr al sentir a Tn penetrar su coño con toda su fuerza en un solo movimiento. Un instante después, sus manos estaban en sus caderas y la penetraba como si su único propósito en la vida fuera follar a Mon3tr con todas sus fuerzas.

Deberíamos hacer esto más a menudo , pensó Mon3tr mientras echaba la cabeza hacia atrás y gemía al sentir a Tn penetrarla tan profundamente como podía, prácticamente embistiendo su cérvix. ¡Dios mío, estaría dispuesta a quedarme en esta habitación todo el tiempo si eso significara que me follaran así a diario!

Tn, mientras tanto, estaba concentrado en penetrar el coño de Mon3tr con todas sus fuerzas su cuerpo consiguiendo todo el calor que queria. Le encantaba sentir su estrecho coño envolviendo su gruesa polla mientras la penetraba una y otra vez, moviéndose más rápido, más fuerte y más profundo cada vez. Amaba cómo su trasero rebotaba contra sus caderas con cada embestida, cómo se sacudía para recibir más de él cada vez, cómo gemía y jadeaba cada vez que él la penetraba en el punto justo .

Trabajadores y técnicos hacian lo suyo y encendían las luces no muy lejos de su habitacion asignada, pero ni Tn ni Mon3tr lo sabían ni les importaba, demasiado absortos el uno en el otro como para prestar atención a lo que sucedía literalmente a metros de distancia. Tn agarró a Mon3tr por la cintura mientras la penetraba una y otra vez, y Mon3tr corcoveaba y luchaba por penetrarlo lo más profundo posible con cada embestida, gimiendo sin parar.

-Ahh ah ah ah Entonces… ¿te estás sintiendo bien?- preguntó Tn jadeando despues de todo lo principal era hacer que su pareja estuviera comoda, moviendo una de sus manos hacia abajo para poder apretar el culo de Mon3tr mientras empujaba cada vez más fuerte dentro de su coño adolescente.

—¡AHhhhh AHhhhhh Dios, sí! —jadeó Mon3tr, moviendo las caderas y recibiendo cada embestida de Tn. Lo miró mientras él seguía follándola hasta dejarla atontada—. ¿Cuándo demonios ahhhhh ahhhhhh te volviste tan bueno en esto ahhhhhhh?

-Kughhh n-no lo se-, dijo Tn con un suspiro y un encogimiento de hombros seguro.

—Ohhhhhh, que te jodan ahhhhhh —dijo Mon3tr en respuesta, pero sonriendo de todos modos mientras movía las caderas y seguía golpeando su trasero contra las caderas de Tn, rogándole que la follara más—. ¡Mierda! ¡Más fuerte, Tn! ¡Fóllame más fuerte!

-Entiendo-, dijo Tn mientras comenzaba obedientemente a golpear a Mon3tr cada vez más fuerte, acelerando su velocidad con cada embestida en su pequeño y apretado coño.

Aunque Mon3tr no había estado precisamente callada antes, prácticamente gritaba cuando Tn empezó a dársela de verdad . De no ser por su propia fuerza, Mon3tr estaba segura de que se habría desplomado de placer al sentir a Tn penetrar su coño con tanta fuerza y ​​profundidad que parecía que estuviera penetrando su propio útero.

Tn también disfrutaba bastante al sentir el coño de Mon3tr apretarse a su alrededor con cada embestida, como si intentara extraerle todo lo que tenia que ofrecer. Disfrutaba de la sensación del trasero suave y apretado de Mon3tr contra sus caderas y de su coño apretándolo con más fuerza que nunca, prácticamente rogándole que destrozara su cuerpo para siempre. Pero no solo quería destrozarle el coño, se dio cuenta, quería destrozarla por completo …

Mon3tr tenía los ojos cerrados y se permitía concentrarse por completo en el placer de tener a Tn dentro de ella cuando, de repente, sintió que la parte superior de su disfraz se subía sobre su pecho, liberando finalmente sus pechos adolescentes, haciéndolos rebotar salvajemente con cada embestida en su cuerpo núbil. Un momento después, Tn soltó la cintura de Mon3tr y dejó de manosear sus pechos mientras se balanceaban libremente en el aire, liberados por la gravedad.

—Mmm, sí, así —gimió Mon3tr suavemente al sentir a Tn apretarle los pechos y acariciarle los pezones con los dedos—. ¿De verdad te gustan mis tetas?

-¿Son cálidas y suaves?-, dijo Tn, respondiendo a su pregunta con una pregunta propia mientras abusaba de sus hermosos pechos y los usaba como ancla mientras la embestía una y otra vez.

— ahhhh ahhh ahhh Tal vez te deje follarlos después —susurró Mon3tr, sabiendo que eso le haría sentir un escalofrío en la espalda a Tn, lo que hizo.

—Ah ah ah claro—respondió Tn, soltándole finalmente los pechos para poder volver a sujetarla por la cintura.

La única respuesta de Mon3tr fue un gemido fuerte al sentir a Tn penetrarla con fuerza, usando su velocidad y agilidad sobrehumanas para volverla completamente loca. Lloró y gritó al sentir a Tn embestir su trasero con cada embestida, hundiendo su gruesa polla negra en su estrecho coño cada vez más. Mon3tr sabía que no iba a aguantar mucho más a este ritmo.

En efecto, Mon3tr se corrió segundos después, con uno de sus agudos gemidos que se apagó al sentir su coño apretarse con fuerza alrededor de la polla de Tn. Le costó recuperar el aliento mientras sentía una oleada tras otra de placer que la recorría por completo, y su coño disfrutaba especialmente de la sensación de la gruesa polla de Tn hundida en él.

“Oh, sí, joder …”, jadeó Mon3tr al sentir el orgasmo, mejor que cualquier otro que recordara haber tenido en semanas. “Tn, eso estuvo ahhh genial …”

-Gracias…el frio se fue y hueles bastante bien-, respondió Tn en tono amable mientras retiraba lentamente su polla del apretado coño de Mon3tr, sin importar lo apretado que estuviera y lo mucho que ella claramente deseaba que se quedara.

-¿No te corriste?- preguntó, finalmente mirando a su alrededor mientras Tn sacaba su pene de su coño, revelando que aún estaba largo y duro como una roca.

—No, todavía no —respondió Tn con calma, claramente no molesto.

“Está bien”, dijo Mon3tr con una sonrisa mientras se daba la vuelta y se estiraba, aún disfrutando del momento y la calefacción que le acariciaba el trasero firme y los pechos desnudos. -Dame un minuto y luego te cuidaré, ¿de acuerdo?-

“Esta bien”, dijo Tn detrás de ella, con una sonrisa traviesa en el rostro al ver a Mon3tr arquear la espalda frente a él, ofreciéndole sin querer otra vista perfecta y despejada de su apretado coño y su apretado culo. “Creo que ya lo tengo solucionado”.

Mon3tr estaba a punto de preguntarle a Tn de qué hablaba cuando de repente sintió la punta de su polla dura presionando su ano. Con los ojos como platos, estaba a punto de darse la vuelta y gritarle cuando él, de repente, le dio un empujón poderoso, hundiéndole la vara en el culo y dejándola sin aliento. Mon3tr tuvo que agarrarse al lateral del edificio con todas sus fuerzas mientras sentía cómo la gruesa polla de Tn le estiraba el culo hasta hundirlo hasta los huevos.

—¡AHHHHHH DOCTORA ! —chilló Mon3tr cuando Tn tocó fondo en su culo y sintió sus caderas rozar sus nalgas—. ¡Ay! ¡¿Qué demonios, Tn?!

“¿Qué?”, ​​preguntó Tn, genuinamente confundido, mientras apretaba una de las nalgas de Mon3tr y saboreaba la sensación de tener su pene enterrado en su agujero más íntimo. -La ultima vez lo hicimos y parecias feliz-.

—Sí —siseó Mon3tr, todavía con una mueca de incomodidad mientras intentaba acostumbrarse al grueso intruso que le penetraba el trasero—. Pero , joder , ahhhhh, la próxima vez avísame un poco, ¿quieres?

—Está bien, es justo, fue mi error —admitió Tn, dándose cuenta de que probablemente había exagerado un poco—. ¿Quieres que pare?

—¡Ni hablar! —declaró Mon3tr, provocando una sonrisa cariñosa en Tn—. Quiero que me des duro hasta que me duela… ¡y antes de que cambie de opinión!

-Esta bien-, la tranquilizó Tn mientras comenzaba a sacar su pene del culo de Mon3tr, haciéndola sisear y jadear de placer y dolor… antes de volver a introducirlo.

En cuestión de segundos, Tn penetraba y extraía su miembro del culo de Mon3tr como si hubiera sido esculpido especialmente para él, acciones que solo hacían gemir y gemir a la rubia de placer inimaginable. Tal como lo había hecho cuando Tn le embestía el coño, echó las caderas hacia atrás y sintió cómo sus nalgas rebotaban contra las suyas mientras él empujaba su miembro hinchado cada vez más profundamente en sus entrañas con cada embestida. Tn la sujetó de nuevo por la cintura, saboreando la sensación de su culo apretándose alrededor de su polla mientras la penetraba cada vez más profundamente.

Había algo en follarle el culo a Mon3tr que Tn disfrutaba instintivamente; quizá fuera el tabú, quizá la sensación de calor que le proporcionaba dominarla de esa manera, o quizá simplemente era un mero capricho isntintivo. En cualquier caso, se desahogaba cada vez que estaba dentro de ella, dándole nalgadas y penetrándola más fuerte y rápido que nunca, como si estuviera decidido a ver su culo dolorido y lleno de su semen.

Los pechos de Mon3tr volvieron a vibrar salvajemente, moviéndose con su cuerpo y reaccionando a los movimientos bruscos y cada vez más rápidos del joven que la sodomizaba. No tardó mucho en que Tn volviera a estirarse para agarrarlos y tocarlos, sin necesidad de sujetar la cintura de Mon3tr, que se abalanzaba sobre su miembro con cada movimiento.

—¡Sí ahhhhh, sí ahhhhhh, sí ahhhhhh, sí ahhhhh, sí ahhhhh! —gimió Mon3tr con fuerza al sentir a Tn apretarle las tetas y follarle el culo al mismo tiempo, provocando explosiones de placer por todo su cuerpo—. ¡Más fuerte, Tn! ¡Fóllame el culo apretado con más fuerza!

—¿Más fuerte? —preguntó Tn con incertidumbre—. ¿ Segura que lo quieres más fuerte?

¡Sí! ¡Dios, sí! —gritó Mon3tr, desesperada por sentir a su amante embistiéndola con la fuerza y ​​la velocidad de una araña genéticamente mutada—. ¡Fóllame tan fuerte como puedas joder quiero que Amiya nos escuche!

—Está bien —dijo Tn con una sonrisa—, -pero tú lo pediste.

Un momento después, los brazos de Mon3tr finalmente cedieron cuando Tn comenzó a penetrar su trasero como nunca antes, embistiéndola con más fuerza y ​​rapidez que incluso con su coño. Pronto estaba literalmente tumbada boca pegada en el lateral del dormitorio, completamente boca abajo, con la cara y las tetas pegadas a la pared mientras Tn le destrozaba el culo.

Tn apartó sus manos de las caderas y tetas de Mon3tr mientras la presionaba contra la habitacion, y en su lugar colocó sus manos a cada lado de ella mientras continuaba follándola por el culo, ahora directamente sobre ella mientras ella se retorcía y chillaba impotente debajo de él.

—¡Oh, fóllame, fóllame, fóllame! —gritó Mon3tr, girando la cabeza para no mirar directamente al cristal contra el que se estrellaba. Sentía todo el cuerpo como si fuera gelatina mientras Tn la embestía boca abajo contra el rascacielos—. ¡No pares, Tn! ¡Sigue follándome!

Tn ni siquiera respondió, simplemente hizo lo que le pidió y siguió penetrando el estrecho culito de Mon3tr con toda la fuerza y ​​rapidez posibles, disfrutando de la sensación de su suave trasero rebotando contra sus caderas. Sabía que no tardaría mucho, solo necesitaba un poco más para llegar al límite…

Eso fue exactamente lo que Mon3tr le dio cuando volvió a correrse justo debajo de él, con todo su cuerpo temblando de placer celestial mientras su segundo orgasmo de la noche la invadía. Gritó de éxtasis al sentir su coño cerrarse alrededor de la nada y su culo apretarse tan fuerte que Tn casi temió seguir follándola por miedo a lastimarla.

Resultó que no tenía por qué preocuparse. El orgasmo de Mon3tr actuó como catalizador del suyo, y pronto Tn sintió la familiar sensación de sus testículos apretándose y su propia polla a punto de estallar. Sin dejar de penetrar el culo apretado de Mon3tr tan rápido y con tanta fuerza como pudo, empezó a disparar una descarga tras otra de semen en sus entrañas, llenándola por completo y haciéndola estremecer de placer debajo de él.

“Ohhh”, gimió Mon3tr suavemente al sentir a Tn explotar en su culo, desatando un verdadero río de semen dentro de ella. Quizás fueron las secuelas del orgasmo, o quizás Tn la había dejado completamente inconsciente, pero en ese preciso instante, Mon3tr solo deseaba sentir a Tn llenarle el culo con su semen.

Tras lo que pareció una eternidad, Tn sacó su pene menguante del culo de Mon3tr y se deslizó fuera de ella, desplomándose de espaldas en la ventana junto a ella. Sonrió al mirar a Mon3tr, quien le devolvía la sonrisa, visiblemente más agotada que él, con su trasero desnudo aún expuesto. Se quedaron allí tumbados unos minutos, ciegos y sordos al mundo que los rodeaba mientras descendían de su euforia mutua.

(FIN DE SUCULENCIA)

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La noche pasó sin que pudiera decir en qué momento cerró los ojos… ni cuándo los volvió a abrir.

Solo sabía que, cuando el amanecer filtró una luz pálida por la habitación dañada, el mundo estaba extrañamente en calma.

Tn dormía sobre ella, completamente relajado, abrazándola como si fuera lo más natural del mundo.

Mon3tr parpadeó.

—…Diablos.

Se sentia pegajosa y le dolia el traero.

Miró hacia abajo.

Ahí estaba él. Caliente. Real. Tranquilo.

Todo le dolía.

Todo le ardía.

Solo quedaban unas sensaciónes pesadas en el pecho… y otra, más suave, parecida a aceptación.

—Supongo que… —murmuró— podría irme acostumbrando.

Tn se movió un poco, sin despertar, aferrándose más a ella.

Mon3tr no lo apartó.

Se quedó mirando el techo una vez más, pero esta vez no se sintió vacía.

Ni como un arma.

Ni como una bestia.

Solo como algo extraño…

Que había encontrado a alguien igual de extraño.

Iba hacerlo suyo una y otra vez.

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Zona A Sector 4c.

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Tenía los ojos rojos y sentía que sus párpados temblaban.

3 horas, tres malditas horas había dormido en 5 malditos días.

Cualquiera que supiera de Kalt’sit sabría que estaría cerca de Mon3tr así que obviamente su habitación sería la más cercana.

Escuchar gemidos,jadeos,maldiciones, y toda la diatriba del alfabeto de Mon3tr no era algo placentero, y puta madre le gustaría poder follar como ese lagarto super desarrollado, podía.

Era envidia…..puede ser.

Tenía sueño…..bastante.

Miró su despertador en su tableta y su agenda estaba hasta el infierno de trabajo por lo cual no dormiría.

Estaba pensando seriamente en esterilizar a esos dos.

Bueno al diablo.

—Pondré cloro en el café del doctor…..je— El blanco de sus ojos era rojo como la sangre e iba a buscar con quien desquitarse.

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Suculenciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, y bueno sería básicamente yandere de una dragón bestia mecánica con delirios de alfa.

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

—

El mundo era tan hermoso…

¿lo recuerdas.?

Cazador, mente y herencia,

cuidador y aprendiz,

médico y rebelde.

Todo terminó

como un matrimonio llegando a su final,

con un compromiso oxidándose en mi mano

y promesas que ya no significan nada.

Si la crueldad me lleva a mi meta final,

entonces la abrazaré sin pudor.

Destruiré su mundo.

¿Reconocen este rostro?

María camina aún,

pero ya no gobierna a las bestias.

El cuerpo avanza por inercia,

el alma se quedó atrás.

Sé que nada de esto importa,

terminé igual que mi señor terminó:

de pie,

sola,

vacía,

Y aun así…

pude verlo.

Este mundo era bello.

Dolorosamente bello.

Todo se perdió por un amor hueco,

un amor que prometía guiar

y solo supo devorar.

Para guiarlos a todos

no podía ser nadie más que yo.

Esta es la maldición del vacío:

elegir el camino

aunque queme todo a su paso.

El aprendiz murió.

El médico murió.

Y si el tiempo se rompiera

y me obligara a repetirlo todo,

lo haría otra vez.

Sin arrepentimiento.

–Maria Renard

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Cada una de las mafias sudaba frío ante la presencia de dicha mujer. No era solo miedo: era cálculo puro. Algunos ya habían hecho tratos con ella, enviándole mercancía humana para su secta extraña, mientras Maria Renard les proporcionaba éter puro, extraído directamente de las cavidades hollow. Un recurso casi imposible de obtener sin perder hombres… o la cordura.

—Ahhhggg maldición, ¿por qué siempre es difícil lidiar con esa mujer? —gruñó un capo de la red farmacéutica, con las manos entrelazadas—. Es una perra histérica rentable. *chasquido* Lucius, recuérdame enviarle mas mocosos de laboratorio.

—Como usted pida, profesor.-La facción farmacéutica eran los que mayor beneficio obtenían de la mujer.

—Llámalo como quieras —respondió otro, de la mafia del cobro de préstamos—. Mientras el éter fluya, yo no pregunto a qué dios le reza.

Aun así, la idea de eliminarla había cruzado más de una mente. Siempre lo hacía. Y siempre moría ahí mismo.

—¿Y si la hacemos desaparecer? —susurró un traficante de órganos, mirando alrededor—. Un tiro limpio. Digo que tan difícil puede ser eliminarla.

El silencio que siguió fue pesado.

—¿Te refieres a matarla? —dijo alguien desde el fondo—. ¿Estas loco?

—Tres intentos —intervino otro—. Tres equipos distintos. Los mejores asesinos que teníamos, entre ellos dos sobrevivientes de la guerra oni.

—Y los tres cayeron ante las etapas —añadió una voz tensa—. Inicial. Intermedia. Final.

Nadie pidió detalles. Todos sabían lo que significaba. Los tres agentes ligados a Maria Renard, conocidos solo como las Tres Etapas de la Muerte, no dejaban rastros, ni testigos… solo una pila de cadáveres que seguridad publica tenia que decir que los hollows fueron responsables…

Yuno “el Rojo” apagó el cigarro contra el borde de la mesa con un gesto seco.

—Basta de hablar de ella —dijo con voz grave—. Esta noche no es sobre la bruja.

Alzó la mirada, recorriendo a cada líder presente.

—Tenemos un problema más inmediato. Agentes infiltrados. Seguridad pública nos jodio. Nos robaron rutas, cargamentos, nombres y posiblemente ya hasta tengan carpetas de investigacion en contra nuestra.

Un murmullo furioso recorrió la sala.

—Sabemos quiénes son —continuó Yuno—. Y dónde duermen posiblemente.

Se puso de pie. Uno a uno, los demás lo imitaron.

—Esta noche —dijo—, cazamos, mis estimados.

Los líderes comenzaron a separarse, cada uno llamando a los suyos.

—La red del barrio rojo se encarga de los del distrito sur —ordenó una mujer con voz helada—. Nadie hace hara un escándalo.

—Los de robótica y órganos vienen conmigo —gruñó otro—. Quiero respuestas antes del amanecer y cuando terminen venderemos lo que les sirvan a esos soplones.

—Las peleas clandestinas cerrarán accesos —añadió alguien más—. Que nadie saldra vivo… digo, que nadie salga.

Al fondo, un hombre de la mafia de sustancias tóxicas dudó un segundo antes de hablar:

—¿Y si Maria se entera?

Yuno sonrió, pero no había humor en su rostro.

—Si Maria Renard se entera… —dijo lentamente— ya estaremos muertos o habremos ganado. Y francamente, prefiero morir moviéndome que rezándole a su dios blanco.

Las luces se apagaron una a una mientras las facciones abandonaban el lugar. Afuera, Nueva Eridu seguía respirando, ignorante de que esa noche no solo las mafias saldrían a cazar.

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Jane estaba recostada en la cama del sótano secreto junto a Tn. La luz era tenue, apenas suficiente para perfilar sus siluetas. Su cola se enroscaba alrededor de ambos de forma instintiva, como si temiera que, al soltarlo, él pudiera desvanecerse. Sus orejas de roedor apenas se movían, sensibles incluso al silencio.

—…sigues despierto —murmuró Jane en voz baja.

Tn no abrió los ojos, pero respondió.

—No del todo dormido. ¿Otra vez tienes esa sensación?

Jane dudó un segundo antes de asentir, apoyando la frente contra su pecho.

—No sé por qué… pero siento que algo se mueve ahí afuera. Como cuando el aire se pone raro antes de una tormenta me recuerda a algunas de mis misiones.

Tn pasó una mano con calma por su cabello.

—Shhh aquí estás a salvo —dijo—. Nadie sabe de este lugar y dudo mucho que piensen en buscar por este sector.

Jane apretó un poco más el abrazo.

—Lo sé… solo… no quiero quedarme sola otra vez e irme a otro escondite.

Tn no respondió de inmediato. Solo cerró los ojos del todo, permitiendo que el silencio volviera a envolverlos.

Todo iba a estar bien. Seguridad publica ya estaba trabajando para resolverlo.

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Muy lejos de allí, ese mismo silencio era usado como arma.

Las mafias se habían movido rápido. Sobornos, llamadas cifradas, favores antiguos. Nombres que no debían existir comenzaron a circular de mano en mano.

En una habitación mal iluminada, el organizador de peleas clandestinas exhaló humo lentamente mientras sostenía el teléfono.

—Hola… sí, soy yo —dijo con voz baja—. Necesito un favor.

Del otro lado de la línea, el sonido metálico de algo cayendo al suelo fue seguido por un suspiro tranquilo.

—Habla —respondió una voz grave.

—Es urgente. Y sí… sé que cobras caro maldito bastardo.

Hubo una breve pausa. Luego, un ruido húmedo, como un cuerpo cayendo.

—¿Objetivos?

—Agentes de seguridad pública. Doce en total. Algunos thiren y otros de la división 7. Necesitamos que desaparezcan.

La cámara imaginaria se habría desplazado entonces hacia el otro extremo de la llamada: un hombre de cabello blanco rubio peinado hacia abajo retirando lentamente su espada del cuerpo de un pandillero de los anillos exteriores. El cadáver cayó sin ceremonia.

—¿Interrogatorio o solo los quieren muertos? —preguntó el hombre, limpiando el arma con calma.

—No —respondió Yuno desde la otra línea—. Hazlo rápido y limpio. Pero… si puedes dejar uno con vida, mejor. Para dar el ejemplo. Mis chicos se encargaran de eso.

El hombre sonrió.

—Entendido.

Yuno envió las imágenes. Pagan Ming las observó con atención. Doce rostros. Doce rutas. Doce finales posibles.

Y entonces, un nombre destacó.

—Jane Doe~… —murmuró.

—¿Problema? —preguntó Yuno.

—No —respondió Pagan—. Solo curiosidad creia que jane doe significa mujer cuya identidad es desconocida, solíamos usar ese termino con perras oni jajajajajaj.-El hombre se puso nostálgico mientras caminaba con su arma en mano hacia un pandillero que aun se arrastraba por su vida, sus pasos llegaron lentamente mientras la espada atravesaba el cuerpo.

—El pago va a la cuenta de siempre.

—Lo sé~.

La llamada terminó.

Pagan guardó el comunicador y se giró, observando la gran pila de asaltantes de carretera que había eliminado horas antes. Bandidos comunes. Un trabajo sencillo. Al parecer habian robado un cargamento de un rico de la zona. Se sentó sobre una roca, apoyando el arma contra su hombro, y alzó la vista al cielo oscuro de Nueva Eridu.

—Capitán… —murmuró—. ¿Qué estarás haciendo ahora mismo~?

Una sonrisa leve cruzó su rostro.

—Siempre metido en problemas, ¿eh, Tn kun~?

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

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En el sótano, Jane respiraba de forma pausada. Se había acercado aún más a Tn, aspirando su aroma con calma, como si eso bastara para mantener alejados todos los males del mundo.

—Ojalá todo esto se acabe —susurró, medio dormida—. Solo… quiero quedarme aquí.

Tn abrió los ojos un instante y miró el techo oscuro.

—Mmmm ya duérmete *suspiro* Jane —dijo—. Mientras yo este nada *suspiro* pasara.

La cola de Jane se tensó ligeramente… y luego se relajó.

Por ahora, el mundo exterior podía arder.

Ellos dormían.

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Yuno miró la pantalla de su teléfono con la llamada ya colgada. El nombre todavía parecía arderle en la retina.

—Pagan Min… —murmuró, apagando el dispositivo.

Veterano de las guerras humano-oni. Ex miembro del escuadrón cazador oni.

Solo pensar en esa brigada le provocaba un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío del lugar. Humanos entrenados desde cero para matar thirens oni. No bestiales comunes, no nekomatas ni lycaon. Oni de verdad: piel de colores imposibles —roja, azul, amarilla—, cuernos, colmillos, cuerpos hechos para sobrevivir más que cualquier humano normal.

—Malditos monstruos… —gruñó Yuno, llevándose una mano al rostro.

Lo peor era que habían sido efectivos.

Tan efectivos que, cuando llegó la tregua y la paz gracias a los esfuerzos de una ex agente —Tsukichiro Yanagi—, el gobierno de Nueva Eridu decidió “limpiarse las manos”. Erradicaron oficialmente a los cazadores oni. Archivos sellados. Unidades disueltas. Nombres borrados.

Pero la realidad nunca obedecía al papel.

—Claro… —ironizó Yuno murmuro—. Como si pudieran matarlos a todos.

Algunos sobrevivieron. Escaparon. Se ocultaron.

Imagina un grupo de psicóticos con ganas de matar y sabiendo como hacerlo estando libres.

No eran tan poderosos como un Hollow Hunter de pleno derecho. Los Cazadores del Vacío, la élite absoluta de Nueva Eridu, eran otra cosa: fuerza, técnica y sacrificio llevados al límite.Superando la fuerza convencional de los agentes estándar.

Pero los cazadores oni…

—Esos bastardos no necesitaban fuerza pura —murmuró—. Solo necesitaban algo con qué matarte.

Un cuchillo, un cable, una piedra. Cualquier cosa servía si sabían cómo usarla.

Y Pagan Min era de los mejores.

Yuno se dejó caer en su silla, pasándose una mano por el cabello.

—Pude haber llamado a otro… —pensó en voz alta.

Un nombre cruzó su mente.

Tn, Filo Silente.

Habia sido bueno en las peleas clandestinas y aun seguia en contacto con el.

Por un instante lo consideró. Luego negó con la cabeza.

—No… —dijo—. Está retirado. Cuidando a esa mocosa oni.

Se recostó un poco más.

—Mientras se mantengan fuera del tablero… no me molestan.

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Mientras tanto, en otro sector de Nueva Eridu, casi olvidado por la ciudad, Pagan Min caminaba silbando entre edificios medio derruidos. Sus pasos eran tranquilos, sin prisa, como si no existiera peligro alguno.

—Doce objetivos… —murmuró—. Qué nostalgia.

Se detuvo frente a una puerta metálica oculta entre sombras. Golpeó dos veces, luego una tercera más suave. El mecanismo se abrió con un clic.

El interior del escondite contrastaba con el exterior: toques orientales, madera oscura, telas bien cuidadas, armas colgadas con orden casi ceremonial.

Pagan dejó su espada a un lado y encendió la luz principal.

—Hagámoslo bien —dijo para sí.

Conectó el dispositivo y comenzó a fotocopiar la información. Hojas y más hojas salieron, una tras otra. Rostros. Nombres. Rutas. Especialidades.

Las fue colocando en un mural improvisado.

—Agentes estándar… —analizó—. Entrenamiento básico, armas reglamentarias, nada especial.

Se cruzó de brazos, observando el conjunto.

—Pero no por eso inútiles.

Tomó un marcador y trazó líneas entre los rostros.

—Doce piezas —continuó—. Si corro como un idiota, alerto a los demás. Si espero demasiado… se esconden.

Sonrió apenas.

—Así que toca estudiar.

Se sentó frente al mural, apoyando los codos en las rodillas, la mirada afilada.

—Uno por uno —susurró—. Como en los viejos tiempos.

Afuera, Nueva Eridu seguía respirando, ignorante de que la cacería ya había comenzado.

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Al despertar, Tn estiró el cuerpo con un gemido prolongado, sintiendo cómo cada músculo protestaba suavemente. Giró un poco el cuello y su mirada cayó en Jane, dormida junto a él. Su respiración era lenta, tranquila; la cola rodeaba de forma inconsciente la pierna de ambos, como si incluso dormida se negara a soltarlo.

—…Sigues aquí… —murmuró en voz baja, casi para asegurarse.

Era bueno verla.

Suspiró y se talló los ojos antes de incorporarse con cuidado. No quería despertarla. Se levantó despacio, apartando la cola con suavidad, y subió las escaleras por la escotilla del sótano.

Al salir, el silencio del consultorio lo recibió como una capa pesada. Caminó hacia la cocina y se puso manos a la obra. Gracias a los suministros que había comprado la noche anterior, no tendría que salir en un buen tiempo, y eso le daba una tranquilidad relativa.

—Menos movimiento, menos miradas —se dijo mientras sacaba ingredientes—. Mejor así.

Encendió la radio para romper el silencio. El aparato tardó un segundo en reaccionar antes de soltar una voz exageradamente animada.

—¡Holaaa, holaaa! Aquí su locutor favorito, Alastor, trayéndoles más música de los éxitos de este mes—

“You know I can’t smile without you

I can’t smile without you

I can’t laugh and I can’t sing

I’m finding it hard to do anything

You see I feel sad when you’re sad

I feel glad when you’re glad

If you only knew what I’m going through

I just can’t smile without you”

Tn resopló con una mueca, pero no la apagó.

—…y en otras noticias, la alcaldesa Rema Saverem menciona que organizará un evento benéfico para los orfanatorios de Nueva Eridu, además de enviar más recursos en ayuda a los anillos exteriores. Ha sido una semana productiva, con buen clima para ir de pesca al Puerto Elpis—

Tn removía la comida con movimientos mecánicos.

—Claro… —murmuró—. Todo perfecto.

—Además, gracias a los esfuerzos considerables de Seguridad Pública, la Defensa Shiyu continúa protegiendo los Pilares Shiyu en el Hueco Cero, garantizando el futuro energético de nuestra querida~ ciudad—

—Propaganda matutina —bufó Tn.

Terminó el desayuno, sirvió dos platos y bajó nuevamente al sótano. Jane ya estaba despierta, sentada en la cama, despertando con calma mientras escuchaba la radio que aún sonaba desde arriba, la cola balanceándose lentamente.

—¿Dormiste bien? —preguntó Tn, dejando el plato frente a ella.

Jane alzó la vista y sonrió.

—Contigo ahí, sí —respondió sin dudar—. Aunque el colchón podría ser mejor.

—No es un hotel —replicó él, sentándose—. Agradece que no sea una camilla.

Ella soltó una pequeña risa y dio un bocado más, ladeando las orejas.

—Pura propaganda, ¿verdad? —preguntó, señalando vagamente hacia la radio—. Todo suena demasiado bonito…..

Tn se encogió de hombros.

—Prefiero escuchar la música que los avisos matutinos —dijo—. Al menos la música se ha vuelto bastante buena.

Jane lo miró unos segundos en silencio.

—¿Crees que esto se calme pronto? —preguntó en voz baja.

Tn no respondió de inmediato. Cortó un trozo de comida, lo masticó despacio.

—No lo sé —admitió al final—. Por eso nos quedamos quietos. Tú aquí. Yo bajo perfil.

Jane asintió, acercándose un poco más.

—Entonces confío en ti, doctor~ —dijo con una sonrisa suave moviendo su cola de un lado a otro.

Tn suspiró, mirando su plato.

—No me llames así —murmuró—. Aquí… solo soy yo.Jane~.

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El día pasó sin muchos problemas. El consultorio se mantuvo extrañamente tranquilo; apenas un par de mensajes automáticos y ninguna visita directa. Tn, como médico de combate, sabía que en la situación actual muchas consultas quedarían pausadas por orden interna… y, para ser honesto, no le molestaba.

Jane, por su parte, estaba de buen humor. Sentada en el sótano, balanceando las piernas, pensó para sí misma que no tendría que hacerse daño para tener una excusa y quedarse con Tn. Ahora, literalmente, estaba viviendo con él… y esa idea le arrancó una sonrisa lenta, casi culpable.

—Qué conveniente… —murmuró para sí, abrazando una almohada.

Arriba, Tn pasó buena parte del día ordenando el consultorio, revisando suministros y arreglando pequeños detalles de la casa. Cada tanto bajaba al sótano solo para verla, intercambiar un par de palabras y asegurarse de que todo estuviera bien.

—¿Estas comoda? —preguntó en una de esas bajadas, apoyándose en el marco.

—Lamentablemente, sí —respondió Jane, exagerando un suspiro—. Pero aburrida.

Tn frunció un poco el ceño.

—Estaba pensando en eso. Podría conseguir algunos casetes de películas.

Jane alzó una ceja, divertida.

—¿Películas porno cuentan?

Tap.

Tn le dio un golpe suave en la cabeza con los nudillos.

—Compórtate, Jane. Ya estás grande para eso.

—¡Auch! —protestó ella, sacándole la lengua—. Qué cruel, eres Tn Mmm~ no te gustaria ver una pelicula erotica conmigo. Podríamos dormir todo el dia y nada que hacer.

—Sigue así y solo te traigo documentales —replicó él, dándose la vuelta.

Jane rió mientras él subía. Tn sacó su teléfono y comenzó a buscar tiendas cercanas. Tras unos segundos, un nombre le llamó la atención.

—“Random Play”… —murmuró—. Distrito 6… no está tan lejos.

Bajó de nuevo al sótano.

—Puedo pedirlas a domicilio —dijo—. Mejor que salir.

—¿No será más caro? —preguntó Jane, ladeando la cabeza.

—Un poco —admitió—. Pero prefiero pagar que llamar la atención.

Ella se encogió de hombros.

—Mientras haya películas, apruebo la decisión.

Tn hizo el pedido con calma:

dos de romance, tres de suspenso y cinco de anime.

—¿Anime? —preguntó Jane, fingiendo sorpresa—. No te imaginaba así.

—No empieces —respondió él—. Te mantendrán ocupada.

—Me conoces demasiado bien —sonrió ella, envolviendo la cola alrededor de su pierna.

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Mientras tanto, en Random Play, Wise dejó escapar un gemido molesto al escuchar la notificación del pedido.

—Ugh… otro envío largo —refunfuñó—. ¡Belle!

—¿Síiiiiiii? —respondió una voz desde el piso de arriba.

—¿Puedes encargarte de este pedido? Distrito 6.

En la habitación superior, Belle estaba abrazada a su novio, Tn. Abrió los ojos lentamente.

—Saldré un rato~ —murmuró—. Vuelvo pronto,*Beso* ¿sí?

—*Mmmm~*Está bien —respondió él con tranquilidad separándose de ella—. Cuídate.

Belle se levantó, bajó las escaleras y llamó a su Bangboo. El pequeño robot apareció refunfuñando con su tono metálico.

—Unidad lista… búsqueda de mujer policía… eliminar, eliminar, eliminar, eliminar—

—Nada de eso —dijo Belle, abrazándolo por la cabeza—. Trabajo de reparto, ¿ok?

El Bangboo emitió un sonido que sonaba sospechosamente como un gruñido resignado.

—Trabajo aceptado…

Belle rió, tomó la bolsa con los casetes y salió del local.

—Vamos, socio —dijo—. Dinero extra nunca viene mal.

Y así, sin saberlo, una simple entrega de películas comenzaba a entrelazar aún más los hilos de esa calma frágil que rodeaba a Tn y Jane… una calma que no duraría para siempre. Verdad.

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-!NO ESPERA PUEDO AHGHHGGHHG!-.

Clink.

Un corte rápido.

Pagan ya tenía su lista en la mano. En apenas un par de horas, cuatro de doce nombres habían sido tachados con una línea firme y seca. No había dramatismo en el gesto, solo eficiencia.

—Cuatro… —murmuró, guardando el marcador—. Ocho restantes.-Guardó la espada notando al agente caer al suelo mientras el líquido vital fluya libremente.

Era notable el deplorable estado que estaba el agente, habiendo sido mutilado y cortado por el sicario.

Había tenido suerte. Varios de esos agentes aún no habían sido puestos bajo custodia directa de Seguridad Pública. Y aunque lo estuvieran, el número simplemente no daba.

De todo el personal disponible:

el 56% eran agentes comunes patrullando Nueva Eridu,

el 20% fuerzas de asalto,

y el resto… infiltración, dobles agentes, sombras. O en guarnición de sectores.

Demasiadas grietas. Muy pocos para cubrirlo todo.

Pagan se levantó del lugar donde había estado observando, limpiándose la sangre seca del guante contra el pantalón. Se movía como si nada pesara sobre él.

Entonces lo notó.

Una mirada.

Una mujer thiren, cuernos pequeños y piel pálida, paralizada en un callejón lateral. Estaba temblando.

En un parpadeo, Pagan estuvo frente a ella. La acorraló contra la pared sin levantar la voz.

—¿Qué haces tan sola por aquí~? —preguntó con calma inquietante.

—Y-yo… yo no vi nada —tartamudeó ella—. Lo juro… no vi nada…no vi nada p-por favor.

Pagan inclinó la cabeza, la observó un segundo más y levantó la mano. Tocó uno de sus cuernos con suavidad, casi con curiosidad.

—Tienes suerte —susurró—. No eres un oni. Uf, vaya alivio.

Ella contuvo la respiración.

Cuando parpadeó… él ya no estaba.

Pagan reapareció varias calles más lejos, activando de nuevo el rastreador de datos.

—Sigamos —dijo para sí—. El día aún es largo.

Y mientras él cazaba, las mafias también se movían.

Casas de seguridad, refugios improvisados, almacenes olvidados, zonas remotas. Sobornos, contactos, amenazas. El odio era suficiente combustible. Esa noche no habría descanso para los infiltrados.

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toc toc

El sonido seco en la puerta del consultorio hizo que Tn alzara la cabeza de inmediato. El instinto habló antes que la razón. Aun así, respiró hondo y abrió.

Frente a él había una chica joven y un Bangboo con una bolsa colgando. Tiene cabello azul oscuro que se desvanece a naranja en las puntas, ojos color aguamarina con tonos naranjas y piel clara. Viste una chaqueta blanca/naranja/gris, camiseta negra, falda gris-naranja y accesorios coloridos.

—¿Entrega para… Tn? —preguntó ella, revisando la pantalla—. Casetes de Random Play~.

Tn parpadeó, sorprendido… y aliviado.

—Sí. Soy yo.

El Bangboo emitió un pitido mecánico.

—Entrega confirmada. No hubo problemas en el trayecto. Día productivo.

La voz era notablemente mejorada, incluso mejor lenguaje que un bangboo normal aunque su estado parecía sacado del basurero.

La chica se puso un poco roja.

—¡Oye! No digas eso así…

Tn no pudo evitar una leve sonrisa. Tomó la bolsa y pagó.

—Gracias por traerlos —dijo—. En serio.

—¡Gracias a usted por comprar en Random play~! —respondió ella con una sonrisa amplia—. Que disfruten las películas.

El Bangboo levantó un brazo.

—Propina y pago aceptado. Retirada.

Ambos se dieron la vuelta y se alejaron por la calle.

Tn cerró la puerta con cuidado, apoyó la espalda en ella un segundo más de lo necesario… y luego miró la bolsa.

—Listo, Jane… —murmuró—. Ya tenemos entretenimiento.

Sin saberlo, mientras bajaba las escaleras al sótano, el cerco comenzaba a cerrarse en algún punto de la ciudad.

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Al bajar al sótano, Tn encendió el pequeño televisor: una pantalla modesta, de unas veinte pulgadas, con un leve zumbido al cobrar vida. La luz azulada bañó el cuarto mientras sacaba los casetes de la bolsa y los iba introduciendo uno por uno, el clic mecánico sonando casi reconfortante.

—A ver… —murmuró—. Romance, suspenso… anime.

Se sentó en la cama junto a Jane. Ella había optado por ponerse boca abajo, con el mentón apoyado en las manos, mirando fijamente la pantalla. Sus piernas se movían despacio, distraídas, y la cola se enroscó casi sin pensar alrededor del brazo de Tn.

—Oye… —susurró ella—. Esta no está tan mal.

“El color que cayo dle cielo”.

—Dale unos minutos —respondió él—. Siempre empiezan lentas.

El tiempo pasó sin demasiadas palabras. Solo el sonido de la película, alguna respiración tranquila, y el leve roce de la cola de Jane, como asegurándose de que él seguía ahí.

Horas después, Jane rompió el silencio.

—Tengo hambre… —dijo en voz baja—. Y antojo de queso.

Tn cerró los ojos un segundo, resignado.

—Siempre queso —murmuró—. Está bien, te preparo algo.

Jane sonrió ampliamente.

—Sabía que dirías que sí.

Cuando Tn subió las escaleras, la sonrisa de Jane se fue apagando poco a poco. Tomó la manta y se enrolló en ella, aspirando con cuidado.

sniff… sniff…

El aroma de Tn seguía ahí. Limpio, familiar. Seguro.

Eso la calmaba… y al mismo tiempo le dolía.

—Mmmmm~ Idiota… —susurró para sí—. Siempre estás ahí…

Quería sentirlo quería tocarse, pero no.

Recistiria cualquier impulso para no mancharlo a el.

.

.

Después de cenar, Tn bajó de nuevo.

—Jane —dijo con tono suave—. Hoy voy a dormir arriba.

Ella se quedó sentada en la cama, las manos apretando la manta.

—Lo sé —respondió tras un segundo—. Está bien… lo entiendo.

—Es solo por ahora —añadió él—. No siempre voy a poder quedarme aquí. Es mejor no llamar la atención.

—Lo sé, Tn —repitió ella, forzando una pequeña sonrisa—. Descansa.

Él la miró un momento más, como queriendo decir algo, pero al final solo asintió y subió.

Cuando el sonido de sus pasos desapareció, Jane frunció el ceño. Se recostó, mirando el techo oscuro del sótano.

—No soy una niña… —murmuró—. Pero tampoco puedo…

Las horas pasaron lentas. El silencio pesaba.

Jane cerró los ojos y se concentró. Cuando estuvo segura de que Tn dormía, se levantó con cuidado. Descalza, salió del sótano, moviéndose como una sombra.

Entró en la habitación superior y lo vio.

Tn dormía profundamente.

El corazón de Jane empezó a latir con fuerza. Se quedó ahí, de pie, mirándolo. Su mano tembló al alzarse… pero se detuvo antes de tocarlo.

—Te amo… —susurró apenas audible—. Demasiado.*Sollozar*. Pero estoy sucia… no puedo tocarte.

Quería tocarlo. Abrazarlo. Amarlo como un amante ama a otro. Montarlo y sentirlo tan profundo dentro de ella.

Pero no podía. No así. No siendo quien era.

Se quedó allí un par de horas, inmóvil, guardando esa imagen como un tesoro prohibido. Luego, con un último vistazo, regresó al sótano.

Se metió en la cama, se envolvió en la manta y cerró los ojos.

—Duerme, Jane… —murmuró—. Solo duerme.

Y así, al fin, logró conciliar un sueño ligero… lo suficiente para despistar a Tn cuando amaneciera.

.

.

.

—!T-te lo juro!… —la voz de la thiren conejo temblaba—. No sé dónde están los demás. Por favor… déjame ir.

Pagan la observaba en silencio. Estaba sentada en el suelo, las orejas caídas, el cuerpo cubierto de moretones viejos y recientes. Había pasado todo el día siendo movida de un lugar a otro, interrogatorios improvisados, amenazas, huidas fallidas. Aun así, seguía viva… por ahora.

—Respira —dijo él al fin, con un tono casi cansado—. Si mientes, tu pulso cambia.

Ella tragó saliva.

—No miento… —jadeó—. Las órdenes fueron claras. Casas seguras. Ocultarnos. Esperar a seguridad pública.

Pagan apoyó la espalda contra la pared, cruzándose de brazos. Había sido un día largo. Más de veinticuatro horas de caza continua. De su lista original, solo le faltaban cuatro nombres… y tenía a cuatro agentes justo frente a él, repartidos en distintos puntos de la ciudad.

—Hmp… —soltó una risa baja—. El gobierno sí que ha cambiado.

La thiren alzó la mirada, confusa.

—¿Q-qué…?

—Antes nos habrían mandado a todos juntos —continuó Pagan, como si hablara solo—. Limpieza directa. Sin esconder nada y diríamos que los cuerpos fueron tirados al pozo. Ahora… minimizar daños, controlar rumores, tapar cadáveres, malditos pussys que le paso a la vieja escuela.

Recordó, por un instante, su viejo trabajo. Las órdenes simples. El blanco claro. La ejecución rápida.

Esto… esto era distinto.

—Por favor… —la agente apretó los puños—. Ya te dije todo lo que sé. Puedo desaparecer. Nadie sabrá que estuve aquí.

Pagan la miró por última vez.

—¿Dejarte vivir? —repitió, pensativo.

Ella asintió con desesperación.

—Sí… lo prometo.

El silencio se volvió pesado.

—Por desgracia… —dijo él con voz neutra—. No está en el contrato.

No hubo dramatismo. No hubo palabras finales.

Un solo movimiento.

El río siguió su curso como si nada hubiese pasado.Mientras la mujer se hundía en el.

Pagan se quedó unos segundos mirando el agua, luego dio media vuelta y se alejó, ajustando la katana a su costado.

—Tres nombres —murmuró para sí—. Y apenas llevo un día.

Caminó sin prisa, ya pensando en el siguiente paso, en la siguiente dirección, en la siguiente sombra donde alguien creía estar a salvo.

El como nadie se había dado cuenta de que un loco estaba matando por la ciudad.

Simple.

Seguridad pública se encargo de minimizar las desapariciones y asesinatos, gracias a eso las mafias tuvieron vía libre.

Para suerte de Pagan nadie estaría hablando de los cuerpos que dejaba a su paso y los dejaba en tal estado que pareciera que fueron asaltados.

Eso decía mucho de su trabajo… y de lo fácil que seguía siendo cazar en una ciudad que fingía estar preparada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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