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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 266

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Capítulo 266: Jane doe part 6 Zenless zone zero

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

—

El mundo era tan hermoso…

¿lo recuerdas.?

Cazador, mente y herencia,

cuidador y aprendiz,

médico y rebelde.

Todo terminó

como un matrimonio llegando a su final,

con un compromiso oxidándose en mi mano

y promesas que ya no significan nada.

Si la crueldad me lleva a mi meta final,

entonces la abrazaré sin pudor.

Destruiré su mundo.

¿Reconocen este rostro?

María camina aún,

pero ya no gobierna a las bestias.

El cuerpo avanza por inercia,

el alma se quedó atrás.

Sé que nada de esto importa,

terminé igual que mi señor terminó:

de pie,

sola,

vacía,

Y aun así…

pude verlo.

Este mundo era bello.

Dolorosamente bello.

Todo se perdió por un amor hueco,

un amor que prometía guiar

y solo supo devorar.

Para guiarlos a todos

no podía ser nadie más que yo.

Esta es la maldición del vacío:

elegir el camino

aunque queme todo a su paso.

El aprendiz murió.

El médico murió.

Y si el tiempo se rompiera

y me obligara a repetirlo todo,

lo haría otra vez.

Sin arrepentimiento.

–Maria Renard

_________________________________________________________________

Cada una de las mafias sudaba frío ante la presencia de dicha mujer. No era solo miedo: era cálculo puro. Algunos ya habían hecho tratos con ella, enviándole mercancía humana para su secta extraña, mientras Maria Renard les proporcionaba éter puro, extraído directamente de las cavidades hollow. Un recurso casi imposible de obtener sin perder hombres… o la cordura.

—Ahhhggg maldición, ¿por qué siempre es difícil lidiar con esa mujer? —gruñó un capo de la red farmacéutica, con las manos entrelazadas—. Es una perra histérica rentable. *chasquido* Lucius, recuérdame enviarle mas mocosos de laboratorio.

—Como usted pida, profesor.-La facción farmacéutica eran los que mayor beneficio obtenían de la mujer.

—Llámalo como quieras —respondió otro, de la mafia del cobro de préstamos—. Mientras el éter fluya, yo no pregunto a qué dios le reza.

Aun así, la idea de eliminarla había cruzado más de una mente. Siempre lo hacía. Y siempre moría ahí mismo.

—¿Y si la hacemos desaparecer? —susurró un traficante de órganos, mirando alrededor—. Un tiro limpio. Digo que tan difícil puede ser eliminarla.

El silencio que siguió fue pesado.

—¿Te refieres a matarla? —dijo alguien desde el fondo—. ¿Estas loco?

—Tres intentos —intervino otro—. Tres equipos distintos. Los mejores asesinos que teníamos, entre ellos dos sobrevivientes de la guerra oni.

—Y los tres cayeron ante las etapas —añadió una voz tensa—. Inicial. Intermedia. Final.

Nadie pidió detalles. Todos sabían lo que significaba. Los tres agentes ligados a Maria Renard, conocidos solo como las Tres Etapas de la Muerte, no dejaban rastros, ni testigos… solo una pila de cadáveres que seguridad publica tenia que decir que los hollows fueron responsables…

Yuno “el Rojo” apagó el cigarro contra el borde de la mesa con un gesto seco.

—Basta de hablar de ella —dijo con voz grave—. Esta noche no es sobre la bruja.

Alzó la mirada, recorriendo a cada líder presente.

—Tenemos un problema más inmediato. Agentes infiltrados. Seguridad pública nos jodio. Nos robaron rutas, cargamentos, nombres y posiblemente ya hasta tengan carpetas de investigacion en contra nuestra.

Un murmullo furioso recorrió la sala.

—Sabemos quiénes son —continuó Yuno—. Y dónde duermen posiblemente.

Se puso de pie. Uno a uno, los demás lo imitaron.

—Esta noche —dijo—, cazamos, mis estimados.

Los líderes comenzaron a separarse, cada uno llamando a los suyos.

—La red del barrio rojo se encarga de los del distrito sur —ordenó una mujer con voz helada—. Nadie hace hara un escándalo.

—Los de robótica y órganos vienen conmigo —gruñó otro—. Quiero respuestas antes del amanecer y cuando terminen venderemos lo que les sirvan a esos soplones.

—Las peleas clandestinas cerrarán accesos —añadió alguien más—. Que nadie saldra vivo… digo, que nadie salga.

Al fondo, un hombre de la mafia de sustancias tóxicas dudó un segundo antes de hablar:

—¿Y si Maria se entera?

Yuno sonrió, pero no había humor en su rostro.

—Si Maria Renard se entera… —dijo lentamente— ya estaremos muertos o habremos ganado. Y francamente, prefiero morir moviéndome que rezándole a su dios blanco.

Las luces se apagaron una a una mientras las facciones abandonaban el lugar. Afuera, Nueva Eridu seguía respirando, ignorante de que esa noche no solo las mafias saldrían a cazar.

.

.

.

Jane estaba recostada en la cama del sótano secreto junto a Tn. La luz era tenue, apenas suficiente para perfilar sus siluetas. Su cola se enroscaba alrededor de ambos de forma instintiva, como si temiera que, al soltarlo, él pudiera desvanecerse. Sus orejas de roedor apenas se movían, sensibles incluso al silencio.

—…sigues despierto —murmuró Jane en voz baja.

Tn no abrió los ojos, pero respondió.

—No del todo dormido. ¿Otra vez tienes esa sensación?

Jane dudó un segundo antes de asentir, apoyando la frente contra su pecho.

—No sé por qué… pero siento que algo se mueve ahí afuera. Como cuando el aire se pone raro antes de una tormenta me recuerda a algunas de mis misiones.

Tn pasó una mano con calma por su cabello.

—Shhh aquí estás a salvo —dijo—. Nadie sabe de este lugar y dudo mucho que piensen en buscar por este sector.

Jane apretó un poco más el abrazo.

—Lo sé… solo… no quiero quedarme sola otra vez e irme a otro escondite.

Tn no respondió de inmediato. Solo cerró los ojos del todo, permitiendo que el silencio volviera a envolverlos.

Todo iba a estar bien. Seguridad publica ya estaba trabajando para resolverlo.

.

.

.

Muy lejos de allí, ese mismo silencio era usado como arma.

Las mafias se habían movido rápido. Sobornos, llamadas cifradas, favores antiguos. Nombres que no debían existir comenzaron a circular de mano en mano.

En una habitación mal iluminada, el organizador de peleas clandestinas exhaló humo lentamente mientras sostenía el teléfono.

—Hola… sí, soy yo —dijo con voz baja—. Necesito un favor.

Del otro lado de la línea, el sonido metálico de algo cayendo al suelo fue seguido por un suspiro tranquilo.

—Habla —respondió una voz grave.

—Es urgente. Y sí… sé que cobras caro maldito bastardo.

Hubo una breve pausa. Luego, un ruido húmedo, como un cuerpo cayendo.

—¿Objetivos?

—Agentes de seguridad pública. Doce en total. Algunos thiren y otros de la división 7. Necesitamos que desaparezcan.

La cámara imaginaria se habría desplazado entonces hacia el otro extremo de la llamada: un hombre de cabello blanco rubio peinado hacia abajo retirando lentamente su espada del cuerpo de un pandillero de los anillos exteriores. El cadáver cayó sin ceremonia.

—¿Interrogatorio o solo los quieren muertos? —preguntó el hombre, limpiando el arma con calma.

—No —respondió Yuno desde la otra línea—. Hazlo rápido y limpio. Pero… si puedes dejar uno con vida, mejor. Para dar el ejemplo. Mis chicos se encargaran de eso.

El hombre sonrió.

—Entendido.

Yuno envió las imágenes. Pagan Ming las observó con atención. Doce rostros. Doce rutas. Doce finales posibles.

Y entonces, un nombre destacó.

—Jane Doe~… —murmuró.

—¿Problema? —preguntó Yuno.

—No —respondió Pagan—. Solo curiosidad creia que jane doe significa mujer cuya identidad es desconocida, solíamos usar ese termino con perras oni jajajajajaj.-El hombre se puso nostálgico mientras caminaba con su arma en mano hacia un pandillero que aun se arrastraba por su vida, sus pasos llegaron lentamente mientras la espada atravesaba el cuerpo.

—El pago va a la cuenta de siempre.

—Lo sé~.

La llamada terminó.

Pagan guardó el comunicador y se giró, observando la gran pila de asaltantes de carretera que había eliminado horas antes. Bandidos comunes. Un trabajo sencillo. Al parecer habian robado un cargamento de un rico de la zona. Se sentó sobre una roca, apoyando el arma contra su hombro, y alzó la vista al cielo oscuro de Nueva Eridu.

—Capitán… —murmuró—. ¿Qué estarás haciendo ahora mismo~?

Una sonrisa leve cruzó su rostro.

—Siempre metido en problemas, ¿eh, Tn kun~?

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

.

.

.

En el sótano, Jane respiraba de forma pausada. Se había acercado aún más a Tn, aspirando su aroma con calma, como si eso bastara para mantener alejados todos los males del mundo.

—Ojalá todo esto se acabe —susurró, medio dormida—. Solo… quiero quedarme aquí.

Tn abrió los ojos un instante y miró el techo oscuro.

—Mmmm ya duérmete *suspiro* Jane —dijo—. Mientras yo este nada *suspiro* pasara.

La cola de Jane se tensó ligeramente… y luego se relajó.

Por ahora, el mundo exterior podía arder.

Ellos dormían.

.

.

.

Yuno miró la pantalla de su teléfono con la llamada ya colgada. El nombre todavía parecía arderle en la retina.

—Pagan Min… —murmuró, apagando el dispositivo.

Veterano de las guerras humano-oni. Ex miembro del escuadrón cazador oni.

Solo pensar en esa brigada le provocaba un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío del lugar. Humanos entrenados desde cero para matar thirens oni. No bestiales comunes, no nekomatas ni lycaon. Oni de verdad: piel de colores imposibles —roja, azul, amarilla—, cuernos, colmillos, cuerpos hechos para sobrevivir más que cualquier humano normal.

—Malditos monstruos… —gruñó Yuno, llevándose una mano al rostro.

Lo peor era que habían sido efectivos.

Tan efectivos que, cuando llegó la tregua y la paz gracias a los esfuerzos de una ex agente —Tsukichiro Yanagi—, el gobierno de Nueva Eridu decidió “limpiarse las manos”. Erradicaron oficialmente a los cazadores oni. Archivos sellados. Unidades disueltas. Nombres borrados.

Pero la realidad nunca obedecía al papel.

—Claro… —ironizó Yuno murmuro—. Como si pudieran matarlos a todos.

Algunos sobrevivieron. Escaparon. Se ocultaron.

Imagina un grupo de psicóticos con ganas de matar y sabiendo como hacerlo estando libres.

No eran tan poderosos como un Hollow Hunter de pleno derecho. Los Cazadores del Vacío, la élite absoluta de Nueva Eridu, eran otra cosa: fuerza, técnica y sacrificio llevados al límite.Superando la fuerza convencional de los agentes estándar.

Pero los cazadores oni…

—Esos bastardos no necesitaban fuerza pura —murmuró—. Solo necesitaban algo con qué matarte.

Un cuchillo, un cable, una piedra. Cualquier cosa servía si sabían cómo usarla.

Y Pagan Min era de los mejores.

Yuno se dejó caer en su silla, pasándose una mano por el cabello.

—Pude haber llamado a otro… —pensó en voz alta.

Un nombre cruzó su mente.

Tn, Filo Silente.

Habia sido bueno en las peleas clandestinas y aun seguia en contacto con el.

Por un instante lo consideró. Luego negó con la cabeza.

—No… —dijo—. Está retirado. Cuidando a esa mocosa oni.

Se recostó un poco más.

—Mientras se mantengan fuera del tablero… no me molestan.

.

.

.

.

.

Mientras tanto, en otro sector de Nueva Eridu, casi olvidado por la ciudad, Pagan Min caminaba silbando entre edificios medio derruidos. Sus pasos eran tranquilos, sin prisa, como si no existiera peligro alguno.

—Doce objetivos… —murmuró—. Qué nostalgia.

Se detuvo frente a una puerta metálica oculta entre sombras. Golpeó dos veces, luego una tercera más suave. El mecanismo se abrió con un clic.

El interior del escondite contrastaba con el exterior: toques orientales, madera oscura, telas bien cuidadas, armas colgadas con orden casi ceremonial.

Pagan dejó su espada a un lado y encendió la luz principal.

—Hagámoslo bien —dijo para sí.

Conectó el dispositivo y comenzó a fotocopiar la información. Hojas y más hojas salieron, una tras otra. Rostros. Nombres. Rutas. Especialidades.

Las fue colocando en un mural improvisado.

—Agentes estándar… —analizó—. Entrenamiento básico, armas reglamentarias, nada especial.

Se cruzó de brazos, observando el conjunto.

—Pero no por eso inútiles.

Tomó un marcador y trazó líneas entre los rostros.

—Doce piezas —continuó—. Si corro como un idiota, alerto a los demás. Si espero demasiado… se esconden.

Sonrió apenas.

—Así que toca estudiar.

Se sentó frente al mural, apoyando los codos en las rodillas, la mirada afilada.

—Uno por uno —susurró—. Como en los viejos tiempos.

Afuera, Nueva Eridu seguía respirando, ignorante de que la cacería ya había comenzado.

.

.

.

.

Al despertar, Tn estiró el cuerpo con un gemido prolongado, sintiendo cómo cada músculo protestaba suavemente. Giró un poco el cuello y su mirada cayó en Jane, dormida junto a él. Su respiración era lenta, tranquila; la cola rodeaba de forma inconsciente la pierna de ambos, como si incluso dormida se negara a soltarlo.

—…Sigues aquí… —murmuró en voz baja, casi para asegurarse.

Era bueno verla.

Suspiró y se talló los ojos antes de incorporarse con cuidado. No quería despertarla. Se levantó despacio, apartando la cola con suavidad, y subió las escaleras por la escotilla del sótano.

Al salir, el silencio del consultorio lo recibió como una capa pesada. Caminó hacia la cocina y se puso manos a la obra. Gracias a los suministros que había comprado la noche anterior, no tendría que salir en un buen tiempo, y eso le daba una tranquilidad relativa.

—Menos movimiento, menos miradas —se dijo mientras sacaba ingredientes—. Mejor así.

Encendió la radio para romper el silencio. El aparato tardó un segundo en reaccionar antes de soltar una voz exageradamente animada.

—¡Holaaa, holaaa! Aquí su locutor favorito, Alastor, trayéndoles más música de los éxitos de este mes—

“You know I can’t smile without you

I can’t smile without you

I can’t laugh and I can’t sing

I’m finding it hard to do anything

You see I feel sad when you’re sad

I feel glad when you’re glad

If you only knew what I’m going through

I just can’t smile without you”

Tn resopló con una mueca, pero no la apagó.

—…y en otras noticias, la alcaldesa Rema Saverem menciona que organizará un evento benéfico para los orfanatorios de Nueva Eridu, además de enviar más recursos en ayuda a los anillos exteriores. Ha sido una semana productiva, con buen clima para ir de pesca al Puerto Elpis—

Tn removía la comida con movimientos mecánicos.

—Claro… —murmuró—. Todo perfecto.

—Además, gracias a los esfuerzos considerables de Seguridad Pública, la Defensa Shiyu continúa protegiendo los Pilares Shiyu en el Hueco Cero, garantizando el futuro energético de nuestra querida~ ciudad—

—Propaganda matutina —bufó Tn.

Terminó el desayuno, sirvió dos platos y bajó nuevamente al sótano. Jane ya estaba despierta, sentada en la cama, despertando con calma mientras escuchaba la radio que aún sonaba desde arriba, la cola balanceándose lentamente.

—¿Dormiste bien? —preguntó Tn, dejando el plato frente a ella.

Jane alzó la vista y sonrió.

—Contigo ahí, sí —respondió sin dudar—. Aunque el colchón podría ser mejor.

—No es un hotel —replicó él, sentándose—. Agradece que no sea una camilla.

Ella soltó una pequeña risa y dio un bocado más, ladeando las orejas.

—Pura propaganda, ¿verdad? —preguntó, señalando vagamente hacia la radio—. Todo suena demasiado bonito…..

Tn se encogió de hombros.

—Prefiero escuchar la música que los avisos matutinos —dijo—. Al menos la música se ha vuelto bastante buena.

Jane lo miró unos segundos en silencio.

—¿Crees que esto se calme pronto? —preguntó en voz baja.

Tn no respondió de inmediato. Cortó un trozo de comida, lo masticó despacio.

—No lo sé —admitió al final—. Por eso nos quedamos quietos. Tú aquí. Yo bajo perfil.

Jane asintió, acercándose un poco más.

—Entonces confío en ti, doctor~ —dijo con una sonrisa suave moviendo su cola de un lado a otro.

Tn suspiró, mirando su plato.

—No me llames así —murmuró—. Aquí… solo soy yo.Jane~.

.

.

El día pasó sin muchos problemas. El consultorio se mantuvo extrañamente tranquilo; apenas un par de mensajes automáticos y ninguna visita directa. Tn, como médico de combate, sabía que en la situación actual muchas consultas quedarían pausadas por orden interna… y, para ser honesto, no le molestaba.

Jane, por su parte, estaba de buen humor. Sentada en el sótano, balanceando las piernas, pensó para sí misma que no tendría que hacerse daño para tener una excusa y quedarse con Tn. Ahora, literalmente, estaba viviendo con él… y esa idea le arrancó una sonrisa lenta, casi culpable.

—Qué conveniente… —murmuró para sí, abrazando una almohada.

Arriba, Tn pasó buena parte del día ordenando el consultorio, revisando suministros y arreglando pequeños detalles de la casa. Cada tanto bajaba al sótano solo para verla, intercambiar un par de palabras y asegurarse de que todo estuviera bien.

—¿Estas comoda? —preguntó en una de esas bajadas, apoyándose en el marco.

—Lamentablemente, sí —respondió Jane, exagerando un suspiro—. Pero aburrida.

Tn frunció un poco el ceño.

—Estaba pensando en eso. Podría conseguir algunos casetes de películas.

Jane alzó una ceja, divertida.

—¿Películas porno cuentan?

Tap.

Tn le dio un golpe suave en la cabeza con los nudillos.

—Compórtate, Jane. Ya estás grande para eso.

—¡Auch! —protestó ella, sacándole la lengua—. Qué cruel, eres Tn Mmm~ no te gustaria ver una pelicula erotica conmigo. Podríamos dormir todo el dia y nada que hacer.

—Sigue así y solo te traigo documentales —replicó él, dándose la vuelta.

Jane rió mientras él subía. Tn sacó su teléfono y comenzó a buscar tiendas cercanas. Tras unos segundos, un nombre le llamó la atención.

—“Random Play”… —murmuró—. Distrito 6… no está tan lejos.

Bajó de nuevo al sótano.

—Puedo pedirlas a domicilio —dijo—. Mejor que salir.

—¿No será más caro? —preguntó Jane, ladeando la cabeza.

—Un poco —admitió—. Pero prefiero pagar que llamar la atención.

Ella se encogió de hombros.

—Mientras haya películas, apruebo la decisión.

Tn hizo el pedido con calma:

dos de romance, tres de suspenso y cinco de anime.

—¿Anime? —preguntó Jane, fingiendo sorpresa—. No te imaginaba así.

—No empieces —respondió él—. Te mantendrán ocupada.

—Me conoces demasiado bien —sonrió ella, envolviendo la cola alrededor de su pierna.

.

.

Mientras tanto, en Random Play, Wise dejó escapar un gemido molesto al escuchar la notificación del pedido.

—Ugh… otro envío largo —refunfuñó—. ¡Belle!

—¿Síiiiiiii? —respondió una voz desde el piso de arriba.

—¿Puedes encargarte de este pedido? Distrito 6.

En la habitación superior, Belle estaba abrazada a su novio, Tn. Abrió los ojos lentamente.

—Saldré un rato~ —murmuró—. Vuelvo pronto,*Beso* ¿sí?

—*Mmmm~*Está bien —respondió él con tranquilidad separándose de ella—. Cuídate.

Belle se levantó, bajó las escaleras y llamó a su Bangboo. El pequeño robot apareció refunfuñando con su tono metálico.

—Unidad lista… búsqueda de mujer policía… eliminar, eliminar, eliminar, eliminar—

—Nada de eso —dijo Belle, abrazándolo por la cabeza—. Trabajo de reparto, ¿ok?

El Bangboo emitió un sonido que sonaba sospechosamente como un gruñido resignado.

—Trabajo aceptado…

Belle rió, tomó la bolsa con los casetes y salió del local.

—Vamos, socio —dijo—. Dinero extra nunca viene mal.

Y así, sin saberlo, una simple entrega de películas comenzaba a entrelazar aún más los hilos de esa calma frágil que rodeaba a Tn y Jane… una calma que no duraría para siempre. Verdad.

.

.

.

-!NO ESPERA PUEDO AHGHHGGHHG!-.

Clink.

Un corte rápido.

Pagan ya tenía su lista en la mano. En apenas un par de horas, cuatro de doce nombres habían sido tachados con una línea firme y seca. No había dramatismo en el gesto, solo eficiencia.

—Cuatro… —murmuró, guardando el marcador—. Ocho restantes.-Guardó la espada notando al agente caer al suelo mientras el líquido vital fluya libremente.

Era notable el deplorable estado que estaba el agente, habiendo sido mutilado y cortado por el sicario.

Había tenido suerte. Varios de esos agentes aún no habían sido puestos bajo custodia directa de Seguridad Pública. Y aunque lo estuvieran, el número simplemente no daba.

De todo el personal disponible:

el 56% eran agentes comunes patrullando Nueva Eridu,

el 20% fuerzas de asalto,

y el resto… infiltración, dobles agentes, sombras. O en guarnición de sectores.

Demasiadas grietas. Muy pocos para cubrirlo todo.

Pagan se levantó del lugar donde había estado observando, limpiándose la sangre seca del guante contra el pantalón. Se movía como si nada pesara sobre él.

Entonces lo notó.

Una mirada.

Una mujer thiren, cuernos pequeños y piel pálida, paralizada en un callejón lateral. Estaba temblando.

En un parpadeo, Pagan estuvo frente a ella. La acorraló contra la pared sin levantar la voz.

—¿Qué haces tan sola por aquí~? —preguntó con calma inquietante.

—Y-yo… yo no vi nada —tartamudeó ella—. Lo juro… no vi nada…no vi nada p-por favor.

Pagan inclinó la cabeza, la observó un segundo más y levantó la mano. Tocó uno de sus cuernos con suavidad, casi con curiosidad.

—Tienes suerte —susurró—. No eres un oni. Uf, vaya alivio.

Ella contuvo la respiración.

Cuando parpadeó… él ya no estaba.

Pagan reapareció varias calles más lejos, activando de nuevo el rastreador de datos.

—Sigamos —dijo para sí—. El día aún es largo.

Y mientras él cazaba, las mafias también se movían.

Casas de seguridad, refugios improvisados, almacenes olvidados, zonas remotas. Sobornos, contactos, amenazas. El odio era suficiente combustible. Esa noche no habría descanso para los infiltrados.

.

.

.

.

toc toc

El sonido seco en la puerta del consultorio hizo que Tn alzara la cabeza de inmediato. El instinto habló antes que la razón. Aun así, respiró hondo y abrió.

Frente a él había una chica joven y un Bangboo con una bolsa colgando. Tiene cabello azul oscuro que se desvanece a naranja en las puntas, ojos color aguamarina con tonos naranjas y piel clara. Viste una chaqueta blanca/naranja/gris, camiseta negra, falda gris-naranja y accesorios coloridos.

—¿Entrega para… Tn? —preguntó ella, revisando la pantalla—. Casetes de Random Play~.

Tn parpadeó, sorprendido… y aliviado.

—Sí. Soy yo.

El Bangboo emitió un pitido mecánico.

—Entrega confirmada. No hubo problemas en el trayecto. Día productivo.

La voz era notablemente mejorada, incluso mejor lenguaje que un bangboo normal aunque su estado parecía sacado del basurero.

La chica se puso un poco roja.

—¡Oye! No digas eso así…

Tn no pudo evitar una leve sonrisa. Tomó la bolsa y pagó.

—Gracias por traerlos —dijo—. En serio.

—¡Gracias a usted por comprar en Random play~! —respondió ella con una sonrisa amplia—. Que disfruten las películas.

El Bangboo levantó un brazo.

—Propina y pago aceptado. Retirada.

Ambos se dieron la vuelta y se alejaron por la calle.

Tn cerró la puerta con cuidado, apoyó la espalda en ella un segundo más de lo necesario… y luego miró la bolsa.

—Listo, Jane… —murmuró—. Ya tenemos entretenimiento.

Sin saberlo, mientras bajaba las escaleras al sótano, el cerco comenzaba a cerrarse en algún punto de la ciudad.

.

Al bajar al sótano, Tn encendió el pequeño televisor: una pantalla modesta, de unas veinte pulgadas, con un leve zumbido al cobrar vida. La luz azulada bañó el cuarto mientras sacaba los casetes de la bolsa y los iba introduciendo uno por uno, el clic mecánico sonando casi reconfortante.

—A ver… —murmuró—. Romance, suspenso… anime.

Se sentó en la cama junto a Jane. Ella había optado por ponerse boca abajo, con el mentón apoyado en las manos, mirando fijamente la pantalla. Sus piernas se movían despacio, distraídas, y la cola se enroscó casi sin pensar alrededor del brazo de Tn.

—Oye… —susurró ella—. Esta no está tan mal.

“El color que cayo dle cielo”.

—Dale unos minutos —respondió él—. Siempre empiezan lentas.

El tiempo pasó sin demasiadas palabras. Solo el sonido de la película, alguna respiración tranquila, y el leve roce de la cola de Jane, como asegurándose de que él seguía ahí.

Horas después, Jane rompió el silencio.

—Tengo hambre… —dijo en voz baja—. Y antojo de queso.

Tn cerró los ojos un segundo, resignado.

—Siempre queso —murmuró—. Está bien, te preparo algo.

Jane sonrió ampliamente.

—Sabía que dirías que sí.

Cuando Tn subió las escaleras, la sonrisa de Jane se fue apagando poco a poco. Tomó la manta y se enrolló en ella, aspirando con cuidado.

sniff… sniff…

El aroma de Tn seguía ahí. Limpio, familiar. Seguro.

Eso la calmaba… y al mismo tiempo le dolía.

—Mmmmm~ Idiota… —susurró para sí—. Siempre estás ahí…

Quería sentirlo quería tocarse, pero no.

Recistiria cualquier impulso para no mancharlo a el.

.

.

Después de cenar, Tn bajó de nuevo.

—Jane —dijo con tono suave—. Hoy voy a dormir arriba.

Ella se quedó sentada en la cama, las manos apretando la manta.

—Lo sé —respondió tras un segundo—. Está bien… lo entiendo.

—Es solo por ahora —añadió él—. No siempre voy a poder quedarme aquí. Es mejor no llamar la atención.

—Lo sé, Tn —repitió ella, forzando una pequeña sonrisa—. Descansa.

Él la miró un momento más, como queriendo decir algo, pero al final solo asintió y subió.

Cuando el sonido de sus pasos desapareció, Jane frunció el ceño. Se recostó, mirando el techo oscuro del sótano.

—No soy una niña… —murmuró—. Pero tampoco puedo…

Las horas pasaron lentas. El silencio pesaba.

Jane cerró los ojos y se concentró. Cuando estuvo segura de que Tn dormía, se levantó con cuidado. Descalza, salió del sótano, moviéndose como una sombra.

Entró en la habitación superior y lo vio.

Tn dormía profundamente.

El corazón de Jane empezó a latir con fuerza. Se quedó ahí, de pie, mirándolo. Su mano tembló al alzarse… pero se detuvo antes de tocarlo.

—Te amo… —susurró apenas audible—. Demasiado.*Sollozar*. Pero estoy sucia… no puedo tocarte.

Quería tocarlo. Abrazarlo. Amarlo como un amante ama a otro. Montarlo y sentirlo tan profundo dentro de ella.

Pero no podía. No así. No siendo quien era.

Se quedó allí un par de horas, inmóvil, guardando esa imagen como un tesoro prohibido. Luego, con un último vistazo, regresó al sótano.

Se metió en la cama, se envolvió en la manta y cerró los ojos.

—Duerme, Jane… —murmuró—. Solo duerme.

Y así, al fin, logró conciliar un sueño ligero… lo suficiente para despistar a Tn cuando amaneciera.

.

.

.

—!T-te lo juro!… —la voz de la thiren conejo temblaba—. No sé dónde están los demás. Por favor… déjame ir.

Pagan la observaba en silencio. Estaba sentada en el suelo, las orejas caídas, el cuerpo cubierto de moretones viejos y recientes. Había pasado todo el día siendo movida de un lugar a otro, interrogatorios improvisados, amenazas, huidas fallidas. Aun así, seguía viva… por ahora.

—Respira —dijo él al fin, con un tono casi cansado—. Si mientes, tu pulso cambia.

Ella tragó saliva.

—No miento… —jadeó—. Las órdenes fueron claras. Casas seguras. Ocultarnos. Esperar a seguridad pública.

Pagan apoyó la espalda contra la pared, cruzándose de brazos. Había sido un día largo. Más de veinticuatro horas de caza continua. De su lista original, solo le faltaban cuatro nombres… y tenía a cuatro agentes justo frente a él, repartidos en distintos puntos de la ciudad.

—Hmp… —soltó una risa baja—. El gobierno sí que ha cambiado.

La thiren alzó la mirada, confusa.

—¿Q-qué…?

—Antes nos habrían mandado a todos juntos —continuó Pagan, como si hablara solo—. Limpieza directa. Sin esconder nada y diríamos que los cuerpos fueron tirados al pozo. Ahora… minimizar daños, controlar rumores, tapar cadáveres, malditos pussys que le paso a la vieja escuela.

Recordó, por un instante, su viejo trabajo. Las órdenes simples. El blanco claro. La ejecución rápida.

Esto… esto era distinto.

—Por favor… —la agente apretó los puños—. Ya te dije todo lo que sé. Puedo desaparecer. Nadie sabrá que estuve aquí.

Pagan la miró por última vez.

—¿Dejarte vivir? —repitió, pensativo.

Ella asintió con desesperación.

—Sí… lo prometo.

El silencio se volvió pesado.

—Por desgracia… —dijo él con voz neutra—. No está en el contrato.

No hubo dramatismo. No hubo palabras finales.

Un solo movimiento.

El río siguió su curso como si nada hubiese pasado.Mientras la mujer se hundía en el.

Pagan se quedó unos segundos mirando el agua, luego dio media vuelta y se alejó, ajustando la katana a su costado.

—Tres nombres —murmuró para sí—. Y apenas llevo un día.

Caminó sin prisa, ya pensando en el siguiente paso, en la siguiente dirección, en la siguiente sombra donde alguien creía estar a salvo.

El como nadie se había dado cuenta de que un loco estaba matando por la ciudad.

Simple.

Seguridad pública se encargo de minimizar las desapariciones y asesinatos, gracias a eso las mafias tuvieron vía libre.

Para suerte de Pagan nadie estaría hablando de los cuerpos que dejaba a su paso y los dejaba en tal estado que pareciera que fueron asaltados.

Eso decía mucho de su trabajo… y de lo fácil que seguía siendo cazar en una ciudad que fingía estar preparada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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