Waifu yandere(Collection) - Capítulo 272
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Capítulo 272: Capella emerada lugunica Re zero
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Nombre:Tn
Titulos:El invicto, Dictador de la corona, El despiadado, Arzobispo del segundo cielo.
Magia:Inmutabilidad, Quinquaginta(Todo es 50/50), Fuego.
Armas:Espada doncella Quinn.
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El Culto de la Bruja era una organización conocida incluso por quienes fingían ignorarla. Cuatro siglos de atentados, masacres y herejías habían grabado su nombre en la memoria colectiva del mundo. No eran un ejército ni un reino: eran una plaga ideológica. Y aun así, rara vez se reunían todos.
Buscando revivir a Satella una bruja. UN grupo bastante reconocido,tiene una reputación infame, siendo temidos y odiados universalmente como una organización terrorista peligrosa y fanática dedicada a la Bruja de la Envidia, Satella.
Aquella noche, sin embargo, las sillas estaban ocupadas.
Cada Arzobispo del Pecado se hallaba sentado en su respectivo lugar, aguardando. No había vino, ni ceremonia, ni saludo alguno. Solo una espera densa, cargada del olor invisible de la Bruja… o casi.
Petelgeuse Romanee-Conti temblaba en su asiento, dedos crispados, murmurando palabras sin destinatario.
—Amor… amor, amor, amor… todo es por amor… ¡por el amor de mi Bruja, sí, sí, sí…!
El pobre hombre ya habia perdido la mayoria de sus facultades.
Regulus Corneas chasqueó la lengua, claramente molesto.
—De verdad, esto es insoportable. ¿Por qué debo compartir el mismo aire que alguien incapaz de callarse? Nadie aquí aprecia el silencio ajeno. Yo, por ejemplo, jamás obligo a otros a escucharme. Eso sería egoísta.
Nadie le respondió.
Sirius se balanceaba suavemente, riendo en voz baja, como si escuchara una melodía que no existía. Los tres de la Gula observaban en silencio, atentos, casi expectantes.
Parecia que en cualquier momento devorarían algo.
Pero no eran ellos quienes robaban las miradas.
Capella Emerada Lugunica estaba sentada… sobre alguien.
No en una silla.
Sobre las piernas de un hombre.
La joven —con apariencia de una adolescente o una mujer apenas entrada en su juventud— frotaba el rostro contra el pecho del sujeto con un leve chillido complacido, como una criatura mimada. Su piel pálida contrastaba con el bikini negro, los pantalones cortos y las leggings ceñidas. El cabello rubio corto se mecía con cada movimiento, la rosa en su mechón largo brillando suavemente.
El hombre que la sostenía no parecía un Arzobispo.
Cabello largo y púrpura, facciones serenas, vestimenta formal del mismo color, postura relajada. No desprendía el hedor de la Bruja. No rezaba. No temblaba. No sonreía.
Algo completamente ajeno a la mayoria ahi.
Tn, el llamado Arzobispo del Segundo Cielo.
Regulus frunció el ceño.
—Esto es… extraño. Extremadamente extraño. ¿Desde cuándo permitimos… esto en una reunión formal? No recuerdo haber dado mi consentimiento para que alguien convierta esta asamblea en un espectáculo impropio.
Capella levantó la cabeza, mostrando su yaeba al sonreír.
—¿Hm? ¿Hablabas conmigo, cosita avariciosa~? Qué raro, no escuché nada interesante de una repugnante mosca.
Luego volvió a restregar la mejilla contra el pecho de Tn, suspirando exageradamente.
—Es que él es cómodo~ por favor dejame probarlo~ me transformare en esa rubia que tanto te gusta~.
Sus dedos enguantados recorrieron un poco la ropa del hombre moviendoce hacia sus pantalones,comenzando a acariciarlo esperando una reaccion.
Tn no reaccionó de inmediato. Su mirada permanecía fija en ningún punto en particular, como si la sala entera fuera irrelevante. Finalmente, habló, con voz tranquila.
—Si te molesta, puedes no mirar.-Su mano izquierda acaricio el cabello de Capella rascando un poco suavemente en contemplacion.-No me gusta tener observadores.-Le dijo finalmente a la mujer que no paraba de acariciarlo.
Regulus se quedó en silencio.
Por primera vez, no supo qué decir.
Asi que solo bufo hacia un lado.
Petelgeuse giró el cuello en un ángulo antinatural, clavando sus ojos en Tn.
—¿A-A-A-Amor? ¿Amor falso? ¡No, no, no! ¡Ese hombre no huele al amor de la Bruja! ¡No huele, no huele, no hueleeeeeeee!
Capella soltó una risita.
—Ay, Betel~ no seas grosero. Cada quien ama a su manera, ¿no crees?
Logro meter su mano dentro de la tela obteniendo lo que deseaba.
Tn bajó la mirada hacia ella.
—Capella. Baja.
—¿Eh~? ¿Por qué~?
—Porque Pandora va a hablar y saca tu mano.
Capella hizo un puchero, pero obedeció. Se deslizó fuera de sus piernas con un movimiento lento, provocador, y tomó asiento… aunque no demasiado lejos de él.
En ese instante, una presencia imposible de ignorar llenó la sala.
Pandora apareció sin sonido, sin transición. Simplemente estaba allí.
—Bien —dijo con suavidad—. Veo que todos han llegado.
Ningún Arzobispo respondió. Incluso Capella guardó silencio.
Pandora paseó la mirada por cada uno… y se detuvo un segundo más en Tn.
—Tenemos un objetivo nuevo —continuó—. Una semielfa. Su existencia es… inconveniente.
Petelgeuse gimió de placer.
—¡Sí, sí, sí! ¡Por la Bruja! ¡Por la Bruja!
Tn no reaccionó.
Pandora ladeó la cabeza.
—Segundo Cielo —dijo—. ¿Participarás?
Tn respondió sin emoción.
—Depende.
Capella giró el rostro hacia él, ojos brillantes.
—¿De qué~?
—De si me sirve.
El silencio volvió a caer.
Pandora sonrió, como si eso fuera exactamente lo que esperaba.
—No se preocupe, Segundo Cielo —dijo Pandora con suavidad—. Estoy segura de que los planes que tenemos son beneficiosos para todos.
La joven de baja estatura —apenas superando el metro y medio— avanzó un paso. Su cuerpo era esbelto, casi frágil, como el de una niña loli que jamás había conocido el cansancio. El cabello platino, largo y lacio, parecía casi transparente bajo la luz, y sus ojos azul oscuro observaban con una calma que no admitía réplica.
—El objetivo principal ya ha sido definido —continuó—. Y ahora, las tareas secundarias.
Pandora giró el rostro hacia Petelgeuse.
—Petelgeuse Romanee-Conti.
El hombre se estremeció.
—¡SÍ! ¡SÍ, SÍ, SÍ! ¡Mi cuerpo, mi mente, mi amor, todo por usted y por la Bruja!
—Encárgate de la Casa Karsten —ordenó Pandora—. Dentro del Reino de Lugunica.
Petelgeuse se dobló sobre sí mismo, riendo y llorando a la vez.
—¡Una casa noble! ¡Un sacrificio digno! ¡El amor será probado, sí, sí, sí!
Pandora no lo miró más. Sus ojos se desplazaron hacia Tn.
—Segundo Cielo. Hay un libro en posesión de Roswaal L. Mathers. Mago Principal de la Corte del Reino Dragón de Lugunica. Lo quiero intacto. Si no es mucho pedir.
Tn sostuvo su mirada durante unos segundos que parecieron alargarse más de lo natural.
—Lo recuperaré —dijo al fin—. Si existe.
No era tonto, el mago imperial tenia en su posesion la biblioteca de Echidna. El truco era saber donde buscarla.
Capella apareció detrás de él en un parpadeo, rodeándolo con los brazos, apoyando la barbilla en su hombro.
—Entonces iré contigo~ —murmuró—. No pienso perderme eso, y podremos hacer el amor durante todo el camino Mmm~ ya quiero sentirte dentro de mi.
Sus caderas revolotearon en anticipacion de su gran idea sintiendo los fluidos salir de su coño necesitado.
Tn suspiró, apenas perceptible. Sus ojos se desviaron un instante, como si una pieza nueva encajara en un mecanismo invisible.
—Necesitaré apoyo —añadió—. Roswaal no estará solo y apostaria que tendria en posicion caballeros formidables.
Una leve excusa.
Pandora inclinó levemente la cabeza.
—¿A quién deseas?
Tn giró el rostro hacia los tres Arzobispos de la Gula.
—Ellos.
Roy chasqueó la lengua.
—Oye, oye… no me gusta cómo suena eso.
Lye ladeó la cabeza, curioso.
—¿Pelear contra un mago imperial? Suena… problemático.
Louis no dijo nada, pero sus ojos se clavaron en Tn, desconfiados.
—Escuché —continuó Tn, con tono casual— que Roswaal se rodea de mujeres oni… y de semihumanos poco comunes.
El silencio duró un segundo.
Luego, Roy sonrió salibando ante la idea.
—¿Un banquete… único?
Lye rió suavemente.
—*Slurrrpp* Eso cambia las cosas.
Louis asintió despacio.
—Aceptamos.
Capella apretó los brazos alrededor de Tn, claramente contrariada.
—Quería hacerlo solos…
Tn dio media vuelta. Se inclinó apenas hacia ella y susurró algo que nadie más alcanzó a oír.
Los ojos de Capella se abrieron un poco más. Luego sonrió, mostrando los dientes.
—¿En serio~?
Tn asintió una sola vez.
—Entonces… lo haré posible —murmuró ella, satisfecha.
Con las órdenes dadas, uno a uno comenzaron a retirarse. Petelgeuse salió riendo, Sirius tarareando, la Gula debatiendo en murmullos ansiosos.
Antes de desvanecerse, Pandora se volvió hacia Regulus.
—Regulus Corneas.
—¿Sí? —respondió, irritable—. Espero que esta vez sea algo acorde a mi valor.
—Ve a Kararagi —dijo ella—. Hay movimientos que deben ser… corregidos.
Regulus frunció el ceño.
—Siempre yo. Siempre enviándome a limpiar errores ajenos. Qué injusticia tan grotesca.!MALDITA SEA!.
Destrozo un mural apenas de una patada.
Pandora sonrió.
—Confío en que lo harás bien.
La sala quedó vacía, salvo por Tn y Capella durante un breve instante.
—Segundo Cielo… —susurró ella—. No te olvides de tu promesa.
Tn ya se alejaba.
—No lo hago —respondió—. Nunca olvido lo útil.
Capella rió suavemente, mientras el Segundo Cielo desaparecía, rumbo a un libro… y a un desastre que nadie en Lugunica estaba preparado para comprender.
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(SUCULENCIAAAAAAAAAA)
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Quizás eran sus hormonas las que la engañaban, pero podría jurar que esta monstruosidad que ahora supuraba líquido preseminal le estaba picando la lengua. Si esta cosa entrara en su coño en ese estado de excitación palpitante, nunca más sentiría otra dentro de su coño.
La destruiría con solo la cabeza.
Pero ¿quién coño necesitaba otra polla pequeña cuando su amante llevaba una serpiente en los pantalones? Necesitaba esta polla más que nunca. Necesitaba que esta serpiente la dejara embarazada y le diera todos los hijos que quisiera. Necesitaba que esta polla le perforara el vientre. Necesitaba que esta bestia le arruinara el vientre para siempre, para otros hombres.
-Oye, cariño, ¿quieres una apariencia mas voluptuosa o degustamos algo a la par de las semihumanas?-, preguntó Capella con un tono aturdido, casi controlado mentalmente, mientras alcanzaba la polla carnosa y la agarraba con ambas manos, maravillándose con avidez por su grosor mientras miraba brevemente a Tn antes de lamerla como si fuera una piruleta.
Normalmente, una pregunta así habría levantado banderas rojas en todo su cerebro debido a lo que su pregunta insinuaba, pero como todos los cabos sueltos estaban cubiertos, no pudo evitar ponerse aún más duro con su pregunta.
¡La idea de dejar embarazada a la arzobispo era increíblemente excitante!
Pero no le iba a dar el gusto de follarla en su forma original.
-Supongo que un aspecto mas tonificado y de piel morena me vendría bien-, afirmó Tn casualmente, no queriendo estar en desacuerdo con su amante y arruinar el ambiente.
Eso era todo lo que Capella necesitaba saber antes de levantarse y quitarse la ropa más rápido que un rayo, revelando cada parte de su cuerpo de pecado a su divertido amante.
-Entonces vamos a hacerte bebés juntos, cariño~ -.
Cada aspecto fue cambiado,una mujer bestia (raza de tigre) de 1.85m (6’1-), piel oscura y complexión sumamente musculosa y atlética, con numerosas cicatrices que denotan su aspecto guerrero. Se caracteriza por tener cabello largo color gris, ojos rojos, orejas y cola de tigre.
El grito que lanzó el pecado, de apariencia cambiada, cuando se empaló hasta la empuñadura en la polla monstruosa de Tn se escuchó hasta las puertas del pueblo mas cercano.
Sus mejillas se sonrojaron, pero su mano no dudó. Sin romper el contacto visual, lo rodeó con los dedos, maravillándose de su enorme tamaño incluso en su estado flácido. Él tarareó cuando ella empezó a acariciarlo lentamente, moviendo el puño de arriba abajo. Le encantaba cómo respondía a su tacto, cómo sus músculos se tensaban bajo su mano.
Capella se puso emocionada. Capella hizo lo que le dijeron y lo masturbó más fuerte.
-Realmente sabes cómo masturbar una polla,C-a-p-e-l-l-a-.
—Eres un provocador —balbuceó Capella, casi tan emocionada como desde el comienzo. Podía sentirlo endurecerse con cada embestida, haciéndose más fuerte bajo su agarre y subiendo hasta…
Se alojó entre sus piernas, calentándose contra su coño desnudo. No sabía cuántos centímetros medía, solo que le cubría los muslos y el trasero. De hecho, aunque atrapados por los muslos de Capella, no estaban limitados.
Tn rió entre dientes. -Si soy yo quien provoca, ¿en qué te conviertes?- Extendió la mano, ahuecándole la mejilla con una mientras con la otra le recorría la cadera.
Capella no respondió. En cambio, se inclinó hacia él, apoyando la mano libre en su hombro mientras seguía acariciándolo. Esa polla enorme rozando su coño, el sudor corriendo por sus cuerpos, resbalando sobre su piel, y cómo ella se apretaba más contra él con ansia. Capella y Tn eran amantes.
No los mejores o los mas aptos. Pero a final de cuentas, ella lo deseaba y el jamas se entregaría a ella como deseaba.
Darle placer y manipularla en el camino. Era mas facil lidiar asi.
Su pene se contrajo una última vez, completamente erecto. Tn le agarró las nalgas, se las apretó una vez y luego regresó.
-Ninguna otra polla se compara…-
Centímetros de pura y palpitante perfección. Grueso y venoso, le penetraba el coño, exigiendo su atención. Capella no podía apartar la mirada; el corazón le latía con fuerza en el pecho.
-T-tu polla es increíble…- Inhalaba, exhalaba. Bruja, en la intimidad, la polla de otros jamás podrian hacer eso. No importaba dónde se moviera, siempre sentía esa polla monstruosa. Ya la había estirado.
Sus dedos se enredaron en su coño. No era suficiente. Necesitaba más.
-Tan grande, tan grande, tan grande…- Capella temblaba, con las manos a los lados, las mejillas y las orejas rojas como el carmesí, y la mirada fija. Quería tocarlo. El líquido que rezumaba parecía líquido preseminal. Se inclinó ligeramente.
Tn decidió que era el momento. La atrajo hacia sí para besarla, agarrándole el dulce trasero y dándole una nalgada. -¡Mmmm!-.
A Capella le encantaban los azotes en el trasero, así que lo hizo una y otra vez hasta que ella gimió. Rompiendo el beso, procedió a darle vueltas. Sus pechos se movían salvajemente creciendo lo suficiente para el gusto de Tn.
—¡A-Tn…! —Sintió la punta de su pene rozando su entrada. Un escalofrío la recorrió y arqueó la espalda instintivamente.
A cuatro patas, con el culo al aire y los ojos mirando hacia atrás, lo único que quería era follar.
Un ariete de treinta centímetros presionaba su coño. Su coño ya estaba dilatado. Ya se conocían.
Capella asintió con entusiasmo, con las manos apoyadas en la pared. -Sí. Dios mío, sí-.
Él la penetró con una embestida suave e implacable, estirándola de maneras que ella no creía posibles. -¡Nnnnghhhh~!-.
Su pelvis golpeó su trasero. Ahí estaba. De vuelta dentro. De vuelta a donde pertenecía…
…podía hacer cosas que ningún hombre antes que él pudo. Podía hacer que Capella Emerada chillara y tuviera un orgasmo con solo estar dentro.
Entonces si ese fue el primer impulso…
-¡Oh Dios mío~! ¡Oh Dios! ¡Dios mío! ¡Ahhhh Tn! ¡ Tn, tu POLLA! ¡ TU POLLA ES DEMASIADO BUENA! ¡DEMASIADO BUENA~! ¡NNGHHH~! ¡NO PUEDO! ¡NO PUEDO PARAR DE CORRERME!-.
-¡ME CORROOOOOOOOOOO! ¡ME CORRO POR TU GRAN AHHHHHH COÑOOOOOOOOO!-.
¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡ PLATTTTTT—!
¿Y qué? ¡Pum! ¡ Aplauso! ¡ Pum! Los ruidos lascivos de una pelvis penetrando un culo eran igual de increíbles que acariciar unas tetas.
De hecho, sin un buen culo, no se podían percibir los sonidos del apareamiento. Los gemidos, los jadeos, las bofetadas, todo formaba parte de la experiencia. Poder follar el mejor culo de todos era una delicia. Poder embestir a Capella sin repercusiones y con amor absoluto era un privilegio.
Un hombre que no solo se la follaba, sino que la apreciaba. Un hombre que no suspiraba y prefería en silencio algo mas.
Eso pensaba ella.
Poder salir, meter la polla entre las nalgas y luego inclinarse hacia adelante para susurrar: -¿Quieres más?- fue un sueño hecho realidad.
Bueno, en la opinión de los que amaban a Capella Emerada y Capella, conseguir una mujer cuyas nalgas exprimían una polla era mejor.
-Haah…nnghhh…Tnnnnnnnn…-.
Ella sonreía. Estaba feliz. Así que los besó. Se besaron, su trasero subiendo y bajando, antes de que Tn terminara el beso y volviera a follar.
¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡ PLATTTTTT—!
-¡TE AMOOOOO!-, gritó Capella, y su voz resonó mientras él la llenaba por completo. Los dedos de sus pies se curvaron, sus uñas rasparon la superficie húmeda frente a ella y jadeó en busca de aire.
¡Ahhhhhh Tn~! ¡ Tnnnnnnn~! ¡Tn…! Capella solo podía gemir, jadear y gimotear. Con una polla como esta, no había forma de resistirse. No había posibilidad de que se le escapara, a diferencia de otros. -¡Eres taaaan grande! ¡ Nnnnghhh…! ¡Ay! ¡Dios mío, Dios mío, Dios mío… ¡Me corroooo!
Tn no presumía de sus habilidades en la cama. Sus acciones lo hacían todo. Imponía un ritmo intenso, sus caderas embistiendo su trasero vibrante, volviéndola loca. Cada embestida le provocaba una oleada de orgasmos que recorría su coño, alcanzando zonas que ni siquiera sabía que existían.
-¡No!- ¡Empuja! ¡Orgasmo! -¡Sé! ¡ Los pensamientos intrusivos son pensamientos intrusivos! ¡ Y…!-.
Se suponía que Capella Emerada era inteligente. Se suponía que era una arzobispo, digna y temida y… ¡Dios mío, se estaba corriendo! -¡Me estoy corriendo!-. Puso los ojos en blanco, sacó la lengua… ¡Cielos, se estaba corriendo!
Tn sonrió. -Eso sonó como un cumplido-.
Capella apenas podía formar pensamientos coherentes. Solo podía sentir: cómo su pene la estiraba, cómo sus manos la aferraban a las caderas, cómo su respiración se entrecortaba con cada movimiento. Estaba perdida en el ritmo, en la pura intensidad de su conexión, y cuando llegó al centésimo orgasmo, casi la hizo caer de rodillas.
Ella gritó su nombre y se estremeció incontrolablemente mientras oleadas de placer la invadían. Pero Tn no se detuvo. Siguió, follándola cada vez más cerca, hasta un estado que ella no reconocería. Hasta que se convirtió en un desastre tembloroso y gimiente.
-¡Tn, por favor!…-, suplicó con la voz entrecortada. -Córrete… córrete dentro… haz lo que… no…-.
Él embistió con naturalidad. Sus embestidas se hicieron más profundas y rápidas, y Capella sintió que se acercaba en espiral a otro clímax. Esta vez, la golpeó con más fuerza, y su visión se nubló al desmoronarse en sus brazos.
-Lo pensaré-, terminó diciendo Tn.
Solo entonces se permitió terminar. Tras una última embestida poderosa, se retiró y se masturbó hasta el final. -¡Aquí está! ¡ Me voy a correr en tu culo, Capella!- Su polla palpitó y derramó su semen sobre ese trasero esponjoso. Gimió su nombre, sacudiéndose y tirando de su polla hasta que decidió que ya era suficiente.
Mientras todavía se corría, le dio una palmada en el culo con su polla, la atrajo hacia él, envolvió sus brazos alrededor de su estómago y estrelló sus labios contra los de ella en un beso abrasador.
Sus cuerpos temblaban juntos, mientras se aferraban el uno al otro. Capella se sentía completamente estúpida. Directamente, se sentía tonta, como una zorra de leche.
-Se supone soy yo quien provoca lujuria-, gimió Capella. Casi se avergonzaba de lo que era. Casi.
Suspirando y sonriendo, Tn la levantó.
Capella no pudo evitar sonreír.-Mmm-.
Capella lo abrazó por el cuello. Su risa se convirtió en un suspiro entrecortado al sentir su erección presionando su trasero. Totalmente erecto y estirado, era imposible no notarlo. Sus ojos se posaron en el lugar donde su enorme pene rebotaba a cada paso. Treinta centímetros de largo… ¿cómo podría alguien acostumbrarse a eso?
No tenía respuesta, al menos no una que pudiera articular. En cambio, abrió más las piernas, invitándolo a quedarse. Tn se inclinó, capturando sus labios en un beso abrasador mientras guiaba su pene hacia su entrada. En cuanto él la penetró, Capella jadeó y reprimió el impulso de arquear la espalda.
—Oh, Dios —gimió ella, agarrando las sábanas con las manos mientras él tocaba fondo—. Tn… joder…
Hizo una pausa, dejándola adaptarse, con la frente pegada a la de ella. -¿Estás bien?-, preguntó.
Capella asintió frenéticamente, clavándole las uñas en los hombros. Estaba encima de ella. La miraba como si la amara de verdad, con todo el corazón. Sin vacilación, sin otra mujer. Solo ella. «Sí, sí, muévete. Por favor».
Tn obedeció, saliendo lentamente antes de volver a penetrar con una fuerza que la hizo gritar. Cada embestida era deliberada, cada movimiento calculado para alcanzar cada punto sensible de su interior. El cuerpo de Capella se derritió bajo el suyo, sus músculos se tensaron mientras el placer la enroscaba en su interior.
Ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura, atrayéndolo más profundamente, desesperada por más.
Pero Tn tenía otros planes. Se separó de sus labios, sentándose sobre sus talones y tirándola hacia arriba. Antes de que Capella pudiera protestar, la volteó, hundiendo las rodillas en el colchón al adoptar la postura. Su trasero estaba a la vista, y Tn no perdió tiempo en admirarlo, acariciándole las nalgas con las manos mientras se alineaba de nuevo.
Capella miró por encima del hombro; el pelo se le pegaba a la cara sonrojada. -E-estás demasiado obsesionada con mi trasero…-.
Tn rió entre dientes, dándole otra nalgada antes de penetrarla sin previo aviso. El grito de Capella se convirtió en un gemido fuerte y prolongado al llenarla por completo. ¡CLAP, CLAP, CLAP! Sus manos se aferraron al arbol, todo su cuerpo temblaba con cada poderosa embestida. Podía sentirlo por todas partes: estirándola, reclamándola, haciéndola suya de todas las maneras posibles.
¡AHGHGHG! ¡ Nnnngh, Tn! ¡ Ahhhhhh Tn~! ¡Qué profundo! —Puso los ojos en blanco y se le quebró la voz al tocar un punto particularmente sensible—. ¡Justo ahí! ¡ Dios mío, justo ahí!
No necesitó que se lo dijeran dos veces. Tn se concentró en ese ángulo. Se lo folló bien.
En fin. Los gemidos cada vez más frenéticos de Capella y el ritmo cada vez mayor de Tn en sus nalgadas iban de la mano. -¡Gssskkk~! ¡Ngghhh~!- Se tapó la boca. Tenía que hacerlo para sonar remotamente humana. Capella sentía cómo se deshacía, su orgasmo crecía con cada embestida, con cada caricia de su polla contra su útero.
—¡Llegamos a ciento veinte! —logró decir Capella entre jadeos. Contaba. Al fin y al cabo, tenía un gran delirio para atesorar cada momento de intimidad con Tn. Siempre recordaba—. ¡Veintiuno! ¡Nnnghhh! ¡ No pares, Tn, por favor, no pares!
No lo hizo. En todo caso, la folló con más fuerza, apretando cada vez más sus caderas mientras la acercaba al límite. La visión de Capella se nubló, y todo su mundo se redujo a la sensación de tenerlo dentro. Cuando finalmente llegó a su orgasmo número ciento cincuenta, fue explosivo, desgarrándola con tal intensidad que gritó su nombre y Tn ni siquiera lo supo. Pensó que gemía sin motivo.
Tn gimió, su ritmo flaqueó cuando su estrechez amenazó con arrastrarlo al límite. Pero él aguantó, decidido a hacerla correrse una vez más. Disminuyó el ritmo, permitiéndole recuperar el aliento antes de volver a acelerar. Capella gimió; su cuerpo hipersensible luchaba por seguirle el ritmo, pero no podía negar el placer que la recorría.
-Estás hecho un desastre-, murmuró Tn, con un tono entre petulante y cariñoso. -Mírate. Je, Arzobispo-.
Su cuerpo tuvo una reacción visceral. Recordó las lágrimas. El día que pudo conocerlo.
La mente de Capella apenas registraba sus palabras, demasiado absorta en la sensación de él moviéndose dentro de ella, pero su mente lo recordaba. Le temblaban las piernas, la lujuria la nublaba, y aun así, no tenía suficiente. -Más-, suplicó. -Por favor, Tn, necesito más-.
Venganza. Todo esto se trataba de venganza.
Pero contra….. amor.
Contra si misma. Capella es una persona despreciable y Egocéntrica la cual esta dispuesta a pisotear e insultar a los demás porque quiere, Ella es considerada la peor personalidad a conocer dentro de los arzobispos del pecado.
Pero no para Tn.
Nunca para el.
“El de verdad me ama”.
Entonces, cuando Tn se enterró profundamente, con la polla completamente dentro y las bolas presionadas, ella gimió: -¡Dentro~!-.
Su pene palpitaba y la inundaba por dentro como nunca lo había hecho. Capella sintió el calor extendiéndose en su interior. Gimió, se convulsionó y bajó la cabeza. Solo su trasero se alzó.
Perfecto para una corrida interna y breves embestidas. Tn suspiraba mientras vaciaba sus bolas dentro de su coño de Capella. Exprimió tanta masa de bebé que, al retirarse, Tn solo pudo darle una palmada en el trasero y decir: «Espero que te hayas disfrutado esto y cumplas».
Capella gritó, arqueando la espalda en la cama. Ardía, Dios, ardía, pero era el tipo de ardor que representaba un placer puro, que la hacía jadear y llegar al clímax, el tipo que la hacía querer más.
-¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡OH DIOS! ¡ME CORRO!-.
¿Q-qué? ¿ Ya te estás corriendo…?
-¡OTRA VEZ~! ¡ Tn~! ¡ ATn! ¡ TU GRAN POLLA! ¡GRAN POLLA! ¡ TU INCREÍBLE POLLA! ¡HACIÉNDOME CORRER!-.
Unas horas más tarde.
El bosque estaba lleno de gritos de placer, extremidades agitadas retorciéndose de dulce placer y los signos reveladores de una polla gorda follando constantemente un coño apretado hasta el orgasmo, arañando los puntos más sensibles dentro del agujero.
Tn sujetó a Capella por la parte posterior de sus rodillas para envolver sus manos alrededor de su cuello en la espalda y la hizo rebotar hacia arriba y hacia abajo sobre su palpitante polla, incrustando cada centímetro de la palpitante polla en su cómodo culo como una bestia salvaje.
Hacía tiempo que se habían mudado de lpostura después de los primeros orgasmos explosivos de Capella y ahora estaban teniendo relaciones sexuales abiertamente.
De pie en medio de un campo, de espaldas al árbol y sin ropa, Tn perforó con su polla el mullido trasero de Capella ahora habiendo cambiado su apariencia de nuevo, Mide 168 cm, y destaca por su largo cabello morado y ojos rojos intensos.
El pecado estaba a su merced.
Las gordas tetas de Capella rebotaban y golpeaban su cara con un golpe sordo, liberando chorros de leche espesa con cada embestida en sus entrañas. No pudo hacer otra cosa que gritar, relajarse y tener un orgasmo silencioso mientras disfrutaba de cada momento que tenia.
Tn gruñó, moviendo salvajemente al pecado sobre su polla, que le llegaba hasta los pies, siseando de placer mientras su esfínter se apretaba alrededor de su palpitante miembro. -¿Te gusta eso, eh?.
¡Oh, sí, joder! ¡Más fuerte! ¡Méteme esa polla más adentro! ¡Quiero sentir cada centímetro de esa carne! —gritó de placer la pecado mientras su amante la follaba como una mujerzuela común. Sus enormes tetas cremosas se mecían con cada embestida salvaje en su tesoro oculto entre sus enormes nalgas—. ¡Muévete más rápido; ¡Meteme cada centímetro!
Cada palabra que salía de su boca era acentuada por un empuje que hacía temblar las caderas en el interior del pecado, enviando ondas a través de su trasero mientras ella rebotaba salvajemente hacia arriba y hacia abajo sobre su amante con pene de caballo.
-¡Sí, úsame! ¡Arruíname!-, gritó La arzobispo pecado con un placer abrumador, con su exuberante y carnal cuerpo cautivo por las fuertes manos de su amante, sujetándola con todas sus fuerzas mientras la follaban. -¡Mi amor me está follando! ¡Fóllame más fuerte! ¡Mueve las caderas!-.
-¡ME VUELVO A CORRER!-.
Al ver sus jugos brotar de su canal de amor completamente follado y la increíble estrechez de sus paredes internas apretando su carne explosiva, Tn empujó bruscamente dentro de ella tan rápido como pudo, conduciendo la gigantesca polla de carne hacia sus temblorosas paredes, tratando de acercarse a la liberación que se acercaba.
-¡Aquí viene!.
-¡AHHHhhh ahhhhhhhhhh!-.
Capella gritó a los cielos cuando Tn envainó toda la longitud carnosa de su hombría hasta la empuñadura dentro de su trasero, con los ojos en blanco cuando sintió una gruesa cuerda tras otra de semillas para hacer bebés salpicar el interior de su año tapado.
Aún hundido hasta las bolas en el babeante pecado, Tn gimió débilmente mientras una gruesa masa de bebé se deslizaba y ahogaba las entrañas de Capella hasta el borde.
Terminado con su liberación, Tn susspiró contento y sacó su polla ablandada del trasero abierto de Capella y la recostó sobre la suave hierba, observando con fascinación cómo se movía y trataba de sujetar un miembro inexistente, liberando cuerdas pegajosas y glutinosas de su semen en el suelo en el proceso.
-¡Uf! Me dejaste bien drenado-, jadeó Tn suavemente, con los ojos aún vidriosos por el orgasmo explosivo que tuvo, mientras se giraba hacia su amante. -¿Listo para ir otra vez? Quiero follarte esa hermosa cara ahora.-
Como si estuviera en piloto automático, Capella se acercó a el y se arrodilló entre sus piernas en cuanto dijo «chupar» y «pene» en la misma frase. Con los ojos vidriosos de lujuria y las mejillas ardiendo de vergüenza, el miembro pecador abrió la boca con entusiasmo para el y gimió lascivamente mientras centímetro a centímetro de carne pecado, empapada en los jugos de su antigua forma, se introdujo en su garganta hasta que su nariz rozó el vello púbico del hombre.
Fue sólo el comienzo.
¡Te voy a chupar hasta la última gota de esas bolas tan enormes, querido! ¡Me vas a suplicar que pare!
Luego de muchas horas.
Eran casi las cinco de la mañana y Tn con el ceño fruncido miraba fijamente al techo del dormitorio que habían logrado conseguir luego de que él y Capella llegaran a una casa no muy lejos de su ubicación.
Los antiguos propietarios no duraron mucho luego de ser convertidos en ratas por una Capella muy cachonda para recibir un no como respuesta.
Casi sin poder cerrar los ojos. De hecho, no había dormido ni un segundo después de su rutinaria sesión nocturna de estirar el estrecho coño de su amante y follar el gordo trasero de La arzobispo hasta el olvido.
Eso fue hace una hora.
Una suave sonrisa tiró de sus labios mientras observaba distraídamente la expresión feliz de su amante durmiendo como un gatito inocente, sin una pizca de incomodidad o preocupación en su rostro.
Por la bruja Todopoderosa que ella era hermosa… y desnuda.
Un cabello rubio se extendía por toda la cama, cubriendo el lado derecho de la cama con un diseño flameante de pura belleza femenina; algunos mechones colgaban frente a sus rasgos afilados pero delicados. Sus labios carnosos se estiraban inconscientemente en una sonrisa de satisfacción con un piercing debajo del labio inferior mientras dormía sobre su pecho escultural.
La familiar sensación de sus enormes pechos hinchados por la leche aplastada contra los músculos pétreos de su torso, así como sus pezones todavía erectos, que ocasionalmente goteaban leche y rascaban su densa piel, estaba provocando que su amigo inferior palpitara.
Hablando de su amigo de abajo, como era la regla entre los dos, el trozo de carne de gallo de un pie de largo estaba cómodamente incrustado en el coño aún húmedo y lechero de la mujer, apretando ocasionalmente el pilar de carne para ordeñar lo que había quedado de su celoso bestial de la última noche.
Le costó toda su fuerza de voluntad y más aún contenerse de aferrarse a las enormes tetas de carne llenas de leche que presionaban contra su costado y succionarla hasta dejarla seca. O montar esas caderas gruesas y fértiles suyas y descargar una o doce cargas en su titánico trasero… otra vez.
Lo había pensado, hacía apenas una hora, y la evidencia de su encuentro sexual aún era visible en el bulto visible en su vientre amazónico. Su miembro, atascado en sus paredes ordeñadoras, era lo único que impedía que la espesa masa de pecado que le llenaba el coño se derramara en grandes cantidades.
Pero….
Casi un par de décadas después de que él y Capella iniciaron esta relación tabú, pecaminosamente deliciosa, la culpa lo estaba alcanzando. No la culpa de estar poniendo sus intereses personales y tirándose a La arzobispo de la lujuria, Capella emerada, como si fuera su propia zorra cambia formas.
Pero la culpa por haberla tratado así siempre… curiosamente, ella nunca se quejó y, de hecho, se lo tomó todo con calma. Si bien la amaba más de lo que podía expresar con palabras y lo sacrificaba todo solo por ver una simple sonrisa en su hermoso rostro, se dio cuenta de que eso nunca le había hecho ningún bien desde… bueno, nunca.
Siempre peleaban, discutían, insultaban y follaban, casi nunca demostrando amor romántico.
Ella era la mejor amante que jamás hubiera deseado, y no porque tuviera una relación tabú con La arzobispo psicopata. Incluso antes de su relación, era la amante más amorosa, increíblemente protectora y exageradamente posesiva de la historia.
Sí, ellos también discutían e insultaban en ese entonces y Pandora siempre actuaba como una fuerza neutral entre ellos, volviéndolos a unir después de una discusión desagradable… no es que lo necesitara porque en realidad nunca querían decir nada de lo que se decía durante el calor del momento.
Incluso durante las misiones, siempre intentaba hacerse la dura y no dejarse amedrentar por su forma de ser, pero las lágrimas en sus ojos y sus labios temblorosos siempre contaban una historia diferente. Él nació con un poder que aparentemente solo otro pecado entendía, algo que ella insistía vehementemente en que controlara por todos los medios necesarios.
Ese control requiere entrenamiento, y el entrenamiento requiere sacrificios. Había pagado el precio de ese control y su amante actuaba como si no le importara lo mucho que la obligaban a presionarlo, pero los abrazos sofocantes cada noche y sus sollozos silenciosos junto a su cama en la oscuridad de la noche, cuando él fingia dormir, reflejaban lo traumático que era para verla sufrir.
Verla sufrir solo lo instó a esforzarse aún más para alcanzar el control que su pecador corazon anhelaba desesperadamente. Y lo logró… satisfactoriamente, porque había algo en sus poderes que ni siquiera Capella sabía.
El hecho seguía siendo el mismo: él daba por sentado a esta hermosa, absolutamente seductora e insufrible mujer. Era hora de hacer algo al respecto.
Extendiendo sus manos por su esbelta cintura, Tn agarró a la durmiente pecado por sus anchas caderas maternales, hundiendo suavemente su dedo en la tierna carne de su grueso y carnoso culo antes de levantarla delicadamente de su pelvis mientras sacaba su palpitante polla de la cómoda abertura, provocando un gemido quejumbroso de la pelicambiante dormida.
Su pecho se llenó de orgullo varonil cuando, tan pronto como su polla fue sacada del agujero estirado y bien jodido, fajo tras fajo de semen se derramó de su coño en un flujo continuo y el tamaño de su vientre volvió gradualmente a la normalidad, empapando efectivamente las sábanas.
Si bien estuvo tentado de simplemente dejar su pene dentro del agujero que había estado perforando durante las últimas 7 o 12 horas y tal vez repetir la situación una vez que ella estuviera despierta, necesitaba rectificar la situación en la que se encontraba y hacer algo que realmente valiera la pena por su madre una vez.
-Mejor que tengas una buena razón para sacar tu polla de mi coño y desperdiciar toda esa crema, señor~ -, susurró La arzobispo, aparentemente dormida, sin siquiera abrir los ojos para mirar a su hijo sonriente mientras se apretaba aún más contra su cuerpo. -¿Y bien?-.
-¿Estás despierta?-.
-No, pero más te vale que tu polla esté bien, porque la vas a necesitar para reponer todo el semen que acabas de desperdiciar querido~ -, refunfuñó La arzobispo con ternura, y presionó la cara contra su cuello mientras envolvía a su hijo con sus extremidades como una anaconda. -¡Devuelve ese monstruo a donde pertenece… ahora mismo!-.
El segundo cielo sonrio con picardía, emitiendo un murmullo contemplativo y apretando sus enormes nalgas con cierta intensidad, mientras mantenía sus caderas suspendidas sobre su erección. -¿En mis pantalones?-.
El gruñido se intensificó y el agarre alrededor de su cuerpo se hizo más fuerte mientras Capella gruñía como un demonio perturbado. -¡Tnnnnnnnn, si no siento esa polla gorda en mi vientre en los próximos 3 segundos, me voy a enojaaaaaar!-.
Tn rió entre dientes de buen humor, bajando suavemente a La arzobispo por sus gruesas caderas y hundiendo su palpitante polla hasta la pelvis en su agujero del amor, hasta que pudo sentir la cabeza buscando entrar en su útero, haciendo que la cabeza del clan pecado gimiera y se retorciera de lujuria carnal.
Con una delicada embestida, la pelicambiante clavó la bulbosa cabeza de su dote en su vientre expectante, con el cérvix envolviéndose cómodamente alrededor de la base de su cabeza para limitar la salida. En respuesta a la acción repentina, La arzobispo hundió los dientes en la carne del cuello de su amante y lo apretó aún más contra su cuerpo retorcido.
-Ahora todo está bien… oh, joder… donde debería estar-.
Tn no le prestó mucha atención al gesto, deslizando sus manos por su delgada cintura y de regreso a los gigantescos globos de sus siempre deliciosas y tentadoramente gordas nalgas, apretando, acariciando y frotando la interminable cantidad de carne regordeta, mientras conducía su polla cada vez más dentro de su cómodo coño hasta que la cabeza tocó la parte posterior de su útero.
-Hola buenos dias…-.
-¿Y ahora qué? ¿No ves que intento disfrutar de esta sensación?-, gimió La arzobispo, frunciendo el ceño ligeramente mientras se concentraba en la carne palpitante que le llenaba el coño y se hundía justo en el útero, amenazando con liberar un torrente de espeso líquido en su horno de bebé.
Una quemarropa. ¡Dios, cómo le encantaban las corridas a quemarropa!
-Te aprecio-.
-Qué buen momento, querido. ¿Engatusar a tu amante con las bolas metidas en su coño? ¡Qué astuto! Tengo que…- La arzobispo, con una sonrisa traviesa, dejó de hablar al sentir las manos de Tn abandonando su enorme trasero y rodear su delgada cintura antes de sentir un delicado y cariñoso beso en la frente.
-No te amo…… aun- murmuró Tn amorosamente, abrazando a la gruesa pecado contra su cuerpo tan fuerte como pudo.
La sinceridad de su tono y el cariñoso abrazo finalmente sacaron a la seductora tetona de su estupor. Abrió los ojos y miró a su amante con expresión confundida. El joven tenía una suave sonrisa en los labios y un amor sorprendente brillaba en sus ojos cautivadores.
La arzobispo no pudo evitar sentir un calor inexplicable recorrer su cuerpo y asentarse en sus mejillas mientras se sonrojaban y una sonrisa involuntaria de amor maternal se dibujó en sus labios carnosos.
Bajo el nombre de Madre, Capella pasaba sus días reuniendo a individuos brillantes y extraordinariamente excéntricos a quienes llama sus hijos, sus subordinados, para usarlos en su propio beneficio.
La seductora y robusta se giró sobre su espalda y movió a Tn con un gesto, invirtiendo las posiciones. Ahora su amante yacía sobre su suave y curvilínea figura, con su pene aún incrustado en su apretado coño. La pelicambiante rodeó el cuello de su amante con sus manos y lo acercó a su pecho, apretando su cabeza contra los horribles y carnosos pechos con una sonrisa de satisfacción.
-Yo también te amo, cariño, y hare que te enamores de mi~ -.
Bueno ya casi era hora de ir a la mision.
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(FIN DE SUCULENCIAAAAAAAAAAAA)
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Caminaban por el bosque rumbo a la mansión Mathers.
Tn avanzaba con las manos en los bolsillos, el paso constante, como si el sendero no existiera y el destino fuese irrelevante. A la altura de su cintura descansaba una espada larga de doble empuñadura, discreta pero pesada, como si nunca hubiera sido forjada para adornar.
Lo verdaderamente llamativo era Capella.
No caminaba.
Estaba sentada sobre sus hombros, piernas cruzadas alrededor de su cuello, irradiando un brillo satisfecho, casi insolente. Tarareaba una melodía sin forma, balanceándose con total confianza.
—Hmmm~ —murmuró—. Deberías admitirlo, Segundo Cielo. Fui adorable y me sigo sintiendo llena~.
Tn no respondió de inmediato.
—Fuiste insistente —corrigió al final. Aunque sonrio de lado ante el inegable placer que obtuvo.
Capella rio, inclinándose hacia adelante hasta que su mentón casi rozó su frente.
—Te di exactamente lo que querías, ¿no~? Amor, devoción, entusiasmo… durante horas.
—Durante el tiempo acordado —dijo Tn—. Y bajo las condiciones que aceptaste.
Capella frunció los labios, inflando ligeramente las mejillas.
—Aun así~… no me gusta que hayas preferido otras apariencias antes que la mía.
—Las ofreciste tú —respondió él, sin levantar la voz—. No te obligué~.
Casi.
Ella apretó un poco más los muslos alrededor de su cuello.
—Podrías haberme elegido tal como soy.
Tn ladeó apenas la cabeza.
—Y tú podrías haber rechazado el trato.
Capella sonrió de lado.
—Pero no lo hice.
Detrás de ellos, los tres Arzobispos de la Gula caminaban sin entusiasmo.
—Esto es aburrido —se quejó Roy—. Dijiste que habría comida pronto.
—Tengo hambre —añadió Lye, tocándose el estómago—. Hambre de verdad.
Louis observaba en silencio, ojos fijos en la espalda de Tn, como si intentara decidir si aquel hombre podía ser… comido.
—No falta mucho —dijo Tn sin volverse—. La mansión está más cerca de lo que parece.
Roy chasqueó la lengua.
—Más te vale.
Capella se inclinó hacia adelante, apoyando el pecho en la cabeza de Tn.
—¿Ya pensaste cómo harás esto~? Roswaal no es un juguete fácil. Y tiene piezas interesantes.
—Ya lo pensé —respondió él.
—Oh~ —susurró ella—. Me encanta cuando dices eso.
Tn detuvo el paso por un instante.
El bosque pareció guardar silencio.
—Roswaal es un hombre que cree entender el tablero —continuó—. Cree que cada sacrificio tiene sentido si el resultado es correcto.
Capella ladeó la cabeza.
—¿Y tú no?
—Yo no necesito que tenga sentido.
Roy rio por lo bajo.
—Eso suena divertido.
—Lo será —dijo Tn—. Para ustedes, habrá distracciones. Para mí, un libro. Para Capella…
Ella apretó un poco más las piernas.
—¿Sí~?
—Una oportunidad de demostrar que cumple lo que promete.
Capella mostró los dientes en una sonrisa amplia.
—Siempre cumplo, amor.
—Lo sé —respondió Tn—. Por eso te traje.
Louis inclinó la cabeza.
—¿Y si el mago intenta resistirse?
Tn reanudó la marcha.
—Entonces aprenderá algo.
El bosque volvió a llenarse de sonidos: pasos, hojas, respiraciones.
A lo lejos, invisible aún, la mansión Mathers aguardaba.
Y con ella, un libro que no debía ser leído…
y un plan que no seguía ningún camino recto.
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Roswaal L. Mathers se encontraba casi solo en la mansión.
Emilia, Subaru y Rem habían partido hacia el pueblo semihumano para afrontar la prueba del templo. Él mismo hubiera preferido estar allí, observando cada variable con sus propios ojos, pero la realidad —y una pila de documentos— lo habían atado a su escritorio.
—Qué silenciosa está la mansión —comentó Ram mientras le servía el té—. Mucho más sin ese inútil de Subaru.
Roswaal soltó una risa ligera, teatral.
—¿Todavía no te cae bien, Ram~?
Ella le dedicó una mirada cargada de desprecio.
—A Ram no le cae bien nadie que no sea el señor Roswaal.
—Oh~ qué lealtad tan encantadora.
La sonrisa no llegó a sus ojos.
De pronto, el aire cambió.
Roswaal se quedó inmóvil. Sus pupilas se contrajeron mientras una sensación desagradable recorría la mansión, como si algo ajeno estuviera arrastrándose por su estructura mágica.
—Ram —dijo con calma forzada—. Aléjate de mí.
No hubo tiempo para preguntar.
Una explosión sacudió uno de los extremos de la mansión. Luego otra. Y otra más, casi al mismo tiempo. Las paredes crujieron, ventanas estallaron, y un estruendo profundo atravesó los cimientos.
Un domo mágico se desplegó alrededor de Roswaal y Ram en el último segundo, absorbiendo el impacto.
—¡Tch…! —gruñó Ram—. ¿Un ataque?
Cuando el humo se disipó, tres figuras se encontraban frente a ellos, de pie entre los restos de la mansión.
Piel oscura, cabellos largos y desordenados. Ropas andrajosas, cuerpos cubiertos de cicatrices, mordeduras y marcas de suciedad. Sonreían como niños frente a un festín.
—Huele bien aquí —dijo Roy Alphard, estirando el cuello—. Muy bien.
—Mucha magia —añadió Lye Batenkaitos—. Me da hambre.
Louis Arneb ladeó la cabeza, observando a Ram con interés inquietante.
Roswaal no perdió tiempo.
—Arzobispos de la Gula… —murmuró—. Qué molestia tan inoportuna.
El mana estalló a su alrededor.
Roswaal dominaba los seis elementos, y no dudó en demostrarlo. El suelo se congeló y se incendió al mismo tiempo, cuchillas de viento cortaron el aire, relámpagos descendieron con precisión quirúrgica.
Los tres se dispersaron, riendo.
—¡Es rápido! —gritó Roy, esquivando por poco—.
—Y fuerte —respondió Lye—. ¡Esto será divertido!
Roswaal alzó vuelo, su cuerpo envuelto en magia pura. Sus manos trazaron símbolos complejos mientras su Ojo Amarillo brillaba.
—Anulación.
La magia que rodeaba a Roy se disipó de golpe, obligándolo a retroceder.
—¡Oye! ¡Eso no es justo!
—La justicia no es una variable relevante —respondió Roswaal con frialdad.
Un golpe directo de mana comprimido lanzó a Lye contra una pared, atravesándola. Louis se deslizó como una sombra, intentando acercarse por la retaguardia, pero Ram lanzó una ráfaga de viento que la obligó a retroceder.
—Señor Roswaal —dijo Ram—. Estos no son enemigos normales.
—Lo sé~.
Roswaal aterrizó suavemente, su expresión seria, concentrada.
—Por la cantidad de mana que poseen… —continuó—. No vinieron solos.
En ese instante, una presión distinta recorrió el campo de batalla.
No era hostil.
Era indiferente.
El aire pareció volverse pesado, como si el mundo mismo dudara en seguir funcionando igual.
Desde la zona intacta del jardín, una figura avanzó con paso tranquilo.
Manos en los bolsillos. Espada a la cintura.
Tn.
—Buen trabajo —dijo sin emoción—. Han hecho suficiente ruido.
Los tres de la Gula se detuvieron al instante.
—¿Eh? —Roy parpadeó—. ¿Ya terminó?
—Pero todavía no comimos —protestó Lye.
Tn los miró de reojo.
—Luego.
Roswaal clavó sus ojos en el recién llegado.
—No hueles al Culto… —dijo—. Pero los usas como piezas.
Tn sostuvo su mirada.
—Solo necesitaba que te distrajeran.
El Ojo Amarillo de Roswaal brilló con mayor intensidad.
—Entonces tú eres el verdadero problema.
Tn inclinó apenas la cabeza.
—Correcto.
En algún lugar del bosque, invisible aún, Capella observaba…
sonriendo, lista para cumplir su parte del trato.
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OK digamos que este tn es muy op pero hay un defecto, si bien es verdad que en duelo singular no perderia contra reinhard existe la probabilidad de que si pierda,en un combate entre cualquier luchador, Tn es el único con la capacidad de ganar contra todos a la vez o perder contra todos, con un 50/50 de posibilidades. de ahi que su habilidad diga (todo es 50/50). Dependeria de circunstancias especiales para que gane o pierda y el cabron sabe cuales son, de ahi que jamas haya perdido porque jamas se metio en combates que sabia que perderia.
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Maestro…
maestro…
¿puede escucharme?
Su cuerpo está frío.
Sus manos ya no responden,
su voz ya no me llama.
Dígame, por favor…
¿por qué usted, tan sabio,
compartió todo su conocimiento conmigo?
Yo hice un pacto:
moriría si perdía mi pureza
con alguien que no fuera usted.
Y usted…
ya tenía su propia condena:
perder parte de su fuerza
si entregaba su corazón a otro ser.
Aun sabiendo eso,
aun con el destino sellado,
usted me concedió ese amor.
Cumplió mi capricho,
mi egoísta deseo…
y ahora lo sostengo
frío y sin vida entre mis brazos.
No hay lágrimas suficientes
para pagar este pecado.
No hay lanza capaz
de atravesar esta culpa.
Pero escucharé esto como su último mandato.
Seguiré luchando
en esta tierra estéril.
Seré la reina de las sombras.
Seré una bruja.
Seré inmortal ante todo.
Hasta el día
en que pueda verlo otra vez.
Con amor…
Scáthach.
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Solo quedaban dos inviernos.
El geas que Scáthach había prometido se estaba acercando. Ya contaba con 18 inviernos, y aunque su relación con su maestro había progresado, ambos seguían moviéndose por Irlanda, ayudando a pueblos y derrotando bestias. Ella aún portaba el colgante con la joya rúnica en su cuello; era su mayor tesoro. De hecho, ahora mismo caminaban por un bosque con una misión simple: cazar a los Sluagh, huestes de espíritus que robaban almas. Bestias bípedas de gran tamaño, con dos brazos fornidos al frente, piernas de caballo y una mandíbula enorme. Habían causado demasiados destrozos.
Scáthach avanzaba lentamente, lanza en posición de guardia. Su cabello largo, morado —a veces descrito como vino o castaño teñido— se movía con el viento. Sus ojos carmesí barrían el entorno, calculando ángulos, rutas de escape, sombras sospechosas.El collar que Tn le había dado vibraba cada vez que sentía una presencia maligna.
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Arriba, entre las copas, Tn se desplazaba con saltos precisos; tan rápidos que apenas dejaban una estela de polvo. Hasta que, al pisar otra rama, el árbol explotó.
Tn cayó al suelo derrapando, clavó el talón para frenar y alzó la vista. Un Sluagh le gruñó de frente, arrojando saliva verde y viscosa. Alrededor, al menos seis pares de ojos lo observaban con hambre.
—Así que eran más —murmuró Tn, acomodando su lanza—. Bien… vengan.
El primero embistió. Tn giró la muñeca, la hoja describió un arco limpio y el golpe fue desviado; la fuerza sacudió la tierra. El Sluagh retrocedió un paso, sorprendido. Otro se lanzó desde el flanco.
—¡Maestro! —la voz de Scáthach cortó el aire.
Ella corría a toda prisa, con otro Sluagh saltando entre los árboles tras ella. Sus pasos eran ligeros, casi danzantes; cada zancada medía la distancia exacta. Giró sobre sí misma, la lanza silbó y rozó la mandíbula de la criatura, arrancando un chillido furioso.
—No te acerques demasiado —respondió Tn sin mirarla—. Mantén la línea.
—Lo sé —replicó ella, con una sonrisa tensa—. Enséñame algo nuevo… o no me contengo.
El Sluagh de Scáthach cayó desde arriba. Ella se deslizó bajo el golpe, apoyó la lanza en el suelo y se impulsó, clavando la hoja en el costado de la bestia. No la remató; saltó atrás, respirando con fuerza, ojos brillantes.
—Todavía —susurró—. Todavía no.
Del otro lado, Tn bloqueó una mordida que habría partido un tronco. La mandíbula chocó contra la hoja y chispas verdes salpicaron el aire. Él dio medio paso, firme.
—Coordina conmigo —ordenó—. Dos a la vez. Ahora.
Scáthach asintió. Sus manos se ajustaron al asta, el colgante rúnico golpeó su pecho una vez, como si respondiera al llamado. Los Sluagh se reagruparon, gruñendo, cerrando el cerco.
—Maestro —dijo ella en voz baja, sin apartar la vista—. Pase lo que pase… no te apartes.
—Jamás —respondió Tn.
Las bestias avanzaron al unísono. El bosque contuvo el aliento.
Ambos gritaron el nombre del ataque al unísono.
La lanza de Scáthach ardió en un carmesí profundo, como sangre viva. El impulso fue directo, implacable: atravesó al Sluagh de lado a lado entrando por la voca destruyendo todo hasta salir por el exterior, al contacto, la criatura se desintegró en fragmentos de sombra que el viento dispersó entre los árboles.
La lanza de Tn, en cambio, brilló de verde esmeralda. Avanzó como una flecha… y aunque la bestia logró esquivarla por un instante, el suelo respondió a la voluntad del druida. Un camino de estacas de madera brotó desde la tierra, creciendo con furia ancestral; perforaron al Sluagh desde abajo y lo borraron del mundo con un alarido hueco mientras estacas atravesaban brazos,torso, craneo, hasta que una en particular atraveso desde la parte baja del ocico hasta el cerebro.
El bosque quedó en silencio.
Scáthach recuperó su lanza, jadeando. Se limpió el sudor de la frente con el antebrazo y miró a su maestro, una sonrisa ladeada dibujándosele en los labios.
—Fue una cacería interesante Maestro—dijo, respirando hondo—. Pero… quiero más. Ya me estaba aburriendo.
Tn rió levemente, apoyando la lanza en el suelo.
—Sigues siendo una pequeña revoltosa cuando hay batalla de por medio.
Le dio un suave golpe con el asta en la cabeza, apenas un toque correctivo. Scáthach gimió, cerrando un ojo y llevándose la mano al lugar.
—¡Oye! —protestó—. ¡Eso dolió!.
Se llevo su mano sobando la parte afectada aunque realmente no dolia nada.
—Si quieres llamarte druida —respondió él con calma—, primero debes aprender paciencia. Y abandonar esas tendencias tuyas hacia las batallas sangrientas.
Ella frunció el ceño y desvió la mirada.
—Las batallas son mucho más emocionantes que rezar todo el día…….y toda la noche.
Tn negó despacio, con una sonrisa cansada pero dandole algo de razon.
—Algún día lo entenderás.
Se incorporó del todo y comenzó a recoger lo necesario, como si el combate hubiera sido solo un trámite más del camino.
—Anímate —añadió—. Hoy comeremos estofado otra vez.
Los ojos de Scáthach brillaron al instante.
—¿De verdad?
—Sí. Ciervo rojo… y tejón.
—… —ella tragó saliva—. Maestro, eso fue cruel. No se dicen cosas así a la ligera.
Con un pequeño grito emocionado, se abalanzó sobre él, aferrándose a su brazo como una niña impaciente.
—¡Dime que ya está casi listo! ¡Por favor, dime que sí!
Tn soltó una carcajada, acomodándose el manto.
—Primero el campamento. Luego el caldero. Y después, si te portas bien, repetirás.
Scáthach gimió de pura anticipación, llevándose una mano al estómago.
—Luchar, entrenar y comer lo que tú cocinas… —murmuró, saboreando la idea—. Supongo que puedo soportar un poco más de paciencia.
Y mientras retomaban el camino entre los árboles, el colgante rúnico en su cuello tintineó suavemente, como si la tierra misma escuchara su promesa no dicha.
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La fogata crepitaba con un ritmo constante. Scáthach comía tazón tras tazón de estofado, sorbiendo y masticando como si su vida dependiera de ello. Algo de caldo le quedó en el labio; ni se molestó en limpiarlo antes de llevarse otra cucharada a la boca.
Tn, en cambio, comía despacio. Miraba las estrellas entre bocado y bocado, como si leyera en ellas un calendario invisible.
—Otra vez se acerca la época de la cosecha —murmuró—. Deberíamos asistir a otro banquete.
Scáthach se quedó quieta. La cuchara suspendida en el aire.
Banquetes.
Por lo general, su maestro y ella acudían a esas fiestas organizadas por reyes y jefes tribales. Tn ostentaba el cargo de sabio druida, y su presencia no solo era importante, sino casi obligatoria. Ella, en cambio, odiaba asistir. Y no por la comida.
Bajó la cuchara lentamente.
Las mujerzuelas que creían que podían ganarse una noche de placer con su maestro.
Malditas arpías.
Jura que si una zorra de pechos grandes se acercaba de nuevo a su Maestro…..
Su ojo temblo aun mas al recordar la otra parte.
Y luego estaban los guerreros ebrios, convencidos de que podían encantarla con palabras torpes y llevarla a la cama. Idiotas. Más de uno había terminado en el suelo, con el trasero dolorido y el orgullo destrozado, después de que Scáthach les demostrara —con sus propias manos— que no era una doncella inofensiva.
Pero, sobre todo, lo que más odiaba era estar rodeados de gente.
Porque les robaban tiempo.
Tiempo con su maestro.
Ese pensamiento le cruzó la mente mientras observaba a Tn, tranquilo, vigilando el fuego como si nada del mundo pudiera perturbarlo.
—Maestro… —dijo al fin—. ¿Crees que esta vez asista algún dios?
Tn alzó la vista hacia el cielo nocturno, pensativo.
—Es probable —respondió—. En especial los Tuatha Dé Danann. No solo suelen asistir… a veces interactúan estrechamente con los humanos durante banquetes y festividades.
Scáthach frunció ligeramente el ceño.
—¿Interactúan cómo?
—Conversan. Observan. Juegan —dijo con calma—. Algunos ponen a prueba a los mortales. Otros simplemente disfrutan del vino y la música.
Ella apretó el cuenco entre las manos.
—No me gusta eso.
Tn la miró de reojo, notando el cambio en su tono.
—¿Los dioses?
—La gente —corrigió ella sin dudar—. Y los dioses… menos aún.
Tn esbozó una leve sonrisa.
—Los banquetes son parte del equilibrio, Scáthach. Compartir, celebrar la vida, honrar la tierra.
—La tierra la honro luchando y entrenando —refunfuñó—. No sonriendo a desconocidos.
Hubo un breve silencio, roto solo por el fuego.
—No tienes que hablar con nadie si no quieres —dijo él al fin—. Estarás conmigo.
Ella alzó la vista, sorprendida.
—¿De verdad?
—De verdad.
Scáthach volvió a comer, más despacio esta vez. Pero por dentro, su corazón latía con fuerza.
Mientras esté contigo, pensó.
Eso es lo único que importa.
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Las festividades podían durar tres días y tres noches en las plazas de los pueblos o en la gran casa del jefe o rey. Se realizaban festines y rituales: la ofrenda de las primicias —los primeros frutos de la cosecha— y sacrificios de animales para honrar a la tierra y a los espíritus. En esta ocasión, todo ocurría dentro del gran castillo del señor que organizaba el banquete.
Las mesas rebosaban. Asados contundentes y guisos espesos, productos locales preparados con orgullo. Lechones dorados, grullas y faisanes asados; pescados como el breme y el broke braune. Sopas densas como Gele y Blandesore, pan recién horneado con mantequilla, y platos más pesados de patatas, bacon y estofados con cerveza. Corrían la hidromiel y la cerveza; en jarras más pequeñas, aguardientes que ya olían a lo que algún día llamarían whisky.
Tn y Scáthach permanecían juntos, tal y como ella quería. Bebían, comían y escuchaban a otros guerreros relatar sus grandes aventuras. Scáthach apoyaba el codo en la mesa, la lanza recostada a su lado, y lanzaba miradas afiladas cuando alguna mujer osaba acercarse demasiado a su maestro. Aquella sutil amenaza bastó para mantenerlas a distancia.
—Así está mejor —murmuró Scáthach, probando otro trozo de carne—. Nadie interrumpe.
Tn sonrió apenas, sin apartar la vista del salón.
—La paz en los banquetes también es algo que me gusta, aunque recuerdo lo escandalosos que eran los guerreros del norte.
Ella resopló, divertida.
—Prefiero las que se celebran con sangre y peleas.
Recordo un banquete en especial donde todos los invitados bebieron tanto que terminaron peleando entre todos.
Las risas y la música llenaban el aire cuando, de pronto, una presencia se hizo notar. No fue un anuncio, ni un grito. Fue el peso mismo del silencio cayendo sobre la sala.
Las puertas se abrieron.
Como invitado especial apareció Neit, antiguo dios de la guerra, miembro de los Tuatha Dé Danann y esposo de las diosas Badb y Nemain. Alto, de casi tres metros, avanzó con paso firme. Portaba una gran espada y una lanza cuya sombra parecía multiplicarse, como si mil armas marcharan con él.
Muchos callaron. Algunos bajaron la mirada. Los músicos, sin embargo, siguieron tocando; el ritmo no se rompió, como si obedecieran una ley más antigua que el miedo.
El rey se levantó, tragó saliva y alzó la voz:
—¡Honra para nuestro salón! —proclamó—. Neit, señor de la batalla, seas bienvenido a mi mesa.
Neit inclinó apenas la cabeza. Sus ojos recorrieron el lugar… y se detuvieron un instante más largo de lo normal en Tn y Scáthach.
—Huelo hierro —dijo con voz grave—. Y juramentos. Tch el hierro irlandes se a deteriorado. Los juramentos a Lugh parecen ser tomados como la mierda de los cerdos en sus establos.
Scáthach tensó los dedos alrededor de su cuenco. Su mirada se afiló.
—Maestro… —susurró—. Nos vio.
Tn bebió un sorbo, sereno.
—Los dioses ven muchas cosas.
Neit dio un paso más. La madera del suelo crujió bajo su peso.
—Y tú —añadió el dios, clavando los ojos en Scáthach—, pequeña lanza… ¿por qué tiemblas?
Ella alzó el mentón.
—No tiemblo.
Neit sonrió, una mueca peligrosa.
—Bien. Entonces come. Bebe. Y escucha. Las guerras siempre empiezan en los banquetes.
El rey indicó que le sirvieran. La música creció de nuevo, pero el aire había cambiado. Scáthach no apartó la vista del dios… y luego, lentamente, volvió a mirar a Tn, acercándose un poco más a él.
—No me gusta —murmuró—. Pero si intenta algo…
—Paciencia —respondió Tn en voz baja—. Esta noche, observa y mantente cerca de mi.
Ella apretó el colgante rúnico en su pecho.
Observaría.
Y recordaría.
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El banquete continuó durante los primeros dos días, pero la presencia del dios incomodaba profundamente a muchos. No porque fuera indeseado —al contrario, su honra era incuestionable— sino porque la sed de sangre que emanaba de él era tan densa que resultaba imposible ignorarla. Era como si la guerra misma hubiera tomado asiento entre los mortales.
Scáthach permaneció al lado de Tn en todo momento. No se separó ni un paso. Aun así, era evidente su desconfianza; sus ojos seguían cada movimiento del dios, cada gesto, cada risa cargada de violencia contenida.
Durante otra reunión, ya entrada la noche, Neit había bebido demasiado. Su voz era más alta, su risa más áspera. Se acercó a Scáthach con pasos pesados, el olor a hidromiel y hierro mezclándose en el aire.
—Una lanza bonita… para una humana bonita —dijo, inclinándose—. Ven, siéntate conmigo.
Scáthach dio un paso atrás, el pulso acelerado.
—Soy aprendiz de un druida —respondió con firmeza—. No me propaso con dioses borrachos.
Neit soltó una carcajada, jactándose.
—¿Aprendiz? ¿De un humano? —alzó la voz—. Yo soy señor de la batalla. Mi nombre hace temblar reinos.
—Entonces compórtate como tal —replicó ella, sin bajar la mirada—. No como una bestia lujuriosa con hancias de manchar su hombria con damas humanas.
El silencio cayó como una losa.
La sonrisa de Neit se desvaneció. En su lugar surgió algo más oscuro. Ofensa. La pura aura de muerte del dios se desató; el aire se volvió pesado, irrespirable. Scáthach cayó de rodillas, temblando, los dientes apretados con furia y resistencia.
No… no voy a ceder…
Una mano enorme se acercó a ella.
Entonces, otra mano la detuvo.
Scáthach abrió los ojos.
Tn se había interpuesto entre ella y el dios, sujetando con fuerza la muñeca de Neit. Su expresión era serena, pero sus ojos estaban tensos como acero a punto de quebrarse.
—Lord Neit, señor de la batalla —dijo con cuidado—. Habéis sobrepasado la cordialidad con vuestras acciones. Os sugiero que os apartéis.
Por mucho que ostente ser druida, la cordialidad ante un Dios era importante.
Un murmullo recorrió la sala.
Neit bajó la mirada lentamente hacia la mano que lo sujetaba… y luego al rostro del druida.
—¿Un humano… me ordena?
Tn no aflojó el agarre, aunque su corazón le golpeaba los oídos. Sabía lo que era Neit. Incluso entre dioses, era temible. Y él… él solo era un druida.
—Defiendo a mi alumna —respondió—. Nada más. Nada menos, Lord.
El dios rugió, liberando su brazo de un tirón.
—¡Ninguna perra humana me faltará el respeto! —bramó—. ¡Y tú pagarás por interponerte!
Neit alzó su lanza, que vibró como si mil armas despertaran al mismo tiempo.
—Te reto a un combate de sangre —declaró—. El primero en derramar sangre gana… o aquel que mate a su rival.
El salón quedó mudo.
Scáthach sintió que el mundo se detenía.
—¡Maestro, no! —gritó, poniéndose de pie—. ¡Es un dios!
Tn cerró los ojos un instante. Sabía que no podía negarse. Un reto divino no admitía rechazo: hacerlo traería deshonra sobre él… y sobre Scáthach.
Exhaló despacio.
—Acepto —dijo al fin.
Scáthach lo miró con horror.
—¡Tn…!
Él no se volvió.
—Quédate atrás —le ordenó con suavidad—. Pase lo que pase.
Neit sonrió, mostrando los dientes.
—Entonces, humano… —dijo, mientras la sala comenzaba a despejarse—. Muéstrame cuánto vale tu sabiduría frente a la guerra.
Y en el pecho de Scáthach, el colgante rúnico ardió como nunca antes.
-Que sucede aqui.-
El rey había aparecido.
El Dios y el sabio miraron a la figura de autoridad llegar.
Cuando se le informó del duelo, entró en duda. Negarle a un dios su batalla era una ofensa imperdonable… pero condenar a un sabio druida, pilar del equilibrio entre hombres y espíritus, era igual de grave. El murmullo del salón creció mientras el rey meditaba, sudor frío recorriéndole la sien.
Al final, alzó la voz.
—El duelo no será esta noche —decretó—. Primero terminarán las festividades. En el último día, se alzará una arena y allí se batirán como dicta la ley antigua.
Un silencio pesado siguió a sus palabras.
Neit gruñó. Las venas de su cuello se hincharon de rabia, su aura de guerra onduló como un campo de cuchillas. Durante un instante, pareció que atacaría allí mismo… pero finalmente escupió una risa áspera.
—Un día más no salvará al humano —dijo—. Acepto.
Tn, por primera vez desde el reto, sintió que su corazón volvía a latir con normalidad.
Scáthach, en cambio, no compartió ese alivio.
Sus ojos temblaron.
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Esa misma noche, maestro y alumna estaban en su habitación. La luz de una lámpara oscilaba contra las paredes de madera. Tn estaba sentado en la cama, observando su lanza como si la viera por primera vez.
—Jamás pensé que tendría que enfrentarme a un dios —murmuró.
Scáthach caminaba de un lado a otro, inquieta, como una fiera enjaulada.
—Entonces lucharé contigo —dijo de pronto—. Dos humanos contra un dios… debería ser justo, ¿no?
Tn negó con la cabeza de inmediato.
—No —respondió con firmeza—. Un duelo de sangre solo admite dos participantes. Si esa regla se rompe…
Alzó la vista y la miró con gravedad.
—El castigo de Lugh caería sobre nosotros.
Scáthach apretó los puños.
—¡Eso es injusto!
—Lo es —admitió—. Pero es la ley.
Hubo un silencio largo. Tn respiró hondo.
—No sé si ganaré —dijo al fin—. Y por si las dudas…
—No —lo interrumpió ella—. Vas a ganar.
Tn alzó la mano.
—Siéntate.
Scáthach dudó, pero obedeció. Se sentó frente a él, la espalda recta, los ojos fijos en su maestro.
—Te daré todo el conocimiento rúnico que poseo —dijo—. Todo.
—¿Qué…? —sus labios temblaron—. ¡Eso es una locura!
Tn no respondió. Alzó la mano derecha y comenzó a recitar cánticos antiguos. Cada vez que uno terminaba y otro comenzaba, el aire vibraba. Una esfera azul cobró vida entre sus palmas; runas giraban a su alrededor como anillos alrededor de un planeta.
La habitación se llenó de luz.
—Cuando estés lista —continuó—, absorbe este conocimiento. Es tuyo.
Los ojos carmesí de Scáthach se llenaron de lágrimas. Estas cayeron sobre la esfera luminosa mientras su cuerpo temblaba.
—Qué estupideces dice, maestro… —susurró con rabia contenida—. Usted va a ganar. Y cuando lo haga, se lo devolveré todo.
Lo miró con una ira nacida del miedo.
—Esto es solo en caso de emergencia —respondió él con suavidad.
Entonces, de pronto, los ojos de Tn se abrieron de par en par.
—Espera…
Su mirada se clavó en ella, más allá de lo visible.
—¿Por qué… siento un geas dentro de ti, Scáthach?
El aire se volvió denso.
—¿Qué…? —ella tragó saliva.
Tn frunció el ceño, concentrándose. Justo ahora, después de liberar todo su conocimiento rúnico, podía verlo con claridad: un juramento atado al alma de su alumna, antiguo, peligroso… absoluto.
—Tú… —murmuró—. Has hecho un geas.
El silencio que siguió fue más aterrador que la guerra misma.
Ella se apartó un poco, aún sosteniendo la esfera brillante entre las manos. La luz azul temblaba al ritmo de su respiración. Tn la miraba, incrédulo, con una gravedad que pesaba más que cualquier herida.
—Scáthach… —repitió—. ¿Qué geas hiciste?.
Espera que sea posiblemnte un trato para poder ganar mas ferza, pero siendo asi deberia de revisar que eso no perjudique a su alumna.
Ella agachó la cabeza. El cabello le cubrió el rostro, ocultándole la mirada. Cuando habló, su voz fue tan débil que casi parecía no querer existir.
—Si… cuando cumpla veinte inviernos… —tragó saliva— y no he perdido mi pureza con usted… entonces mi corazón se detendrá. Y moriré.
El mundo se quebró.
Tn salió disparado y la tomó de los hombros. Sus manos temblaban. Su mirada era puro pánico.
—¿¡Qué hiciste!? —exigió—. ¿Sabes lo que eso significa? ¡Te quedan dos años de vida! ¿En qué estabas pensando?
Una gota de oscuridad cayo en su corazon, rompio lo que era y la llevo a esa traicion.
Scáthach alzó la vista. Por primera vez lo vio así.
Ni siquiera cuando un dios lo había retado a muerte…
jamás lo había visto perder la calma.
Y, de forma absurda, ese fue su primer pensamiento:
Vaya… mi maestro es tan lindo cuando se preocupa así.
La esfera rúnica resbaló de sus manos. Cayó y rodó, apagándose poco a poco bajo la cama, mientras las runas se dispersaban como polvo de estrellas.
—Lo hice porque lo amo —dijo al fin, con una calma temblorosa—. Desde que me salvó… lo supe. Usted es sabio, justo… bueno. La única persona por la que valdría la pena morir.
Tn soltó los hombros de la joven como si quemaran. Retrocedió un paso, respirando de forma errática.
—Scáthach… eso no es amor. Es un juramento de muerte. Sabes lo que te pasaria si……si yo.
—No —negó ella, con una sonrisa triste—. Es mi decisión.
Tn se pasó una mano por el rostro. Sabía que lo que iba a hacer condenaría cualquier posibilidad de victoria contra el dios. Sabía que rompería reglas antiguas, votos sagrados, caminos que había seguido toda su vida.
Pero también sabía algo más.
No podía perderla.
Se acercó despacio. Scáthach contuvo el aliento. Tn levantó la mano, dudó un instante… y luego apoyó la frente contra la de ella.
—Eres una niña imprudente… —murmuró—. Y demasiado valiente para tu propio bien.
Entonces, con una ternura que no tenía nada de guerra ni de ritual, la besó.
Fue breve. Suave. Tembloroso.
Cuando se separó, ambos respiraban agitados.
—No debí hacer eso —susurró Tn.
Scáthach lo miró, con lágrimas brillando en los ojos… pero sonriendo.
—Entonces… —dijo— ya no se arrepienta, maestro.
Afuera, en la noche silenciosa, algo antiguo se movió.
Los juramentos habían cambiado.
Y los dioses… escuchaban.
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(SUCULENCIAAAAA)
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-Quizás debería tomar la iniciativa-, dijo, alejándose un momento. Se llevó la mano a la espalda para desabrocharse completamente la blusa, dejándola caer al suelo. Hizo lo mismo con la parte inferior de su ropa, dejándose ver completamente. Aprendió un poco en todo ese tiempo de viajar.
Pero Tn era la primera vez que veía a una mujer desnuda. Scathach era preciosa, tal como él suponía. Su piel era suave al tacto, su vientre firme y plano, como ya lo había visto, y sus partes íntimas estaban depiladas y sin vello. Estaba ligeramente mojada, probablemente excitada por el beso de pecho improvisado que le había dado. Al igual que el propio Tn, Scathach no dudó, tirando de su camisa y sus pantalones hasta que ambos se los quitó.
Se arrodilló ante él y, sin previo aviso, se metió su palpitante erección en la boca. Recorrió su glande con la lengua mientras comenzaba a menearse, esparciendo su saliva por todo su miembro. Apretó los dientes; el calor y la humedad de su boca le provocaron escalofríos. Le temblaron las piernas ante esta nueva sensación. Seguramente lo había imaginado, pero nunca pensó que le sucedería en la vida.
Scathach siguió chupándola, absorbiendo su longitud como una profesional. Sus suaves labios ayudaban a lubricar su pene mientras lo penetraba cada vez más. Sus ojos violetas se clavaron en los de él y le guiñó un ojo. Le costó todas sus fuerzas no correrse en ese preciso instante. Sin saber qué hacer, le puso las manos en la cabeza, agarrando la base de sus dos colas. Gimió suavemente mientras empezaba a penetrar su boca.
Ella relajó un poco la mandíbula, soltándolo mientras lo dejaba continuar con sus embestidas. Podía sentir su pene contraerse con cada embestida. La abrazó fuerte, su pene golpeando profundamente su garganta. Rápidamente se apartó de ella, dejándola respirar por un momento, su baba goteando de su pene mientras ella tosía, tratando de recuperar el aliento. Esto duró un instante mientras él hundía su pene de nuevo en su garganta, follándole la boca con desenfreno. Sintió que se acercaba cada vez más hasta que finalmente.
—Hrk… Scathach, estoy a punto de… —se detuvo, se retiró por completo, masturbándose lo más rápido que pudo, con la saliva de ella ayudándole a alcanzar el clímax. Dejó escapar un gemido mientras le llenaba la cara de semen. Ella cerró el ojo, sintiendo el primer chorro en su mejilla. Abrió la boca, dejando que exprimiera lo último de su semen en su lengua, con la cara blanca goteando su semen.
-Mmm… absolutamente delicioso-, dijo ella, sorbiendo lo que quedaba de su semen. Con cuidado, se llevó a la boca lo que le quedaba en la cara, secándose los dedos. -Hiciste un trabajo excelente, Tn~ -.
-Ja… gracias, supongo-, dijo. Scathach volvió a mirar su pene, frunciendo el ceño al ver que había perdido algo de grosor. En cambio, tuvo una idea: Tomo su collar. Escribió una runa justo encima de su entrepierna, y el resplandor de su poder se filtró por su cuerpo. No fue antes de que su pene volviera a estar completamente erecto. -¿Qué…?-
—No puedo permitir que me abandones antes de saciarme, esa runa le permitirá unir nuestro placer. Lo que yo sienta usted lo sentirá —dijo ella, acercándose hacia la cama. Se inclinó hacia adelante, abriendo las piernas mientras le ofrecía una buena vista de su trasero—. Ahora bien, quiero que me lo des todo.
-Jaja… yo… eh… es mi primera vez.-
-Igual la mia maestro~…
-*Suspirar* Esta, lo juro-.
-Instinto o no, lo harás bien, no me hagas esperar~-, dijo ella con un guiño. Él obedeció su petición, acercándose por detrás y frotando la cabeza contra su entrada antes de sumergirse.
-Aaahh… se siente tan raro-, dijo, estremeciéndose un poco de placer al sumergirse. La humedad de Scathach y la saliva restante le permitieron entrar sin problema. Scathach gimió levemente, con los ojos fijos en él mientras él se retiraba lentamente, hundiéndose de nuevo.
—Mmm… ya está. Sé un poco más ruda, ahhhhhh, me gusta así.
-¿Más duro?- preguntó, haciendo una pausa sólo para darle una palmada en el trasero.
-¡Sí, más fuerte!-
Así que la abofeteó de nuevo, acelerando el paso. Sus manos la sujetaron firmemente por la cintura mientras recordaba todas las películas que había visto. Se dejó guiar por su instinto, sumergiéndose hasta el fondo en la cálida caverna de Scathach. Cualquier inhibición previa desapareció, reemplazada por una necesidad feroz de complacer a esta mujer. Los gritos de Scathach llenaron la habitacion, sin importarle que no estuvieran completamente solos.
Sus manos se deslizaron por su frente, apretando sus pechos con fuerza mientras la obligaba a retroceder contra su fuerza. Apretó los dientes, respirando entrecortadamente mientras su pelvis seguía golpeando el flexible trasero de Scathach. Tiró y pellizcó sus pezones, recorriendo su piel con los dedos, apoyando las manos brevemente sobre sus hombros antes de volver a bajar por sus costados hasta su cintura. Ella tenía los ojos cerrados, las manos agarrando los bordes de la isla mientras su fuerza la mantenía inmovilizada.
-¡Eso es, ahhhh ahhhh, más rápido!-
El hombre obedeció, acelerando el paso, su mano descendiendo lentamente hasta su pierna. La levantó rápidamente, elevándola hasta apoyarla en su hombro. La abrazó con fuerza mientras se hundía más en ella. Scathach simplemente gimió, con las mejillas rojas al mirar hacia atrás; la abertura en la que se encontraba la excitaba aún más, su coño se humedecía más con cada embestida. Tn no tardó mucho en volver a girarla; sus piernas estaban separadas del suelo, sus manos agarrando la isla mientras él la sostenía.
Ella gimió con fuerza, inclinándose para besarlo mientras rodeaba su cintura con las piernas, ignorando el dolor en la espalda al sentir que la empujaban contra la cama. Sus labios se rozaron con fuerza, la mujer hundiendo la lengua en la garganta de él mientras continuaban haciendo el amor. No les importaba babearse el uno sobre el otro; la conexión entre ellos era demasiado fuerte como para que permanecieran inactivos.
—Hgn… Mmmmm~, ¿Ahhh~ Scathach? —murmuro Tn al cabo de un segundo.
Echó la cabeza un poco hacia atrás, sintiendo las piernas de ella envolviéndose con más fuerza alrededor de su cintura, lo que le hizo ganar velocidad. Su pene entraba y salía tan rápido que apenas podía verlo. Sintiendo una opresión en la zona inferior, dio varias embestidas más con fuerza antes de correrse finalmente. Su fuerte gemido llenó la habitación mientras inyectaba chorros de semen en lo profundo de la alumna. Ella sintió un escalofrío al alcanzar el orgasmo; el calor de su eyaculación era como si un volcán hubiera estallado en su interior.
La pareja jadeó levemente mientras permanecían inmóviles, con el sudor goteando de sus rostros, jadeando con dificultad en busca de oxígeno. Tn se inclinó para besarla, a lo que Scathach accedió, sintiendo una renovada sensación de vigor que la invadía, como nunca antes. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan eufórica.
-¡Ah~!-, jadeó la alumna al sentir el grosor del falo de su Maestro dentro de ella. La sensación la recorrió como una corriente eléctrica. Cuanto más penetraba la polla, más se intensificaba. El ahogó un gemido, mordiéndose el labio inferior. Scathach rió de lo adorable que le hacía parecer esa expresión mientras ella comenzaba a moverse arriba y abajo. Arriba y abajo.
-Aahhh… mmmmm… uhhhh~-, los gemidos del Maestro se hicieron más fuertes al sentir los pliegues del interior del coño de Scathach envolver su miembro en un abrazo amoroso.
Sus pechos rebotaban al acelerarse la velocidad, su rostro brillaba de placer con los ojos cerrados y la boca abierta, y la lengua lamía sus labios saboreando la sensación del sexo. Sin querer sentirse excluido, Tn sujetó la cintura de Scathach con ambas manos mientras sus caderas también comenzaban a moverse, sincronizándose con el ritmo de Scathach. Esto sorprendió a la alumna por un momento antes de continuar. La sensación era tan buena que no quería que se detuviera.
-Sí… ahhhhh sí… ahhhhh oh, Tn… más ahhhhh… por favor… más ahhhhh…-, gimió Scathach extasiada mientras su rostro se acercaba cada vez más al de Tn. Aunque el Maestro no asintió, sus acciones hablaron con más fuerza: sus caderas se movían aún más rápido, su pene entrando y saliendo de Scathach como un pistón en un motor.
-Scathach… Scathach… te amo…-, gimió Tnmientras continuaba empujándola desde abajo.
-Yo… yo soy tuya por siempre… mi amado Tn… mi Maestro…-, respondió Scathach mientras se inclinaba aún más cerca para darle otro beso apasionado.
Tn solo necesitaba oír eso, pues su pene empezó a hincharse aún más, listo para liberar su esencia en su interior. Su ritmo disminuyó, dando paso a embestidas más fuertes, sin soltar los labios de su amante.
-MMMMMMMMMMMMMM……-
Los gemidos tanto de la alumna como de Tn amortiguaron cualquier grito que hubieran emitido si sus labios se separaran. El coño de Scathach volvió a soltar un chorro mientras que, al mismo tiempo, el pene de Tn, con una última embestida, soltó una descarga de semen directamente dentro del útero de Scathach. La sensación era… cálida, pero no desagradable desde el punto de vista de la alumna.
Pero la dejó exhausta hasta el punto de caer sobre el pecho de su amado. Se había acostumbrado a este calor después de ser su alumna durante tantos años.
Sin embargo era tan diferente ahora.
Mientras tanto, Tn respiraba con dificultad después de ese orgasmo, pero esbozó una sonrisa mientras acariciaba el largo cabello morado de Scathach. Era tan sedoso al tacto.
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(FIn de suculenciaaaaa)
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Al despertar, Tn se talló los ojos y notó a Scáthach durmiendo tranquilamente a su lado. Su respiración era lenta, serena, como si el mundo no pudiera tocarla. Él alargó la mano y acarició su cabello con cuidado, memorizando la textura.
Entonces lo sintió.
Un brillo verde abrazó su cuerpo… y se rompió como cristal.
Tn cerró los ojos.
Había roto su geas.
Aquel juramento le otorgaba el apoyo de la naturaleza misma a cambio de mantenerse lejos de las relaciones comunes, de los lazos de amante. Y lo había sacrificado para salvar a su alumna. Para salvarla a ella.
—Hice lo mejor que pude… —susurró.
Suspiró y sonrió con tristeza.
Se levantó despacio, buscó su ropa y tomó su lanza. Al alzarla, frunció el ceño: pesaba más. No solo metal y madera… ahora cargaba el costo de una decisión.
Alzó dos dedos y trazó una runa en el aire. La luz descendió suavemente sobre Scáthach, hundiéndola en un sueño más profundo.
—Perdóname —murmuró—. Intentarías detenerme.
Se inclinó, besó su frente con cuidado y se marchó.
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El gran campo ya estaba dispuesto. La arena delimitada, las antorchas encendidas. A lo lejos, una pequeña multitud observaba en silencio. Todos esperaban ver el duelo de un dios contra un sabio druida.
Tn respiró hondo.
A unos metros, Neit lo aguardaba. Alto, imponente, apoyado en su lanza multiplicada. Sonrió con una mueca cargada de guerra.
—Llegas solo, humano —gruñó—. ¿Tu perra aprendiza se escondió?
Tn apretó los dedos alrededor de su lanza, pero su voz salió firme.
—Está a salvo. Eso es lo único que importa.
Neit rió, un sonido que erizó la piel de los presentes.
—Has perdido tu favor verde —dijo—. La tierra ya no te canta. ¿Aun así vienes a morir?
Tn dio un paso al frente.
—No vine a morir —respondió—. Vine a cumplir.
El dios ladeó la cabeza, divertido.
—¿Cumplir qué?
—Mi deber.
El rey alzó la mano desde la tribuna.
—¡Que conste ante todos! —proclamó—. ¡Duelo de sangre! ¡El primero en derramar sangre vence… o aquel que mate a su rival!
El viento cruzó la arena. Tn sintió el peso del mundo en los hombros… y, aun así, enderezó la espalda.
Neit golpeó el suelo con la lanza.
—Entonces, druida —dijo—. Muéstrame qué vale un juramento roto.
Tn alzó la suya, la punta temblando apenas.
—Y tú —respondió—, recuerda esto: incluso sin la naturaleza… no estoy solo.
Las antorchas chisporrotearon.
El duelo comenzó.
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Y volvemos con la reina sadica favorita de fate wooohoooooooo y aclaro que se vienen cositas
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