Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 275

  1. Inicio
  2. Waifu yandere(Collection)
  3. Capítulo 275 - Capítulo 275: Orphie parte 2 ZZZ
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 275: Orphie parte 2 ZZZ

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________________________________________________________-

Vash se había encargado de que el transporte a la mansión boscosa fuera impecable.

La casa —aislada, silenciosa, rodeada de árboles altos y dandole la privacidad fuera de ciertas cosas— ya estaba preparada: soportes de fluidos anclados discretamente a las paredes, equipos médicos portátiles ocultos tras paneles de madera, sensores ambientales casi invisibles. Un lugar pensado para sanar… o al menos para no empeorar mas al paciente.

Tn esperaba en la entrada de la planta baja cuando la camioneta médica llegó, deslizándose por el camino de grava. El motor se apagó y dos enfermeros descendieron primero, intercambiando miradas cansadas. Luego bajaron a Orphie, sentada en una silla de ruedas.

—Se niega a caminar por ahora —dijo uno de ellos, ajustando el freno—. No es físico. Es… psicológico.

—Todo está configurado como pidió el señor Heydrich —añadió el otro—. Medicación, horarios, protocolos. Si ocurre algo fuera de lo normal, ya sabe a quién llamar.

Tn asintió. —Gracias. Yo me encargo a partir de aquí.

Los enfermeros se marcharon sin ceremonias. El sonido del motor alejándose se perdió entre los árboles, dejando un silencio espeso.

Orphie quedó frente al gran cristal que daba a la parte trasera de la casa. Más allá se extendía una amplia yarda cubierta de hierba, y luego un muro natural de árboles, tan denso que parecía una frontera con otro mundo. Ella no se movía. No parpadeaba. Su cabello rojizo-anaranjado estaba despeinado, cayendo en mechones irregulares; sus ojos del mismo tono, apagados pero atentos, observaban el bosque como si esperaran que algo emergiera de allí. Las orejas élficas, adornadas con estructuras metálicas semejantes a cuernos, captaban cada sonido.

Tn se acercó despacio, cuidando no invadir demasiado su espacio.

—Si quieres… puedo darte un recorrido por la casa —dijo con suavidad—. Tu habitación está en el ala este. Es tranquila.

Orphie no respondió de inmediato. Pasaron varios segundos. Luego, en una voz baja, casi mecánica.

—¿Dónde está mi equipo?

Tn se tensó un poco.

—¿Tu… equipo?

Ella no lo miró. —Trigger. Seed. Soldado Once. —Hizo una pausa mínima—. El Escuadrón Obol.

El silencio volvió a caer. Tn eligió sus palabras con cuidado.

—El programa de ayuda a agentes veteranos… solo pudo rescatarte a ti —explicó—. Hubo problemas con los demás casos. No tengo todos los detalles.

Los ojos de Orphie se movieron apenas, un leve temblor en las pupilas.

—Claro… —murmuró—. Fallamos. —Un hilo de ironía se filtró en su voz—. Apostaría a que a los altos mandos no les gustó eso. Dejarlos en el olvido suena… apropiado. Castigo merecido.

Tn abrió la boca para responder, pero no encontró qué decir. Dio un paso hacia ella.

—Orphie… aquí no estás siendo castigada. Estás a salvo.

Ella apoyó las manos en los brazos de la silla.

—No necesito estar a salvo. —Por primera vez, giró el rostro hacia él—. Necesito órdenes, necesito a la capitana.

Intentó ponerse de pie. El movimiento fue torpe, mal calculado. Sin el peso extra de su cola, donde antes residía su capitana Magus, su centro de gravedad estaba alterado. Sus piernas flaquearon.

—¡Espera! —Tn se apresuró a sujetarla.

Orphie perdió el equilibrio y cayó hacia adelante. Tn la atrapó por los hombros, sosteniéndola antes de que tocara el suelo. La cercanía fue abrupta. Demasiado.

Ella se quedó rígida en sus brazos. Sus ojos se abrieron, respiración contenida.

—…Capitana —susurró por reflejo.

Tn tragó saliva. —No… soy yo. Tn. Estás bien. Te tengo.

Las manos de Orphie se aferraron a su camisa con una fuerza inesperada. Temblaba.

—No está… —dijo, la voz quebrándose—. No siento el peso. No la escucho.

—Lo sé —respondió él, sin soltarla—. Pero puedes apoyarte en mí. Solo… por ahora.

Hubo un silencio largo. Luego, muy despacio, Orphie dejó que su peso descansara en él. No lloró. No gritó. Solo respiró, como si aprender a hacerlo otra vez fuera un trabajo enorme.

—¿Eres… mi cuidador? —preguntó en voz baja.

—Sí —contestó Tn—. Y si te parece bien… también puedo ser quien te ayude a volver a caminar. A tu ritmo.

Orphie cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, algo distinto brillaba en ellos: no confianza, todavía no… pero necesidad.

—Entonces no te vayas —dijo—. No ahora.

Tn asintió. —No me iré.

A través del cristal, el bosque permanecía inmóvil, como un testigo silencioso. Y en ese instante, sin que Tn lo supiera, algo empezó a anclarse en la mente de Orphie:una nueva presencia, un nuevo peso…

un nuevo centro.

Con cuidado, Tn la volvió a posar en la silla de ruedas. Ajustó los frenos y se aseguró de que estuviera cómoda antes de apartar las manos, como si temiera que incluso ese contacto mínimo pudiera romper algo.

—El lugar es bastante amplio —dijo, intentando mantener un tono natural mientras comenzaba a empujarla—. Seis habitaciones, cuatro baños, dos salas de estar… una yarda grande atrás. Incluso hay pequeños caminos dentro del bosque. Para pasear, cuando te sientas lista.

La silla avanzó lentamente por el pasillo hasta la cocina, amplia, luminosa, con ventanales que dejaban entrar la luz filtrada por los árboles. El sonido era suave, casi doméstico. Demasiado tranquilo para alguien como ella.

—¿Te gusta? —preguntó Tn, deteniéndose junto a la isla central.

Orphie apenas reaccionó. Sus ojos seguían perdidos en algún punto inexistente, más allá de las paredes, más allá del presente.

—Soy egoísta… —dijo de pronto, con voz apagada—. Todo esto… mi apariencia, mi cara, mi vida. —Sus dedos se cerraron lentamente sobre el apoyabrazos—. Soy solo un clon creado en un tubo de laboratorio para ser la artillería de un escuadrón.

Tn no la interrumpió.

—“Orphie”… —continuó ella— fue solo un nombre funcional. La capitana Magus era la verdadera. La original. —Una pausa—. Si crear clones no fuera costoso… si no estuviera prohibido ahora… me habrían dejado morir y habrían hecho otra Orphie mejor.

Sus labios temblaron apenas.

—Eso habría sido lo correcto.

Miraba a la nada, fija, como si la cocina no existiera.

Tn suspiró por dentro. Estrés severo. Depresión. Falta total de aprecio por sí misma. No hacía falta ser un experto para verlo.

Y lo peor era que… en parte, ella no estaba equivocada.

No tuvo infancia.

No tuvo elección.

Había nacido ya rota, con recuerdos implantados, diseñada para ser solo las piernas y los brazos de otra persona.

Y aun así…

—Oye —dijo al fin, apoyándose contra la encimera frente a ella—. Ser real o ser egoísta está bien.

Orphie parpadeó. Lo miró por primera vez con atención.

—¿…Cómo?

—Las personas son egoístas, incluso yo, acepte el trabajo por la buena paga y seguro.—continuó Tn, encogiéndose de hombros—. Todas. Incluso las buenas. Queremos vivir, queremos importar, queremos que alguien nos mire y diga “tú vales”. Eso no te hace falsa.

Ademas los politicos eran mucho mas egoistas.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—Yo no… —empezó, pero él la interrumpió con una sonrisa cansada.

—Apostaría lo que sea a que ahí afuera existe alguien terriblemente egoísta. En algún lugar de Nueva Eridu.

.

.

.

.

.

En otro punto de la ciudad, muy lejos de esa cocina silenciosa, Vash estornudó de repente.

—¿…Achís?

Koyanskaya, sentada con las piernas cruzadas y una sonrisa ladeada, lo miró de reojo.

—¿Resfriado, querido? Qué inconveniente. Puedo prepararte algo caliente… o algo doloroso, tú eliges.

Vash se pasó un pañuelo por la nariz y negó con la cabeza.

—No. —Suspiró—. Solo… tengo la sensación de que alguien está hablando de mí.

Ella rio suavemente.

—Estas delirando, je deberias mejor tener todo listo para la fiesta de Tn.

.

.

.

.

De vuelta en la mansión, Tn volvió a mirar a Orphie.

—Así que sí —concluyó—. Está bien que quieras existir por ti misma. Aunque ahora no sepas cómo.

Orphie bajó la mirada a sus manos. Su voz salió más baja, más frágil.

—¿Y si… no hay nada más? ¿Si solo soy… un reemplazo defectuoso?

Tn se quedó en silencio unos segundos. Luego respondió con honestidad simple:

—Entonces empezaremos desde ahí.

Ella alzó la vista lentamente. En sus ojos había algo nuevo: no esperanza… pero sí atención. Una atención peligrosa, aferrada.

—¿Te quedarás? —preguntó—. ¿Aunque no sea… nadie?

Tn asintió, sin darse cuenta de que esa respuesta, tan sencilla, estaba marcando algo profundo.

—Me quedaré.

Y en el fondo de la mente de Orphie, esa palabra empezó a ocupar un lugar demasiado grande.

.

.

Llegada la noche, Tn se movía con cuidado por la cocina mientras terminaba de preparar la cena. El sonido suave de los cubiertos y el olor tibio de la comida llenaban la casa, intentando darle algo de vida a aquel lugar demasiado grande para solo dos personas.

Orphie estaba sentada a la mesa, callada, los hombros un poco caídos… pero no completamente rendida. Había algo distinto en su mirada: cansancio, sí, pero también una chispa mínima de voluntad.

—No es nada sofisticado —dijo Tn, dejando el plato frente a ella—, pero prometo que no sabe tan mal.

Orphie tardó un segundo en reaccionar. Luego asintió despacio.

—Gracias… —murmuró—. Cocinar… no es algo que muchos hicieran por mí. En el escuadron se nos permitian raciones del ejercito.

Tn se sentó enfrente, sin invadir su espacio.

—Bueno, acostúmbrate. Mientras estés aquí, comer mal no es una opción.

Ella esbozó algo parecido a una sonrisa. Pequeña. Frágil. Pero real.

Después de cenar, Tn rodeó la mesa y, con un movimiento cuidadoso, la cargó en brazos. Orphie se tensó por reflejo, pero él habló de inmediato.

—Tranquila. Te tengo.

Subieron las escaleras despacio. El segundo piso estaba en silencio, iluminado solo por luces cálidas. Tn la dejó con cuidado sobre la cama.

—Mañana podríamos conseguirte unas muletas —comentó—. Para que te sea más fácil moverte mientras te adaptas al equilibrio. No hay prisa.

—Está bien… —respondió ella, asintiendo—. Gracias, Tn.

Él dudó un instante antes de irse.

—Mi habitación está justo al lado —añadió—. Si necesitas algo… lo que sea… solo llama.

—Lo haré.

Las luces se apagaron. El silencio volvió a apoderarse de la casa.

Pero no duró.

En mitad de la noche, Tn se incorporó de golpe en su cama. Jadeos. Gemidos ahogados. Un sonido roto, desesperado, proveniente de la habitación contigua.

—¿Orphie…? —murmuró, ya levantándose.

Entró sin pensarlo dos veces.

Ella se retorcía sobre las sábanas, empapada en sudor. Su respiración era errática, sus manos se aferraban a la cama como si algo invisible intentara arrancarla de allí. Sus ojos se movían sin control, perdidos en recuerdos que no estaban en esa habitación.

El Grand Hollow.

El brillo metálico púrpura.

Una figura sin rostro, con una abertura luminosa que pulsaba como un corazón eléctrico.

Alas tentaculares, cambiantes.

El impacto.

La caída.

El grito de alguien más.

—¡No… no… capitana…! —gimió—. ¡Magus, no…!

—¡Orphie! —exclamó Tn, acercándose—. ¡Ey, estás aquí! ¡Despierta!

Ella gritó.

Se incorporó de golpe, con un alarido que le desgarró la garganta. El aire entró de golpe en sus pulmones, como si acabara de salir del agua.

—¡No me dejes! —gritó— ¡No otra vez!

—Hey, hey… —Tn levantó las manos, calmado, aunque por dentro estaba alterado—. Soy yo. Tn. Estás a salvo.

Ella tardó en enfocarlo. Sus pupilas temblaban.

—Yo… yo lo vi… —susurró—. Todo… otra vez…

Tn fue al baño casi corriendo. Volvió con un trapo húmedo y frío. Se sentó al borde de la cama y, con cuidado, comenzó a limpiar su frente.

—Respira conmigo, ¿sí? —dijo en voz baja—. Inhala… eso es… exhala…

El frío la hizo estremecerse, pero poco a poco su respiración comenzó a acompasarse.

—No estás en el campo de batalla —continuó—. No hay órdenes. No hay Hollow. Solo… esta casa. Tú y yo.

Orphie cerró los ojos con fuerza.

—Tengo miedo… —admitió, casi avergonzada—. Sigo siendo solo… lo que quedó.

Tn negó despacio.

—Eres alguien que sobrevivió —respondió—. Y eso ya es suficiente para empezar.

El silencio volvió a caer, distinto esta vez. Más suave.

Tn no retiró el trapo de inmediato. Se quedó ahí, asegurándose de que el temblor en su cuerpo desapareciera del todo.

Afuera, el bosque permanecía inmóvil, como si incluso la noche hubiera decidido respetar ese momento.

Luego de unas horas, el cuerpo de Orphie finalmente cedió al cansancio. Su respiración se volvió lenta, profunda, y el temblor que antes recorría sus brazos desapareció por completo. Dormía tranquila.

Tn, sentado en una silla junto a la cama, suspiró con cansancio y se talló los ojos.

—Diablos… —murmuró en voz baja—. Dormir un poco más habría sido un lujo.

Miró la hora en su comunicador y negó con la cabeza. Ya casi era momento de preparar el desayuno. Se levantó despacio, asegurándose de no hacer ruido, y salió de la habitación.

En la cocina, el aroma del café recién hecho comenzó a llenar el ambiente. Mientras cortaba fruta y calentaba pan, Tn volvió a abrir el expediente digital del caso Orphie Magus. Leyó con más calma.

Escuadrón severamente dañado.

Seed: incapacitada, movilidad perdida.

Trigger: daño cerebral adicional, pérdida total de la visión y el oido posiblemente.

Capitana Orphie: trauma estructural severo en la zona lumbar inferior.

Tn frunció el ceño al leer la descripción médica.

—Un agujero literal donde conectaba la cola… —susurró—. Y aun así sobrevivió.

Cerró el archivo lentamente.

—Diablos no fue suerte —añadió para sí—. Fue pura terquedad, los medicos si que trabajron su salario en salvarla.

Seguro que quedaba una cicatriz horrible en esa zona.

Cuando todo estuvo listo, subió de nuevo al segundo piso. Se detuvo frente a la puerta de Orphie y tocó suavemente.

—¿Orphie? Ya es de mañana.

Silencio.

Volvió a tocar, un poco más fuerte.

—¿Estás despierta?

Nada.

Un mal presentimiento le recorrió la espalda. Abrió la puerta con cuidado.

Orphie estaba en el suelo, apoyada sobre los brazos, intentando arrastrarse hacia el baño. Sus movimientos eran torpes, frustrados.

—…casi… —murmuraba entre jadeos.

Tn negó despacio con la cabeza y se acercó.

—Oye, oye… —dijo con suavidad—. No tenías que hacer eso sola.

Ella levantó la mirada, un poco avergonzada.

—No quería… molestarte.

—Ese es literalmente mi trabajo —respondió, inclinándose—. Y aunque no lo fuera… no es una molestia.

La ayudó a incorporarse con cuidado, sosteniéndola firmemente pero sin brusquedad.

—¿Querías ducharte?

Orphie asintió despacio.

—Después de anoche… me siento… sucia. Como si aún estuviera allí.

—Entiendo —dijo Tn—. Vamos.

La llevó hasta el baño y la ayudó a entrar en la bañera. Orphie se desvistió sin decir nada, con movimientos lentos, prácticos. Tn apartó la mirada cuando fue necesario, manteniendo una distancia respetuosa.

El agua comenzó a fluir, tibia, constante.

—¿Está bien así la temperatura? —preguntó.

—Sí… está bien.

Tn tomó el jabón y comenzó a ayudarla a tallarse el cabello, con movimientos cuidadosos y metódicos. Luego los brazos, los hombros. Su expresión era totalmente profesional, concentrada, como si estuviera realizando un procedimiento médico.

Orphie lo observó de reojo.

—No te incomoda… ¿verdad?

—¿Ayudar? —respondió él—. No. Lo que me incomodaría sería dejarte sola cuando claramente necesitas apoyo. Vash menciono que estaria viniendo periodicamente para ver tus avances.

Ella bajó la mirada.

—En el escuadrón… solo importábamos mientras éramos útiles. Usualmente en las duchas todas nos hubieramos metido en las regaderas frias y tallado mutuamente.

—Aquí no es así —replicó Tn sin pensarlo—. Aquí importas porque eres una persona. Punto.

Cuando terminaron, cerró el agua y la envolvió con una toalla grande.

—Vamos, antes de que te enfríes.

La llevó de vuelta a la habitación y la dejó sentada en la cama.

—Te dejo un momento para que te vistas —dijo—. Estoy justo afuera.

—Gracias, Tn.

Ella optó por ropa cómoda: pantalones holgados y una camisa de botones. Nada que apretara, nada que recordara un uniforme.

Cuando salió, Tn levantó la vista y asintió.

—Buena elección. El desayuno ya está listo.

Orphie respiró hondo.

—Nunca pensé que… algo tan simple… se sintiera tan extraño.

—A veces lo simple es lo más difícil de aceptar —respondió él—. Pero vamos paso a paso.

Y juntos, despacio, comenzaron el día.

.

.

Tn la ayudó a bajar con calma por las escaleras, paso a paso, sin prisas. Orphie se aferraba al pasamanos mientras él se mantenía a su lado, atento a cualquier desequilibrio. El desayuno transcurrió en relativo silencio, solo interrumpido por el sonido de los cubiertos y el canto lejano de los pájaros que se colaba por los ventanales.

Cuando terminaron, Orphie dejó la taza sobre la mesa y habló en voz baja.

—¿Puedo… quedarme afuera un rato? En la yarda.

Tn levantó la vista y la observó unos segundos, evaluando.

—Claro —respondió al final—. Te dejo la tableta por si quieres leer algo o ver noticias. Si necesitas cualquier cosa, me llamas, ¿sí?

—Está bien —asintió ella.

Tn la llevó hasta la yarda y la acomodó en una silla resistente, con buena vista al bosque. El muro de árboles se alzaba frente a ella como un océano verde, silencioso, inmóvil.

—Voy a intentar conseguirte unas muletas —dijo él—. No debería tardar mucho.

—Gracias, Tn.

—No me des las gracias por todo —sonrió levemente—. Ahorita vuelvo.

Cuando él se marchó, Orphie quedó sola. El viento movía suavemente las hojas, y por primera vez desde hacía mucho, no había alarmas, ni órdenes, ni disparos.

Miró su mano. La abrió y la cerró lentamente, como si comprobara que seguía ahí. Luego llevó la mano a la parte baja de su espalda. Sus dedos rozaron la cicatriz: áspera, irregular, real.

—Capitana Magus… —murmuró.

Cerró los ojos.

¿Qué crees que haces, Orphie? Levanta tu trasero y ponte firme, que tenemos una misión.

Los ojos de Orphie se abrieron de golpe.

—¿Capitana…?

El silencio respondió.

Solo el bosque.

Su expresión se quebró un poco y dejó escapar una risa baja, casi ahogada.

—Heh… no. No eras tú.

Se llevó la mano al rostro.

—Ya me estarías gritando… diciéndome que deje de distraerme.

En su mente, las imágenes volvieron con claridad dolorosa. Trigger sonriendo apenas,con un color amarillo saliendo de las luces de sus visores. Seed recostada sobre su mecha, fingiendo que nadie la veia mientras se comia unas flores. Soldado Once quejándose, como siempre.

—“Después de esto vamos a comer algo, ¿sí?” —susurró, imitando su voz—. Tonta glotona…

La risa murió rápido.

Orphie apretó los puños sobre sus piernas.

—¿Puedo ayudarlas…? —preguntó al aire—. ¿O ya no sirvo para nada?

Pensó en Seguridad Pública. En el gobierno. En los informes, en las palabras frías: escenario controlado, pérdidas aceptables.

—Si les pido ayuda… —continuó— ¿se reirán de mí? ¿Dirán que una clon defectuosa no tiene derecho a pedir nada?

El comunicador sobre la mesa vibró suavemente. Era un mensaje de Tn.

Conseguido. Las muletas llegan en un par de horas.

Orphie lo miró y respiró hondo.

—Un par de horas… —repitió—. Supongo que eso es un comienzo.

Levantó la vista hacia el bosque otra vez.

—Capitana —dijo con firmeza, como si hablara con alguien frente a ella—. No sé si puedo volver al campo… pero aún puedo hacer algo. Lo que sea.

El viento volvió a moverse entre los árboles.

Y por esa vez, Orphie no apartó la mirada.

Pero así como la determinación floreció en su pecho, también lo hicieron otras cosas.

El miedo.

La inseguridad.

Y algo más oscuro, más silencioso… la obsesión.

Orphie bajó la mirada hacia la tableta que descansaba sobre sus piernas. Sus dedos dudaron un segundo antes de moverse.

—Si la base del escuadrón Obol… —murmuró— si ya fue desmantelada…

Tragó saliva.

—…entonces ya no queda nada. Pero si no…

El recuerdo de Magus, de Seed, de Trigger, pesó como una losa.

Orphie desbloqueó la tableta.

Sus dedos se movieron con una familiaridad inquietante. No era la primera vez que hacía algo así. Había sido entrenada para infiltrarse, para buscar, para romper barreras digitales cuando era necesario. Las rutas eran viejas, casi olvidadas, pero aún existían.

—Veamos… —susurró.

Entró en capas profundas de la red. Direcciones que no aparecían en ningún buscador común. Interfaces grises, austeras, con sellos gubernamentales.

Introdujo códigos.

Uno tras otro.

Su respiración se volvió lenta, controlada.

—Vamos… vamos…

La pantalla tardó un segundo más de lo normal.

Y entonces—

ACCESO PARCIAL CONCEDIDO

Los ojos de Orphie se abrieron apenas.

—…Bingo.

Deslizó los datos con rapidez. Inventarios suspendidos. Recursos “en revisión”. Armas selladas a nombre del escuadrón Obol.

No todo.

Pero suficiente.

—Aún están ahí… —murmuró, con una mezcla de alivio y rabia—. Las dejaron en pausa. Como si ya estuviéramos muertos.

Sus dedos se tensaron.

El plan empezó a formarse sin pedir permiso.

—No tengo dinero. No tengo rango. No tengo respaldo… —susurró—. Pero esas armas sí.

Se quedó quieta un instante.

—Venderlas… —dijo en voz baja—. A las mafias, a quien pague.

Cerró los ojos un segundo.

—No es ético. No es correcto… —los volvió a abrir—. Pero al diablo con eso.

La imagen de Seed en una camilla, de Trigger sangrando, la atravesó como un cuchillo.

—Si esto las ayuda… —apretó los dientes—. Entonces lo haré.

Rápidamente abrió otro panel y activó protocolos auxiliares. Programó a varios bangboos de logística, viejos modelos que aún reconocían sus credenciales como operativa de Obol.

—Ruta de entrega… —murmuró—. Sector boscoso, perímetro privado.

Marcó la propiedad de la mansión.

—Aquí. Nadie entra sin autorización. Y dudo que la propia industria les deje hacerlo.

Confirmó el envío.

Un pequeño icono parpadeó: ORDEN EN PROCESO.

Orphie dejó escapar una sonrisa apenas visible.

—Perfecto…

Pero algo la hizo detenerse.

Por mera curiosidad —o tal vez por necesidad— abrió otra pestaña. Su cuenta bancaria militar. Su sueldo. La compensación por baja médica.

—Solo para ver cuánto queda… —murmuró.

La pantalla cargó.

Cero.

Otra sección.

Cero.

Otra mas.

Cero.

Dinero por baja del frente.

Cero.

Sus ahorros.

Cero.

Si el dinero de un soldado fallecido o en estado similar queda en el banco sin ser reclamado, el gobierno no se queda con él inmediatamente, pero podría tomarlo tras un periodo de inactividad, convirtiéndolo en “bienes no reclamados” (unclaimed property).

Orphie se quedó inmóvil.

—…¿Qué?

Revisó el historial.

Transferencias cerradas. Fondos retirados. Cuenta vaciada.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Hijos de… —su voz se quebró—. Hijos de perra.

Golpeó el suelo con el puño.

—Creyeron que no sobreviviría —escupió—. Me dieron por muerta antes de tiempo.

Respiró agitadamente, con los ojos brillando.

—Ni siquiera esperaron a confirmarlo… —susurró—. Me quitaron todo.

Se recostó contra el cesped, mirando el cielo entre los árboles.

—Muy bien —dijo finalmente, con una calma peligrosa—. Si el sistema decidió abandonarnos…

Cerró la tableta.

—Entonces yo haré lo que tenga que hacer.

El bosque permaneció en silencio.

Ella se quedó sentada sobre el césped, sintiendo la humedad fresca entre los dedos.

Bien. Todo estaba planeado… al menos en su cabeza.

No tenía recursos propios. No tenía dinero. Oficialmente, Orphie era solo una paciente bajo la tutela de Ocean Industries. Un gasto más. Un archivo. Un caso.

Pero el dinero podía conseguirse.

—Vender armas… —murmuró casi sin voz—. Solo un poco. Lo suficiente.

Apretó la tableta contra su muslo. No era codicia. No era ambición. Se dijo a sí misma que no lo era. Era necesidad. Era justicia. Era devolverle algo a Obol.

Levantó la mirada.

A través del cristal de la sala de estar vio a Tn. Él estaba de pie, revisando algo en la mesa, tranquilo, ajeno. Su silueta se reflejaba en la ventana junto con la de ella, superpuestas por un instante.

Orphie bajó la vista y, casi sin querer, miró su propio reflejo oscuro en la pantalla apagada de la tableta.

—…patética —susurró—. Sigues necesitando que alguien te cuide.

No pasó mucho tiempo antes de escuchar la puerta corrediza abrirse.

—Oye —dijo la voz de Tn, suave—. Pensé que quizá tendrías hambre.

Ella alzó la cabeza.

Tn salió con un cuenco de frutas picadas. Manzana, uvas, algo de melón. Se sentó a su lado con cuidado, dejando una distancia respetuosa, y le extendió el cuenco.

—Has estado muy tranquila aquí afuera —añadió—. Eso es bueno.

Orphie lo observó un segundo más de lo necesario.

—Estoy… bien —murmuró.

Tomó un pedazo de fruta. Lo llevó a la boca despacio, como si el simple acto de masticar requiriera concentración.

—Gracias.

—De nada —respondió él con una pequeña sonrisa.

Comieron en silencio durante unos segundos. El viento movía las hojas del bosque. Todo parecía… normal. Demasiado normal.

Orphie habló sin mirarlo.

—Tn.

—¿Sí?

—¿Qué pasará conmigo… cuando me rehabilite?

Él no respondió de inmediato. Pensó sus palabras.

—Según el programa —dijo finalmente—, cuando estés lista te integrarían de nuevo a la sociedad. Trabajo básico, un departamento pequeño. Nada de combates ni misiones. Una vida… estable.

Orphie apretó un poco el cuenco.

—¿Y tú?

—A mí me asignarían otra posible paciente —respondió con naturalidad—. El proyecto es nuevo. Está pensado para agentes que quedaron fuera del sistema después de las cavidades y los hollows. El gobierno y Seguridad Pública tienen muchos problemas internos… así que Ocean Industries decidió intervenir.

Hizo un gesto con los hombros.

—Dicen que es caridad. Imagen corporativa, quizá. Pero también es necesario. Ademas Vash parece ser una persona agradable.

Algo raro si le preguntaban, pero hey pagaba bien.

Orphie dejó escapar una risa baja.

—Así que… cuando yo esté “arreglada”… —murmuró—. Te irás.

Tn la miró, sorprendido por el tono.

—No es que me “vaya” de un día para otro —aclaró—. El proceso toma tiempo. Y si necesitas apoyo adicional, se evalúa y posiblemente seguiriamos en contacto.

Ella asintió lentamente, mirando el bosque.

—Ya veo…

Tomó otro trozo de fruta, pero esta vez no se lo llevó a la boca de inmediato.

—Entonces… —dijo con suavidad peligrosa—. Solo soy una etapa más de tu trabajo.

Tn frunció un poco el ceño.

—No lo veo así —respondió—. Eres una persona con la que estare interactuando. No un expediente.

Orphie giró el rostro hacia él. Sus ojos rojizos anaranjados lo observaron fijamente.

—¿De verdad? —preguntó—. Porque todos los demás me ven como un clon defectuoso.

El silencio se tensó.

—Yo no —dijo Tn, firme—. Y mientras estés aquí, mi trabajo es cuidarte. Eso no es algo que me tome a la ligera.

Algo se agitó en el pecho de Orphie.

Cálido.

Peligroso.

Bajó la mirada de nuevo, ocultando la leve sonrisa que amenazaba con formarse.

—Entiendo… —susurró—. Entonces… mientras estés conmigo…

Cerró los dedos alrededor del cuenco.

—Haré todo lo posible por mejorar.

Tn asintió, aliviado.

—Eso es todo lo que se espera.

Orphie miró el bosque una vez más.

Las armas.

El dinero.

El escuadrón.

Y ahora… Tn.

Mientras estés conmigo.

La idea se quedó flotando en su mente, creciendo en silencio.

________________________________________

Uffff como me gusta la esencia yandere zenless y el que recuerde el tema de las mafias jejeje ya saben quien les dejo esas armas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo