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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 278

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Capítulo 278: Ushiwakamaru Fate grand order

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_________________________________________________________________________

Sobre el mundo en silencio, un pájaro canta

al despertarse solo entre ramas negras.

Queríais nacer; dejé que nacierais.

¿Desde cuándo se ha interpuesto mi dolor

en el camino de vuestro placer?

Lanzándoos

hacia la oscuridad y la luz a la vez

ávidos de sensaciones

como si fueseis algo nuevo, deseando

expresaros

puro brillo, pura vivacidad

sin pensar

en que esto podría pasar factura,

sin imaginar que el sonido de mi voz

pudiera ser más que una parte de vosotros—

no lo escucharéis en el otro mundo,

nunca con la misma claridad,

ni en el canto del pájaro, ni en un grito humano,

ni en el claro sonido, el único

eco persistente

en todo sonido que significa adiós, adiós—

la única línea continua

que nos une.

_____________

Nombre: Tn Sakagami

Titulo:Lord feudal del sur

Magia:Eterna convivencia Amaterasu shimasu sume omikami.

_________________________________________

Le picaban un poco las sogas que la tenían atada. Aún conservaba algo de sangre en la mejilla, y claramente no era suya… bueno, no del todo. Tenía algunos cortes superficiales y estaba de rodillas, rodeada de samuráis que la vigilaban con una atención fría y meticulosa, en lo que parecía ser el patio interior de un palacio. Ushiwakamaru, una mujer joven y delgada que parecía un samurái, vestía un kimono segmentado que cubría solo la mitad superior de su cuerpo, con una manga de túnica magenta intenso en uno de sus brazos y un cuello alto ceñido alrededor del cuello. No llevaba camisa; eso dejaba ver parte de su abdomen y su complexión menuda con unos pechos muy pequeños y modestos, algo que en su propio clan había sido motivo de burlas por parte de algunas cortesanas.

—Por los dioses…Ushi, concéntrate —se reprendió mentalmente.

No era momento de pensar en su aspecto físico. Las cuerdas seguían apretadas y la situación era clara: estaba bajo captura enemiga. Con un poco de suerte, su hermano y su clan acudirían por ella, ya fuera enviando tropas o negociando un intercambio.

Volvería a casa en cuestión de poco tiempo. Tenía que ser así.

Claro el hermano mayor siempre la ayudaria.

“Mmmm~ cuando vuelva comeré arroz al vapor, pescado a la parrilla (yakimono), pescados y verduras cocidos a fuego lento (nimono), verduras al vapor y ensaladas de pescado crudo en vinagre (namasu). Ahhhhhhh~ qué delicia, ya puedo imaginarla”.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando un samurái tiró con brusquedad de la soga, exigiendo que se pusiera de pie. Iban a entrar al palacio.

El suelo de piedra estaba frío bajo sus pies cuando la obligaron a avanzar. Ushiwakamaru no opuso resistencia; no porque estuviera resignada, sino porque cada movimiento innecesario era un gasto inútil de energía. Caminó con la espalda recta, la cabeza alta, como si no fuera una prisionera sino una visitante escoltada. Los ojos de los guardias la seguían con recelo, como si temieran que incluso atada pudiera desatar una masacre.

Al cruzar los umbrales del palacio, el aire cambió. El aroma del incienso se mezclaba con el del metal y la madera vieja. Era un lugar que hablaba de poder, de decisiones tomadas lejos de los campos de batalla. Ushiwakamaru entendía las guerras, las emboscadas, los choques frontales… pero aquel silencio cargado de intención le resultaba incómodo.

“Se siente como estar en la recamara del jefe de clan”.

La hicieron arrodillarse nuevamente, esta vez frente a un grupo reducido de figuras importantes. No necesitaba levantar la vista para saberlo; el peso de esas miradas era distinto, más calculador. Escuchó murmullos. Palabras como “prestigio”, “intercambio” y “amenaza” flotaban sin cuidado alguno, como si ella no estuviera allí.

Entonces escuchó un nombre.

No el de su hermano.

No el del clan Taira.

Un nombre nuevo. El nombre del shōgun del sur.

Ushiwakamaru alzó finalmente la mirada. No por desafío, sino por deber. Si aquel hombre iba a ser su juez, debía memorizar su rostro. Lo que encontró no fue un monstruo ni un tirano adornado en oro, sino una presencia firme, silenciosa. Había algo en él que no encajaba del todo con los demás: una calma pesada, casi antinatural, como si el mundo a su alrededor tuviera que acomodarse a su existencia y no al revés.

—Esta es la comandante de la que tanto presumen —dijo una voz—. La vendemos como moneda. Su nombre basta para evitar que nuestras tierras sean arrasadas.

“Que……”

Los ojos azules se abrieron ante dicha declaracion.

Ushiwakamaru apretó los dientes. No por rabia, sino por claridad.

Así que ese era su valor ahora.

No dijo nada. Un samurái no suplica. Un samurái no se justifica.

“Les acredite mucha fe a esos ingratos ancianos”.

Si aquel shōgun aceptaba el trato, ella cumpliría su papel hasta el final. Y si debía morir para cerrar ese capítulo, entonces lo haría sin vacilar. Su mano tembló apenas, no por miedo, sino por costumbre: el cuerpo recordando la ausencia de la katana.

—Si he de vivir —pensó—, serviré.

—Si he de morir, que sea con honor.

Aún no lo sabía, pero en ese instante, cuando el shōgun del sur la observaba en silencio, su destino ya se estaba desviando de la línea recta que siempre había seguido.

Y Ushiwakamaru, sin darse cuenta, estaba a punto de jurar lealtad por última vez… aunque todavía no se le hubiera pedido.

-Bueno llevarla, tengo aun asuntos que resolver.- El abanico que habia sacado Tn cubrio parte de su rostro meintras su guardia se llebaba a la tanuki.

.

.

.

La arrojaron a una habitación sin demasiadas ceremonias. La puerta corrediza se cerró con un golpe seco y el sonido de los pasos se alejó. Ushiwakamaru permaneció inmóvil unos segundos… luego parpadeó.

—…Oh.

Al menos había un futón. También pequeños bancos de madera y, para su absoluta sorpresa, comida servida con cuidado. Arroz caliente, algo de pescado seco, verduras encurtidas. Sus ojos se iluminaron.

—Oh, dioses benditos…

Gimió de pura alegría y no perdió tiempo. Se lanzó sobre los tazones con una energía impropia de una prisionera de guerra. Había sido instruida en los modales samurái, sí, pero al carajo con eso. Fue criada por tengu en las montañas, y los tengu comían cuando querían, como querían y cuanto querían. Esa costumbre jamás se le quitó.

Se sentó en el suelo, tomó los palillos… y empezó.

“Nham” “Nham” “Nham” ‘Nham” “Nham” “Nham”.

El arroz volaba, algunos granos se le pegaron en los labios, otros cayeron sobre su ropa. Masticaba rápido, casi con desesperación, como si temiera que alguien fuera a quitarle el plato en cualquier momento.

—Mmm…Haaaahhh~ —murmuró con la boca llena—. Esto… esto está bueno…

Era una chica bajita —bueno, media uno sesenta y ocho, pero en comparación con otros guerreros parecía pequeña— y en ese momento no había nada de la legendaria comandante en ella. Solo una joven hambrienta, agotada y viva.

.

.

Mientras tanto, en la cámara principal, Tn prestaba atención a los enviados del clan Taira.

Habían hablado largo y tendido. Del prestigio de la espadachina. De su nombre. De lo peligroso que sería permitir que su figura se convirtiera en un estandarte enemigo. La habían ofrecido como moneda de cambio con una frialdad que rozaba el desprecio.

—Aceptaré —había dicho Tn finalmente—. El clan puede estar tranquilo. No marcharé contra ustedes por este asunto.

El representante del clan Taira se inclinó profundamente, casi con alivio, y se retiró de inmediato. En cuanto quedó solo con los suyos, Tn soltó un largo suspiro y se abanicó con la mano.

—Qué día…

Batalla por la mañana. Negociaciones por la tarde. Sangre, humo, palabras afiladas. Todo era extenuante. Apenas estaba en pleno auge de su pubertad y ya sentía que el estrés podría arrugarle el rostro antes de tiempo. No era justo. De verdad no lo era.

Uno de sus samuráis dio un paso al frente.

—Mi señor. Ushiwakamaru ya ha sido puesta en una habitación. Está a la espera de sus órdenes.

Tn asintió lentamente.

—Gracias~.

Se quedó pensativo unos segundos, recordando la imagen de la prisionera en el patio. Atada, ensangrentada, de rodillas… y aun así con la espalda recta.

—Debo admitirlo —dijo en voz baja—. Me intrigó cuando la vi. Es… muy pequeña. Cuesta creer que sea la legendaria espadachina de la que hablan.

Se levantó de su asiento.

—Iré a verla~ .

El guardia reaccionó de inmediato.

—Mi señor, permítame advertirle. No sabemos si intentará escapar o atacarlo. Tal vez sería mejor permitirle el seppuku. Así conservaría su honor… y evitaríamos riesgos.

Tn alzó una ceja.

El acto de ejecución, en efecto, había sido mencionado por el representante del clan Taira. Incluso habían insinuado que sería preferible deshacerse de ella de inmediato, antes que cargar con una figura tan peligrosa.

Tn cruzó los brazos.

—Matarla sería un desperdicio~.-Nego suavemente mientras movia ambas manos-.Tenerla viva bajo el estandarte de mi corte seria mas preferible, llamenme loco, pero un soldado sirve mas si este esta vivo y puede luchar.

Los presentes guardaron silencio.

—Un guerrero así no nace dos veces —continuó—. Si su nombre es suficiente para detener una guerra, entonces su acero vale aún más vivo que muerto.

Se giró hacia la salida.

—Prepárenme el camino~ . Y que nadie la moleste hasta que llegue.

.

.

.

Mientras tanto, ajena a toda esa discusión, Ushiwakamaru se chupó un grano de arroz del dedo y suspiró satisfecha, dejándose caer hacia atrás sobre el futón.

—Ahhh~… —murmuró—. Tal vez… tal vez esto no sea tan malo…Hipp *hipo* si puedo comer asi no hay nada de que preocuparme.

No sabía que, con esa comida aceptada y ese futón ocupado, ya había cruzado un umbral invisible.

No como prisionera.

No como moneda.

Entonces que valor podria tener.

Ushiwakamaru se recostó en el suelo, usando los brazos para apoyar la cabeza, y miró al techo en silencio. La tallada vieja tenía vetas irregulares; parecían grietas en un cielo artificial. Pensó despacio.

Si su clan la había dejado allí…

Si le habían dado comida tan espléndida…

Solo podía significar una cosa.

—Ah… —murmuró con calma—. Seppuku.

Era lo tradicional. A un samurái se le concedía una última comida, a veces sake, como parte del ritual final de purificación. No había rabia en su pensamiento, ni miedo. Solo aceptación.

Miró alrededor buscando las ropas ceremoniales… pero no las vio. En cambio, sus ojos se detuvieron en un cuchillo apoyado cerca del futón. Lo tomó con cuidado.

Era una cuchilla simple, pensada para cortar pescado. Aun así, bastaba.

—Hubiera preferido servir a otro amo antes… —susurró—, pero si este es mi final… entonces me iré con honor.

Apretó el mango. Respiró hondo.

.

.

En ese mismo instante, dos guardias avanzaban por el pasillo delante de Tn. Él caminaba detrás, silbando suavemente, con los ojos cerrados, como si estuviera paseando por un jardín y no por un palacio lleno de tensiones. Era travieso por naturaleza, con una mentalidad casi infantil en momentos inapropiados… aunque profundamente devoto a sus ideales.

—Vamos a conocer a la famosa espadachina~ tutututururu~ —murmuró con una sonrisa.

Deslizó la puerta.

—¡Buenas—

Lo que vio le heló la sangre.

—¡Kyaa!

No fue un grito muy masculino, ni digno de un shōgun, pero fue sincero. Sin pensarlo, Tn se lanzó hacia adelante. El mundo se volvió confuso: madera, tela, un golpe seco, ambos rodando por el suelo.

Cuando todo se detuvo, Tn estaba sobre ella, sujetando con fuerza la mano que sostenía la cuchilla. Su otra mano presionaba con urgencia el vientre de Ushiwakamaru, como si temiera que algo terrible ya hubiera ocurrido.

—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó, sudando— ¡¿Estás loca?!

La diferencia de tamaño era absurda. Tn medía casi un metro noventa y siete; su sombra cubría por completo el cuerpo de Ushiwakamaru. Ella parpadeó, completamente desconcertada, sus ojos azules abiertos de par en par.

—¿Q-qué…? —balbuceó— ¡¿Qué rayos está haciendo usted?!

Forcejeó un poco, más por reflejo que por intención real. Él no la soltó.

—¡No! ¡No te muevas! —dijo con una voz aguda por el pánico— ¡Eso no estaba en el plan! ¡Nadie te dio permiso para eso chica tonta!

—¡Es mi deber! —replicó ella, frunciendo el ceño— ¡Mi clan me entregó! ¡Esto es lo correcto! Ademas me dieorn mi utlima comida y dejaron ese cuchillo en el plato!.

Tn la miró fijamente, respirando agitado. Luego, más despacio, habló—Eso es una estupidez.Esa cosa era para cortar el pescado.

Ushiwakamaru se quedó en silencio.

—Comer no era una despedida —continuó él—. Era hospitalidad.Que acaso no se alimentaba al enemigo capturado.

Apretó un poco más su mano, sin hacerle daño.

—No te traje aquí para perderte. Ni para que mueras por decisiones de otros.

Ella lo miró, confundida.

—Pero… mi honor…

—Tu honor sigue intacto —dijo Tn con firmeza—. Mientras yo sea tu señor~ .

El silencio cayó pesado entre ambos. La cuchilla tembló en la mano de Ushiwakamaru… y finalmente cayó al suelo con un sonido seco.

Tn soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Por todos los dioses… —murmuró— casi me matas del susto.

Ushiwakamaru tragó saliva. Algo en su pecho se apretó, una sensación extraña, desconocida.

—¿Entonces…? —preguntó en voz baja— ¿Qué soy ahora?

Tn sonrió, cansado pero sincero.

—Alguien que todavía tiene un lugar donde quedarse.

Sin darse cuenta, Ushiwakamaru había dejado de ser una prisionera.

Y sin entender por qué, por primera vez en mucho tiempo, no sintió el impulso de desaparecer con honor… sino de permanecer.

Más tranquilo, Tn se levantó al fin. Se sacudió un poco la ropa, tomó aire… y entonces empezó a regañarla.

—¡¿En qué estabas pensando?! —dijo, señalando el cuchillo en el suelo—. ¡Eso era para cortar pescado! ¡Pescado! ¿Sabes lo caro que es afilar uno bueno?

Ushiwakamaru se encogió visiblemente con cada palabra. Su espalda, antes recta como una lanza, fue bajando poco a poco; los hombros se le cerraron y la mirada se le fue al suelo, como si con cada regaño se hiciera más pequeña.

—Y para colmo —continuó Tn, gesticulando—, ¡ni siquiera había ropas ceremoniales! El seppuku solo cuenta si hay vestimenta apropiada, una daga ritual y un asistente designado. ¡Eso fue completamente informal!

Los guardias entraron de golpe al escuchar los gritos, con las manos ya cerca de las empuñaduras… pero se quedaron quietos al ver la escena.

Su señor estaba de pie, con los brazos cruzados, reprendiendo a la famosa espadachina.

Y la legendaria Ushiwakamaru parecía… una niña a punto de llorar.

—G… gomenasai… —murmuró ella, con un pequeño gimoteo que no combinaba en absoluto con su fama—. Pensé que…

—¡No pienses esas cosas tan a la ligera, no puedo tener a una samurai a mi lado con pensmaientos tan estupidos que dirian todos en la corte sobre mi! —interrumpió Tn, aunque su voz ya empezaba a bajar de intensidad.

Finalmente suspiró largo, se llevó una mano a la cabeza y se despeinó un poco el cabello.

—Gritar tampoco es bueno para mi delicada voz~ —añadió, más cansado que molesto—. De verdad, este día…

Se calmó del todo. Dio un paso adelante y, con un gesto firme pero cuidadoso, sujetó el mentón de Ushiwakamaru, obligándola a levantar la mirada. Sus ojos azules aún brillaban con humedad, pero ya no había resignación… solo atención absoluta.

—Escucha~ —dijo con seriedad—. Tu clan te entregó a mi cuidado. Eso significa que ahora eres mi responsabilidad~ pequeña tanuki~.

Hizo una breve pausa.

—Te propongo algo. Sé mi espada. Quédate a mi lado, recibiras tu honor de vuelta.

Por un instante, el mundo pareció detenerse.

Los ojos de Ushiwakamaru recuperaron su brillo por completo, como si alguien hubiera encendido una llama que llevaba tiempo apagada.

—…Acepto —respondió sin dudar.

Tn soltó su mentón y se apartó, carraspeando.

—Bien. Entonces ponte de pie. Te daré ropajes nuevos con el emblema de mi casta.

Ella parpadeó.

—¿Ropajes nuevos…? —miró su atuendo—. Pero… a mí me gusta mi ropa.

Tn la observó de arriba abajo durante unos segundos, evaluándola con una honestidad brutal.

—Niña —dijo al final—, pareces una mujercilla errante para ser honesto.

El comentario cayó como una flecha directa al ego. Ushiwakamaru se quedó rígida.

—¡¿Q-qué?! ¡Yo misma diseñé esta vestimenta!

—Ajá —respondió él con total calma—. Y aun así, te daremos prendas nuevas. No es negociable.

Negó suavemente con la cabeza, como si el asunto estuviera cerrado desde el principio.

—Listo. Mañana comienzas como mi guardiana.

Ushiwakamaru apretó los puños… pero luego inclinó la cabeza con solemnidad.

—…Sí, mi señor.

—Perfecto —mencionó Tn con una sonrisa, riendo un poco, claramente más relajado.

Miró a su guardia y habló con total naturalidad.

—Prepárenle una habitación a Ushiwakamaru. Quiero que esté cerca de mis aposentos.

Los guardianes se miraron entre sí. Uno de ellos dio un paso al frente, dudando.

—Mi señor… ¿de verdad está pensando en…?

No terminó la frase.

Un pequeño abanico pasó zumbando por el aire y se enterró limpiamente en la pared justo detrás de ellos. El instrumento quedó clavado, vibrando levemente.

Tn seguía con los ojos cerrados, sonriendo… pero una vena palpitaba peligrosamente en su frente.

—Dejen de cuestionarme —dijo con voz dulce, casi amable—. Y vayan a prepararlo.

—¡S-sí, mi señor! —respondieron al unísono, retirándose de inmediato.

Ushiwakamaru observó la escena con los ojos abiertos de par en par.

—Oh… —murmuró, impresionada.

Le estaba gustando este nuevo Amo.

.

.

.

No mucho tiempo después, fue llevada a los baños. Las sirvientas la lavaron con cuidado, limpiaron la sangre seca de su piel y peinaron su largo cabello oscuro con manos expertas, ella se retorcio algo incomoda cuando las manos duras le recorrieron los pechos tallando con fuerza y otras la sujetaron de las piernas para abrirlas y tallarle toda.

-¡E-esperen yo m-me tallare ahi ahhhh~ *salpicar* !Nooooo esperen no es necesario yo me tallo ahi!.

Ninguna le presto atencion mientras la limpiaban a profundidad.

“!WAAAAAAAAAhhhhhh A-amo TN. salveme!”.

Logro pensar cuando sintio la tela aproximarse a su vagina.

.

.

.

Horas depues le entregaron un kimono blanco con detalles en azul, sencillo pero elegante, y la guiaron hasta su nueva habitación.

Aunque la chica parecia ahora tener otro miedo aparte de las alturas. Y ese era a las limpiadoras y sus trapos.

Llegaron a su habitacion.

El lugar estaba bien acomodado. Ordenado. Tranquilo.

En un soporte cercano descansaba una armadura, más cubierta que la anterior, marcada con el emblema de la casta de Tn. No era ostentosa, pero transmitía autoridad.

Sobre la mesa, cuidadosamente dispuesta, reposaba una katana.

Ushiwakamaru se acercó con respeto. La tomó entre ambas manos y la desenvainó apenas.

La hoja era negra como el carbón, pero el filo brillaba con una nitidez perfecta. No era un arma decorativa: era una espada hecha para matar… y para proteger.

—Me siento violada-Murmuro notando la espada y su funda, se pregunto si a su nuevo Amo no le molestaria si destruia esa infernal tina de baño.-Así que… tengo un nuevo amo —susurró—. Y nuevos deberes.

Dejo los pensamientos violentos de lado.

A pesar de su apariencia jovial y traviesa, en el fondo de Ushiwakamaru habitaba una mente de genio militar frío y eficiente. Sabía evaluar territorios, tropas, rutas de escape. Aunque prefería comportarse de manera juguetona, fiel a su apodo de tanuki, su esencia seguía siendo la de una espada.

Se recostó sobre el futón, sosteniendo la katana con cuidado, y la observó en silencio. Una pequeña sonrisa nació en sus labios.

El resentimiento hacia su clan aún estaba allí, escondido en lo profundo de su mente. Pero no era un odio ardiente; más bien, una decepción contenida. Apostaba a que habían sido los ancianos quienes sugirieron dejarla atrás. Era algo típico.

—Supongo que no tenía sentido aferrarme —pensó.

Conocía bien los códigos de conducta en situaciones así. Un samurái sirve a quien le da un lugar. A quien le reconoce el valor.

Cerró los ojos.

Esta vez, no había sido abandonada.

Había sido elegida.

Y para Ushiwakamaru, eso lo cambiaba todo.

.

.

.

Despertó a primera hora de la madrugada.

El cielo aún estaba oscuro y el aire era frío, pero eso nunca había sido un problema para Ushiwakamaru. Se levantó en silencio, tomó un kimono de entrenamiento, ajustó bien las mangas y agarró una espada de madera antes de salir de la habitación sin hacer ruido.

Tenía una rutina que mantener.

Y ahora, además, un nuevo amo que proteger.

Eso significaba una sola cosa: debía mejorar.

El patio de entrenamiento aún estaba vacío cuando llegó. La luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse, dibujando sombras largas sobre el suelo. Ushiwakamaru respiró hondo, cerró los ojos un instante y adoptó postura.

Disciplina.

Respeto.

Combate.

Su entrenamiento no era caótico ni impulsivo. Cada movimiento tenía un propósito. Utilizaba espadas de bambú, shinai, y se concentraba en golpear zonas específicas: cabeza, muñecas, torso. Cada impacto iba acompañado de un paso firme, una exhalación precisa, una intención clara.

Ki-ken-tai-ichi.

La unión de mente, cuerpo y espada.

Los maniquíes de paja temblaban bajo los golpes. Ushiwakamaru se movía a una velocidad impresionante para su complexión, su figura pequeña trazando líneas limpias en el aire. No había gritos ni ostentación, solo el sonido seco de los impactos y su respiración constante.

El sudor comenzó a caer por su frente, empapando su ropa. Aun así, no se detuvo.

Horas pasaron.

No muy lejos de ella, otros guardias y guerreros del castillo también entrenaban, aunque ninguno podía evitar lanzar miradas ocasionales hacia la joven samurái. Había algo inquietante en su concentración absoluta, en cómo repetía una y otra vez los mismos movimientos hasta pulirlos al extremo.

.

.

.

Mientras tanto, Tn apenas despertaba.

Las sirvientas lo ayudaron a alistarse, le acomodaron la ropa y le sirvieron la comida del almuerzo. Se sentó a comer con tranquilidad… hasta que frunció el ceño.

—Oye —dijo de pronto—, ¿y mi guardia?

—¿Se refiere a Ushiwakamaru-sama, mi señor? —respondió una sirvienta—. Está entrenando desde antes del amanecer.

Tn soltó un pequeño jadeo decepcionado, casi infantil.

—Oh…

Infló un poco las mejillas, pero suspiró y terminó de comer.

—Bueno… supongo que está bien.

Se levantó y salió hacia el patio de entrenamiento. A medida que se acercaba, empezó a escuchar los golpes rítmicos, precisos. Al llegar, se detuvo en seco.

Ushiwakamaru estaba allí. Empapada en sudor, concentrada, asestando golpes a los maniquíes con una ferocidad controlada que contrastaba con su apariencia menuda.

—Vaya… —murmuró.

Entonces algo llamó su atención.

—Espera… ¿de dónde sacó todo eso?

Miró alrededor. Shinai. Maniquíes de paja. Equipo completo de entrenamiento.

Eso siempre se guardaba en un depósito.

Giró la cabeza hacia un costado.

El candado estaba destrozado.

Las cadenas, hechas pedazos en el suelo.

Tn parpadeó.

Luego sonrió.

—Ah… —dijo con calma—. Eso explica de dónde sacó los maniquíes.

Observó a Ushiwakamaru un rato más, sin interrumpirla. Ella no se había dado cuenta de su presencia todavía. Seguía entrenando, puliendo técnicas, repitiendo movimientos hasta que su cuerpo los ejecutaba sin pensar.

Era una espada…su espada.

y ya estaba afilándose por voluntad propia.

Tn apoyó los brazos en la baranda, claramente satisfecho.

—Definitivamente hice bien en no dejar que se matara —murmuró para sí.

Cuando Ushiwakamaru terminó de entrenar, dejó escapar un largo jadeo y bajó la espada de madera. El sudor le corría por la frente y los brazos le temblaban apenas por el esfuerzo sostenido. Entonces alzó la vista… y lo vio.

Su amo estaba allí, observándola con los brazos apoyados en la baranda.

Ushiwakamaru se irguió de inmediato, dio un paso atrás y lo saludó con respeto.

—Mi señor. Solo… solo estaba siguiendo mi rutina. Lamento haberlo hecho esperar.

Tn negó con la cabeza, divertido, y agitó una mano como restándole importancia.

—No fue ninguna molestia. La verdad, no tenía nada particularmente urgente que hacer~.

Lo dijo con ligereza, como si no fuera quien controlaba el país mediante un sistema feudal: dirigía al ejército, imponía leyes, nombraba a los daimyō y gestionaba la economía, centralizando el poder… al menos en la región sur. El imperio del Emperador aún custodiaba buena parte de la nación, así que su dominio no era absoluto, pero aun así la carga era enorme.

.

.

Con el tiempo, ambos parecieron llevarse bastante bien.

Ushiwakamaru caminaba siempre tres pasos detrás de él, como dictaban las normas, aunque algo le había resultado sorprendente desde el principio: su señor no era tan débil como aparentaba. Tenía una fuerza física notable y una resistencia que no concordaba con su actitud despreocupada.

El palacio era amplio, con varios patios y estructuras conectadas por corredores de madera. Incluso se hablaba de expandirlo más en el futuro. Ushiwakamaru pasaba las tardes bebiendo té junto a Tn, y en más de una ocasión ambos terminaban asaltando la cocina en busca de algo dulce o salado, riendo como si no hubiera responsabilidades esperándolos.

Por las mañanas, ella entrenaba su arte de la espada sin falta.

El calor del verano, casi insoportable, la llevó a simplificar su vestimenta de entrenamiento. Para moverse con mayor comodidad, usaba vendas bien ajustadas alrededor del pecho, cuidando siempre de mantenerse cubierta de forma apropiada. Aun así, una tarde, por puro accidente, las vendas se soltaron un poco mientras entrenaba.

El escándalo fue inmediato.

Tn se dio la vuelta de golpe, se cubrió los ojos con el abanico y empezó a balbucear órdenes incoherentes mientras se sonrojaba hasta las orejas. Ushiwakamaru, mortificada, arregló su ropa en segundos.

El resultado fue que pasó toda la tarde escribiendo en pergaminos la palabra gomenasai, una y otra vez, hasta que los dedos le dolieron.

.

.

Lo curioso fue que Tn decidió supervisarla personalmente.

—Así no —dijo con calma—. La muñeca, más suelta.

Él mismo tomó el pincel y le mostró cómo hacerlo. Su caligrafía era impecable, firme y elegante. Ushiwakamaru se sentó a su lado, en silencio, observándolo con atención absoluta. Cada trazo parecía hipnotizarla.

—Mi señor… escribe muy bonito —dijo con una sonrisa sincera.

Tn parpadeó, sorprendido, y luego rió suavemente.

—Gracias. La caligrafía también es una forma de disciplina… igual que la espada aunque me gusta mas este metodo.

Ushiwakamaru asintió con entusiasmo, mirando el papel como si fuera un campo de batalla distinto, pero igual de importante.

En esos momentos tranquilos —entre tinta, té y risas contenidas—, Ushiwakamaru comenzó a comprender algo que no esperaba:

Tal vez había perdido a su clan.

Tal vez había cambiado de señor.

Pero había encontrado un lugar donde existir no era solo obedecer, sino también aprender, crecer… y seguir avanzando con la espada en alto.

Era acaso lo que hacia su corazon palpitar.

Algo curioso que pasó con los meses fue que Ushiwakamaru desarrolló una ligera —y peligrosa— costumbre: colarse en los aposentos de su señor cuando la noche ya había reclamado el palacio, deslizarse con sigilo y recostarse en su cama junto a él.

Aquello, por supuesto, era impropio. Una samurái no debía compartir el lecho de su señor, ni siquiera como guardia. Las normas eran claras. El código era claro. Pero su corazón… no tanto.

No lo hacía por deseo ni por rebeldía.

Lo hacía porque allí, en la quietud de la madrugada, se sentía a salvo.

Tn no la apartaba. Al contrario: cuando notaba su presencia, apenas entre sueños, la rodeaba con un brazo grande y cálido, como si su cuerpo entendiera antes que su mente que ella pertenecía a ese espacio. Ushiwakamaru se acomodaba entonces, escuchando su respiración tranquila, sintiendo el peso protector de alguien más fuerte de lo que aparentaba.

A ella le gustaba pensarlo de una forma sencilla:

Si yo soy la espada… entonces él es la funda.

La que protege, la que guarda, la que da sentido al filo.

Siempre era ella quien despertaba primero. Antes de que el sol asomara, deshacía el abrazo con cuidado, como si temiera romper algo frágil, se vestía en silencio y desaparecía rumbo al patio de entrenamiento. Nunca dejaba rastro. Nunca era descubierta. Al menos, no oficialmente.

La vida en el palacio del shōgun del sur empezó a resultarle… agradable.

Demasiado.

Las sirvientas la saludaban con sonrisas tímidas; los guardias inclinaban la cabeza al cruzarla; los samuráis la respetaban sin reservas. Toda tensión inicial, toda sospecha por su pasado como prisionera, se disipó con el paso del tiempo y con su carisma natural, honesto, casi infantil en algunos gestos.

Eso sí, seguía evitando a las sirvientas del baño.

No por orgullo.

Le daban miedo.

Demasiado organizadas. Demasiado insistentes. Demasiado decididas a “cuidarla”.

Las mañanas eran para el acero y el sudor.

Las tardes, para el té compartido con su señor, para colarse en la cocina y robar dulces como si fueran dos niños conspirando. A veces hablaban de política; otras, de nada en absoluto. Ushiwakamaru escuchaba mientras él explicaba asuntos del dominio, el delicado equilibrio con el imperio del emperador, la presión de gobernar solo una parte del país. No siempre entendía todo, pero entendía el peso.

Y en las noches…

En las noches, el palacio parecía respirar más lento.

Ushiwakamaru nunca dijo nada.

Tn nunca preguntó nada.

Y en ese silencio compartido, ambos encontraron algo que no buscaban: una rutina que no dolía, una cercanía que no exigía nombre, y una calma que, por primera vez en mucho tiempo, no parecía destinada a romperse.

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(Suculencia)

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Tn se dejó caer en la cama suave llena de plumas de aves. Había sido un día largo, tantos deberes, tanto tiempo dedicado a buscar tratados y rutas, y tan poco a cambio. Después de una ducha caliente, estaba decidido a quedarse dormido lo antes posible.

Y casi lo hizo. Hasta que sintió que el colchón se movía a su lado. Y entonces sintió un cuerpo cálido arrastrarse bajo la sábana, acercándose con cautela. Tn estaba medio conciente por a quién encontraría si abría los ojos, y consideró si hacer todo lo posible por ignorar esta perturbación. ¿Tal vez, con suerte, se marcharía por una vez? Las sábanas se movieron una vez más mientras quienquiera que fuera se acomodaba. Un cuerpo cálido se apretó contra él y sintió el pelo largo rozar su cuerpo mientras que ella asomaba la cabeza por debajo de la sábana y se acurrucaba cerca.

Tn se atrevió a abrir los ojos y respiró aliviado al ver que era Ushiwakamaru,ella ya tenia esa pequeña costumbre de meterse en sus aposentos. La abrazó por detrás y la estrechó contra sí.

—Buenas noches, mi señor —dijo sin ocultar la emoción—. Lo esperé a que regresara a la sala del te, pero por alguna razón, me dio la impresión de que lo extrañé.

-Lo siento, Ushiwakamaru. Solo quería irme a dormir-, explicó Tn mientras apoyaba la cabeza en la de ella. Su cabello estaba suelto. Apretó la nariz contra él y respiró hondo, disfrutando del aroma de su champú y del momento de paz.

—Claro que lo entiendo —insistió Ushiwakamaru con orgullo—. Llevamos tanto tiempo juntos, que por supuesto sé lo que piensas. No hay nada como una noche relajante lejos del bullicio de los demás sirvientes y vasallos.

Tn no tenía ganas de señalar que si lo había extrañado cuando regresó antes, entonces no sabía qué estaba pensando.

-Buenas noches, Ushiwaka-, murmuró en su oído.

-Buenas noches, mi señor.- Respondió Ushiwakamaru alegremente.

Durante un rato, los dos permanecieron allí, abrazados en silencio. De vez en cuando, Tn, distraídamente, rozaba sus labios con el pelo o el cuello de ella. Ushiwakamaru parecía contenta con solo estar allí en sus brazos.

Y entonces Tn lo sintió. Abrió los ojos con cansancio y suspiró. Ushiwakamaru frotaba su trasero contra su entrepierna.

-Ushiwaka….-

-¿Sí, mi señor?- preguntó tímidamente.

-Sabes exactamente qué haces.-

-¿Hm? Sí, parece que algo me está picando.- Continuó fingiendo inocencia mientras se frotaba contra él. -Ay, parece que está creciendo. No puedo creer que mi señor sea tan travieso. Creí que dijiste que estabas cansado.-

Por mucho que lo intentó, Tn no pudo evitar ponerse erecto ante la sensación del cálido trasero de Ushiwakamaru, cubierto por sus bragas, frotándose contra él.

—¡Estoy cansado, y sabes perfectamente lo que haces! —gimió y deslizó una mano por debajo de sus vendas, subiéndolas y ahuecándole un pecho—. ¿Cómo no me iba a excitar dormir a tu lado? ¿Y luego me provocas así?Que tanuki tan travieso~ —Le apretó el pecho y empezó a masajearle el pezón con el pulgar y el índice.

Ushiwakamaru gimió suavemente. «Si hubiera sabido que mi señor era tan cruel, quizá no me habría unido a él. Eres tan duro. Debes estar muy acorralado». Ella atestiguó su inocencia, pero aun así no se detuvo.

-Solo quería dormir-, protestó Tn mientras le mordisqueaba la oreja. Mientras ocupaba una mano con sus pechos, deslizó la otra por su vientre y entre sus muslos. Suavemente, comenzó a frotar sus labios a través de sus bragas.

—Bueno, no puedes dormirte así ahora, ¿verdad? —Ushiwakamaru se echó hacia atrás y pasó los dedos por el bulto que se apretaba contra su trasero—. Si mi señor insiste, lo ayudaría incluso con esto —ofreció mientras le apretaba la polla a través de los bóxers.

—Admítelo. Lo querías desde el principio. —Tn frotaba lentamente el clítoris de Ushiwakamaru a través de la tela de sus bragas.

—No es sano contenerlo así. Tienes mi permiso. —Ushiwakamaru se mordió el labio mientras gemía. Claro que Tn quería hacerlo ahora, pero no quería que Ushiwakamaru marcara el ritmo por completo.

-Viniste aquí por esto, ¿no es así, Ushiwaka?- Tn ahora estaba frotando distraídamente contra el trasero de Ushiwakamaru.

-Solo vine aquí para hacerle compañía a mi señor-. Ushiwakamaru inclinó la cabeza hacia atrás y besó a Tn.

—Entonces podemos olvidarnos de esto y dormir. —Con dificultad logró acomodar sus caderas, pero antes de que pudiera apartar las manos de ella, Ushiwakamaru las sujetó donde estaban.

—Por favor… —gimió y se sonrojó—. Has estado muy ocupado, y hay muchísimos deberes que has hecho. Últimamente casi no hemos pasado tiempo juntos, salvo para custodiarte y servir el te.

Tn la besó de nuevo y continuó frotando el clítoris de Ushiwakamaru. Ella, a su vez, metió la mano en la parte trasera de su cuerpo y, torpemente, bajó la ropa de Tn. Su cálida polla palpitaba contra su trasero. Luego, apartó su ropa interior a un lado mientras Tn se posicionaba. Sin romper el beso, él subió lentamente, deslizando su polla dentro del ansioso coño de Ushiwakamaru. Con una mano continuando masajeando el clítoris de Ushiwakamaru, Tn comenzó a frotarle el muslo con la otra. La penetró lenta y constantemente, con ternura.

-Haaaaaaahhhh~ Te extrañé.- Jadeó Ushiwakamaru mientras se separaban para tomar aire.

-Yo también.- Tn sonrió. Odiaba admitirlo, pero Ushiwakamaru tenía razón antes: estaba agotado y no esperaba durar mucho esa noche. La silenciosa habitación pronto se llenó de suaves gruñidos y gemidos mientras hacían el amor. Las embestidas de Tn eran profundas pero lentas y suaves, y se encontraron con el balanceo circular de las caderas de Ushiwakamaru. Ushiwakamaru estaba mirando hacia adelante ahora, con la mano estirada hacia atrás y forcejeando con el cabello de Tn mientras él succionaba su nuca. Entre eso y Tn masajeando metódicamente su clítoris y su palpitante polla dentro de ella, Ushiwakamaru estaba casi lista para correrse. Gimiendo, se apretó, su coño se tensó a su alrededor mientras intentaba contenerse. Tn también estaba llegando a su límite, y sus embestidas se volvieron más lentas mientras intentaba aguantar.

-Me voy a correr, Ushiwaka.- Tn gruñó entre mordiscos en su cuello.

-ahhhhh ahhhhh ahhhhh Y-yo también, mi señor. Por favor, ahhhh ahhhhh kyaaaahhhhh~ prométeme que no te retirarás?- suplicó Ushiwakamaru, gimiendo y mordiéndose el labio.

-Quiero dormirme así-. Tn palpitó ante sus palabras y la lujuria en su tono. Él le echó la cabeza hacia atrás y se besaron descuidadamente, con hambre. Ushiwakamaru se tensó, apretando la polla de Tn dentro de ella. Tn resistió cada impulso de follar sin sentido a Ushiwakamaru en el colchón mientras se corría. Sus embestidas seguían siendo lentas, pero se volvieron más fuertes cuando finalmente liberó su semen dentro de Ushiwakamaru. Ushiwakamaru gimió, agarrando las sábanas y curvando los dedos de los pies mientras su cuerpo se estremecía, la sensación del semen de Tn fluyendo dentro de ella llevándola al límite. El cuerpo de Tn tembló también, y sus bolas se tensaron con cada embestida mientras llenaba a Ushiwakamaru con su semen. No recordaba la última vez que se había corrido tanto ni con tanta intensidad, y estaba aturdido cuando por fin se calmó. Continuó penetrando suavemente a Ushiwakamaru mientras recuperaban el aliento y se miraban a los ojos.

-¿Ahhhhh~ ah~ ah~ Confío en que mi señor esté complacido?- Ushiwakamaru sudaba ligeramente y sonreía.

-¿Cómo podría no serlo mi tanuki~?- respondió alegre pero perezosamente.

Los dos se besaron de nuevo y luego se acurrucaron juntos. Tn cumplió su palabra y no se retiró, aunque esperaba que su polla se deslizara sola una vez que estuviera completamente blanda. Hasta entonces, Ushiwakamaru se contentó con disfrutar del calor de su polla dentro de ella y la sensación de su semen goteando lentamente de su coño, ella gruñó apretando sus músculos internos para asegurarse que la polla seguía dura.

Tn abrazó a Ushiwakamaru con fuerza contra su pecho y la sintió deslizar sus manos entre las de él, entrelazando sus dedos con los suyos. Mientras se quedaban dormidos, Tn se preguntó, cuando Japon estuviera realmente bajo su control, cuando todo estuviera finalmente arreglado y la vida tuviera que volver a la normalidad, ¿qué sería de el y su tanuki? ¿De Ushiwakamaru? Mientras perdía lentamente el conocimiento, creyó oír un murmullo a su lado, una voz, distante pero cercana, pronunciar la palabra -amor-, ¿y? Tn luchó contra su sueño, para responder a esa voz, pero fue en vano.

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Uffffff vamos tanuki disfruta antes de que la esencia me pegue y pum.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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