Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 279

  1. Inicio
  2. Waifu yandere(Collection)
  3. Capítulo 279 - Capítulo 279: Historia Reiss Attack on Titán
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 279: Historia Reiss Attack on Titán

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

—

Rojo es el espacio.

Azul, el tiempo.

Morado, lo inexistente.

Negro, el olvido.

Entonces…

¿qué color representa mi alma ahora mismo?

¿Qué tono usaré

para cubrir el lienzo de la creación

que intenta plasmar mi deseo?

Pero este vacío…

es demasiado grande.

La rebeldía nunca fue mi conclusión,

fue lo primero que robé

de aquello que me arrancaba las alas

una y otra vez.

Si soy egoísta,

conservo mis alas.

Mantengo mis colores.

Si soy bondadoso,

me las arranco.

Y el lienzo se vuelve pálido,

sin matiz,

sin identidad.

Este ciclo no tiene fin.

Otro yo caerá.

Otro yo dudará.

Otro yo intentará pintar

con manos que sangran.

Solo yo sé

cuándo detenerme.

Y aun así…

solo me detengo

por ella.

—Heydrich Stampede

bien les aclaro leer hasta el aviso final y ya se la saben suculencia

Nombre:Tn

Cargo:Guardia de la casta Reiss.

______________________________________________________________________________

*Limpiar* *Limpiar* *Limpiar* *Limpiar*.

Desde que tengo uso de razón, no he hecho nada más que trabajar en la granja.

Alimento a los caballos al amanecer, limpio los establos con las manos entumecidas por el frío, ordeno el granero, barro el polvo que siempre vuelve, como si la tierra respirara cansancio al igual que yo. Mis deberes son tediosos, repetitivos, interminables. A veces pienso que el día se repite porque nadie se molesta en cambiarlo. O solo soy yo pensando de nuevo en eso.

Mamá, en cambio, pasa casi todo el día bajo el mismo árbol. Siempre con un libro entre las manos. No importa si hace frío, si llueve o si el viento sopla con fuerza: ella se sienta ahí, cruza las piernas con cuidado y lee. Nunca me llama para leer conmigo. Nunca me explica qué significan las palabras difíciles. Solo lee. Sin trabajar en toda la granja.

Estamos en las tierras de un propietario llamado Reiss. Eso es lo único que sé. Vivimos solo mi madre y yo, como si el resto del mundo quedara demasiado lejos para molestarse en mirarnos. Pero aun puedo ver la muralla, Maria a la distancia.

Hace aproximadamente un año —o quizá dos— trajeron a un chico para ayudar en la granja.

—Se llama Tn —dijo mamá aquella vez, sin ser muy afectiva a ese cambio de rutina.

Una carroza lo había traído y un hombre mencionó que el chico trabajaría en la granja.

Mamá no parecía muy feliz con eso.

Tn parecía un poco mayor que yo. Tal vez dos años. Pero ninguno de los dos sabía leer relojes ni contar bien los años, así que discutir la edad nos parecía algo tonto. Tampoco parecía tener educación, como yo.

No preguntaba mucho. No hablaba de más al principio.

Solo trabajaba conmigo y me ayudaba casi con rapidez cuando me miraba cargando algo pesado. Me parecio agradable eso.

Siempre durante la noche, una carroza venía por mamá.

Yo escuchaba el sonido de las ruedas desde mi cama: crac… crac… Mamá se levantaba en silencio, se vestía con ropas que nunca usaba durante el día —demasiado limpias, demasiado elegantes— y se marchaba sin despedirse. Volvía por la mañana, cuando el cielo apenas clareaba, con el rostro cansado y los ojos apagados.

Nunca supe a dónde iba.

Nunca supe qué hacía.

Y con ese tiempo, Tn y yo aprendimos a convivir.

Bueno… convivir no es la palabra correcta.

Más bien, fraternizar.

.

.

—Historia —me llamó una vez, mientras cargábamos sacos de grano—. ¿Eso pesa mucho?

—No —mentí, con los brazos temblando—. Solo… está incómodo.

Él me miró, ladeando la cabeza.

—Entonces estás cansada.

No respondió a mi mentira. Solo tomó el saco de mis manos y lo cargó como si no fuera nada.

Porque no se dedicaba a sus labores y me dejaba a mi con lo mio.

.

.

Aprendí a leer y a escribir gracias al libro que mamá solía dejar olvidado bajo el árbol. Me sentaba ahí cuando ella no estaba y pasaba el dedo por las letras, repitiéndolas en voz baja.

En cada historia, los padres cuidaban rebaños o compartían comidas con sus hijos. Se reían. Hablaban. Se abrazaban. Se enojaban. Cualquier reaccion era algo que jamas vi con mama.

.

.

Yo jamás tuve eso.

—¿Qué lees? —preguntó Tn una tarde, asomándose por encima de mi hombro.

—No lo sé —respondí—. Pero aquí dice que los padres siempre regresan a casa, mama cocina y cuida de los hijos y el padre sale a trabajar.

—Eso suena raro…..papa jamas regreso y no trabajaba.—dijo, encogiéndose de hombros.

No supe si reír o sentirme mal.

-Creo que solo son cosas que ocurririan en un libro-.Sonrei para no hacerlo sentir mal, yo tampoco tenia a un papa y si lo tuve mama jamas hablo de el.

.

.

Tn había salido a buscar más leña para la chimenea. Mamá probablemente ya estaba en su habitación, encerrada. Siempre hacía eso al anochecer: cerraba la puerta y no salía hasta la mañana siguiente.

Repetir.

Despertar.

Cuidar la granja y la casa.

Comer.

Hacerlo todo otra vez.

Bañarse con Tn en la vieja bañera fue algo nuevo. El agua apenas estaba tibia y el jabón olía a nada. No hablamos mucho. Solo cumplimos con lo necesario, mirando al suelo, como si el silencio fuera una regla no escrita. El me tallaba la espalda y yo tambien.

—El agua se está enfriando —dijo él.

—Ya termino —respondí levantandome de la tina y saliendo mientras el agua esucrria de mi cuerpo, me dirigi a la tela que usaba para secarme. Mientras pasaba la tela por mi rostor y cabello humedos movi mi ojo para verlo. El tambien hbaia salido de la tina y se estaba secando, me llamaba la curiosidad ver su cuerpo en cada ocacion, era tan diferente al mio, sobre todo eso que colgaba de su entre pierna. Sabia que se llamaba pene, todos los animales machos en la granja tenian eso.

Ambos éramos monótonos. Je~ (reir) Descubrí esa palabra hacía poco.

Aun así, Tn parecía… diferente. No parecia ser como yo, pero solo mas alto y mama si le dirige la palabra en ocaciones.

Era juguetón a ratos, hacía comentarios extraños, pero sabía preparar el trigo para hacer pan. Sabía cuándo girar la masa, cuánto esperar, cuándo sacarla del fuego.

—¿Quién te enseñó eso? —le pregunté una vez.

—Nadie —respondió—. Solo lo sé porque aprendi. Ahora come que se enfriara.

Saco los bollos del fuego y eran de un dorado tan hermoso, senti mi voca salibar ante ese aroma tan fresco muy diferente a ese pan marron que mama suele traer.

Casi me rompo un diente cuando tarte de comerme esa cosa, pero con Tn aqui. Ya no tendria que preocuparme por eso.

Jamás entendí cómo alguien que parecía un poco tonto podía ser tan inteligente al mismo tiempo.

Esa noche, estábamos en nuestra habitación.

Compartíamos cama porque no había otra. Yo me acomodé encima de él, apoyando la cabeza en su pecho, escuchando su respiración lenta.

—¿Qué haces, Historia? —murmuró.Apenas con los ojos cerrados, sus manos rodeaban la cintura mas delgada de la joven apenaz apretando con fuerza.

—Nada, Tn —respondí, cerrando los ojos—. Solo trato de dormir.

Él no se movió. Solo levantó una mano y empezó a cepillar mi cabello rubio con suavidad, del mismo modo en que lo hacía con los caballos del establo antes de que se durmieran.

—No deberías quedarte despierta pensando tanto —dijo en voz baja.

—¿Y tú?

—Yo estoy acostumbrado.

No supe a qué se refería.

Poco a poco, sin darme cuenta, me había encaprichado con él.

No porque fuera especial.

Sino porque era lo único que se quedaba.

.

Al amanecer, abrí y cerré los ojos con fuerza gimiendo por lo molesto que era despertar.

Era un poco temprano para despertarse. El frío todavía se colaba por las rendijas de la ventana, y el cielo tenía ese color pálido que no es ni noche ni día. Sentí algo rodeándome el torso: los brazos de Tn, firmes, sosteniéndome para que no me cayera de la cama.

—Tonto… —murmuré, dándole una palmada suave en el brazo para que me soltara—. Ya despierta. Tenemos que desayunar.

Tn soltó un gran suspiro.

—Ya estoy despierto —dijo con voz ronca—. Tú eres la que se mueve demasiado.

Centia algo duro presionandose en mi trasero, sabia que era, Tn siempre parecia un poco avergonzado. Simplemente bajo mi mano y la meti dentro de su pantalon, pude escucharlo jadear.

-H-historia ahhh~, no tenemos tiempo-. Pude sentir su agitacion debajo de mi, mis dedos rodearon algo caliente y humedo, estaba duro,me recoste de lado sobre el para poder mover mi mano de mejor forma.

-Shhhh~ no tardare mucho solo dejalo salir-.

Movi la mano mas rapido sintiendo su respiracion centirse mas pesada y Ahhh~ ahi estaba, esa mirada y semblante avergonzado que empezaba a gustar verle en su rostro.

Aprete el palpitante miembro sintiendo como temblaba y como algo caliente y viscoso caia en mis dedos, parpade sacando la mano y mirando mi mano.

Lo lami un poco, era algo salado.

Tn jadeo con bastante pezades me apartó con cuidado hacia un lado de la cama y se sentó, estirando los hombros. Yo gateé por el colchón hasta el borde, bajé al suelo y empecé a buscar mi ropa, todavía medio dormida.

—Diablos, manchaste mis pantalones —comentó él mientras se ponía la camisa—. Hace frio deberías usar la bufanda.

Se rasco un poco el cabello notando a la chica quitarse la camisa y buscar su ropa.

—No me gusta —respondí desde el suelo—. Me pica el cuello.

—Siempre dices eso.

—Porque siempre pica.

No insistió. Nunca lo hacía.

Bajamos juntos a la cocina. Mamá no estaba; nunca bajaba tan temprano. Su puerta permanecía cerrada, como si el resto de la casa no existiera para ella a esas horas.

Tn encendió la hoguera con movimientos seguros. El fuego respondió rápido, como si lo conociera. Yo me senté en la mesa de madera, apoyando el mentón en las manos y observándolo.

—¿Qué vas a hacer hoy? —pregunté.

—Algo simple —respondió—. Verduras, granos… tal vez un poco de carne si queda.

—Con huevos está bien.

—Siempre dices eso, pero luego comes todo mocosa reboltosa.

-Bluuuuuuh *sacar lengua* no eres tan mayor para decirme mocosa, sigue con eso y no calmare tu cosa dura.

No pude evitar sonreír un poco. Verlo temblar, je descubri un punto debil y lo aprobecho como puedo.

Antes, yo simplemente me comía un huevo crudo y un trozo de pan duro. Eso era un buen día. Mamá se preparaba algo aparte, siempre distinto, siempre mejor. Nunca comíamos juntas.

Pero desde que Tn estaba aquí, el desayuno era… diferente.

Él cocinaba para los tres.

—No hace falta que hagas tanto —le dije, aunque no me levanté para ayudar.

—Hace falta —respondió sin mirarme—. Si no,la señorita Alma se enojaria.

Puso tres platos sobre la mesa. El tercero lo dejó a un lado, intacto, para mamá.

—Ella lo comerá cuando baje —dijo, como si fuera una regla fija para ambos.

—¿Y si no baja?

—Bajará. Sabes que lo hace, quien crees que lava los platos.

Cierto, ultimadamente el parecia encargarse buena parte de los labores.

Comimos en silencio. No era incómodo. Era un silencio tranquilo, como si no hubiera nada que decir porque nada estaba mal.

—Está bueno —murmuré.

—Me alegro que te guste.

Cuando terminamos, salimos a hacer nuestros deberes.

El aire de la mañana olía a tierra húmeda. Fui al establo mientras Tn revisaba los cercados. Los caballos resoplaban al verme entrar.

—Oooohhhh ohhhh Tranquilos —les dije, acariciando uno de los cuellos—. Ya les toca salir un rato.

—Te escuchan más a ti que a mí —dijo Tn desde la puerta.

—Porque no les gritas.

—Yo no grito.

—Sí lo haces.

—Solo un poco.

Me pasó un cepillo y empezamos a trabajar. Todo era igual que siempre: limpiar, ordenar, revisar. El sol subía despacio, iluminando el polvo en el aire.

—Historia —dijo de pronto—. ¿Te gusta este lugar?

Me quedé pensándolo.

—No lo sé —respondí al final—. Es… lo único que conozco.

Él asintió.

—Entonces supongo que eso cuenta como gustar.

Seguimos trabajando, sin darnos cuenta de que, en algún punto, el día ya había empezado de verdad.

Y como siempre, la granja seguía en silencio.

.

.

Terminamos con nuestros labores por el día cuando el sol ya empezaba a bajar.

El prado estaba tranquilo, cubierto por ese verde cansado que solo aparece después de muchas estaciones iguales. Tn y yo nos sentamos en la hierba, uno al lado del otro. Él se recostó primero, cerrando los ojos como si el cansancio le hubiera caído encima de golpe.

Mamá estaba, como siempre, debajo del árbol.

Sentada. Leyendo. Aislada del resto del mundo.

Algo se movió dentro de mí.

Me levanté de repente.

—¿A dónde vas? —murmuró Tn sin abrir los ojos.

—Solo… quiero intentar algo —respondí.

No dije más. Si lo hacía, quizá no podría hacerlo.

Cada paso hacia el árbol se sentía más pesado que el anterior. Pensaba en los libros, en las historias donde los padres cuidaban a sus hijos, donde los abrazos eran algo normal. Pensaba en cómo sería su reacción si, por primera vez, la abrazaba.

Quizá se sorprendería.

Quizá sonreiría.

Quizá me abrazaría de vuelta.

Me acerqué sin hacer ruido. Ella no levantó la vista del libro.

Entonces me lancé.

—¡Mamá! —la abracé con fuerza, enterrando el rostro en su vestido—. Mamá…

Todo pasó muy rápido.

Ella se exaltó como si la hubiera atacado. Sus manos me tomaron del rostro con fuerza, y en un movimiento brusco me arrojó lejos.

—¡No me toques!

Rodé por el suelo hasta detenerme. El golpe me dejó sin aire. Sentí un ardor en la nariz y la llevé instintivamente con la mano.

—Ah… —se me escapó un quejido.

—¡Historia!

Tn se levantó de golpe y corrió hacia mí. Se arrodilló a mi lado y me ayudó a incorporarme con cuidado.

—¿Puedes ponerte de pie? —preguntó, tenso.

—S-sí… creo que sí.

Mamá seguía de pie, rígida. Su rostro tenía una mueca extraña. No sabía qué emoción era. No era enojo puro. Tampoco miedo. Era algo más oscuro.

—Si tuviera la fuerza suficiente… —murmuró, sin mirarme— te mataría.

No grité. No lloré.

Solo la miré.

Ella cerró el libro de golpe y se dio la vuelta, alejándose del árbol y de nosotros, como si nada hubiera pasado.

—Quédate aquí —dijo Tn con una voz que no le había escuchado antes—. No te muevas.

—¿A dónde vas…? —pregunté, todavía sujetándome la nariz.

No respondió. Solo siguió a mi madre.

Me quedé sentada en el suelo, mirando el árbol vacío. El viento movía las hojas suavemente, como si intentara fingir que todo estaba bien.

No sé cuánto tiempo pasó.

Finalmente, Tn regresó.

Tenía una sonrisa tranquila en el rostro y los ojos cerrados, como si hubiera terminado una tarea simple.

—No te preocupes por nada —dijo—. Todo está bien.

—¿Qué… qué le dijiste? —pregunté.

Se sentó frente a mí y estiró la mano para acomodarme el cabello con cuidado.

—Nada que importe —respondió—. Ya no volverá a pasar.

—¿De verdad…?

Asintió despacio.

—Te lo prometo, Historia.

No entendí por qué, pero al escucharlo, el dolor en el pecho se calmó un poco.

Me apoyé en él.

Y por primera vez, sentí que alguien estaba de mi lado. Era un tonto…pero era mi tonto.

.

.

Momentos antes

Alma caminaba con prisa, alejándose del árbol como si el lugar mismo la quemara. Sus pasos eran torpes, irregulares; apretaba el libro contra el pecho con demasiada fuerza, como si fuera un escudo inútil.

—Tsk… —gruñó—. Todo esto es un error.

Logro llegar casi detras del granero.

—Alma.

La voz la detuvo en seco.

Se dio la vuelta con brusquedad, los ojos cargados de furia al ver al chico detrás de ella.

—¿Qué quieres ahora? —escupió—. Será mejor que te largues con ese estorbo. Revuelquense en el barro como los cerdos que son. Crees que no me daria cuenta malditos animales.

Tn no respondió de inmediato.

Caminó despacio hacia ella. Paso a paso. El contraste era casi ridículo: él era una cabeza más bajo, delgado, aparentemente inofensivo. Aun así, Alma retrocedió instintivamente.

—No te acerques —advirtió.

Tn no se detuvo.

En un movimiento rápido, la tomó de la ropa y la arrinconó contra la pared del granero. El golpe seco resonó en el aire.

—Sabes las reglas —dijo, con voz baja, sin alzar el tono—. Y acabas de romper una.

Alma intentó gritarle, insultarlo, pero se quedó en silencio cuando vio lo que él sacaba de debajo de su camisa.

Un pequeño collar.

Un árbol marrón, con una estructura central gris y trece puntas perfectamente marcadas.

El emblema de la familia Reiss.

Los ojos de Alma se abrieron de par en par.

—Tú… —susurró—. Así que eras tú…

—Fui seleccionado —continuó Tn— para cuidar de Historia. Y eso implica cuidarla de todos.

La mano de Alma tembló.

—Incluso… —tragó saliva— incluso de mí.

—Especialmente de ti —corrigió él—. Tú la trajiste al mundo, pero no te pertenece.

Alma apretó los dientes.

—No sabes nada.

—Sé lo suficiente —respondió—. Y te sería útil recordarlo.

Se inclinó un poco más, lo justo para que solo ella pudiera escucharlo.

—No vuelvas a mancillar su nombre con palabras tan sucias. Ni siquiera en voz baja. Y lo que haga con ella es meramente porque ella lo solicita. -Su mano acaricio un mechon de su cabello antes de golpear la pared a un lado de su cabeza dejando una marca en la madera gruesa.

La soltó.

Alma se quedó allí, sin fuerzas para responder. Tn ya se alejaba, caminando como si nada hubiera ocurrido.

.

.

.

Momento actual

Historia seguía abrazándolo.

Tenía la frente apoyada en su pecho, los dedos aferrados a su ropa como si soltarlo fuera impensable. Tn pasó una mano por su espalda, lento, tranquilizador.

—Ya pasó —murmuró—. Todo está bien.

—¿De verdad…? —preguntó ella, con la voz pequeña.

—Sí.

Ella se aferró un poco más.

Tn sonrió, una sonrisa suave, casi amable.

Cuidar del objetivo, pensó.

Hasta que la casta noble dé nuevas órdenes.

Normalmente, esas órdenes venían de ese hombre.

Ackerman.

Pero por ahora, no había nada más importante que esto.

—Quédate conmigo —susurró Historia.

—Siempre —respondió él, sin dudar.

Y mientras el sol caía lentamente sobre la granja, Tn siguió allí, sosteniéndola, cumpliendo su deber…

aunque ya no estaba del todo seguro de para quién.

Era agradable tener a Tn.

Incluso cuando, poco después, mamá se fue a vivir a otro lugar. No lo explicó. Simplemente empacó algunas cosas y se marchó una mañana, sin despedirse.

No importaba. No era como si algo hubiera cambiado demasiado.

Tn y yo seguimos con nuestra rutina.

Despertar.

Trabajar.

Comer.

Dormir.

Un poco de molestarlo al despertar.

Pero entonces llegó la noticia.

La Muralla María había caído.

La gente hablaba de titanes enormes, de una derrota imposible, de pueblos enteros arrasados. Decían que un tercio del territorio habitable se había perdido, que miles habían muerto, que la comida ya no alcanzaría para todos.

.

.

—Habrá hambre —murmuré una noche.

—Siempre la hay —respondió Tn, ajustando la tranca de la puerta—. Solo que ahora será peor.

Aun así, seguía cuidándome. Dormíamos, comíamos, trabajábamos.

Pero algo en él había cambiado.

Tn vigilaba constantemente por la ventana. Se detenía a mitad de una tarea y miraba hacia el horizonte, hacia lugares donde no había nada. Su atención estaba tensa, como una cuerda a punto de romperse.

—Tonto —le dije una vez, dándole un ligero golpe en el brazo—. Sigue trabajando.

Parpadeó, como si despertara de un mal sueño.

—Sí, sí —rió—. Perdón.

Volvió a lo suyo… pero no por mucho.

.

.

No pasó demasiado tiempo hasta que una carroza llegó a la granja.

El sonido de las ruedas hizo que Tn se pusiera serio de inmediato.

—Historia —dijo en voz baja—. ¿Recuerdas el camino hacia el pequeño bosque?

Asentí, confundida.

—¿Y el escondite? El que te mostré.

—Sí…

—Si te digo que corras, vas ahí. Sin mirar atrás. ¿Entendido?

—¿Qué pasa? —pregunté—. ¿Son bandidos?

Tn no respondió.

Fue entonces cuando la vi.

Mamá bajó de la carroza.

Y detrás de ella, un hombre.

Era robusto, bien vestido, con una postura rígida que no encajaba con la granja. Ambos entraron en la casa sin mirarnos. Tn se sentó a mi lado, demasiado cerca.

—Pase lo que pase —murmuró—, escucha con atención.

El hombre salió primero.

—Historia, tenia ganas de conocerte al fin—dijo.

Me sobresalté. Nadie decía mi nombre completo.

—Yo soy tu padre —continuó—. Mi nombre es Rod Reiss.

El nombre resonó en mi cabeza.

Reiss.

Como el propietario de la granja.

Miré a mamá. Estaba pálida. Asustada. Nunca la había visto así.

Rod se acercó a mí y se agachó para quedar a mi altura.

—A partir de ahora —dijo—, vivirás conmigo.

No supe qué decir.

Sentí la mano de Tn cerrarse con fuerza a mi lado.

—¿Y… la granja? —pregunté.

—Eso ya no importa.

—¿Y él? —señalé a Tn sin pensar.

Rod lo miró por primera vez.

Fue una mirada fría. Calculadora.

—Ese chico no tiene nada que ver contigo.

Tn no bajó la vista.

—Historia —dijo él, con voz firme—. ¿Recuerdas lo que te dije?

Asentí, con el corazón latiendo demasiado rápido.

Rod suspiró.

—Prepárate. Nos iremos hoy.

Mamá no dijo nada.

Yo miré a Tn.

Por primera vez, no supe qué iba a pasar.

Tn parecia sol mover su cabeza para que salieramos.

Salimos hacia fuera de la casa.

Yo estaba lista para hacerle caso a Tn. Mis piernas ya estaban tensas, preparadas para correr hacia el bosque si él lo ordenaba. El aire se sentía distinto, pesado, como antes de una tormenta.

Mamá dio apenas unos pasos y entonces lo vio.

Un hombre con gabardina y sombrero, apoyado contra la carroza, observando todo con una calma inquietante.

—¡No…! —murmuró ella.

Se dio la vuelta y salió corriendo.

—¡Mamá! —grité.

No llegó lejos. Un hombre la sujetó, y de pronto otros aparecieron desde distintos ángulos. Nos rodearon con rapidez, cerrando cualquier salida.

—¡Ayúdame! —gritó mamá, desesperada—. ¡Rod, ayúdame!

Dos hombres la sostenían mientras ella forcejeaba.

Miré a Tn.

Seguía de pie. Inmóvil. Apretando los dientes con tanta fuerza que pensé que se romperían.

Rod Reiss estaba a unos pasos, inexpresivo, como si la escena no tuviera nada que ver con él.

—De verdad es una lástima, Lord Reiss —dijo el hombre del sombrero con voz tranquila.

—Señor… —murmuró Tn— Kenny Ackerman.

Yo forcejeaba, tratando de soltarme del hombre que me sujetaba.

—¡Suélteme! ¡Suélteme!

—Déjenla —dijo Tn de pronto, con una voz firme que no le había escuchado nunca.

Kenny hizo un gesto perezoso con la mano.

El hombre obedeció.

Corrí directo hacia Tn y me abracé a él con fuerza, enterrando el rostro en su pecho.

—Está bien —susurró—. Estoy aquí.

Entonces mamá gritó.

—¡No es mi hija! —chilló, fuera de sí—. ¡No soy la madre de esa cosa! ¡No tengo ninguna relación con ella!

Sentí el cuerpo tensarse bajo mis brazos.

Kenny ladeó la cabeza, divertido.

—¿Eso es cierto, Lord Reiss?

Rod apartó la mirada.

—No tenemos ninguna relación —dijo—. Ninguna.

—Ya me lo imaginaba —respondió Kenny con una sonrisa torcida.

Sacó una daga.

—¿Q-qué haces…? —preguntó mamá, con la voz rota—. ¡Rod! ¡Ayúdame! ¡Esto no es lo que prometiste!

—Jamás existististe—dijo Kenny con calma—. Nunca trabajaste en una mansión. Nadie sabe quién eres.

Yo intenté moverme.

—¡Mamá! —grité— ¡Mamá!

Tn me sujetó con fuerza, inmovilizándome contra él.

—No mires —dijo, en un susurro.

No hubo más palabras.

Cuando todo terminó, el silencio cayó como una losa.

La garganta de mama salpico sangre y cayo al suelo.

Sentí algo húmedo caer sobre mi cabello. No supe si era sudor o lágrimas.

Los hombres se apartaron.

Entonces los vi.

Ahora me miraban a mí.

Kenny guardó la daga y dio un paso al frente.

—Bueno —dijo—. Supongo que ahora nos toca hablar de la niña.

Rod Reiss me observó por fin esos ojos tan vacios de todo afecto.

El hombre se acercó un paso más.

—Mocoso, apártate.

Apreté los brazos alrededor de Tn con más fuerza, enterrando el rostro en su pecho. Sentí cómo su respiración se detenía apenas un segundo.

—Señor Ackerman —dijo Tn, sin bajar la mirada—. Por órdenes de la casta noble, usted sabe bien cuál es mi deber.

El hombre chasqueó la lengua.

—Deja de hacerte el tonto. Apártate ahora mismo…

¿O acaso piensas desobedecer a tu superior?

El cuerpo de Tn se tensó. Pude sentirlo, como si fuera un animal acorralado.

Entonces Rod Reiss habló.

—Tengo una propuesta —dijo con voz medida—.

Déjenla vivir. Mientras se mantenga lejos… y no llame la atención.

El hombre de la gabardina pareció ignorarlo al principio. Dio un paso más, claramente dispuesto a hacer lo que había venido a hacer.

Luego soltó una leve risa.

—je..hahahahahaha. Vaya… hoy están de suerte.

Se giró hacia Tn.

—Habría sido una pena tener que matar a un agente tan prometedor y joven.

Yo me aferré aún más a Tn, temblando.

—A partir de ahora —continuó Rod—, su nombre será Krista Lenz. Si aprecias tu vida… jamás reveles tu verdadero nombre.

No entendí del todo, pero asentí.

—Historia… —murmuró Tn—. Suéltame un momento.

Negué con la cabeza.

—No quiero…

Él posó una mano sobre mi cabeza y me acarició el cabello con cuidado.

—Todo va a estar bien —dijo en voz baja—. Te lo prometo.

Me separé a regañadientes. Tn dio unos pasos y se apartó junto al hombre que había matado a mamá. Se alejaron lo suficiente para que no pudiera escuchar… pero aun así, oí partes.

—Sabes, mocoso —murmuró Kenny Ackerman—. Nunca esperé que te encariñaras con la mocosa.Y mirate que galan, aprobechandote de ella.

Tn no respondió.

—Eres un perro callejero. Un plebeyo —continuó Kenny—. ¿De verdad crees que puedes cortejar a una chica de sangre noble? Pero bueno al menos supiste ser concentido por ella.

—Ahora mismo —respondió Tn con frialdad—, ella está en la misma posición que yo. Y yo tengo los modales para ser un amante afectuoso a diferencia de usted querido Superior.

Kenny levantó una ceja riendoce.

—¿Ah, sí?

—Solo cumplo la orden que se me dio —prosiguió Tn—.

Para eso fui sacado de la zona marginal bajo el Distrito Stohess.

La voz de Tn no temblaba.

—Un lugar oscuro. Abandonado. Un gueto lleno de criminales y huérfanos. Si para sentir el sol en la piel, el viento en la cara y comida en el estómago tengo que arriesgar mi vida por una mocosa…

Hizo una breve pausa.

—Lo haré con todo gusto superor Ackerman.

Kenny soltó una carcajada baja.

—Hmph. Interesante mocoso, si tuvieras la edad de mi sobrino seguro que serian identicos.

Se giraron de nuevo hacia mí.

Rod Reiss me miró una última vez.

—Recuerda quién eres ahora —dijo—. Y sobrevive.

Tn volvió a mi lado y me tomó de la mano.

—Vámonos, Krista —susurró.

Ese fue el primer día en que entendí algo importante.

Había perdido a mi madre.

Había perdido mi nombre.

________________________________________

7w7 bueno ahora nos toca trama de doble vida y luego trama de politica y dios sabe que le pondre esenciaaaaaaaaaaaaaaa. o y aclaro que historia y tn tienen casi la misma edad solo que con varios meses de diferencia y tn es de la zona subterranea de ahi que no tenga un registro como tal. como tal ambos tendrian entre 15 o 16 (modifique el canon asi que Historia duro mas tiempo viviendo en la granja)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo