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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 281

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Capítulo 281: Artoria saber part 6 fgo

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Cruel y frío como los vientos del mar,

¿Volverás alguna vez a mí?

Escucha mi voz cantar con la marea,

Mi amor nunca morirá.

Sobre las olas y en lo profundo del azul,

Entregaré mi corazón por ti,

Diez largos años esperaré a que pasen,

Mi amor nunca morirá.

Ven, mi amor, sé uno con el mar,

Gobierna conmigo por la eternidad,

Ahoga todos los sueños sin piedad,

Y déjame sus almas a mí.

Toca la canción que cantaste hace mucho tiempo,

Y dondequiera que sople la tormenta,

Encontrarás la llave de mi corazón,

Nunca estaremos separados.

Salvaje y fuerte, no puedes ser contenido,

Nunca atado ni encadenado,

Las heridas que causaste nunca sanarán,

Y tú nunca terminarás.

Cruel y frío como los vientos del mar,

¿Volverás alguna vez a mí?

Escucha mi voz cantar con la marea,

Nuestro amor nunca morirá.

_____________________________________________-

Marsella (Vieux-Port) en Francia, puerto natural estratégico y corazón comercial desde hacía siglos, se abría ante ellos como una boca de piedra y agua. Protegido por los fuertes que custodiaban la entrada, el puerto hervía de actividad: muelles estrechos, almacenes apiñados y el ir y venir constante de embarcaciones mediterráneas.

Artoria sintió el viento jugar con su cabello dorado mientras sus ojos esmeralda seguían la línea del horizonte. Estaba en la cubierta superior, junto al timón, observando la brújula con atención mientras Tn mantenía la dirección con mano firme. No faltaba mucho.

Se recostó un poco en la barandilla de madera, apreciando el espectáculo. Abajo, los marineros se movían con precisión: arriaban velas, ajustaban nudos, preparaban defensas y amarras, reduciendo la velocidad de forma drástica. El barco respondía como una bestia bien entrenada. Artoria dejó escapar un suspiro casi satisfecho.

—Ah… Francia —murmuró, apenas audible por el viento.

Tn hablaba con uno de los hombres mientras señalaba el puerto.

—Aquí el comercio próspero de buena manera —decía—. Cereales y vino, sobre todo. La lana y la madera salen y entran como en ningún lugar. Y no olviden los lujos: textiles finos, especias… todo pasa por estas aguas, no hace mucho se volvieron los especialistas en el mayor lujo de toda Europa.

Artoria escuchaba sin interrumpir. Sabía bien de qué hablaba. En su mente desfilaron recuerdos precisos: el vino de Burdeos, las ferias de Champaña, los mercados donde el norte y el sur de Europa se daban la mano. Y, como una sombra inevitable, surgió el recuerdo del rey Frollo. Una mueca breve cruzó su rostro. Aquel rey… seguramente fue de los primeros en enviar barcos hacia Camelot cuando todo cayó, para arrancar lo que quedara entre las ruinas. Artoria apartó ese pensamiento con un parpadeo lento y volvió la vista hacia Tn.

Él parecía… feliz. No exultante, no arrogante. Simplemente satisfecho, como un hombre que ve cumplirse un plan bien trazado.

—Capitán —dijo ella, enderezándose—. El puerto está bien defendido. La entrada es estrecha; convendrá entrar despacio y con señal clara.

Tn asintió, girando apenas el timón.

—Eso pensaba. —Sonrió de lado—. Buen ojo, cartógrafo. Marsella tiene buenos sitios para encontrar materiales y provisiones, con algo de suerte conseguiremos postres.

Artoria observó la ciudad acercarse, los gritos lejanos de los estibadores, el olor a madera húmeda y sal mezclado con humo y comida. Su estómago protestó en silencio.

—Tal vez… —dijo, dudando un instante— podría probar la comida local. Algo caliente. Mi estómago agradecería variar del pan y el pescado salado.

Tn rió, una risa franca que el viento se llevó.

—¡Eso está hecho! —respondió—. Cuando atraquemos y cerremos tratos, te invito a un guiso como los que sólo los puertos saben hacer. Nada de ayunos monásticos hoy.

Artoria inclinó la cabeza, una sonrisa pequeña asomando.

—Lo consideraré… capitán.

El barco siguió su avance, lento y seguro, hacia el abrazo de Vieux-Port de Marseille. Y tal vez podria ser una experiecnia diferente, Artoria pensó que tal vez, sólo tal vez, Francia no sería un lugar de recuerdos amargos, sino una pausa necesaria en su camino.

Aunque.

Artoria, de hecho, jamás había ido al corazón de las tierras francesas ni a Hispania. Como Rey de Camelot, su relación con Francia había sido otra: campañas, fronteras tomadas a sangre y estandarte, y aquel recuerdo imposible de borrar… la persecución de Sir Lancelot tras la traición con Ginebra. Ese pensamiento le dejó una molestia sorda en el pecho, como una espina vieja que aún sabía dónde clavarse.

Decidió apartarse del timón.

Sin decir nada, bajó por la escalerilla lateral y tomó las flechastes, los cabos horizontales atados a los obenques. Sus manos se movieron con naturalidad, el cuerpo ligero pese al cansancio acumulado. Subió con ritmo firme, cuerda tras cuerda, hasta detenerse a cierta altura. Se sostuvo con una sola mano y con la otra se llevó los dedos a la frente para protegerse del sol, forzando la vista hacia el horizonte.

Desde allí, Marsella se mostraba distinta: menos caótica, más amplia, como un tablero completo en lugar de una pieza suelta. El mar brillaba con reflejos blancos, y el puerto parecía latir, vivo.

Sintió el peso familiar en su cintura.

Avalon.

La vaina legendaria descansaba allí, silenciosa, con la espada común envainada en su interior… o, más bien, tolerada. Artoria lo sentía con claridad: la funda rechazaba aquel acero vulgar. Avalon y Excalibur habían sido forjadas para existir juntas, como una promesa cerrada sobre sí misma. Ahora sólo quedaba una mitad del milagro.

—Aun así… —murmuró— es suficiente por ahora.

El viento le respondió agitando su capa.

Desde abajo, una voz conocida rompió el momento.

—¡Artoria! —gritó Tn, llevándose una mano a la boca—. ¡Baja de ahí! Vamos a hacer el conteo de la mercancía antes de entrar al puerto.

Ella inclinó la cabeza a modo de respuesta, aunque sabía que desde allí apenas se notaría. Sin bajar por las cuerdas, simplemente soltó la flechaste.

Cayó.

Un salto limpio, controlado, aterrizando sobre la borda con un golpe seco de botas contra madera. El impacto resonó, pero el barco apenas vibró. Algunos marineros se giraron de inmediato.

—… —hubo un segundo de silencio.

—Por todos los mares —murmuró uno—. Ese “monje” pesa como un cañón cuando quiere.

—Bah —respondió otro, encogiéndose de hombros—. El capitán ha hecho cosas peores borracho.Recuerdas la pelea en el puerto de Almería, como carajos derroto a 13 hombres.

Algunos rieron. Otros simplemente negaron con la cabeza y siguieron trabajando. Un marinero no se impresionaba fácilmente; la vida en el mar curaba de eso.

Claro lo peor seria encontrar un monstruo marino.

Tn se acercó, cruzándose de brazos, mirándola de arriba abajo con una ceja alzada.

—Algún día vas a avisar antes de saltar así —dijo—. Me ahorrarías varios infartos.

—Tomaré nota —respondió Artoria con calma—. ¿Dónde comenzamos el conteo?

El capitán sonrió de lado.

—Bodega primero. Luego cubierta. Quiero todo claro antes de atracar; Cuantas telas y barriles de ron tenemos.

Artoria asintió y caminó junto a él. Mientras avanzaban, notó de reojo cómo algunos hombres aún la observaban, con esa mezcla de curiosidad y respeto que se reservaba para quienes demostraban fuerza sin alardear.

Por un instante, mientras descendía hacia la bodega, Artoria pensó que tal vez el mar no le estaba enseñando a mandar… sino a existir sin un trono. Y esa idea, extrañamente, no le pesó.

Ella y Tn bajaron hasta las bodegas para hacer el conteo.

O, al menos, Artoria lo hacía con rigor; Tn más bien la acompañaba, apoyado contra un barril, observándola trabajar con una expresión relajada, casi orgullosa.

—Arroz, pescado salado, vino…telas —murmuraba ella, marcando con carbón—. Todo coincide.

Hubo un silencio breve, roto solo por el crujir del casco y el golpeteo suave del mar. Artoria dudó un instante y luego levantó la mirada.

—Capitán… —dijo—. Antes mencionó que su espada estaba encantada. Y también habló de un brujo.

—¿Te da curiosidad? —respondió Tn con una sonrisa ladeada.

—Digamos que… —Artoria bajó la voz— conozco la magia. Y prefiero entender con qué trato.

Eso pareció animarlo.

Tn se enderezó, claramente complacido de tener público.

—Entonces escucha —dijo, sacando la espada lentamente—. No fue hace mucho. En uno de mis viajes llegamos a Génova… tiempos difíciles. Brujería perseguida, hogueras, acusaciones.Todo lo que puedas imaginar. Escuché historias de un lugar cercano, Triora… —chasqueó la lengua—. Mala fama si me lo preguntas. Mucha gente acusada solo por existir.

Artoria sintió un leve nudo en el estómago.

“Nada nuevo”, pensó. “Yo hice lo mismo”.

Persiguió a herejes junto a la iglesia sin preguntar si de verdad se practico la brujería.

—Allí conocí a un hombre raro —continuó Tn—. No parecía un hechicero de cuentos con barba y bastón. No túnicas, no rituales llamativos. Solo sabía cosas… y las usaba para ayudar. Claro, cobraba —rio—. Nadie trabaja gratis en este mundo.

—¿La Iglesia lo buscaba? —preguntó Artoria.

—Todos lo buscaban —respondió Tn—. Por eso estaba enfermo. Herido, agotado, escondiéndose. Yo… —se encogió de hombros— no hice preguntas. Me ayudó cuando yo caí enfermo. A cambio, prometí sacarlo de Génova por el Mediterráneo.

Miro hacia el techo como si aun pudiera recordarlo, el hombre tenia el cabello negro,ojos de un verde brillante, vestia algo extrabagante, casi parecia un bufon noble. hablaba con cierto cinismo.

Desenvainó la espada por completo. No brillaba de forma sobrenatural, pero había algo… presente en ella.

—Antes de irse, la encantó —dijo—. Más dura, más afilada, más resistente que el acero común, una verdadera mejor que ningún herrero humano podría repetir. Y algo más.

Artoria frunció el ceño.

—¿Algo más?

Tn no respondió de inmediato. Caminó hasta un extremo de la bodega, alzó la espada… y la inclinó apenas.

Las cuerdas cercanas se tensaron solas.

La madera del casco crujió como si respirara. Un barril rodó unos centímetros y se detuvo obediente.

Artoria abrió los ojos.

—…Autoridad —dijo Tn—. Sobre mi barco.

Guardó la espada con calma.

—Mientras esté a bordo de algo que considero mío… puedo sentirlo. Moverlo. No con precisión fina, pero sí con voluntad. Podría navegar solo si quisiera.

Artoria lo miró fijamente.

—Entonces, ¿por qué no lo haces?

Tn no bromeó esta vez.

—Porque es triste —respondió sin rodeos—. Navegar solo… no tiene sentido. Prefiero gente que me cuide la espalda. Que ría conmigo. Que discuta conmigo. Diablos incluso algunos flojos de arriba me caen bien si puedo verlos tirados en las hamacas.

Se encogió de hombros, incómodo por un segundo.

—El mar es grande. Estar solo en él… *suspiro* no le hace nada bueno a tu cabeza.

Artoria no dijo nada.

Solo lo observó.

Que peculiar desde que lo conocía, no vio al capitán, ni al comerciante, ni al hombre que daba órdenes. Vio a alguien que elegía no ser rey de nada, pero sí responsable de quienes lo seguían.En personalidad era amigable con todos, mostrando un lado más amable y protector, convirtiéndose en un buen amigo de bebida A pesar de estar siempre rodeado de sus marineros, Tn es solitario y a menudo busca la compañía de otros fuera del foco de atención.Artoria podía notarlo.

Que tantas aventuras pudo haber tenido.

Sus dedos se cerraron lentamente sobre el borde del pergamino.

—Es… una buena razón —murmuró.

Tn sonrió, más suave esta vez.

—¿Ves? No todos los encantamientos vienen de la magia. Algunos vienen de saber cuándo no estar solo, si me preguntas muchos problemas se solucionarían si todos se sentaran a beber sobre el asunto.

Artoria bajó la mirada, y por un instante, algo dentro de ella —algo antiguo, cansado— se estremeció.

Respiró hondo y cerró el cuaderno de inventario con cuidado.

—Todo está contado —dijo—. Y, por el rumbo… ya deberíamos estar cerca de Francia.

Tn asintió mientras apoyaba una mano en un barril.

—Sí. En cuanto atraquemos, dependerá de varias cosas. —Se quedó pensando—. Podrían ser unos pocos días… o semanas. Vender la carga, ver si hay reparaciones, esperar vientos favorables. Reabastecer agua dulce, víveres… y comprobar que los comerciantes con los que suelo tratar sigan activos.

—Suena… meticuloso —comentó Artoria.

—No puedo darme el lujo de estar buscando mas socios de mercado, no cuando todos tienen tensiones en el cuello—respondió con una media sonrisa, moviendo su dedo por su propio cuello—. Ah, y también necesito buscar mi Biblia.

Artoria parpadeó.

—¿Es usted un creyente?

Tn soltó una risa breve, casi irónica.

—No exactamente. Digamos que… es mejor parecerlo-Movió sus dedos en un gesto-. En los puertos, la Iglesia mira con desconfianza a los mercaderes. El lucro, el cambio de moneda, el interés… todo eso les huele a pecado.

—¿Entonces…?

—Entonces conviene llevar un objeto religioso encima —dijo encogiéndose de hombros—. Evita preguntas incómodas. O la horca. A veces buscan cualquier excusa para colgar a alguien por herejía.

Además la maldita fama de piratas comenzó a afectarles a todos, pero es bien sabido que un pirata no sabe leer, asi que tener un libro evitaba que los confundieran.

Artoria abrió un poco más los ojos.

—No lo sabía.

—Poca gente lo sabe hasta que es tarde —murmuró—. Suelo llevar un papel con un versículo de la Biblia. Por si acaso. Y por si necesito ayuda con algo especifico.

Ella recordo el papel que le pidio leer en aquel puerto para asegurarse que no era analfabeta.

“Buena táctica Tn, si fueras uno de mis caballeros serias ascendido.” .Ella no pudo evitar sonreir ante ese pensamiento.

Tn dio un paso y, sin mucha ceremonia, rodeó a Artoria con un brazo mientras señalaba con la barbilla el plano extendido.

—Escucha mi querido~ cartógrafo~ en el mundo del mercader, ser neutral con las religiones es esencial. Te abre puertas. Te salva el cuello. Y hace más negocios si puedes venderles a todos.La necesidad comercial, a menudo mostrando tolerancia religiosa, comerciando entre cristianos, musulmanes y judíos.

Artoria se quedó inmóvil.

No por miedo.

Por la cercanía.

El brazo de su capitán era firme, cálido y casual… como si ese gesto no tuviera peso alguno. Para ella, en cambio, era extraño. Casi íntimo. Nunca lo había sentido así. En Camelot, el contacto siempre fue protocolo, ceremonia, distancia.

Además comenzó a sentir sus pantalones mas apretados. Ese miembro duro comenzaba a hacer una carpa en sus pantalones.

—Entiendo —dijo al fin, con la voz un poco más baja de lo habitual. Debería pensar rapido en algo que la tranquilizara.

Tn retiró el brazo sin darse cuenta de nada, concentrado de nuevo en el mapa.

—Descuida tu querido capi~ tiene todo bajo control —añadió—. Ademas ya quiero beber vino~ y los franceses tienen las mejores cosechas.

Artoria lo observó un instante más mientras tapaba su erección con su ropa.

Pensó que, aun sin creer, aquel hombre había aprendido a navegar entre problemas, hombres y peligros… sin arrodillarse del todo ante ninguno.

Y eso, silenciosamente, le pareció admirable.

Ambos caminaron de regreso a la cubierta.

Artoria sentía un calor extraño en el rostro, como si el aire salino no fuera la única causa. La cercanía con Tn —tan natural, tan carente de intención— hacía que ese corazón femenino, reprimido durante casi toda su vida, amenazara con florecer de formas que no sabía cómo nombrar. Era deseo carnal, no del todo, su respiracion quería salir en un jadeo. Era algo más peligroso: sentirse vista sin ser usada.

“Tal vez puedo satisfacerme luego”.

Subieron los últimos escalones y la luz del día los recibió de lleno. El mar se abría frente a ellos, más tranquilo, más doméstico, señal inequívoca de que el puerto no estaba lejos.

—Ya casi llegamos —dijo Tn, apoyando una mano en la barandilla—. ¿Ves cómo cambia el color del agua?

Artoria asintió.

—Capitán… —preguntó tras un segundo—. ¿Cuál será su siguiente destino después de Francia?

Tn lo pensó mientras observaba a la tripulación.

—Lo de siempre. Inglaterra, Portugal, Francia… y con suerte algún puerto nuevo más allá. —Sonrió—. Dicen que por las rutas largas se puede llegar incluso a tierras de Asia. Luego repetir. El comercio es un ciclo.

—¿Y los peligros? —preguntó ella.

—Siempre están ahí —respondió con calma—. Piratas, tormentas… y cosas peores.

Artoria ladeó apenas la cabeza.

—¿Peores?

—Monstruos marinos —dijo Tn, casi como si hablara del clima—. Sirenas que atraen a los hombres, serpientes gigantes, ballenas blancas del tamaño de islas…

Hizo una breve pausa.

—Y el más temido de todos: el Kraken.

Por un instante, su mirada se perdió en el horizonte. No miedo, era el instinto primigenio del humano ante el eslabon mas fuerte Luego negó con la cabeza, como espantando un mal pensamiento.

—Pero no te preocupes. Esas cosas rara vez se acercan a puertos concurridos. Estaremos bien.

Artoria no respondió.

Ella sabía de piratas: vikingos, bárbaros del norte, hombres que quemaban costas y reinos enteros,violaban y saqueaban aldeas, fueron una maldita plaga en sus tierras. Contra eso, había luchado.

De bestias marinas… sabía poco. Pero el nombre bastó para que algo antiguo se removiera en su memoria, como un eco de historias escuchadas en salas de guerra.

Los marineros comenzaron a moverse con rapidez y precisión.

—¡Arríen velas!

—¡Aseguren cabos!

—¡Reducid velocidad!

Las velas descendieron, las cuerdas se tensaron, la nave obedeció. Artoria observó a sus camaradas trabajar, cada uno en su lugar, sin gritos innecesarios, sin caos.

—Confían en usted —dijo en voz baja.

Tn sonrió, sin mirarla.

—Yo confío en ellos primero savvy~ .

Artoria apoyó ambas manos en la barandilla. El viento movió suavemente sus mechones dorados.

Le gustaba esa mentalidad, casi sentia envidia del vinculo y confianza que Tn tenia con todos.

Solo el vaivén del mar…

y la certeza de que, por ahora, seguir era suficiente para llevarse sus penas.

.

.

.

La llegada a la costa se alcanzó sin mayor inconveniente.

El barco se acomodó en el muelle con la suavidad de alguien que ya conocía bien esas aguas. Los marineros comenzaron a bajar el cargamento con eficiencia: cajas, barriles, sacos bien sellados. Otros preparaban defensas y aseguraban amarras mientras el bullicio del puerto envolvía todo con voces en distintos acentos.

Tn y Saber permanecían cerca, revisando el conteo final.

—Todo cuadra —murmuró él, marcando una última línea en el pergamino—. Mejor de lo que esperaba.

—Me alegra oírlo —respondió Artoria—. ¿Buscará a sus viejos conocidos ahora?

—Sí. Si la suerte sigue de nuestro lado, aún estarán haciendo negocios por aquí.

Artoria alzó la vista y dejó que sus ojos recorrieran el lugar. La arquitectura de Marsella se alzaba ante ella como un mosaico de épocas superpuestas: piedra blanca y verdosa, arcos antiguos, muros robustos que hablaban de guerras pasadas y comercio constante. Distinguió fortalezas defensivas como el Fuerte de San Juan, iglesias de aire solemne y edificios que parecían mirar siempre al mar, como si nunca hubieran querido darle la espalda.

La arquitectura refleja su historia mediterránea y cosmopolita, destacando estilos romano, bizantino, neoclásico y barroco.

“Camelot era mucho mas…hermosos”.

—Es… distinto —admitió—. Aun así, armonioso.

Tn sonrió.

—Marsella siempre ha sido así. Medio Europa, medio Oriente. Tuvo una gran influencia hace un par de años cuando las treguas atrajeron al comercio .

Artoria asentía cuando, de pronto, su estómago rugió con un sonido traicionero. Bajó la cabeza apenas, carraspeando con discreción.

—¿Todo bien? —preguntó Tn, con una ceja en alto.

—Perfectamente —respondió ella, seria… aunque el aroma de especias y pescado recién cocinado ya había alcanzado su nariz.

Tn soltó una risa corta y se giró cuando un comerciante se les acercó con paso confiado. Se saludaron como viejos amigos, palmeándose los hombros.

—¡Capitán Tn~! —exclamó el hombre—. Pensé que los vientos te habían tragado.

—Aún no viejo Johan—respondió Tn riendo mientras el hombre le daba un abrazo.—. Y parece que estamos de suerte que tal el negocio.

-Ooohhh Terrible moum ami, los impuestos no hicieron mas que aumentar y con las tenciones proximas apenas nos mantenemos a flote.

Tras unas palabras rápidas sobre la mercancía, el comerciante los observó a ambos con interés.

—Mientras discutimos precios, ¿qué les parece una buena comida? Conozco una posada excelente cerca del puerto.

Artoria mantuvo el porte recto.

—No será necesario—

—Habrá bouillabaisse —interrumpió el hombre con una sonrisa cómplice—. Pescados de roca, azafrán, ajo… recién hecha~.

Artoria parpadeó.

—…Aceptaremos —dijo Tn antes que ella, divertido.

El comerciante continuó, enumerando con entusiasmo:

—También bourride, más espesa, con buen aïoli. Y si quieren algo fuerte, pieds et paquets, como se hacía antes. Ah, y anchoïade con pan tostado.

Artoria tragó saliva, desviando la mirada para no delatarse.

—La hospitalidad francesa parece… generosa —comentó con tono neutro.

—Y tú parecías un segundo de decir que no —susurró Tn mientras caminaban—. Casi me engañas.

—La disciplina es importante —respondió ella—. Pero un cuerpo cansado también necesita sustento.

Tn rió abiertamente.

—Entonces Marsella nos recibe como debe.

Mientras avanzaban entre muelles y calles empedradas, Artoria pensó que, pese a viejas espinas y recuerdos amargos, quizá podía permitirse algo simple:

una comida caliente,

un puerto nuevo,

y un presente que no exigía ser rey.

.

.

.

.

Tal y como se lo prometió, Artoria tuvo a su disposición buenos platillos en abundancia. Los cubiertos eran simples —madera tallada y metal sin adornos—, pero la comida compensaba cualquier carencia. Mientras ella observaba con atención, Tn ya se encontraba bebiendo con un grupo de hombres junto al comerciante. Artoria negó suavemente con la cabeza.

“Why don’t you blow

High-O! Come roll me over

Why don’t you blow

High-O! Come roll me over

One man to strike the bell

High-O! Come roll me over

One man to strike the bell

High-O! Come roll me over

Two men to man the wheel

High-O! Come roll me over

Two men to man the wheel

High-O! Come roll me over”.

—De verdad… —murmuró—. ¿Por qué los marineros beben tanto? ¿No les preocupa su salud?

Ahora que recordaba, Merlin bebia como un cerdo. Ese mago inutil siempre faltaba en las campañas mas importantes por estar ebrio.

Nadie pareció escucharla. Las risas subían y bajaban como las olas del puerto. Ella tomó los cubiertos… y se detuvo. Miró alrededor. Hasta donde podía ver, nadie usaba modales. Si comía como en el palacio, llamaría demasiado la atención. Soltó los cubiertos con cuidado y, tras una breve duda, usó los dedos.

El primer bocado fue una revelación.

Los sabores explotaron en su boca: sal del mar, ajo, hierbas, el calor del guiso. Un gemido involuntario escapó de sus labios mientras seguía comiendo, cada vez más rápido, casi olvidando dónde estaba.

—…¿Eso fue un gemido~? —se oyó una voz divertida a su lado.

Artoria se tensó un segundo. Tn ya estaba sentándose junto a ella, con una jarra en la mano y una sonrisa ladeada. Detrás, los hombres seguían brindando y discutiendo precios como si el mundo se redujera a madera, vino y monedas.

—La comida es… contundente —respondió ella, intentando mantener la compostura mientras se limpiaba los dedos en un paño—. Admito que subestimé la cocina local.

Tn rió bajo.

—Te lo dije Savvy. Los puertos viven de engañar al estómago para que perdone todo lo demás. —Bebió un trago, como si fuera agua—. ¿Y tú? ¿No bebes?

Artoria negó con la cabeza.

—No suelo hacerlo. Y aunque bebiera… no me afectaría.

Tn parpadeó una vez.

—¿Eso es una broma?

Ella lo miró de frente. El orgullo, silencioso y casi sinico, habló por ella antes que la prudencia.

—No. Podría beber sin descanso.

Hubo un segundo de silencio. Luego, una sonrisa lenta se dibujó en el rostro de Tn.

—Ah… ya veo. —Le tendió una jarra—. Entonces sería descortés no comprobarlo.

Oh acaso eso era un reto.

Minutos después, la noticia ya corría por la posada.

—¡El rubia quiere beber!

—¡AUUUU AAAUUU AAAAUUUU!

—¡Que alguien traiga más jarras!

Artoria sostuvo la bebida con firmeza. El primer trago fue amargo, el segundo cálido, el tercero… irrelevante. A las risas iniciales siguieron miradas de sorpresa. Luego incredulidad.

—¿Sigue en pie? —susurró alguien.

—¿Cuántos lleva? —preguntó otro.

Las horas pasaron entre brindis y desafíos. Uno a uno, los hombres fueron cayendo: risas torpes, cabezas sobre la mesa, jarras volcadas. Artoria seguía sentada, la espalda recta, el rostro apenas sonrojado.

Tn la observaba con una mezcla de diversión y asombro.

—Esto… no era parte del plan —admitió, apoyando el codo en la mesa—. Pero debo decir que está resultando rentable.

Artoria dejó la jarra vacía con suavidad.

—¿Rentable?

—Moral del grupo alta, reputación intacta y ningún intento de estafarnos esta noche. —La miró de reojo—. Aunque creo que herí el orgullo colectivo.

Ella inclinó apenas la cabeza.

—No era mi intención humillar a nadie.

—Tranquila. —Tn sonrió—. En los puertos, perder bebiendo es casi una forma de saludo.

La posada se fue calmando poco a poco. Afuera, el murmullo del mar se mezclaba con el crujir de la madera. Artoria apoyó por fin la espalda en la silla, dejando escapar un suspiro.

—Admito algo —dijo en voz baja—. Esto… es distinto a cualquier banquete que haya tenido.

Tn alzó su jarra una última vez.

—Bienvenida al mundo real, Artoria. Desordenado, ruidoso… pero sincero a su manera.

Ella miró alrededor: marineros dormidos, mesas manchadas, comida a medio terminar. Y, por primera vez en mucho tiempo, no sintió rechazo.

Solo una calma extraña… y el calor persistente de estar en su region baja.

.

.

.

Al final terminaron bastante bien y regresaban al barco sin mayores sobresaltos. Tn caminaba con un leve tambaleo, el paso torcido del ebrio que ya no finge sobriedad, mientras Artoria parecía casi inmune a todo el licor que había bebido. Avanzaban sin prisa, con la despreocupación de quien ya cumplió con el día.

—Admito que… —murmuró Tn, arrastrando un poco las palabras— fue una buena noche. Comercio mutuo… sin tantos problemas en la negociacion… eso es raro.

Artoria asintió, satisfecha.

—Te vi sonreír al cerrar el trato. Eso significa que fue justo.

Tn rió entre dientes y, sin pensarlo demasiado, pasó un brazo alrededor de ella. El contacto fue torpe, pesado por el alcohol. Artoria tosió levemente por el impacto.

—Aún si puedo resistir la bebida —dijo él, apoyándose más de la cuenta—… al final siempre cobra algo. Dormir me ayudará… creo.

Ella no respondió de inmediato. No porque no lo oyera, sino porque su atención se había anclado en ese brazo. En la cercanía. En la naturalidad con la que él la tocaba.

¿Se comportaría igual si supiera…?

Si supiera mi verdadero origen.

Si supiera que no soy solo mujer.

Si supiera que fui el Rey Arturo de Camelot.

Demasiadas verdades. Demasiados nombres.

Caminaron hasta quedar cerca del puerto y subieron al barco con ayuda de la pasarela. El murmullo del mar era más claro allí, más honesto. Artoria sostuvo a Tn con firmeza y lo condujo hasta su camarote.

—Con cuidado —dijo en voz baja, acomodándolo sobre la cama.

Él cayó de espaldas, dejando escapar un suspiro pesado. Artoria le desabrochó la espada pero sus manos tembalron un poco ante otra idea, no se alejo y la dejó a un lado, apoyada contra la pared, asegurándose de que no estorbara. El gesto fue automático, casi reverente.

Al girarse, algo llamó su atención.

Sobre la mesa del cartógrafo había un pequeño libro. No era grueso. Tampoco parecía religioso. Artoria parpadeó y se acercó un poco más.

—¿Un… diario? —susurró para sí.

No lo tocó.

Entonces, la voz de Tn rompió el silencio.

—Nunca… —murmuró, con palabras enredadas— nunca Génova…

Artoria se detuvo en seco.

—¿Génova…? —repitió suavemente, acercándose a la cama.

Tn frunció el ceño, como si luchara contra un recuerdo.

—No… no volver. .mmmmmmmmm —Su respiración se volvió irregular—. El mar…ceto.

Ella se sentó al borde de la cama, observándolo. Ya no parecía el capitán confiado ni el mercader astuto. Solo un hombre cansado, perseguido por algo invisible.

—Tn… —dijo con cautela—. ¿Qué ocurrió allí?

Él no respondió. Solo giró un poco el rostro, murmurando palabras sueltas, nombres que no terminaban de formarse.

Artoria apretó ligeramente los dedos sobre la tela de la cama.

¿Qué pecado puede pesar tanto sobre alguien como él?

Algo atormentaba a su capitan.

¿Y con qué derecho juzgaría yo… cuando tampoco soy una santa?

Se inclinó un poco más, lo suficiente para asegurarse de que respiraba con normalidad. Su mano dudó en el aire antes de posarse, con cuidado, sobre su hombro.

—Descansa —susurró—. El mar no te alcanzará esta noche.

Y se quedó allí, en silencio, velando a su capitán… mientras las preguntas se acumulaban, pesadas, como anclas en su propio corazón.

Ella acercó su rostro con suavidad. Sus ojos se entrecerraron al observar el semblante de Tn: tan distinto al del capitán firme y bromista. Ahora se veía descuidado… desprotegido. Humano.

Artoria tragó saliva.

Con un gesto lento, se quitó su propia arma y la dejó a un lado, apoyada contra la pared. El metal apenas sonó al tocar la madera. También tenía sueño, pero volver a dormir a su lado sería… problemático. Lo sabía. Y aun así, su corazón palpitaba con fuerza, desobediente.

—Insensata… —murmuró para sí misma, casi sin voz.

La incomodidad en su miembro masculino regresó, punzante, incómoda. Frunció el ceño, apretando los dientes.

¿Por qué…?

¿Por qué este maldito cuerpo anhela tanto… el afecto?

El calor de otro.

Aquello que durante toda su vida creyó innecesario. Un estorbo. Una debilidad.

Cerró los ojos por un instante.

Había abandonado esas emociones el día que sacó Caliburn de la piedra. El día en que dejó de ser solo una persona para convertirse en un símbolo, en un rey. Desde entonces fingir fue su armadura.

Pero ahora… ya no portaba ninguna espada sagrada.

Ya no había trono.

Ya no había Camelot.

—No tengo por qué fingir… —susurró, con un dejo de amargura—. Ya no hace falta.

Abrió los ojos, irritada consigo misma.

—¿En qué diablos estoy pensando…? —se reprendió en silencio.

Otra vez. Otra vez divagando sobre su pasado. Ya había jurado abandonar esos pensamientos, dejar atrás los nombres, las coronas, las culpas. Enfocarse solo en su nueva vida. En este mar. En este barco.

Y en él.

Fue entonces cuando lo vio.

Un leve brillo surgía del pecho de Tn, justo del lado del corazón. Artoria se quedó inmóvil. El pulso se le aceleró por razones muy distintas.

—¿Qué…?

Con extremo cuidado, deslizó un poco la camisa de Tn hacia abajo. Lo suficiente.

Allí estaba.

Una cruz.

Y debajo de ella, un ocho invertido.

Artoria sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—La misma… —susurró.

La misma cruz que había visto grabada en la pared. Pero esta… brillaba. Muy levemente. Como si respirara con mana.

Cerró los ojos un segundo y afinó su percepción. El mana estaba allí. Débil, pero claro. Real.

—No… —negó en voz baja—. Esto no es una cresta mágica.

Ella podía diferenciarlas. Las había visto, usado y destruido demasiadas veces como para confundirse. Además, Tn no poseía un mana sobresaliente. Era casi… normal.

Abrió los ojos, observando la marca con más atención.

—Entonces… ¿qué eres…? —murmuró.

Tn se movió un poco, gimiendo entre sueños.

—No… —balbuceó—. No mires…

Artoria retiró la mano de inmediato, como si la hubieran sorprendido en un pecado.

—Lo siento —dijo en voz baja, aunque sabía que no podía oírla.

Se enderezó lentamente, sentándose junto a él. Su mirada iba del rostro cansado del capitán a la marca oculta en su pecho.

No eres un simple mercader.

Y no soy quien dices creer que soy.

Una ironía amarga.

Artoria suspiró y, con un gesto cuidadoso, volvió a acomodar la camisa de Tn.

—Todos cargamos cruces —susurró—. Algunos… más visibles que otros.

Vio ese rostro tan bello, lo acaricio un poco.

El insoportable escozor en su entrepierna.

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(Advertencia suculencia)

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Ya no podia resistir.

Se desabrocho el pantalón casi con prisa sintiendo el calor subiendole.

Estaba de rodillas, inclinada hacia adelante, con la cara contorsionada cuando sus manos al fin pudieron actuar. ” ¡ Aghghghgh! …

Empezo a masturbándose con furia. Sus bolas estaban tan llenas del semen caliente que producían constantemente que corrían el riesgo de reventar, y aun así, seguía adelante. Con un poco de presemen saliendo como lubricante ella escupe saliva para sentir mas, había logrado quitar los limitadores de su auto control, lo que le permitía mastubarse todo el tiempo que quisiera sin preocuparse por molestias.

Su capitán estaría dormido y ella tenia justo enfrente algo que la ponía dura.

“Ahhhhh ahhhhh ahhhhh n-no debo hablar oooohhhh se despertara”. Gemia mientras sus pensamientos fluían en su cabeza.

La polla, más larga y gruesa que su muñeca y humeante por las ganas de correrse, requería las dos manos de Artoria para manipularla correctamente. Tan intensa era su penetración que, de lo contrario, se agitaría como un pez recién pescado y podría perder la cordura por leves momentos. Así que tuvo que bombearla arriba y abajo con ambas manos, como si estuviera batiendo mantequilla, y en cierto modo, lo hacía.

Mientras tanto,sus ojos se movian de un lado a otro entre Tn y su propio miembro..

“Tn, Tn, Tnnnnnnnnnnn”, llamó en su pensmaiento, mientras otro chorro de líquido turbio salía a borbotones de su pene hacia una cubeta que pudo poner rápidamente con su pie, “fóllame ahhhhhh quiero sentimer como una verdadera mujer ahhhhh más fuerte, por favo-r-oooor…”. Su lengua salió de su boca jadeante apenas ocultando su voz.

Al observarlo más de cerca, su cara.El rostro su amado Tn, que estaba viendo.

¡Ojalá fueras tú, Tn! ¡Ojalá fuera tu quien pudiera servirme como lo haria un consorte! ¡Joder! ¡Ojalá fueras tú! ¡Quiero devolverte el favor! ¡Quiero follarte tu lindo trasero tan ma-aaaaa! ¡Lo necesito! Necesito tus agujeros, por favor, déjame follarte, por favor. ¡Déjame adorar tu polla perfecta, tu cara perfecta, tus abdominales perfectos y tu culo perfecto! ¡Úsame, úsame, úsame, úsame! ¡Soy tuya!

Otra explosión de líquido preseminal, esta visiblemente mucho más espesa que las anteriores.

“Lo s-ssstuve todo para tiiiii”, gimió apretando los dientes para evitar gritar, enfatizando su afirmación con largos y escurridizos tirones de su polla. “¡Llevo guardando esta carga para ti todaa …

En ese momento, prácticamente se estaba recordando vívidamente el coño de ginebra aunque esa excusa de agujero estaba muy suelto por culpa de Lancelot, mientras se masturbaba tan fuerte que su pene se clavaba por encima de la cubeta, dejándole una marca. Al fin y al cabo, era el estrés de solo haber podido follar en tres ocasiones a su maldita y zorra esposa 12 a 15 años.

Nunca se masturbó o obtuvo consuelo de nadie por poco mas de una decada.

Cualquiera se volvería loco.

“¡Ah! ¡Ahh! ahahahaha!” —Prácticamente babeaba tanto como se le escapaba el pre-eyaculación. Su mente apenas aguantaba, pues en cuanto a ver mas a Tn, solo pensaba en semen , agujero , sexo , Tn está ocupado durmiedno. Ahora estaba completamente dominada por el tipo de ” yo ” simplista y puramente carnal que encontrarías si miraras el cerebro de un animal en celo.

Se puso de rodillas y siguió masturbándose como si no hubiera un mañana, mientras movía sus manos, como si el enorme placer estuviera realmente pegado a Tn y ella lo estuviera penetrando de verdad. “¡Ahn! ¡Ahn! ¡Tn! ¡Ahhhhhh! ¡Me está poniendo muy bien! ¡Lo siento en la garganta!”

Miró a tn durmiendo eso era tan estimulante. No importaba. Como esta, a pocos metros de ella. Si el abriera los ojos y la viera que pensaría.

Se asustaría.

Le daría asco.

Como reaccionaria.

Caminando de rodillas y continuando sacudiendo su pene artificial hasta el final, Artoria apenas era consciente en ese momento. Había estado dándole vueltas a su polla durante demasiado tiempo y necesitaba correrse con urgencia. La joven, normalmente seria, se había visto reducida a ulular, gruñir y jadear, logrando de vez en cuando pronunciar correctamente las palabras “Tn” o “leche” con una voz gutural y arrastrada.

Sus jodidas bolas golpeaban el suelo mientras ella se arrodillaba. Estaba tan frustrada que le importaba poco la posición en la que estaba, después de todo, y se tensaban y relajaban una y otra vez mientras intentaban correrse desesperadamente, solo para ser detenidas por la falta de estímulo visual:Arriba y abajo, arriba y abajo, sus bolas rebotaban con fuertes y húmedas palmadas.

Estaba tan consumida por esta repugnante exhibición de libertinaje que ni siquiera se percató de las fuertes y estridentes que se podían escuchar de afuera del camerino.

Por suerte, Artoria ya casi había terminado.2 horas después de empezar a masturbarse, ya casi había llegado a ese punto.

¡Tn! ¡Tn! ¡Tn! se masturbaba solo pensando en él. Sus testículos golpeaban el suelo y sus manos subían y bajaban por su monstruosa polla a una velocidad inimaginable. Y todo el tiempo, su mirada permaneció fija en el rostro de Tn, sin pestañear. “¡Ahhhhh! ¡ahhhh!Deja de latir, porque porque porque ¡Ámameeeeeeee!”

Entonces sonó la alarma en su cabeza.

Orgasmo.

“Hnn– ¡Uuuoooghhhhh!”

El cuerpo de Artoria se contorsionó mientras un placer desmesurado recorría cada célula de su sistema nervioso. Sus rodillas permanecieron en su lugar mientras su torso se doblaba hacia atrás, de modo que su enorme pene se irguió, apuntando al techo. Palpitaba y se balanceaba, como una manguera desatendida, y aun así… no salió nada.

Sus ojos se pusieron en blanco y su lengua salió disparada de su boca, su cerebro apagandoce por el éxtasis. “¡Mierdaaaa! ¡Joder, joder, joder, me corro, me corro, me corro!”

Pero no lo era. El orgasmo fue completamente seco, ni una gota de semen real salió de su pene. En ese momento, incluso el líquido preseminal había dejado de fluir. Esto era un problema. Su pene estaba obstruido . Un tapón de semen espeso y acumulado se asentaba a mitad de su pene, impidiendo que ninguno de sus nadadores alcanzara la libertad.

Artoria había estado solo pensando en correrse hasta vaciarse, el orgasmo continuaría indefinidamente hasta vaciarse por completo. Por lo tanto, una obstrucción como esta era peligrosa . Podía resultar en un clímax interminable y verdaderamente destructivo.

Por puro instinto, Artoria empezó a masturbarse de nuevo, mientras gemia de una forma que no se puede expresar con palabras. Sus testículos se habían tensado y contraído por completo, intentando desesperadamente bombear el semen, pero sin éxito.

Con cada movimiento descendente de sus manos, Artoria sentía la obstrucción, como un bache en la uretra. Su estrujo se concentraba allí, intentando con todas sus fuerzas masajear la obstrucción, ya fuera moviéndola hacia arriba o ablandándola lo suficiente como para que el resto de su semen la empujara.

Y, sin embargo, a pesar de sus titánicos esfuerzos por desalojar el semen, este no se movía ni un centímetro. Era espeso, esponjoso, casi parecía el corcho de una botella que se había desprendido . La mitad posterior de su uretra se abultaba, a medida que su testículo se compactaba cada vez más para intentar contrarrestar. Rápidamente se acercaba al punto de no retorno. Tenía que correrse, ¡ rápido !

“Hnnnn… naahhhh…” Usando lo que le quedaba de conciencia, se obligó a arrodillarse, sin dejar de masturbarse como si le fuera la vida en ello. Sus ojos, llorosos y dilatados, parpadearon repetidamente para intentar aclarar su visión. Todo volvió a enfocarse, y una vez que pudo distinguirlo, su mirada se dirigió a lo único que estaba segura que podría hacerla correrse. “Hhhaauhgghhh… Hunnnng…”

Una vez que su cerebro, atormentado por la lujuria, registró la imagen de Tn ante ella, su cuerpo se llenó de una renovada determinación. “¡Nnnghhhddaaaaviiiih!” Sus labios gimieron, bombeando cada gota de semen con todas sus fuerzas, a lo largo de su miembro hinchado y contra la obstrucción… ¡y lo logró! Con la fuerza del agua saliendo de una presa rota, su semen se desbordó por su pene hasta la libertad. “¡Tnnnnnaaaaahhhh…! ¡Corrooooo!”

Hizo orgullo al corazon de dragón que bombeaba su sangre y maná.

Eyaculando.

La punta de Artoria se expandió al doble, quizás al triple, de su límite normal mientras un semen más espeso que la melaza salía a borbotones al mundo. Demostrando la precisión de la comparación anterior, tomó la forma de un chorro continuo y potente de semen, que salpicó directamente al suelo. La fuerza con la que fue expulsado hizo un desastre, y no había señales de que se detuviera pronto.

Los segundos de orgasmo se convirtieron en minutos, y luego casi una hora de nada más que eyaculación. Artoria estaba prácticamente catatónica al final, reducida a solo un gorgoteo agónico mientras los últimos chorros de semen, del grosor de un dedo, serpenteaban por el suelo frente a ella. Se arrodilló allí, como un patito tras un derrame de petróleo blanquecino, rodeada de un charco de semen humeante.

Si ella fuera lo suficientemente consciente para hacer un comentario, se quejaría de que la interrumpieron.

Se levantó con piernas temblorosas, su cuerpo dolía y su polla palpitaba, buscar sus pantalones y ropa y se vistió como pudo y comenzó a limpiar para poder irse a duchar rapido.

Se levantó finalmente, alejándose un paso. No dormiría allí. No esta noche. No con tantas preguntas ardiendo en su mente. Y la verguenza quemo sus mejillas.

Antes de salir con el balde lleno de su leche, lo miró una última vez.

—Descansa, capitán —dijo con suavidad—. Mañana… fingiremos que nada de esto existe.

Pero en el fondo de su pecho, sabía que ya era demasiado tarde para eso.

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“Soy deshonesto, y siempre se puede confiar en que un hombre deshonesto también lo será. Sinceramente, es de los honestos de quienes debes cuidarte”.

Dios estamos en Francia y el que presto atención a lo que tn dijo dormido 7w7 jejejejejjeej

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

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Meses pasaron. Podría decirse que casi dos años.

Dos años desde la caída de Beacon. Dos años desde que los reinos reforzaron fronteras, murallas y academias. Atlas fue señalado como el principal responsable: los droides fuera de control, la filtración de datos, los informes sobre esclavitud encubierta y experimentación ilegal. El prestigio del reino quedó hecho pedazos, y con él, la confianza del mundo.

Los sobrevivientes de Beacon encontraron refugio en Vacuo, dentro de la Academia Shade. No era un lugar amable, pero sí uno que forjaba a los fuertes.

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Pyrrha entrenaba casi sin descanso. El metal de su lanza silbaba en el aire bajo el sol abrasador del desierto.

—Otra vez —murmuró para sí misma, limpiándose el sudor—. No es suficiente.

Cada combate, cada caída de Beacon, cada nombre perdido… todo lo transformaba en disciplina. Tenia que reforzar la ilusion de la campeona invencible.

Ruby, en cambio, pasaba la mayor parte del tiempo en el taller. Entre chispas y piezas de metal, trabajaba junto a Ciel Soliel, cuya memoria había sido reiniciada para borrar por completo el virus que la había corrompido. Fue bastante único el como la joven rose pareció adaptarse al problema.

—¡Mira, mira! —dijo Ruby levantando una pieza—. Si ajustamos esto, puedes cambiar de modo defensivo a ofensivo en menos de un segundo.-Una cuchilla de dust de luz se proyecto.-No te parece increíble? aunque claro, tendría que ajustarla un poco.

Ciel inclinó la cabeza, analizando.

—Procesando… —respondió con voz neutra—. Mejora aceptada. Gracias, Ruby Rose.

Seh, ese problema no se pudo arreglar, nadie en la academia Shade sabía nada sobre el procedimiento que los científicos en Atlas hicieron con Ciel, asi que lo mas cercano a eso era la propia Ruby y sus conocimientos en armas.

Ruby sonrió, orgullosa… aunque no todos compartían esa confianza.

Desde la puerta, Yang su hermana mayor cruzó los brazos.

—No me gusta —gruñó—. Puede decir “gracias” todo lo que quiera, pero sigue siendo una marioneta creada por Atlas.

Mas que resentimiento ante la cosa que casi habia matado a su hermana en el pasado, fue saber toda la mierda que el reino habia hecho, quien sabe que porqueria tenia Ciel en su cabeza.

Ciel giró apenas el rostro hacia ella.

—Registro: desconfianza persistente. No se detecta hostilidad activa.

—¿Ves? —Yang chasqueó la lengua—. Eso es exactamente lo que no me gusta.

Ruby suspiró.

—*suspirar* Yang… ya no es la misma de antes. Ya lo habiamos discutido, prometiste que serias buena con ella.

—Eso decían también antes y mira-su dedo apunto a la chica morena- No hay nadie en toda la academia que relamente pueda asegurar qu no nos matara.—respondió ella, dándose la vuelta.

Ruby suspiro casi con frustracion, habia madurado un poco en su fasceta alegre, pero aun tenia una vision positiva sobre las cosas.

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Blake se había vuelto más callada. Leía y releía los archivos filtrados, una y otra vez. Cada página hablaba de abusos, de faunos usados como recursos desechables. Aparte de propagar mas los elementos por medio de streams en secreto.

Weiss la observaba desde la distancia.

—Blake… —intentó decir algo.

—…..Lo siento tengo que hacer—respondió ella sin mirarla—. No es personal.

Pero Weiss sabía que sí lo era. Y también sabía que Winter cargaba con un peso aún mayor.

Winter Schnee estaba distinta.

Más estricta. Más fría. Más cerrada.

Había pasado meses en algo cercano a la depresión: sin Atlas, sin respuestas sobre su familia, sin saber si el uniforme que una vez vistió con orgullo significaba algo más que culpa. La desaparición de Five había sido el golpe final.

Ahora entrenaba a los estudiantes con dureza casi implacable.

—¡Otra vez! —ordenó—. En un combate real no hay segundas oportunidades a si que mas les vale mejorar o yo misma los ejecutare para ahorrarles a sus padres buscar sus pateticos cadaveres.

Gracias a ser la ex agente especial de Ironwood se le permitio ser una instructora. Aunque todos le tenian miedo.

Cuando todos se dispersaron, Weiss se acercó.

—Winter… —dijo con cuidado—. No tienes que cargar con todo sola.

Winter no la miró de inmediato.

—Si bajo la guardia —respondió finalmente—, alguien más paga el precio.

Weiss dio un paso más cerca.

—Yo estoy aquí. No importa lo que Atlas haya sido… tú sigues siendo mi hermana.

Por un segundo, la expresión de Winter tembló. Solo un segundo.

—No te distraigas —dijo al final, retomando su postura rígida—. Entrena tu tambien no tolerare que seas debil.

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Glynda, por su parte, se había convertido en una figura casi equivalente a una directora. Su voz imponía orden, su semblanza mantenía la disciplina, y su mirada dejaba claro que no permitiría otro Beacon.

—Sobrevivimos —dijo en una reunión—. Eso nos da una responsabilidad. No repetir los mismos errores.

Nora apoyó los codos en la mesa y sonrió.

—¡Entonces salvaremos el mundo otra vez!

Ren asintió con calma.

—Paso a paso.

Ya no eran un equipo de 4 integrantes, todo sobreviviente de beacon conformaba un escuadron.

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Nadie hablaba mucho del pasado.

Nadie mencionaba a Penny.

Ni a Tn.

Ni a la vida que desapareció entre el caos.

Pero todos, de una forma u otra, sentían lo mismo:

Beacon había caído…

y el mundo ya no volvería a ser el mismo.

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—Dios… qué molesto fue perseguirlos uno por uno —murmuró Five Hargreeves mientras recargaba su arma con un clic seco.Pateo algunos casquillos de bala dle suelo manchado de carmesi.

Frente a él, Junior Xiong apenas podía mantenerse en pie. El traje elegante estaba rasgado, la barba empapada de sudor y sangre seca. El bar clandestino que había construido durante años era ahora un cementerio silencioso. Las gemelas Malachite yacían muertas —o peor—el maldito mosntruo no se toco el corazon cuando las elimino, y cada uno de sus hombres había caído sin siquiera entender cómo.

Junior alzó la vista, respirando con dificultad.

—No… no eres un chico —gruñó—. !Eres un maldito monstruo!.

Bingo~.

Five ladeó la cabeza, casi divertido, mientras se desabrochaba un poco la corbata manchada.

—¿Sabes cuántas veces he escuchado eso? —respondió con fastidio—. Pierde impacto después de la onceaba masacre.

La daga que había usado momentos antes se deformó en su mano, el metal blando como arcilla. En segundos, tomó la forma de un arma de fuego compacta. Junior tragó saliva al verlo.

—Dos años —continuó Five, caminando despacio entre mesas destrozadas—. Dos putos años siguiendo cabos sueltos desde Beacon. Con Atlas desacreditado, con Winter fuera del tablero… —sonrió sin humor— tenía carta blanca para trabajar a mi manera y vaya que me la pusieron dificil.

Se detuvo frente a Junior y levantó el arma, apoyándola justo debajo de su mentón.

—Última vez que lo pregunto —dijo con voz baja—. ¿Dónde está Emerald Sustrai?

Junior soltó una risa rota.

—¿Así que es verdad…? —escupió—. Solo estás cazando a todos los involucrados en el incidente Beacon.

—Exactamente —respondió Five sin titubear.

Junior cerró los ojos un segundo.

—Cinder nunca salió de esas aguas termales… ¿verdad?

—No —admitió Five—. Fue… poético.

“El como ella se relajo un poco ante el agua caliente dejando que sus pechos descanzaran en el agua, Five se habia acercado lentamente desde atras, en un solo gulp *salto* la hbaia tomaod del cuello y puesto bajo el agua, sintiendo como se retorcia y sus manos intentando usar su semlbanza.”

Le hubiera sacado informacion, pero la mal nacida se habia dado un lujo luego de enaltecerse el haber matado a Ozpin hace meses atras.

—¿Y Mercury?

—Ni siquiera escuchó el disparo.

Aun podia mirar la cabeza del bastardo detras de la mira de un rifle yig, el pobre jamas tuvo oportunidad ante esa arma.

Junior respiró hondo, derrotado.

—Emerald… es lista. Siempre lo fue. No se quedó en Vale ni en Vacuo. Cambió de nombre, de cara… —rió con amargura—. Ironía, ¿no? La chica de las ilusiones desapareciendo de verdad.

Five apretó un poco más el arma.

—Ubicación.

—Mistral —dijo al fin Junior—. Bajo mundo, rutas falsas, identidades robadas. Si alguien podía esconderse ahí… era ella.

Five lo observó en silencio durante un largo segundo. Luego bajó el arma.

—Gracias por su coperacion—dijo con cortesía casi educada.

Junior abrió los ojos, sorprendido.

—¿Me… me dejarás vivir?

Five ya estaba dándose la vuelta.

—No te necesito muerto —respondió—. Tu castigo es recordar que yo pasé por aquí.

Un destello azul envolvió su figura y desapareció.

El bar quedó en silencio otra vez.

Y en algún lugar de Mistral, sin saberlo todavía, Emerald Sustrai acababa de convertirse en el último nombre de la lista.

Five salió del bar sin prestar atencion a los guardias con las gargantas abiertas que habia dejado al princpio. Al alzar la vista, notó cómo varios Grimm comenzaban a acechar la zona, atraídos por la muerte y la negatividad que aún flotaban en el aire.

No les prestó atención. Caminó entre ellos con calma mientras anudaba su corbata; las bestias oscuras se abalanzaron sobre los pocos sobrevivientes que quedaban dentro.

Gritos fue lo ultimo del lugar.

—Bueno… adiós, Junior —murmuró Five sacando su viejo Nokia.

La pantalla se iluminó con una lista larga, demasiado larga, de llamadas perdidas. Todas del mismo nombre.

Winter Schnee.

Five suspiró por la nariz.

—Dos años —pensó—. Dos años rogando que siguiera vivo…

Apreciaba la constancia. De verdad. Aunque también había asumido que, con el tiempo, Winter encontraría a otro… alguien normal. Alguien que no desapareciera durante tiempos sin avisar y fuera as atento. Pero no. Ella había seguido ahí, terca como siempre.

—Genial… —murmuró—. Supongo que toca ser buen novio por una vez.

Guardó el teléfono.

—Visita rápida… y luego termino la cacería.

En un parpadeo, salto espacial. El mundo se plegó sobre sí mismo y Five desapareció.

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Reapareció cerca de la Academia Shade. Infiltrarse fue trivial: cámaras, patrullas, protocolos… todo demasiado lento para él. Se movió por los pasillos hasta dar con la habitación correcta.

—Por favor que esté aquí —susurró.

Ventana. Silencio. Interior.

Apenas puso un pie dentro, un clink metálico cortó el aire. El filo de una espada se apoyó con precisión quirúrgica contra su cuello.

—Di tu nombre —ordenó una voz fría—. Y reza para que sea una buena razón para no atravesarte ahora mismo.

Five levantó las manos despacio.

—Vamos, Schnee… así no se recibe a—

—¿Quién se atre—? —Winter se detuvo en seco.

Sus palabras murieron cuando sus ojos se encontraron con los de él.

El tiempo pareció detenerse.

—…Five?

Él tragó saliva.

—Hola, Winter.

Una lágrima silenciosa resbaló por el costado de su rostro. Winter reaccionó de inmediato: retiró la espada y la arrojó lejos con un golpe seco. En el siguiente segundo, lo abofeteó con toda la fuerza contenida de dos años.

—¿DÓNDE CARAJOS ESTABAS? —le gritó, la voz quebrándose.

Five giró el rostro por el impacto sus ojos se abrieron ante eso. Sonrió apenas.

—Veo que sigues teniendo la mano algo pesada.

—¡NO HAGAS BROMAS! —Winter lo empujó por el pecho—. ¡Te creí muerto! ¡Atlas cayó, Beacon cayó, el mundo se vino abajo y tú… tú simplemente desapareciste!

—Lo sé —dijo él, bajando las manos—. Y lo siento.

Eso la detuvo.

—¿Lo… sientes? —repitió, incrédula—. ¿Dos años de silencio y eso es todo?

—Dos años arreglando un desastre —respondió Five con calma cansada—. Limpiando lo que empezó en Beacon. A gente que no iba a detenerse sola.

Winter apretó los puños.

—Pudiste haber llamado.

—Sí.

—Pudiste haber vuelto.

—También.

—¡Pudiste haber confiado en mí!

Five alzó la mirada, serio ahora.

—Si volvía antes… te habría puesto en peligro y no soy omnipresente para estar en todos lados.

El silencio cayó pesado entre ambos.

Winter respiraba agitadamente.

—Eres un imbécil —dijo al fin, con la voz rota—. Un maldito imbécil egoísta.

—Siempre lo he sido —admitió él—. Pero sigo aquí.

Ella lo miró largo rato. Luego, sin aviso, lo abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su hombro.

—No vuelvas a desaparecer —murmuró—. Ni aunque el mundo esté ardiendo.

Five cerró los ojos un segundo y apoyó la frente en su cabello.

—No prometo ser fácil —susurró—. Pero… prometo volver.

Ella parecio no estar de acurdo.

La pasión nació sin pedir permiso.

No fue delicada ni romántica; fue hambre, pura y cruda, acumulada durante dos años de ausencia, de silencio, de creerlo muerto. Winter lo besó con una mezcla de furia y alivio, como si necesitara comprobar que era real. Five, sorprendido, cerró los ojos un instante, exhalando con cansancio… pero no se apartó.

—Eres imposible… —murmuró, más cansado que molesto.

Winter cerró la puerta de una patada, como si el mundo exterior ya no importara. El resto quedó en silencio. No hacían falta palabras; todo lo que no se dijo durante años pesaba demasiado. Lo demás quedó fuera de la vista, solo dos personas recuperando algo que el tiempo les había robado.

.

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(SUCULENCIAAAAAA)

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Ella le arrancó la ropa a Five mientras ella misma se quitaba la chaqueta y desabrochaba su sostén dejando libres sus pechos.

Siguió besándolo con hambre.

Toc toc.

-Winter estas ahi?.

En el momento en que escuchó la voz de Weiss al otro lado de la puerta, Winter se apresuró a reaccionar.

Con un rápido movimiento de la mano, casi por reflejo, creó un pequeño glifo. No había usado hace en años; no había sido necesario, pero aun así logró dibujar un glifo de gravedad junto a la puerta, justo a su lado. El símbolo brilló un instante antes de activarse, haciendo que la madera se cerrara de golpe, ocultando su estado indecente.

Su cama estaba justo al lado.

Tan pronto como la puerta terminó de cerrarse, Weiss se quedo afuera, era normal que su hermana mayor se encerrara y no le quisiera abrir.

-¿Estás aquí?- preguntó, examinando tranquilamente aprendiendo a darle su espacio.

Winter, todavía acostada en la cama, apretó los labios y contuvo la respiración, esperando, rogando en silencio que Weiss no notara nada más y simplemente se fuera.

Weiss se acercó a la puerta y extendió la mano para moverla.

Aunque Winter no podía verla directamente, el ruido de la mano proyectada sobre la madera fue suficiente para hacerle helar la sangre.

—¡No lo abras! —gritó, sus palabras saliendo en voz alta, con claros destellos de pánico en su tono.

El movimiento de Weiss se detuvo inmediatamente y su mano se retiró abruptamente.

Al darse cuenta de su error, Winter se apresuró a corregirse. «No abras la puerta…», se corrigió, esta vez forzando un tono más natural, fingiendo una calma que apenas podía mantener.

Al otro lado de la puerta, Weiss ladeó la cabeza, claramente desconfiada del repentino cambio. -¿Por qué…?-

Una gota de sudor resbaló por la frente de Winter. Dudó un instante, girando ligeramente la cara para mirar a au amante, quien comenzaba a quitarse el resto de la ropa con total calma, revelando un cuerpo tonificado y firme, sin una sola imperfección visible.

-Eh… Estoy en medio de un ejercicio. No estoy presentable. No me gustaría que me vieran así-. Técnicamente, no mentía. No quería que Weiss la viera en su estado actual, vulnerable y expuesta.

A Weiss le pareció extraño, pero no lo cuestionó. Se encogió de hombros, aunque no se fue. Se quedó al otro lado de la puerta, a solo unos pasos de Winter.

A Winter eso no le gustó en absoluto.

Estaba a punto de decirle que se fuera, que insistiera, cuando las palabras se le atascaron en la garganta al sentir que la cama adquiría un nuevo peso y que la superficie se hundía ligeramente.

Five se subía, deslizándose con naturalidad entre sus piernas. Sus manos comenzaron a acariciar sus muslos, subiendo lentamente mientras se acomodaba entre ellos. El contacto le provocó pequeños temblores involuntarios, una reacción que no prometía nada bueno.

El pánico la invadió con fuerza. -¿Qué haces?-, susurró con brusquedad, aunque su voz salió más fuerte de lo que pretendía.

Lo suficientemente alto para que Weiss lo oyera.

—Yo, yo… —Weiss dudó al otro lado—. Quería disculparme por lo que pasó antes…Se que debo entrenar mas.

En otras circunstancias, Winter se habría sorprendido por la vulnerabilidad que mostraba Weiss y reconocido que tal vez fue bastante brusca con ella, pero en ese momento su atención estaba completamente centrada en Five que se estaba desabrochando los pantalones.

La tela cedió, liberando su enorme pene, duro e imposible de pasar por alto. Pero eso no fue lo único que llamó su atención.

¿Es esto algún tipo de castigo divino?

No pudo evitar preguntarse mientras lo observaba moverse con calma, su cuerpo inclinándose hacia adelante lo suficiente para que la longitud de su polla, caliente y dura, terminara presionando contra la entrada de su vagina.

Él empezó a moverse lentamente, arriba y abajo, frotándose contra ella sin penetrarla. El solo contacto fue suficiente para provocar una reacción inmediata. Winter tuvo que contener un gemido, mordiéndose el labio al sentirlo rozar su sensible entrada, ya húmeda, y sus propios fluidos hacían la fricción peligrosamente placentera.

-Ahhhh F-five me va a follar… Five me va a follar con Weiss a solo unos metros de distancia…-

La idea cruzó por su mente y no pudo evitar pensar que era karma. Quizás un castigo por no haber hecho más por ayudar a su hermana o era Five desquitandose por la bofetada. Aunque, siendo honesta consigo misma, no parecía un castigo tan terrible.

El gemido se le escapó bajo, apenas audible, mientras intentaba ignorar la sensación de su polla contra su coño. Intentó concentrarse en la voz de Weiss al otro lado de la puerta, aferrándose a ella como a un salvavidas, pero fracasó estrepitosamente al sentir el persistente cosquilleo en su coño.

Weiss suspiró, respirando hondo. -No… no debería haberte hablado así. Sé que todo esto tampoco debió ser fácil para ti…-

Las palabras se desvanecieron para Winter cuando la situación se agravó rápidamente. FIve dejó de frotar y colocó la punta de su pene justo en su entrada. La cabeza presionó contra sus labios, separándolos ligeramente, dejando claro que era más grueso de lo que estaba acostumbrada.

La voz nerviosa de Weiss llegó a través de la puerta, todavía convencida de que Winter le estaba hablando a ella.

-Pero…- La respuesta salió automáticamente, tensa. -Pero me encantaría que pudieras abrirte un poco y ser mas considerada…Ya han pasado meses asi-

Mientras Weiss hablaba con evidente esperanza, el cuerpo de five se inclinó un poco más, cerniéndose sobre Winter. Su boca se acercó a su oído; ella podía oír su respiración pesada y cálida mezclándose con la suya.

-Vamos, respóndele~~- le susurró al oído.

Al mismo tiempo, empezó a empujar. Muy despacio. Lo justo para que comenzara la penetración, estirándola con una presión constante que la hacía temblar.

El gemido salió sin filtro. Las manos de Winter se clavaron en la espalda de Five por puro instinto, aferrándose a él.

-Más despacio…- preguntó en un susurro tembloroso.

La respuesta fue inmediata.

Él la penetró más profundamente. -Entonces respóndele…-

Winter reunió todo el autocontrol que tenía, tragando saliva con dificultad, obligándose a pensar con claridad mientras el cuerpo del Hargreeves seguía avanzando centímetro a centímetro.

-Me encantaría poder ser mjor hermanaahhh— ¡OH!~-

En cuanto ella habló, él se enfundó por completo en una sola embestida, haciéndola gemir. La llenó hasta los huesos, sus paredes se tensaron y se retorcieron al ajustarse a su tamaño. La boca de Winter se abrió en una enorme O, dejándola completamente sin palabras.

Ese sonido no pasó desapercibido.

-¿Está todo bien?-, preguntó Weiss, genuinamente preocupada.

Vash se retiró lentamente hasta que solo la punta quedó dentro de Winter, haciéndola estremecer.

-E-espera…- intentó detenerlo.

Él volvió a penetrarla, esta vez mucho más rápido. Su cabeza se estrelló contra su punto más profundo en una embestida poderosa que hizo que sus grandes pechos rebotaran violentamente, mientras la camilla de masaje crujía y se movía bajo ellos.

-Respóndele…- ordenó en otro susurro, su tono no dejaba lugar a negociación.

Abrumada por el placer, Winter dejó caer la cabeza ligeramente hacia atrás, su cuello se tensó mientras lo sentía retroceder una vez más dentro de ella.

—¡Todo bien! —dijo, alzando la voz lo justo—. Solo fue un tirón, el entrenamiento está siendo un poco brusco !Kggguuuu! no tuve en cuenta lo cansado que estoy.

Se mordió el labio con fuerza mientras él embestía de nuevo, enterrándose por completo en ella una vez más antes de salir. El movimiento se repetía, lento y constante, formando un ciclo deliberado y placentero que era imposible de ignorar.

Winter no pudo evitar mover sus caderas, tratando de sincronizarse con sus embestidas, respondiendo a ellas instintivamente sin siquiera darse cuenta.

Los gemidos salieron bajos, contenidos, deseando con todo su ser que Weiss no estuviera allí para poder follar correctamente, sin restricciones ni silencio forzado.

-Tal vez sería una buena idea si hablamos más tarde~~~- dijo Winter, sonando más como una orden que como una sugerencia.

-¿De acuerdo…?-, respondió Weiss, confundida por el extraño comportamiento de su hermana, aunque no lo cuestionó demasiado. -De acuerdo. Eh Ruby debería llegar pronto… Espero que salgas a recibirla menciono que tenia una idea para tus espadas…-

Con esas palabras, ella se dio la vuelta.

Mientras se alejaba, no pudo evitar preguntarse de dónde venía ese sonido húmedo y rítmico que resonaba amortiguado en la habitación.

Relájate… relájate… relájate…

Sin darse cuenta de que, al otro lado de la puerta, Winter arañaba las sábanas con desesperación, agarrándolas con fuerza mientras luchaba por no perder el control.

No tuvo que contenerse por mucho tiempo.

En cuanto escucho a Weiss irse, Winter se movió contra Five con un movimiento rápido y decidido, girándolo con fuerza hasta estrellarlo contra la cama. Cambió de posición en un instante, ahora a horcajadas sobre él, hundiéndose profunda y bruscamente, con su polla presionando sus puntos más sensibles, justo como a ella le gustaba.

—Creo que has olvidado Ahhhhh ahhhh Quien dominaba en esta relación y tu te vas a quedar debajo por haberme hecho llorar por dos años… —gruñó con autoridad.

Ella levantó sus anchas caderas y las dejó caer con fuerza.

-¡Mmm!-, gimió sonriendo. -Te voy a enseñar bien-.

PLATTTTTTTT PLAAAAAAAAATTTTTTTTTTTT PLAAAAAAATTTTTTTTTTTTT PLAAAAAAATTTTTTTTTTTTTTT.

Ella se rió mientras levantaba sus caderas nuevamente y las golpeaba hacia abajo, cubriéndolo con más fervor, repitiendo el movimiento una y otra vez.

¡Relájate ahhhhhhhhh,ahhhhh relájate, ahhhh relájate!

Ella lo cabalgó con fuerza, su apretado coño adorando su gruesa polla, sus paredes cerrándose a su alrededor con cada movimiento. Sus grandes pechos rebotaban salvajemente con cada impacto.

—¡Sí, sí, sí! —gritó Winter, intentando afirmar su dominio, disfrutando del poder, de la sensación de tenerlo todo bajo control.

Pero no fue lo que ella esperaba.

Él estaba allí, observándola. Examinando su cuerpo, especialmente sus pechos, pero sin la reacción que ella esperaba. No había timidez, ningún placer abrumador. Tenía las manos detrás de la cabeza, sonriendo con una calma que casi resultaba insultante.

Ella no estaba sacudiendo su mundo. Eso golpeó fuerte su ego, pero claro, el enano desgraciado tenia esa tendencia.

Winter endureció su mirada y se inclinó hacia él, presionando sus grandes pechos contra su pecho. Sus pezones se clavaron en su piel mientras sus caderas seguían moviéndose, ahora con embestidas más cortas, igual de potentes.

-Ahhhhh No te hagas el ahhhhh duro…- gruñó ella contra su cuello.

Ella sacó la lengua, lamiendo su piel, buscando insistentemente los puntos sensibles.

-Creo que me subestimas querida~

Sus manos recorrieron su cuerpo bien entrenado, acariciando su abdomen, su pecho, subiendo hasta su rostro. Pero nada parecía afectarlo. Ninguna de sus caricias provocó la reacción que buscaba.

La frustración empezó a florecer, al menos hasta que habló.

-Vamos… puedes hacerlo mejor.-

Él se rió y, en un movimiento rápido, sus manos golpearon su trasero.

Cada palma golpeaba con fuerza sus mejillas, agarrándolas sin ninguna delicadeza, sus dedos hundiéndose en su suave piel.

El movimiento de sus caderas se detuvo instantáneamente cuando sintió el impacto.

– OohoHH ~~- no pudo evitar gemir.

Era algo que nadie le había hecho antes. La bofetada provocó una reacción inmediata en su cuerpo; el interior de su coño se apretó con fuerza alrededor de él, como si hubiera respondido antes de que su mente pudiera procesarlo.

-Eso está mejor-, se rió.

Con un firme agarre en su trasero, comenzó a hacerla moverse arriba y abajo, guiándola y marcando el ritmo a su antojo.

-Mhhh… pero te falta velocidad.-

Forzó sus caderas contra su gruesa polla, marcando un ritmo más rápido y exigente.

-¡¡Ahhh… ahhhhhh… ahhhhhh… ahhhhhhh!!-

Winter no pudo evitar gemir, el trato rudo la sacudió por completo.

-¡E-espera, espera!- repitió, sintiendo que estaba peligrosamente cerca de correrse.

comentario

Por supuesto, no escuchó.

La velocidad aumentó. Sus caderas chocaron violentamente, los sonidos húmedos se hicieron más fuertes a medida que los fluidos de Winter se derramaban libremente. Su rostro se retorció de placer, apretando los dientes, con los ojos casi en blanco.

Ella estaba justo al borde.

-¡¡Voy a venir, voy a venir!!- gritaba una y otra vez, enterrando su cara en el cuello del Hargreeves.

Y con una embestida especialmente potente, se hundió por completo en ella. Las paredes de Winter se cerraron con una fuerza brutal mientras sus fluidos fluían sin control, y al mismo tiempo, el Hargreeves liberó una espesa descarga de semen en lo más profundo de su coño.

Caliente. Mucho. Directo a su vientre.

El cuerpo de Winter se tensó al correrse, sintiendo el calor del semen vertido en su vientre. Cuando las sensaciones del orgasmo comenzaron a desvanecerse, su cuerpo cayó pesadamente sobre Five

-Eso estuvo bien… taaannnn llennaaaahhhh~-, susurró, satisfecha, aún sintiendo los temblores persistentes del orgasmo. Su gruesa polla, aún palpitando dentro de ella, la hacía querer quedarse así un rato más, disfrutando del aturdimiento post-sexo… algo que no sucedió.

Ella se sobresaltó cuando sintió que él la levantaba sin esfuerzo y la giraba sobre la mesa de masajes, dejándola boca abajo con el trasero levantado.

-No puedes hablar en serio…- se quejó.

-No te preocupes, Winter. Te prometo que seré gentil-, se rió mientras reposicionaba su polla contra la entrada de su coño.

El grito se le escapó cuando sintió el golpe, su trasero rebotó antes de que él volviera a entrar en ella con un movimiento brusco.

¡¡¡LENTO LENTO LENTO LENTO CARAJOOOOHHHHHHH!!!

El sonido de sus embestidas se mezclaba con los fuertes golpes de sus manos en su trasero. Winter se sintió humillada, derrotada y, de una forma que no quería admitir, completamente satisfecha.

-Mhhm ahhhhh Al diablo siiiii siiiiii… sí… ¡no pares!- suplicó.

Ella intentó levantar la cabeza, pero se detuvo cuando la mano de Five bajó sobre ella, presionando su rostro firmemente contra la cama en un agarre fuerte y dominante.

Sus gemidos quedaron amortiguados por la superficie.

Ella gritó mientras él seguía golpeándola, la polla del Hargreeves entrando y saliendo de su coño con movimientos rápidos, rudos y despiadados.

Ella gimió cuando él la levantó por el torso, colocándola en una posición más erguida, con la espalda pegada a su pecho. Con una mano, agarró uno de sus grandes pechos, apretándolo y amasándolo con fuerza, mientras que con la otra se dirigió directamente a su clítoris, moviéndose rápido y estimulándolo sin descanso.

Winter giró ligeramente el rostro, encontrando la mirada del Hargreeves. Sin poder evitarlo, separó los labios. Él respondió tal como ella esperaba, inclinándose para acortar la distancia en un beso profundo.

Sus lenguas se encontraron, enredándose en un baile lascivo, caliente e íntimo.

Winter se dejó llevar por las sensaciones.

Ella estaba siendo penetrada sin piedad, una de las manos de Five firme sobre su pecho, apretándolo, mientras la otra se movía entre sus piernas, directo a su clítoris, presionando con insistencia.

Lo único en lo que podía concentrarse era en el sonido de sus cuerpos chocando y sus fluidos mezclándose. El ritmo húmedo la mantenía atrapada, con la respiración entrecortada. Sabía que no aguantaría mucho más; lo sentía en la tensión de su vientre, en el temblor creciente de sus muslos.

Sólo necesitaba un poco más.

Su lengua se movió más intensamente contra la del Hargreeves mientras se sentía al borde del clímax, su cuerpo preparándose para el orgasmo.

comentario

– Solo un poco más… ahhhhh~ – pensó con impaciencia, justo al borde, lista para su merecida liberación.

El sonido de la puerta al abrirse de golpe destrozó el momento.

-!KYAaaaaaaaahhhhhhhh!.

El grito de Weiss la pilló completamente desprevenida. Winter se apartó de Five de inmediato, cayendo de espaldas sobre la cama, con el cuerpo aún temblando. Weiss, que había regresado porque se le había olvidado decirle algo a su hermana, se quedó paralizada al ver la escena.

Su mirada se fijó en el Hargreeves, el mismo chico que los había ayudado antes. Por un instante, podría haberlo confundido, de no ser por que esa maldita cara de bastardo seguia ahi.

-¡AAH!- gritó Five apenas intentando ser dramático. -Mi dignidad…nah mentira hola Weiss-

En cualquier otra situacion ella le abria saludado……

Se levanto con un suspiro, agarró su ropa y se cubrió antes de casi salir de la habitación.

Weiss no lo detuvo. Toda su atención estaba fija en Winter, quien intentaba ponerse de pie mientras el semen aún goteaba entre sus piernas.

-¿Estabas follando con alguien………… mientras hablabas conmigo?-Su ojo azul con cicatriz estaba temblando.

Winter tuvo al menos la decencia de parecer avergonzada y se envolvió en una manta.

-Weiss, puedo explicarlo…-

Weiss la detuvo con un gesto brusco, levantando la mano. -¡No quiero saber nada de tus perversiones con el personal de la ACADEMIA!-

Sin querer escuchar excusas, Weiss se dio la vuelta y salió de la habitación sin mirar atrás.

—WEISS, ME SEDUCIÓ, ¡NO ES MI CULPA! LLEVABA DOS AÑOS SIN VERLO—gritó Winter.

Weiss hizo oídos sordos mientras corría furiosa por los pasillos. Había abierto su corazón, se había disculpado y tratado de entender a su hermana con todo los problemas… todo mientras su hermana se acostaba con un desgraciado que habia desaparecido.

.

.

.

.

Muy lejos de allí, en Mistral, una chica de piel morena se escabullía entre callejones mal iluminados. Emerald Sustrai respiraba con dificultad, el corazón golpeándole las costillas.

—Maldito… loco… —susurró.

Cinder estaba muerta aun podia verla flotar en ese estanque. Mercury también con medio rostro deformado. Roman había caído escupiendo espuma y sangre luego de beber un trago.

Y aun así, él seguía viniendo.

Emerald apretó un pequeño boleto arrugado entre los dedos. Menagerie. Si lograba llegar allí, quizá podría desaparecer. Quizá el monstruo que cazaba a todos los involucrados en Beacon no la encontraría.

Quizá.

.

.

.

.

En contraste absoluto, el bosque respiraba paz.

La pequeña Grace gateaba torpemente entre tablones de madera pulida, riéndose sin dientes, ajena a cualquier concepto de muerte o venganza. Afuera, la cabaña se alzaba firme, construida con restos de una aeronave desmantelada y árboles del entorno, convertidos en hogar.

Penny estaba sentada cerca de la ventana, una mano apoyada sobre su vientre ya notoriamente crecido. Sonreía con una serenidad casi irreal.

—Se mueve mucho hoy… —dijo en voz baja.

Tn, que removía una olla improvisada sobre el fuego, alzó la mirada.

—Eso es buena señal —respondió—. Significa que está fuerte.

Penny miró a Grace, luego a él. Dos años. Dos años de aislamiento, de adaptación, de aprender a vivir sin reinos, sin academias, sin nadie al rededor.

—¿Crees que algún día nos encuentren? —preguntó, sin miedo, solo curiosidad.

Tn negó lentamente.

—No si no queremos ser encontrados.

Tantas noches proyectando toda clase de promesas de dolor hicieron que Tn adquiriera un rasgo distintivo.

Si se escapaba, Penny no seria amable si lo atrapaba.

Y siendo honesto disfrutaba de su libertad y del sexo a su paso lento y suave.

No como el sexo duro y aspero de Penny que simplemente se negaba a toda posicion que no fuera de misionero.

Grace rió, como si aprobara la respuesta.

Penny cerró los ojos un momento, respirando hondo.

Había nacido en acero y combate… y aun así, había encontrado algo más fuerte que cualquier arma.

Una familia.

Que mas podria querer.

.

.

.

Al amanecer, Winter dormía junto a Five por primera vez en años sin pesadillas. Su respiración era tranquila, casi frágil, como si el cuerpo por fin se permitiera descansar.

Aun con el problema de anoche logro hacer que Five volviera solo para dormir.

Five observó el techo unos segundos, contando grietas invisibles, hasta que el murmullo del pasillo lo devolvió al presente.

No había pasado mucho tiempo antes de que Weiss los descubriera en plena sesión de sexo el día anterior. La reacción había sido inmediata: una mirada helada, una media vuelta impecable y una puerta cerrándose con indignación aristocrática.

Winter, para su crédito, había hecho lo correcto.

Ahora, horas después, estaba de pie junto a él en una sala improvisada de reuniones, con Weiss a un lado, seria, y Blake en silencio, apoyada contra la pared. El ambiente era tenso.

—Disculpo la… falta de formalidad de ayer —dijo Winter con voz firme—. Weiss, este es Five. Five Hargreeves.

Five levantó una mano en un gesto vago.

—Encantado Weiss. Aunque preferiría no estar bajo interrogatorio tan temprano.

Antes de que alguien respondiera, Glynda Goodwitch golpeó la mesa con el mango de su fusta.

—Entonces empieza a hablar —ordenó—. Ahora.

El silencio se tensó.

Five suspiró y se acomodó la corbata, como si estuviera a punto de dar una clase incómoda.

—Como bien saben, Ozpin tenía enemigos. Y su mayor enemiga era Salem —dijo sin rodeos—. Salem no actuaba sola. Tenía aliados. Personas, organizaciones, agentes encubiertos quienes jodieron todo en el festival.

Weiss frunció el ceño.

—¿Estás diciendo que la caída de la Academia Beacon fue… planeada desde dentro?

—Desde muchos lugares —corrigió Five—. Beacon fue el primer dominó. Atlas cayó después. No militarmente… éticamente. Los archivos filtrados lo dejaron claro y Dios si que fue un desastre.

Glynda apretó los labios.

—¿Y tú?

—Yo pasé dos años limpiando sus problemas—respondió sin orgullo—. Uno por uno. Los problemáticos. Los que no podían volver a mover los hilos y tienen suerte que uno se me haya escapado aunque es la mas debil.

Blake alzó la mirada.

—¿Y ahora qué?

—Ahora —dijo Five—, pueden reconstruir. Yo ya hice mi parte.

Glynda lo observó largo rato. Había desconfianza, sí… pero también algo más.

—No apruebo tus métodos —admitió—. Pero… gracias.

Winter bajó la mirada un segundo.

—Con razón nunca respondiste mis llamadas… —murmuró.

No eso fue por otra cosa, pero no iba a decirle.

Five no respondió.

El silencio volvió a caer, hasta que Blake habló de nuevo, con cautela.

—Aún falta saber qué pasó con Penny y Tn, sus cuerpos no fueron encontrados aun.

Five alzó la vista.

—Murieron.

Todas las miradas se clavaron en él.

—¿Qué? —exclamó Weiss.

Five mantuvo el rostro inexpresivo.

—Penny intentó proteger a Tn. Huyeron en una aeronave. Grimm aéreos los derribaron antes de salir del territorio.

Era una mentira.

Una mentira piadosa.

La verdad era distinta: Five los había encontrado. Había visto a Penny sonreír de una forma que jamás había visto antes a una cosa no humana. Había visto a Tn trabajando la tierra. Había visto… niños.

Y había entendido algo peligroso.

Si el mundo descubría que una bioandroide había logrado formar una familia, no los dejarían en paz jamás.

Sabia bien lo que le harian a los chiquillos y a la propia Penny.

Así que Five guardó ese secreto en el rincón más profundo de su mente.

Donde ni siquiera el fin del mundo pudiera tocarlo.

—Lo siento —dijo finalmente.

Nadie habló después de eso.

.

.

.

.

Meses despues.

En el bosque, Penny estaba sentada sobre una manta tejida a mano, tarareando una melodía suave y casi mecánica que había ido modificando con el tiempo, haciéndola más humana, más cálida. Grace dormía en sus brazos, envuelta en una manta clara, respirando con ese ritmo irregular que solo tienen los infantes. Cada pequeño movimiento era registrado, almacenado, protegido.

Tn estaba a su lado, recostado contra el tronco de un árbol. Sus ojos estaban cerrados, el pecho subía y bajaba con lentitud. Descansaba. Algo que, durante mucho tiempo, no había sabido hacer.

Penny observó la escena y, por primera vez en mucho tiempo, no sintió la necesidad de analizar amenazas cercanas.

Había relajado sus tendencias recelosas. No porque hubiera bajado la guardia… sino porque no había nadie más cerca. Nadie que pudiera reclamar lo que ella había construido.

Además, su cuerpo ya no era el mismo.

Había reemplazado la mayoría de sus piezas por órganos humanos sintetizados. Pulmones que se expandían de verdad. Un corazón que latía sin simulación. Piel que reaccionaba al frío y al calor.

Solo su cerebro —y partes de sus extremidades— delataban su origen artificial.

Y aun así… eso no la hacía menos madre.

Miró a Grace con detenimiento, sus sensores trabajando en silencio. Analizó su flujo de aura, débil pero presente, como una chispa diminuta esperando crecer.

—Tienes aura… —susurró Penny, con una sonrisa temblorosa—. De verdad la tienes.

Su corazón dio un pequeño salto.

—Con suerte… podrías desarrollar una semblanza —añadió, casi como si le contara un secreto—. ¿Te imaginas?

Grace se movió un poco, arrugó el rostro y abrió los ojos apenas un segundo. No entendía las palabras, pero reconocía la voz. Sonrió. Una sonrisa sin dientes, torpe y perfecta.

Penny sintió algo apretarle el pecho.

—¿Cómo serás cuando crezcas? —preguntó en voz baja—. ¿Serás curiosa como yo… o tranquila como él?

Miró de reojo a Tn.

—Quizá un poco de ambos —dijo para sí.

El pensamiento siguiente fue más difícil. Más lejano.

¿La dejaría ir al mundo exterior algún día?

—No quiero encerrarte… —murmuró—. Quiero que elijas. Que conozcas el mundo. Que encuentres algo… o a alguien… como yo lo hice.

Un amor tan unico.Que dolia.

Sus dedos acariciaron el cabello suave de la bebé.

—Y si decides volver… siempre habrá un hogar.

Tn abrió un ojo, medio dormido.

—Estás pensando demasiado otra vez —dijo con voz ronca.

Penny se sobresaltó apenas y luego rió, suave.

—Es inevitable —respondió—. He calculado… muchos futuros.

—¿Y todos terminan bien?

Ojala que si, no queria verla enojada.

Penny lo miró. Luego volvió la vista a Grace.

—No lo sé —admitió—. Pero quiero intentarlo.

Tn se incorporó un poco y apoyó la cabeza contra el hombro de Penny.

—Con que estemos juntos… eso ya es suficiente….Sabes….llegue a odiarte, las primeras semanas-El pudo sentirla a su lado, su mano pareciendo moverse.-Pero ya no importa….no tengo vida aparte de la que me ofreciste.

Miro a Grace, ver su reflejo en el iris de esos ojos.

-Pero no pienso desquitarme con criaturas inocentes.

-Me parece bien~ *reir* descuida cuando recueste a Grace en su cuna extraire tu semen con mi boca y te relajaras.

Ella inclinó la cabeza, apoyando la mejilla contra la suya.

Tn no se esforzo en decirle algo, Penny habia liberado buena parte de sus curiosidades en almacenar su semilla para segun ella tener todo controlado.

—He pensado… —dijo Penny, dudosa—. Tal vez… una familia grande.

Tn soltó una pequeña risa cansada.

—¿Qué tan grande?

—Diez —respondió con total seriedad—. Quizá mas. Dependerá del estado del mundo.No quiero tener que tomar medidas.

Tn negó con la cabeza, sonriendo.

—Eres imposible.

—Soy feliz —corrigió Penny.

Guardó silencio un momento, abrazando a Grace con más fuerza, como si quisiera proteger ese instante del tiempo mismo. Sus ojos grababan cada detalle: la luz entre las hojas, el olor de la tierra, el sonido del viento, la respiración de su hija.

Tenía cientos de terabytes de recuerdos. Videos. Fotografías. Momentos congelados.

Pero aun así… este instante era distinto.

—Soy realmente feliz —murmuró.

Inclinó el rostro y besó la frente de Grace. Luego, con un gesto lento y sincero, besó la frente de Tn.

El bosque respondió con silencio.

Un silencio escalofriante.

Como si el mundo, por una vez, hubiera decidido dejarlos en paz.

Realmente feliz.

Happy

Heureux

Glücklich

Felice

快乐的 (Kuàilè de) o 幸福 (Xìngfú)

J幸せ (Shiawase – estado general) / 嬉しい (Ureshii )

행복한 (Haengbokhan)

Счастливый (Schastlivyy)

سَعِيد (Sa’eed)

Mutlu

Gelukkig

Lycklig

Glad

Onnellinen

Šťastný

Sretan

Szczęśliwy

Fericit

Hạnh phúc

ซึ่งมีความสุข (Sụ̀ng mī khwām s̄uk̄h)

Injabulo

La palabra feliz apareció una y otra vez.

En idiomas que ya no se hablaban.

En símbolos que no pertenecían a ningún alfabeto humano de Remnant.

En fórmulas matemáticas que no medían nada… salvo la permanencia.

Las páginas se movían solas, como empujadas por un viento inexistente. El sonido era suave, constante, casi hipnótico, hasta que finalmente una sola palabra ocupó el centro del papel.

FIN.

.

.

—Ooooh… —murmuró Howard, cerrando el libro con cuidado—. Eso me gustaría decir.

La tapa, recubierta de un verde apagado y antiguo, mostraba un autorretrato de Penny. No uno idealizado, sino uno íntimo: una sonrisa pequeña, verdadera, lejos de la manipulación y la sangre.

Howard pasó el pulgar por el borde, luego firmó el reverso con tinta oscura.

Hp Lovecraft.

Colocó el libro en la estantería. Por un segundo, tuvo la absurda sensación de que el retrato le devolvía la mirada. Howard sonrió apenas.

—Tal vez este sea el final… —dijo en voz baja—. O tal vez no.

Se giró, caminando despacio frente a la interminable fila de libros.

—Yo existo para mantener la página abierta —continuó—. Para que las historias no mueran. Para que ninguna lo haga.

Su mano recorrió los lomos mientras pronunciaba nombres como si fueran viejos conjuros, viejos amigos.

—Frank… Bloch… Derleth… Smith… Wandrei… Howard coen… Price…

Su voz se fue apagando.

—Tantos a los que fallé —susurró—. Y aun así… sigo siendo yo.

Una voz suave rompió el silencio.

—Howard… ven aquí. ¿Por qué te fuiste de la cama?

Él se detuvo.

—Perdóname —respondió sin girarse—. No era mi intención.

Cuando volteó, allí estaba Olga Marie. Vestía apenas una camisa de botones que claramente le pertenecía a él. El cabello largo y blanco caía libre sobre sus hombros, y sus ojos ámbar dorado lo observaban con una mezcla de ternura y cansancio.

Ella se acercó sin prisa, lo rodeó con los brazos y apoyó la frente contra su pecho.

—Profesor… —murmuró—. Por favor. Sabes que tienes que descansar vuelve~.

Howard apoyó una mano en su espalda. Por un instante, su mente quiso volver a las estanterías, a las historias inconclusas, a los finales abiertos.

Pero no lo hizo.

—Está bien —dijo finalmente, con una leve sonrisa—. Volvamos a dormir.-La sujeto del mento- Pero luego retomaremos nuestras lecciones~.

Olga sonrió, satisfecha, y lo tomó de la mano.

Mientras se alejaban, la biblioteca quedó en silencio.

El libro verde permaneció en su lugar.

Cerrado… pero no olvidado.

Porque mientras alguien recuerde una historia,

mientras alguien la lea,

mientras alguien la ame…

La página nunca termina de cerrarse.

________________________________________

Creo que este fue el final para Penny damas y caballeros (se abre un portal)

-Y quien lo decidio?-. El baston toco el suelo.

yo;……ostias 0_o

Howard: Asi es soy yo el autor y digo que esta historia no a acabado porque este libro que tengo me dice que la pagina aun seguira para especiales de halloween y navidad en familia 7w7.

yo;……ya weeehhhh ya dejame dormir.

Nah pero enserio fue agradable, penny fue de las primeras waifus yandere que hice y si bien fue mas suculencia que cosas sangrientas creo que las yanderes tienen ese estigma de siempre matar por deporte sin consecuencia o torturar a su amado…..cosa que poco sentido tiene porque si lo aman de verdad jamas le harian tanto daño como para sodomizarlo. y bueno hasta aqui doy…….fue lindo, seguira neopolitan con suerte.

Bueno ya luego tocara Neo con nuestro querido bioandroide Tn………el desmadre que haran esos dos. Y bueno como pocos realmente se leen los anuncios al principio o final dejenme decirles que estaba pensando en una trama especial para riko amanai, ya se ya se, que tiene riko que le pueda ser util…..nada de hecho simplemente la enviaria a un isekai para ver como le va aunque aun siento nostalgia por el rwby tales y la pyrrha en grecia que tengo que actualizar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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